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Universidad de Sevilla,

Facultad de Derecho,

febrero 2010.

 

     Inmigrantes: Derechos humanos en el día a día. Ciudadanía, interculturalidad, prejuicios

     1.- El término “inmigrante” suele tener una carga social que es, al mismo tiempo, cultural. En Costa Rica, país donde resido, si un estadounidense decide asentarse en el país, sigue siendo un estadounidense. Pero si un nicaragüense humilde llega a residir en Costa Rica, pasa a ser un “inmigrante”. La palabra ‘inmigrante’ se liga con ‘desafío’, con ‘problema’, con ‘sospecha/amenaza’.

     2.- El ‘inmigrante’ sospechoso se articula con ‘no-deseado’ al menos de dos formas: ha emigrado forzosamente de su situación o región o país. No quería moverse, debió moverse. La situación, región o país que lo recibe tampoco lo desea. Suele poner trabas administrativas, legales y culturales a su ingreso. La gente del lugar que “acoge” a este inmigrante puede apreciarlo por algún rasgo determinado: es fuerza laboral, por ejemplo. Pero el “resto de su persona, que viene con su fuerza de trabajo, su aspecto, sus maneras, su historia, su cultura, su familia, puede resultar extraño, incómodo, hasta hacerlo parecer dañino o peligroso/amenazante.

     3.- Así, acogidos solo por una parte de lo que son, los inmigrantes no-deseados pueden llegar a habitar en un universo de guetos (ámbito de excluidos) con un doble alcance: gueto espacial (residencia) y cultural (subjetividades), y plural: el gueto de los inmigrantes confirma la producción de otro gueto: el de quienes los excluyen. Se dan de esta manera dos mundos, el lorquino o español y el ecuatoriano (o boliviano o subsahariano), mundos que desconfían de sí y se hacen mutuamente violencia.

     4.- La exclusión, en las sociedades modernas, no consiste solo en separar, marginar o rechazar. En las sociedades modernas, todos tienen cabida, aunque no necesariamente como personas. Por ello, “excluir” quiere decir llevar al límite el trato de otro, o de algunos otros, como objeto. ‘Excluir’ consiste en la acción de poner a otro, u otros, como objeto y utilizarlo como tal. Un ecuatoriano o un boliviano puede “utilizar” a un lorquino o totanero o español como objeto para sus fines. Y también un español o un empresario lorquino o totanero puede ver en los bolivianos ‘objetos’ útiles aunque molestos e irritantes.

     5.- Tratar a otro como ‘objeto’ quiere decir negarle su calidad de sujeto. O sea, negarle su carácter de de ser humano con capacidad para hacer cosas (materiales y espirituales: cultura) de las que se hace responsable en tanto ese alguien vive por medio y a través de ellas. Todos los grupos humanos producen cultura (“hacer cosas”, comportarse ante el mundo y con él, sentirlo, imaginarlo, pensarlo) e intentan expresar/comunicar su humanidad por medio de ella.

      Los seres humanos no pueden prescindir de “hacer cultura”. Es su manera de estar en el mundo. Y la cultura es siempre particular. No todos los grupos cocinan y comen (o incluso respiran) de la misma manera, ni todos utilizan el mismo lenguaje, ni dan importancia (significación, sentido, jerarquía, etc.) a las mismas cosas. 

     6.- Las culturas son diversas o diferentes, pero no son comparables y por ello no puede afirmarse que unas sean mejores que otras. Lo que sí es cierto es que algunas sociedades son más poderosas (económica, militarmente, por ejemplo) que otras. Pero eso no las torna necesariamente “mejores”. Cada ser humano se siente relativamente a gusto en el seno de su cultura (“es” ella) aunque le encuentre defectos y sufra, incluso intensamente, sus conflictividades. Todas las culturas son expresión de relacionamientos humanos (para trabajar, formar parejas, darse un orden político, disfrutar, convocar a dioses, honrar a los muertos, etc.), pero son particulares y diversas aunque todas satisfagan requerimientos (necesidades) semejantes. Ninguna cultura expresa o agota todo el ser humano (como parece reclamar a veces la cultura Occidental) y sus diversas capacidades. Todas las culturas son legítimamente humanas, aunque no todas sus instituciones en cada una de ellas produzcan necesariamente humanidad. La violencia intrafamiliar contra niños, mujeres y ancianos, por ejemplo, no produce humanidad. Discriminar/agredir a otros porque son minoría, o extranjeros, o por su color, tampoco produce humanidad aunque quienes protagonizan estas violencias sean seres humanos (y lleven a cabo sus acciones desde “su cultura”).

