Semanario Universidad,
N° 1709, abril 2007.
 


   En el inicio de la semana todavía llamada Santa se dieron dos nuevas señales del camino impúdico recorrido hasta el momento por el TLC de Estados Unidos con Costa Rica y de la turbiedad teológica con que alguno de sus defensores califica su rechazo como “nos lleva el Diablo” para aclamar su aceptación como comunión con el Espíritu Santo. En su columna regular en La Nación S.A., Jorge Guardia, nada sospechoso de ‘sindicalista’, terrorista ‘pasivo’, ‘fundamentalista’ o agente ‘pagado por Chávez’, determina, esta vez abiertamente, que el equipo encabezado por Trejos-González, otrora coreado como Dream Team, negoció mal y que sus errores no deben repetirse (LN: 3/04/07).


   Según Guardia, el trato debió copiar la secuencia chilena: abrirse al comercio internacio-nal para tornar más eficiente la producción, liberalizar servicios públicos y, sólo después (diez o más años de negociación), firmar el TLC en el marco de una política de diversifica-ción internacional del comercio. Aunque en este resumen se añadió algún detalle que Guar-dia no menciona, su principal omisión (de él) es que el piso anterior se hizo bajo una dicta-dura empresarial-militar de terror de Estado. El crimen puso en trance de vulnerabilidad y espanto a los trabajadores chilenos y a sus familias y semi aplastó a sus organizaciones políticas.


   Los errores técnicos de Trejos-González y su pandilla, según Guardia, fueron: poca comunicación interna. Es cierto, oían pero no escuchaban. Los fundamentalistas de las “soberanías compartidas” tienen la verdad en el bolsillo, se burlan de quienes no piensan como ellos y se enfurecen cuando alguien los adversa. Insuficiente transparencia en la negocia-ción. Si “transparencia insuficiente” es sinónimo de “secreta”, cierto también. Débil apre-ciación de temas jurídicos. Guardia estima que el TLC se resolverá en la Sala IV y que allí puede morir. Involucramiento innecesario de temas políticamente sensibles (Caja, ICE, por ejemplo) que generan polarización. Pues, sí, la generan. La última observación prolonga el punto de vista de R. Stewart (ex Movimiento Libertario): mercantilismo y excesiva res-guardo a la producción nacional. Guardia ataca con particular furia a arroceros y textileros. Su lema es no proteger nunca al productor ‘nacional’. Bueno, no siempre se escuchan estos leñazos desde la derecha fundamentalista. Interesa aquí, sin embargo, el fondo: el TLC fue mal negociado y los hermanos Arias lo saben.


   La otra señal fue concisa pero aún más degradante. El señor Diego Víquez Lizano, expre-sidente del IMAS en este gobierno, declara que los diputados que apoyan el TLC (yes men, lugartenientes, familiares, secretarias ejecutivas y oportunistas) ‘amenazan constantemente a los Arias si ‘no se producen cosas’ relacionadas con el Poder Ejecutivo’ (LN: 03/04/07) En sencillo, cambian sus votos por algo. Trafican con su voto

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   Un TLC mal negociado y votado clientelista o mafiosamente. Y quienes se oponen al proceso y al paquete, aseveran Óscar y Rodrigo, llevan el país al Diablo.