En Periódicos

Antecedente

 

 

    La prensa comercial masiva de mayor circulación en Costa Rica no se caracteriza en sus páginas de opinión exactamente por su lucidez y progresismo. Más bien lo usual es encontrar en ellas, con transparencia y expuestas, en los mejores casos, con cierta ingenuidad, las tesis más desinformadas, conservadoras y reaccionarias. Un comentarista, por ejemplo, estima que los dirigentes sindicales que opinan sobre un tratado de libre comercio deben ser declarados sediciosos y encarcelados. Otro, que cada costarricense debe tener la educación y la salud que pueda pagar individualmente. Un ‘especialista’ asevera que la seguridad en el empleo no es ya más un valor social y que cada trabajador debe hacerse a la idea del despido día con día. Un cuarto, que las niñas que se prostituyen (el país es un lugar preferente del turismo sexual) deben ser consideradas mujeres adultas y perversas y tratadas en consecuencia, o sea castigadas como delincuentes. La adhesión fervorosa a las acciones de los gobiernos estadounidenses y el desprecio invisibilizador por el Tercer Mundo y América Latina, se transforma en altanería y sospecha frente a los centroamericanos. Por supuesto, se dan minoritarias excepciones.

 

 

    Curiosamente, este aluvión grosero de intereses, ignorancias, egoísmos, codicias, hipocresías y vanidades parece ser aceptado e incluso degustado por los públicos. Al menos no se escuchan protestas masivas ni de los lectores ni de los profesionales del periodismo a quienes este estilo sistémico de ejercer la libertad de expresión (que se extiende a las informaciones) debería preocupar. La peculiar inclinación por la infamia hizo que, por cortesía con el sentido común costarricense, quien esto escribe se abstuviera de opinar en los medios de comunicación.

 

Finalmente, el que una editorialista de televisión asociara los cohetes, que la coalición multinacional arrojaba contra la población civil de Bagdad durante la llamada “Guerra del Golfo (enero de 1991), con los fuegos artificiales con que se celebra la Navidad en Nueva York, rompió esa abstención que pasaba a ser ya complicidad con el desafuero y la estulticia. Colaboro desde entonces, gracias a la generosidad de sus distintos directores, con el Semanario Universidad, único medio escrito alternativo del país con circulación significativa.

 

 

    En el año 2004, algunas circunstancias (comprensibles limitaciones de espacio, básicamente) me llevaron a solicitar a la dirección del quincenario OJO la posibilidad de escribir en sus páginas. Cordialmente se me concedió ese espacio y pasé a ser su único comentarista permanente durante dos años. Promediando el año 2006 una posible reconfiguración ideológica y política del periódico hizo que tanto Alberto Cañas, un notable en el medio local, como quien aquí escribe fuéramos eliminados del medio, en mi caso sin ninguna comunicación. Sin embargo, hecho el movimiento, la inercia se impone. Decidí seguir realizando los comentarios que se publicaban en el quincenario y es así como se editan en este espacio. Los artículos de este Ojo Censurado existen únicamente en esta edición.

 

 