     7.- Quien no pertenece a una determinada cultura y no ha vivido su historia puede sentir ‘raras’ las formas o instituciones mediante las que esos seres humanos, latinoamericanos, marroquíes, gitanos, por ejemplo, producen y reproducen su existencia. Por  ello la tendencia al ensimismamiento o gueto.

     8.- Existe una gran diferencia cualitativa entre refugiarse en un gueto por parte de los inmigrantes (para defenderse de una existencia en la que se los excluye/desprecia o utiliza, o para proteger sus costumbres), y producir  guetos mediante la acción política de excluir a otros. Este último gueto, generado por la sociedad de acogida supone un poder político que el gueto de los inmigrantes no posee. Se puede pensar en términos de mayoría//minoría, normal/extraño, bueno/malo. Una comunidad de habla española puede exigir a inmigrantes aymaras que hablen castellano. Se vería pintoresco e infantil, en cambio, que el grupo aymara minoritario exigiera a los lorquinos o españoles que hablen aymara.

     9.- Lo político es la forma que tienen los agrupamientos humanos de organizarse y darse una identidad para convivir. Esta organización identitaria se vive ‘naturalmente’ (aunque se deba aprender) en la existencia cotidiana. La existencia cotidiana (expresión del ‘orden’ político) puede contener exclusiones y agresiones incluso sin necesidad que existan ‘inmigrantes’ extraños. La existencia cotidiana, en Lorca, por ejemplo, puede contener, sin que los lorquinos lo adviertan claramente, violencia. La llegada de grupos de inmigrantes puede dar nueva fuerza a esta violencia o redirigirla a hacia nuevos ‘personas-objeto’.

     10.- Es curioso: consultados algunos grupos de inmigrantes en España sienten que sus principales desafíos consisten en a) conseguir trabajo; b) obtener ‘papeles’; c) pagar deudas. No mencionan “conocer a los españoles”, “andaluces” o “murcianos”. Ni tampoco “dar a conocer su cultura” (boliviana o ecuatoriana, o sea su manera de ser humanos) a los españoles. Quizás, sin dejar de lado lo que sienten son sus urgencias, porque atender urgencias es enteramente legítimo, la creación de nuevas redes o tramas sociales (relacionamientos) permanentes y hacia adentro ayudaría a que los inmigrantes conocieran y comunicaran mejor su propia cultura y tuvieran también interés por aprender la de los españoles que los acogen/rechazan. Y si los españoles lorquinos o totanos también se organizaran para discutir sobre sus propias peculiaridades culturales y cómo ellas encierran capacidades y discapacidades para o acoger solidariamente o excluir con diversas formas de violencia a los ‘extraños’, quizás, ambos grupos podrían avanzar en una aproximación intercultural y en una comprensión mutua que, con seguridad, no resolverá instantáneamente todos los conflictos pero que es un buen paso hacia ello.

11.-  Una última cuestión: España sufre hoy a su manera una crisis global. 4 millones de desempleados ponen de manifiesto que los inmigrantes, uno de los sectores de vulnerables sociales (hay otros: jóvenes, mujeres, por ejemplo) y políticos, tienen hoy día más desafíos que ayer o anteayer.

     Mayor motivo para agruparse (no en guetos, por supuesto). Mayor motivo para llenarse de raíces y hacer de la manera en que los inmigrantes pueden expresar la cultura boliviana o ecuatoriana o argentina a los españoles un agregado de valor en el trabajo y en la vida cotidiana. Para los emigrantes es un gran momento para crecer desde sí mismos, desde su historia cultural, social y personal. Momento de mostrar todas sus capacidades y disposiciones para resolver desafíos. No es momento de encerrarse en sí mismos ni para tomar aliento. Es momento de organizarse y mostrarse con lo mejor que se tenga y se sea capaz de producir.

     Y para los españoles, afectados o no directamente por el paro, la recesión y la confusión política, es también el momento de incidir en la autoridad estatal, comunitaria y municipal, y en el espíritu colectivo, para que se implementen políticas públicas centradas en la autogestión (cooperativas, por ejemplo) y el refuerzo de la solidaridad social. Y que no se discrimine a nadie. Ni al trabajador español humilde ni al inmigrante que desea mostrar su valía. Que las políticas públicas solidarias ofrezcan igual posibilidad de acceso. Y que cuando la crisis haya sido superada, se mantengan  los criterios de no discriminación y se extiendan a sectores como la educación y la salud.

     Para esto los españoles solidarios deben también organizarse y politizarse. Darse tareas y responsabilidades para lograr incidir. De una crisis global se puede salir humana y comunitariamente fortalecido, españoles e inmigrantes, funcionarios y ciudadanos, con el tenaz empeño de todos. Pero ello demanda de las autoridades políticas claras hacia los más vulnerables y de éstos el más decidido esfuerzo de autoayuda.

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Lorca/Totana, España, febrero 2010