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OJO Censurado,

N° 20, diciembre 2011.

 

      Ives-Charles Zarka es un ‘filósofo’ francés que pasó por Costa Rica dando un par de charlas en la principal, o al menos en la más grande, universidad pública. El periódico de mayor circulación del país llenó una página con sus dichos (LN: 11/12/11). Ya comentamos la  exaltación abstracta con que calificó en bloque de “revoluciones” a las movilizaciones sociales de finales del 2011 (desde los okupas de Wall Street a los ‘rebeldes’ de la OTAN Inc. en Libia). Zarka también se ocupó de otros asuntos que podrían considerarse fundamentales en el período y, por tanto, susceptibles de un tratamiento ‘filosófico’. Básicamente se trata de la mundialización (‘globalización’ en el habla de los periodistas) y del régimen democrático de gobierno, que él llama, como tantos, ‘la’ democracia.

   Sobre la mundialización, Zarka revela algo que los pueblos originarios de América Latina saben desde el siglo XVI: “El capitalismo se volvió criminal”. El dicho zarkeño admite crítica. No es que la acumulación de capital 'se haya vuelto criminal'. Lo ha sido siempre solo que sus crímenes han tenido más publicidad en el siglo XIX, a finales del XX y comienzos del XXI. Tal vez Zarka tiene nostalgia del capitalismo “con rostro humano”, de inspiración keynesiana, pero ese fue un paréntesis de aliento breve animado por guerras mundiales e inevitables reconstrucciones. El capitalismo mundial no puede funcionar sin fetichizar la existencia y sin víctimas. Sus principales daños se expresan hoy en las “poblaciones sobrantes” y la ruina de la Naturaleza.

   Habría que agregar que el poder que mata/aniquila para reconocerse como poder no es exclusividad del capitalismo. La Atenas de Pericles también victimizaba. Igual lo hizo el Imperio Romano. Cuando la Iglesia católica fue todopoderosa (¡La Trinidad nos guarde!) liquidó a “herejes”, “paganos” y “concubinas/os del demonio” y se regocijó por ello. Esto por referirnos solo a Occidente. El poder, para la especie humana y hasta hoy ha sido, principalmente, capacidad para victimizar, destruir, arrasar, liquidar, quemar, satanizar. Desde este punto de vista los grupos dominantes en Guatemala, aquí cerquita, y los mexicanos Zetas son sólidamente humanos. Podríamos incorporar a la OTAN en el circuito. O el lanzamiento de armas nucleares sobre población no combatiente en Hiroshima y Nagasaki. Se podría recordar la barbarie de las guerras con que Francia quiso impedir la liberación de sus colonias. En algún lugar de su memoria selectiva algo dirán Indochina, Argelia y su natal Túnez a Zarka. ¡Pero con los europeos y los ‘filósofos’ nunca se sabe!

   En todo caso, Zarka reivindica su hallazgo: “El capitalismo se volvió criminal”. Pero a continuación arruina su ‘acierto’: solo el capitalismo “que hace dinero” es criminal (se refiere al tráfico financiero principalmente). Pero hay un capitalismo de los políticos que no son malos (si es que ser criminal es algo malo), sino que solo ignorantes: “Los gobernantes no entienden lo que sucede”, vocea Zarka y, sin sonrojarse, sentencia “… y cuando uno no entiende, es grave, porque no sabe lo que debe hacer”. La solución, para Zarka, es sencilla: que los políticos “sepan” y pasen a controlar al capital financiero, pero eso sí, nada de suprimir la sociedad de mercado. Si se suprime la sociedad de mercado, se pasa uno a la URSS. El punto central es que hay un capitalismo Darth Vader y otro de Han Solo y la princesa Leia. Pero no están en guerra como los puso G. Lucas. Podrían hacerse cariño mutuamente.

    El discurso de Zarka dibuja varios enemigos o factores que habría que corregir, disipar o cambiar: la libertad absoluta del capital financiero; los políticos que ‘no entienden lo que sucede’ y le “sueltan las riendas” al mercado. Y en tercer lugar, la gente (el ‘pueblo’ pronuncia él) y sus humores: “Los humores del pueblo pueden ser muy malos”. “Los humores de la gente se pueden utilizar muy fácilmente”. No nos dice si los humores del capital financiero y los de los políticos que no entienden lo que ocurre son menos, igual o peor de “malos” que los del pueblo. Pero sobre éste advierte: “… hay que estar atento a los efectos perversos”. Quien lo entrevista no puede contenerse: “… las derivas populistas”, suspira. Y el filósofo francés, como cualquier funcionario del CINDE tico, se arrebata para contestar: “Por supuesto”. Como se sabe, desde Platón, hay que tener mucho cuidado con el pueblo. Al capital financiero, en cambio, hay que domarlo. Y a los políticos ignorantes, educarlos y tutelarlos. Lo hará, suponemos, un grupo de zarcas sabedores aunque sin poder, ¡solo con su prestigio! ¡Vaya si es ‘original’ este filósofo!

   Este último cuento va así: para Zarka la legitimidad democrática, desde el siglo XVIII, es el voto 50%+1. En la democracia no se puede cuestionar a la mayoría. A esta legitimidad, Zarca la llama ‘legitimidad de título’. No asegura el ejercicio democrático que para Zarca consiste en cumplir con el programa ofrecido. Por ello hay que agregarle a la legitimidad de título la ‘legitimidad de ejercicio’. La administra un tribunal de zarcas con gran autoridad pero sin poder o con muy poco. “Un escritor puede tener una gran autoridad y no tener poder”, señala. El tribunal legitimante solo informaría a los ciudadanos los manes y desmanes de quienes administran la sociedad. Cero poder coactivo, o sea de sanción. Solo informar aunque sin ánimo partidista. Serían una especie de Tutores Socráticos (que dicho sea de paso, sí tenía partido). No queda claro si Zarka está enterado de cómo acabó Sócrates.

    Pero no importa. Los Tutores Socráticos, desde su autoridad nunca coactiva, denunciarían y enfrentarían (no hay de otra) al capital financiero, a los políticos que le ‘sueltan las riendas’ y a la mismísima OTAN (Zarka no la nombra pero es el brazo armado de la mundialización con hegemonía del capital financiero y de los políticos que “no entienden”). Y asunto arreglado. Como ya está resuelto el problema, Zarka agrega algunas formas ‘nuevas’ de democracia: deliberativa, participativa. Pero cuidadito con estas formas nuevas (sic), no sea que el vulgo, la masa, el pueblo, la chusma decida. Y uno que creía, leyendo la historia del pensamiento democrático moderno, que el principio universal de agencia humana (o al menos ciudadana) era el criterio que hacía del régimen democrático de gobierno algo querible y legítimo. Pues no: ¡cuidadito con el principio universal de agencia!

