Universidad, N° 1934,

febrero 2012.

 

      Durante el período de transición entre años, circularon en Internet tres cartas de Boaventura de Souza Santos dirigidas a las izquierdas europeas y que algunos creyeron podían ser útiles en América Latina. Poco probable. De Souza es portugués y sus cartas se empeñan en “defender” a Portugal (¿existirá pues?) en esta fase de vacas esqueléticas para la fuerza de trabajo por la que atraviesa la Unión Europea y que golpea fiera, cuándo no, a las áreas geográficas y sectores sociales más vulnerables de esa asociación económica y política. Sin embargo las cartas permiten recordar la obligación de pensar, aunque sea un mínimo, a las izquierdas situadas, es decir a las que buscan incidir en las realidades en las que se insertan.

   Habría que decir entonces algo sobre “las izquierdas” en Costa Rica. La forma plural ‘las’ izquierdas no es gratuita. Permite diferenciar (y quizá articular) izquierdas parlamentarias, de las sociales y, donde existen, de las político-militares. Son distintas y el abstracto ‘la’ izquierda no le hace justicia a ninguna. Aquí nos centramos en la izquierda parlamentaria. En Costa Rica esta izquierda es flaca. Su respaldo electoral le permite elegir un diputado. La penuria cuantitativa de esta izquierda lleva, con variaciones, ya más de medio siglo y podría considerarse sistémica, lo que no quiere decir que la situación sea irremediable.

    No es posible hablar de las izquierdas en situación sin referirse a su entorno (salen de él y se dirigen a él, al menos en el concepto). Costa Rica es culturalmente conservadora/indiferente. El segundo término dice que mientras no se tocan intereses particulares de grupos hegemónicos (propiedad, dinero, prestigio) el país (la ciudadanía no existe; se dan, rara avis, eso sí, algunos ciudadanos) resulta tolerante. Por eso puede haber izquierdas parlamentarias. Sindicatos y gremios en cambio encienden rápido luces de alarma, no importa cuál sea su conformación y actuación. Mejor no existieran. “El buen trabajador se defiende solo”. Además, los trabajadores tienen aquí la opción solidarista.   

    La caquexia electoral de las izquierdas parlamentarias locales proviene de su derrota en la guerra civil del 48 y del posterior Estado omnipresente y clientelar que no le facilitó recuperar fuerza social y tampoco las excitó, por desgracia, a pensarse de otra forma. Hoy pocos recuerdan la guerra y el Estado omnipresente se cae a pedazos mientras la oligarquía tradicional (nunca aplastada) y la neoligarquía (donde se ubican, con diferente tamaño, los Junior, los Arias y los Chinchilla) procuran, sin ideas ni ánimo, aplicarle alguna pinturita de labios para hacerlo ver sexy. El pudrimiento del Estado refuerza apetitos locales y transnacionales. La mundialización en curso traga todo: nación, pueblo (quiere decir aquí “costumbres”). Se esfuma Costa Rica.

   Pero este artículo es sobre las izquierdas. Las parlamentarias tienen la obligación de negociar permanentemente el carácter del poder. El ejercicio del poder, en las sociedades modernas, tiende a discriminaciones sistémicas que lesionan el principio universal, también oferta moderna, de agencia humana. Lo hace contra la fuerza de trabajo, contra el “sexo débil”, contra las etnias “atrasadas”, etc. No se trata de una cuestión igualitaria, sino de discriminación. Para las izquierdas discutir y negociar el carácter del poder pasa inevitablemente por denunciar su carácter e instituciones y, al mismo tiempo, por hacer de esta denuncia un componente central o al menos significativo de la sensibilidad política (cultura) de la ciudadanía (para la izquierda es central que exista ciudadanía) y de diversos sectores sociales. Si avanzan en estos frentes, la disputa electoral adquiere otro peso/color. Deja de ser única y central. Un país podría moverse hacia la izquierda sin necesidad de que ésta gobierne.

   Las izquierdas locales andan en otra cosa. Privilegian la Asamblea Legislativa y hacen allí propuestas “progresivas”. No se trata de una desviación en sí misma letal. Pero, en ausencia de trabajo político-cultural, termina siendo un esfuerzo desgastador y vano. Como igualmente puede resultar agotador y vano el deseo de restituir al ‘pueblo/nación’ de Portugal lo que la Unión Europea, un aparato del gran capital, quizás le “arrebató”.

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   Intervenciones

 

   Alvin (Costa Rica).- No me queda claro, en el final de su texto, que la Unión Europea 'quizás' le haya arrebatado algo a Portugal. ¿Le arrebató o no le arrebató?

 

   HG.- Es uno de los puntos de las cartas de de Souza Santos. Señala que Portugal ha transferido poderes a la Unión Europea y ahora recibe castigo, especialmente su fuerza laboral, calificada y no calificada, y no puede retomar el control de su política interna. Las cifras oficiales de desempleo en Portugal están alrededor del 11%. Y el desempleo de universitarios graduados se acerca al 10%. Son cifras malas para un país que está orgulloso de su pasado lejano (fue Imperio) y reciente: es democrático desde 1975 y tiene uno de los sistemas de seguridad social más elogiados de Europa. Pero también ha ido concediendo cada vez menos importancia al papel económico del Estado y un mayor peso al capital global. Y se trata de una economía que exporta mucho menos de lo que importa. Esto podría querer decir que una parte de la población de Portugal ha estado viviendo por encima de sus posibilidades, de acuerdo a la lógica del capital global, y la Unión Europea quiere que pague la factura. Esto quiere decir desempleo y menos servicios sociales. En fin, nada que los latinoamericanos no conozcan.

