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Septiembre del 2010, mes de vergüenza e
indignación ante la pretensión de celebrar
un bicentenario.

 

         
    Un intelectual y político de fuste, Óscar Arias Sánchez (dos veces presidente de Costa Rica, Premio Nóbel de la Paz, por si no lo conoce; lo de ‘intelectual’ se lo adjudica él mismo; no hay motivo para dudar de su palabra ni tampoco para confiar en ella), como tantos otros, hizo suya una frase atribuida a Deng Xiao Ping: "No importa que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones", y la extendió sin solución de continuidad a una sentencia: se han acabado los “ismos”, ahora lo que vale es el ‘pragmatismo’. Quiso decir, las ideologías ya no valen, es el momento de hacer cosas. O de hacer que ellas sucedan.

    Nadie puede dudar que Jesús de Nazaret y el Che Guevara ‘hacían cosas’: resucitar cadáveres, multiplicar panes y peces, avanzar en la Guerra Popular Prolongada, acompañar leprosos, cada uno en su asunto. Se podría discutir si ellos fueron eficazmente proactivos: a Jesús de Nazaret le adjudicaron el cristianismo y en nombre de éste se han hecho suceder muchas cosas (la conquista de América, por citar una o los abusos sexuales sistemáticos e impunes de algún clero por referir otra). La derrota final del imperialismo, en cambio, no ha sucedido, aunque al auge mundial de la industria de camisetas han concurrido tanto el Real de Madrid como el Che. Pero esto último no es probablemente lo que Guevara deseaba que sucediera y trató, con sus acciones, que ocurriera. Pero aunque la proactividad de Jesús y Che hubiese resultado efectiva tampoco ninguno de los dos resulta pragmático. Hacían cosas, como el gato de Xiao Ping,  pero no eran pragmáticos. A esclarecer esto se ocupa en parte este artículo.

    El término ‘pragmatismo’, y sus derivados, es ambiguo. Puede designar una corriente dentro de la filosofía entendida como tradición cultural. Contiene subespecies, puesto que en esta tradición cultural los autores intentan diferenciarse de otros. Luego, uno puede adherir al pragmatismo filosófico con énfasis diversos. Si conoce la tradición cultural filosófica, por supuesto. Si no, también puede adherir, pero mezclando asuntos a discreción y con alguna extravagancia. Si dejamos de lado momentáneamente la tradición filosófica, ‘pragmático’ se asocia con práctico (lo que se puede entender como que opone acción a especulación), con habilidad  (eficiencia/eficacia) para llevar a cabo (sus) negocios, con positivo, utilitario o funcional. Si se lo mira desde este ángulo, Jesús de Nazaret tal vez no llevaba bien sus negocios (tampoco el Che) y Guevara no era ni funcional ni práctico puesto que abandonó su profesión de médico (Jesús tampoco puesto que no sacó provecho de su rango de Hijo de Dios y se dedicó a la pesca y a deambular). Tan escasamente pragmáticos eran que ambos murieron ejecutados por captores ineptos y algo estúpidos y ninguno de ellos, Jesús y Che, dio muestras de arrepentimiento alguno por las cosas que, advertida o inadvertidamente, hicieron que pasaran. Lo que muestra que alguien podría ser proactivo sin ser pragmático.

    Pragmático es en cambio James Bond, el héroe cinematográfico. Su mundo es su campo de operaciones. Y realiza con eficiencia suma los dos ámbitos que constituyen su campo operacional: con sus armas sorprendentes y destrezas letales liquida a los espías enemigos. Con un arma más tradicional y su apostura seduce “beatiful girls”. En los films de Bond no es posible ver un gatito amoroso (excepto que lleve en su cuerpo un explosivo atómico o un virus igualmente mortífero) porque los gatitos amorosos no existen en el campo operacional de Bond. Este héroe constituye su mundo exclusivamente mediante acciones en su campo operativo: crea las condiciones que le permiten matar a sus enemigos, y los mata, y también las que le permiten llevar a las “beatiful girls” a la cama, y las lleva. Bond es pragmático y proactivo. O al menos se comporta como tal.

    El héroe cinematográfico Bond resulta entonces algo más que él mismo. Es una señal o símbolo de una manera de estar en el mundo. Esta manera parece haber sido acuñada en el dicho chino sobre los gatos y en el habla de los ‘intelectuales’, políticos, periodistas, que lo repiten o cacarean. Démosle su valor a Bond. Su figura es trascendente. Contiene y comunica algo que está más acá y más allá de sus acciones. Solo que él no lo sabe. O finge no saberlo.