    Tuvo que venir en Diciembre, como los Reyes Magos, un filósofo francés a sacarnos de la ignorancia. Que la Virgen de los Ángeles se lo tenga en cuenta e interceda por él en los circuitos celestiales. Y desde ya que lo nombren Tutor Supremo de los tribunales  ‘sin más poder’ que el de informar.
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   Intervenciones

 

       Mercedes (Costa Rica).- Puede que no haya un capitalismo Darth Vader y otro princesa Leia, pero sí hay un capitalismo que genera progresos en medicina, educación, tecnologías, por ejemplo, y que exalta la libre iniciativa del individuo y también el régimen democrático y libertades fundamentales como la de tránsito y expresión. Leí la entrevista a Zarkas y algunos de sus aportes, como el de la'legitimidad de ejercicio' me parecieron interesantes.

    HG.- Hay varios niveles y regiones en lo que usted propone. El punto más filosófico, por fundamental, es que el capitalismo no es solo un modelo económico en el que, por ejemplo, cuando domina la tendencia al monopolio y oligopolio financieros, la gente sufre y el planeta se deteriora, e instituciones políticas (Estado, régimen de gobierno, Naciones Unidas, por ejemplo) o disciplinares (tecnología, ciencias) están confusas y no saben ni lo que hacen ni lo que está pasando. De esta manera un capitalismo 'insensato' coexistiría con personas "buenas" e ignorantes. En realidad el capitalismo  funciona como un sistema social y se expresa en todos los lugares del sistema incluyendo las subjetividades y la existencia instintiva de las personas. En algunos de estos espacios la lógica de acumulación de capital puede manifestarse, situacional o sistémicamente, como "éxito" y en otros como "dolor y violencia", frustración y fracaso. El capitalismo penetra todos los sectores y "hace" según su forma-mercancía a todas las personas (subjetividades), con alguna independencia de las voluntades individuales de éstas.

    Zarka en cambio propone un capitalismo escindido en monopolios financieros insensatos por un lado, y políticos ignorantes por el otro, sectores que si se convierten a la sabiduría (zarkiana) podrían "contener" y transformar en algo positivo la maldad de Darth Vader. En su vocabulario, propone el control 'político' del mercado entre otras cosas porque considera que el mercado no es político. Lo obvio es que en las sociedades modernas lo político y la política son funciones de la acumulación de capital. En todo caso la propuesta de Zarka, siendo muy generoso, pudo tener sentido político y cierta viabilidad en la primera mitad del siglo XX, pero no lo tiene en la transición actual entre siglos. Bajo ciertas condiciones, pero no como tendencia estructural,  puede darse un capitalismo con rostro social. Esto puede decirse así: el capitalismo tiende a configurar un unico espacio civilizatorio/cultural (que tiende además hoy a ser instántaneo) de modo que cada punto reproduce en su especificidad el conjunto de las lógicas del sistema. Esto no quiere decir que Ángela Merkel sea idéntica a un banquero transnacional sino que significa que Merkel no puede ignorar el peso material de las transferencias financieras mundiales al momento de tomar decisiones políticas (o, en el lenguaje de Zarka, decidir en qué se mostrará sabia y en qué se mostrará ignorante). Se trata de un asunto de factibilidad política en un ámbito dominado casi sin contrapeso por los requerimientos del dinero que hace más dinero (capital financiero). y el tema es el carácter del capitalismo.

    Un solo ejemplo del campo temático anterior: los activos financieros mundiales son actualmente más de tres veces que la producción mundial. Y las transaccciones financieras se estiman como 6 veces superiores al producto mundial bruto y 82 veces la producción mundial de 1990. El poder del dinero que hace más dinero invisibiliza de diversas maneras las necesidades de las poblaciones y de la Naturaleza y, en el mejor de los casos subordina y pone a la defensiva a los Estados y a sus políticos oficiales, sean sabios o ignorantes. Se trata de relaciones de fuerza con independencia de si se considera que el capital financiero es amigo u hostil al capital comercial y al productivo. Pero, al mismo tiempo, esta fuerza del capital así jerarquizada se ejerce contra la fuerza de trabajo. Es esta potencia estructural y de bloque la que ha tornado no factible lograr acuerdos sobre el daño ambiental y la que impide orientar las inversiones hacia la calificación universal de la fuerza de trabajo y la oferta de empleos. Si se hace esto último, no se consigue la más alta ganancia para el dinero que hace más dinero.

    Está en curso una versión más moderada sobre el punto: aparecen nuevos medicamentos generados por transnacionales, pero también se avanza en atacar, mediante las patentes privadas sobre ellos, las medicinas genéricas, que son más baratas. La idea es que el conocimiento especializado no se abarate porque eso podría transformarlo en universal (que se acerca aquí a "gratis" y "grato"). O sea, puede producirse más salud siempre y cuando la salud de la población deje ganancias. Un ejemplo reciente y más trivial: el básquetbol de la NBA tuvo una larga huelga este año 2011. Los dueños de los equipos querían obtener una mayor tajada de las ganancias. Son los jugadores con sus habilidades quienes hacen del asunto un espectáculo. Pero los empresarios estiman que estos jugadores solo son mercancías que deben dejarles más ganancias a ellos. Si usted sabe algo de básquetbol, habrá advertido que ese baloncesto de la NBA ha ido transitando de juego veloz, emocionante y técnico a espectáculo especializado agresivo y violento con "mercaderías" estrellas. Tiende a no ser ya más un juego. Igual de patética es la situación de Cristiano Ronaldo, un jugador del Real Madrid (fútbol). Quiere ser una personalidad, alguien ("el mejor jugador del planeta), y no advierte que es solo una mercadería cara en un negocio. Que Cristiano Ronaldo no lo advierta está bien. Él se especializa en jugar fútbol. Pero Zarka se especializa en "pensar". Es un "filósofo". Es curioso que no repare en que un capitalismo mundializado fetichiza y estropea todo lo que toca. Y hoy toca, aunque no lo incorpore, todo.