H. Gallardo
Agosto del 2006

Universidad Omega,
N° 59, julio, 2018

 I

   El principal medio-cloaca impreso de Costa Rica, La Nación S.A., ha instalado para sus lectores a Carlos Alberto Montaner como “el intelectual de los domingos”, antes o después de misa. A pocos días de la victoria de Andrés Manuel López Obrador, este primero de julio del 2018, Montaner dedicó al político mexicano su columna del día de Dios. La tituló, fiel a su estilo “El populismo es inmortal, como las cucarachas” (LN: 16/06/2018). También dentro de su estilo, provocar con la burla fácil y desinformada, la asociación que establece entre populistas y cucarachas (todo el mundo sabe que se debe aplastar a las segundas o erradicarlas) no la utiliza para calificar a Andrés Manuel López de “populista”. Era solo un chiste para el encabezado. López es solo en parte populista. Montaner escribe: “En realidad, AMLO tiene aspectos populistas y otros que no lo son. Es un aficionado al gasto público, como instrumento para superar la pobreza, pero no creo, dada su biografía, que se perciba como un outsider. Es la quintaesencia del político convencional, maniobrero, capaz de forjar una alianza con cualquiera con tal de llegar a Los Pinos”. No coincide Montaner con la opinión de Jorge Volpi, un intelectual y escritor mexicano (y a quien difícilmente podría considerarse ‘populista’ o ‘de izquierda’), quien describe así al recién electo Presidente de México (que deberá esperar hasta fin de año para ingresar a su cargo): “Sus defectos se convirtieron en virtudes: su obcecación, su temple, su fe (habrá que llamarla fe) hacia su propia causa y hacia sí mismo. Contra viento y marea —uso intencionalmente el título vargasllosiano—, logró, en su tercer intento, la presidencia de la República. Su campaña fue tan precisa como desastrosa la de sus rivales. Fiel a sí mismo, asentó los únicos temas que parecían importarle, la desigualdad y la corrupción, y dejó que Ricardo Anaya y José Antonio Meade se aniquilasen mutuamente. La cruel derrota de ambos cimbrará a sus partidos: el PRI, otrora hegemónico, podría volverse testimonial, mientras que en el PAN (por no hablar del PRD) ya ha comenzado el fratricidio. He aquí uno de los peligros que nos acechan: no tanto la falta de contrapesos ahora, cuando hay un mandato claro hacia Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), como de alternativas en caso de que falle” (El País: “Otro México”, 3/07/2028). Volpi desea que Obrador no falle. También desea que no permita que le generen condiciones que lo hagan fallar. Volpi, quizás, advierte la necesidad de un México mejor, mucho mejor. Montaner desea un México peor porque así prosperarán los sinvergüenzas y los explotadores para los que escribe: “En México, he escuchado definir la corrupción cínicamente como “una forma de distribuir la renta y mantener a la gente contenta”. No se confunda el lector. Montaner no ha escuchado eso en México, o si lo hizo, disfrutaba de la hospitalidad de ‘personalidades’ priistas o panistas o de miembros de la Conferencia Episcopal. Lo que Montaner desea enfatizar es que el México corrupto jamás podrá cambiar. Montaner ha sostenido que los latinoamericanos somos corruptos por naturaleza. Es parte de su metafísica arbitraria. Pero él es de origen cubano. Y el pueblo cubano, como el mexicano, difícilmente podría caracterizarse generalizadamente como “corrupto”. En América Latina, como en todo el mundo, existen individuos y sectores sociales corruptos, otros a veces corruptos y a veces no y también no-corruptos e incorruptibles. Ninguna de estas predicaciones resulta inalterable. Un corrupto puede transformarse en su contrario. Y alguien que parecía incorruptible puede ceder. López Obrador desea avanzar condiciones para que en México la corrupción, en algún momento, se predique de situaciones e individualidades singulares, no del sistema.

   Cito el párrafo inicial del artículo de Volpi: “Este primero de julio de 2018 fue derrotado el México de las élites y el México de la desigualdad. El México neoliberal y el México de la guerra contra el narco. El México de la corrupción como modo de vida y el de las 200.000 muertes en dos sexenios. El México de Ayotzinapa y el de la Casa Blanca. El México que se obcecó con cerrar los ojos a la barbarie y el del miedo al cambio. El México de la desilusión y el del conformismo. El México de quienes defienden doce años de desastre como nuestra única normalidad posible”. Lleva razón Volpi. Pero las transformaciones que enuncia su texto no se producirán en el corto plazo de un mandato presidencial, por hábil y enérgico que sea el mandatario o por sólida que sea su representación parlamentaria. La agenda de López Obrador implica articular y sumar fuerzas sociales y culturales a su sólido respaldo electoral de más del 53% del voto ciudadano (la segunda posición alcanzó poco más que la mitad de esa cifra). El triunfo de Morena no es solo el inicio de un nuevo gobierno sino, como lo señalara la misma coalición, una Cuarta Revolución en México: para que lo sea debe protagonizarla, es decir hacerla suya, la mayoría de sus gentes. Un gobierno puede diseminar semillas e iniciar procesos. Pero las revoluciones las hacen los pueblos en sus existencias o se fracasa en ellas.

