Seminario Internacional

Pueblos Indígenas, Identidades

y Derechos en Contextos Migratorios,

Universidad de Sevilla, marzo 2011.

 

     1.- Gracias por su presencia esta mañana. Quienes me antecedieron ya han señalado a las instituciones y personas que hacen posible este espacio de encuentro e intercambio. Quiero enfatizar en especial a la Universidad de Sevilla, a su Facultad de Derecho y al Departamento de Filosofía del Derecho, en cuyo Salón de Actos iniciamos en este momento nuestras aproximaciones y también nuestras distancias y desacuerdos. Menciono algunos de los posicionamientos de esta conferencia para que ustedes tengan más criterios sobre ella. Por ejemplo, esta presentación no se inscribe centralmente en una gestión de la diversidad aunque esta gestión sea un factor significativo de los desafíos que plantea la emigración/inmigración no deseada. Es decir, la conferencia no se centra en ella pero tampoco la menosprecia.

    Tampoco se hacen coincidir en esta conferencia nacionalidad y ciudadanía. Estos conceptos no designan realidades incompatibles, pero se puede enfatizar un aspecto más que otro y desde ciertos ángulos contienen realidades distintas. Los integrantes del pueblo o nación shuar, que residen principalmente entre Perú y Ecuador, pueden no considerarse, o ser considerados, peruanos y ecuatorianos. Algunos shuar querrán reconocerse mejor como miembros de pueblos amazónicos. Otros querrán sentirse parte de la nación/ciudadanía ecuatoriana. Ecuador recluta soldados shuar, por ejemplo. Y éstos podrían hacer la guerra contra habitantes shuar del lado peruano. Y es también probable que existan ciudadanos soldados shuar peruanos. Así, el vínculo entre nacionalidad, ciudadanía y etnia muestra algunos aspectos de su complejidad. El punto afecta a las existencias de la gente, migrantes y no migrantes, y a sus identidades asumidas. Y, desde las existencias, a derechos humanos.

    La propuesta de esta conferencia es más existencial que jurídica o administrativa. Y, por existencial, también estructural. Los ligámenes entre estos niveles tendrán que realizarlos ustedes desde sus experiencias de trabajo y lucha. Quiero comenzar con situaciones de un relato que se relacionan con lo que esta mañana nos reúne aquí.

    2
.- En su libro “Crónicas marcianas”, Ray Bradbury, un escritor de socio-ficción estadounidense, escribe sobre varias migraciones y hoy quiero recordar brevemente una de ellas, la contenida en el relato “Un camino a través del aire”. Se trata del escape en cohetes de los negros del sur de Estados Unidos hacia Marte. Una parte de la tensión humana interna de este cuento lo dan los enfrentamientos entre Sam Teece, el ferretero del pueblo, y Belter y Silly, estos últimos dos negros. El primero de ellos tiene una deuda en dólares con Sam. Al segundo Sam intenta retenerlo porque según él el joven negro ha firmado un contrato laboral que lo compromete a no abandonar su empleo mientras su patrón no encuentre un reemplazante. Los nexos sociales de dominación y negación de su humanidad para los negros son rotos en este caso mediante la la salida del planeta de todos ellos. Y en la específica y difícil situación de Belter, por la solidaridad de otros negros que reúnen los 50 dólares adeudados y cancelan su deuda. Pero con Silly la posibilidad de su ida a Marte se hace realidad porque un anciano, Quartermain, un hombre blanco, se ofrece para suplirlo en sus tareas y otros blancos respaldan ese gesto que permitirá viajar a Silly, un chico de 17 años.

    Una primera observación: el dominio de los blancos sobre los negros emigrantes se materializa mediante dos instrumentos: una deuda en dinero y un contrato que se pretende vinculante y justo porque así lo afirma el patrón/amo a quien ese contrato conviene en tanto le permite confirmar y ostentar una humanidad superior (propiedad, capacidad cultural, adulta) sobre otra inferior (analfabeta, juvenil, sin propiedad). Los negros no escapan de los blancos, sino del capitalismo. Tal vez exista un exceso de ingenuidad cuando se interpreta que las migraciones latinoamericanas, africanas y asiáticas de vulnerables se siguen solo de condiciones económicas (pobreza o miseria) y no de una experiencia de totalidad (un capitalismo dependiente donde ellos sobran) en la cual estas poblaciones que emigran no pueden reconocerse como seres humanos. Se están buscando a sí mismas. O, mejor, están buscando ponerse en condiciones de autoproducirse a sí mismos sin saber bien quienes llegarán a ser. En el cuento de Bradbury, los negros viajan a Marte porque quieren autoproducirse como seres humanos y ello no es posible en el sur de Estados Unidos ni en el planeta Tierra.

    Este mensaje no es una interpretación arbitraria del cuento de Bradbury. Al irse en sus cohetes, los negros dejan abandonados en una extensión de kilómetros y kilómetros todos los enseres que habían acumulado en su existencia de seres humanos sometidos a la dominación y humillación permanentes por los señores blancos. La arquitectura inicial del cuento lleva al lector a creer que se llevaban “sus cosas” a Marte. Pero no. Las dejan abandonadas en el planeta Tierra y cuando los cohetes parten los negros pueden darle una última mirada a su pasado. A lo que no quieren ser ni repetir en Marte. No desean ser, o producirse, como señores ni como siervos. No desean amarrarse por el dinero ni por contratos que aun siendo legales son fraudulentos si de producir humanidad se trata. Ni tampoco ser porque tienen cosas. Emigran a Marte para producir otro mundo. Un mundo donde ellos serán distintos y los ancianos serán como el viejo Quartermain que enciende la chispa de lucha blanca y no capitalista contra la injusticia y por la solidaridad con aquellos a quienes se ha tratado social, política y humanamente sin justicia. En Marte, estiman los negros, podrán producir por primera vez un mundo humano y ellos mismos se verán transformados al punto de no reconocerse.

    Es un mensaje. Pero hay otros. Los negros emigran a Marte y dejan definitivamente atrás su pasado. Los emigrantes latinoamericanos, africanos o asiáticos se quedan en este planeta donde impera la acumulación global y con ella el dinero y los contratos fraudulentos si se desea producir humanidad. El tener por sobre el ser es uno de los sellos de la sensibilidad reinante. Estos emigrantes no pueden, como los negros del cuento de Bradbury, dejar atrás todo su pasado. Para emigrar definitivamente, como esos negros, sin salir de este planeta, se requiere de la voluntad y del concurso de todos. Las migraciones en este planeta son señal dramática pero parcial de una necesaria transformación civilizatoria. Lo sepan o no quienes emigran y lo sepan o no quienes los acogen o rechazan. Hasta aquí el cuento. Corresponde a ustedes traducirlo a sus realidades de lucha.

    Todavía algo que no es un detalle. Los negros emigrantes eran población deseada/requerida por muchos blancos para sentirse/saberse superiores. El punto lo personifica en el cuento de Bradbury el ferretero Teece. Los emigrantes de carne y hueso actuales, no literarios, pueden ser considerados muchas veces población sobrante o casi. Del dominio sobre ellos no se seguiría, tal vez, ningún prestigio. Otra vez corresponde a ustedes traducir este punto a sus realidades de trabajo y lucha.

