Universidad, enero

2013.

 

      La sensibilidad racista en Estados Unidos creó el imaginario de la “Gran Esperanza Blanca” después de la Segunda  Guerra Mundial. Gestada en relación con el mundo del boxeo (en el cual los púgiles afroamericanos o negros de peso pesado comenzaban a mostrar indiscutible supremacía) el  deseo imaginario invadió otros deportes y ámbitos y terminó por ser diluido como parte de una cultura que jurídicamente rechaza el racismo, pero lo mantiene en su ethos. En Costa Rica, Ottón Solís se perfiló, no como boxeador sino en el medio político, como una “gran esperanza blanca” desde finales de la década de los noventa, momento en que abandonó el corruptísimo PLN y pasó a fundar el Partido de Acción Ciudadana, partido que tuvo su mejor momento electoral en el 2006.

   En el caso de Solís, la ‘blancura’ no se seguía de su presencia fenotípica (es ‘blanco’, de todas maneras) sino de su propuesta ético-política: cero uso de fondos estatales para construir prestigio político y rechazo frontal a la venalidad contenida en la realización de negocios particulares desde cargos públicos (sistema de clientelas). En Costa Rica estos criterios resultaban y resultan más devastadores que un gancho al hígado de Rocky Marciano. Los enemigos brotaron por doquiera. La denuncia de la venalidad de los políticos fue ridiculizada como “moralina”. La utilización de dineros públicos para lucimiento personal, descalificada como doctrina de ‘las galletitas’. Solís fue acusado de creerse Dios. Un editorialista del principal medio impreso del país sintetizó la posición de empresarios y políticos “honrados”: ‘Prefiero el chorizo a la moralina’. Pintoresco, por decir lo menos.

   Pero Solís logró adeptos (en Costa Rica la mayor parte de la gente de a pie es humilde y honesta). Un 1% le negó la presidencia del país en unas polémicas elecciones del 2006 (triunfó Óscar Arias) y su agrupación alcanzó entonces 17 diputados. Seis años de existencia y segunda fuerza electoral. Nada malo. Desde esa fecha, su presencia es menor porque la población parece acogida a la sentencia mexicana: “No importa que los políticos roben si dejan algo”. Pero la mengua de la Gran Esperanza Blanca de la política no se sigue solo del aparente infalible triunfo de desfachatados y delincuentes. Solís porta también carencias que le impiden noquear en el cuadrilátero. Mencionemos dos básicas: no sabe, ni se empeña en aprender, construir partido con alcance nacional y así resulta víctima fácil de la maquinaria electoral y el dinero de los sinvergüenzas. Le teme, además, a la organización autónoma de los sectores sociales populares. Los desea solo como ciudadanos ‘bien portados’. Ésas y otras grietas le restan juego de piernas, incluso dentro de su partido, y lo tornan blanco fácil para los golpes de la prensa y los Alí Babá.

   Púgil que se mueve poco y mal pierde casi todas sus peleas. Y si combate con reglas que el rival irrespeta y contra la complicidad de árbitro, jueces y promotores, el resultado es más que previsible. La Gran Esperanza Blanca termina siendo ni siquiera Desilusión. Ahora, en los últimos meses del año recién pasado, Solís ha hecho declaraciones a periodistas de una empresa que lo odia que hacen pensar que como púgil ya tiró la toalla. Primero sentencia que no será candidato a la presidencia, excepto si Dios se lo pide (la frase está descontextualizada, pero no importa. Es como se la repite). Luego respalda un indulto presidencial para un reo “bien” que sin duda no lo merece. Se trata de una afrenta al poder judicial, al sistema carcelario, a la ciudadanía y a la gente humilde del país. La víctima del delincuente fue el hijo pre-adolescente de un campesino sencillo. Lo peor no es que Solís respalde el indulto (un diputado amigo está involucrado), sino que proclama que lo hace por principio y sin conocer el caso. ¡Plop! Nocaut.

