Universidad, Nº 1795,

febrero 2009.

 

     Cuando en el tránsito entre los años 2008 y 2009 se hizo evidente que el sector financiero del capitalismo mundial había conducido, desde su lógica, a una recesión en la llamada “economía real”, cuestión que solo la administración Bush Jr. insistió en negar vanamente,  una mención atribuida a Joseph Stiglitz acerca de que el colapso de la especulación inmobiliaria equivalía a la “caída del Muro de Berlín” hizo florecer opiniones en el sentido de que el revés conduciría a un capitalismo “renovado”. Algunos se abalanzaron en llamarlo neokeynesianismo.

   La sentencia atribuida a Stiglitz era singularmente infeliz. En realidad el Muro de Berlín nunca cayó sino que fue destruido en el marco de una crisis política de las sociedades del socialismo histórico esteeuropeo y soviético. Existe gran distancia entre una caída, parcial o total, y una destrucción. La diferencia la da una movilización política. La actual “crisis” del capitalismo no tiene como actor ninguna fuerza nacional o global que empuje al sistema mundial o globalización hacia una disolución de continuidad o ruptura. Ya es obvio lo que debió serlo siempre: de la recesión y colapso financiero saldrá más capitalismo y su sesgo ideológico se mantendrá en lo bautizado como ‘neoliberalismo’.

   Como la llamado “crisis” (estrictamente no lo es) se resuelve dentro del sistema, sin solución de continuidad, y bajo administración de los mismos actores que la convocaron, pues es de esperar que la paguen quienes ni la provocaron ni se beneficiaron con ella. Sobre esto hay opiniones. Las administraciones Bush/Obama han buscado reflotar la vida financiera de Estados Unidos como medio para paliar la recesión. Aunque Obama es más lírico al respecto, se invisibilizan las responsabilidades del sector financiero (el de casino y el “serio”) y de las autoridades de Gobierno y de la sensibilidad cultural estadounidense (consumir, ostentar, derrochar) en el desplome. La lírica de Obama consiste en que desea un capitalismo con “valores” (como el vistoso Benedicto XVI). Como si consumir, ostentar y derrochar no lo fueran. Ahora, que esos valores destruyan la Naturaleza e impidan la constitución de humanidad, es otro cuento.

   Gobiernos europeos desean un mayor control financiero en el marco de un “orden global” (!). La canciller alemana, Merkel, habla de un Consejo Económico Mundial, sito en Naciones Unidas, “equivalente” al Consejo (geopolítico) de Seguridad. No le han dicho que tal Consejo y Naciones Unidas dejaron de existir desde la invasión de Bush Jr. a Irak. Los europeos también quieren duplicar los recursos del FMI, institución que ciertamente ha probado total analfabetismo e inanidad financieras en la ‘crisis’. Algo así como duplicar lo señoríos del Banco Central de Costa Rica bajo su dirección de hoy.

   En breve, más capitalismo y del peor: el que destruye, queda impune y hace recaer los costos sobre los “otros”, los eternos dañados (losers): empleo, fuerza laboral, salarios, salud y educación pública. Y si se reclama (solo berreo), descalificación cultural y, si toca, geopolítica del Gran Garrote. En la exorcizada Costa Rica: Clara Zomer, Plan Escudo y DIS. Y total mudez sobre la tasa Tobin.