Foro Pensar América Central,

3 de febrero 2009.

 

Foro Regional
“Pensar Centroamérica ante los nuevos desafíos políticos hemisféricos: un análisis de
tendencias”
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   DE LO QUE NO SE HABLARÁ

    Estas notas no forman parte del cuerpo central de la conferencia inaugural. Sólo buscan determinar algunos puntos básicos aunque situacionales que pueden resultar importantes en las discusiones del encuentro. No intentan ser verdaderas ni tener razón ni tampoco polemizan con los documentos previos al Foro. De hecho, las referencias a esos documentos podrían considerarse descontextualizadas. Las referencias figuran en negritas, al comienzo de cada discusión. Los énfasis, en itálicas, no están en el original. Las discusiones no son exhaustivas. Los referentes pudieron ser otros, pero éstos se consideraron particularmente significativos.
                                                                                                    Helio Gallardo

    A) El ascenso al poder de las llamadas “nuevas izquierdas” (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Honduras) ha generado mayor tensión, en una zona donde los liderazgos estratégicos no son capaces de articular consensos; sino provocar disensos y rupturas.

    No se trata, en verdad, de ‘ascenso al poder’, sino de victorias electorales que abren paso a gobiernos que, en algunos casos, aprovechan su éxito electoral para refundar jurídicamente el ‘orden’ social (nuevas Constituciones) de un modo que les permita legitimar interna e internacionalmente un nuevo bloque de poder (y tal vez nuevas lógicas de dominio). Por ello se produce esa ‘incapacidad’ de articular consensos, porque lo que está en disputa precisamente son las diversas expresiones del poder social y su articulación. En Venezuela, Ecuador, Bolivia, existe políticamente una guerra social y cultural, cada una con sus peculiaridades. Tampoco parece que exista todavía un fenómeno de ‘nuevas izquierdas’, excepto como anatema periodístico (y por supuesto político y geopolítico) del pensamiento único, semejante a los de populismo o neopopulismo.

    América Latina suele carecer de “liderazgo estratégicos” porque no logramos (tal vez nuestros sectores dominantes (propietarios, tecnócratas, liderazgos clericales, etc.) no lo desean tampoco) darnos las instituciones propias de un emprendimiento colectivo asertivo que convoque a la mayoría pese a las diferencias o conflictos. Como señaló alguien en la década de los noventa, refiriéndose a América Central, “acordamos la paz, pero no nos damos las capacidades para construirla”.

    B) Tanto lo que se llama “izquierda”, como lo que se denomina “derecha” pierden sentido en una región donde los partidos políticos cada vez más se alejan de articulaciones realmente democráticas, que logren expresar las demandas y necesidades de las personas. Así el populismo y las expresiones sin arraigo social han hecho de la democracia un juego de control institucional para concebir “democracias a la medida”.

    Derecha e izquierda no son lugares diversos y encontrados de un continuo político o ideológico. Se trata en realidad de diferentes actitudes en y ante la existencia social y política. En un capitalismo oligárquico (o neo) y dependiente como el latinoamericano siempre existe ‘la’ derecha y su representación política pasa por partidos pragmáticos, sectores empresariales, jerarquías clericales, medios masivos, aparatos armados, sistema judicial, cultura política, presiones internacionales (hoy, también, en algunos países por el narcotráfico). No se trata tanto de ideologías sino de intereses. ‘Las’ izquierdas modernas se caracterizan, o deberían caracterizarse, por intentar comprender lo que pasa, organizarse para incidir y proponer un emprendimiento colectivo determinado por la universalidad del principio de agencia. También, por apostar a algo nuevo que se valora mejor.

    Lo que existe en cada formación social es un régimen de gobierno democrático compuesto por instituciones que poseen (mejor o peor) lógicas democráticas. ‘La’ democracia es un concepto/valor o analítico o ideológico propio de discursos, no existe socialmente sino bajo las formas de regímenes democráticos y de procesos de democratización. También podría existir como valoración de una cultura democrática, pero no es usual en el siglo XX  ni en este inicio del siglo XXI donde ‘lo’ democrático se centra en la forma (procedimiento) de ‘elegir’ o cambiar gobiernos.