    3.- La exposición de esta mañana se centrará en el fenómeno migratorio, es decir, en su sentido restrictivo, de desplazamientos flujos y asentamientos de población no deseada, en la forma actual de mundialización capitalista, y enfatizará sus desafíos tanto para el Estado de derecho, el régimen democrático de gobierno y el principio de agencia humano, (ya que en su título aparece derechos humanos), como para las subjetividades humanas, es decir sus identidades o identificaciones, y su vínculo con caracteres étnicos. Tal vez resulta adecuado introducir una primera aproximación a este último aspecto, porque el término “étnico” suele aplicarse mecánicamente  a las instituciones y personas que nos resultan extrañas o ajenas o ambas. De esta manera, bolivianos y ecuatorianos, en especial si son de extracción rural, resultan “étnicos” y “etnias”, con su doble alcance de pintorescos y amenazantes, para muchos españoles, que no se aplicarían necesariamente este término a sí mismos ni a sus caracteres y diferencias internas. Por ejemplo las que se dan entre catalanes con Sep Guardiola a la cabeza y madridistas (españoles), hoy con el portugués José Mourinho de estandarte. Imagino que nadie o casi hablará de diferencias étnicas entre el juego del Real Madrid y el desempeño del Barcelona fútbol club. En realidad el vocablo ‘étnico’ puede aplicarse a cualquiera experiencia social humana, porque todas ellas son portadoras de una diferenciación cultural que las distingue de otras experiencias.
 
    En lo que nos interesa, todos los grupos humanos son étnicamente autocentrados y esta centralización contiene como tendencia política un etnocentrismo que lleva a los portadores de una cultura a considerar como ‘naturalmente humanas’ sus prácticas y menos adecuadamente humanas, ‘naturales’, las de otros. Los diversos grupos étnicos (que no resultan necesariamente de pueblos o naciones) suelen producir de esta manera un tipo especial de ceguera respecto de sí mismos y también de los ‘otros’. Esta ceguera puede alimentar formas de discriminación y violencia como, por ejemplo, el racismo y el jingoísmo. En breve, todas las etnias, y los seres humanos y sus identificaciones e identidades sociales se manifiestan inevitablemente en alguna de ellas, son particulares pero se pretenden, en la práctica y desde las subjetividades sociales y personales y las instituciones, universales y esto trae consigo desafíos tanto para la convivencia (comunicación) como para los emprendimientos comunes entre seres humanos diversos.

    4.- He utilizado hace un par de minutos dos expresiones para referirme a sectores de inmigrantes cuyas condiciones de existencia interesan a este seminario (y uno querría que a toda España y Europa y al mundo). La segunda, diciendo algo sobre el etnocentrismo y el ‘nacionalismo’ fue “identificaciones e identidades sociales”. La primera, refiriéndome a la acentuación de los flujos migratorios en esta etapa de mundialización fue “desplazamientos de población no deseada”.

    Deseo ampliar algo estas referencias. Un murciano, un sevillano o un español    o un europeo que reside en Sevilla sin duda posee identificaciones inerciales, es decir provistas por su sistema social de existencia. Algunas serán familiares, otras urbanas, varias regionales, quizás cuántas serán ‘europeas’. Por ejemplo, se sentirá nacional/español y europeo. También podrá sentirse adulto, madre o estudiante joven. Pero estas últimas identificaciones por ahora no importan. En el momento actual de las sociedades en el mundo sentirse ‘nacional’ suele querer significar afirmarse en lo propio, querer ser autónomo, valer por uno mismo y por las raíces que se portan. Los españoles, por ejemplo, se sienten orgullosos en este momento del rendimiento de sus deportistas en todo el planeta. Nadal arrollando en tenis, Alonso primer piloto de la escudería Ferrari, La Liga española de fútbol, la mejor del mundo y la selección española campeona de Europa y Mundial.  Contador ganando el Tour de Francia. Y tantos más. Sus éxitos los sienten y aplauden los “verdaderos españoles”. Son triunfos que les pertenecen como les pertenece su sangre. Se trata de una triple identificación positiva, ciudadana, nacional y europea. Quizás no siempre sentimos tan espontáneamente una cuarta identificación que viene con ellas: la humana. Esos deportistas brillantes están haciendo algo humano por nosotros, con nosotros y para todos.

    Esta cuádruple identificación, nacional, europea, ciudadana y humana, sin duda puede ser algo muy valioso (apreciar las raíces, la civilidad, producir humanidad, sentirte parte), pero también puede enfrentar conflictivamente a procesos y personas. Por ejemplo, los “verdaderos finlandeses” de hoy o los “demócratas de Suecia” tienen en común sentimientos “euroescépticos” lo que quiere decir, al menos, que no les simpatiza la Unión Europea o su rumbo actual. Desean menos relacionamientos con “otros” y mayor autonomía para ocuparse de sus propios asuntos. Estos ‘verdaderos’ y ‘demócratas’ coinciden en ver en el fenómeno de las inmigraciones no deseadas a Europa como un peligro, como algo profundamente negativo. Luego, una identificación ‘nacional ciudadana’ y ‘europea’, que además se postula humana, puede remitir a algo valioso y también a algo peligroso: rechazar a otros o procurar discriminarlos. A algunas variedades de mala excitación y xenofobia. Esto en Europa.

    En América Latina, la identificación ‘nacional’ suele referir principalmente a los “valores patrios”, es decir al aprecio por el lugar donde se ha nacido. Este aprecio se adorna no con valores ciudadanos, como podría ocurrir en Europa, sino con hechos ‘gloriosos’: batallas, independencias, guerras, robo de territorios, represiones internas, masacres. En América Latina se ama a la patria si se ama a sus ejércitos y sus políticos, no importa cuan canallas éstos sean. Y también si se ignora, desprecia o discrimina a los pueblos indígenas. No crean que exagero. Un solo ejemplo: en un país como Bolivia, durante todo el siglo XX y en la práctica, no existió efectivo acceso a la educación formal para los indígenas de habla quechua o aymara. Si querían salir del analfabetismo, que enfatizaba su discriminación y pobreza, tenía que ser aprendiendo a hablar y escribir el castellano. Y con la lengua, ustedes lo tienen claro, va parte primordial y significativa del modo de existencia. La ‘escuela indígena’ en esa Bolivia incluía en su currículo oculto que los indígenas debían aprender a despreciarse a sí mismos. Debían despreciar su manera de ser humanos, su lengua, su cultura, sus afectos… Todo eso, para la Bolivia oficial, no era propiamente humano.

    Luego, cuando hablo de identificaciones ‘nacionales’, en el contexto de las emigraciones de individuos y sectores de los pueblos indígenas de América Latina, estoy hablando de identificaciones que han excluido sistemáticamente de la nación y de la patria a sus sectores indígenas. La Bolivia referida no es un caso excepcional. La situación es semejante en Chile, Guatemala o Colombia, por mencionar cuatro países. En Ecuador las cifras de finales del siglo XX son las siguientes: analfabetismo urbano: 6%. Analfabetismo indígena: 43%. Y de las mujeres indígenas 53%. Cuatro de cada diez ecuatorianos urbanos terminaba su educación secundaria. Cuatro de cada cien indígenas varones rurales hacía lo mismo. Y de las mujeres indígenas, menos de tres por cada cien. Ah, y sobre quienes no hablaban castellano no existen cifras ciertas.