    Observemos a este héroe (o terrorista, según quien lo mire) con más detalle. Es sus ‘operaciones’, destruir rivales y encender ‘beatiful girls’ en un mundo que para él se compone solo de sus ‘operaciones’: un mundo de ‘enemigos’ y ‘girls’. Es obvio que existen otras cosas fuera de este mundo-de-Bond, pero resultan invisibilizadas. Por ejemplo, los bellos gatitos. Para Bond estos gatitos no existen. La razón es que sus dos tipos de operaciones constituyen todo el sentido del mundo. Si un gatito cayera sobre Bond cuando él se prepara para encantar a una dama, demandaría, asombrado “Exijo una explicación”. Si otros hechos, para los cuales carece de instrumentos de manejo, entes, factores, procesos, no existen para Bond, menos existirá la estructura o sistema de los que son expresión sus ‘enemigos’ y las encantantes ‘girls’. En un mundo operacionalizado lo que existe, y su carácter, queda determinado por las operaciones que se realizan en él. En el mundo del dicho chino: solo existen ratones-para-ser-cazados y gatos-de-irrelevante-color-que-los-cazan.

    El gato-de-irrelevante color-caza-ratones y Bond-el-mata-enemigos-copula-damas reducen el mundo a sus instrumentos y a las operaciones (materiales y mentales) que pueden realizar con estos instrumentos. En cuanto al gato, fuera de este esquema, normalmente suele dormir, buscar gatas en celo, jugar, estirarse, deambular, maullar. En lo que remite a los seres humanos matar-enemigos-y- copular-damas constituyen aspectos vistosos e interesantes pero muy reducidos de sus existencias. Que los ámbitos operativos propios de Bond no agoten la experiencia humana de existencia quiere decir que la figura de Bond contiene y propone una antropología. No ‘la’ antropología, sino una versión del ser humano. Da la casualidad que esta versión no es universalizable.

    En efecto, si Bond se cruza con González para quien solo existen, porque solo para eso tiene instrumentos, sabrosos tacos y fresca cerveza, tanto él como Bond no tendrán nada que comunicarse porque Bond no ve ni discierne los tacos ni las cervezas (para él no existen porque su campo de operaciones no los constituye ya que no los requiere) ni González ve enemigos por parte alguna y las ‘beatiful girls’ tienen para él la forma única de heladas botellas. Es poco probable que González sienta deseos de penetrar fálicamente a una botella o lata helada. La antropología de este para nada ‘filosófico’ pragmatismo remite o a un individualismo a-social o clónico, o a una existencia cotidiana extraña y absurda de mónadas/individuos paralelos que no podría ser reconocida y explicada sino mediante extensos argumentos que convencerían a pocos o a nadie porque hablarían sobre operaciones acerca de ‘entes’ que para ‘los otros’ no existirían o que, de existir, no serían ‘verdaderos’. De modo que el pragmatismo de Bond no es equivalente a una práctica y utilitaria experiencia común. Todo lo contrario. Se trata de algo que desafía a los sentidos (vista, oído, kinestésico, etc.) y, si tal cosa existe, también al sentido común.

    De hecho, el sencillo gato de irrelevante color que solo caza ratones tiene sus antecedentes en el vínculo moderno entre lógica y matemática y en la reconfiguración de lo que es una ‘experiencia’ en la ciencia física moderna (G. Frege, P. W. Bridgman). Es, por lo tanto, un gato complicado.

    Parte de su complejidad le viene de que su reducción instrumentalista no agota sus sentidos posibles. En sencillo esto quiere decir que un gato de irrelevante color podría querer cazar ratones por motivaciones y para fines diversos. Por ejemplo, porque los odia y quiere exterminar su especie. Aquí, los caza y mata. Pero podría desear atesorarlos para exhibirlos ante sus eventuales novias. En este caso los desea prisioneros, vivitos, fornidos y coleando. O tal vez los quiera para mostrarlos a sus amigos porque ellos, los ratones, humildes prisioneros, son una muestra de su poder (que lo hace temible) y también de su austeridad (que lo vuelve admirable). Simplificando, la operación ‘cazar ratones’ va antecedida de la historia personal del gato que caza (biografía gatuna). Y de esta historia se desprenden motivaciones y finalidades. De historia personal, motivaciones y finalidades se siguen la manera e instrumentos con que el gato caza ratones. Si desea aniquilarlos como especie, utilizará armamento biológico o nuclear o químico. Si desea atesorarlos, utilizará redes y jaulas. Si desea jugar con ellos hasta matarlos de terror/cansancio, los acosará y eventualmente fingirá perdonarlos para retornar a su sádico acoso.