   Conviene aquí dedicar algunas líneas al adjetivo “populista” que un balbuceante Montaner no termina de aplicar al movimiento que lidera López Obrador. El alcance reciente del término “populista” proviene del imaginario neoliberal (tipo falso Consenso de Washington de la década de los 90 del siglo pasado). “Populista” quiso decir entonces cualquier idea o político que no aceptara la supremacía del mercado mundial y su ‘libre comercio’ sobre cualquier otro referente humano, la incompetencia del Estado (anteriormente desarrollista) para intervenir en esa ‘economía libre’ especialmente si su intervención aspiraba a sostener de alguna forma a los más desprotegidos, o sea a los que el mercado ‘libre’ y otras formas de dominación y explotación produce como “vulnerables” o “extremadamente vulnerables”. Un Estado que se inclina aunque sea tibiamente a favor de los “condenados de la tierra” resulta, para este imaginario, “populista”. Se trató  de un cambio fuerte del contenido del ‘populismo’ inicial para los latinoamericanos. Inicialmente los “populismos” (descritos principalmente por el sociólogo Gino Germani [1911-1979]) trataban sobre las administraciones de Domingo Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México y Getulio Vargas en Brasil. Todas ellas se centraban en un Estado nacional que aspiraba al desarrollo (era el clima económico-político-cultural en la mitad del siglo XX y después de la Segunda Gran Guerra) e impulsaba la integración ciudadana (aunque restringida según sus críticos) de las mayorías sociales populares. En este sentido los populismos eran anti oligárquicos (con ascendencia colonial). Lo que singularizaba a esos populismos era que la integración ciudadana a la nación-Estado se realizaba mediante la sugestión carismática (pasional) de un líder y no mediante la racionalidad que imperaba en el democrático primer mundo. El juego carismático líder-masas resultaba lo despreciable del populismo porque contenía violencia hacia la “gente bien” y también paternalismo, dictatorialismo, abusos, corrupción y, en general, disfuncionalidades que impiden alcanzar el status de una sociedad moderna cuya racionalidad se liga con desencantamiento racional y una adecuación de los medios a los fines. La administración Perón fue liquidada mediante un golpe de Estado que contó con la participación de militares, jerarquía de la Iglesia Católica, la embajada de EE.UU. y ¡comunistas! Perón ha sido el ‘populista’ más recordado de este período. El “populismo” de finales de siglo tiene otros caracteres. Como el ethos dominante ya no es el desarrollo sino el crecimiento ligado a un mercado mundial donde “todos ganan” (excepto los que no siguen las reglas de ese mercado) “populista” es a) el político irracional que quiere imponer reglas sociales al mercado, b) cualquier político que haga algo que disguste a la autoridad mundial que, para el caso específico de América Latina es EUA; c) todo político que viole las reglas de ‘la’ democracia, excepto que sea patrocinado por las constelaciones transnacionales e internacionales de fuerzas (FMI, Banco Mundial Naciones Unidas, OMC, OTAN, etcétera). Por ejemplo, el golpe de Estado en Honduras fue legítimo porque se dio contra un Presidente que quería reelegirse y que coqueteaba con Venezuela. Para Montaner “populista” es quien halaga/seduce al ciudadano con promesas imposibles (es decir prohibidas por los poderes transnacionales e internacionales constituidos), quien derrocha los fondos públicos para ganar fidelidades y quien desea cambios constitucionales que le permitan reelegirse indefinidamente (o sea, quien viola ‘la’ democracia). En realidad ‘populista’ puede ser cualquiera que no le simpatice al sistema transnacional e internacional de fuerzas. Putin es populista, Evo Morales es populista y López Obrador podría llegar a serlo si trabaja para alcanzar una mejor distribución de la riqueza que produce México. Si se limitara a enriquecerse personalmente no sería populista. Si hiciera de la ciudadanía responsable un valor para todos los mexicanos, entonces quizás sería acusado de populismo. Como se sabe, un régimen democrático y republicano de gobierno no es comida para trompudos. Un régimen democrático de gobierno a la medida del sistema en América Latina y quizás en todo el mundo demanda ciudadanos indefensos ante los poderes constituidos. Deseamos que el gobierno del Movimiento de Restauración Nacional mexicano trabaje sólidamente para alterar radicalmente este sentido.

