Universidad Omega,
N° 64 , septiembre 2018.


   Cuando la huelga de trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, a la que se unen otros sectores de ciudadanos (jóvenes y estudiantes, por ejemplo) llega a su cuarto día y parece adquirir fuerza La Nación S.A. titula en primera plana: “HUELGUISTAS ACUDEN A LA  FUERZA PARA PRESIONAR”.  ¡Vaya hallazgo periodístico! También recurren a su fuerza quienes desean en Nicaragua se marche la familia Ortega-Murillo del Gobierno y del Estado. Noticia sería que recurriesen, ciudadanos de aquí y de allá, a su debilidad y blandura para forzar. Ortega responde asimismo con su fuerza legal e ilegal: ambas matan. Quienes exigen su salida también matan aunque en escala más limitada. En Costa Rica el aparato armado que vigila se cumplan leyes se ha limitado hasta el momento a forzar, apalear, insultar y retener. Una Comisión estudiará si su ímpetu la llevó a violar la autonomía de la principal universidad estatal del país. Que la policía arremeta con palos, cachetadas, insultos, patadas de karate o llanamente patadas, por ejemplo, lo sabe todo el mundo, pero esto no es fuerza. Se trata de defensa legítima. Tanto de sus personas como del Estado. Simpático.

   A muchos lectores de La Nación S.A. les fascina esta ‘defensa’. Reaccionan a ella con un “… no puedo aceptar lo que llaman autonomía universitaria, ya que esto para lo que puede servir es para guarida de maleantes y mal intencionados”. “Pobrecitos” los chancletuditos, les achacan “injustamente” haber bloqueado la calle principal de San Pedro, violar el derecho al libre tránsito de los demás, enfrentarse a la policía y salir huyendo cobardemente hacia su madriguera”. “(Jensen) ahora promueve un día libre de vacaciones pagadas a toda la institución para ir a pasear a la casa presidencial a manifestarse (…) eso es peculado y debería ir a la cárcel por la malversación de fondos públicos al dar un día libre pagado por nosotros el pueblo para ir a manifestarse y celebrar la anarquía de su gestión”. “Pero que mierda es esta que ahora la UCR es un país independiente donde hacen lo que les da la gana y se creen tener sus propias leyes pero son buenos para estar pidiendo $$$$$$ al gobierno central.¡¡ MANADA DE VAGABUNDOS!!”. “Si hay estudiantes COBARDES en tiquicia los que se llevan el premio a esa cobardía son los de la UCR, se manejan como una manada de hienas que hacen sus desplantes y “manifestaciones pacíficas” sin alejarse mucho del Campus Vulgaris Universitario”.  La fuerza de estos ciudadanos ‘nacionistas’ reside en su resentimiento social y en su ignorancia. Sobre el anonimato no vale pronunciarse porque utilizan nombres pero podrían resultar falsos. En todo caso, son lectores o empleados de La Nación S.A.

   El uso de “madriguera” para liquidar cultural y políticamente a quienes se odia (los “enemigos”) parece haberlo puesto en circulación el libertario emergente, Eli Feinzag, quien en un homenaje a Margaret Thatcher escribió: “No más empezaron a sonar los tambores de guerra desde la madriguera sindical, cuando comenzó el gobierno a hacer concesiones” (La Nación S.A. 9/09/2018). En español, ‘madriguera’ remite a morada de animales o de gentes de ‘mal vivir’, delincuentes, adictos. Thatcher fue devota de Agusto Pinochet quien manejó a animales y gentes de mal vivir (los llamaba “comunistas”) como se merecen: acosándolos, torturándolos y matándolos. Feinzag pide al presidente Alvarado (le promete un “Charlie” para asociarlo con sus Maggie o Augie) ser el Charlie tico. El odio o los malos deseos contra otros no requieren ni siquiera de excusas (barricadas, argumentos críticos, fusiles). Bastan odio y miedo. La Nación S.A. no ve en estos temblores rasgos de violencia alguna. Violencia de ‘amigos’. Vale.

   Por supuestos las violencias no suelen resolver mayor cosa, excepto que el odiado o temido resulte aplastado. Y aplastar-aplastar solo se puede con un poder estructural o situacional sin límites y la voluntad de ejercerlo. En Costa Rica este poder no lo tiene nadie. Ni sindicalistas ni el Gobierno. Ansiar utilizar un poder del que se carece suele terminar en suicidio.

   Las causas del déficit fiscal debieron discutirse sinceramente en mesas de trabajo permanentes desde hace unos veinte años. Hoy los costarricenses tendrían inversión pública de calidad y un sistema impositivo moderno. Una crisis encontraría un país mejor dispuesto para darse respuestas sin violencias. La historia no fue así. El error de una ‘solución’ de fuerza es un nuevo paso para la centroamericanización de Costa Rica. Tal vez resulte tarde para entenderlo y cambiar de rumbo.

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Conversación

Betty (Costa Rica).- El artículo debía llamarse 'odios enmadrigueradores" y no enmadrigados. Pero se entiende.

HG.- No estoy convencido de que usted lleve razón, pero la agradezco la intervención. En la práctica ocurre que mi señora abuela (yo la llamo abuelita) me felicitó porque según ella "enmadrigado" remite mejor tanto a madre como a madriguera. Mencionar así la madre le pareció muy ingenioso. No la saqué del engaño, pero mantuve el título porque de lo contrario se pone insoportable (una abuela amorosa que lo regaña a uno todo el día si no se le hace caso resulta pelea perdida de antemano). Pero gracias de todos modos.

Héctor (Costa Rica).- Le transcribo opiniones expresadas por el profesor universitario A.J. P. E., a quien siempre le he considerado muy radical de izquierda, me gustaría su opinión don Helio----Cuando no te asiste la razón, por lo general, se utiliza la fuerza como instrumento para amedrentar al adversario. La irracionalidad –está comprobado- es el origen de toda violencia, sea ésta física, o de otra índole. Porque el que se siente inseguro o se encuentra intoxicado mentalmente por imposiciones ideológicas, al no encontrar el camino del diálogo y el razonamiento, se deja llevar por el acto violento. Hoy en día estamos contemplando con tristeza cómo, ciertos grupos de la sociedad se han lanzado a las calles en señal de protesta por lo que ellos consideran injusto, lo cual habría que dilucidarlo, y cómo algunos individuos y grupos menores, más radicales, al experimentar la rabia de la impotencia por la ausencia de razón, han recurrido a la violencia manifiesta. Porque violencia es atentar contra el derecho de las mayorías cuando se defienden puntos de vista de una minoría. Nos estamos adentrando al peligrosísimo campo de la cultura de violencia, que es aquella en la cual la respuesta violenta ante los conflictos se ve como algo natural, normal e incluso como la única manera viable de hacer frente a los problemas y disputas. La violencia es un comportamiento que todavía sigue actuando en nuestra sociedad como medio para resolver los conflictos. Algunos motivos para la cultura de la violencia son: el maltrato, la intolerancia, la falta de diálogo y el dejar que los conflictos se solucionen con violencia. En una cultura de violencia, los conflictos se gestionan a través de la violencia, siendo ésta solo la consecuencia de un conflicto mal abordado, en una cultura de la paz, es a través del dialogo. Lo que hoy ha lanzado a las calles a ciertos grupos es sencillamente el adversar una reforma fiscal, largamente necesitada en este país para evitar un descalabro mayor en la economía nacional, que al parecer corrige una vez los beneficios irracionales que determinados grupos de empleados públicos obtuvieron a través de los años y aprovechándose de la debilidad de gobernantes anteriores, y trata de llevar al nivel de racionalidad la administración de los recursos humanos en el Estado.