   Pocos boxeadores se retiran del oficio a tiempo. El que emergió como Gran Esperanza Blanca costarricense, ya no está entre ellos.
____________________



     EL KO TÉCNICO DE LA GRAN ESPERANZA BLANCA

   No se secó la tinta de la crónica anterior sobre la Gran Esperanza Blanca de Costa Rica, cuando Ottón Solís se vio maleficiado por La Nación S.A. que publicó un artículo suyo en el que el fundador del PAC reafirma su apoyo al indulto laureano concedido a un amigo de uno de sus amigos (un diputado) condenado por tribunal competente por balear, con intención de matarlo, a un pre-adolescente rural que cogía limones en un predio de propiedad disputada. Aunque Solís continúa ignorando la investigación policial y los términos de la sentencia (y las dudas sobre la legalidad del indulto regalado por Chinchilla), su juicio toma ahora el carácter de una declaración de principios: “… no puedo so pena de ser deshonesto conmigo mismo, cambiar esa opinión, ni siquiera calificarla, adobarla o dimensionarla de modo alguno” (LN: 20/12/2012).

   Su intransigencia toca varios frentes: uno tiene referente ideológico liberal y fue expuesto por John Locke en el siglo XVII. Escribe Solís que a quien le cuesta trabajo lo que tiene, experimenta una rabia sin freno al encontrar sus reses en el camión del ladrón, verse hurtado en sus ganancias o robada su mercadería. “El sistema no debería castigar si en esas circunstancias las personas afectadas reaccionan de manera violenta”. Para Locke, los productos del trabajo son extensión de la vida misma del productor. Atentar contra un valor producido es igual que atacar la vida del propietario. Locke supera amplio los ejemplos de Solís: la agresión contra la vida se produce aun si no existe robo alguno. La intención deja fuera de la especie humana al agresor. Si no es humano, su muerte no compete a los tribunales.

    La prensa informa que el pre-adolescente baleado bajaba frutos en terreno de propiedad disputable. El asunto, incluso para Locke, no ameritaba tirar a matar. La defensa legal del individuo que disparó alegó que su saña emocional se debió al temor por la seguridad de una hija. Como se advierte, versiones encontradas solo resolubles con noticia policial y con el análisis del valor jurídico que resulte de ella. Ambos puntos fueron negativos para la defensa del imputado. Solís, en cambio, resuelve la trama con el metro siguiente: “…le creo menos a la persona que anda metiéndose en propiedades ajenas y merodeando de manera sigilosa y delincuencial en casas que no son la suya, que a la persona que no anda por ahí en actos indebidos y que es reconocida como honesta y trabajadora por sus vecinos”. Para Solís hay gente creíble y gente que no. O si se prefiere: malos y buenos. Buenos y veraces son quienes tienen propiedades y disparan. Malos, los que se meten con la propiedad ajena. A los malos se les da lo que merecen. El concepto subyacente viene también de Locke: es su versión de la no-persona. Quien lesiona la propiedad legítima, carece de todo derecho. Se ha puesto en estado de guerra contra la civilización. Pero eso fue el siglo XVII.

    En el siglo XXI, cualquiera diría a Locke, que si los dueños tienen derecho (natural) de matar a quien les ofende, esto solo hará que quienes roben lo hagan asesinando antes, durante y después, o sea cuando puedan, a los propietarios que desean desposeer. Como tendencia, sus acciones erosionarán al Estado y lo transformarán en Estado fallido. Escalada de violencia, le llaman. Algo así como el gobierno de Laura pero a lo bruto. Para evadir la escalada arguyó, antes que Locke, T. Hobbes.

    Tal vez Solís no conozca a Locke ni a Hobbes. Pero dedicó parte de su existencia a intentar ser político. Un político que divide a la sociedad en ‘buenos’ (personas que delinquen con impunidad) y ‘malos’ (blancos de tiros, en realidad) tiene una mente esquemática y epidérmica en exceso y nunca debió ocuparse de lo que no desea comprender: la bases de la coexistencia humana elemental en las sociedades modernas. En ellas la ley, no alguien, castiga los delitos. Y el marco jurídico y sus modos fijan la acción delictiva. Si un político difiere de esta referencia, pues trabaje y la cambia. Es grotesco que por apoyar al amigo de un amigo, declare lo que haría si él fuera presidente: impedir que los ‘buenos’ vayan a presidio así delincan.

   Que Solís equipare su apego al amigo poderoso que “ayuda” a un amigo también poderoso a brincarse la cárcel con anteriores acciones suyas: apoyar la fecundación in vitro, oponerse a un TLC con EUA mal negociado, favorecer una legislación sobre las sociedades de convivencia, por ejemplo, es grosero. En esos casos su horizonte era una mejor convivencia. Lo del amigo del amigo, como dice el clásico, “Peor es meneallo”.
______________

 


     RATIFICO MI APOYO AL INDULTO (*)


    Una persona que mata a otra por robo, no debería ni ser procesada.