    Las razones básicas para que esta discriminación feroz ocurriera y ocurra se siguen de que la sensibilidad de las sociedades latinoamericanas, su clima ‘cultural’, es oligárquico, clasista y racista. Y a los pueblos y culturas indígenas se les considera derrotados, pobres o miserables rurales y de raza inferior, sin cultura. Podemos agregar un referente: Estado y nación no se construyen en América Latina a partir de una común ciudadanía sino mediante cooptaciones derivadas de la propiedad/riqueza, lugar de residencia (urbe, capital), prestigio, sexo, edad, capacidad de fuego, etc. Se trata de Estados/naciones señoriales y clientelares, falsamente etnocentrados porque no incorporan a las naciones indígenas originarias (ni tampoco a los pobres de la ciudad y del campo, otro tipo de ‘raza’ inferior) y también falsamente ciudadanos porque en ellos existen sectores e individuos por encima de la ley y otros sectores e individuos para los cuales la ley consiste en un trato discriminatorio que puede llegar hasta considerarlos no-personas.

    Así, cuando un sevillano español europeo, desde su identidad ciudadana y humana ve a un inmigrante ecuatoriano o boliviano indígena, saraguro, por ejemplo, o a una mujer quechua, no debe ver a un ciudadano ecuatoriano o boliviano, sino a alguien que desde una identidad étnica, es decir humana, despreciada llega a España para construirse, desde su raíz saragura o quechua, en ciudadano español. Una mujer quechua en Bolivia ha tenido siempre la aspiración de ser ciudadana boliviana sin dejar de ser quechua. Un indígena saraguro en Ecuador ha tenido toda su vida la aspiración a ser ciudadano ecuatoriano sin dejar de ser saraguro. Pero aquí viene el desafío de las identificaciones e identidades que portamos inevitablemente. Muchos de estos inmigrantes no saben bien, debido a sus experiencias en sus regiones de origen, en qué consiste alcanzar la identidad de ciudadano en un país y Estado y entre una población que podría permitírselos. O, peor, creen que ser ciudadano consiste en ser discriminado y abusado como lo fueron en sus países de origen que, desde luego, no son “sus” países sino que son países de señores, de oligarcas, de ‘blancos y ladinos’, de compañías transnacionales, de privilegios y desprecios.

    Si esto es así, y lo dejo también para que lo piensen, es bueno que los españoles y los sevillanos y los europeos introduzcan con su testimonio en el día a día y con su institucionalidad, a los inmigrantes indígenas a la práctica de la ciudadanía, al Estado de derecho, a derechos humanos, a responsabilidades ciudadanas. Muchos de estos inmigrantes portan consigo temores y desconfianzas, justificados por su experiencia, hacia la policía, los trámites administrativos, los maestros, la policía, los curas, los ‘blancos’. Sevillanos, españoles y europeos pueden introducirlos a la práctica de la ciudadanía con sus deberes y derechos. Y, más importante y decisivo, pueden introducirlos, con su respeto y empatía, a ser ciudadanos sin dejar de ser saraguros y quechuas que es su bella y sentida manera de ser humanos. Y aunque uno no se lo crea, si saraguros y quechuas, y otras nacionalidades, se confirman como humanos en España, también querrán que en Ecuador y Bolivia y en todo sitio del planeta se les reconozca como legítimamente humanos en tanto indígenas. Y será mejor para todos, para indígenas emigrantes/inmigrantes, para españoles y europeos y para la humanidad que requiere el siglo XXI y que ustedes, con un encuentro como éste, están ayudando a construir.

    Así como los negros del cuento de Bradbury aspiraban a ser reconocidos como seres humanos sin dejar de ser negros, aunque no tuviesen claro en que consistía esta identidad, inmigrar a España puede significar para un saraguro su primera oportunidad efectiva de ser ciudadano sin dejar de ser saraguro y quizás, también, su primera oportunidad para acercarse de mejor forma a su identidad ecuatoriana mediante una crítica político-cultural de lo que ha sido nacionalmente Ecuador. Y para españoles y europeos, esta inmigración de no-deseados puede ser un acicate para crecer, desde su historia, en comprensión y humanidad. No hemos hablado de poca cosa. En verdad, nos hemos acercado a la producción de la especie humana desde el encuentro, el reconocimiento y acompañamiento de los diversos y sus identificaciones/identidades. No es tema menor cuando se está en una crisis de civilización.


     5.- Dicho esto, que puede resultar dramático, resulta factible preguntarse, ¿constituye la experiencia actual de mundialización un emprendimiento común? Un autor europeo, Ulrich Beck, entre muchos, la entiende como un proceso que afecta o comprende a todos pero que contiene también la posibilidad de una desviación a la que califica de globalitaria. En términos básicos el término globalitarismo remite a las prácticas políticas de quienes reducen la existencia social a una economía que estaría determinada por la acumulación global en un mercado mundial. Esta manera de entender la mundialización enfatiza la distancia y el conflicto entre sectores económicos y corporaciones que globalizan y otros que resultan globalizados y, consecuentemente, robustece la distancia y el conflicto entre ganadores y perdedores, poblaciones, economías, países, en un mundo actual para nada homogéneo y en el que diversos tipos de diferencias, en especial las culturales, sociales y militares, pueden transformarse en nuevas formas de institucionalizar discriminaciones y dominaciones.

    Esta desviación, en opinión de Beck, globalitaria, no es la causa de las migraciones no deseadas, pero sí las refuerza constituyéndose hoy en factor específico de la situación de los migrantes internos o nacionales de los países de la periferia capitalista, latinoamericanos y africanos, por ejemplo, y también la de los emigrantes/inmigrantes internacionales que dejan sus lugares valorados como ‘nacionales’, aunque nunca en ellos se haya realizado un proceso de construcción nacional que los integre, y buscan una mejor situación de existencia radicándose en países europeos como España o Suecia. Por supuesto desde América Latina se dan también intensos procesos de desplazamiento humano hacia Estados Unidos, algunos de los cuales son aceptados por este país (deportistas, ejecutivos, profesionales) y otros en cambio son solo tolerados (trabajadores con escasa o ninguna calificación) o filtrados y rechazados por razones legales, étnicas o por las variaciones de los mercados laborales derivados de una mundialización que se despliega mediante crisis financieras, productivas y culturales. Contra estos últimos desplazados e inmigrantes se levantan muros materiales y legales y también estereotipos de inspiración cultural que pueden extenderse como violencia etnocéntrica.

    6.- Estos inmigrantes que buscan primero sobrevivir como individuos o con sus familias y, desde esta sobrevivencia, avanzar hacia formas más ricas y plenas de existencia, se hallan así expuestos a diversas prácticas institucionalizadas de violencia,  legales e ilegales. En sus sitios de origen se ven condenados a los circuitos de pobreza y miseria que, aunque constituyen un desafío de derechos humanos, son vistos allí con indiferencia, negligencia u oportunismo electoral. En los sitios en donde aspiran a rehacer sus existencias y prosperar social y humanamente se les ve y trata por muchos, no por todos, con desconfianza u hostilidad, deben superar muros legales y administrativos (restricciones migratorias, familiares y de acceso a servicios) y también deben autoexigirse cambiar, sin que se les provea adecuadamente de medios para ello, con el fin de integrarse con sus familias a sus nuevos ámbitos de empleo y residencia. En el límite, quedan expuestos a la trata de personas y de órganos, a la violencia extrema del sicarariato y el narcotráfico, a los asesinatos colectivos (como es la situación de Ciudad Juárez), a la superexplotación y al no reconocimiento y acompañamiento de su situación social y humana. Con mayor frecuencia se encuentran expuestos a la desagregación familiar. Los adolescentes, por ejemplo, desean desvincularse de sus padres.