    Enteramente de acuerdo en que “populismos”, “procesos sin arraigo social” (?) y “éxitos”, como Chile, pueden hacer de ‘la’ democracia un juego de control institucional para practicar (hacer funcionales) “democracias a la medida” de intereses particulares, o sea sin buscar que las instituciones estén animadas por el apoderamiento universal del principio de agencia, por conflictivo que éste resulte. Este expositor ha llamado a estos simulacros ‘democracias restrictivas’ y sus instituciones resultaron altamente funcionales en la década de los noventa. En la transición entre siglos algunas de ellas, y quizás el conjunto, han mostrado signos de agotamiento o crisis.

    C) Así las cosas, los maravillosos y pacíficos años de la consolidación de procesos electorales, ha cedido frente a los angustiosos años de la desesperanza democrática. Las grandes fracturas sociales son cada vez más evidentes; así como, también, los son las justificaciones para la movilización social, la oposición y el descontento.

    Pueden coexistir consolidación de procesos electorales y violencia. Si valoramos pobreza y miseria estructurales o sistémicas como violaciones de derechos humanos, la institucionalización de procesos electorales en América Latina tiene más bien como condición la violencia social, política y cultural. De forma parecida ocurre con la discriminación de sexo-género y generacional. También de la étnica. Son solo tres referencias. Luego elecciones consolidadas pueden ser un signo externo de una violencia estructural y situacional. Ejemplos: Colombia, Guatemala, México. Si le creemos a la gran prensa, Venezuela. Esta última referencia es para no parecer irreductiblemente sectario y se hace desde Costa Rica donde esa prensa muestra al régimen venezolano como expresión de un Satán adinerado, criminal y analfabeto. Todas las experiencias sociohistóricas son discutibles, puesto que son protagonizadas por fuerzas sociales y seres humanos. Ninguna es absolutamente necesaria. Todas podrían ser diversas a como se presentan. Por qué se presentan así es la discusión.

    La desesperanza no se produce politicistamente ante los valores democráticos, sino que se sigue del pensamiento único, de los partidos pragmáticos, de la corrupción y venalidad impunes, del reinado de los banqueros, del desempleo, de la mundialización capitalista desagregadora y acentuadora de la propiedad/apropiación excluyentes, de la insuficiencia de la educación pública, del naufragio evidente de la ‘cultura’ política, de la baja o nula incidencia de los reclamos organizados, etc. Si bien puede ser cierto que cada vez más gente declara podría preferir un régimen autoritario pero socialmente integrador, también probablemente podría preferir un régimen democrático socialmente integrador a una dictadura. El problema consiste en que en América Latina, históricamente, los regímenes ‘democráticos’ no son socialmente integradores sino oligárquicos o neoligárquicos, clientelistas y mercantilistas. Desde luego, existen más posibilidades de oposición y opción. Un eje de oposiciones podría ser o un sistema social que, como tendencia, potencia la universalización del principio de agencia (‘otredad’ como diversidad legítima), o un sistema social que potencia, como tendencia, la desagregación y la discriminación (‘otredad’ como descalificación ciudadana y humana).

    En este momento se producen en América Latina explosiones sociales, movilizaciones sociales (de grupos de muy diversa gestación social y signo ideológico, como en Bolivia y Venezuela, que pueden ser electorales (como en Chile o México) y también puntuales y reivindicativas, pero se echa de menos a los movimientos sociales populares (campesino, ecologista, de mujeres con teoría de género, obrero, jóvenes y estudiantes, creyentes antiidolátricos, etc.). Esta ausencia (quizás derivada del apremio por o sobrevivir o consumir, propios de las lógicas de desagregación en el período, o de pugnas por el carácter del poder) quizás sea factor de una cultura o sensibilidad de desesperanza.

    De lo que no se hablará, pero con lo que se está de acuerdo (en las referencias escogidas) se iba a mencionar, pero por razones de espacio y tiempo baste el botón incluido en el punto (b) y alguna otra observación más marginal en (c).

    Se insiste en que el expositor no pretende tener la razón sobre ninguno de estos puntos sino apuntar razones (muy esquemáticas) que permitan avanzar discusiones y formar criterios. Las observaciones son abstractas y básicas y de ellas no se puede seguir directamente ningún análisis de situación particular.

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    Sitio web:
    Helio Gallardo Pensar América Latina
    http://www.heliogallardo-americalatina.info/

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