    La noción de "legitimidad de ejercicio", remitida al régimen democrático de gobierno, plantea más desafíos que respuestas en la presentación que se hace de ella en la entrevista a Zarka. El primero es el de asimilar el 'poder' del dinero y del prestigio capitalistas con la "autoridad" de los escritores, intelectuales u otras personalidades con brillo cultural. Ese poder no es semejante. El sistema capitalista otorga hoy los "prestigios" y por lo tanto ellos le son funcionales con entera independencia de lo que deseen individualmente sus portadores. En segundo lugar, los "tribunales sobre el ejercicio del gobierno", no del poder, simplemente "informan" a la población, no deciden nada. La 'población' se informa dentro de un sistema social. Si la población de Costa Rica se informara del país por las publicaciones del Estado de la Nación, hace rato que habría dejado de votar por quienes se autoeligen como candidatos. La información no es neutra ni para quien la emite ni para quien la recibe y la transforma en comunicación. Información neutra solo la puede proponer el Espíritu Santo y, casualmente, por eso no ofrece ninguna. El tercer entuerto es que Zarka desconfía de la ciudadanía (que es un tipo de populacho). Mucho más desconfiará de pobladores, obreros organizados y desorganizados, amas de casa, estudiantes, etc. Y todos estos últimos sectores se relacionan de diversas maneras con la fuerza de trabajo. Reformas políticas que no pasen por transferencias de poder  a la fuerza de trabajo y a las gentes que sufren dominaciones (el pueblo), no cambiarán el "carácter criminal del capitalismo" (Zarka dixit).

 

   Si dejamos de lado estas observaciones conceptuales y vemos el asunto en términos prácticos, y suponemos que pueden constituirse "tribunales de prestigiosos", éstos tendrían, en último término, que enfrentar a la OTAN (y a CNN y etc.). Al creador de WikiLeaks (publica información que los gobiernos no desean se conozca), Julian Assange, lo tienen preso bajo la acusación de que violó a una dama. Pero igual PalyPal, Masterd Card y VISA cortaron a quienes utilizaban sus tarjetas para donar dinero a WikiLeaks. Twitter también ha cortado esas financiaciones. EUA cambió a toda velocidad su legislación para criminalizar la información que proporciona WikiLeaks. El capitalismo "criminal" considera que la información que WikiLeaks proporciona a la población "no es negocio en el largo plazo". Como se advierte, el capitalismo "criminal" se asemeja más a The Matrix que a algo que se pueda cambiar porque 'la población' está informada. 

 

       Alex (Costa Rica).- Su indicación acerca de transferir poder a la fuerza de trabajo y sectores cercanos ¿no contiene asimismo un sesgo politicista que entiendo forma parte de su crítica a Zarka?

    HG.- En realidad no critico a Zarka sino a las declaraciones que aparecen en esa entrevista y que se le atribuyen.

    Y a lo que usted pregunta, no. "Transferir poder" no toca únicamente el ámbito del Estado o del gobierno o el prestigio 'cultural' de algunos 'elegidos', sino a todo el sistema social y las lógicas que lo animan o lo combaten (estas últimas son obviamente minoritarias en tanto fuerzas). Por lo tanto estoy refiriéndome  a un proceso de desconcentración de capacidades  tanto de las diversas formas de propiedad (economía política), como en los vínculos de sexo género y en las relaciones generacionales y étnicas y en las producciones socio-culturales, desconcentraciones que deberían expresarse en el Estado y sus leyes y  en la lógica y carácter de las instituciones jurídicas.       

    Sí también debe reconocerse que cuando se habla de "transferencias de poder" o de "autotransferencias de poder" suele pensarse en cuotas gubernamentales o en ser incluido en ciertos derechos y adquirir así ciertas capacidades jurídicas. O sea en términos puramente politicistas. Pero el politicismo es una desviación que resulta del imaginario dominante en las sociedades modernas y desde este imaginario no es factible generar transferencias de poder que cambien el sistema.

    Alex (Costa Rica).- ¿Dónde se presentan modernamente estas transferencias de poder a que usted hace referencia?

    HG.- Las cooperativas de consumo originales en el siglo XIX tuvieron ese carácter. No son capitalismo sino asambleas de trabajadores que se ligan para mejorar el alcance de sus ingresos salariales. Al mismo tiempo se proponen vivir de una manera distinta, o sea presentan una forma de experiencia cultural y existencial. Régimen democrático directo de gobierno, por ejemplo, cada asociado un voto, no contratan fuerza de trabajo (empleados) ni buscan acumular ganancias. Por supuesto se trata de una experiencia de minoría (¡y asalariada!) que no logra ofrecerse a otros ni sobrevivir como experiencia socio-cultural alternativa. Esto en parte porque no se ofrecen a sí mismas como experiencia socio-política.

    Pero también la unidad móvil combatiente expuesta en el pensamiento del Che Guevara constituye un esfuerzo de autotransferencia de poder, contra la concentración de la propiedad terrateniente, contra el aparato militar del Estado y contra un sistema político-cultural imperante. En este último el pobre es o un "infeliz" o un "pobrecito". Pero en un Ejército Guerrillero de los Pobres estos pobres son combatientes, seres humanos dignos. La experiencia puede resultar exitosa, como en Cuba y Nicaragua, o fracasar, como en Bolivia, pero el concepto sigue estando ahí.

    Y no se crea que estoy haciéndole propaganda, al mismo tiempo, a las cooperativas del siglo XIX y a las guerrillas latinoamericanas. Daré un último ejemplo: la teoría de sexo-género prendió en algunos países latinoamericanos entre mujeres populares. Y allí se formaron espacios de encuentro y espacios de mujeres que luchaban por su autoestima, la salud y educación de los hijos y por una cultura donde no tuviese cupo el miedo a los poderosos. Quizás tuvieron un alcance más limitado que los ejemplos anteriores, pero el concepto también está ahí. Lo que sí es que hay que recordar que esas experiencias deben transformarse en un modo de vida y proponerse como tal. Por eso es que no deben aislarse ni permitir que las aíslen o, peor,  que las coopten.

 

   Como ve, nos hemos alejado muchísimo de las observaciones de Zarka. Por suerte.

 

       Sergio (Costa Rica).- Usted indica que el capitalismo no puede funcionar sin fetichizar la existencia y sin victimizar. ¿Quiere decir que la fetichización no es un proceso de victimización? ¿Son algo distinto?