II


      Interesan en este apartado no las opiniones acerca de López Obrador, vencedor rotundo en las recientes pasadas elecciones mexicanas en las que encabezó la propuesta del Movimiento de Restauración Nacional, sino su propio pensamiento. López Obrador asumirá la presidencia de México a finales de este año. Contará con mayoría legislativa. Recogeremos sus criterios del texto “México no es un protectorado estadounidense”, publicado en Le Monde Diplomatique (abril del 2017).

   Recojamos primero su posicionamiento en relación con el gobierno de Estados Unidos, cuestión axial para todo Presidente de México. Comienza con la constatación de un hecho político: la campaña electoral y el ejercicio de la presidencia  por Donald Trump, y su lema “Volvamos a hacer grandes a EUA”. Señala el presidente electo de México: “Hace alrededor de dos años el futuro presidente Donald Trump y sus asesores comenzaron a estudiar de manera sistemática el ánimo de los estadounidenses. Entre los sentimientos más frecuentes encontraron la decepción, la irritación, la ira, la tristeza y la desesperación. En política el método no tiene nada de extraordinario, sobre todo para aquellos que tienen el dinero suficiente para pagar este tipo de estudios cualitativos. Los trabajos desembocaron en un pormenorizado diagnóstico con evidentes fines electorales. Sólo restaba aprovechar este humor general, volverse su portavoz y avanzar en su interpretación con la esperanza de que impregne a toda la sociedad. Con un argumento impactante: mexicanos y musulmanes se volvieron  indeseables en Estados Unidos”. El punto se relaciona con el slogan de Trump: Make America Great Again que, en América Latina, ha de ser traducido como Devolvámosle a los Estados Unidos su grandeza. Para un gran número de población estadounidense ‘America’ es sinónimo de EUA.  O sea, no incorpora a América Latina ni al Caribe. Tampoco a Canadá. La superestrella de la NBA, el basquetbolista Lebron James, entiende el Make America Great Again como ¡Rehagamos la América Blanca! Por supuesto, rechaza este deseo y proyecto.

   López Obrador enfatiza que la campaña antimexicana de Trump no se originaba en un análisis económico (los trabajadores mexicanos que viven en territorio estadounidense, incluidos los de segunda y tercera generación, generan el 8% del PIB de ese país y entre ellos se cuentan maestros, médicos y empresarios y también campesinos y obreros en las fábricas). Se trata de ciudadanos que pagan sus impuestos y que, como colectivo, envían a México, anualmente, para ayudar a sus familias, más de 24 mil millones de dólares. Económicamente la migración de mexicanos a EUA favorece tanto a la economía estadounidense como a la economía mexicana. Y Trump lo sabe, aunque no le interesa porque su discurso  se ceñía y ciñe al deseo de conseguir el respaldo del sentimiento nacionalista estadounidense encarnando prejuicios y temores propios de una sociedad que enfrenta desempleo, subempleo, deudas y bajos salarios. Pero intentar transferir la responsabilidad de estas dificultades a determinados grupos sociales o culturales –ya sean nacionales o extranjeros– no es sino una burda maniobra político-electoral. Que pueda tener éxito circunstancial no cancela su grosería. Levantar un muro en la frontera común, y proclamar que lo pagarían los mexicanos, ignorando que ella es vulnerada ilegalmente de maneras distintas tanto por mexicanos como por estadounidenses puede caritativamente entenderse como el deseo de burlarse de sus ciudadanos mitificando (“inventando judíos”) las causas de sus miedos y malestares. Borrar a los mexicanos de sus existencias los haría sentir saludables. Trump declaró en el mismo inicio de su candidatura: “Cuando México envía a su gente, no envía a los mejores. No te envían a ti. Mandan gente que tiene muchos problemas y ellos nos traen esos problemas. Ellos traen drogas, traen delincuencia, son violadores”. Replica López Obrador: “México no “envía” a nadie a Estados Unidos. Cientos de miles de personas dejan el país para intentar ganarse la vida. Con frecuencia escapan de la violencia o de una situación económica catastrófica”.