     Ottón Solís

     Economista

                                                                                                                                                                
     He apoyado sin calificaciones el indulto otorgado a un privado de libertad porque, ante lo que él percibió como una amenaza a su hija, disparó varios tiros, uno de los cuales impactó en la espalda a una de las dos personas que estaban violando su propiedad y rondando su casa. El receptor del disparo puede alegar otra cosa y algunas voces interesadas del mundo de la política, pueden, malévolamente, distorsionar los hechos y hablar de “robo de limones”, “asesinatos” y de “cinco tiros” en el cuerpo del intruso. Pero le creo menos a la persona que anda metiéndose en propiedades ajenas y merodeando de manera sigilosa y delincuencial en casas que no son la suya, que a la persona que no anda por ahí en actos indebidos y que es reconocida como honesta y trabajadora por sus vecinos.

     Esta posición me ha granjeado el repudio de muchas personas. A algunas he decepcionado; otras han encontrado nuevas razones para rechazarme. No aspiro a la presidencia, por lo que esta pérdida de apoyo y reconocimiento no tiene consecuencias en términos políticos. Pero debo confesar que como persona prefiero ser querido que rechazado, por lo que me preocupan las reacciones generadas por mi posición ante este tema. A pesar de ello, no puedo, so pena de ser deshonesto conmigo mismo, cambiar esa opinión, ni siquiera calificarla, adobarla o dimensionarla de modo alguno.


     Utilizar cualquier medio para proteger a una hija de cualquier peligro, así como defender la vida, la propia y la de otros, es una obligación. Conozco el caso de pequeños finqueros, honrados y trabajadores de sol a sol, quizá endeudados, que terminan arruinados por el robo de su ganado, por lo general llevado a cabo por comerciantes que, en muchos casos, son todo menos pobres.


     Al que le ha costado mucho trabajo y austeridad lo que tiene, debe experimentar una rabia incontrolable cuando encuentra sus novillos en el camión del ladrón, cuando le roban las ganancias de una noche de trabajo o cuando le roban dinero y mercadería, tal y como les ha ocurrido a muchos finqueros, taxistas y pulperos, respectivamente. El sistema no debería castigar si en esas circunstancias las personas afectadas reaccionan de manera violenta.

       Desde hace más de un año he visitado en la cárcel y estado en contacto con un pequeño finquero que ante el robo recurrente de su ganado se vio involucrado en un hecho intempestivo y violento, el cual terminó en la muerte del ladrón y en 20 años sin libertad para el finquero. Es una de esas personas que jamás deben estar en la cárcel, pues de criminal o amenaza para la sociedad tiene lo que yo tengo de profesor en Física termonuclear. Ese finquero nunca debió haber sido ni siquiera procesado y menos confinado a la cárcel por buena parte de su vida (a un costo muy elevado para el Estado).Como resultado del indulto al señor Arias, espero que los parientes y abogados de privados de libertad por hechos comparables, pidan también su indulto. Doña Laura Chinchilla no podrá negar esa posibilidad con el antecedente ahora establecido.

     Si el caso en discusión deriva en una avalancha de libertad a favor de personas honestas y trabajadoras, el país habría ganado. En general deben ser los violadores, golpeadores de mujeres, narcotraficantes y ladrones los que estén en la cárcel (tanto los ladrones de lo privado como los ladrones de lo público, a cuyas acciones pintorescamente se les llama corrupción). Pero no las personas de bien que son llevadas a situaciones difíciles ante amenazas flagrantes a su vida, a la de sus familias o a sus bienes.


     En fin, ratifico mi opinión, la que tanto malestar ha causado, sobre el tema del indulto. Reitero que si hubiese llegado a ser presidente, hubiese hecho todo lo posible para indultar a cuanta persona se encuentre en la cárcel por hechos y circunstancias similares a los que rodean el caso del señor Bernal Arias.

