Universidad, N° 1924,

noviembre 2011.

 

 

    
        Aunque la frase del título clona la pinta que, en América Latina, hace de Zapata o del Che un factor que convoca a la lucha social revolucionaria, aplicada a Muamar al Gadafi,  tiene, por ahora, un alcance más restrictivo y material. Otra significación podrían otorgársela, si es del caso, las gentes que simpatizan y luchan contra el totalitarismo del capital, o por un panafricanismo o por la liberación de las mujeres dentro del patriarcalismo musulmán, banderas que, en vida, levantó y defendió el dirigente libio. Volviendo al “Gadafi vive”, su autor fue el autoproclamado presidente del Consejo Nacional de Transición libio, un señor Abdeljalil, ex ministro de Justicia del régimen de la Jamahiriya (república socialista árabe) que es el nombre que el grupo gadafista dio a su proyecto para Libia.

    Abdeljalil no musitó la fórmula “Gadafi vive”, pero pidió una extensión de la misión otánica en Libia al menos hasta fin de año. Como se sabe, la OTAN resolvió la derrota gadafista con sus bombardeos contra la población libia, sus ciudades y sus centros económicos. Abdeljalil desea que esta ‘tutela’ sobre territorio y residentes se mantenga algunos meses. Sin proponérselo, Abdeljalil admite que el alzamiento contra Gadafi fue una conspiración y no una pugna entre grupos tribales. En las luchas tribales, liquidada la cabeza, o sea, el perro, se acaba la rabia, y el nuevo líder se encarga ahora de propinar mordiscos, feroces o suaves. Con su deseo de “purgar” militarmente el país, Abdeljalil acepta que el perro puto maldito terrorista Gadafi era, además de cabeza de una tiranía familiar-ampliada (¡asunto excepcional en la zona!), un proyecto político y una sensibilidad cultural aceptada por sectores de la población libia. Por ello, y porque las insurrectos de Abdeljalil no pasan de alzados desagregados y heroicos (los que expusieron sus vidas) y de oportunistas, pide que la OTAN limpie el país de rebeldes conflictivos, gadafistas y otros, para que los aldeljabistas ejecuten su recién adquirida capacidad de hacer ‘buenos negocios’ y, de paso, expresen un intenso amor islámico por Israel.

   Para quien no lo sabe, la bestia brutal y sádica de Gadafi ¡ese chacal! encabezaba un proyecto nacional libio (se dice fácil pero no lo es) que incluyó, por ejemplo, cautelas petroleras, avanzar un programa agrario, una actitud generosa hacia la inmigración extranjera (es un área de muchos pobres) y también esfuerzos para disminuir la discriminación contra las mujeres. La iniciativa transformó a Libia en el país africano con mayor producto interno bruto. Se añade, para agriar esta realidad, un 30% de la población en situación de pobreza, pero para América Latina esto es un confite: después de dos siglos de ‘independencia colonial’, tenemos países con un 70% de pobres. La media del área supera el 40%.

   A propósito de símiles torpes, los sucesos que inspiraron la rebelión ‘espontánea’ contra la Jamahiriya y el fraterno apoyo de la OTAN a los alzados, hablan de una represión feroz y masiva: las cifras que se manejan (cuatro eventos) suman menos de 500 muertos. No se dice de qué bando. Tratándose de personas, cada víctima es irreparable e incomparable para quienes los amaron. Pero si uno olvida el dolor humano y se queda con las cifras, los generales guatemaltecos Lucas García, Ríos Montt y Mejía Víctores encabezaron un genocidio que causó más de 250.000 muertos y un millón y medio de desplazados. No compensaron sus masacres con Jamahiriya  ninguna. De hecho, con el genocidio intentaban evitar que cualquier cosa parecida a la ‘jama’ ocurriera. Nadie dijo/hizo “pío” para dificultar las acciones criminales.

   Se puede decir que los guatemaltecos son muy poca cosa para llamar la atención. Tal vez. Pero en Ruanda (1994) el gobierno “hutu”, una etnia, buscó “limpiar” el país, de tutsis, otra etnia, con el apoyo indirecto de la ONU y el bizqueo de EUA y Francia. ¡Un millón de muertos! 250 mil, un millón de muertos, parecen muchos ‘comparados’ con los 429 atribuidos a Gadafi en el marco de una insurrección que buscó, y consiguió, prolongarse como guerra civil.