    En el escenario más cruel, las existencias de estos inmigrantes no deseados como seres humanos pero a los cuales puede tratarse como objetos, quedan apresadas en una espiral viciosa constituida por la lógica de la circulación del capital global, la pobreza y miseria específicas que ella configura y las restricciones migratorias y discriminaciones socio-culturales en las zonas en que los inmigrantes buscan rehacer sus existencias sin tener muchas veces a su disposición (objetiva y subjetiva) los medios para alcanzar sus metas de corto, mediano y largo plazo. Entre los emigrantes no deseados, fracaso y muerte figuran siempre como uno de sus horizontes inmediatos. Son parte de aquellos a quienes la mundialización actual determina como grupos precarios que deben aprender a disfrutar de su precariedad aunque ella los aproxime a la desagregación y a la muerte.

    7
.- Visto más conceptualmente, los procesos de flujos migratorios de personas rechazadas por sus condiciones locales estructurales de existencia y también rechazadas aunque admitidas, principalmente por razones socioeconómicas, en los lugares que ellos se han fijado como sus lugares de arribo, muestran la incapacidad de la lógica de los mercados capitalistas sin políticas públicas de humanización de la existencia que favorezcan a los diversos grupos sociales para crecer en su oferta de humanidad posible desde sus distintos orígenes y posiciones y, también, la dificultad de las diversas socioculturas para superar los desafíos subjetivos inherentes a la necesaria articulación entre diversos para generar emprendimientos colectivos.

    Nos encontramos así en una situación semejante a la que describe el relato judío de la Torre de Babel. Solo que esta vez no se trata de construir una edificación que permita tocar el cielo sino de construir económica, política y culturalmente una especie humana en la que quepan todas las diversidades y peculiaridades sin discriminación ni dominaciones. También hay que reparar en que en la base del relato bíblico mítico signado como la torre de babel no existe un discurso de derechos humanos, es decir sobre la universalidad de la experiencia humana. Por el contrario, se trata de exaltar a un único Dios de un pueblo particular y culturalmente especial. En este sentido, las migraciones no deseadas que se producen en esta transición entre siglos desafían políticamente, y deberían hacer entrar en crisis, el discurso y la práctica de derechos humanos tal como ellos han sido propuestos constitucionalmente desde el siglo XVIII hasta llegar a pactarse internacionalmente desde hace medio siglo.

    Esto quiere decir que no es semejante proclamarse humanamente superior cuando existe al menos un discurso de derechos humanos (que es una señal de la modernidad) que cuando el discurso imperante ni siquiera imagina proponerse un discurso sobre la universalidad de la experiencia humana con su corolario de no-discriminación. Recordemos que ‘derechos humanos’ no reclama la igualdad de los individuos humanos, cuestión no factible, sino el que nadie sea discriminado por el carácter o caracteres de una coordinación de los procesos sociales (o sea por un ‘orden’ social) que los iguala perversamente ya que son diversos. Esto quiere decir: nadie debería ser tratado como ‘inferior’ por ser diverso y esta especificidad o diversidad suya, cualquiera que sea, es legítimamente humana.

    8.- Si se desafía a derechos humanos, se está interpelando el carácter universal del principio de agencia humana, que es el supuesto filosófico de estos derechos, así como al Estado sólido de derecho y sus pactos internacionales constituyen su supuesto jurídico. Un Estado de derecho no debería desatender condiciones que terminan expulsando a parte de sus ciudadanos. Si lo hace, debe entender que sigue teniendo responsabilidades con aquellos que emigran y que a través de ellos, así como a través del comercio o deteniendo la inflación, se responsabiliza a sí mismo ante una población y ciudadanía mundiales. La ausencia de estas responsabilidades por parte de Estados que producen emigrantes interpela al principio de agencia mostrándolo como ideológico, es decir como una competencia (capacidad) y universalidad enunciadas pero no factibles ni siquiera como tendencia desde las condiciones económico-sociales y político-culturales en las que el criterio o principio se emite. Las discriminaciones contra los flujos no deseados de personas humildes y la ausencia de responsabilidades políticas ante ellos constituyen de esta manera un sólido golpe y combate a la moderna propuesta de derechos humanos y también a la apuesta por una mundialización donde todos, si se esfuerzan, podrían tener cabida. Al contrario de los flujos no deseados de personas, el flujo sin restricciones de capitales  se valora en esta época como siempre positivo, necesario y por encima de las situaciones de vida o muerte de seres humanos. Cuando el carácter parasitario de este flujo de capitales genera crisis, se ejecutan programas políticos que deberían permitirles respirar y vivir aun cuando no alteren su carácter parasitario. Según este criterio lo que debe vivir es el juego y libre flujo de capitales aunque las personas (y la Naturaleza) mueran biológica o subjetivamente (principio de agencia). La libertad de capitales, a diferencia del cuento de Bradbury, no suelta a Belter y Silly. Esta sensibilidad de atrapados sin salida alimenta las actuales crisis particulares (financieras, de mercados, de flujos poblacionales, militares) mediante las que se pone de manifiesto una crisis de civilización que es de lo que hablaba el cuento de Bradbury.

    9.- Modernamente una crisis de civilización solo puede ser resuelta positivamente mediante políticas públicas, que pueden incluir la guerra, como se discute en estos momentos en España, que creen las condiciones para superarla. Las políticas públicas, para ser efectivas, deben ser asumidas, es decir legitimadas, por las poblaciones cuyos requerimientos/necesidades las generan y a las que se intenta satisfacer en tanto poblaciones/meta de esas políticas. En breve, estas políticas y sus instituciones deben ser legitimadas culturalmente por españoles e inmigrantes ecuatorianos y bolivianos, pero exigen asimismo un esfuerzo conjunto de los Estados donde se genera la emigración internacional, como Ecuador y Bolivia, y del Estado que esta población elige como su lugar de destino: España. El desafío exige un diálogo permanente, respetuoso y fructífero, lo que no impide que se den conflictos, entre estos Estados y organismos internacionales en beneficio de sus poblaciones (no solo de los emigrantes) y el que estos Estados reconozcan que tienen responsabilidades permanentes de reconocimiento y cuido con sus ciudadanos, residan o no en sus territorios y sean nacionales o extranjeros en ellos. Si este reconocimiento se produjera y se materializara en pactos internacionales efectivos sin duda se avanzaría más rápidamente en la configuración de una institucionalidad de apoderamiento al emigrante/inmigrante para su articulación más pronta y positiva en su nuevo lugar de existencia. No se podría hablar ya más de ellos como “residuos humanos” (Zygmunt Bauman: Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias) o “población excedente” para luego pasar a caracterizarlos como un desafío para la seguridad y el ‘bienvivir’ de quienes algo tienen. No se trata de retos globales que tengan que ser atendidos localmente, sino de retos humanos exacerbados por la mundialización capitalista que deben ser reconocidos y resueltos internacionalmente con el concurso de Estados, corporaciones, Organismos Internacionales y su legislación, Organismos No-Gubernamentales y movilización social. Los grupos humanos y personas que la producción y productividad actuales no requieren (población superflua) no puede ser humana ni ciudadanamente abandonada. Abandonarla significa convocar a su destrucción. Y lo que convoca a esta destrucción sería una coordinación de los procesos sociales que se pretende civilizado y universal. Y si remite además a Occidente, cristiano.