     Estos días he recordado los ataques que he recibido de palabra y por escrito en muchos casos; por ejemplo, cuando declaré en el año 2001 que favorecía la fecundación in vitro, o cuando, a pesar de encuestas de opinión totalmente favorables al TLC, dije que me opondría si se mantenía tal y como fue negociado, o cuando declaré hace varios años que favorecía la ley de sociedades de convivencia.También he recordado la ferocidad de buena parte de la opinión pública cuando el año pasado me aboqué a buscar acuerdos y a trabajar por el plan fiscal con las condiciones propuestas por la fracción del PAC, o el enojo de las huestes liberacionistas cuando siendo diputado del PLN atacaba la corrupción y los abusos de parte de la cúpula de ese partido.

     Recordando esos momentos de repudio social, me pregunto si volviendo a nacer actuaría ante esos temas de manera similar. Contundente me respondo que SÍ. Por ello, ante las personas que me han querido y ahora están decepcionadas, solo puedo decirles gracias por su aprecio hasta este momento, pero no puedo hacer más que lamentar perderlo.

 

     (*) Artículo en La Nación, 20/12/2012

_________________________

   Reacciones

 

    Berta (Costa Rica).-   Respecto de esto de las agresiones que pasan algunas personas a manos de otras y que a veces se convierte en una especie de cadena, fue algo que pensé cuando leí el artículo de Ottón Solís sobre su apoyo al indulto.  Lo que pensé fue que si aquellos que son robados pueden (y quizás hasta deben) asesinar a quienes les roban, lo mismo podría aplicarse, y aún con mayor razón, por ejemplo, en el caso de una mujer que es constantemente agredida por su pareja con golpes e insultos y especialmente si no encuentra suficiente apoyo de parte de las autoridades para detener la agresión.  Una mujer en esta situación, al igual que el que asesina al ladrón, podría asesinar a su pareja y quedar justificada por sus sentimientos de ira/humillación; o la niña o niño a su abusador o violador; o el niño o adolescente a su madre o padre que los agrede constantemente con palabras, con maltrato físico; o la madre o padre anciano que es despojado por sus hijos de todos sus bienes y es recluido en un asilo de ancianos, etcétera.  Todos estos ciudadanos costarricenses bien podrían armarse de venenos, cuchillos, armas de fuego y acabar con sus agresores.  Si quien asesina al ladrón puede, con todo derecho, liquidarlo, ¿por qué no también se puede asesinar, y con mayor razón, al abusador sexual, al violador, al asesino, al hijo que despoja de los bienes a su padre, etc.?  Todos contra todos, y que ya nadie acuda a la ley, que en muchos casos no protege bien o no protege del todo a los ciudadanos, (como en el caso de las mujeres asesinadas cuyas ex parejas tienen medidas cautelares, o de los niños muertos brutalmente a manos de sus progenitores, a veces tras años de agresiones, por decir algunos casos).

 

   HG.- Presenta usted un buen punto. La agresión y la violencia se efectúan y dicen de muchas maneras. Lesionar la propiedad económica de quien se estima su propietario absoluto es solo un tipo de violencia. Esa misma propiedad por la que se justificaría agredir y matar, en opinión de Solís, puede ser, de hecho lo es, fuente de muchas y variadas violencias. 


   Luis (Costa Rica).- Lo que opina Ottón Solís acerca del derecho a asesinar a un delincuente o presunto delincuente me parece como avalar la pena de muerte; sólo que aquí quien la aplica no es el Estado tras una investigación y un juicio, sino los ciudadanos que tienen derecho de ejecutar a los presuntos delincuentes.  Lo encuentro brutal y poco reflexivo, sorprendente por venir de quien viene, por las consecuencias que puede tener algo así, e incluso después de un tiempo en que los ciudadanos se acostumbren a este estilo de vida o cultura, no estaría tan seguro de que ellos mismos, ya no sólo los eventuales delincuentes, no serían un peligro para cualquier persona, delincuente o no.

 

   HG.-Un delincuente es en realidad una figura jurídica. Se trata de una persona que comete un acto o se involucra en un proceso penado por normas legales. Así, un delincuente supone una autoridad y un discernimiento colectivos.La referencia constitutiva de un delito es, entonces, un emprendimiento colectivo. Y también lo es el sentido de su pena o sanción. Esta existencia 'en sociedad' es lo que está ausente en el discurso de Ottón Solís.

