Universidad, enero

2013.

 

       
     El último domingo de noviembre del año pasado, La Nación S.A. escenificó en sus páginas de opinión una acción novedosa: dos damas, Velia Govaere y Abril Gordienko, compitieron en el reto por una idea-de-país que mucho le hace falta a Costa Rica aunque los políticos oficiales, en particular los candidatos, estimen que no. Las propuestas del hijo de la señora Olsen y de un grupo de Caballeros del Bien afloraron después de las exposiciones de las titánides (o titanas) del 25 de noviembre.


    Titana, en castellano, es una mujer excepcional que destaca en uno o varios aspectos. Su cepa está en la mitología griega. Las titánides fueron expresión femínea de las deidades que rigieron durante la edad de oro (era mítica, algo así como el Paraíso bíblico). Seguro Govaere y Gordienko son mucho más jóvenes que esto. Pero igual luchan, aunque quizás ni se conozcan, como titanas.


   Govaere agita así su bandera: las políticas públicas, como todo lo vivo, envejecen. Por ello, cuando corresponde, exigen cambios. El modelo de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) es factor, junto con la apertura comercial, del paradigma  que orienta, desde los 80, estas políticas públicas. Puede considerársele fórmula hegemónica. Sus rasgos: “…abrir destinos exportadores, atraer inversiones, favorecer empleo calificado y propiciar diversificación y sofisticación productiva”.  El canon ha tenido éxito: estabilidad y crecimiento económico. Pero también construyó una realidad no imaginada ni deseada: la atracción de IED aceleró/profundizó desigualdades. La razón: no se acompañó con políticas públicas distributivas y de acoplamiento productivo. A la vista, acentuó la diferencia entre zonas abandonadas y zonas privilegiadas. Y entre sus poblaciones. Curioso, cayó la inversión en educación superior. No es responsabilidad de la IED: ‘Países que compiten por inversión, como México, cobran impuestos que ayudan a pagar la  infraestructura, servicios, innovación y hábitat exigidos por las inversiones que llegan.’. Costa Rica flaquea en esto, aunque se dan pasos para mejorar los ingresos locales. Pero no se avanzará hacia el cambio necesario sin “…la contribución de la IED a los costos fiscales implícitos en la población educada que demanda, la infraestructura física que requiere y la seguridad ciudadana que necesita.” Hasta aquí Govaere.


   A la bandera de Gordienko la mueven otros vientos: utiliza su lectura de los Informes del Estado de la Nación (son ya 18 números). De ellos extrae graves desafíos: mala gestión política: los legisladores producen leyes, pero el 50% de ellas sin contenido económico. Así, resultan no factibles de aplicar porque se reconocen en el papel nuevos derechos a la población, pero no se dan al Estado los recursos para materializarlos. En el mismo proceso, las leyes tardan un promedio de casi tres años en aprobarse. Y solo el 14% de estas morosas leyes versan sobre temas prioritarios para el país. Si de legislación se trata, el subsistema político es fuertemente disfuncional. Gordienko se pregunta: “¿Cómo hacer para que mejore la calidad de quienes emiten las leyes y la calidad de las leyes que son emitidas?”.


    Su respuesta pasa por cambios en el sistema electoral. Indica varios: el procedimiento de elección, la carrera parlamentaria y el voto nominal para que los ciudadanos sepan cómo vota un diputado, revocación del mandato a los parlamentarios por faltas graves, transparencia efectiva del financiamiento electoral. Gordienko comete aquí el error de apoyar sus opiniones en la creencia de que los partidos costarricenses existen y funcionan como tales.


   En la mira de Gordienko resaltan la desconfianza, descontento y apatía de los ciudadanos hacia el estamento político. En particular hacia sus gobernantes. Si estos rasgos se mantienen, la fiesta de corrupción y disfunciones múltiples se multiplicarán. Y se abrirán focos de protestas violentas. Cierra Gordienko: un pueblo apoderado debe demandar pacífica e inteligentemente los cambios que el país requiere para “salir del barreal de ingobernabilidad en que estamos hundidos hasta la cintura”. Faltó la nota de la organización ciudadana y la mención de quienes la adversan: La Nación S.A., por ejemplo.


    Hasta aquí las titanas. Su discurso no es el ideario de los candidatos que parecen más sólidos o mejor financiados para la próxima campaña electoral. Govaere ofrece una visión básica. Gordienko una más puntual, politicista.


   A ver si los políticos las toman en cuenta. O al menos piden a algún asesor alfabeto hojear la colección del Estado de la Nación.
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