   Y procede, como político maduro, a determinar la responsabilidad por el tránsito de los mexicanos a  EUA. Primero, habla de sus obligaciones: la fundante es la solidaridad mexicana “…con todos los migrantes. El primer paso del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) fue solicitar al presidente Enrique Peña Nieto una actitud firme. No la tuvo ni la ha tenido. El segundo, poner nuestra organización a disposición de nuestros compatriotas en Estados Unidos para brindarles ayuda jurídica. El tercero, invitar a los mexicanos a unirse para responder a la amenaza que enfrentan”. Las tres acciones se centran en una convicción “México no es una colonia ni un protectorado de ninguna potencia extranjera. Ante cualquier circunstancia, afirmamos nuestro derecho a la soberanía frente a la Casa Blanca, sin importar quien sea su locatario”.

   Propuesto los principios inclaudicables, vienen las tareas: “… nos fijamos dos tareas prioritarias. Por un lado, persuadir a los estadounidenses de que están siendo víctimas de un discurso demagógico pseudo patriótico que busca ocultar la enorme crisis económica que los afecta. Por otro, explicarle a los mexicanos la importancia de su trabajo del otro lado de la frontera así como el impacto sobre sus vidas de las dificultades que padece nuestro país desde hace treinta años.”. Hacia los ciudadanos estadounidenses, una advertencia. Hacia los ciudadanos mexicanos un programa de trabajo que contemple haberes y deudas. Ambos, para hacerles justicia. A los mexicanos el entonces candidato a la Presidencia les dice: “La emigración se explica de manera directa por la orientación neoliberal de los sucesivos gobiernos mexicanos, orientación cuyo fracaso forzó a una parte de la población a huir. No hay nación en el mundo que pueda resistir el estancamiento de la producción de la riqueza durante treinta años. A esto hay que sumar la violencia y la corrupción, de la que México es uno de los exponentes internacionales. El último informe de Transparencia Internacional ubicó al país en el puesto 123 sobre 176 países”.

    La solución para los desafíos y penurias que experimentan los ciudadanos estadounidenses es responsabilidad de sus políticos tal como es responsabilidad de los políticos mexicanos atender la acumulación de desafíos que supone una economía y una sociedad estancada durante treinta años. Indica López Obrador: “Respondemos (a nuestra responsabilidad) presentando un programa de desarrollo capaz de relanzar el crecimiento, crear empleos y mejoras las condiciones de vida de los mexicanos. El objetivo: enfrentar al mismo tiempo las causas que originan la emigración, la inseguridad y la violencia. No se resuelven los problemas sociales por la fuerza o erigiendo muros, sino mejorando las condiciones de vida de la gente. La manera más humana –y eficaz– de reducir el flujo migratorio mexicano sería relanzar la actividad agrícola, apoyar a los sectores productivos, crear empleos y mejorar los salarios. Y lo más rápido posible. Nadie sabe cuál será la capacidad de Washington de resolver el problema de la corrupción en su país; por nuestra parte, pretendemos erradicarla. Con ello, podremos destinar importantes recursos para mejorar las condiciones de vida y de trabajo en nuestro país”. Por rápido que se intente, no podrá cumplirse en un solo mandato. Morena tiene también la responsabilidad de crear condiciones para que se la distinga con un nuevo mandato ciudadano.

