Presentación en Universidad

de Costa Rica, octubre 2008.

 

  

Cuestiones básicas. El criterio o principio de agencia es central para que los sectores populares, movimientos, individuos, se piensen a sí mismos, cuiden de sí y se ofrezcan como testimonio (comunicación, emprendimientos comunes). Esto quiere decir que el principio de agencia tiene un valor político para la lucha popular.

 

En el habla, el término ‘agente’ se opone a ‘paciente’. Agente es quien (o lo que) actúa. Paciente el que (o lo que) sufre o soporta la acción del agente. El término ‘agente’ proviene del latín ‘agere’ (hacer) y la tradición filosófica lo relaciona, desde la Antigüedad con “causa”, o sea con la persona, cosa o principio que produce un efecto.

 

El principio de agencia, en cambio, es una categoría mediante la cual sectores de las sociedades modernas intentan imaginarse o pensarse a sí mismos. Aparece por la necesidad que tienen los grupos y fuerzas emergentes (comerciantes, banqueros, etc.), que disputan el poder político-cultural a los sectores tradicionales (señores, sacerdotes), de señalar que los seres humanos y no Dios hacen la historia. No se trata de una cuestión teológica, aunque por su forma lo parezca, sino política. Dejar a Dios en manos y liturgias de sus representantes ‘autorizados’ o consagrados, los clérigos, significaba concederles poderes públicos (incluyendo el carácter divino de los reyes) lo que bloqueaba el auge de la economía dineraria ligada al comercio de bienes y de dinero (banca). Se trataba de transferir todo el poder, y su legitimidad y prestigio, al dinero. Y por lo tanto Dios debía ser desplazado de la esfera pública a la privada (opción personal).

 

De aquí la tesis moderna: el ser humano hace la historia. El principio agente de la historia es el ser humano. Este criterio enfrenta al de Dios hace la historia, que era el vigente. Aunque contiene alcances de muy diverso tipo, su sentido central es político. Se trata de transferir (se) poderes que se valoran secuestrados por señores y sacerdotes.

 

El principio de agencia se inscribe por tanto en un imaginario (y en filosofías e ideologías) liberal que, en su momento, fue revolucionario porque buscaba patentizar lo emergente y nuevo (valorado como bueno o mejor) en el seno de las sociedades tradicionales a las que enfrentaba y criticaba.

 

Lo básico del principio de agencia es considerar al individuo humano como actor responsable por sus acciones. Para resultar responsable la acción de este actor, o sujeto debe ser libre. Su discernimiento libre supone tanto voluntad como racionalidad. En síntesis de Amy Gutman, de la Universidad de Princeton: “Hay agencia si existe un sujeto que actúa deliberadamente, un sujeto responsable por sus acciones”.

 

El planteamiento puede sintetizarse como el sujeto humano hace la historia. Sin embargo, esta propuesta puede leerse de diversas maneras: a) el individuo (Humano) hace la historia; b) el sujeto humano social, hace la historia, o c) la Humanidad hace la historia.

Si consideramos (c), “la Humanidad hace la historia”, encontramos que el motor de ésta es un concepto/valor. Esto quiere decir, que las personas, las gentes, los diversos sectores sociales, deben acomodarse a lo que ese concepto (Humanidad) contenga y les proponga. Desde este ángulo, y sin perjuicio de otros comentarios, la historia resulta el producto de un ideal y contiene una finalidad o telos” (de aquí la palabra “teleología” = orientada a fines últimos). La existencia histórica de la gente resulta apropiada, en el sentido de propia, si se apega a ciertos valores, que son administrados (cautelados, sancionados) por autoridades. En breve, el antiguo Dios (administrado por sacerdotes) ha sido reemplazado por la Humanidad (un concepto metafísico, en realidad) administrado también por regentes que se autoconfieren un estatuto inapelable.

 

La tesis (a), “el individuo hace la Historia”, admite al menos dos lecturas. Resulta posible imaginar al ‘individuo’ como pre-social. Esto quiere decir que los individuos de la especie nacen humanos y, por serlo entran en relaciones sociales (o si lo prefieren, no lo hacen). Se trata de una forma ideológica (en el sentido de falseada) de entender la existencia humana. Los seres humanos son sociales y carecen de toda posibilidad de hacer de alguno de sus rasgos, incluyendo su base biológica o carácter, un factor pre-social. El liberalismo (concepción de mundo y doctrina política) inicial imaginó y propuso que los individuos eran pre-sociales porque si los entendían como lo que eran, sociales, los entregaban a las tramas de autoridad y vasallaje existentes en ese momento (señores y curas). Por tanto, ‘tenían’ que ser pre-sociales para nacer iguales y libres y producir sus derechos (o, después, reclamarlos).

