Panel Central Foro Social

México, Zócalo de México,

3 de mayo 2010.

 

     1.- Gracias por su presencia y su entusiasmo.
 
    El tema que nos ocupa es “Resistencia Ciudadana y Cambio Democrático”. Voy a centrarme en el carácter de la resistencia. Mis observaciones serán principalmente indicativas, por razones de tiempo. Entiendo la ‘resistencia ciudadana’ como un fenómeno social, sea que se trate de un acción o personal o colectiva, relativamente espontánea u organizada y hasta institucionalizada. Esto porque el término ‘ciudadana’, ‘ciudadanía’, designa jurídica y políticamente a la población (articulada positivamente o desagregada y enfrentada por instituciones, tramas sociales y sus lógicas) y a su ordenamiento debido, es decir vinculante aunque abstracto, en términos de vida o muerte. El correlato de la ciudadanía es el Estado. Entonces la cuestión de la ‘resistencia ciudadana’ resulta central para los latinoamericanos, y para la reciente historia de México, por la debilidad del Estado, la hipocresía de nuestros regímenes democráticos, las legítimas irritaciones sociales usualmente sin respuesta o con respuestas distractoras o letalmente represivas, las violaciones impunes de derechos humanos y la agitación y organización social popular y ciudadana (no siempre tiene este último carácter) que busca cambiar el ‘estado de cosas’ y a veces incluso el Estado.

    2.- Puesto de esta manera, entonces, la resistencia ciudadana se hace básicamente o contra el Estado o contra el Gobierno, contra algunas de sus características (el clientelismo, por ejemplo, o su desatención por las necesidades elementales de sectores de población o por el patente fraude electoral), pero no contra su carácter… en tanto la resistencia ciudadana suele suponer al Estado y Gobierno presentes o jurídicamente vigentes. Por supuesto, Estado y Gobierno pueden aparecer personificados ya por personalidades, el presidente Calderón, por ejemplo, o instituciones, el Congreso de la Unión. Que la resistencia ciudadana suponga Estado o Gobierno, o la institucionalidad vigente y vinculante (jurídica o moralmente) quiere decir que los tiene como interlocutores, que es a ellos a quienes interpela con su irritación/protesta/resistencia. El asunto tiene que ver con que ‘resistir’ en español, quiere decir tanto ‘soportar’, ‘aguantar’ como ‘rechazar’ y ‘oponerse con fuerza a algo’. Rechazamos con fuerza algo o casi todo del Gobierno, pero al mismo tiempo lo aguantamos.

    3.- Algunos ejemplos permitirán determinar mejor a qué me refiero y su sentido… o contribuirán a tornar todavía menos comprensible el asunto. Se trata de diversos tipos de resistencia y ustedes los conocen:


    a) resistencia ciudadana como renuencia a pagar impuestos directos, como el que debería pagarse por los ingresos que se perciben. Los trabajadores no suelen poder eludir el pagar impuestos directos porque éstos les son cobrados por planilla en el momento de pago. Pero las corporaciones y los grandes propietarios en América Latina detestan pagar impuestos y muchas veces la legislación o contadores especializados les permiten eludirlos al menos parcialmente. Este ejemplo nos pone en evidencia sobre el carácter no únicamente ‘ciudadano’ de la resistencia. La ciudadanía mexicana, por ejemplo, se lleva con un calificativo social: se es ciudadano gran propietario, pequeño propietario o propietario solo del salario, es decir no-propietario. Y se es ciudadano rural o urbano. Y también ciudadano mujer o varón. Y joven o anciano. Luego, la resistencia ciudadana puede contener una particularización social, más allá de que la ciudadanía indiferenciada sea una producción social. El contenido social ustedes lo pueden ligar con un contenido de clase, o de sexo-género o generacional. No son los únicos contenidos, por supuesto. Dejé de lado, y no debía hacerlo, que el ‘ciudadano’ puede ser parte de un pueblo originario, chol, por ejemplo.