    Sin embargo, tal vez las fuerzas que impulsan este ‘orden’, es decir la dinámica de la mundialización, descarten de lo apropiadamente civilizado políticas internacionales e instituciones orientadas hacia la configuración de tramas sociales que favorezcan una articulación positiva entre los antiguos espacios nacionales y sus poblaciones nativas y los emigrantes/inmigrantes desalojados violentamente por una economía y un cultura que no les asignan lugar ninguno. Tal vez la población que emigra busca un lugar, una seguridad y unas posibilidades que ya no existen o que, si existieran, no están reservadas para él. En efecto, el emigrante/inmigrante indeseado no suele distinguirse por su capacidad para producir con eficiencia (aquí se requiere estar familiarizado al menos con los productos tecnológicos de punta) ni menos para consumir con opulencia (para ello se requieren ingresos al menos estables). Sus nichos, si existen, son las labores estacionales o los deberes que otros grupos de población rechazan por pesados, mal pagados o indignos, o un comercio siempre en riesgo de ser intervenido por causales jurídicos. Se trata de una época sin tierra prometida. O, si se prefiere, donde la tierra prometida está dentro de nosotros mismos. Esta última es una manera de entender el mensaje cristiano y alimenta asimismo al anciano Quartermain del relato de Bradbury cuando se ofrece para cumplir el falso contrato/cárcel de un joven negro.

    10.- Si lo anterior es así, entonces la posibilidad de producir un lugar en este mundo para las poblaciones migrantes no deseadas pasa centralmente por la capacidad de estas mismas poblaciones para testimoniar su humanidad en su día a día boliviano, ecuatoriano o español. Y esto quiere decir en sus lugares de origen, durante su travesía y en las regiones meta.. No se trata de desplazar responsabilidades unilateralmente a los emigrantes, puesto que no se renuncia a la necesidad de políticas públicas ni de reconocimiento y acompañamiento local e internacional. Es decir, si se prefiere la hipótesis de que existe un lugar para los emigrantes no deseados en este mundo, entonces este lugar pasa necesariamente por la subjetividad de quienes emigran o la contiene. Los emigrantes tienen que desear producir otro mundo aunque carezcan de claridad respecto de cómo producirlo. Como los negros de Bradbury. Lo que se enfatiza en esta lectura es que los emigrantes deben hacer de su flujo migratorio un fenómeno humano de denuncia y resistencia enteramente político y cultural y no una cuestión exclusivamente personal o familiar. Los inmigrantes no deseados, como sector social movilizado, son una señal en el límite de una humanidad negada por otros seres humanos e instituciones, en sus países, trayectorias y lugares de inserción, que establecen una coordinación de los procesos sociales tal que se genera población superflua y al mismo tiempo convocadora de violencias. Puesto que no resulta factible emigrar a Marte u otra galaxia, las cosas deben resolverse políticamente testimoniando humanidad desde todos y para todos aquí en la tierra. Y quienes deben ponerse a la cabeza de este testimonio son los emigrantes. No podrán dar ese testimonio con la fuerza necesaria si no son solidarios entre ellos. Y, por supuesto si no se organizan y crean sólidas tramas sociales de reconocimiento y acompañamiento. Como individuos podrán quizá alcanzar éxitos, pero no alcanzarán la estatura humana cuya ausencia los alentó a salir y buscar.

    Negar la humanidad plena de sectores de la población mundial, o de pueblos, despliega con fuerza renovada la posibilidad de que los seres humanos se nieguen a sí mismos como una especie. Se trata de un proceso recurrente que encontramos ya, como se ha mencionado, en el mito de la Torre de Babel. Pero ese mito hebreo separa a los pueblos y sus gentes, establece tal vez entre ellos vínculos de jerarquía, pero no elimina a esos otros pueblos o grupos humanos. Quizás propicia su sometimiento, pero no los destruye, niega o invisibiliza. El mito actual (que dice que la acumulación de capital genera un orden social libre y democrático que rebosa derechos humanos), ligado a una ‘universal’ razón instrumental, en cambio, desagrega, invisibiliza y destruye incluso biológicamente y no solo a los emigrantes no deseados.

    11.- Comenzamos esta ya muy extensa charla con un cuento de emigrantes que portaban intensamente el deseo de un todo nuevo mundo en su corazón. Terminemos el suplicio de esta mañana con una imagen/discurso de la sensibilidad única actualmente reinante. Es un dicho atribuido a la sabiduría china personalizada en Deng Xiao Ping: “No importa que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones”. En su interpretación pragmática se traduce como que se han acabado las ideologías y es el momento de hacer cosas o de hacer que ellas sucedan (proactividad, le llaman).

    Advertimos de inmediato que el gato proactivo y de cualquier o ningún color de la sabiduría china ha sido reducido a la operación de cazar ratones (se supone para eliminarlos o comérselos). En su mundo no hay lugar para jugar con sus presas ratoniles, sino solo para cazarlas. Tampoco existe espacio para enjaular a esos ratones sin matarlos y exhibirlos como prueba de su pericia y poder a otros gatos y gatas. Incluso el pobre gato sin color determinado no puede ocuparse de bellas gatas en celo. Debe ser efectivo y productivo. Y eso se consigue solo cazando obsesivamente ratones.

    Por supuesto un gato normal alegará que él tiene también otros designios o propósitos para su existencia: retirarse a vivir en el bosque, por ejemplo, para entender la vida de otros felinos. O enamorar a todas las gatas hermosas del barrio y tener con ellas amorosos gatitos. Quizás el sueño de este gato sin color es una tribu de gatos que coexiste con tribus de ratones. En ninguna de estas tribus existe más autoridad que la que resulte funcional para una existencia sin violencias estructurales. O tal vez como el perezoso Gardfield los gatos se hagan amigos y compadres de los ratones. Las acciones de un gato normal se realizan animadas por propósitos que estima propios, es decir apropiados. El dicho chino lo sentencia en cambio a ser-siempre-cazador-de-ratones. Tendrá cualquier color pero es al mismo tiempo un gato obsesivo y neurótico. Que para colmo carece de individualidad puesto que puede ser reemplazado por cualquier otro gato (o cosa) que también cace compulsivamente ratones.

 

    ¿Qué tendrá que ver el gato normal, complejo y sano, caracteres para los cuales tampoco importa su color, héroe de nuestra historia, con los flujos migratorios? Bueno, el gato dice a los españoles: no juzguemos a los inmigrantes por sus colores ni los encerremos mediante estereotipos pragmáticos. No los tornemos objetos de piedad u odio ni desprecio ni los forcemos a hacer lo que a nosotros nos parecen deberían hacer porque nacieron para ello. Comportémonos con los emigrantes de modo que seamos un factor que apodere su crecimiento humano desde sí mismos. Y a los inmigrantes, el sabio gato sano les maúlla: no se encierren en sus propias cárceles y estereotipos de emigrantes/inmigrantes no deseados. Recojan desde la fuerza de sus biografías personales y sociales lo mejor que tengan para crecer y ofrecerse a los españoles. No existe ninguna tierra prometida o todas lo son. La proactividad de cada ser humano la determinan los propósitos de emprendimiento colectivo y de crecimiento humano que ustedes, los sin lugar todavía, los desplazados, alientan en su espíritu. Organícense para reclamar y construir su humanidad negada con otros, desde otros, para otros. Ustedes no son ni más, ni menos ni peores. Contribuyan, con su inmigración y crecimiento humano, a cambiar este mundo. Los gatos multicolores y no chinos estimamos que le hace falta al mundo este cambio.
 
    Como se advierte, este gato ni blanco ni negro ha cesado de cazar al menos por un rato ratones y desea contribuir sin mezquindad, y porque quiere y puede, en la necesaria producción colectiva de humanidad. Este gato es política y culturalmente proactivo y trabaja para alcanzar sus metas, no solo se comporta como instrumentalmente eficaz, aunque no desprecia alcanzar éxitos. Este gato imagina, desea, sueña en una mejor vida para todos. Y se otorga un papel en la producción de ese nuevo mundo. Este gato los invita a elegir entre ser como Belter, Silly y Quartermain o como Sam Teece y el gato que obsesivamente caza ratones destruyendo de paso todo horizonte de esperanza. Está en nosotros elegir, aunque no lo esté el alcanzar el éxito en lo que ardientemente elegimos.