 

    El punto sin embargo es que quienes dirigen Portugal han estado de acuerdo en integrarse a la Unión Europea (tampoco es que tengan un exceso de alternativas) y la ciudadanía ha acatado ese desplazamiento. Es la mundialización versión europea. Y quienes han estado dirigiendo este proceso pertenecen a partidos que tienen nombres: Partido Socialista y Partido Social-Demócrata. Son nombre 'de izquierda'. Pero sus políticas son de derecha. Reciben casi el 60% de los votos entre los dos. Entonces no es tan claro que sea unilateralmente la Unión Europea la que ha quitado poderes a Portugal, sino que ciertos sectores de Portugal han estado de acuerdo con esas transferencias porque se benefician con ellas (prestigio, hoy internacional, negocios también transnacionalizados, etc.). Y por supuesto, un Portugal no existe. Se vive de muchas maneras Portugal así como se vive de muchas maneras Costa Rica.

  

   En Portugal, además de esos partidos mayoritarios, existen otros 'de izquierda', como el Bloque Popular y el Partido Comunista, pero si fueran juntos a las elecciones, que no lo hacen, no llegan al 14% del respaldo ciudadano. Imagino que es a ellos a quienes van especialmente dirigidas las cartas de de Souza Santos. Pero es solo una hipótesis, porque no he vivido en Portugal y su realidad europea me resulta algo remota. Ahora, un 14% de votos contra un 60%, cuya distancia podría ampliarse si se polarizaran las fuerzas, indicaría que los posicionamientos 'de izquierda' no tienen suficiente peso político-cultural en el electorado. Y esto quiere decir que si, por alguna circunstancia especial, se ganase las elecciones, habría que gobernar como de derecha. En realidad este es el punto de fondo del artículo. Que, por supuesto, no trata de analizar la realidad de Portugal. Esto no puede hacerse a distancia.

 

         Pablo (Costa Rica).- Me parece central la observación que se hace en el artículo: el trabajo político-cultural. Ausente evidentemente en nuestros días y por esta zona. ¿Qué podrían ser algunos ejemplos de un trabajo político cultural que tentativamente podrían dar réditos?

    HG.- Para una izquierda parlamentaria sin duda el trabajo político-cultural resulta básico. Sostiene la afirmación acerca de que si se avanza en este campo no resulta siempre imprescindible ‘ganar las elecciones’. Las ideas y actitudes ‘de izquierda’ pasan a formar parte de la sensibilidad de la gente o de la ciudadanía, de su ‘sentido común’. Para las izquierdas político-militares la legitimidad de su guerra juega ese papel. Se vio en la experiencia sandinista contra Somoza y también se advierte, aquí como contraejemplo parcial, en la experiencia de las FARC en Colombia.

    Ahora, ejemplificar para Costa Rica tiene sus dificultades. El país es notoriamente conservador y su ciudadanía tiende a disolverse en clientelas. Hay una tendencia asimismo al monopolio en la emisión de mensajes en los medios masivos: publicidad mercantil y énfasis en los sucesos aislados de los procesos en los que adquieren sentido. No se trata de asuntos de minorías. Las mayorías también padecen de estas 'infecciones'. Esto por citar algunos factores. Existen también actitudes de las que podría responsabilizarse a las izquierdas parlamentarias y a la varia izquierda social. Por ejemplo, la situación de la Caja de Seguro Social les ‘estalla’ en la cara. Estaban ocupados en otras cosas. Entonces se pierden oportunidades. Menciono el punto al pasar sabiendo que existen problemas de financiamiento y también personalismos. Personalidades siempre habrá, pero los personalismos son negativos para las izquierdas parlamentarias. Ellas tienen su fuerza en la gente organizada y en su capacidad para incidir en la sensibilidad de la gente que no está organizada social ni políticamente. Por ello puede convocarla.


    Tocando en términos muy elementales la preocupación directa de la pregunta, se hace necesario tener medios permanentes que integren y articulen a los sectores organizados. Esto no se hace con grandes discursos ni apareciendo de vez en cuando en televisión. Es un trabajo constante que satisface necesidades de la gente y que por lo tanto parte de ella. El punto debe complementarse con presencia también permanente en la población no organizada. Un periódico que puede ser mensual pero que ojalá sea diario. Revistas. Radios. Para ambos sectores puede utilizarse Internet. Tienen que ser medios interesantes, que llenen necesidades y abran expectativas. Que alimenten horizontes y que sean seña de una cultura alternativa. No pueden ser dogmáticos, ni panfletarios ni adoctrinadores. Los medios se complementan, si tienen éxito, con espacios de encuentro social o ciudadano que ojalá sean determinados por sectores de la población, por la base. Para todo esto hay que preparar cuadros profesionales creativos y eficaces. No es algo que surja espontáneamente. Para las izquierdas, 'acarrear votos', cuestión no deseable, tampoco resulta espontáneo. Y si los votos 'se acarrean' el fracaso está a la vuelta de la esquina.


    En otro ángulo, hay que remover y lograr resonancia en los círculos intelectuales y que tienen voz/resonancia pública. Profesores, abogados, escritores, artistas, religiosos, jóvenes, mujeres, universitarios. De ellos pueden ir surgiendo medios alternativos no solo por sus ideas sino que por la estética de sus propuestas. De nuevo, otra cultura que quiere ser crítica y también otra manera de alumbrar un camino que no está construido. No hay que ahogar estos espacios con la línea partidaria, sino más bien acompañarlos, escucharlos y aprender. Parte de la alternativa político-cultural consiste en hacer propia la actitud de aprender a aprender. Todo el mundo sabe ‘cosas’, pero no todo el mundo está dispuesto a aprender a aprender. No se trata de un asunto didáctico, sino cultural. Y es alternativo.


    Sin duda no está aquí la respuesta a la pregunta, pero al menos espero que alimente un camino difícil pero correcto.
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