   
   Byelli (Costa Rica).- Yo en particular no estoy a favor de la pena de muerte, ni siquiera para quienes son considerados como los peores criminales (violadores, asesinos, terroristas, dictadores responsables de masacres, etcétera.). Ni siquiera estoy de acuerdo con los gastos económicos que estas ejecuciones suponen para el Estado (aunque no sé mucho de política creo que se mantiene en parte o todo con los impuestos que pagamos los ciudadanos).  Me parece suficiente (no veo necesario ir más allá) que se les prive de libertad, e incluso las prisiones están muy lejos de ser un sitio de recreo. Sólo en una ocasión he estado en una prisión y he conversado con presos. Fue en la prisión de Cartago, ubicada en la antigua Comandancia, y las condiciones en que vivían los presos allí me parecieron insalubres, brutales.  Había hasta seis hombres encerrados en una celda diminuta (más bien una jaula) en la que apenas si tenían espacio para dar unos pasos.  No estoy diciendo que se deba premiar los delitos, pero pasar cierta línea, que solo puedo precisar a partir de mis sentimientos y que sé nunca sería ‘justa’, lo encuentro innecesario, desmesurado.  ¿No es ya suficiente recluir a una persona y despojarla de su libertad?  Para mí sí lo es.  No importa el delito, a mi juicio sigue siendo siempre un ser humano y se le debe tratar como tal.  Al menos hasta el día de hoy pienso así.


   HG.- Pienso que usted advierte que "el peor criminal" es también una producción social. No existe como alguien que se ha producido a sí mismo, solito, enteramente como ese criminal. Esto, sin intentar discutir la noción de 'delito' que, obviamente está social y culturalmente situada. Y sin tampoco intentar salir con la respuesta fácil de "todos somos responsables", por lo tanto no existen responsabilidades individuales. En los delitos, y con ello en los delincuentes, concurren muchos factores. Cada delito se pone de manifiesto como una situación compleja. No existe una salida simple, mucho menos puramente emocional, para cada uno de ellos.

 

   Sara (Costa Rica).- Creo que puedo entender que una persona, hombre o mujer, actúe violentamente por encontrarse en una situación desesperada, incluso asesinando a su agresor o a quien percibe como tal.  Personalmente puedo entender que alguien en determinadas situaciones actúe violentamente para defenderse.  Lo que no entiendo es que un político motive e incite a los ciudadanos a actuar así si se sienten agredidos en su propiedad, que es un término muy amplio y no solo económico.  Aunque no conozco mucho de política tiendo a creer que un político debería trabajar para cambiar una ley que no protege lo suficiente o no protege del todo a los ciudadanos que están siendo víctimas de agresiones por robos o cualquier otro tipo de agresión, y que entonces la ley sí los proteja; y además creo que debería trabajar en las causas que pueden conducir a aquellos que delinquen a cometer los delitos (robos, violaciones, agresiones físicas verbales y sexuales a menores de edad, en fin) y tratar de mejorar en lo posible la situación.  Lo que consiga tal político en la lucha, sea mucho o poco, es mejor que nada, y siento que siempre será mejor que incitar a los ciudadanos a castigar por sí mismos, con la muerte, a quien se presuma delincuente y posible agresor o a quien en efecto lo sea.  Además, de una misma historia pueden existir muchas versiones.  Creo que yo tiendo más a querer escuchar lo que tienen que decir las personas que a juzgar (si es del caso juzgar) con sólo lo que afirma una de las implicadas en las situaciones. O tal vez ni siquiera ella, sino su abogado que dice lo que espera beneficie legalmente a su cliente, no necesariamente lo que ocurrió.

 

    HG.- Sobre lo que 'efectivamente ocurrió' las distintas partes pueden tener versiones muy variadas.En los circuitos judiciales estas partes presentan, si las tienen, pruebas que confirman su versión o niegan las del otro lado. En el caso del indulto que apoya Solís, las pruebas no favorecieron al adulto que disparó. Es decir que su condena se dio de acuerdo a derecho. El indulto gubernamental ignoró todas estas circunstancias (y otras que no es del caso relatar aquí) e indultó, porque está facultado para hacerlo, a una persona más poderosa y con amigos también poderosos que su víctima, un pre-adolescente rural. Ese indulto no constituye una buena señal social, aunque mitigue el dolor de una familia que no tiene historial delictivo.

___________________________________