    HG.- Lleva usted mucha razón en su inquietud. En español 'víctima' indica siempre una persona o animal. Los procesos de fetichización propios de las lógicas e instituciones del capitalismo afectan a las personas, pero éstas a su vez no son comprensibles fuera  o por encima de sus condiciones de existencia. Resultan por ello afectadas negativa y radicalmente las personas y la Naturaleza. La fetichización inherente a la circulación mercantil y a la acumulación de capital y al dinero que produce más dinero sacrifica a los seres humanos, a su humanidad y a la Naturaleza. Aquí el habla 'natural' no ayuda demasiado. 'Sacrificar' remite a matanzas y a dioses y asimismo a renuncias legítimas, o sea a un tipo de caridad o desprendimiento, y 'víctima' suena al oído latinoamericano en exceso pasivo. La fetichización comprende procesos de aniquilación de las personas, de su subjetividad autónoma (por medio de la reificación) y con ello de su humanidad o capacidad para producirse como actores de su humanización y de producción de humanidad genérica y, desde estos procesos, resulta "cómoda", para la sensibilidad dominante y de dominación inherente al reino de circulación de las mercancías, la asunción de la Naturaleza como mero campo de operaciones y también el desprecio por los perdedores y las poblaciones sobrantes.


    Si esta circulación resulta saturante (por el ahogo de las subjetividades que pueden apreciar y expresar otro mundo factible aquí en la historia) se asiste a un proceso de aniquilación cuyos protagonistas, e incluso muchos de los 'sacrificados', valoran como moderna, libertaria y exitosa. Se trata de versiones de un hiperempirismo que no ve estructuras ni lógicas y tendencias sistémicas o que si las ve, las naturaliza, que es lo mismo que considerarlas invariantes.


    Pero el tipo de análisis anterior, y la teoría que lo sostiene, que es la teoría del fetichismo mercantil, proviene principalmente del marxismo original y entonces serán muchos los que gritarán "¡Ah, la URSS!"¡Ah,Stalin!","¡Ah, el comunismo!"Ah, Fidel!"¡Ah, el Muro de Berlín!"Ah,el comunismo!", "¡Ah, Chávez!" ¡Fuchi, Fuchi, Fuchi!".

    Si dejamos de lado esta última reacción histérica y bruta, la categoría de "fetichización de la existencia" es la más comprensivo de las que se han empleado aquí y otorga nuevo carácter a términos como 'víctima' y 'sacrificio'. Esta argumentación más categorial es la que se supone ofrecen los 'filósofos'. No es el caso de Zarka en esta entrevista. Su lenguaje tiende a ser hiperempírico y esta es una señal de los procesos inherentes a la fetichización. No es raro, él trabaja en una universidad del Primer Mundo y forma parte de los destellos del faro en la colina.

 

   Mario (Costa Rica).- ¿Usted no es parte de una universidad y no trabaja en ella como filósofo? ¿No es ésta una competencia algo tonta, por engreída, entre “filósofo francés y “filósofo costarricense” o “latinoamericano”?

    HG.- Bueno, esperemos que no  lo sea. Pero una cosa es lo que uno o algunos pueden desear y otra lo que se consigue, Hitler aspiraba a mejorar la 'raza' humana y Bush-Obama han querido llevar 'la democracia' a Afganistán e Irak. En todo caso a Zarka no se le podría culpar de esto. Él habla desde su autoconfianza y no creo se interese mucho por tener interlocutores por aquí

 

   Ahora, quien escribe trabaja en una universidad del Tercer Mundo que tal vez desea ser parte, aun cuando sea como fósforo húmedo, de la luz en la colina bíblica, pero al promover este intercambio lo hago fuera de mi horario laboral. Digamos que trabajo como profesor de filosofía en una universidad, pero no soy filósofo. Y ‘profesor de Filosofía’ se entiende de una manera, por suerte, muy amplia y variada dentro de esta universidad específica. De modo que no hablo ni por la institución, ni por la Escuela donde trabajo ni tampoco por la filosofía. En todo caso lo que importaría es comportarse como filósofo, cualesquiera cosas que esto quisiera decir, y no serlo por adscripción a un status institucional y cultural, cuestión existencialmente poco confortable, al menos en América Latina. Por estos lados atribuirse adscripción filosófica suele entenderlo la mayor parte de la población, no importa si ajustada o desajustadamente, como propio de alguien muy lejano, “arriba” (por fortuna no peligroso). Algunas razones tendrá la población mayoritaria para albergar estos sentimientos.
   
    Voy a permitirme un ‘descubrimiento’, como los aportados por Zarka en su entrevista. Costa Rica, América Central y América Latina no son Europa. Pero esto no hace a Costa Rica ni a América Central ni a América Latina inferiores o superiores a Europa.  Sólo las hace distintas. El corolario es que ‘comportarse como filósofo’ en alguna de estas regiones tal vez implique una ruta prefijada, con destino y transporte previsible, y en otras u otra haya que construir ruta y destino, y hasta improvisar vehículo, quizá equivocándose muchas veces.

 

       Helga (Costa Rica).- A mí me parece que toda la discusión está falseada porque el señor Gallardo desconoce no solo el trabajo académico escrito de Zarka, sino que el diálogo completo publicado en La Nación electrónica. Al contrario de lo que él señala, a mí me parece que la entrevista es el tipo de aportes que hacen del periódico La Nación un diario que aún vale la pena leer, a pesar de tanta publicidad y reportajes poco profundos. Esperamos seguir viendo trabajos como éste, que provocan el debate de ideas. Felicitaciones a la periodista.

    HG.- Lamento desilusionarla, en parte. Es cierto que no conozco los trabajos “académicos” de Zarka, pero sí leí la entrevista completa. No la mencioné porque la cuestión entonces se torna todavía más patética. En su versión más amplia, la entrevista exhibe hasta “dedazos” en los párrafos de partida: “…usted muestra cómo la figura del “monstruo político”, metáfora del tirano, se ha balanizado…”. ‘Balanizado’ no existe en castellano y su referencia más próxima la acerca al pene masculino por una asociación con balano (bellota). O sea se “cayeron” los correctores del texto original y miraba para otro lado quien cuida el lenguaje de La Nación S.A. El descuido es tanto más notorio porque unas líneas más abajo se lee “… banalización de la figura del monstruo”, que es una forma propia. Normalmente un editor sabe que se cometerán errores de “dedo” en los textos, pero trata que esto no ocurra al inicio, porque puede matar el interés del lector. O descomponerlo de risa. Por lo demás, el campo temático del monstruo Leviatán fue banalizado desde un principio, en la Biblia.