   López Obrador termina su mensaje de estadista: “El gobierno que queremos encabezar se mostrará siempre respetuoso con Estados Unidos, pero por ello no renunciará a hacer valer nuestra soberanía. Defenderemos incondicionalmente el derecho de nuestros conciudadanos a ganarse la vida trabajando honestamente donde lo deseen. Y no daremos el brazo a torcer: la mejor relación bilateral que podemos entablar con Estados Unidos es aquella que reposa en la cooperación para el desarrollo”. Por supuesto la relación con el Gobierno de EUA no depende exclusivamente del lado mexicano: “Tal vez logremos convencer a Trump de que su política exterior es equivocada. Esta es una batalla que debemos dar en el terreno de las ideas. Es una lucha contra los que atizan el egoísmo, y contra la actitud de rechazar a los que no pertenecen a nuestra clase social, a los que no provienen de nuestro país o a los que no comparten nuestras creencias religiosas. Incitar al odio contra los migrantes es una forma de atentar contra la humanidad en su conjunto. Las migraciones son fundamentales para todas las naciones y Estados Unidos ofrece el mejor ejemplo. La riqueza de una cultura reside en la suma de todas las influencias que tuvo: las lenguas, los saberes. Y los conceptos de López Obrador se apoyan en acciones: “Nos hemos encargado nosotros (ante la inacción del gobierno de Enrique Peña Nieto) con la presentación, el 15 de marzo del 2017, de una queja (contra los planteamientos de la administración Trump) en la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos que, precisamente, fue creada para promover el diálogo y el respeto entre las naciones”. No se trata de un discurso antiimperialista sino de un recurso internacional para detener las agresiones de los Estados contra sus poblaciones y contra sus vecinos. Es una acción legítima y racional. Una acción que permite poner en duda la racionalidad y legitimidad de quienes en América Latina 'sospechan' del hito político cultural hemisférico que han gestado los mexicanos al sufragar abrumadoramente por Andrés Manuel López Obrador y su MORENA. Corresponde a todos ahora seguir poniendo el hombro, denunciar para apoyar y criticar para mejorar colectivamente. La experiencia mexicana puede resultar el punto de inflexión para que toda América Latina aprenda ¡por fin! a construirse otra suerte.
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   Conversación

Alda, Luisa, Fernando (México).- En México ha circulado la opinión de los subcomandantes Moisés y Galeano del EZLN  y no están exactamente alborozados por el triunfo de Andrés López Obrador y de MORENA. Al final de su texto redactan: “Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”. ¿Cómo es que usted celebra? ¿Por desinformación? ¿Lo cooptó la derecha? Siempre quisimos imaginar que su espacio era un espacio crítico.

HG.- Les agradezco escriban. Conozco esa reacción del FZLN que parece firmada por los subcomandantes que ustedes mencionan. Está en Internet, en el sitio http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/07/06/mexico-ezln-convoca-a-encuentro-de-apoyo-al-cig-y-asegura-podra-cambiar-el-capataz-pero-el-finquero-sigue-siendo-el-mismo/ Ahora, ustedes y el EZLN residen en México y mi artículo no fue escrito para quienes residen en México sino para que fuera de México no exista solo o principalmente abierta desinformación sobre este momento mexicano. Esta es una primera cuestión. Una segunda es que la referencia que ustedes hacen al texto de los subcomandantes “Podrán cambiar el capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo” puede ser discutida con otro pasaje del mismo comunicado. Digo discutida, no polemizada porque se trata de una conversación, no de un enfrentamiento clasista o radical. Tampoco para conversar se requiere ser amigos. Solo aceptar que los distintos podrían tener razones, no la razón.

   El texto al que me refiero esta en el último tercio de la convocatoria zapatista y en ella, en el fervor del triunfo, se habla de una niña que busca un balón de fútbol (o algo): “Usted se siente generoso y, solícito, le pregunta a la niña qué busca. La niña le responde: “el balón”.  Y, sin voltear a verlo a usted, sigue con su mirada barriendo la gran construcción. “¿El balón?”, pregunta usted como si la pregunta viniera de otro tiempo, de otro mundo. La niña suspira y añade: “bueno, de ahí que tal vez lo tiene el dueño”. “¿El dueño?” “Sí, el dueño del balón, y del estadio, y del trofeo, y de los equipos, y de todo esto”, dice la niña mientras con sus manitas intenta abarcar la realidad concentrada en el gran estadio”. En la gran farsa/partido cumplidos en el estadio electoral (la alegoría es de los comandantes) existe un dueño de todo y él no ha cambiado, como si ha cultural y políticamente cambiado la pequeña pieza del rompecabezas que es el FZLN (ésta es otra referencia al texto zapatista). Subiendo al cielo o bajando al no-cielo, López Obrador y su Morena pertenecen al sistema (al dueño) porque él hace política electoral y ésta no puede ser sino institucional (o sea del dueño, el Sistema, la Sociedad) aunque este sistema antes les haya hecho trampa. Ahora, a lo que apuestan López Obrador y Morena es a que desde dentro del sistema pueden configurarse las fuerzas (que hoy son solo electorales, es decir insuficientes) que cambien el sistema. El FZLN apostó por un alzamiento, por constituirse en catalizador revolucionario en México. No lo consiguió, pero sigue en su lucha. No parece adecuado que rechace ad portas a otro movimiento (que consiguió una enorme votación ciudadana) por ser electoral e institucional y porque éste está también obcecado en generar otro México pero mediante un camino distinto y por el momento enfrentado al del EZLN.