 

Cuando se asocia al liberalismo con el individualismo se suele estar haciendo referencia a este no factible, aunque imaginable, individuo pre-social. Este ‘individuo’ imaginado, por ejemplo, es quien sostiene la propuesta de que derechos humanos son innatos, o sea nacen con uno y no resultan de tramas sociales (iusnaturalismo). Existe, por tanto, por tanto una lectura individualista, pre-social, del principio de agencia.

 

El lema “el individuo hace la Historia” puede ser visto también desde otro ángulo. El énfasis se pone aquí en ‘Individuo’, con mayúscula. Quiere decir que la historia humana se mueve y se da sentido por la acción de las Grandes Personalidades o Grandes Hombres que tienen la capacidad de leer el sentido de esta historia y comunicárselo a sus pueblos (masas, naciones, etc.) para guiarlos en lo que es su destino histórico, no el puramente personal. Estos ‘grandes hombres’ pueden o no pertenecer a estratos privilegiados (nobleza, burguesía), y su acción es la que ‘hace’ la historia la que puede adquirir de esta manera facetas irracionales de inspiración pre-capitalista y también capitalistas-románticas. Pero aunque el liberalismo moderno no comparte esta propuesta como tal (por su irracionalismo incompatible con el cálculo de negocios) puede asumirla en algunos de sus rasgos haciendo de las Personalidades Excepcionales (por su energía, perseverancia y racionalidad) el motor de la historia. En América Latina, cuya modernidad a secas es polemizable, el irracionalismo ligado a esta interpretación del lema “el individuo hace la historia” se pone de manifiesto tanto en los caudillismos, mesianismos y personalismos como en el desprecio por la gente de a pie (“vulgar” o chusma) y la valoración relativa de las masas que siguen al líder, todos ellos elementos propios de una cultura política señorial no-aristocrática.

 

Una versión cualitativamente diversa, aunque enteramente moderna, de la propuesta (a), “el individuo hace la historia”, fue realizada por C. Marx en “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” (1852). Escribe: “Los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en aquellas circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y que les han sido legadas por el pasado”.

La fórmula de Marx sirve para criticar tanto la interpretación (c), “La Humanidad hace la Historia”, por abstracta o indeterminada, como la interpretación (a), “El individuo hace la Historia” en cualquiera de sus versiones, por ideológicas, o sea por políticamente antipopulares.

 

La propuesta “los seres humanos hacen la historia, pero en condiciones que no determinan enteramente”, nos introduce a la lectura de (b) “El sujeto humano social hace la historia”. Como cualquier otra propuesta aislada de su contexto conceptual, puede ser leída de distintas maneras. “Sujeto humano social’ puede significar “los costarricenses…” o “los colombianos…” en el sentido de ‘todos ellos’ como si fuesen un único emprendimiento colectivo o social, un sujeto integrado, no-conflictivo. Pero también puede remitir a un conflicto entre diversas maneras de sentirse y ser costarricense o colombiano, conflicto que es material y que no puede resolverse exclusivamente mediante consensos. En este segundo caso, “sujeto humano social” remite a fuerzas sociales conflictivas. La historia resulta de una o varias luchas entre sectores sociales enfrentados objetiva y subjetivamente.

 

Las razones básicas (y estructurales) de los conflictos que dividen y enfrentan a este ‘sujeto social’ están dadas por relaciones de dominación/sujeción (y sus instituciones) a las que unos querrían prolongar o reproducir y que otros estiman insoportables y, por ello, se proponen cambiar. Estas dominaciones pueden ser étnicas, generacionales, económicas o de sexo-género (o todas ellas articuladas), locales e internacionales, por ejemplo.

 

Una manera de lograr que las dominaciones se reproduzcan es buscar impedir institucionalmente que quienes son sujecionados (dominados) alcancen su estatura de agentes o sujetos sociales. Esto último es un proceso. Se trata de ahogar ese proceso o de cortarlo. Así, los dominados llevarán la reproducción de sus condiciones de dominación/sujeción en su corazón (subjetividad) y no querrán cambiar su dependencia. Tal vez internalicen la dominación que sufren como ‘natural’ y satisfactoria. Esto quiere decir que en sociedades con principios de dominación o imperio, como los mencionados, no resulta factible el principio universal de agencia porque a algunos sectores debe negárseles la condición de sujetos sociales para que la dominación se reproduzca sin necesidad de represión extrema. Dicho directamente: en sociedades con principios de dominación no resultan factibles ni derechos humanos ni regímenes democráticos de gobierno (mucho menos una cultura democrática) porque en estas formaciones sociales no puede darse la extensión universal del principio de agencia.

 

Estas apreciaciones elementales deberían bastar para asumir la significación del principio de agencia para las luchas sociales populares. Pero, por supuesto, este principio de agencia no debe ser leído desde su posicionamiento liberal individual, antipopular y metafísico. Se hace necesario reposicionarlo desde una crítica social.

