Universidad, N° 1910,

agosto del 2011.

     

 

     La Comandante Cero local, Viviana Martín, diputada, avisa que viene una nueva Ley del Tránsito (LN: 15/06/2011). En opinión de Martín ella viene a resolver el tema de la seguridad en las carreteras costarricenses a la vez que reemplaza a la legislación vigente a la que determina como ‘desproporcionada e irracional’ (al menos en el rubro multas). Valora el proyecto como factor de una “verdadera cultural vial y vital” y celebra que el Ministerio de Obras Públicas y Transportes apoye la nueva legislación. La Comandante Cero estima que esta ley conseguirá destacar los valores de la vida y de la integridad física por oposición a una cultura de la muerte y el irrespeto a la persona humana. No es poca cosa. Ni fácil, puesto que el estilo mundial de existencia hace coincidir la vida con el consumo, incluso de ataúdes y, obviamente, se puede encontrar cualquier cosa en la calle, los lugares de trabajo y los templos y gobiernos de hoy, por citar cuatro lugares, excepto el universal respeto por las personas.

    En este último punto, la nueva ley introduce un tipo inédito de discriminación entre los conductores. Quienes tengan menos de tres años de conducir, digamos los conductores novatos, serán sospechosos (conduzcan como conduzcan) por el mero hecho de ser novicios y además se les penará por serlo. Suena inconstitucional. Los novatos pasarán a ser los conductores “in vitro” de las carreteras. No dice la diputada Martín si quienes han nacido (en el extranjero) mediante fecundación asistida tendrán, además de la marca por ser novatos, recargo en las multas. Tampoco nos dice si se seguirá requisando el automóvil a quienes manejen después de beber alcohol (también entre quienes beben y conducen se introduce una distinción), aunque el vehículo, en tanto tal, no sea causante ni responsable de delito alguno.

    Lo anterior es detalle. No se puede negar que el país requiere una adecuada ley del tránsito. Tampoco se puede negar que esa ley debería operar en condiciones tales que la tornen efectiva. Es decir que fuese parte de una política pública. Asimismo habrá que reconocer que esas condiciones hoy no se cumplen y que, dado el carácter clientelar del Estado y los gobiernos costarricenses y la actual penuria fiscal, es difícil, tal vez no factible, avanzar hacia ellas.

    Dejemos aquí de lado la negligencia codiciosa con que políticos y empresarios consiguieron que la infraestructura vial sea un problema y no respuesta a las exigencias de una convivencia elemental.

   La primera falla operativa de cualquier ley en este campo es que la policía del tránsito es rala para las necesidades del país. Así, ella se aplica a San José y poblados cercanos y es letra muerta o casi en el resto de Costa Rica. Por cobertura, la ley no es nacional ni su aplicación es permanente. Presencia policial pudo evitar la muerte de Dennis Marshall.

   Además de escasa, un sector de la policía, todavía no cuantificado por Unimer, es corrupto y venal. Y la mayor parte de conductores que tiene nexos con “autoridades” (o al menos puede llamar por celular a algún funcionario) se considera ‘por encima de la ley’ y hace valer su ‘jerarquía-impunidad’. Si los oficiales fuesen honestos, que no lo son (ganan poco, además), tampoco se les prepara para cumplir con sus nuevas tareas de actores penales. Puede predecirse que habrá nueva ley pero ella no será factor de una “nueva cultura”. La ley se charraleará si no es parte de políticas públicas integrales. Esto significa algo más que meter en el sistema educativo la materia de educación vial. Es notorio que la escuela pública costarricense no tiene capacidad para introducir o reforzar valores positivos entre niños y jóvenes. Mucho de lo que allí se “enseña” resulta irrelevante para la existencia efectiva de esos niños y jóvenes. Un ejemplo es que los chicos tienen clases de religión, pero su fe religiosa no excede el culto litúrgico y la petición de favores cuando duele una muela, hay que aprobar un examen, se retrasa el período o juega la Sele.

    Lo mejor, algunos dicen, es enemigo de lo bueno, pero tratándose de leyes que ‘cambiarán la cultura del costarricense’ (tornándolo excepcional en el mundo), es conveniente que al menos avisen ‘lo mejor’. De lo contrario se prepara un nuevo fracaso de la ya notoria Comandante Cero que, por el momento, figura como promotora y animadora del proyecto. Por desgracia, su liderazgo podría considerarse un mal  augurio. Y si el MOPT aplaude, peor.


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