Universidad Omega N°63,
agosto del 2018.

 

   “La historia oficial” es una película argentina (Luis Puenzo, Argentina, 1985, ganadora del Óscar y del Globo de Oro [Prensa Extranjera de Hollywood]) que versa sobre la criminalidad y el dolor contenidos en la entrega de los hijos de los “desaparecidos” a ‘nuevos padres’ pertenecientes a los circuitos de quienes se favorecían con la criminal política económica del llamado “Proceso de Reorganización Nacional" (1976-1983) en ese país. Sobre una base de expropiación, terror y asesinatos perpetrados por los grupos “poderosos y decentes dominantes” en América Latina se constituyen o reconstituyen ‘familias”  y nuevas ‘comunidades’. La realidad de Costa Rica no es desde luego la de Argentina (entre otros factores porque carece de ejército), pero este 2018 La Nación S.A. ha resuelto presentar la “historia oficial” de Costa Rica. Lo ha hecho a partir del “escándalo” de un ‘adoctrinamiento ideológico’ que habría realizado el Partido de Acción Ciudadana (PAC) desde su control del Ministerio de Educación Pública en el primer gobierno (2014-2018) de esa organización. Ya introdujimos el falseamiento básico, contenido en el planteamiento que el periódico hace de esa discusión, en un artículo anterior (“Sociedad y escuela o Escuela y sociedad”).

   El domingo 5 de agosto el periódico ha vuelto sobre el tema, en otro editorial que contiene una síntesis de lo que sus propietarios y funcionarios de confianza estiman constituye la “historia oficial” que los costarricenses (y el mundo) deben tragarse bajo pena de ser considerados ‘adoradores, defensores y publicistas’ de un inexistente Shangri-La (1) desarrollista con un Estado gestor hipertrofiado que ha resultado causa determinante “de nuestros retos más importantes” actuales (Editorial, La Nación S.A., 5/8/2018).

   Para el texto de este editorial, las carencias del país saltan a la vista, pero no son producto de la destrucción del Shangri-La costarricense por el “modelo” de promoción de las exportaciones y el fin del “Estado gestor”. Disgustado, el editorialista enfatiza que “…muchos de nuestros retos más importantes son producto de la hipertrofia del Estado, que no ha parado de crecer en las últimas décadas, contrario a la falsa narrativa del programa de Estudios Sociales” (Editorial, “Distorsiones históricas”, La Nación S.A., 5/8/2018). Contra este imaginado y oneroso Shangri-La “izquierdista”, el crecimiento y diversificación de las exportaciones “ha servido para financiar los excesos que están a punto de costarnos caros”. Se recordará que el punto a discutir no es si la población costarricense pasó de un 50% de pobreza y miseria a mitad del siglo XX a un 20% (redondeando cifras) actual, sino cómo un país que se ubicaba entre los mejores (en una de las regiones del mundo que peor lo hace) en la distribución de la riqueza hoy avanza sin freno a ser uno de los peores. En cuanto al coeficiente Gini, que intenta medir la desigualdad, Costa Rica dejó de ser vecino de Uruguay (el que mejor distribuye la riqueza en A.L.) para aspirar a superar a Brasil (el que peor la distribuía). Entre 1990 y el 2013  el Gini costarricense pasó de un 0,374  a un 0, 524 (datos del Banco Mundial). La medición local, para el 2017, se mueve, según regiones internas, entre 0,485 y 0,523. El coeficiente Gini de Uruguay en el 2016 fue de 0,391. El de Brasil, ha pasado de 0,620 en los ochentas del siglo pasado, a 0,530 en este siglo. Guatemala, el país que peor distribuye la riqueza en Centroamérica, transitó desde casi 0,600 en la década de los 80 del siglo pasado, a 0,480 actualmente (cifras del Banco Mundial).