HG.- Pues se trata de una opinión larga e interesante, ya sea que provenga de un profesor universitario, a quien usted menciona, o de cualquier otra persona. Los universitarios no tienen el monopolio de la razón. Muchos de ellos, suelen dar razones para sostener sus opiniones, que es algo distinto. Un primer asunto, conceptual, es que resulta polémico que alguien (un sujeto individual o sector social, por ejemplo) tenga razón (o sea toda ella) sobre algún asunto y que otros no la tengan del todo. El enfoque enfrenta razón y sinrazón como enteramente opuestos. La oposición frontal (que puede considerarse metafísica) desplaza varias realidades: la primera y obvia es que el ser humano no se configura como un ente racional. Se trata de personas que articulan mejor o peor emociones y sentimientos, discernimientos (mejor o peor informados) y sustentos imaginarios que además se proyectan como esperanzas y seguridades. Vale para todas las acciones humanas incluyendo los jugadores de ajedrez y los científicos que acostumbran trabajar en sus especialidades siguiendo rigurosos protocolos previos. Su rigor y experticia no resulta incompatible con las emociones que sostienen la voluntad de búsqueda ni con la esperanza que alienta sus desempeños. He tratado con esto de disipar o al menos aclarar en algo un criterio muy común: que los seres humanos somos 100% racionales. No lo son los empresarios que compiten en el mercado costarricense y mundial, tampoco los sindicalistas que defienden sus posicionamientos sociales en una Costa Rica que se disuelve ni los diputados que resuelven legislación con mejor o peor información  y voluntad. Dicho esto, agreguemos que socio-políticamente algunas opiniones son asumidas por la población mejor que otras opiniones. Pero esta asunción no las hace más racionales o humanamente mejores. Solo les concede un mayor peso social en un momento determinado. Para muchos costarricenses, aunque por razones variadas,  los universitarios son chancletudos, marihuanos y vagos. En el Chile santiaguino de la última parte del siglo pasado estos mismos estudiantes de universidades públicas eran marihuanos y maricones y las mujeres p… Eran opiniones generalizadas que obviamente decían más de quienes las formulaban que de aquellos universitarios y universitarias a quienes se calificaba. Desde luego, entre el Chile de entonces y la Costa Rica actual existen distancias. Solo quise intentar despejar el referente mítico de una entera racionalidad de la especie que se despliega bajo el estereotipo de “yo racional, tú irracional”. “Me Tarzan, you Cheeta”. La frase original no era ésa, ni tampoco lo era su intención, pero vale.

   Una segunda cuestión es que usted, o el profesor al que remite, establece una relación estrecha entre inseguridad y violencia. Escribe: “Cuando no te asiste la razón, por lo general, se utiliza la fuerza como instrumento para amedrentar al adversario. La irracionalidad –está comprobado- es el origen de toda violencia, sea ésta física, o de otra índole Porque el que se siente inseguro o se encuentra intoxicado mentalmente por imposiciones ideológicas, al no encontrar el camino del diálogo y el razonamiento, se deja llevar por el acto violento.” Bueno, ignoro a los autores de esta “comprobación”, pero es disputable. Veo en televisión que una mujer embarazada y con dos hijos o hijas pequeñas son asaltadas por dos individuos jóvenes (uno de ellos pone un estoque en el vientre de la embarazada) que les arrebatan las bolsas que llevaban y huyen adentrándose en un bosque. Ejecutan su cobarde acción con limpieza y seguridad. Cuando la madre se ve libre de amenaza directa intenta correr tras ellos (sus niñas se le apegan), pero es inútil. Son rápidos y se esfuman. Su acción fue delictiva y da asco, pero racional y eficaz. Cero inseguridades. Supieron desde el primer momento qué iban hacer y lo hicieron. Por supuesto un especialista podría argumentar que su inseguridad alienta íntimamente sus personalidades, pero entonces habría que concluir que la inseguridad sistémica en algunas personas genera seguridad operativa en los mismos individuos. El desesperado y a la vez valiente esfuerzo de la madre que corre tras los delincuentes no es racional ni ‘seguro’, pero debe admirarse. Habría también que discutir si existe algún individuo de la especie que esté siempre seguro. Puedo narrar asimismo una experiencia personal que podría considerarse avala su planteamiento, así como el ejemplo anterior no lo respalda. Estaba en un recinto universitario al darse el golpe militar chileno de 1973. Cuando me avisaron que se bombardeaba la Casa Presidencial, le dije a mi informante: “Para qué. Ya no había gobierno de Unidad Popular ninguno”. No explicaré esta frase. En el recinto universitario se resistieron a salir esa mañana unas 40 personas. Básicamente estudiantes, la gente de mi equipo de trabajo y unos 8 obreros que realizaban alguna tarea en el edificio. La única autoridad en el recinto era mi persona y decidimos con todos empapelar el sitio llamando a la ciudadanía a rechazar el golpe militar. Entre las 10 y las 11 de la mañana llegó al lugar (ya casi enteramente empapelado) un destacamento militar con los oficiales respectivos. El que estaba al mando quería derribar puertas. Le expliqué que en la universidad las puertas cerradas se abrían con una llave y no tumbándolas y procedí a ejemplificar lo que decía abriendo la que, cerrada, molestaba en ese momento al militar. Ahí me di cuenta que el oficial tenía mucho miedo o tensión. Temblaba. Ignoro qué esperaba encontrar al otro lado de la puerta. Guerrilleros, bombas, metralletas. Por supuesto no había nada de eso. Es un ejemplo de cómo una inseguridad (que puede proceder de muy distintos factores) puede estar en la base de la violencia. Era ridículo que un oficial al mando de soldados armados tuviese miedo (o inseguridad) de unos pocos estudiantes y obreros desarmados o armados con letreros y útiles de trabajo. Tal vez a ese oficial lo involucraron después en torturas y ejecuciones y no le tembló la mano. Pero hablo de situaciones específicas. En la de los cobardes asaltantes de la mujer y sus niñas, por el contrario, no se da inseguridad ninguna. El equipo que tortura a un preso tampoco muestra inseguridad alguna. Luego, la inseguridad puede conducir a la violencia y también puede hacerlo la seguridad. Por supuesto son solo ejemplos, no axiomas ni una teoría.