    La versión larga o ‘balanizada” no agrega en exceso ni salva a la más breve editada en papel. Los “extras” son, en orden de aparición: una observación del paso desde el monstruo político (Leviatán, suponemos) al monstruo social. Zarka dice hacerlo desde una concepción de las prácticas de poder en Foucault y estima que hoy en Francia (el contexto es enteramente francés) “todo individuo es virtualmente peligroso”, no ya una clase social (el proletariado). Elegir a Foucault puede significar que el poder se entiende como producido en un sistema social fluido y conflictivo, no como “algo” que se tiene, y que su ejercicio puede estudiarse a través de sus producciones como los hospitales y las escuelas o la existencia cotidiana, las ‘palabras’ y las ‘cosas’, sin ocuparse necesariamente del Estado o de la propiedad. Aplicado unilateralmente, este posicionamiento deja de interesarse políticamente en The Matrix, lo que en América Latina sería un error aunque en Francia (la de los grupos dominantes)  pueda resultar inevitable. Ahora, una cuestión básica de la ‘imagen’ del monstruo político (Leviatán, Hobbes) es que el poder/orden no puede morir porque es la parte positiva (productiva podría escribir Foucault) de la pareja orden/caos o gracia/pecado, para recordar su extracción bíblica. Se trata teológicamente de una lucha resuelta desde el principio: Dios “juega” con la serpiente (el monstruo). El asunto empieza a tomar un tufillo conservador, ¿no es cierto? Zarka se duele, en otro lugar, porque sus “rebeldes” no tienen ideología y ya vimos que lo que no tienen es una organización con raíz existencial, o sea cultural. De modo que los individuos en verdad no son sino virtualmente peligrosos. Es decir no lo son en un sistema institucionalmente omnicomprensivo y que penetra/satura sus subjetividades. Podrían tornarse políticamente peligrosos cuando se organizan. En América Latina esto es un lugar común y espectacular porque cuando la gente se organiza radicalmente ‘desde la fluidez de poderes’, y juegos de la verdad, entonces se la mata. El capitalismo mata las subjetividades (también aplasta a etnias e individuos ‘distintos’) para que la gente no se organice. Es el tema de Ray Bradbury (y en parte de Foucault): la memoria de los seres humanos debe estar prohibida y la literatura que excita la imaginación quemada. La memoria roe el hiperempirismo y es una ruta para pensar. Pensar resulta incompatible con el capitalismo. Bradbury escribió su Fahrenheit 451 en 1953 y probablemente existe versión francesa porque el libro vende. Este escritor tiene un posicionamiento antagónico al Sísifo de Albert Camus: ‘Hay que imaginarse a Sísifo esperanzado, vencido y finalmente aplastado’. ¿No es posible encontrar ningún eco de esto en Foucault? ¿En el de La hermenéutica del sujeto, por ejemplo? Pero puede ‘tranquilizarse’ Zarka. El no es ningún individuo peligroso ni será aplastado. Forma parte del orden que cancela/prohíbe pensar.
   
    El segundo añadido de la entrevista en su versión completa es la respuesta de Zarka a la pregunta ¿Cómo restablecer la cordura? Zarka la toma en términos absolutamente a-filosóficos con su alcance de puerilidades, que es el peor: “Hay medidas quizás difíciles de tomar, pero que habría que aplicar”. El punto es qué las torna sociohistóricamente difíciles de aplicar. Elaborar ese antecedente permite referirse a cómo llevar a cabo ese “habría que aplicar”, incluyendo el de quiénes podrían hacerlo y para qué, con qué alcances para los juegos de la verdad. Si no se hace eso, lo de Zarka es solo una ocurrencia, como las de el ex ministro Tijerino, Karla González o Viviana Martín. A Zarka se le ocurre “fastidiar a las agencias calificadoras de riesgo”, es decir le entra a las señales, no a los procesos ni a las lógicas sistémicas. Y ¿cómo se las fastidia? Cambiando los tratados. Esto tendrían que hacerlo los políticos que, según él, ignoran lo que pasa. Ah, y además habría que “controlar” esto para que el asunto no se haga de “cualquier modo”. Pero si no se determina bien el problema todo modo resulta “cualquier modo”. Ah, la técnica específica sería que el Banco Central Europeo les preste directamente a los Estados. Por algo será (y no son los tratados) que no lo hace. De paso, esto quiere decir que Zarka resuelve un desafío civilizatorio (y político, para la situación europea) como si fuera una crisis financiera. De repente 'acierta', como el burro de la fábula, pero él no dio una respuesta ‘filosófica’ al asunto.

    La tercera cuestión surge por una pregunta que reproducimos a la letra: <<A propósito de ideologías, en Costa Rica, durante los años 90, tuvo gran impacto “El fin de la Historia” de F. Fukuyama. Este libro contribuyó a consolidar la idea que el tiempo de las ideologías se terminó. Ahora los políticos se dicen pragmáticos, sin ideología...>>.

    El texto de Fukuyama no es un libro, sino un artículo, y es una pregunta: ¿El fin de la Historia? (el posterior libro de Fukuyama sobre el punto se llama The End of History and the Last Man (existe versión española); el libro es menos deficiente que el artículo). Y la discusión contenida en su artículo no tiene nada que ver con Costa Rica porque trata del Primer Mundo. Costa Rica está en el Tercero y quienes se ubican en él “seguirán debatiéndose en el lodo de la Historia”, según Fukuyama, y recibiendo de vez en cuando unos bombazos para que se porten bien. El discurso del final de las ideologías en las sociedades modernas capitalistas es un discurso que viene desde el siglo XIX y resulta de que ellas se valoran como sin alternativa. Si no son ellas, es el caos ((“irracional” es el término que se usa); cuando quiere anatematizar, Zarka pronuncia "insensatos". Lo que se presenta, es lo que es y será para siempre. De hecho Fukuyama atribuye su artículo (1989) a las ideas de Hegel leído desde Kojéve. Y su final de la Historia hace referencia a que con la autodestrucción de la URSS ya no existe lucha de ideas y, por ello, advendría, para el Primer Mundo, el "fin de la Historia".
 