   Básicamente esto quiere decir que una diversificación de las exportaciones puede influir positivamente en el crecimiento económico (PIB), pero de ello no se sigue automáticamente una mejoría de las condiciones de existencia de la población. Una razón central para que esto no ocurra es que la diversificación de las exportaciones no implica, en la situación centroamericana, despliegue tecnológico propio sino desplazamientos tecnológicos (Intel, por ejemplo) desde regiones centrales que contribuyen al crecimiento local pero pueden asimismo acentuar dependencias tecnológicas, generar endeudamientos y acentuar fragmentaciones sociales porque las nuevas tecnologías operan como enclaves o clústeres. El punto se relaciona con una mundialización en la que Costa Rica o América Central tienden a desaparecer y son transformados en puntos de inversión privilegiada por empresas internacionales o transnacionales que determinan el carácter del proceso económico. Por ello no existe un vínculo directo entre crecimiento y diversificación económica y mejoría de existencia de la población (que sigue identificándose como ‘nacional’ aun cuando económicamente las naciones han dejado de existir). El más destacado ejemplo actual de esta situación es que el lema o grito de Donald Trump “Make America Great Again” (Devolvámosle a los Estados Unidos su grandeza) suele considerarse económicamente reminiscente o fuera de tiempo y lugar incluso por sectores que votaron por él. Suponemos que nadie atribuirá a Trump ser partidario de un Shangri-La izquierdista. Hoy es tiempo de mundialización económica (es decir de hacer del planeta entero puntos de inversión capitalista privilegiada y de logro de la más alta ganancia factible, esta sí localizada en empresas específicas y en circuitos financieros mundializados).

   Cuando las naciones han dejado económicamente de existir, sus poblaciones ‘nacionales’ también lo hacen. Sólo existen en los distintos puntos del planeta opulentos empresarios poderosos y sus empleados, grupos medios provisorios  (cualquier giro tecnológico-empresarial mundial o guerra puede dejarlos sin empleo), segmentos informales, no necesariamente miserables, migraciones crueles en busca de tierras soñadas (nada ni nadie las promete) y auge de disfunciones: incremento del crimen organizado (especialidad de la especie en tiempos azarosos) y de la violencia criminal ‘corriente’ (feminicidios, asaltos, etc.) usurpaciones amparadas en el poder de facto y daño ambiental quizás ya irreversible y al que la gula y el consumo de distintos niveles tornan, tanto a opulentos poderosos como a compradores masivos, en ciegos irresponsables. En este escenario Costa Rica no existe y su Estado molesta (un ejemplo son  sus dificultades con Uber) en relación con las prácticas para transformar enteramente su locación en puntos de inversión privilegiada (o sea que rinden ganancias medias superiores a los poseedores de las diversas formas que asume el capital). El ‘desarrollo’ deviene transferencias de riqueza a las empresas que entregan carácter al proceso y también endeudamientos inevitables en un modelo de consuma-ahora pague después aunque el planeta no soporte las dinámicas de la acumulación codiciosa.

   La anterior descripción sirve de base para comentar la Historia Oficial de Costa Rica gestada desde la ceguera ávida de los opulentos local-transnacionales y que los lleva a escandalizarse ante cualquier realidad que los despeine. En tiempos de codiciosa lujuria copuladora toda realidad diversa y todo diverso se estima obstáculo vestido y no prostituible. De ahí la extrema desnudez de la lujuria posesiva propietaria. Puesto que no resulta factible satisfacer panzas con avariciosas bocas angurrientas, la dinámica de fragmentaciones sociales y creación de vulnerabilidades genera resistencias hacia la codicia de los poderosos y opulentos y ellos y sus escribidores ni piensan ni discuten, aúllan.

                                                                                                                      II

   El editorial completo del periódico, “Distorsiones históricas” aparece como anexo de este artículo crítico. Lo conforman 11 párrafos gramaticales en su versión en papel. La versión digital (que incorpora algunos énfasis) es ligeramente distinta y puede ser consultada en el archivo del periódico o desde un buscador escribiendo La Nación Editorial Distorsiones históricas. Los numerales siguientes remiten a los párrafos gramaticales y el contenido de estos párrafos suscita observaciones de parte de quien analiza.