Una opinión mía, de fondo, es que la violencia deben decirla quienes se experimentan violentados, no “observadores imparciales” o que parecen “no comprometidos”. Menos el periodismo interesado en que una determinada violencia se entienda como deseo de paz y única salida racional. El Papa Paulo VI, en la encíclica Populorum Progressio (1967),  autorizó la violencia (armada e insurreccional) si con ella se enfrentaba una “tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la personas y dañase peligrosamente el bien común del país” (# 31). Estoy seguro que cuando redactó estas líneas el Espíritu Santo estaba con él y su seguridad era completa. Es otro ejemplo. Por supuesto Paulo VI remitía a los comunistas. Pero uno  podría sostener que los sindicatos públicos de Costa Rica protagonizan  una tiranía evidente y prolongada contra los costarricenses y que hoy esa minoría tiránica se mueve contra el interés de la mayoría que rechaza la violencia. Si es así, a esos sindicalistas se les podría aplastar Y otro podría argumentar que lo único que tiraniza a los costarricenses es su inserción subordinada al capitalismo mundial. Por supuesto los costarricenses no pueden aplastar al capitalismo mundial pero el punto en esta segunda versión (escasamente ajustada a los hechos pero versión al fin y al cabo) es que aplastar a los sindicatos públicos (no hay de otros en el país) no resolvería las dificultades de la economía costarricense ni tampoco los deseos de lograr una población mayoritariamente feliz y pacífica que Costa Rica no ha tenido nunca. En Costa Rica coexisten las violencias y las indiferencias egoístas en todos los planos de una existencia social que no resolvió sus desafíos de convivencia ni siquiera con una Guerra Civil. Sus odios actuales, estimo, se derivan de ella. No deseo aburrirlo en demasía. Es obvio que no coincidimos. Estoy del lado de los análisis que disciernen violencia estructural y sistémica que una mayoría desea entender como orden y justicia que aplauden porque la violencia parecen la reciben otros. En la actuación de los sindicalizados y de las gentes que los apoyan hoy en Costa Rica sin duda se dan acciones de violencia que pueden provenir tanto de su inseguridad como de sus confianzas y esperanzas.  No existe receta para juzgarlas y tampoco dejo de advertir que esas confianzas y esperanzas podrían resultar ilusorias. Habría que estudiarlas (qué las produce, especialmente) y en el país nadie quiere estudiar a los sindicatos, ni ellos desean estudiarse como un sector de costarricenses y de la ciudadanía. Pero los otros sectores, los que desean verbalmente dejar sin plumas a los sindicatos, se valoran no-violentos porque disfrutan “Dancing with the Stars” y sucesos equivalentes aunque para llegar a tiempo a gozar del show del sábado o domingo hagan estallar cada norma del tránsito y madreen a todos los que parecen bloquear su anhelo. O, peor, los embistan. Por supuesto no intento convencerlo a usted de nada. Solo opinamos diferente respecto de las violencias sociales. Ni los frenéticos admiradores del Dancing ni los acomodados dirigentes sindicalistas asumen sus violencias. Las estiman propias por naturales. En la experiencia humana esto suele ocurrir. Uno de los pilotos que lanzó bombas nucleares contra Hiroshima solo recuerda de esa fecha que esa mañana a su madre la dolía el estómago. Liquidar cientos de miles de personas no combatientes era un detalle del oficio. Lo leí en un suplemento de La Nación S.A. que celebraba un aniversario de esa masacre de modo que ha de ser un relato verdadero.

Mirta (Costa Rica).- Creo que usted, pavoneándose de ingenioso, se brinca enteramente el fondo de lo que plantea Héctor: “Lo que hoy ha lanzado a las calles a ciertos grupos es sencillamente el adversar una reforma fiscal, largamente necesitada en este país para evitar un descalabro mayor en la economía nacional, que al parecer corrige una vez los beneficios irracionales que determinados grupos de empleados públicos obtuvieron a través de los años y aprovechándose de la debilidad de gobernantes anteriores, y trata de llevar al nivel de racionalidad la administración de los recursos humanos en el Estado”.