   Quizás el “Gadafi vive” del abogado Abdeljalil, pueda adquirir otro alcance. Pintado en los muros facilitará recordar que los crímenes contra la humanidad no excitan hoy las intervenciones de Naciones Unidas y la OTAN. Concurren más bien para ejecutar esos crímenes. Como la sangre de sus víctimas nunca mancha las manos de los poderosos, habrá que teñir las paredes.
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     Intervenciones:

 

   Santiago (República. Dominicana).- No puedo creer que alguien se manifieste a favor del dictador Gadafi. Menos igualarlo con Zapata o el Che Guevara. Fue un tirano y merecía lo que le pasó.

    HG.- En realidad el artículo no habla a favor de Gadafi, entre otras cosas porque no tiene mucho sentido simpatizar u odiar a distancia e informado por CNN, Twitter o la prensa 'local'. Y tampoco en el artículo se le iguala a Guevara o Zapata. Emiliano Zapata fue líder de una guerra campesina por una transformación agraria. Guevara se formó políticamente luchando contra el imperialismo y por el socialismo en el marco de la Guerra Fría. Tienen en común con Gadafi solo el haber sido asesinados, pero esa similitud no los torna semejantes ni iguales. "Morir asesinado"es una abstracción. Asesinos y asesinados actúan en contextos.

   
    El artículo, contracorriente, busca enfatizar otra cosa. Lo ocurrido en Libia fue una conspiración manejada desde el exterior principalmente por Estados Unidos (también Francia) y que contó con actores internos, algunos seguramente honestos y otros oportunistas. En Libia actuaron tropas terrestres de Catar y tal vez de otras monarquías árabes. Y la guerra civil desencadenada por la conspiración la resolvió la OTAN por disposición del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Solos, los insurgentes internos habrían sido derrotados en esa guerra. Probablemente usted es joven, pero alguien debe haberle contado que su país fue invadido unilateralmente (con complicidad de la OEA) por Estados Unidos en 1965. Lo de Libia fue peor porque se comprometió en el plan a Naciones Unidas, a la Corte Penal Internacional, a la OTAN y a monarquías árabes. Se trata de una violación brutal del derecho internacional  con cubierta 'legal' por parte de quienes no creen para nada en derechos humanos. Y de Libia se desea sacar una lección universal: uno de los portavoces de la OTAN declara: "Creo que la misión en Libia puede servir de modelo para futuras operaciones de la OTAN". Y el modelo es: se conspira para levantar una insurgencia y después se la "apoya" por petición del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que la OTAN, que tiene un poderío incontrarrestable, resuelva militarmente a favor de los alzados la "guerra interna". La prensa destaca que a Estados Unidos derrocar a Gadafi le costó en dólares menos que una semana de guerra en Irak o Afganistán. Negocio redondo. Un dominicano debería estar preocupado. Cuando la OTAN interviene no hay estadística de las víctimas. Y su intervención no tiene nada que ver con derechos humanos ni con valores democráticos. En el caso libio bombardea porque a EUA le resulta más barato que intervenir directamente y para re-configurar la geopolítica regional favorable a Israel, además de mejores negocios con el petróleo que yace en territorio libio. En su país, en 1965, se contabilizaron los muertos, unos 5 mil. Pero el "modelo" de intervención en Libia ya causó muchos más y promete en configurarse en la receta para librarse de gobiernos que disgustan geopolíticamente a la acumulación global de capital. De eso trata el artículo. Por eso le reitero: usted, y todos los que no tenemos poder militar y vivimos sobre algún tipo de riqueza que interese al capital, deberíamos estar preocupados y exigir otro 'orden' internacional.

 

   Mario (Chile).- Elogiar a Gadafi es como elogiar a Pinochet. Me sorprende por parte de un exiliado chileno.