    Como se ve, no es el color del gato el que resuelve el carácter de su cacería eficaz de ratones, sino sus propósitos. Sus propósitos, y con ellos sus objetivos, lo tornan eficaz o ineficaz en su caza y, además determinan sus maneras de cazarlos. Por supuesto un gato de irrelevante color puede cambiar de propósitos y con ello de instrumentos de cacería. Su pragmatismo no es una naturaleza. Es más, como Gardfield lo testimonia, un gato de irrelevante color podría no interesarse en cazar ratones en absoluto. A este gato debería considerársele libre. Bond no es libre, aunque represente al Mundo “Libre”. Si ve a un espía enemigo, tiene que destruirlo. Si ve a una chica hermosa…, bueno ya se sabe.

    El dicho atribuido a la sabiduría china contiene, pues, una restrictiva naturaleza gatuna que lo obliga a cazar ratones. Parecido a él, Bond porta una restrictiva y no universalizable naturaleza humana que lo obliga a destruir espías enemigos y a copular con cuanta bella dama se aparezca en su área de operaciones. Bond tiene, es cierto, alguna capacidad para jerarquizar. Si la dama bella es también espía enemiga, primero la copula y luego la destruye.

    Ampliemos un punto: la naturaleza humana que Bond expresa no es universalizable porque sus acciones contienen un poder de dominación irreversible. La bella chica que copula con él no es una Bonda. Bond copula a chica. Chica no copula a Bond. Lo que más hace la chica es cooperar con la cópula de Bond y engrandecer la autoestima de 007. Pero bajo la forma de ‘solo ser objeto de cópula’, que es a lo que la reduce Bond, la chica no puede hacer crecer su autoestima. Su billetera, quien sabe. Pero para Bond haberla penetrado eficazmente es suficiente pago para ella. En su otro espacio, es evidente que un espía que mata no puede ampliar su ‘carácter’ a otros espías, en especial a los enemigos. Resultaría muerto. Mal negocio. Luego, la capacidad material de liquidar, desde Bond, tampoco es universalmente deseable y, desde el individuo Bond, estrictamente imposible o prohibida. Uno, Bond, debe matar. Los otros deben morir. Uno debe copular, las otras deben ser objeto de cópula. Que uno, o varios principios de dominación resulten irreversibles significa que para la antropología y sociedad que representa Bond no existen derechos humanos.

    Este pragmatismo centrado en lo que parece una intrépida acción eficaz individual está entonces determinado por antecedentes filosóficos, epistémicos y también por una antropología y una metafísica peculiares que desembocan en un ‘orden’ social y cultural. Como los campos de operaciones o acciones están “arrojados hacia delante” este pragmatismo pretende desconocer estos determinantes socio-históricos. Se constituye así, queriendo ser solo acción y proactividad individual mediante una ideología a la que, a su vez, expresa. ‘Ideología’ remite aquí a una de sus acepciones más básicas: visión de mundo y justificación o promoción de un sistema político. O sea que este pragmatismo, como no podía ser de otra manera, es, como el liberalismo, el católico-cristianismo o el socialismo… una ideología. Otro “ismo”.

    Y de los más extravagantes. Ya vimos que el gato de irrelevante color carece de historia. Bond tampoco la tiene. Su historia social es un supuesto constante, lo que quiere decir una base invariante y por lo tanto no tiene sentido explicitarla. El mundo es tal como se le presenta a Bond. Si se lo prefiere, la cosmética es idéntica a la esencia. Y su historia personal es inexistente porque para ‘salir’ a cada misión Bond adopta las ‘operaciones Bond’ y las puertas del Servicio Secreto se cierran tras él. No tiene pasado, solo es ‘identidad Bond’, 007, o sea alguien con licencia para matar y… ya sabemos. Bond nace cada vez en cada operación que realiza. Si carece de historia personal, los sentimientos de Bond carecen de relevancia, como el color del gato-que-caza-ratones. Si carecen de relevancia (para matar enemigos y para copular chicas), pues es mejor que no los tenga. No tener sentimientos se acerca bastante a carecer de espíritu. La economía china actual (que no está dirigida por gatos-caza-ratones) carece de sentimientos hacia el hábitat natural y también hacia el social. Solo se interesa en comprar-producir-vender con ganancia no importa qué le pase a la Naturaleza y a la gente. De la Naturaleza podría pensarse que ‘siempre estará allí’ (se trata de un pensamiento peligroso) y de la gente o que hay mucha o que siempre se podrá reemplazarla. La ideología de este pragmatismo tiene como uno de sus lemas “úselo y bótelo”, no importa donde. Vale para amigos, enemigos, compadres, chicas, Naturaleza, camisetas. No vale para recuerdos o sentimientos efectivos porque no se los tiene.