HG.- La reforma fiscal que hoy se propone tiene también adversarios sólidos en las ‘calles’ de la Asamblea Legislativa, en cierta prensa que la considera débil e insuficiente y que solo la acepta como primer momento de una ofensiva que cambiaría al país generado tras la Guerra Civil del 48 y que hoy termina de descomponerse. Luego, los sindicatos del sector público se manifiestan en sus calles  y espacios porque allí se hacen notar, pero no son los únicos que adversan la reforma. Cada frente tiene sus razones y sus calles. Ninguno quiere escuchar y tratar de entender las razones del otro. Muy costarricense. En algún momento de su carrera política, y por razones electorales, Antonio Álvarez Desanti criticó a Óscar Arias. El Premio Nobel de la Paz replicó que las águilas en su vuelo majestuoso no atienden a los insignificantes caracoles que se arrastran por el suelo. Es una buena fotografía de la realidad político-cultural del país. El mismo Arias protagonizó una anécdota mejor. Cuando triunfó muy estrechamente para su segunda presidencia (2006), Ottón Solís, que remató segundo, le enviaba cartas sobre cuestiones políticas, algunas de las cuales aparecían publicadas en La Nación S.A. Cuando se le preguntó al presidente qué opinaba de esas cartas contestó que no las leía y que las pasaba a su hermano Rodrigo y no tenía la menor idea lo que su hermano hacía con ellas. Unos poquitos votos le permitían ignorar totalmente al segundo político más votado del país. Si este desprecio público por los otros no fuese trágico para un régimen democrático podría despertar sonrisas. De los sectores mencionados más arriba la prensa ha informado solo los sindicatos presentaron, para dialogar, alternativas. Horas después de entregado su documento un funcionario menor del Ministerio de Hacienda anunció que nada de lo que proponía el análisis de los sindicalistas servía. No dio detalle alguno o la prensa no informó del detalle. Lo que estiman los sindicalistas carece de todo valor para esta nueva “águila” ministerial. Ahora la referencia suya a una “debilidad de los gobiernos anteriores” desplaza que esa ‘debilidad’ permitió a esos gobiernos anteriores sostener clientelas sociales y electorales y también puntuar en popularidad. O sea, su debilidad fue y es parte de su ‘fuerza’ clientelar. La administración Pacheco (2002-2006) hizo un esfuerzo en su momento por reunir a los distintos sectores del país y avanzar un plan fiscal que los diputados rechazaron ad portas aduciendo que los “únicos que podían legislar” eran ellos. Ni lo leyeron. Retornamos al nudo inicial. El país nunca se ha distinguido por su capacidad de diálogo político. El acuerdo de los “hijos de los caudillos” (Pacto de Concertación, 1995) solo consiguió levantar suspicacias y sospechas, tal vez merecidas. La administración Chinchilla (2010-2014) se ligó con Ottón Solís para presentar también una propuesta de reforma fiscal y nuevamente los diputados, incluyendo personeros del PAC, la hicieron fracasar. Culpar a los sindicatos del sector público del desastre fiscal olvidando que hasta hace cuatro años atrás el país era “el más feliz del mundo” y que su dicho emblemático era y es “Pura Vida” muestra una memoria selectiva (normal, por lo demás). Ve lo que desea ver. Escucha poco y solo lo que desea oír. Mi opinión de fondo es que las fallas de los sindicatos (que es bueno que existan y sean combativos) son otras. Una, no se han empeñado en conseguir un ligamen efectivo con los usuarios de los servicios públicos vía el mejor u óptimo servicio. Dos, no han peleado para que se evalúe sistemáticamente al menos dos aspectos de su desempeño: la calidad y efectividad de su trabajo y su ligamen constructivo con el sector privado y cooperativo. Tres: no avanzar sistemáticamente denuncias  y propuestas para un mejor funcionamiento (ni clientelar ni burocrático) de las instituciones en las que sirven a los costarricenses. El cuarto también es grave: no generar desde sus liderazgos nuevos líderes y nuevas formas de sindicalismo que se constituyan en factores de la sensibilidad difusa y explícita de los costarricenses. Han regalado el campo a sus adversarios y enemigos, que los tienen. Un mejor desempeño sindical contribuiría con la creación de una ciudadanía responsable hoy inexistente y despierta solo para la cómoda descalificación y el insulto. Ya que los políticos y sus partidos han renunciado a producir ciudadanía (excepto formal), sindicatos y cooperativas debieron asumir un papel en esa responsabilidad. No la han hecho, se han parapetado en sus feudos y hoy reciben el premio a su ceguera. Son los únicos Grandes Violentos del País. Opacan a los carismáticos restauracionistas que hablaban de perseguir lesbianas y homosexuales para que Dios estuviese contento. De nuevo: si no resultara trágico, habría que reír. En lo que respecta a la violencia e incivilidad quienes en Costa Rica creen mirar desde la acera están tirando piedras y disparando metralla desde siempre. Estará de Dios que quienes pueden ver no vean y quienes podrían, esforzándose, escuchar no escuchen.

Mirta.- Ahora entiendo todavía menos. ¿Entonces usted está de acuerdo con la violencia que impide a otros ciudadanos utilizar calles y carreteras o que sabotea oleoductos, amenaza con paralizar el país? ¿No será usted el que no ve porque no quiere?

HG.- En una huelga sindical suelen cometerse delitos. La misma huelga puede constituir un delito para una determinada legislación. Entiendo existe una petición del Gobierno para que la huelga en curso sea declarada ilegal. La autoridad judicial no ha se ha pronunciado. Los delitos deben ser conocidos y castigados por las autoridades judiciales competentes. En ningún caso me he referido a delitos. Hablé conceptualmente y diferenciándolas de violencia sistémica y violencia situacional. Pagar bajos salarios en relación con las necesidades del trabajador podría no constituir delito porque la ley laboral así lo permite. Pagar salarios por debajo de la ley es un delito y hace violencia a los trabajadores. Bloquear el tránsito puede constituir transgresión o delito. La policía puede intervenir para desbloquear y permitir que los ciudadanos pasen por donde requieren pasar. La situación se puede denunciar a la autoridad competente. Sabotear un oleoducto es claramente un delito y entiendo ya existe al menos un acusado ante los circuitos judiciales por esa acción. No excuso delito alguno porque no me corresponde y especialmente porque no conozco sino de oídas y por relatos de terceros este último caso. Si el delito existió, existe autoridad que lo castiga. Si no se configuró tal delito, la autoridad respectiva absolverá al acusado. La autoridad judicial no hace justicia sino que resuelve de acuerdo a derecho. Esto quiere decir que alguien que cometió un delito puede resultar absuelto porque, por ejemplo, la prueba resultó débil o se presentó a destiempo. Si miro desde el otro ángulo, la policía puede utilizar fuerza desmedida para despejar una vía y permitir el tránsito en ella. También alguna vez vi en televisión a un policía romper el vidrio de un camión y arrojar en la cabina del chofer un artefacto lacrimógeno. No fue en esta administración ni en la anterior. Si se considera que el chofer dormía en la pequeña cabina la acción parecía de una violencia improcedente y, además riesgosa. Debió existir una acusación judicial porque parecía existir prueba. Ahora, la fuerza pública suele explicar sus violencias debido a los ataques y a las provocaciones. Es normal que lo haga, pero no resulta necesariamente legal. Para que resulte legal tendría que ser conocido y resuelto en los circuitos judiciales. Sospecho no es tan sencillo llevar esos casos a estos circuitos. Pero el mundo no tiene por qué resultar cómodo para todos. En situaciones como las de la huelga actual, en la que se ha iniciado un diálogo entre las partes principales, probablemente los huelguistas pedirán no se acuse a nadie de sus filas en los circuitos judiciales. Si el proceso ya está en curso no se les podrá conceder esa petición. Si la acción judicial fue presentada por un particular tampoco el Gobierno podrá intervenir. En el primer caso podría conceder una amnistía, si cabe. Si el caso se da entre particulares supongo el Gobierno no puede intervenir. No es de su competencia. Obviamente en las situaciones de huelga suelen darse ilícitos de distinta gravedad y quienes se consideren dañados por ellos deben recurrir a los circuitos judiciales. Ser parte de una huelga no faculta para cometer delitos. Tampoco faculta a la policía para cometerlos. Mi posición es de sentido común en una sociedad civilizada, pero resulta fácil de decir y difícil de llevar a la práctica. Vienen llegando en este momento a casa dos personas que sufrieron más de una hora de retraso en sus actividades porque la rotonda de la Fuente de la Hispanidad está bloqueada. El retraso perjudica sensiblemente a una de ellas. No presentará el caso de esta violencia ante ningún circuito judicial porque probablemente perdería tiempo y dinero. Para comenzar, ¿a quién acusar? ¿A los huelguistas o al Estado? Ni ella ni yo somos abogados. Habría que contratar uno. No vale la pena. Solo queda desear que el conflicto termine de una manera que favorezca al país. El retraso y las pérdidas personales serán anécdota. Por supuesto esta última anécdota pastoril se distancia de quienes desean llevar a los dirigentes de la huelga a los tribunales acusándolos de terroristas. El problema no es acusarlos sino probarlo jurídicamente. Sospecho mi respuesta no la tranquiliza.