 

     
    Intervenciones

    1.- Soy una mapuche que reside hace ya años en España. No me queda claro qué es lo que nos quiere decir el gato. Y como usted es de origen chileno quisiera preguntarle qué opina sobra la situación del pueblo mapuche en Chile.

    HG.- Bueno, el gato es interesante porque nos habla, en primer lugar. No se limita al papel que le asigna la sabiduría china, cazar ratones. Y este gato nos habla de sus propósitos e intereses, de lo que quiere hacer y de lo que no quiere. O sea del sentido o sentidos que desea producir con su existencia. Es un gato moderno. Tal vez el inmigrante no nos diga con palabras lo que ha sido antes y lo que quiere hacer en España, pero en principio este aparente no hablar no parece relevante. Su tránsito, su salida de Ecuador o de otro país latinoamericano ya dicen mucho. Y sus dificultades, subjetivas y objetivas, para hacerse un lugar digno en España (que para este objeto es ‘el’ mundo), para traer a su familia y acceder a servicios, y también sus logros, la manera como los alcanza, sus celebraciones, nos dicen otro tanto. Y sus sufrimientos, cuando por ejemplo una inmigrante debe separarse de sus hijos porque ellos (o el grupo familiar) deciden retornar a su sitio de origen, también hablan o gritan. El gato dice: atiendan a las necesidades y propósitos humanos de estos inmigrantes e ignoren su color o vestimenta y sus modos peculiares. Reparen más bien en sus proyectos de existencia, en su voluntad para sobreponerse a las dificultades y aprendan a caminar con él. El inmigrante no deseado es una excelente oportunidad para crecer como ser humano y para ayudar a crecer. Es una ocasión para aprender. Esto es algo de lo que nos dice este gato ilustrado que sabe que la experiencia humana se compone mediante muchas migraciones, subjetivas y objetivas, ninguna de ellas sencilla o fácil. El gato dice: crezcan desde estas migraciones porque todos ustedes son migrantes, lo son los negros abandonando el planeta en sus cohetes y lo son los blancos que se repudian como ‘amos’, y crecer en humanidad es algo bueno. Por supuesto el gato habla del día a día, de la existencia cotidiana. Pero su consejo es también político. Dice: que sus instituciones permitan a los seres humanos crecer: allá en Ecuador y aquí en España y en los diversos tránsitos. Más específicamente dice a las autoridades ecuatorianas: “Miren, no transformen a los shuar en gatos que cazan ratones, es decir en soldados, solo porque combaten magníficamente en la selva”. Y a otros dice: “No hagan de otros objetos, ni sean ustedes objetos de nadie”. Es ambicioso y frontal este gato, aunque de vez cuando también se relacione, de alguna manera, con ratones.

    La cuestión de los mapuche (en Chile se discute si son los mapuche o los mapuches; che es un término colectivo, la “gente”; mapuche: gente de la tierra; por supuesto la discusión no versa sobre la propiedad del habla, sino que es una cuestión político-cultural. Usaremos por tanto la fórmula que más resiente al mestizaje chileno), en este siglo XXI sigue siendo dramática, como la ha sido desde finales del siglo XIX cuando, derrotados en una guerra por el ejército chileno, se les despojó de sus tierras y se los condenó a vivir en reducciones que inevitablemente se transformaron en minifundios no aptos para sostener a las familias que los habitaban. Las “reducciones” fueron uno de los factores mediante los cuales los chilenos buscaron el acorralamiento y exterminio del pueblo mapuche. Ligaron esta pretensión genocida con el etnocidio. Chile es un país sólidamente clasista y racista, pese a ser generalizadamente mestizo. Chile es también territorio de masacres. Los mapuche aislados en sus reducciones eran el sector más vulnerable de un agro empobrecido y proletarizado que generaba “población sobrante” inevitablemente convocada a migrar, principalmente hacia la capital, Santiago, donde tampoco se daban condiciones para asumir a este flujo migratorio. Léase, en Chile durante el siglo pasado colapsa el agro, pero sin una industrialización que permite absorber los flujos migratorios. Chile no es Europa. La migración mapuche se produce desde sus  reducciones a las ciudades, especialmente en la mitad del siglo pasado, y en la ciudad este mapuche mantiene, o refuerza, su condición existencial de no-persona, en tanto mapuche, a la que lo ha reducido la dominación chilena. Los mapuche son un caso especial de migrantes internos. Se les robó la tierra, se les condenó a la miseria, se les quiso despojar del alma mediante la liquidación de su cultura. Un Chile criminal les ofreció una chilenización (ciudadanía) acompañada de discriminación racial y cultural. Mucho mapuche chileniza su apellido y miente en los censos para ocultar su origen porque es ferozmente discriminado. Las cifras oficiales hablan de un cuatro o seis por ciento de población mapuche en el país, pero también podría ser el ocho o el doce por ciento. La migración de quienes residen en Chile (otros lo hacen en Argentina) es principalmente interna, en especial de jóvenes y mujeres.

    No voy a alargar demasiado esta historia. Si ustedes tienen la paciencia de buscar en Internet verán que los gobiernos electos chilenos (que siguieron a la dictadura empresarial-militar), que tienen una historia ya de veinte años, han experimentado dos fuertes desafíos sociales. Uno es el de los estudiantes de secundaria que demandan una educación pública de calidad para poder competir en una economía globalizada y dependiente. Este desafío no ha sido resuelto. El otro conflicto social es la protesta mapuche. Ésta tiene básicamente dos fuentes: por un lado, en el último tercio del siglo XX surgió en América Latina un nuevo tipo de discurso desde los pueblos indígenas. No desean volver al pasado prehispano: reclaman sus territorios, autonomía política, reconocimiento cultural y acompañamiento. El otro frente es que la ‘modernización’ dependiente actual de Chile acentúa la precariedad de las tierras de los mapuche. Las necesidades de energía (centrales hidroeléctricas) y las concesiones a empresas agroindustriales, especialmente forestales, vuelven a violentar las tierras mapuche y también a su voluntad de sostener su cultura y su identidad. Los mapuche que hoy protestan no constituyen un frente político social único. Hay divisiones internas, propias de su historia. Pero los gobiernos ‘democráticos’ chilenos aplican a los mapuche una Ley Antiterrorista heredada de la dictadura empresarial-militar. Ésta ley permite detener y encarcelar a los dirigentes por largos períodos sin cargos específicos. La ley por sí misma es anticiudadana y muestra muy bien cómo a los mapuche, si protestan y luchan social y culturalmente, se les considera “terroristas” o sea “no-personas” en tanto mapuches. Los chilenos alegan que los mapuche deben reclamar como ciudadanos chilenos, pero los mapuche desean reclamar en tanto gente mapuche. Por ello son tratados como carentes de derecho, o casi, y encarcelados. Por supuesto además hay malos tratos, asesinatos, acosos. Y esto en el siglo XXI. Por desgracia en Chile los mapuche son una minoría no legitimada y además están internamente divididos. Pero aun así resisten, están en pie de lucha y reclaman que su experiencia mapuche de la existencia es legítimamente humana. Luchan solos y divididos. Pocos desean asumir su drama.

    Entiendo que esta sumaria noticia de la cuestión mapuche en Chile no satisfaga a ningún mapuche, pero para hablar con alguna propiedad de ella hay que estar allá combatiendo a su lado. Y este anciano lleva muchos años residiendo fuera de Chile.