    La ideología pragmática del gato-de-irrelevante-colorido-que-caza-ratones tiene otro rasgo espectacular. No solo sus portadores carecen de historia y de interioridad (subjetividad; no la tienen porque operan en el Final de la Historia), sino que sus acciones carecen de lo que algunos llaman contexto. El gato-caza-ratones aunque esté muriendo o lloviendo o flote en una balsa en el Pacífico o sea enviado como cosmonauta al anillo azul de Urano. No importa que en alguno de esos lugares no haya ratones. Él los creará porque si no ¿qué haría? ¿Qué sería de Bond si no hubiese espías enemigos y beatiful girls? Sin embargo, siempre los habrá, cualesquiera sean los contextos y a unos se les destruirá y a otras se las copulará. Si se asocia esto con un perro mordiéndose la cola, es un error. Se trata de un gato-de-irrelevante-color-que-caza-ratones, aunque lo que cace sea su cola. Si el gato caza algo tendrá que ser un ratón aunque parezca cola. Efectividad comprobada le llaman, o normas ISO. Un gato que devora o caza su cola es por lo común altamente eficiente, aunque el asunto pueda parecerle a alguien peculiar/irracional. Envidiosos.

    La ideología pragmática no termina aquí. Recomienda al individuo al que ha despojado de derechos humanos (lo que sin contradicción funda poderes absolutos sobre los mismos individuos: The Matrix), anula a la Naturaleza y a sus poblaciones mediante el truco de los campos de operaciones, quita todo peso a los contextos, en especial los estructurales (como la dominación libidinal o el predominio unilateral de la acumulación de capital sobre el trabajo humano), afirma el valor cero de los procesos constitutivos (historia) de las cosas y gentes y carece de ‘espíritu’ (o sea de pliegue interno o subjetividad comunicable), y además carece de horizonte de esperanza o, como dirían los románticos, de utopía. En efecto, para el gato de irrelevante color ¿qué hay ‘después’ o ‘más allá’ del ratón cazado? Otro ratón por cazar, aunque no se sepa para qué (ya hemos sido informados que los motivos y propósitos no cuentan). ¿Y después de la bella chica copulada? Otra bella chica por copular. Seamos exhaustivos: ¿Y después o más allá del espía enemigo destruido? Pues otro espía enemigo por destruir. Los detalles pueden cambiar, pero la función operativa es siempre la misma. Al frente, arriba, a la izquierda o a la derecha, atrás incluso, habrá siempre-más-de-lo-mismo. Estrictamente, no existe ni arriba ni abajo ni Sur ni Norte. Se trata de una ideología que predica la liquidación de la libertad y la muerte de la esperanza. Lo más espectacular es que tiene éxito haciéndolo. Bond se trastornaría si le informasen que el espía enemigo al que acaba de estrangular tras vaciarle un ojo era el último espía enemigo a liquidar. Si es así, él (un 50% de él) deja de tener sentido.

    En cambio, incluso en la versión más escolar de Jesús de Nazaret, cuando todos hayan sido juzgados se abrirá una existencia eterna en la que los seres humanos, hijos de Dios, seguirán produciendo sentido. Como se advierte, hay varias esperanzas y se relacionan con libertad y autoproducción humana. Guevara propone crear, mediante la lucha revolucionaria, un ser humano nuevo, libre, y para quien la libertad contiene siempre originales facultades creadoras. Son horizontes de esperanza. Descansan en la capacidad humana para vivir experiencias de contraste, irritarse y emprender transformaciones. Subjetividad y acción socio-política en contextos específicos: el de la adúltera, el del imperialismo. Sentirla como prójimo a la primera, acompañarla. Sentirlo como enemigo al segundo, combatirlo como experiencia convocatoria o catalizadora.