Irma, Pablo (Costa Rica).- No sé a otros, pero nos parece que usted defiende las demasías de los trabajadores del sector público con sus sobresueldos y pensiones a los acompañan con su bajísimo rendimiento que son las cosas que quieren sostener con la huelga y la violencia que lesionan nuestro derechos ciudadanos.

HG.- Lamento darles esa impresión, pero no es así. Claramente he señalado que no estoy defendiendo delito alguno. Sería grotesco porque carezco de todo poder para hacerlo. Para encubrir delincuentes se requiere poder. No lo tengo, tampoco lo deseo. Pero los salarios y pensiones de los trabajadores públicos son legales, de modo que algunos de ellos podrían ser acusados de instigar acciones delictivas o de impedir o poner dificultades al derecho de tránsito de los ciudadanos y esas acusaciones tendrían que resolverse en los circuitos judiciales, pero mientras sus salarios y pensiones sean legales puede que incrementen el déficit fiscal pero no constituyen delito alguno. Y si existe acuerdo legislativo y presidencial para cancelar la legislación que protege o concede lo que ustedes estiman “demasías”, esas remuneraciones deberán acabarse porque ya no serán legales. De modo que pueden darse ‘injusticias’ permitidas por las leyes e ‘injusticias’ penadas por las leyes. Se trata de legislación que se han dado los costarricenses. Pueden haberse seguido de grupos de presión o de perversiones clientelares y electorales, pero son legales. Y ya señalé: si son la causa del déficit fiscal pues esa legislación o legalidad debería ser o derogada o mejorado el vínculo y función entre el rendimiento del área pública de la economía y los sectores privados de ella. Pueden darse combinaciones de ambas medidas. Pero ocurre que también podría ser parte de la actual situación difícil, que se sigue de un proceso complejo, una situación en la que el costo económico (transferencias, salarios, pensiones, corrupción, venalidad, etcétera) del sector público no sea la única causa o razón de la producción del déficit fiscal, sino que asimismo existan responsabilidades determinadas por una economía orientada a la exportación (y que no produce la tecnología que supone su competitividad) y una legislación que concede regalías a los empresarios privados locales y a la inversión extranjera que también, determinación económica y regalías, contribuyen con este déficit fiscal indeseado y recurrente. Exenciones de impuestos, por ejemplo. También serían legales, como los pluses de los trabajadores y las transferencias a las universidades, pero también terminarían dañando la economía del Estado y del país. Y tal vez se pueda añadir que existe legislación que favorece (con su redacción, por ejemplo) la elusión de impuestos. Las empresas privadas no pagan los impuestos que deberían pagar porque leyes mal diseñadas o mal redactadas dejan portillos para eludirlos. Y no faltará un porcentaje de empresarios y profesionales que llanamente evade impuestos. Esto último es delito. Quizás tampoco exista un celo excesivo para investigar y castigar este delito porque hay un sector de políticos-empresarios interesados y con poder para que esto no ocurra. Se debería ser riguroso en este campo de la evasión fiscal y diligente para transformar las fallas normativas que favorecen la elusión. Como se advierte nada que se aleje de un cierto tipo de sentido común propio de las personas decentes. El mismo sentido que lleva a ciudadanos a protestar e indignarse porque no se les permite transitar con libertad debido a los bloqueos callejeros de las manifestaciones sindicalistas. Llevan razón en esta protesta los ciudadanos y también los ampara la legalidad.

Pero no llevan toda la razón ni tampoco está de su lado toda la legalidad quienes aspiran a que toda la carga del déficit fiscal se siga del carácter del sector público y que el modelo productivo privado carezca de responsabilidad alguna en el asunto. Es la posición “normal”, por ejemplo de J. Woodbridge (puede verse su artículo “La irracionalidad del gasto público” en La Nación S.A. del 21 de septiembre de este 2018). Este ingeniero ha sido parte de gobiernos, específicamente del último de Óscar Arias (2006-2010) que dio el empujón final para la bola de nieve salarial que ha contribuido con el déficit fiscal actual. La posición de él puede resumirse así: “Es hora de analizar con urgencia todo el sector público y racionalizar su tamaño”. Por ‘racionalizar’ puede entenderse achicar el Estado y traspasar negocios hoy públicos a las empresas privadas (la gestión de la energía hoy es disputada), cuestión polémica para la historia del país, o diseñar un sector público eficiente por bien conexo con la productividad privada y cooperativa, local y extranjera. Esto último sería positivo, pero no debería estar inspirado por la miopía y la gula privadas ni por la “irracionalidad” del “gasto” público, una parte del cual sin duda ha sido “inversión” que ha potenciado el bienestar social y la paz de los que los costarricenses se sienten orgullosos (algunos tal vez de los dientes para afuera). Remito a un estudioso que trabaja sus investigaciones en el marco de la universidad pública, Iván Molina Jiménez (“Diez puntos sobre el sistema tributario y el conflicto por el plan fiscal”, LN, 23/’9/2018). Muestra que, para el área centroamericana, el porcentaje del PIB que se paga en impuestos señala a Costa Rica (con un 22,2% el año 2016), atrás de Belice (29,6%) y Nicaragua (22,6%), pero si se considera los impuestos pagados por la propiedad, Costa Rica, con un 0,4% está detrás de Belice (0,8%), Panamá (0,6%) y Honduras (0,5%). En impuestos sobre bienes y servicios Belice encabeza (18, 8%), más del doble que Costa Rica (8,9%) y para seguridad social, que la pagan todos los costarricenses, sí Costa Rica encabeza (6,3%), seguida por Panamá y ¡Nicaragua! (5,6%). De modo que en Costa Rica quienes más riqueza tienen no son quienes pagan más impuestos, sino que es la ciudadanía en general la que lo hace. Si se la mira en términos más amplios, los países de la OCDE (espacio económico y político en el que Costa Rica desea participar) en promedio tienen una carga fiscal del 34,3% del PIB y Costa Rica un 22,2%. ¡Más de 12 puntos de distancia! Y además los propietarios costarricenses y sus representantes en los circuitos de poder dieron una porfiada batalla para que no se pudiera conocer las personas naturales más opulentas del país. En la OCDE esa información es conocida. Si ingresa a la OCDE, Costa Rica será el único país que la mantiene semi-secreta. Luego, en el campo de los impuestos y del sentido de la economía hay mucho que hacer y no solo en relación con los salarios del sector público y las transferencias estatales hacia algunas de sus unidades, sino también los empresarios privados y sus corporaciones tienen responsabilidades. La última recomendación de Molina Jiménez en este campo es “Plantear como meta país para la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Centroamérica (2021) que Costa Rica lidere, a nivel regional, el cambio hacia sistemas tributarios más progresivos, y sumar a la consecución de ese objetivo tanto a empresarios como a sindicatos” (itálicas no están en el original). Si esto es lo que propone, salta a la vista que no es optimista respecto a que en este 2018 se dé un diálogo nacional constructivo respecto a qué sectores han de cargar la responsabilidad sobre la crisis fiscal y cuáles serán los caracteres de esa carga.