    La referencia a no querer pagar impuestos contiene al menos dos corolarios: la resistencia ciudadana de muchos propietarios tiene un costo social: no pagar impuestos puede significar menos acceso a la educación pública o empeoramiento de la calidad de ésta, menos acceso a seguridad social… y esto quiere decir que algunos tipos de ‘resistencia ciudadana’ pueden tener efectos muy negativos para otros ciudadanos. Como se advirtió, no siempre ‘la ciudadanía’ se predica como un contenido igualitario o universal. Pueden darse conflictos sociales entre ciudadanos. Y el Estado, tal vez esté ‘mirando para otro lado’ porque favorece a alguna de las partes del conflicto. La resistencia ciudadana, por tanto, alcanza una mejor concreción cuando se la liga con valores. Éstos pueden ser universalizables o no universalizables, factores de procesos de liberación o de mantención de situaciones de discriminación.


    El segundo corolario es que la resistencia a pagar impuestos puede pasar a ser un aspecto de una cultura o sensibilidad política: la de no transferir recursos al Estado y la de no interesarse por el cuidado de los espacios públicos, por ejemplo. Esto quiere decir que cuando me multan por una infracción corro a ver si algún pariente conoce a alguna autoridad que me permita eludir el pago. O me indigno y enfurezco aunque haya efectivamente cometido la infracción. Esto es muy latinoamericano. Quiero que existan espacios públicos para que disfrute mi familia, pero no los cuido. Este segundo corolario dice que algunas actitudes de ciertos grupos sociales dominantes se transforman en sensibilidades generalizadas y que cada sector social o persona las practica a su modo y mientras estime que quedará impune. Así, por ejemplo, el fraude electoral (tal vez en México han oído de él), puede derivar en una cultura del fraude mientras se tenga seguridad de que la bribonada quedará sin castigo;

    b) resistencia ciudadana a que se violen derechos humanos o no se los apodere (potencie) y que quienes los violan y las instituciones que lo consienten (y con ello la sensibilidad cultural que transfieren) queden impunes. Esta última resistencia toma la forma de la denuncia, la agitación, la movilización, la desobediencia civil, de alguna manera molestas o disfuncionales para el Estado o Gobierno, pero manejables (aunque este manejo pueda comprender la represión militar). Por ejemplo, la invisibilización oficial de Manuel López Obrador como dirigente y ‘señal’ de otro México posible. La forma más alta de esta movilización ciudadana (y social), en mi opinión, se expresa mediante las acciones de una sociedad civil emergente que aspira a (auto) transferencias de poder en el marco de una transformación del carácter o caracteres del poder social.

    Existen muchas diferencias entre la resistencia ciudadana ejemplificada como renuencia a pagar impuestos y resistencia ciudadana como reclamo por el cumplimiento de derechos humanos. Quiero enfatizar que la primera tiende a ser silenciosa aunque se transforme en sensibilidad cultural y se la celebre a carcajadas en los clubes y cenas de los poderosos. No solo es silenciosa (porque constituye un delito) sino que no transfiere poder social, sino que más bien confirma y fortalece las dominaciones ya existentes. La segunda, en cambio, es  gritona y agitativa. Y lo sería, gritona y agitativa, aunque la autoridad estimara ‘delito’ clamar por derechos humanos. Y debería autotransferir poder (capacidades) a quienes se ha despojado o privado de él, porque esta transferencia es una de sus finalidades principales.

    Aquí en México ustedes han protagonizado un tipo de resistencia ciudadana que ilustra bien lo que deseamos acentuar. En la década de los noventa del siglo recién pasado tuvieron su Movimiento Ciudadano por la Democracia que jugó un papel significativo en el erosionamiento del partido de Estado, PRI, y en su derrota electoral en el año 2000, aunque sus metas por un Estado de derecho y por un régimen democrático inserto en una cultura política democrática no se han cumplido. Hoy día, quizás, esas metas vuelven a alejarse. Ojalá no ocurra así.