    Jesús de Nazaret y el Che están más interesados en el carácter de las relaciones entre los gatos que en que cacen ratones. Según sea el carácter de esas relaciones o cazarán ratones o irán con ellos hasta la victoria siempre. Por supuesto esto no es pragmático entre otros factores porque no existe una receta para esta victoria. Los medios y el sentido de la victoria se construyen en condiciones específicas. Y la producción de su sentido, como obra humana siempre en condiciones que no resulta factible controlar del todo, no finaliza nunca.
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    Intercambio


    GC (Chile).- Al fin un artículo sobre el espantoso bicentenario, estoy intentando escapar de todas las huifas e interesada alegría publicitada y publicitaria. Solo que al bicentenario no se lo menciona directamente en el artículo.

    HG.- El texto tiene como centro la principal ideología del período, uno que se abrió en la década de los setenta del siglo pasado en América Latina con la dictadura de los empresarios, las Fuerzas Armadas, los “Chicago Boys” y la autocensura de los medios masivos (Chile) y que se ha reforzado ahora con el ‘éxito’ chino. Este último ‘éxito’ contiene entre sus factores el desprecio por la cuestión social y por el desafío del ambiente natural y, también, según estiman los productores capitalistas occidentales, en especial los de Estados Unidos, por una competencia “desleal” que plagia a otros y no paga derechos de propiedad intelectual y que descansa en la subapreciación del yen (moneda) y la fuerza de trabajo barata y que, además, concede subsidios para captar empresas extranjeras y añade cláusulas proteccionistas a las inversiones. Como sea, China “crece” económicamente y quienes acusan de ‘desleal’ a su capitalismo están muy lejos de poseer condiciones para lanzarle algún pedruzco.

    Para el caso chileno, tanto el ‘modelo’ empresarial-pinochetista como el del gato pragmático se movilizan contra los trabajadores asalariados mediante su desagregación, la represión directa, la criminalización de la protesta social, la orquestación de los medios masivos, el happening y la farándula y la agitación de emblemas ‘nacionales’ como la selección de fútbol, las fiestas patrias, Teletón y hasta el sufrimiento de los mineros enterrados y sus familias. Todo puede venderse como una expresión de la ‘nacionalidad’ chilena. Todos solidarios, alegres y orgullosos. Ningún conflicto.

    Esta principal ideología del período, el pragmatismo, liquidó al desarrollismo, la sensibilidad más fuerte después de la Segunda Guerra Mundial en América Latina, y tomó la forma, en el subcontinente, de la indetenible ‘modernización’ con eje en un pretendido mercado libre global y del neoliberalismo en su versión latinoamericana. Quienes se separan, aunque sea verbalmente de ella, son los odiosos ‘populistas’ a quienes ha comenzado a castigarse con golpes de Estado victoriosos (Honduras, 2009).

    En América Latina el pragmatismo del gato tiene su catecismo en el libro del “investigador” y ‘periodista’ A. Oppenheimer, trabajo de título largo y pocas ideas: “Cuentos chinos. El Engaño de Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina”. Washington se engaña el ocuparse de geopolítica, los populistas engañan al echar la culpa del subdesarrollo al “imperialismo”. La esperanza está en atraer inversiones, producir y comerciar… sin reparar en los desafíos sociales y ambientales. Ese sería el camino de China, Irlanda, Polonia, República Checa, España y Chile. Por supuesto estos países tienen cada uno su historia, pero al “investigador” Oppenheimer eso lo tiene sin cuidado. Su ‘método’ consiste en pasar algunos días en los países que le interesan, conversar con los dirigentes políticos y otros exitosos y ya. Ahí está la pomada del oso a los ojos de todos. Solo que en América Latina seguimos ocupándonos de izquierdas y derechas en lugar de centrarnos pragmática y proactivamente en “cazar ratones”, es decir en crecer cada vez más atrayendo inversiones y produciendo con eficiencia y eficacia y comercializando ídem. Es en mucho la versión “a lo bestia” (dicho del cómico español Gila) del discurso del FMI en la década de los noventa: la receta es estabilidad macroeconómica, liberalización (privatización) y desregulación (liberalismo). Esto convoca a la inversión directa ‘extranjera’ (si el capital es global y lo que existe son puntos de inversión privilegiada, en realidad este término no cabe). Y así el crecimiento queda garantizado. Claro, mientras no reviente alguna “burbuja”. Y si revienta la burbuja, toca pagar su explosión y derrames a los empleados y a los trabajadores asalariados. Los desempleados y quienes no tienen acceso al mercado laboral pagan doble. Y nada de chistar.