Que los grupos interesados directamente discrepen y tilden al otro bando de satanás, se entiende. Pero los ciudadanos no deberían comulgar con ruedas de carreta de ningún sector. El déficit fiscal se sigue también de un modelo económico orientado a la exportación y que concede ventajas a las corporaciones empresariales. Este modelo es el que procesualmente debe discutirse y cambiarse en lo que corresponda de modo que se distribuya mejor la riqueza, la economía no se mueva sobre la base de créditos que terminan siendo impagables, proporcione buenos servicios y nadie pueda hacer clavos de oro sistémicos con perjuicios para otros. Al final, de las crisis suelen resultar gananciosos ciertos sectores financieros extranjeros y locales. No todos pierden cuando estalla una crisis fiscal como la que podría afectar a Costa Rica. Más cuando se trata de una economía tan abierta y dependiente.

Luis (Costa Rica).- A propósito de lo que usted dice de satanizar a un sector, leo hoy 24 de septiembre en las Cartas a la Columna de un periódico: “Los sindicatos son grupos independientes de trabajadores que buscan proteger su propio beneficio y no el del país ni el resto de los sectores productivos o del pueblo en general. No sé en qué momento adquirieron el poder que tienen, pero, lamentablemente, son los principales enemigos de la patria con sus actuaciones unilaterales, inconscientes, irrespetuosas y hasta violentas. Alguien debe ponerles un freno ya. Son capaces de alegrarse por el mal del país y su quiebra total, mientras sus privilegios no sean tocados. ¿Hasta cuándo los que estamos en contra de los sindicatos vamos a seguir callados?”. Firma un vecino de Santa Ana, V. Mora Castro. Me llama la atención que no está solo en contra de la huelga y de acciones en ella, sino de la existencia de los sindicatos. Y si son enemigos, habría que aplastarlos.

HG.- Hay una campaña generalizada en los medios más difundidos que genera este tipo de comentarios (o los inventa el medio), pero una encuesta de la UCR también muestra que una mayoría (52%) de la población apoya la huelga y solo un 26% la desaprueba. Otro 21% no se pronunció en ningún sentido, pero en otro momento las cifras podrían cambiar. Además si el Gobierno negocia con los sindicalistas, entonces no existe guerra ni enemigo alguno. Se negocia para llegar a algún acuerdo, no para seguir enfrentándose. El que opina sabe poco o nada de lo que habla aunque su sentimiento sea real. La encuesta de la UCR también muestra que una mayoría apoya la huelga pero rechaza los métodos de los huelguistas, entre ellos los bloqueos (72% en contra). Al mismo tiempo condena el uso de la fuerza para despejar bloqueos (empleo de la fuerza pública contra esos bloqueos [73% en contra]). En este momento entonces una población mayoritaria no quiere violencia guerrera ni aplastamientos. Si se desea, no quiere vencedores ni vencidos sino que la disputa se resuelva de otra manera. El diálogo sería una de esas maneras. Pero ya se observó que ese diálogo no es sencillo ni de pocas horas. La encuesta de la UCR muestra una población mayoritariamente sensata aunque no necesariamente bien informada sobre los factores que concurren en la querella. Tal vez podría pensarse en medidas inmediatas (y quizás reversibles) y medidas de mediano y largo plazo en las que se diesen acuerdos transparentes de mayorías informadas que evitan la polarización, no de todos. Lo que envenena al país es tanto las campañas mediáticas que bombardean a la población con un único mensaje como huelgas prolongadas que golpean a enfermos, escolares y ciudadanos, por hacer tres referencias. Y desinformación sectaria e interesada y huelga caen en terreno abonado: la ausencia de ciudadanía efectiva propia de un régimen “democrático” sin partidos políticos interesados permanentemente en los asuntos públicos. La crisis en curso, escribía antes, pudo ser prevista y e iniciado el cambio de rumbo en la década de los noventa, cuando resultó claro el tránsito mundial hacia el crecimiento económico y el abandono del desarrollismo y las guerras político-militares centroamericanas se dieron un respiro con Esquipulas II aunque sin desembarazarse de las guerras económico-sociales. La ausencia de partidos, ciudadanía y liderazgos cobró ya una factura: la polarización bárbara de las elecciones recién pasadas entre el Espíritu Santo y la existencia socio-histórica que se mira el ombligo y ahora cierra puertas para salirle al paso a una crisis fiscal y una nueva crisis regional a la que los gobiernos del PAC han echado gasolina sin reparar en que la necesaria salida de Ortega requería una salida negociada acompañada de un plan internacional de rehabilitación económica del país vecino (y ojalá de América Central). Ceguera interna y ceguera internacional parecen estar a punto de pasar factura. Pero diputados, gobierno, huelguistas y otros grupos de presión (y los entrevistados por el sondeo de la UCR) parecen no advertirlo. Mal momento, aunque estentóreamente preparado.

Enrique (Costa Rica).- Hoy (26/09/2018) leí temprano aunque algo a la carrera un artículo de Velia Govaere que decía algo semejante a lo que usted dice. Parece que nos ha llegado la desgracia y deberemos aprender del sufrimiento que nos hemos autoinfligido.