   En otro ángulo, la alegoría del Gran Estadio donde una niñita busca el balón para jugar y donde existe un Dueño es mala literatura. Remite al Mundial de Fútbol y a la cultura del espectáculo donde sin duda hay un Dueño (el Gran Dinero y quienes lo personifican), pero las elecciones mexicanas, con todas sus limitaciones, contienen muchos pequeños partidos (casadas contra solteras, panzones contra flacos, tuertos/as contra sin dientes [este último sin distinción genérica]], etcétera. Y aquí las alegrías por el triunfo o el empate o por el esfuerzo hecho, también etcétera, son muy variadas. No existe en ellos ningún único balón (el niño juega fútbol contra su gato con papeles) ni menos un único dueño. Una victorial electoral en México contiene muchos, millones, de pequeños triunfos y fiestas. Entonces hay que ser consistente con los conceptos y también con la lírica. El problema de esta niña imaginada por los subcomandantes Moisés y Galeano es que “busca" un único balón y su sociabilidad e imaginación podría darse, en elsentido de producir y apropiarse, millones de ellos. Y también deshacer otros tantos. Uno podría imaginar que la propuesta de López Obrador concede a todos los grupos mexicanos la oportunidad de jugar muchos y diversos encuentros de fútbol con distintos balones y hasta sin llevar marcador. Solo por correr y brincar y estar alegremente con otros. Para hacer poesía y comer pescado…

   Aparte de estas observaciones liminares que no constituyen un ataque a los zapatistas sino la observación pertinente de que la historia no es como la quiere uno hoy sino cómo se la construye desde todos (excepto quienes nunca han querido que se construya por diversos) y para todos hoy y hacia mañana y pasado mañana. Es mi opinión y por supuesto se puede discrepar fieramente de ella.

Marta Herminia (México).- Muchas gracias por su texto sobre AMLO y MORENA. Coloca puntos importantes que aquí en México nos ayudan a leernos. El “hambre ciudadana” por mejorar nuestras condiciones de vida (que aquí en México con el PRI y el PAN son ya condiciones de muerte  o, mejor, de matanza) nos ha llevado a muchos a optar y trabajar por AMLO y MORENA. Nos nutrimos de oxígeno en estos días y creo que muchos experimentamos una gran esperanza de poder cambiar el rumbo del país. Gracias otra vez. Utilizaremos su texto en redes sociales y espacios de trabajo porque siento que nos ayuda a crecer.

HG.- Gracias a usted por comunicarse y por trabajar por ese México atormentado por la corrupción, la violencia y el desempleo. Fuera de México, o al menos aquí en América Central, se conoce poco que, desde que el Presidente mexicano Felipe Calderón declarara en diciembre del 2006 la guerra al narcotráfico, la violencia ha liquidado no menos de 200.000 personas y que Ciudad Juárez, en la frontera con EUA, ha sido declarada la ciudad más peligrosa del mundo (el año 2009 hubo allí más asesinados que en Afganistán). Ciudad Juárez es la ciudad donde el Gobierno mexicano ha destinado el mayor número de fuerzas de seguridad. Y no se puede vivir allí. Este es un ejemplo de por qué la ciudadanía mexicana ha votado por López Obrador. Y también de por qué PAN y PRI no deben volver a instalarse en la dirección del país. Asimismo muestra que ser electo para ejercer dirección política, social y cultural e intentar cambios significativos de rumbo es algo que debe apoyarse y que es apoyo no significa ni un cheque en blanco ni tampoco una declaración lírica. La ciudadanía mexicana debe organizarse en cada espacio del territorio para reconquistar su país y la administración AMLO y MORENA deben apoyar esa reconquista y apoyarse en ella.