    En América Latina la tesis del final de las ideologías, que no son lo mismo que las ideas hegelianas, admite una fuente constante y constitutiva: el aparato clerical católico porque él habla desde el Espíritu Santo que, por supuesto, no tiene ideología alguna; otra, más circunstancial, la Guerra Fría y su anticomunismo (los comunistas son irracionales o el Mal en la Historia) que calza perfectamente con la sensibilidad de que el ‘orden’ oligárquico no debe cambiar y es también compatible con la presencia del Espíritu Santo y su aparato clerical. Obviamente la destrucción del Muro de Berlín fortaleció estos sentimientos. Pero el auge en estos días y en Costa Rica del discurso del final de las ideologías se debe al publicista argentino Andrés Oppenheimer y en especial a su libro “Cuentos chinos” (2005). Oppenheimer ha sido elevado a la categoría de “intelectual” en Costa Rica y se tutea con el político nativo Óscar Arias quien ha resultado el más eficaz propalador de la tesis: ‘no importa el color del gato sino que cace ratones’ (dicho de inspiración asiática, pero no por ello menos estúpido por estéril). Lo que son las cosas: se empieza hablando de Zarka y termina uno remitiendo a Oppenheimer y Arias.

    Zarka desde luego parece no estar enterado de nada de lo anterior (es francés, recordemos) y vuelve a descubrir la gruta como refugio para la lluvia: “Es una ideología creer que llegamos al final de la historia”, bufa. Es un bufido acertado, pero a continuación la embarra: “No digo que no haya que ser pragmático, pero en este caso el pragmatismo es simplemente dejarse llevar por los acontecimientos”, sentencia. Se trata del fetichismo hiperempírico (y los católicos agregarían: de la ausencia de valores trascendentes) que, para nada curiosamente, pone en circulación el término “proactivo” (versión ortodoxa: hacernos responsables de que las cosas ocurran; versión crítica: sumarnos como 'autores' responsables de los procesos que nos matan). Pero Zarka, tan interesado en las palabras y los instrumentos (y su norma), no entiende nada de esto y remata: “Es cierto que la ideología puede ser perversa, y puede conducir a catástrofes”. ¡Plop!

    No se ha terminado de recuperar el lector de tanta sencillez zarkana cuando él brinca al cuarto punto extra: “Pero se trata de saber cuál es la finalidad de lo político, qué es lo político”. Pero, aunque el campo es una de sus 'especialidades ‘filosóficas’, arroja el siguiente discurso: a) el problema aquí es que existe un conflicto entre los intereses del país y los intereses de las castas políticas; b) los medios políticos están pervertidos, corruptos porque los pagan los intereses financieros; c) los políticos son gentes que trabajan por su interés personal. Es decir, la acción de los políticos es juzgada por el valor de una idea/valor naturalizada de lo político (Aristóteles redivivo aunque Zarka no lo sepa). No se puede negar que Zarka esta vez descubrió que el cielo es azul y el mar está ahí. Lírico.

    Podría haberse referido, en cambio, porque políticamente son importantes, en términos 'filosóficos', a la reconfiguración del espacio-tiempo 'humano' y a las 'poblaciones sobrantes', por referir dos cuestiones ligadas.

    ¿Será necesario seguir? ¿Con Zarka? Quien lo entrevista cree que sí y pregunta: “¿Qué es lo que le abre la vía a esta invasión del interés privado, en una democracia, y que conduce al ‘olvido’ de lo político, en el sentido de gobernar por el interés general?”.

    Respuesta de catecismo: “Hay que estudiar a Tocqueville” (Alexis de, francés, s. XIX). Los políticos en regímenes democráticos de gobierno se corrompen porque su mayor horizonte es satisfacer los intereses a corto plazo de la población. Ya se sabe… el populismo se hace cultura´' y técnica. ¡Grave! Era también la idea, sólidamente conservadora, de Ortega y Gasset a inicios del siglo XX. Por supuesto, a estas alturas ya nadie se acuerda de Foucault. Ni siquiera su seguidor Zarka. Imagino que porque se está lejos del inicio de la entrevista. Y es que, al alejarse de su centro nutricio, hasta un 'filósofo' se desboca.


    Zarka tiene otra vertiente, además del favor de las masas y la popularidad, para "explicar" el desinterés de los políticos por el "interés general". Los políticos viven en un mundo imaginario, artificial, de espectáculo permanente. Se olvidan de la realidad de la gente. Cuando están en el poder, su existencia personal cambia. Ese es el núcleo mismo de su corrupción. ¿Se parece esto a algo que pueda decir alguien que ha leído a Foucault? Ah, él dijo ser su seguidor. Obviamente se puede ser filósofo francés y no leer a Foucault. Además uno es libre de inventarse un Foucault a su gusto.

    Estimo que estas líneas son ya más que suficientes para mostrar que la entrevista "completa" no mejora para nada a la entrevista editada en papel.

    Pero queda un punto: es bueno leer La Nación S.A. porque así uno se entera de la versión costarricense de la geopolítica estadounidense en su versión kukluzklanmente más bruta. Es algo que el dinero no puede comprar. También porque así más o menos capta uno de dónde vendrán los locales tiros neoligárquicos (reforma fiscal, por ejemplo) contra la gente de a pie. También de vez en cuando se equivocan en el periódico y aparecen artículos oasis, de P. Krugman, por ejemplo. Lueguito, apenas sus editores los lean o el INCAE reclame, los cortan. Leyéndola día a día, además, se puede corroborar la complejidad, no incompatible con su bastedad, con que se induce siempre conservadoramente a la opinión pública. La publicidad abundante de La Nación S.A. es inevitable y basta con brincársela. En cuanto al “debate de ideas”, su ausencia en Costa Rica terminará siendo, si el motor de Franklin Chang prospera, cuestión de promoción turística intergaláctica.
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     Anexo   


     Entrevista a Yves-Charles Zarka (periódico La Nación,11/12/2011)

     “VIVIMOS TIEMPOS INSENSATOS

      “Revolución” podría ser la palabra que condense el acontecer político internacional del año 2011: tres revoluciones, en Túnez, Egipto, y Libia; ciudadanos “indignados” en España, Italia, Grecia, y, en los Estados Unidos, movimientos como “Ocupemos Wall-Street”, fueron manifestaciones heterogéneas, pero con una reivindicación en común: la necesidad de un cambio.
     Para pensar el sentido de estos acontecimientos, conversamos con el filósofo francés Yves-Charles Zarka, especialista de filosofía política, quien visitó el país, invitado por la Universidad de Costa Rica, donde ofreció dos conferencias.