 

        2.- El título de su exposición contenía los términos “derechos humanos” e “identidades”. Aunque el conjunto de su exposición me pareció sugerente, no me pareció que se ocupase mucho de esos conceptos.

    HG.- Pues lo intenté. Por supuesto, se puede fracasar. Considerados estáticamente derechos humanos supone tanto un Estado sólido de derecho como una institucionalidad básica y generalizada que apodere o potencie el principio de agencia humana. En el cuento de Bradbury, propiedad, dinero, prestigio y armas confieren poderes a los amos blancos. A los negros solo se les permite verse a sí mismos desde las formas de dominación contenidas en las prácticas e instituciones de los amos blancos. Cuando deciden abandonar el planeta en sus cohetes, los negros dan un paso (no es el único ni el primero, tampoco el último) para romper con esas identificaciones que les entrega el sistema de los amos-blancos con su violenta lógica racista y propietarista. Dejan, como proceso, de ser negros-sirvientes-víctimas de los blancos. Su huída a Marte puede ser apreciada como un esfuerzo por darse identidades efectivas de seres humanos en tanto negros liberados. La tierra prometida (Marte) y sus subjetividades autónomas (ellos creen poder producirlas) los harán libres, es decir les permitirán personificar el principio de agencia, o sea una coordinación de la existencia social e instituciones que apoderen su libertad/responsabilidad, cuestión que les era sistemáticamente negada por los amos/patrones blancos. Para efectos de este seminario, hay que asociar afroamericanos del sur de Estados Unidos con indígenas saraguro (ecuatorianos) o aymaras (bolivianos) que vienen a España buscándose a sí mismos como una manera de producir la tierra que se han prometido y que creen merecer.

    Visto desde otro ángulo, negros del cuento de Bradbury y migrantes bolivianos y ecuatorianos en España luchan por ser reconocidos como seres humanos legítimos en tanto son negros, saraguro o aymaras. Esto supone que luchan también para integrar su subjetividad mediante la autoestima. Frente interior (subjetividad) y frente exterior (reconocimiento) son dos aspectos de un mismo proceso de lucha. No parece una lucha violenta aunque si seguimos el cuento de Bradbury a algún amo blanco que los negros reclamen para sí humanidad le parece inadmisible violencia. Esto se liga con una noción más analítica y dinámica de derechos humanos: éstos tienen como su fundamento luchas sociales. Los emigrantes/inmigrantes pueden ser considerados como luchadores sociales. Las identificaciones/identidades de quienes no somos inmigrantes no deseados (o creemos no serlo) pasan también por reconocer y acompañar estas luchas o por enfrentarlas, perseguirlas, burlarlas… mediante, por ejemplo, trucos administrativos y legales, asunto del que suele acusarse a las autoridades política españolas, o consolidando una existencia cotidiana mediante estereotipos que condenan al otro suave (indiferencia) o brutalmente (acoso) como no-personas.

    Es probable que el asunto haya quedado ahora todavía más oscuro.


    
    3.- A mí me ilumina, pero sigo teniendo una percepción borrosa.

    HG.- Intentemos resolverla de golpe. Uno de los misterios de derechos humanos es que solo se puede ser humano particularizadamente, en situación. Es decir como individuación en una determinada cultura o subcultura (etnia) que se da a su vez una específica  coordinación social (economía política y economía libidinal, por ejemplo) para producir su mundo. Las experiencias humanas son inevitablemente particulares y por ello derechos humanos, que son universales, o sea atribuibles a todos, contienen una tensión entre particularidad y universalidad. Un mapuche, veíamos, no aspira a ser reconocido abstractamente como ser humano o ciudadano, sino que desea se acepte su experiencia de mujer o varón o anciano mapuche como legítimamente humana, es decir como portadora particularizadamente de un principio de autonomía (libertad) y responsabilidad humana. No desea ser primeramente ciudadano chileno, porque esa abstracción destruye su autoestima e identidad mapuche, sino humano-mapuche anciano o joven y solo entonces, desde este reconocimiento de su dignidad como mapuche, puede conceder acceder a la ciudadanía chilena.

    Lo mismo puede decirse de la “etnia” mujer. El movimiento de mujeres con teoría de género aspira a que la experiencia de ser mujer desde sí misma (integrada, autónoma) sea reconocida como una expresión legítima de humanidad… y solo entonces accede a ser considerada ciudadana. La ciudadanía no la hace igual, pero el reconocimiento cultural de su ser como mujer autónoma bloquea o al menos dificulta su discriminación en el día a día y también en la legislación y en las instituciones.

    Todavía una imagen: cuando un saraguro se mira en el espejo no ve a un ser humano discriminado o a un ecuatoriano, sino a un saraguro cuya experiencia de humanidad en el día a día es discriminada y deslegitimada como apropiadamente humana. Él no aspira ser tratado como un humano igual, sino a no ser discriminado como inferior por ser manifestación de la cultura sagarura. Como se advierte, no se trata de una cuestión puramente jurídica, sino existencial-cultural.
   
    4.- Al comentar el texto de Bradbury usted señaló que los negros parecen resentir el racismo, pero lo que en verdad los oprime es el capitalismo que los ata mediante el endeudamiento en dinero y los contratos falsos o no equitativos porque ligan a personas con muy diferente poder. ¿Significa esto que dentro del capitalismo no pueden darse derechos humanos ni el principio de agencia? ¿Hacia esto apunta lo que usted llama ‘crisis de civilización’?

    HG.- En realidad, en la narración de Bradbury existen tres situaciones que hacen clara referencia al sistema de dominación que vincula a los amos/patrones blancos con sus ‘servidores’ negros. Cité dos por razones de brevedad, las que afectaban a Belter y Silly, que remiten al dinero como correa de transmisión del imperio de la acumulación de capital y a los contratos que igualan en ‘libertad’ a desiguales. La tercera situación tiene como protagonista a la esposa de Teece, Clara. Ella, como otras mujeres blancas, está perpleja, desconsolada y llorosa porque su sirviente negra, Lucinda, se ha marchado. Apela a su marido para que resuelva una situación que ella no entiende y que no puede manejar: Clara, exclama: “Se va. ¿Qué haré sin ella?” Y unas líneas después menciona el nexo sentimental que la vincula (en su percepción) con su sirviente de toda la vida: “Pero es casi de la familia”. Ella cree que la une con Lucinda un lazo casi natural (sanguíneo). Pero desmiente su propia percepción poco después: “Me cansé de decirle: «Lucinda, quédate y te  subiré el sueldo»”. “Tendrás dos noches libres por semana, si quieres”. En el imaginario capitalista no se pagan los servicios que prestan los familiares en el seno de una familia ni se les conceden “noches libres”.. Luego, Lucinda no es familia (o casi familia), sino una sirviente. La narración tiene su clímax en la última declaración de Clara: “Y entonces, le dije: «¿No me quieres, Lucinda?» Y ella me dijo que sí, pero que tenía que irse pues así eran las cosas”. Clara trata de resolver el desafío mediante una apelación sentimental: ¿No hemos estado cara a cara, codo a codo, tantos años? ¿No nos queremos, Lucinda? Y Lucinda (lúcida), replica: “Sí, yo tengo buenos sentimientos hacia usted, pero ‘las cosas’ no permiten que seamos ni amigas ni familia." ‘Las cosas’ son la coordinación de los procesos sociales determinados por la acumulación de capital. En esta coordinación conflictiva no son factibles los vínculos de humanización (amistad, solidaridad) entre amas y sirvientas. “Así son las cosas”. Como se advierte, Lucinda, además de bella persona, es doctora en crítica de la economía política.