   I, II, III.- El editorial comienza con un refrito periodístico (2). El refrito habla de la existencia de un “héroe”, el Ministro de Educación pre-PAC (señor Leonardo Garnier) quien gestó y tramitó, hacia el final de su mandato (2013) un Programa de Estudios Sociales “más ajustado a la realidad histórica y dirigido a estimular el pensamiento crítico, y sus antagónicos, los correspondientes “villanos” “:…la administración de Luis Guillermo Solís (2014-2018) echó por tierra el esfuerzo y volvió por el sendero de la distorsión histórica para favorecer la interpretación del desarrollo nacional en boga entre los grupos de izquierda”. Ya se mencionó que la declaración del señor Garnier no corresponde al título que el periódico dio a la entrevista que le solicitara. Garnier enfatizó que toda lectura contiene ‘ideología’. Abogó, es cierto, no por el adoctrinamiento sectario sino por una comprensión crítica (hasta aquí Garnier). Pero esta comprensión crítica no se sigue directamente de textos sino de las actividades promovidas en las aulas y fuera de ellas por los facilitadores de aprendizajes (desgraciadamente llamados todavía profesores y maestros y titulados con estos nombres). De modo que en una discusión informada este párrafo carece de todo valor. Con la metodología apropiada, cualquier texto, incluso sectario y desinformado, puede servir como punto de partida para aprendizajes críticos. Ejemplo: la iglesia católica lee los evangelios (literatura emancipadora) de una manera autoritaria y así los “enseña”. Por eso solo se les puede contestar Amén. Si se los presentara y discutiera (en situación judía y costarricense) el resultado sería una re-creación desde situaciones del mensaje liberador que ellos contienen en las complejas condiciones actuales. Ningún texto dice solo lo que su letra ‘original’ indica, aunque se le atribuya a divinidades. Todos los textos han de ser reinterpretados y discutidos desde las historias de quienes los leen. Estas historias son también “textos”.

   Los “antagónicos” del héroe Garnier son todavía peor tratados. La redacción de una pregunta en un formulario es transformada en ‘narrativa izquierdista’ que ‘distorsiona’ la historia y es atribuida no a los funcionarios específicos del Ministerio de Educación Pública sino a toda la administración Solís (en el límite, el Presidente habría dado una directriz a todos los funcionarios de su administración para distorsionar izquierdistamente la historia y éstos funcionarios ¡le habrían obedecido!). En literatura le llaman a esto realismo mágico. Ningún partido costarricense posee este control disciplinario e ideológico. Menos todavía el PAC que ni siquiera alcanza a ser partido (es muchas fracciones que no se tragan entre sí) y tampoco ninguna administración puede someter en Costa Rica a todos los funcionarios públicos porque hereda a una mayoría de ellos de administraciones anteriores y, jurídicamente, no posee la capacidad (legal y económica) para removerlos. Además el presidente Solís-PAC bregó, por ejemplo, por incorporar a Costa Rica a la OCDE (3) lo que resultaría incompatible con su voluntad de demonizar el carácter del intercambio económico mundializador actual. La responsable potencial de la ideologización podría haber sido el sucesor del héroe, el nuevo Ministro de Educación, una mujer, Sonia Marta Mora, pero el editorial no la menciona y ella desmintió en su momento el carácter ideológico manipulador que se atribuyó a la pregunta del escándalo. Y ni la señora Mora ni el PAC son de izquierda. Además, el inexistente PAC se manifestó en su momento críticamente respecto del Tratado de Libre Comercio con EUA (2003-2007), pero no enemigo frontal de este convenio. Lo que señaló es que el país debía realizar previamente los cambios internos que este Tratado supondría y no esperar a que el convenio obligara a hacerlos. Esto para aprovechar ventajas y bloquear, hasta donde fuera posible, desventajas. Era una posición racional. Como nadie hizo caso a su planteamiento, tendió a alinearse con el No en un referéndum sobre la aprobación o el rechazo del Tratado (2007). La votación por el No fue importante, 48.38%, pero perdió. Lo que interesa aquí es que ninguna agrupación a la que se satanice como ‘de izquierda’ en Costa Rica lograría alcanzar casi el 50% de los votos. La izquierda costarricense fue derrotada en la guerra civil de 1948 y desde entonces no ha recuperado el vigor que pudo alcanzar  hasta esa fecha. Ese brío le permitió participar activamente en un tipo de Frente Popular, propio del período, pero nunca consiguió por sí mismo alcanzar una votación del 50%. La señora Mora, ya mencionada, entre otros aportes, intentó introducir para los estudiantes del último año de Educación Media un programa sobre Vida Afectiva y Sexualidad, pero eso no la hace ‘de izquierda’, sino solamente muestra que se trata de alguien sensato (en Costa Rica el ejercicio sexual con penetración puede empezar, para las mujeres, a los 13 años).

