Universidad, N° 2026,

febrero 2014.

 

    
     La Nación S.A. encabezó su párrafo electoral del 3 de febrero con el siguiente versito: “El primer gobierno del PAC o un tercer gobierno consecutivo del PLN. Ese es el dilema que los costarricenses tendrán que definir el próximo 6 de abril cuando Luis Guillermo Solís y Johnny Araya se enfrenten en una segunda ronda electoral” (p. 4A). Es como el periódico quiere verlo. La realidad, por supuesto, es otra. El PAC y el Frente Amplio, cada cual según su raíz y perfil, adversan el modelo político e ideológico neoliberal con que han manejado el país en los últimos 25 años tanto los que se autodefinen “liberacionistas” como quienes afirman tener identidad “socialcristiana”. En la elección recién pasada los últimos, considerados solo los cinco primeros puntajes, alcanzaron el 46.76% de los votos. El PAC y el Frente Amplio fueron votados por el 48.09% de los costarricenses. Victoria electoral y política estrecha, pero victoria. Victoria que se expresa, aunque con otro carácter, también en la Asamblea Legislativa. En ella el PAC y el Frente Amplio suman 22 diputados. Los neoliberales 30 (a las seis de la mañana del 3 de febrero). En este caso la victoria del PAC y el Frente Amplio no es numérica, sino política. Nunca ha existido esta cantidad de diputados adversarios del modelo de crecimiento económico sin equidad social y que envilece al país y sus riquezas naturales para acumular ganancias para unos pocos.

   La mala noticia es que los ciudadanos que respaldaron al PAC y al Frente Amplio no votan para determinar el peso neoliberal en las “oficinas técnicas” que determinan las finanzas nacionales ni para cambiar un Poder Judicial costoso, lento, conservador y disfuncional si se desea resoluciones prontas y efectivas. Tampoco el voto de febrero afecta la voluntad de una prensa que sesga información de acuerdo a intereses mercantiles particulares. Un botón: la portada post electoral del periódico La Nación S.A. incluye en su ángulo inferior derecho el subtítulo: “Empresarios: Inversión y empleo se frenarían”. Debe leerse: “¿Quieren otro modelo ticos cabrones? Pues les daremos desempleo y hambre”. Si se mira la página 8, a la que remite el encabezado, en realidad “los” empresarios no lo son. Y quien opina (uno de sus dirigentes) estima que el PAC es ‘conversable’ y que terror solo le producía el Frente Amplio “… que ha legislado contra el sector privado” (¡!). Ya se ve: si un solitario diputado del Frente Amplio logró legislar “contra el sector privado”, imaginen nueve y eventuales 22 o más.  

    Habría que preguntarse si para el “sector privado costarricense” (debe leerse la inversión privada en Costa Rica, que no es lo mismo) sus ganancias resultan absolutamente incompatibles con la inclusión y la justicia social. Si es así, cuestión disputable, la ciudadanía votó el segundo día de febrero mayoritariamente contra esa incompatibilidad. Los costarricenses desean una sociedad que articule constructivamente ganancia privada con empleo y equidad. Esto quiere decir, propiedad privada con salud y salubridad. Propiedad privada con educación pública de primera. Propiedad privada con respeto al salario mínimo. Propiedad privada con mercados laborales capaces de acoger a la población activa en especial a mujeres y varones jóvenes. Propiedad privada que paga impuestos cuando obtiene ganancias. Es un sueño. Pero si no se intenta, nunca se sabrá si es factible. La mayoría votó por ese sueño. Si los empresarios estiman perverso o aberrado ese sueño, deben decirlo. Así quedará claro que la voluntad electoral de la mayoría no sirve para nada y que cada costarricense debe arreglarse como pueda para existir y proveer su sustento y el de su familia. Es la guerra y en ella cada uno va contra todos. O casi todos, sumisos, aceptan la explotación y la penuria. Esto es lo que se disputa el próximo 6 de abril.

   El 48.09% de los costarricenses votó asimismo contra la corrupción, venalidad, clientelismo y tecnocratismo en el ejercicio de la función pública. La cifra es baja. El rechazo de esas lacras, cuestión que Araya se negó a discutir y que ni siquiera mencionó, debió alcanzar más del 90% de los votos. Esto porque la gran mayoría de los costarricenses, como en todas partes, es gente decente. Puede estar confundida, pero en último término es gente decente. La votación del PAC y del Frente Amplio el 2 de febrero fue un primer paso firme hacia un modelo que se afirma en la gente decente y la respeta. Preciosa victoria. Y aquí los derrotados tienen la opción de convertirse. La Nación S.A. incluida.
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