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Espacio Carácter y

vigencia de la izquierda

en América Latina, marzo 2009.

  

  
    1.- El nombre de este espacio incorpora la expresión “izquierda política”. La mención exige varias determinaciones. La inicial es que ‘izquierda’ no designa primariamente un lugar en un espacio político continuo. Según ese criterio sería allí una posición opuesta o enemiga a ‘derecha’ y próxima o lejana del ‘centro’. ‘Izquierda’ designa una actitud que puede crear espacios político-culturales. No existe, por tanto, un ‘espacio político’ con uno o varios sitios para la izquierda, sino que las izquierdas producen sus propios espacios. Esta actitud de izquierda tiene raíces modernas por orientarse hacia una autoproducción con sentido o sentidos que el autoproductor desea comunicar y de cuyos resultados quiere apropiarse. En este sentido puede existir ‘izquierda’ sin derecha y sin centro. En principio, expresan y portan ‘mundos’ diferentes.

    1.1.- En América Latina, conceptualmente, las ‘derechas’ (empresariales, culturales, políticas, sociales) son oligárquicas. Esto quiere decir que asumen al ‘otro’ y ‘lo otro’ como algo negativo, como una amenaza (metafísica) o con conmiseración. Técnicamente las derechas culminan su imaginario o con represión o con limosnas. El ‘centro’ se vincula con las derechas por su voluntad de sostener el sistema y, eventualmente, con “izquierdas” que les ofrecen posibilidades electorales y que tal vez no sean ‘de izquierda’, sino aparatos de crítica y protesta que se mueven dentro del sistema y que suponen su continuidad. Ésta no intenta ser una descripción de una ‘izquierda parlamentaria’.

    Resulta factible, entonces, una formación social ‘sin izquierdas’ efectivas, aunque ellas existan siempre, como posibilidad, en las estructuras de sociedades modernas.
    Pero también, modernamente, resulta factible imaginar un mundo sin derechas. Y, por ello, formaciones sociales y mundos modernos con ‘solo izquierdas’ aunque varias o muchas.

    2.- La moderna actitud ‘de izquierda’ se autodetermina mediante la articulación e integración de varios factores: discernimiento (sociohistórico) con cuidado de sí, comunicación y propuesta a otros, reconocimiento de los otros como diversos legítimos (no elimina la enemistad ni el conflicto), programa, imaginario utópico (horizonte de esperanzas ligadas a transformaciones cualitativas por liberadoras). Todo ello supone expresiones organizativas que procuran ser eficaces. También que las izquierdas se relacionan con procesos y constituyen apuestas.        

    3.- Los términos ‘político’ y ‘política’ no designan básicamente el ámbito del Estado como aparato de poder ni a los actores (partidos, burocracia, por ejemplo) que se organizan en relación con él, sino que nombran las tramas sociales básicas (familia, economía, cultura) y su expresión en la existencia cotidiana que incluye las identificaciones inerciales propuestas por el sistema social para su reproducción desde la subjetividad (singularidad falsa) de los individuos que las asumen. Por tanto, señalan también al Estado, pero no exclusiva ni primariamente.

    4.- La ‘comprensión’ de lo político y de la política como fenómenos situados exclusivamente en relación con el Estado/gobierno y sus instituciones y lógicas configura la desviación politicista y sus imaginarios, como el del carácter estanco y externamente vinculado de economía, política y cultura, o el estereotipo de los Grandes Hombres que hacen la Historia, o la separación entre una izquierda política (o partidaria) y una izquierda social (movimientista), o que derechos humanos sea una cuestión que se resuelve en términos puramente jurídicos.

    4.1.- El sesgo politicista incluye al menos dos correlatos: la desviación economicista (el ‘secreto’ de la sociedad radicaría en su infraestructura) y la desviación culturalista (hoy con su relato ideológico del “sí se puede”) que hace del ‘subdesarrollo’, por ejemplo, una cuestión ‘mental’ o subjetiva (en Costa Rica, el “nadadito de perro”).

