Universidad, N° 1904,

junio 2011.

 

         
       Sin excesos, con la madura firmeza con que se ostenta el cargo de presidenta de una nación, recibió Laura Chinchilla el apoyo de 13 diputados liberacionistas cuyos votos fueron decisivos para rechazar el proyecto de fecundación in vitro que su gobierno presentó en la Asamblea Legislativa. El proyecto era tan odioso que convocaba a su rechazo y posterior pase al archivo, pero aun así la presidenta estimó que, por fin, el “partido” comenzaba a respaldar su vigorosa gestión. ‘Luego serán los 24 diputados y hasta algunos ministros’, auguró a sus más cercanos, su hijo y su marido. Su padre vive más retirado, pero le puso un correo. Horas antes, hablando a la prensa, la presidenta pronosticó el triunfo invicto de la Sele tica en el torneo Gold Cup. ‘Saborío no fallará ningún tiro a marco’, aseveró.

   El proyecto archivado podría ocasionarle a Costa Rica dificultades con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (y después con la Corte de ese mismo organismo), pero la estratega Alicia Fournier, diputada ‘liberacionista’ fue enfática al desdeñar el riesgo: “Una resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (…) no es vinculante para el país” (LN: 14/06/2011), proclamó. Presume además que para cuando la tarda Corte falle el caso, Chinchilla y ella estarán ya pensionadas. Se siente la firmeza y sinceridad del planteamiento.

   Pese al alborozo de Chinchilla y a la habilidad de Fournier (si se les agregara Viviana Martín serían invencibles), un diputado puso una mosca en la leche. Curiosamente fue el jefe de la fracción ‘liberacionista’, L. G. Villanueva: “(…) nos parece que fuerzas extrañas se movieron porque tres diputados que estaban a favor cambiaron de posición a última hora”, dijo, cuando aún no había consultado a Laura. En lo que yerra Villanueva es en lo de “fuerzas extrañas”. Se trata del Espíritu Santo que reina en la Asamblea desde que se regó en ella agua bendita. De hecho “Espi” resultó decisivo en la contienda entre diablos y ángeles finalizada con la oposición sentada en el Directorio de la Asamblea. Los dioses siempre exigen sacrificios a sus fieles.

   En verdad, detrás del humor algo enfermizo del proyecto de ley (permitía la fecundación in vitro pero exigía condiciones que la tornaban impracticable y humillaban a quienes querían solicitarla como servicio) no estaba el mero mero Espíritu Santo, sino quienes aquí lo administran: la jerarquía clerical católica y su corte de interesados o despistados beatos/beatas. Estaban en su derecho porque su Constitución hace de Costa Rica no un país confesional, como cree una mayoría, sino clerical. Los  constituyentes ni se despeinaron para redactar: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado…” (#75), de modo que los ciudadanos, contraparte humana del Estado, son católicos, lo quieran o no. Se trata de una cuestión o gravísima o de los Tres Chiflados con el aporte de Porcionzón, mas así está. El texto admite ‘otros cultos’, pero éstas son opciones no ciudadanas, privadas, que deben, para ser cívicas, plegarse a la doctrina católica.

    De aquí que la fecundación in vitro sea una opción privada pero a la vez un delito ciudadano. Lo que alega la Comisión Interamericana es que el que sea un delito va contra Derechos Humanos ciudadanos. Lo que alega el gobierno de Costa Rica, “dilecto hijo de María’’, es que los ciudadanos costarricenses deben moverse dentro de la doctrina católica.

   Confuso se muestra así el diputado Villanueva al hablar de “fuerzas extrañas”. Los diputados locales son un tipo especial de ciudadanos, es decir de católicos. Lo que resulta turbio es qué hacen en esta Asamblea de Aguas Santas dos congresistas “protestantes”. Como individuos pueden ser hasta satánicos, pero como diputados deben ser católicos (cierto: no es incompatible con la satanidad). El Tribunal Supremo de Elecciones erró al dejar que se inscribieran. Debería expulsarlos de la curul. Y los dos diputados “protes” tendrían que pensar en presentar su situación a la Corte Interamericana. Tal vez corran mejor suerte que las parejas de ciudadanos que, de buena fe y sin ningún deseo de perder la vida eterna, querían ver su relación bendecida con hijos. Y si les dan atolillo con el dedo a los diputados habrían al menos mostrado al mundo, otra vez, el grotesco e insincero país que han construido sus grupos reinantes.
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