    Este discurso algo elemental le cae perfecto al dominio oligárquico-neoligárquico, señorial, e inevitablemente antipopular y anticiudadano, además de racista, que ha marcado la historia de América Latina. Los oligarcas se dicen: perfecto, crecer y no pagar salarios de ley ni respetar el ambiente natural ni tampoco pagar impuestos. Y cuando hayamos crecido hasta tener un ingreso per cápita que mentirosamente indica que somos desarrollados, entonces se producirá un derrame de riqueza hacia ‘los de abajo’. Es un discurso primitivo, codicioso y estúpido, sin contar su falsedad, que no considera realidades nacionales, étnicas, posicionamientos y gravitación en la economía mundial capitalista, el fardo del catolicismo señorial y de su vínculo con la producción de una pobreza que no hace revoluciones, aunque las que haga las pierda, sino que se resigna a su suerte a ver si consigue alguna butaca ‘allá en el Cielo’. Esto por decir algo.

    Bueno, esta ideología pragmática cuyo referente es un número, el PIB, está en la base del imaginario de los grupos dominantes latinoamericanos. En la práctica está generando “Estados frustrados”, áreas perdidas (casi toda América Central), debacles brutales (la Argentina menemizada), clientes geopolíticos (Colombia), refuerzo de desagregaciones y clientelismos, migraciones no deseadas… No es difícil imaginar escenarios futuros en que se militaricen y criminalicen el daño ambiental y todas las protestas sociales. Ya se militarizaron el narcotráfico y las migraciones. El resultado es matanzas brutales contra los 'indocumentados'. China también es ejemplo en esto de la criminalización de la protesta social y política y las reivindicaciones étnicas. Chile no lo hace mal porque aplica una Ley contra el Terrorismo para ahogar la protesta mapuche. El siguiente paso, que debería sonar a política-ficción, sería aplicarla a los “pingüinos” que demandan una educación pública de calidad en la que este país “exitoso” no quiere invertir. Cuando digo “país exitoso” me refiero a las corporaciones, enclaves tecnológicos, oligarquías, tecnócratas y sus clientelas y funcionarios, porque Chile no es ya un país, estrictamente nunca lo fue, sino un ámbito para inversiones privilegiadas, como México, en el otro extremo.

    Y es en esta zona donde se “celebra” doscientos años de independencia. No es raro. Por cinco siglos nuestra sensibilidad cultural dominante y de dominación celebró “El Descubrimiento de América”. No se decía que fue acompañado de una Conquista que es el mayor genocidio conocido en la historia de la humanidad. Cuando ya el asunto exasperó social y políticamente, los grupos de poder lo transformaron en el hipócrita “Encuentro de Culturas”. Muy ‘latinoamericano’. Y así vamos: ahora celebramos la independencia, imagino, del Encuentro de Culturas. Celebramos el Gran dramático Desencuentro con nosotros mismos y nuestra incapacidad, sociohistóricamente producida, para ofrecernos humanamente y como colectivos dignos a otros.

 

     
    NM (Colombia).- El texto casi no habla de Jesús ni del Che. Una par de párrafos y ya. Creo entender cuál es la diferencia con este pragmatismo ideológico entontecedor, pero las referencias a ellos me dejan gusto a poco. Y no quiero pensar que se los utilizó para llamar la atención.