    En una de sus conferencias en la Universidad de Costa Rica, usted muestra cómo la figura del “monstruo político”, metáfora del tirano, se ha balanizado. Todos seríamos monstruos en potencia... ¿En qué consiste esa banalización de la figura del monstruo, y cuáles son sus implicaciones?


     Trato de saber lo que hay detrás de prácticas de poder, en el sentido de Michel Foucault. Por ejemplo, en la educación, en la salud, en la justicia, en la policía... ¿qué es lo que hay detrás? Hay cosas que no se dicen, de las cuales no nos percatamos. Hoy existe esa idea de que somos todos virtualmente peligrosos y que, por consiguiente, habría que detectar desde los primeros años de infancia – de ahí la evaluación de niños de 3 o 5 años, propuesta por el gobierno de Sarkozy — a los que son susceptibles de convertirse en personas muy peligrosas. Se imagina las prácticas policíacas que pueden instaurarse... No solo prácticas policíacas, sino de justicia, que hacen que, por ejemplo, se mantiene a alguien en la cárcel después de haber cumplido la pena. Estoy de acuerdo con que se dé seguimiento, pero decir que la pena terminada no ha terminado, ¿qué quiere decir?
     Detrás de esto, hay una figura del hombre peligroso que no es, como en el siglo XIX, una clase social – se hablaba de una “clase peligrosa”, los obreros --... hoy es el individuo el que se percibe como peligroso, porque la sociedad se ha fragmentado y el mismo peligro puede salir de cualquier lado... Es por eso que hay un aumento enorme de los internamientos siquiátricos de oficio. Enorme. Esta serie de prácticas me hizo reflexionar sobre esta idea del “monstruo político” hasta el “monstruo social”.

    Usted nació en Túnez. ¿Qué mirada arroja sobre la revolución en ese país? ¿Cómo explicar que tras derrocar al tirano Ben Ali, el pueblo haya elegido al partido islamista Ennahda, que podría instaurar una dictadura teocrática?


    Fue una revolución inesperada y a la vez extraordinaria, sobre todo porque las consignas que sobresalían eran la libertad, la igualdad, la dignidad... no era el Corán, la charia (ley islámica), las mujeres con velo... Pero ya en ese momento, yo decía: cuidado; la democracia no es solo un régimen político. Es también una estructura social. Es una dimensión cultural. La democracia no se instaura así como así. Es cierto que Túnez es más avanzado que otros países árabes. Solo que, una vez que el régimen se derrumbó, ¿cuál era la alternativa? La única potencia organizada era la de los islamistas que, como de costumbre, usan un doble lenguaje para obtener votos.

    Es una ilusión creer que la democracia es solo una forma de régimen. No es solo eso; hacen falta costumbres que la sostengan. Por eso, ¡transportar la democracia en Irak es una locura! El problema es saber si en Túnez el país progresista, ilustrado, logrará imponerse. No es nada seguro e incluso se puede pensar que la balanza se va a inclinar del lado negativo. Ya vemos películas prohibidas porque Dios fue representado... Es aún más problemático para Libia, que no conoció nunca la laicidad, ni la libertad para las mujeres. Ahí, se arriesga lo peor... No puede haber democracia donde no hay igualdad entre hombres y mujeres.


  Las manifestaciones de “los indignados”, de “Ocupemos Wall Street”, ¿qué revelan del problema político actual?


     Llamarlos “indignados” es absurdo. Uno se indigna, ¿y qué? No son indignados, ¡son rebeldes! Son personas que se rebelan contra una situación terrible: se le cobra al pueblo las inconsecuencias de los Estados y de los gobernantes. El problema de estos rebeldes es que no tienen doctrina, no tienen ideología. En mayo del 68 (grandes protestas en Francia), me acuerdo bien, había una ideología... era una ideología prefabricada, el marxismo-leninismo, pero había una idea... Aquí el problema es que no hay ideología, y por eso no puede funcionar.

    Los Estados están haciendo cosas insensatas. Nos dicen que van a disminuir la deuda. ¿Cómo? Disminuyendo el gasto. Instauran medidas de austeridad, aumentan los impuestos; bajan los salarios en España, y en Grecia ni hablar. ¿Qué pasa? A la gente le hace falta dinero. Van entonces a comprar menos. Si el consumo baja, el desempleo aumenta... y las entradas fiscales bajan. Lo que se presenta como un remedio... ¡es un veneno! Los gobernantes no entienden lo que sucede, y cuando uno no entiende, es grave, porque no sabe lo que debe hacer.

    ¿Qué es lo que les impide entender?


    No entienden porque siguen creyendo que el mercado, a pesar de todo, es una instancia de autoregulación y de información verdadera. Creen en eso. El primer liberalismo, el de Adam Smith, que pensaba que la economía debía funcionar por si misma, pensaba también lo siguiente: el Estado debe intervenir. Adam Smith decía, en primer lugar, que el Estado debe intervenir porque el capitalismo tiende a formar monopolios, y hay que impedir la formación de monopolios. En segundo lugar, decía que hay un derecho soberano del cual el Estado no debe deshacerse nunca: las finanzas, el control del dinero.
     El neoliberalismo, desde los años Reagan-Thatcher, lo desreguló todo. Y el mercado ya no tiene ningún control, ni jurídico, ni político. En 40 años, se convirtió en una potencia excepcional. La gente cree que esa potencia es la mundialización, pero la responsabilidad principal es de los gobernantes políticos. Fueron ellos los que soltaron las riendas. Y las riendas las tomó un poder antipolítico, que es el poder de la finanza. Es un poder antipolítico, antidemocrático.

    Cuando se opone la lógica del mercado a la lógica de lo político, ¿qué significa esta oposición?