     HG.- Gracias por escribir. Creo anda usted algo equivocado de bandos y muertos. La destrucción del sistema institucional chileno en 1973, y la consiguiente muerte de Allende y de millares de chilenos desarmados, tuvo como principales protagonistas externos a Richard Nixon y Henry Kissinger, políticos estadounidenses. Los empresarios, políticos y militares locales que concurrieron al golpe, Pinochet incluido, fueron apoyados por Estados Unidos hasta que resultó imposible (y geopolíticamente dañino para sus intereses) sostenerlos. En el derrocamiento y asesinato de Gadafi participó el presidente de Estados Unidos (voy a llamarlo Obama Bin Laden) y su Secretaria de Estado, Hillary Clinton. También se movió el presidente francés.Es decir que Estados Unidos anda liquidando dirigentes, violen o no derechos humanos, hayan sido electos o hayan llegado al poder político mediante golpes militares, por todo el mundo. Y no los castiga nadie. Sus acciones terroristas no las castiga nadie. De modo que no hay nada de sorpresivo en que un exiliado chileno escriba que lo de Gadafi y Libia amerita ser recordado, no por Gadafi, sino por nosotros mismos y por todas las víctimas de esa guerra. Y en cuanto a Pinochet, ese criminal y ladrón, además de quedar impune, sobrevive en la codicia de las transnacionales, en las recomendaciones del Banco Mundial y el FMI, en el cinismo de los dirigentes políticos estadounidenses y occidentales y en la geopolítica del garrote. Y por supuesto Pinochet sigue aposentado en Chile, como terror y como soberbia, pero usted sabrá mejor quienes lo encarnan como sufrimiento y como altanería hoy por allá.  Y, de nuevo, gracias por escribir.

 

    Luis Manuel (Costa Rica).- Su artículo me causó asco. Elogiar a un dictador.

     HG.- Lamento haberle causado esa emoción negativa. Bastaba con no haberlo leído. Verá usted, es una opinión, no 'la' verdad. Y mi opinión se da en un mar de alegría y celebraciones por el asesinato de Gadafi y el bombardeo de Libia. Por supuesto el artículo no elogia a ningún dictador. Tampoco aplaude a los falsos regímenes democráticos ni deja sin denuncia que el orden geopolítico actual se rige por un Gran Garrote Cínico e Impune y que el asunto debe decirse en voz alta porque la mayoría carecemos enteramente de garrote para defendernos y la prensa local solo nos 'informa' de la belleza descomunal que existe en el asesinato de Gadafi y su gente. En La Nación, de este su país, una dama escribe que Gadafi le quitó la humanidad a los libios y que por lo tanto él se mató a sí mismo. Añade que espera que el nuevo gobierno libio les retorne esa humanidad arrebatada. A mí esa mezcla de frivolidad y Hollywood no me asquea, me preocupa. Le reitero mi disculpa por haberlo asqueado, pero se trató de un asco gratuito. 

 

   Johanna (Costa Rica).- Usted se duele por lo que le ocurrió a Gadafi y a Libia, pero califica de criminal y ladrón a Pinochet. No parece respetar para nada la humanidad de este último. Si usted tuviera bombas ¿se las arrojaría a los pinochetistas?

    HG.- Pinochet murió en su cama, tal vez sus cercanos no lo cuidaron lo suficiente porque estaba siendo acusado en los circuitos judiciales y corría el riesgo de ser condenado. Para ellos quizás resultaba más conveniente que muriera. Pero, en lo que interesa, Pinochet fue un ser humano y seguramente también en vida tuvo gestos generosos o casi, propios de la existencia cotidiana. Hacia un nieto, hacia alguien necesitado de pan o empleo, abrigo, en fin. Esa gente, personas, con quienes tuvo gestos amables debe haber lamentado sinceramente su muerte. Sus socios y familiares cercanos, cómplices de sus delitos y crímenes, merecen ser llevados a los tribunales. A los circuitos judiciales les corresponde castigar sus crímenes y delitos. Uno debe alegrarse porque reciben una sanción de acuerdo a derecho porque eso muestra que el sistema judicial funciona bien. Alegrarse porque alguien sufra pena de cárcel o la muerte por decisión judicial me parece impropio, aunque pueda explicarse. Uno se alegra porque los delitos tienen su castigo de acuerdo a derecho. Pero el criminal sigue siendo un ser humano y me parece fuera de lugar hacer fiesta por su dolor personal y el de quienes lo quieren.

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