    Creo que en este panel deberíamos interesarnos por la resistencia ciudadana y social que busca autotransferencias de poder para poder incidir permanente, eficaz y liberadoramente en la constitución y reproducción de las instituciones sociales.

    4.- Pero que nos interesemos en la resistencia ciudadana ligada con autotransferencias de poder (popular) y por ello con el apoderamiento universal del principio de agencia, no implica que olvidemos que la resistencia ciudadana puede también contener renuencia oligárquica y neoligárquica (corporativa) y también puede tomar la forma de una irritación y agresividad difusas y omnipresentes que desgastan o corrompen la existencia cotidiana. Lleva la violencia al fútbol, por ejemplo, o exacerba la agresión machista contra las mujeres y los niños en el grupo ‘familiar’.

    5.- Aquí tenía dos ejemplos, uno blando, tomado del país donde resido, Costa Rica, y otro duro, tomado de la experiencia de ustedes aquí en México. Voy a ahorrarles el primero, por razones de tiempo. Démosle paso a la referencia mexicana. Es acerca de los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez. El ‘orden’ social, que para muchos es violencia, establece la violación/muerte y descuartizamiento de mujeres humildes, migrantes, obreras, solas, probablemente creyentes de la Virgen… dando así señales del carácter patriarcal/sexista y oligárquico, señorial, de la existencia mexicana, señas cuya reiteración (pueden ser más de mil crímenes) e impunidad (no su carácter de señal sistémica) excita diversas formas de resistencia ciudadana, pero no parece generar sociedad civil emergente, o sea una que relaciona las muertes/impunidad con el carácter del poder o poderes que constituyen y reproducen México y que, desde estas muertes, exija un todo otro México. Los asesinatos de estas mujeres, sus violaciones, conmueven empírica y situacionalmente a los mexicanos que las conocen, pero no excitan una respuesta político-cultural ciudadana, una movilización, un movimiento social, que las discierna y denuncie como una barbarie cuya impunidad hace que todo México sea el que los perpetra, el que en algún momento y de algún modo, por acción u omisión, todo México se constituye como factor criminal y como factor de impunidad. Las manos de todos los mexicanos se tiñen de sangre si estos crímenes quedan impunes. Y es sangre que no se puede lavar. Solo se redime con el fin de la impunidad y con la decisión política y cultural de que estos crímenes no volverán a repetirse.

    6.- El techo de la resistencia ciudadana, o la transgresión de su piso, base o paradigma, es su transformación en sectores sociales emergentes, dicho conceptualmente, en Sociedad Civil emergente, cuya movilización y organización pone en cuestión el carácter del Estado y el carácter de los poderes sociales, es decir de sus lógicas. El Movimiento Ciudadano por la Democracia de ustedes se dio tareas propias de una sociedad civil emergente, una que busca construir las condiciones para que ‘otro’ México sea posible, un México sin fraudes electorales, por ejemplo y, con una ciudadanía informada, deliberante y participativa.

    De esta manera, aun dicho tan toscamente como en esta tarde, esta ‘resistencia ciudadana’ se distancia de la renuencia ciudadana, de la mera irritación sin horizonte utópico, del empirismo civil y social, del sentimentalismo, de centrar su atención unilateralmente en las capacidades paliativas del Estado y del Gobierno… y se transforma en movilización social, movimiento social y, por sus valores, organización y utopía, en lucha popular.

    Pero esta lucha popular es la que anima, la que debe animar, como su motor, desde un inicio, lo que aquí hemos discutido como resistencia ciudadana.