    No, no es que haya oposición, es que hace falta una dominación del uno sobre el otro. Tiene que haber un control de lo político sobre la finanza. El capitalismo se volvió criminal. Las subprimes son algo criminal. Los banqueros sabían que engañaban a la gente. No digo que haya que suprimir la sociedad de mercado. Si no, ¿qué vamos a hacer? ¿Volver a economías planificadas, como en la Unión Soviética? No, esa no es la solución. Pero sí tiene que haber control político.
     Los gobernantes, por una ideología que viene de Milton Friedman y de otros, piensan todavía que la economía y la finanza están gobernadas por leyes objetivas, claras, mientras que la política está siempre en movimiento... El endeudamiento de los Estados viene de ahí: los bancos centrales ya no tienen derecho de prestarles a los Estados desde los años 80. Pero tienen derecho de prestarles a los bancos privados. El Banco Central le presta a los bancos privados de 1 a 1,5%. Como el Estado tiene un presupuesto poco equilibrado, necesita dinero. No puede pedir préstamos al Banco Central, entonces les pide a los bancos privados. Los bancos privados toman el dinero a 1,5% y se lo dan a los Estados entre 3% y más... ¿y qué hacen los Estados? Toman préstamos para pagar los intereses de préstamo. ¡Es inaudito! Estamos en la locura total. Vivimos tiempos insensatos.

    ¿Cómo restablecer la cordura?


    Hay medidas quizá difíciles de tomar, pero que habría que aplicar. Primero, fastidiar a las agencias calificadoras de riesgo. Volverlas completamente impotentes. Son agencias privadas, que tienen sus propios intereses... ¡Le dieron triple A a las subprimes! ¿Cómo es posible? Hay que fastidiarlas. ¿Cómo? Cambiando los tratados, permitiendo que el Banco Central Europeo les preste directamente a los Estados. Y controlando que esto no se haga de cualquier modo.

    A propósito de ideologías, en Costa Rica, durante los años 90, tuvo gran impacto “El fin de la Historia” de F. Fukuyama. Este libro contribuyó a consolidar la idea que el tiempo de las ideologías se terminó. Ahora los políticos se dicen pragmáticos, sin ideología...

    Es una ideología, creer que llegamos al final de la historia, que estamos en el mundo acabado de la verdad, que es el capitalismo lo que funciona, que el mercado da la verdad... ¡y listo! No digo que no haya que ser pragmático, pero en este caso el pragmatismo es simplemente dejarse llevar por los acontecimientos. Es cierto que la ideología puede ser perversa, y puede conducir a catástrofes...
    Pero se trata de saber cuál es la finalidad de lo político, qué es lo político. El problema que existe aquí, en Costa Rica, y en Francia también, es un conflicto entre los intereses del país, de la población, y los intereses de castas políticas. Lo vemos con respecto al cultivo de la piña, acerca de proyectos de explotación minera. ¿Qué quiere decir esto? Que los medios políticos están completamente pervertidos, corruptos. Están pagados por intereses financieros. Es gente que trabaja por su interés personal.

    ¿Qué es lo que le abre la vía a esta invasión del interés privado, en una democracia, y que conduce al ‘olvido’ de lo político, en el sentido de gobernar por el interés general?


    Hay que estudiar a Tocqueville. Explicaba por qué en las democracias los políticos se hacen cada vez más mediocres, deleznables, porque no tienen mayor horizonte que el de satisfacer los intereses, a corto plazo, de la población...
     Pero también, porque los cargos políticos, lejos de ser pensados como una responsabilidad, son un modo de concebir que se entra en otro mundo. Si a usted la eligen, incluso diputada, usted va a cambiar de condición, y tendrá otras preocupaciones. Su existencia personal cambia. Mientras la pertenencia a la clase política y al poder implique un cambio de condición en la vida de quienes pertenecen a esa clase, ahí tiene el campo mismo de la corrupción, porque nada les es prohibido. Viven en un mundo imaginario, artificial, de espectáculo permanente. Se olvidan rápido de la realidad de la gente.

    Se habla hoy de una crisis de la democracia liberal; la ciudadanía no se siente representada por sus gobernantes. Algunos filósofos, como Alain Badiou y Slavoj Zizek quieren terminar con la democracia representativa. ¿Hay que pensar en otro modo de organizar lo político?


     Alain Badiou y Zizek prefieren la dictadura del terror. No es mi caso. Están locos. La representación se corrompió, pero la representación no es mala en sí misma. Para nada. ¿Qué vamos a hacer? ¿Una democracia directa? Los humores del pueblo pueden ser muy malos.
    La democracia es la representación: es la distancia y el tiempo. Supone un tiempo de la reflexión, un tiempo de la organización, un tiempo de la decisión. Hay que restablecer la democracia representativa.
     La gente quiere intervenir, entonces, hay que cambiar cosas en la democracia. Una idea que desarrollé en mi libro Repenser la démocratie (Volver a pensar la democracia), toca el problema de la legitimidad. Desde la Revolución Francesa, la legitimidad democrática, ¿qué es? Muy sencillo: el voto. 50% + 1 votos, y usted es elegida. Si usted cuestiona la mayoría, cuestiona el principio democrático. Pero el voto da lo que llamo una ‘legitimidad de título’. La legitimidad de título se revela cada vez más insuficiente, porque cuando se elige a alguien por cuatro o cinco años, es sobre la base de promesas, de un programa. Pero usted no sabe si va a realizar el programa, o si hará lo contrario. Hay entonces un segundo aspecto de la legitimidad, que es la ‘legitimidad de ejercicio’.
    Es necesario poder controlar la legitimidad de ejercicio, es decir, la práctica del poder. Debe haber un tribunal que controle el ejercicio del poder, que controle si no hay conflictos de interés, si las promesas no fueron cumplidas. Este tribunal tendría una gran autoridad, en función de la autoridad de la gente que esté allí, y muy poco poder. No es lo mismo, la autoridad y el poder. Un escritor puede tener una gran autoridad y no tener poder. El poder está siempre ligado a la coacción. La autoridad no ejerce coacción. Esta instancia tendría una única función: informar a los ciudadanos. No tendría derecho de cambiar el poder. Solo una cosa: la información del ciudadano por una instancia no partidista. Eso ya existe en el plano de las finanzas, en Francia, con el Tribunal de Cuentas. Imagínese que se haga eso en el plano político. Le puedo asegurar que las conductas cambiarían por completo.
     Están también otras formas nuevas de democracia, la deliberativa, participativa... por qué no. Pero hay que estar atentos a los efectos perversos.

    Piensa por ejemplo en las derivas 'populistas'.

 

    Por supuesto. No digo que no haya que hacerlo, pero hay que tener mucho cuidado, porque los humores de la gente se pueden utilizar muy fácilmente.

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