HG.- Yo también me levanto temprano y miré el artículo. Se llama "Una entreabierta caja de Pandora". Es valioso y ojalá muchedumbres informadas y líderes exquisitos hicieran algún caso a la articulista. Sospecho esto no ocurrirá. En otro ángulo, Govaere escribe que "...quiero creer que aún existe un poder ciudadano oculto que no defienda intereses y nos desate de las amarras de la mezquindad". Mi opinión es que ese poder ciudadano no existe o está dormido desde hace mucho (existe reponsabilidad de los partidos en esto) y que tal cosa no ocurrirá. Costa Rica es un país de "personalidades" (efectivas o falsas, no importa). Están en todo lugar. Tal vez un documento firmado por muchas de ellas (ex-Presidentes, diputados, altos jueces, directores de medios, ex-parlamentarios, deportistas destacados, escritores y artistas, rectores de universidades, etcétera, cualesquiera sean sus opciones políticas) podría convocar a un espíritu santo (con minúsculas) que logre se vote favorablemente la reforma fiscal (con todos sus defectos) y genere el espacio (que debería prolongarse por años) que facilite políticamente construir una república sana, trabajadora y responsable. Frugal. Sin bombetas. O sea que acabe con los chillidos de todo tipo (las "mezquindades" de Govaere) y abra paso a una nueva Costa Rica que mucha gente (o todos) se merece. Por supuesto sería un milagro. Y también la confirmación de una ruptura con la elección presidencial recién pasada. Gracias por la lectura tempranera.

Luisa, Sandro (Costa Rica).- Somos miembros de una Comisión de la Asociación de Estudiantes de Filosofía y queremos extenderle una invitación a un conversatorio que versará sobre la huelga y la reforma fiscal, mañana jueves 27 de septiembre, en el auditorio Roberto Murillo, de 10am a 1pm. Nos acompañarán RH y GG, los únicos dos profesores que han confirmado la asistencia, por el momento. Sin embargo muchos otros profesores e investigadores se encuentran anuentes y muy interesados en participar (solo que no están de fijo). La idea del conversatorio es que sea bastante horizontal, procurando mucha participación del estudiantado de filosofía. Tanto nosotros, como los demás integrantes de la Asociación y los estudiantes estaremos muy alegres de tenerlo con nosotros en el conversatorio. ¡Ojalá pueda participar! Le envío un cordial y afectuoso saludo.

HG.- Luisa y Sandro: gracias por su mensaje. Deseo estén ustedes usted con salud, actividades y logros. Me hubiese gustado escuchar lo que los especialistas y los estudiantes en Filosofía tienen que decir sobre los acontecimientos en curso y acerca de sus condiciones de producción y horizonte. Por desgracia su correo me llega cuando ya tengo un jueves pautado y lleno de compromisos (es el día en que no me acerco al campus Rodrigo Facio). En ese horario, además, sería difícil conseguir parqueo.

En mi página web Pensar América Latina existe una intervención larga sobre el tema de su reunión (no sobre su historia y perspectivas).Tiene el título estrambótico de Odios enmadrigados. La serie resulta larguita porque suscitó muchas reacciones de costarricenses que no están de acuerdo conmigo.

Saliéndome de la anécdota, mi criterio es que el país carece de ciudadanía y por ello no pudo (y no puede) reaccionar política y culturalmente
a la transición desde un modelo de desarrollo a un modelo mundial de crecimiento (el primero puede tener rostro 'nacional') y ello constituye el núcleo del conflicto actual. Es una versión todavía más dramática del enfrentamiento entre "civilizados" y "barbaros" de las elecciones recién pasadas. Ahora se enfrentan "sindicalistas" y "reformistas fiscales" (estos últimos con sesgo neoliberal), los primeros "tradicionales"
y los segundos encabezados por quienes algo o mucho perdieron en la Guerra Civil del 48 y que hoy en su conjunto con sectores emergentes constituyen una neoligarquía.

El resultado es que no se da diálogo ninguno porque no puede haberlo. Sin tener culpa en ello se enfrentan zombis arrogantes en ambos lados. Resultan ser actores animados por Espíritus Santos de mundos diversos. Y en el medio y por los costados una falsa ciudadanía exige el degüello de unos y otros. Ni imagina donde está parada esta ciudadanía. La resolución implicaba trabajar políticamente desde la década de los noventas. Por supuesto nadie lo hizo. Los intentos fueron iniciativas aisladas y desubicadas (Abel Pacheco, Ottón Solís, Laura Chinchilla, por ejemplo) que no asumían adecuadamente el carácter del proceso de crisis (no enterraban a los muertos) y una ciudadanía que vociferaba porque el Machillo Ramírez no acertaba una sin dejar (la ciudadanía espuria) de celebrar sus viernes negros (transformados en año de compras). Y todo esto mientras América Central se termina de desangrar en un mundo que no es para los centroamericanos (¿existirá alguno para ellos?). Habrá que recordar un minúsculo detalle: este es patio estadounidense. En la crisis atribuida a Carazo (década de los ochenta), EUA sostuvo. Le interesaba y convenía. En ésta, Trump ni se pronuncia. En fin, cuentos de anciano.

Pero les agradezco la invitación. Como ve no tenía nada que decir sobre el tema. Pero aprovecharé para incluir esta respuesta ligth en mi página web. Ya había cerrado el asunto porque me forzaban a hablar de lo mismo. Así que les agradezco sinceramente. Que tengan una buena reunión. Y ojalá logren insertarla en algún tipo de movilización efectiva. No es fácil.

Mirta, Ernesto, Guillermo (Costa Rica).- Usted califica ahora de “zombis arrogantes”  tanto a los sindicalistas como a quienes van por el plan fiscal. Pero antes nos pareció se inclinaba por los sindicalistas. ¿Qué lo hizo cambiar de bando o declararse neutral?

HG.- Los sindicalistas del sector público deberían expresar toda la dignidad del trabajo humano y por lo tanto no existe duda acerca de por quienes habría que inclinarse. La neoligarquía y el actual Gobierno se determinan por la idolátrica acumulación de capital y por sus intereses derivados y por ello resultan igualmente inelegibles. La complejidad se sigue de que en la situación actual los sindicalistas y quienes los apoyan eligen conservar un mundo que ya está superado. Sus rivales desean un cambio: ponerse a la altura de los tiempos para hinchar bolsillos y aplastar toda réplica. Si hubiese nacido en una familia oligárquica, y comprendiese esto, me inclinaría por el bando sindical. Luego, se trata de zombis de distinto tipo. Los sindicalistas están alelados por un pasado que no retornará y por una historia en la que cometieron errores sistémicos. La neoligarquía es prisionera de su gula y odios y en su horizonte se dibuja la antihumanidad. Como se ve, no soy neutral. Pero tampoco estimo que los menos malos tengan que ganar por serlo. Cometieron el error de no buscar ni irradiar legitimidad socio-cultural. Se ensimismaron y enclaustraron. Su eventual triunfo conduciría a derrotas. El eventual triunfo de los oligarcas codiciosos también conduciría a derrotas y aplastamientos. Uno de sus escribidores ironiza hoy diciendo que el despido de empleados públicos podría hacerse por orden alfabético. En la pugna, Costa Rica ya fue derrotada y no lo sabe. En los enfrentamientos sociales que determinan un cambio de época cómo se llegó a la lucha (lo que se hizo o dejó de hacer en el pasado) tiene costos y potencialidades. Para los sectores populares resulta insensato atribuir las derrotas a los adversarios. Tanto la victoria como la derrota se siguen de procesos y cosas que se hicieron, no se hicieron o se hicieron mal. El resto es música.