    7.- Un par de palabra sobre el cambio democrático, que es la otra referencia de esta convocatoria. Quiero entenderla como un cambio hacia una cultura democrática no politicista. En las sociedades modernas el referente ‘democrático’ puede remitir hacia una cultura democrática (familia con lógica democrática y comunitaria, propiedad y empresas con lógica democrática, Estado y Gobierno democráticos, o sea con imperio de la ley, ciudadanía activa, lógica participativa y deliberativa, emprendimientos comunes), cultura democrática que, modernamente, exige ser generada desde el reconocimiento y acompañamiento de los diversos (etnias, opciones sexuales, por citar dos referencias). Este es el enfoque más amplio y enriquecedor del concepto de ‘democracia’, y por supuesto, no es politicista (que designa una desviación y una reducción en la comprensión de los fenómenos sociales).

     Una segunda apreciación restringe los valores y lógicas democráticos al campo del Estado y del gobierno (ignora por lo tanto las diferencias y conflictos que se siguen de la propiedad y la apropiación, por ejemplo) y ustedes lo aprendieron quizás en sus escuelas en relación con los conceptos de ‘soberanía popular’ y de ‘gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo’. Los diversos factores de dominación y exclusión en las sociedades modernas post industriales han tornado obsoletos estos referentes. La ‘soberanía’ se sigue hoy de un sistema (The Matrix) global, no de la gente.

    La tercera acepción fue producida en el siglo XX, la época de las grandes corporaciones y monopolios y de las independencias ‘formales’, y determina lo democrático básicamente como una capacidad de la ciudadanía para cambiar gobiernos o sostenerlos, según reglas (normas) previstas. El régimen democrático se gobierno se designa aquí con la expresión ‘poliarquía’ y con él desaparecen las cuestiones referidas a la soberanía y a la posibilidad de que se avance parlamentariamente hacia sistemas de convivencia alternativos al del capitalismo post-industrial y mundializado. Es la manera actual de ‘entender’ y ‘afirmar’ la única democracia que puede presentarse como el régimen de gobierno de las corporaciones monopólicas y de los conglomerados financieros aunque electo por una ciudadanía pasiva. Estrictamente en ellas gobierna constantemente el gran dinero y se alternan en la administración de la población dos partidos. La ciudadanía no es activa (no puede serlo nunca tanto como el gran dinero) ni menos deliberativa. A la economía del conocimiento la complementa una ciudadanía desinformada y quizás excitada, pero manipulada y pasiva. Es lo que le están recetando actualmente a México con el PRI y el PAN y el PAN y PRI y el PRI y el PAN… eternamente… excepto que ustedes, y las gentes y ciudadanos que representan, organizados social y ciudadanamente digan y testimonien: fin de las oligarquías, fin del dominio del gran dinero, fin del fraude político y electoral. Fin del Gran Fraude Civilizatorio y Cultural.

    8.- A ustedes les corresponde hacer, más allá de este encuentro, el vínculo entre sociedad civil emergente, resistencia ciudadana y conformación de una cultura política democrática. Siempre ha sido más sencillo decir que hacer y en esa tarea encontrarán conflictos, distancias, sectarismos, personalismos, reyertas. Tiene que ver cómo aprenden, en el proceso, a superarlos. Nadie nace maduro. Y en América Latina tenemos dificultades para escuchar y tratar de entender a los otros.

    Todos estos conceptos, sociedad civil emergente, resistencia democrática, producción de una cultura política democrática, tienen en común un concepto/valor: tornar universal el principio universal de agencia humana. O sea, avanzar en el gran y complejo proceso social que creará las instituciones que hagan de cada mexicano y de todos sus diversos sectores sociales seres humanos participativos, deliberativos y responsables de la producción de un México democrático y sin exclusiones que se abre al mundo como testimonio de que otro mundo de la vida es posible. Y si no lo es, ustedes, de todas maneras, deben intentarlo. Todos, de todas maneras, en todas partes, debemos intentarlo. Muchas gracias.
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     (*) Panel, participan Manuel López Obrador (DF/México) Chico Buarque (Brasil, Comisión Brasileña de Justicia y Paz), Francois Houtart (Bélgica, Centro tricontinental). Modera Dolores González Saravia (DF/México, Servicios y asesoría para la paz).