   Los párrafos del editorial comentados hasta aquí, dicen: “La distorsión izquierdista de la historia procura demonizar la apertura comercial e inserción del país en el mercado internacional. Esa narrativa, visible en los materiales ofrecidos hasta hace poco por el MEP en Internet, todavía se les enseña a los estudiantes de los últimos años de bachillerato.// El adoctrinamiento ideológico en el sistema educativo costarricense no es nuevo, dice el exministro de Educación Pública Leonardo Garnier. Poco antes de dejar el despacho, Garnier logró la aprobación del Consejo Superior de Educación para un programa de Estudios Sociales más ajustado a la realidad histórica y dirigido a estimular el pensamiento crítico, pero la administración de Luis Guillermo Solís echó por tierra el esfuerzo y volvió por el sendero de la distorsión histórica para favorecer la interpretación del desarrollo nacional en boga entre los grupos de izquierda”.

   Insistiremos: el texto anterior constituye un refrito periodístico cargado de estereotipos que hablan de una realidad imaginada y buscan descalificar a la primera administración PAC (sólidamente deteriorada por un escándalo bautizado por este misma prensa como “cementazo”) y decirle a la nueva administración PAC: atento, aquí estamos nosotros. Podemos perder las elecciones (el candidato del periódico pertenecía al PLN y terminó tercero en la primera vuelta), pero no la guerra. Somos la principal fuerza para destruir o semiparalizar gobiernos. El PAC ganó por segunda vez la Presidencia, pero es débil en todos los otros espacios de la administración pública. Algo semejante ocurrió con su primera victoria presidencial.

   Los textos del editorial referidos aquí se completan de este modo: “Esa narrativa (la de los grupos de izquierda), visible en los materiales ofrecidos hasta hace poco por la página del Ministerio en Internet, todavía se les enseña a los estudiantes de los últimos años de bachillerato y coincide con la ficción construida por grupos minoritarios en el país, pero bien representados en la burocracia del MEP. // “La distorsión de la historia procura demonizar la apertura comercial e inserción del país en el mercado internacional. Es una visión atascada en el debate sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, pero con una alta dosis de hipocresía. La administración Solís dio marcha atrás a los programas de estudio promovidos por Garnier y retomó el camino de la manipulación ideológica, pero no hizo esfuerzo alguno por abandonar el TLC” (el paréntesis no figura en el original).

   Solo un comentario: el señor Solís no hizo nada para retirarse del TLC porque no es un “izquierdista” que distorsiona la historia y porque un retiro unilateral  de ese tratado, sin recibir sanciones, solo puede  hacerlo EUA. EUA resulta central para las economías centroamericanas porque ésta área es geopolíticamente suya. Luego, en este espacio centroamericano no se puede ser antiimperialista a secas sino sabiamente nacional si es que tal cosa resulta factible. Ninguno de los gobiernos centroamericanos puede intentar una salida unilateral el TLC con EUA porque la normativa del Tratado no lo permite y solo puede alterarse por consenso y, para el caso de Costa Rica, volvería quizás a polarizar a la población y perjudicaría a cualquiera administración ya que a la polarización concurren CNN, el Gobierno de EUA y los más poderosos grupos locales. Este ‘realismo’ de sentido común del señor Solís, cuya principal ocupación antes de llegar a Presidente fue la de académico prestigioso, lo califica el editorial de “alta dosis de hipocresía”. O sea, si lo hace o intenta el retiro es un “izquierdista minoritario manipulador no ajustado a la realidad histórica”. Si no lo hace, su acción contiene “una alta dosis de hipocresía”. Resultaría jocoso si no se tratase del principal medio impreso en un país ‘democrático’ que habla no solo a sus lectores sino a la ciudadanía.

   IV, V, VI, VII y VIII.- Estos párrafos del editorial se interesan en mostrar que la historia de una Costa Rica floreciente se inicia en la década de los noventa del siglo pasado cuando el país se mueve desde una “economía del postre” (exportaciones de café, banano, azúcar y carne) a una “economía de servicios” como “sucede en las economías modernas”. Para afirmar llanamente esto debe ignorarse totalmente la historia de los procesos mediante los cuales Costa Rica transitó desde una economía de “igualiticos pobres” (ideología de dominación gestada antes de la Guerra Civil del 48) a la Costa Rica de hoy que enfrenta una crisis fiscal para la cual no encuentra por el momento una salida dialogada (o sea política) y tampoco tiene capacidad para enfrentar los desafíos que denuncia. una pobrísima infraestructura (caminos, puentes, acueductos, etc.) no atendida por casi medio siglo, la disfuncionalidad patente de sus poderes Judicial y Legislativo y de muchos gobiernos municipales, el mal rendimiento generalizado del Estado, el auge del crimen organizado (especialmente el narcotráfico), el endeudamiento particular y público y la ausencia de ciudadanía efectiva.

