Universidad de la República,

Uruguay, agosto 31, 2011.

 

     Mesa Inaugural (*)

 

     1.- Mi agradecimiento al Núcleo-Red interdisciplinario “Pensamiento Crítico en América Latina y Sujetos Colectivos” de la Universidad de la República por su invitación y por permitirme estar en este intercambio inaugural.


    Quizás algunos de los términos que utilizaré en esta breve intervención (que quiero respete el tiempo fijado por los organizadores) pueden resultar extraños o agresivos para quienes llevan ya un par de años trabajando en este experiencia de sujetos colectivos. Ustedes asocian esos términos con sus propias vivencias. Los llenan con su vida. Este expositor cae de súbito aquí en Uruguay, como desde un helicóptero, desconociendo estas experiencias. Me disculpo de antemano, por tanto, por los posibles malentendidos y ruidos. Y manifiesto mi sincero aprecio por lo que ustedes, organizaciones sociales y Universidad, han venido haciendo.


    2.- Voy a intentar realizar algunas observaciones básicas en relación con la propuesta fijada para esta Mesa. Si son básicas, suponen varias ficciones: la de que América Latina, por ejemplo, un nombre cómodo, es una sola realidad. Por supuesto, no lo es. Y sus conflictos, que existen, tampoco tienen los mismos antecedentes, sentidos y alcances, digamos en México que en Uruguay.


    3.- La expresión política, es decir humana, “sujetos colectivos”, es propia del imaginario moderno. Esto quiere decir que ni el bíblico pueblo de Israel ni el colectivo de individuos libres gestado por Clístenes en la antigua Atenas, constituían o constituyeron un sujeto humano colectivo. Los primeros porque se sometían a un Dios y encontraban su identidad en este sometimiento y los segundos porque se subordinaban a una ley natural, cósmica.


    Ambos colectivos, además, excluían. El pueblo de Israel a quienes no eran israelíes y los atenienses a quienes no eran libres. Por supuesto, hebreos y atenienses excluían de la humanidad activa a las mujeres y a los derrotados.


    4.- Un sujeto colectivo humano refiere por tanto a una autonomía que se proyecta como autoestima y a una universalidad (un lugar donde quepan todos los uruguayos, por ejemplo, aunque su reunión no los torne iguales), universalidad que se pretende o busca desde una particularidad y, si se apremia algo al pensamiento, desde una singularidad. La Universidad es una institución particular que se expresa mediante su singularidad: una Facultad de Ciencias Sociales, por ejemplo y, dentro de ella, un Núcleo-Red de Pensamiento Crítico y Sujetos Colectivos. Hacen esto desde la autonomía (siempre relativa) de quienes configuran sus diversos sectores y sus acciones les dan identidad y autoestima. Irradian esta autoestima a todos mediante el testimonio de que una articulación positiva entre diversos es posible y deseable, buena en términos de emprendimiento colectivo y la capacidad de estos emprendimientos para producir humanidad genérica. Este aspecto de la existencia universitaria y de los colectivos uruguayos que participan en la experiencia, destruyen el mito bíblico de la Torre de Babel.


    5.- El sujeto colectivo humano contiene entonces una experiencia compleja de reconocimiento, acompañamiento, organización y programación entre diversos que son autónomos o libres y particulares (situados) que proponen su experiencia como articulación posible y universal, es decir sin exclusión, o, mejor, sin relaciones que potencien la exclusión y el rebajamiento de algunos. Al hacer esto, producen y testimonian un camino que tiene como referencia la autoconstitución de humanidad genérica. Esto se hace desde una experiencia que quizás ustedes mismos consideren embrionaria y humilde y que quienes configuran los presupuestos tal vez valoren prescindible. Bueno, se trata de una propuesta de construcción de humanidad genérica. Algo enorme, potenciador y deseable. Por supuesto, se trata de uno o varios procesos.


    6.- La experiencia de la institución universitaria pareciera de esta manera un interlocutor excepcional para los sujetos colectivos humanos. Esta “facilidad” o proclividad (en un sentido positivo) no es tal. La institución universitaria no cae hecha desde el cielo ni en Uruguay ni en ninguna parte del planeta. Ella expresa, a su modo, sus premisas sociales, culturales y geopolíticas. Estas tres referencias, y podrían hacerse otras, señalan imperios, dominaciones y, con ellos, conflictos. La universalidad de la “universitas” y de su “humanitas”, allí donde estas últimas se pretenden, suele ser falsa.


    Esto, por sus premisas sociales locales e internacionales. La falsedad de la “humanitas” y de la “universitas” universitaria se ponen de manifiesto, por ejemplo, en sus desviaciones tecnocráticas (disciplinarias), burocráticas y docentistas, lo que no solo excluye a muchos saberes y posicionamientos humanos. La universidad quiere decirles (instruir) a todos (y desasnar a todos), pero no admite la posibilidad de que sea ella quien requiere desasnarse y alterar, por ejemplo, su configuración disciplinar y las estancas solemnidades y pompas que ellas determinan.


    Tecnocratismo, burocratismo, docentismo y ausencia de autocrítica radical descomponen 'universitariamente' la universalidad dignidad de la experiencia humana en tanto ella se presenta y ofrece actuación como particular y específica con horizonte de universalidad.


    En ocasiones esta descomposición o babelización se recubre con un discurso “humanista” o “social”,  ideológico por abstracto y porque proviene de un actor cultural que no cuida adecuadamente de sí.


    7.- De esta reflexión, más melancólica que agresiva, pueden desprenderse tareas para las instituciones universitarias. Indico dos:


    a) avanzar en modestia, cultivarla y practicarla. Crear bachilleratos, licenciaturas y doctorados  en modestia. Hacer de la modestia factor de la sensibilidad universitaria. La modestia es un factor que ayuda en la autocrítica. Y desde la autocrítica radical abrirse y ofrecerse como una experiencia humana particular pero que se desea con horizonte de universalidad, es decir que se propone como un mundo cuyas tramas básicas no permiten que ninguna experiencia resulte excluida o sometida;


    b) autoconstruirse como factor que examina, critica y demuele las lógicas de dominación que, dentro y fuera de la Universidad, impiden a avanzar en el reconocimiento y acompañamiento de la universal dignidad de las inevitablemente particulares experiencias y testimonios de los seres humanos y sus colectivos.


    8.- Y una última, no por casualidad, palabra para los colectivos sociales populares que se han inserto en este programa y son actores en él: ustedes son el motor principal de la iniciativa. No desfallezcan, sean tenaces, no se disfracen. Ustedes aportan infinitamente más de lo que reciben. Compartan todo. Ayuden a esta universidad, y a las de todo el mundo, a crecer en humanidad situada.

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    (*) Participan Rodrigo Arocena (Rector de la Universidad de la República), Alfredo Falero (Núcleo Red Pensamiento Crítico en América Latina y Sujetos Colectivos, Ciencias Sociales, Universidad de la República), Carlos Areán (Mesa de Autogestión) y Gustavo Fernández (Centro Social El Galpón de Corrales), integrantes del Colectivo de Organizaciones Sociales que co-organizaron el encuentro.