 

 

Introducción a la crítica social del principio de agencia. En su versión liberal clásica el principio de agencia parte de un individuo imaginado como pre-social. En la especie humana este ‘individuo’ no es factible en tanto es punto de partida para imaginar las relaciones sociales o sociedades. El ‘individuo’ humano, o sea la personalidad singular, existe en la especie humana, pero como punto de llegada de tramas sociales e instituciones. A los discursos que hacen del no-factible individuo pre-social punto de partida de la existencia humana se las considera aquí ideologías individualistas.

 

Los caracteres de la especie humana, y las tramas institucionales sociohistóricas por medio de las cuales ellos se materializan, potencian las diferenciaciones que hacen a los seres humanos ‘individuos’ o personalidades diferenciadas. Los seres humanos no son iguales, sino diversos. El criterio de ‘igualdad’ humana es negativo: nadie debe ser discriminado por su diferencia, esta última inevitable. La especie humana, vista abstractamente, se materializan en múltiples individuaciones, tanto en lo que corresponde a personas como a culturas, o sectores. Estas individuaciones son irreductibles, o sea no equiparables, pero no hacen perder su carácter social a la experiencia humana.

 

Luego, los individuos humanos son socialmente producidos como tales. Algunos de ellos nacen hembras y otros machos, por ejemplo. Las formaciones sociales con principio de dominación patriarcal generan lógicas institucionales de modo que los segundos imperen sobre las primeras, es decir las discriminen y opriman, objetiva y subjetivamente.

 

El ejemplo muestra que lo que hace el criterio liberal individualista es invisibilizar las relaciones de dominación o tramas sociales constitutivas de la experiencia humana. Según el imaginario liberal, el individuo-mujer y el individuo varón nacen libres e iguales. Si existen relaciones de dominación, ellas surgen por necesidad natural. Por ejemplo, debido a que los varones son más fuertes o más inteligentes o mejores guerreros. O porque Dios es macho, como grita la letra de una canción.

 

Lo que enfatiza la crítica social del principio de agencia es que tanto hembras como varones humanos nacen en el seno de tramas sociales de dominación, en este caso patriarcal, y que de ellas, una producción humana, resulta la dominación ‘natural’ de las mujeres por los varones.

La crítica social del principio de agencia repara por tanto no en las diferencias entre individuos, sino en las determinaciones sociales de producción de esas diferencias, en particular en las que se traducen en relaciones asimétricas de poder y en sus mecanismos de reproducción y potenciación. Así, no rechaza lo obvio: que los individuos son diversos, sino que se pregunta por las condiciones sociales básicas y específicas que hacen de la diversidad una base para la discriminación social. O, si se lo prefiere, cómo los mecanismos de discriminación social se constituyen como factores de diversidad.

 

Esta discriminación puede traducirse en rebajamiento, explotación, reificación (tratamiento de los seres humanos como cosas u objetos) y, en el límite, otredad negativa metafísica. En este último caso, los seres humanos se transforman en no-personas, en “desechables”, tal como las mujeres y varones presos en Guantánamo o los torturados en Abu Ghraib (Irak). Pero todas y cada una de estas situaciones tienen como común denominador que a quienes se les niega el carácter de agentes o sujetos convocan una violencia que tiende a quedar impune.

 

Los sectores sociales populares, y los individuos populares, pueden ser descritos como aquellos que sistémicamente han sido puestos en situación de “no ser dueños de su vida, y lo saben”. Porque ‘lo saben’ (sienten, analizan, imaginan o sueñan algo distinto) se organizan y luchan para personificar y testimoniar su principio de agencia particular (mujeres, indígenas, jóvenes, obreros, etc.) y testimoniar asimismo su necesidad universal (que todos los seres humanos sean institucionalmente producidos por las instituciones y sus lógicas como autónomos, discernidores, productores de opciones y también de la capacidad para optar entre ellas… con el fin de hacerse efectivamente responsables por lo que eligen y por cómo lo eligen).

 

La crítica social del principio de agencia no se limita a señalar la falsedad de su gestación (y uso actual) liberal, sino que busca constituirse en factor de la lucha social (y política) de quienes sufren discriminaciones sistémicas que les impiden comportarse como agentes, o sea como sujetos individuales y sociales capaces de producir experiencias de existencia humanas (o antihumanas) y de responsabilizarse por ellas. En breve, el eje de la crítica social del principio de agencia es su interés por las luchas que potencian para avanzar en la creación de condiciones sociohistóricas que posibilitan la libertad para todos los seres humanos (principio de agencia). Esta libertad resultará de diversas y prolongadas luchas de liberación.

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   Referencias:

   Gallardo, Helio: Teoría Crítica: Matriz y posibilidad de derechos humanos, David     Sánchez Rubio editor, Murcia, España, 2008.

   Ignatieff, Michael: Los derechos humanos como política e idolatría, Paidós, Barcelona, España, 2003.

   Marx, Carlos: El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, en Marx-Engels, Obras Escogidas, Ciencias del Hombre, 8 vols., Buenos Aires Argentina, 1973.

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Octubre 2008.