    Bradbury contesta, entonces, por medio de Lucinda, la pregunta suya: en ‘órdenes’ constituidos mediante la lógica de acumulación de capital, ni existen amistades efectivas, ni resultan factibles derechos humanos y el principio de agencia no puede ser universal.

    No sé si trata de buenas o malas noticias. Para algunos, como Lucinda, o Belter o Silly, o Bradbury, ni siquiera son noticias. Pero ahí están. Ustedes sabrán qué hacer con ellas.

 

    
    5.- (Chile) Me parece claro, tenaz y decidido el actuar de los mapuches en este país porque son fuertes, se agrupan, luchan bravamente, se defienden, (a pesar de sus divisiones internas) tratan de " producir su propio mundo ", como tú dices,
pero ellos no son inmigrantes, sí una  "etnia” despreciada por algunos “shilenos” pero con mejor horizonte político y económico con su feroz resistencia. Avanzan, logran ser escuchados, se definen.


    Cuando pienso, en cambio, en los peruanos residentes ,veo que ellos no están para nada haciendo un mundo propio, no prosperan , viven en precarias condiciones, hacinados, frecuentemente tienen espantosos líos con sus pares y sus mujeres, problemas con la policía, denuncias ,muchos de ellos bastante alcoholizados...o sea, no hay unión, viven el día, no se agrupan en nada que no sea parranda ( es lo que se ve, no creas que estoy en una posición feudal), lo que quiero transmitir es que están lejos de lo que tú planteas o tal vez no entiendo bien cuando hablas de " crecer desde ellos mismos,   testimoniar su humanidad día a día" etc.


    ¿Cómo se puede llegar entonces a políticas públicas de humanización de la existencia  si se borran ellos mismos?, tal vez por todo el clima hostil e injusto que encuentran, pero, es complejo, casi  circular
.

    HG.- Se agradece la lectura y la reacción, desde tan lejos. Es posible opinar algo, quizás desde una mayor distancia. Su último párrafo permite iniciar esta opinión. En efecto, uno de los escenarios posibles que se abre para los inmigrantes no deseados es el de generar guetos en alguna medida autoimpuestos pero que también se ligan con las condiciones de recepción, administrativas y culturales, del país al que llegan. Siendo de origen chileno no me resulta difícil recordar que peruanos y bolivianos (“cholos” para el habla chilena) no ofrecen una imagen positiva para la sensibilidad dominante y de dominación en Chile. No conozco la actual legislación de extranjería, pero sí he tenido algún contacto con los ‘nuevos chilenos’, los del ‘éxito’ económico, y es probable que el desprecio por los pobres y en especial por los inmigrantes pobres peruanos se haya fortalecido en el Chile de hoy. El ‘éxito’ chileno un factor que facilita la proliferación de estereotipos contra los peruanos. En la Costa Rica donde resido se da algo semejante contra los nicaragüenses que llegan al país a ocuparse en trabajos que los costarricenses ya no quieren realizar. Muchos de estos nicaragüenses son sobreexplotados, otros no consiguen papeles, no son raras las redadas en las que cualquier detalle sirva para expulsarlos o denigrarlos. Y algunos políticos hacen carrera prometiendo que acabarán con los “nicas”. “Nicas” en el habla costarricense es racial y culturalmente despreciativo. Como “cholos”, en Chile.

    Ahora, muchos nicaragüenses (en particular las mujeres) son muy buenos trabajadores, gente sencilla, humilde y alegre y también bien plantada. Seguro no todos son así, pero es ‘normal’ que los estereotipos suelan dominar a la realidad (por ejemplo, los ‘nicas’ serían violentos y los costarricenses pacíficos) cuando se trata de “extranjeros” no deseados porque se les considera distintos e inferiores. Y se les trata en consecuencia. Imagino algo semejante ocurrirá en Chile con la inmigración peruana.

    Entonces está el enclaustramiento en guetos, que puede considerarse un error por parte de los inmigrantes, y también la existencia de estereotipos. Los estereotipos sobre los “perdedores” abundan en esta etapa de la mundialización. Y algunos de los más vulnerables entre los “losers” son los inmigrantes no deseados. Y en cuanto a los errores que cometen los inmigrantes, pueden ser comprensibles pero siguen siendo errores.

    Su último párrafo también toca el punto de las políticas públicas. Creo que lleva usted mucha razón al señalar que si los inmigrantes no dan testimonio de superación humana, pues resulta más difícil conseguir para ellos políticas públicas favorables porque ellas no contarán con la legitimidad que entrega el día a día ciudadano. Puede producirse de esta manera una espiral viciosa. Guetos, testimonios dudosos, rechazo social, ausencia de políticas públicas positivas y énfasis en trabas administrativas e incluso legislación discriminatoria. Pero en mi presentación se enfatizó que si los inmigrantes van a obtener políticas públicas favorables tiene que ganárselas con su lucha organizada y su testimonio de calidad humana. Ellos son los primeros interesados, o deberían serlo, en activarse en este sentido. Y esto pasa por construir y testimoniar una experiencia comunitaria, hacia adentro y también hacia la gente de la sociedad que los acoge. Por decir una tontería, quien le pegaba a su mujer en Bolivia debe dejar de pegarle en España. Quien maltrataba a los hijos en Perú debe acogerlos y acompañarlos e interesarse por que se los atienda en educación y salud en Chile. Las ONGs pueden acompañar estos procesos. También los municipios. Y por ahí pueden surgir políticas que inevitablemente tendrán que terminar alcanzando carácter internacional efectivo, porque los emigrantes no deseados constituyen un fenómeno internacional. Entonces aquí se está pensando en políticas públicas que surgen desde abajo, por testimonio, organización y presión. Desde arriba no existe interés en generar estas políticas públicas. A lo más se hacen “gestos” o se formulan 'declaraciones' para tener buena prensa.

    Hace usted entonces buenas indicaciones. Desde luego hoy no existe una adecuada sensibilidad hacia los emigrantes no-deseados. Pero tampoco existe esa sensibilidad adecuada ante la destrucción del hábitat natural. Ni ante la discriminación patriarcal. Un error grave como la ilegalización de algunas drogas y la militarización de la lucha contra su tráfico es exaltado y hasta glorificado por algunos Estados y gobiernos. Se trata de una guerra perdida. Esto por hacer tres referencias. Entonces, teniendo a la vista tanta ceguera, tanta negligencia, incompetencia y arrogancia contra las vidas de las gentes e incluso contra la sobrevivencia de la especie en el planeta, es legítimo preguntarse si no se está viviendo una dramática crisis de civilización. Avanzar en la comprensión y trato humano de los emigrantes/inmigrantes no deseados no resuelve esta crisis de civilización, pero contribuye al menos a desnudarla y puede disminuir parte del dolor cultural y humano que expresa esta transición entre siglos. Si se lo ve así, se trata de una cuestión política importante. Quizás no decisiva. Pero que si se la acomete podría comprometer a muchos en tareas de transformación liberadora radical y sistémica. Que es lo que exigen las crisis de civilización.

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    Referencias: Bauman, Zygmunt: Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias; Beck, Ulrich: ¿Qué es la globalización. Falacias del globalismo, respuestas a la globalización; Bradbury, Ray: Crónicas marcianas; Gallardo, Helio: Gatos de colores, Jesús y el Che Guevara. Gallardo,H.: Fenomenología del mestizo.   

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