Mirta y otros (Costa Rica).- Su bando fue derrotado. El plan fiscal va. Fue votado por la Asamblea Legislativa ayer viernes 5 de octubre. 35 votos contra 22. Fin de la historia.

HG.- En realidad a mí personalmente la legalidad del país me permite inclinarme por un bando, pero no tomar parte en él. Soy extranjero. No tengo ningún problema con que se me prohíba participar en política. Y lo que afirmé es que me inclinaba por el bando menos malo. Esto en un contexto en el que, en el 2018, no existía bando “bueno” y con el triunfo de cualquiera de los dos Costa Rica perdía. Ya ganó uno y Costa Rica perdió. A la victoria podría crearle zozobras el Poder Judicial que no se alió con los sindicalistas pero que quizás intente suicidarse en función de sus propias gulas: que el plan no toque sus salarios y privilegios. Lo más probable es que se negocie una salida para los magistrados. La negociación será buena para el grupo de presión pero difícilmente lo será para el país. Repito que para el país en este momento no existe salida buena. En otro alcance, el plan fiscal es un paso en un proceso. Así lo reconoce el Presidente Alvarado. El plan fiscal “…No es la solución absoluta, pero sí un avance muy considerable”. El ‘avance’ lo determinan ideologías y fuerzas. Y aquí son más fuertes la ideología neoliberal y la neoligarquía. Lo que para ellos sea un “avance” para otros sectores y formas de pensar el mundo y estar en él quizás implique zozobras, pesares y desesperanzas inabordables. O sea violencia. Y algunos quizás querrán responder a esa violencia con otras violencias. Tal vez no y solo languidezcan, se desesperen y emigren. Es decir lo que hacen muchos centroamericanos.

Ahora, en una intervención temprana en este diálogo señalé fallas históricas de los sindicatos del sector público aunque no precisé sus alcances en esta huelga porque estaba en curso y no me pareció prudente hacerlo. Las fallas eran: “…no se han empeñado en conseguir un ligamen efectivo con los usuarios de los servicios públicos vía el mejor u óptimo servicio. Dos, no han peleado para que se evalúe sistemáticamente al menos dos aspectos de su desempeño: la calidad y efectividad de su trabajo y su ligamen constructivo con el sector privado y cooperativo. Tres: no avanzar sistemáticamente denuncias  y propuestas para un mejor funcionamiento (ni clientelar ni burocrático) de las instituciones en las que sirven a los costarricenses. El cuarto también es grave: no generar desde sus liderazgos nuevos líderes y nuevas formas de sindicalismo que se constituyan en factores de la sensibilidad difusa y explícita de los costarricenses. Han regalado el campo a sus adversarios y enemigos, que los tienen. Un mejor desempeño sindical contribuiría con la creación de una ciudadanía responsable hoy inexistente y despierta solo para la cómoda descalificación y el insulto”. Señalé esas fallas porque resultaban costosísimas en este 2018. No mencioné, porque en el contexto resultaba de ‘política-ficción’, que con sus ingresos los sindicatos podrían (hace ya mucho) haber levantado una alternativa de información (impresa, digital, radial y ojalá televisiva) no para hacerse propaganda sino para generar información efectiva para la ciudadanía costarricense actualmente saturada unilateralmente por medios que no se requiere nombrar. No se intentó. Se prefirió la ‘comunicación’ sectaria que inevitablemente rebotaba como búmeran en el predispuesto oyente hostil.

Como como después de la batalla todos somos Napoleón, los sindicalistas ya en el momento de la confrontación reciente cometieron errores graves. Una: equivocaron el escenario: la reforma fiscal era debatida en la Asamblea Legislativa y enviada por el Ejecutivo. Si se buscaba impedir su aprobación el escenario central era la Asamblea Legislativa. Allí debía centrarse la fuerza sindical: avanzar un espacio de diálogo con algunos diputados (había muchos) que los representaran total o parcialmente en los debates. Manifestarse en las afueras de la Asamblea y en su recinto interno focalizando tanto los espacios de cierre y alboroto. Esto permitía actuar y a la vez transmitir un mensaje. Permitía también llamar a un día de huelga (o una mañana) general cuando se estimara necesario. Y a varias manifestaciones multitudinarias. Se hizo una y fue buena. Como se equivocó el espacio central de lucha no hubo más que una y buena pero aislada. Se pudo ocupar una y otra vez la Plaza de la Democracia con quioscos para la ciudadanía. Equivocarse del todo en este punto resultó muy negativo para los sindicalistas. El segundo error (este ¡increíble!) fue que sus dirigentes dialogaron 10 días para lograr un primer acuerdo con el Ejecutivo y luego corrieron a preguntarle a sus bases si aceptaban ese acuerdo preliminar (que no levantaba la huelga). Los dirigentes debieron informar a las bases, no pedirles una aprobación o rechazo. Ellos fueron elegidos como dirigentes y representantes en la mesa de diálogo. La base los siguió en la huelga (mejor o peor). Se suponía su apoyo a lo dialogado, o sea el acuerdo preliminar. Con el rechazo de un sector de las bases se incurrió en suicidio. Incomprensible en dirigentes experimentados. La decisión de huelga general permanente ya fue un error. Y la consulta, un suicidio. Vladimir de la Cruz publicó un artículo largo sobre este último punto en su espacio en la Columna El Pizarrón, del periódico La República (“Una huelga y una lucha social sin objetivo posible no puede ser triunfante”, 03 de octubre). Coincido en términos básicos con su enfoque. Tal vez deba hablarse de la necesidad de un nuevo sindicalismo para Costa Rica, nuevo sindicalismo que represente permanentemente y con lucidez a los trabajadores y establezca un pacto con la ciudadanía por medio de un magnífico servicio público y la crítica constante a la dirigencia burocrática de las instituciones (corrupta por ineficiente) y, en algunos casos, probadamente venal (es decir que se enriquece personalmente desde sus posicionamientos; ‘probadamente’ quiere decir que se hacen llegar las denuncias o sospechas al poder judicial). Pero tal  vez estos dirigentes sindicales actuales ni siquiera renuncien ya no a sus cargos, sino a seguir actuando en contra de los intereses de los trabajadores y de Costa Rica. A la hora buena resultaron grotescos. Y en las horas largas del enfrentamiento cultural, ineficientes por desorientados. Y aquí abandono mi posicionamiento de general después de la batalla.
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