    4.2.- La desviación politicista traduce también las identificaciones sociales y ciudadanas inerciales como ‘naturales’ o propias y con ello reduce el ámbito del conflicto político a una variedad de opciones dentro del sistema (como en el film The Matrix). Los movimientos sociales populares y las fuerzas de izquierda asumen el sistema como algo que debe ser superado desde sus propias contradicciones. Esto pone en el centro de las políticas de izquierda la autoproducción de identidades (sociales y ciudadanas) como condición de la transformación revolucionaria. Esta autoproducción se entiende como proceso.

    5.- El carácter de las izquierdas no se centra en políticas ‘de masas’ (movilización de grandes números que puede estar desprovista del principio social de agencia), sino de movimientos y movilizaciones sociales populares plurales y con organización propia, articulados como un gran movimiento social. Este punto enfatiza la distancia cualitativa entre políticas de “unidad” y políticas de “articulación”. Se trata de una cuestión conceptual con efectos prácticos.

    6.- La expresión “popular” es polisémica, al igual que “pueblo”. Aquí se la utiliza como parte de un discurso categorial. Señala socialmente a los sectores que sufren un tratamiento de ‘objeto’ (discriminación, exclusión, explotación reificación) derivado de lógicas de imperio o dominación y que se organizan desde sí mismos para acabar con esas situaciones y lógicas (que son expresión de un sistema). Esta noción de “pueblo” y de “popular” contiene la tensión entre pueblo social y pueblo político.

    7.- Un analista suizo, Lalive d’Epinay, quien se interesó en desafíos latinoamericanos, resolvió en un lema la cuestión de lo popular: “Pueblo es quien no es dueño de su viday lo sabe”. Como todo lema, puede ser leído de varias maneras. Por ejemplo, “lo sabe” es insuficiente si no “lo siente” (y resiente). Y sentimientos/discernimientos carentes de un imaginario utópico no acumularán el vigor ni la constancia transformadores. Pero alguien podría decir que el pueblo no es dueño de su existencia porque ésta la determina la voluntad de Dios y “saberlo”  llevaría a los sectores populares a aceptar su sumisión para ganar el Cielo. “No ser dueño de la existencia propia” es condición humana o antropológica, con divinidad o sin divinidad. Pero intentar apropiársela es un ‘mandato’ de la sensibilidad moderna. Debe entenderse como un proceso/intento/apuesta, abierto, inacabable tal vez, nunca cerradamente factible. Marx escribió: “Los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, en circunstancias elegidas por ellos mismos sino en aquellas con las que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” (El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte).

    8.- El eje de una sensibilidad de izquierdas está dado por el referente popular. Pero lo popular no es algo ahí, enfrente, que se pueda manejar o manipular. Se es de izquierda, o las izquierdas se comportan como tales, porque se ha asumido la sensibilidad popular: la de ser producido como socialmente carencial, saberlo/sentirlo y darse la organización para poner fin a esa historia y crear algo nuevo. Esta ‘fuerza’ contiene factores subjetivos y objetivos. Su tensión constructiva se expresa como eficacia. La eficacia, en este caso, consiste en autotransferirse poder o poderes.

    9.- Los sectores sociales populares que pueden ser actores de acciones políticas de izquierda son variados, plurales. Los asalariados son pueblo. También jóvenes y estudiantes.Pueblos originarios. Pequeños y medianos campesinos. Mujeres con teoría de género. Afroamericanos. Creyentes religiosos antiidolátricos. Sus principales acciones toman la forma social de explosiones, movilizaciones y movimientos. En todas ellas se pone de manifiesto, diversamente, el factor identitario. No en todas ellas aparece la organización.

    9.1.- Intelectuales y artistas pueden convertirse a una sensibilidad popular y también como sector pueden constituirse como un destacamento popular.

    10.- En los sectores populares, y en lo que aquí importa, en los sectores populares latinoamericanos se encuentra la irritación socio-cultural que permitiría enfrentar el principal desafío mundial del siglo XXI: el paso desde una especie humana biológica a una humanidad político-cultural inevitablemente diferenciada pero potencialmente articulable.
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