Óscar, Santos, Miguel (México), Laura (Costa Rica).- Pensamos que el concepto de los comandantes zapatistas es atinado. Hay un cambio de Presidente y de preferencias ciudadanas, pero el sistema sigue intocado. Y el sistema es lo que se debe cambiar.

HG.- Estamos hablando de lo político y la política. En esos campos, a diferencia de lo que puede ocurrir en una academia o en una ONG limitada a operar con situaciones sociales, las ideaciones, sean o no conceptuales, tienen que incidir en la existencia colectiva. En este caso en un México (y en su situación internacional) muy variado y que alberga a unos 130 millones de personas. Además es un referente político-cultural para los latinoamericanos. Entonces ustedes tienen razón en parte: una votación no cambia un sistema porque los sistemas no se cambian mediante el sufragio. Pero el argumento equivale a una fotografía. Es decir una imagen plana. Lo que se requiere es al menos un video, o sea la representación de procesos. López Obrador se ha comprometido a iniciar procesos inéditos en este México, procesos que, para alcanzar éxitos, han de ser protagonizados crítica y autocríticamente por los mexicanos (principalmente) tanto en su condición de sectores sociales como de ciudadanos.  Las elecciones permitieron alcanzar la Presidencia y también ser mayoría. Recordemos una de sus promesas: la construcción de un sistema de justicia confiable, eficaz e independiente. ¿Les parece poca cosa? Hay que remover el antiguo aparato judicial (sin destruir o paralizar el país) lo que implica una transformación cultural, un nuevo ethos para todos los mexicanos y no se hace con un mandato de seis años. No se le puede tomar una foto a ese proceso. Hay que hacerle un video complejo porque mientras lo hacemos somos parte de él. Trato de describir un proceso. Si tomo fotos en este julio del 2018, veré personas cercanas a López Obrador que no me agradan porque tienen una trayectoria escandalosa (simpatizantes de las ideas de Álvaro Uribe, el colombiano que desea prolongar las masacres y las guerras, o de Augusto Pinochet de quien no se requiere pronunciar calificativo alguno). Entonces sí, las fotos pueden mostrarme a López Obrador con malas compañías y a Morena alternando con  personalidades PRI o PAN con tufos antipopulares y antimexicanos. Pero es la foto actual que se toma en una campaña en la que la ciudadanía actuó con su voto. Ahora vienen los procesos en que los mexicanos deben actuar como ciudadanos y sectores sociales, limpiando el camino de obstáculos, criticando a muerte lo que se sienta mal y defendiendo a muerte lo que se siente positivo sin olvidar que ambas referencias se dicen de procesos. Y que muchos de ellos requerirán décadas para adquirir sus mejores perfiles. No se debe apostar hoy a que el gobierno de López Obrador fracasará. Tampoco puede enterrarse y olvidar el FZLN porque en el espíritu  de muchos mexicanos vive, dice algo. En política el temple de o ellos o nosotros es útil para sentar el alcance de principios y determinar identidades (que son siempre procesuales), pero resulta menos útil (y muchas veces resulta ruinoso) para incidir en la política porque ésta se constituye de situaciones-procesos. Siempre es ‘muchos intentos’, ‘variedad de tentativas’. Desde principios, desde luego. Pero cuando usted traslada directamente los principios (o  sea los sentimientos raíz) a las situaciones que van dando cuerpo a procesos entonces se puede actuar dogmáticamente. Y cuando aparece el dogmatismo hasta Jesús de Nazaret se descarrila como lo muestra la Iglesia Católica. Creo que la discusión va por aquí y no por la senda del esto me gusta o esto no me gusta o estoy de acuerdo o estoy en desacuerdo. Todas estas frases remiten a fotografías y poseen valor, pero hay que pasar de las fotografías a procesos en los que me involucro sin ceder en mis principios. Entonces quizás tenga mejor disposición tanto para rechazar como para coincidir y ahuyentar en ambos casos comulgar con ruedas de carreta.
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