Universidad, N° 1839,

febrero 2010.

   
    Un periódico local “adornó” el triunfo de Laura Chinchilla en la elección presidencial con una opinión de la expresidenta panameña Mireya Moscoso. Ésta dijo que las mujeres tienen “el don de tener hijos y una comprende con más facilidad los problemas del país” (LN: 08/02/2010). Quiso decir tal vez que en la especie humana son las mujeres quienes quedan embarazadas y alumbran a los hijos, porque “tenerlos” es también facultad de los machos de la especie, al menos desde un punto de vista legal (que querríamos se extendiese social y culturalmente). Para Moscoso, las mujeres que no han parido quizás no tengan facilidad para entender los problemas del país y de la gente. La Madre Teresa habría sido una mala opción para gobernante, a lo que se ve. La primera presidenta de Costa Rica tiene al menos un hijo y se salvó. Posee la “facilidad” de la que habla Moscoso.

    En realidad, la señora Moscoso nunca parió a un hijo. Adoptó uno, que no es igual, aunque puede exigir un temple mayor. Sobre todo si se es soltera y empobrecida. No es el caso de doña Mireya, quien heredó de su marido, Arnulfo Arias, casi 40 millones de dólares. De modo que Moscoso no cumple con su tesis. Y, de hecho, al menos en lo que toca a corrupción, ella gobernó como cualquier “venal macho”. Al menos eso dicen quienes quisieron llevarla a los circuitos judiciales por recibir ‘regalos’ de Taiwán y que también hablaron de “escándalo” por el caso del terrorista Posada Carriles (exculpación previo pago del gobierno de Estados Unidos y la colonia cubana en Miami). A Moscoso recurrió, según parece, el costarricense Calderón Fournier para que no se abrieran sus cuentas panameñas en el asunto Caja Fischel. Doña Mireya negó siempre todo. Pero terminó su mandato desacreditada.

    En todo caso lo que se discute no es la señora Moscoso, sino si la condición de ‘mujer’ es idéntica a la de ser portadora de una sensibilidad femenina no complementaria ni idéntica (aunque invertida) a una sensibilidad masculino/patriarcal. Es la distancia entre “mujerismo” y “feminismo”. Una mujer puede “tener” hijos, pero ello no la hace feminista. Según la sondeadora ‘oficial’  de La Nación S.A., quienes apoyaron con su voto a Chinchilla en la pasada elección, y también quienes se lo negaron, no lo hicieron principalmente porque fuera mujer, sino porque continuaría la política “arista” o porque su voto era tradicionalmente verde y blanco.

    De modo que el carácter “femenino” (distinto y enfrentado al patriarcalismo machista) de la primera presidenta de Costa Rica está por verse. M. Thatcher es mujer, parió hijos y ejerció su cargo como un ‘verdadero macho’ (algo así como Otto Guevara). La Barbie filipina, Imelda Marcos, robó al menos ¡684 millones de dólares! Los “gatos” caseros costarricenses son una alpargata a su lado. Imelda parió tres hijos.

    El efectivo carácter de Laura Chinchilla es un desafío. Ojalá se torne feminista y potencie la no discriminación hacia los diversos, la igualdad de acceso a la educación, la salud y el empleo, la concertación de un emprendimiento nacional para enfrentar y resolver, a largo plazo, los desafíos largamente postergados o ignorados por los políticos “machos”. Y que le entre a la corrupción y venalidad con la fuerza y los instrumentos jurídicos apropiados de modo que los costarricenses se sientan gozosos de tener una presidenta.

    Por el momento sus principales escollos están en su reciente cooptación por el aparato clerical católico, el fuerte patriarcalismo desplegado como clientelismo en el seno de su partido y la machista concentración de poder/prestigio y riqueza en pocas manos. Si no los enfrenta y avanza como para al menos vislumbrar una victoria, será otro presidente más de la serie inaugurada en los noventa del pasado siglo. Y eso en Costa Rica significa una amenaza.