    HG.- “Usar” es un término fuerte para aplicarlo a cualquier persona, efectiva o ficticia pero que mucha gente ha asumido como efectiva. Y por supuesto aquí no se “usa” a Jesús de Nazaret y al Che. Ocurre que el pragmatismo del gato coloro o incoloro se inscribe en un moda (postmodernidad) que habló de la muerte o acabamiento de los “grandes relatos”, de los “discursos de salvación”. En realidad querían referirse a la muerte del proletariado como sujeto revolucionario y de su cosmovisión bosquejada por el marxismo de Marx, Engels y Lenin. Estamos hablando de la década de los noventa, para América Latina, aunque uno de los trabajos claves “La condición postmoderna” (F. Lyotard) es de 1979. Claro, pese a la ‘revolución de las comunicaciones’ las ‘ideas’ francesas tardan una década para llegar hasta América Latina. Y de paso, sufren cambios, seguro por las turbulencias en la ruta. Porque “grandes discursos” no son solo el marxismo (cualesquiera cosas que él quiera significar), sino también los cristianismos, el capitalismo, el iluminismo. Pero para nosotros, por efectos del clima, solo morían la revolución obrera o popular y el comunismo. Seguían vivitos el catolicismo y el capitalismo, que tampoco son solo ‘grandes discursos’. El capitalismo es la producción de un universal mundo de mercancías, que incluye hasta a quienes no pueden comprarlas. Ojalá fuera un mero discurso. El catolicismo tampoco es solo un gran discurso: consiste en la internalización de una jerarquizada liturgia antihumana. Pero bueno, seguían vivitos capitalismo, subdesarrollo (que es un gran discurso y una gran realidad de derrota) y cristianismo católico. Mala suerte que tenemos.

    Entonces el pragmatismo del gato multicolor o acolor se inscribe también en esta versión latinoamericana de la moda de la postmodernidad. Por ello Jesús de Nazaret y el Che se mencionan no para que resuciten, porque no están muertos, sino como confrontativas señales de esperanza si se los asume en serio, cuestión que no puede hacer el capitalismo central ni tampoco sus periferias subdesarrolladas. Nuestras oligarquías se persignan con Cristo Jesús y sus ejércitos masacradores y torturadores llevan en sus banderas alguna imagen de la Virgen María, según ellos su “madre”. La pobre mujer no es responsable de esos cultos. Voy a traducir: Jesús de Nazaret propone no un gran discurso de salvación sino una tecnología situacional de producción y encuentro humanos. Es la tecnología del prójimo universal, o de la caridad y misericordia como cultura de producción de vida. Se trata de una práctica o testimonio, no de un discurso. Sin duda las prácticas testimoniales, que son situacionales, generan discursos, pero esos discursos no las constituyen. Su proceso constitutivo es al revés: se testimonia y desde el testimonio se aprende y se puede dar un discurso, siempre situado.

    Con el Che ocurre algo parecido. Lucha y porque lucha puede surgir un discurso legítimo de liberación. Y la unidad móvil combatiente que se desarrolla como Ejército del Pueblo es una tecnología (un procedimiento) que avisa la cultura del nuevo ser humano que tampoco es un ‘gran discurso’ porque demanda ser testimoniado. Y lo que interesa es la lucha que se da y que avisa al ser humano nuevo, su dignidad, no el resultado de esa lucha, que puede ser la derrota. Pero, parafraseando, ‘a quien lucha, nadie le quita lo luchado’. Ni tampoco su legado.

    Jesús de Nazaret y Che son situacionales, no doctrinales. Y relacionales, no individualistas. Y por supuesto proponen un referente utópico porque producir utopías es una capacidad humana y ellos no renuncian a ninguna de las capacidades humanas. Eso sí advierten que los asuntos humanos son procesuales, que deben ofrecerse a otros y cultivarse mediante testimonios, que no deben materializarse iglesias ni dogmas a partir de ellos y que los procesos no aseguran tampoco la victoria. Pero si se lo siente como necesario, bueno y bello hay que amar y luchar con entusiasmo que la victoria final es ésa: el testimonio de amor y el testimonio de lucha. Como se ve, estamos en un universo paralelo, en otra galaxia, respecto del gato que caza ratones y ni siquiera tiene claro para qué los caza. Algo, el sistema, le impide al gato de prescindible color dar sentidos a lo que hace. Los pragmáticos del gato aprovechan para decir que el sentido que impone/demanda el sistema es el único posible. Algunos postmodernos, que invisibilizan el sistema, alegan que o ningún sentido o todos son deseables. La demanda por The Matrix (El Sistema) nos ha hecho llegar adonde estamos. Y los vulnerables, o sea los empobrecidos de todo tipo, no pueden ni quieren asumir que lo que los victimiza y las elecciones de sus victimizadores sean idénticas en valor y sentido a su liberación y a las elecciones de las víctimas. Jesús de Nazaret y Che testimonian que es deseable una conversión radical. O muchas.
 

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Septiembre del 2010, mes de vergüenza e
indignación ante la pretensión de celebrar
un bicentenario.