   El párrafo VIII dice: “Los “postres” apenas representan hoy el 13 % del total exportado y solo la ignorancia más grosera se atrevería a pensar que el país estaría mejor si hubiera seguido el mismo camino. El café, alguna vez descrito como “el mejor ministro de Hacienda”, dejó de serlo y subsiste como producto de nicho porque no podemos competir por cantidad en un mercado al cual se incorporaron países africanos y asiáticos con niveles salariales inferiores y mínimas cargas sociales. Por eso hemos desarrollado exportaciones industriales y tecnológicas, además de nuevos productos agrícolas –incluido el café gourmet– y una rica oferta de servicios”.

   En realidad Costa Rica inició su realidad actual (con sus logros, desviaciones y desafíos que no consigue transformar en problemas) antes de su Guerra Civil (1948). Se centra en la gestión inicial de lo que se ha llamado Estado Reformista, derivado de un tipo peculiar de Frente Popular (Presidente social-cristiano, principal jerarca de la Iglesia católica, comunistas) con movilización de los trabajadores y que logró insertar en la Constitución una normativa sobre Garantías Sociales y un Código del Trabajo. Igualmente se crearon la Universidad de Costa Rica, una Caja Costarricense del Seguro Social y una Orquesta Sinfónica Nacional. Los “igualiticos por su pobreza” tendrían desde ese momento más y mejor salud, educación superior, seguridad laboral y podrían también disfrutar de Mozart y otros y estudiar piano. Era el rostro costarricense, inédito en América Latina y espectacular en América Central, de un Estado de Bienestar. Los zapatos para toda la población vendrían después, con José Figueres Ferrer (y lo que sería el PLN). Pero bienestar y zapatos constituyeron un inicio o el punto de inflexión de procesos. Este Frente Popular polarizó la política y condujo a una guerra civil (1948) en la que resultaron derrotados de distinta forma el gobierno calderonista, la oligarquía tradicional y los comunistas. Los triunfadores en la guerra, encabezados por el ya mencionado José Figueres, mantuvieron las instituciones del Estado de Bienestar, aunque desmovilizando a los trabajadores, y añadieron, por ejemplo, una nacionalización de la banca. En tres décadas la institucionalidad frenteamplista prolongada por el figuerismo produjo una población saludable (la mejor salud del continente), significativamente escolarizada y productora de profesionales y empresarios (sectores medios y nuevos sectores altos) aunque los logros se concentraron en la meseta central y no redujeron pobreza y abandono en las áreas costeras. En el mismo período se institucionalizó un movimiento cooperativo. El ethos central de estas décadas fue desarrollista en perspectiva latinoamericana, o sea que combina crecimiento económico con justicia social aunque con escaso, o del todo sin protagonismo, de los trabajadores (un tipo de venia a la Guerra Fría) y, en el caso costarricense, sin producción de una ciudadanía moderna.

   En lo que nos ocupa la realidad anterior puede leerse así. La transformación de Costa Rica en una sociedad distinta a las centroamericanas, y por ello especial, tiene su fundamento en políticas sociales generadas en procesos abiertos a finales de la década de los 40s del siglo pasado (aunque posee antecedentes más antiguos) y que tuvieron como factor central mejoramientos sustanciales en salud, educación, estatización financiera y alta cultura, políticas de las que se benefició especialmente la población de la meseta central que materializó una sociedad de capas altas y medias y también de pobreza y miseria minoritarias pero ‘normales’ en las sociedades latinoamericanas y centroamericanas. Cuando mundialmente los poderes vigentes dan por agotada y superada la fase desarrollista (décadas de los 80 y 90) por criterios de crecimiento en el marco de una mundialización mercantil centrada en las tecnologías de punta (Internet se despliega entre 1969 [articulación]) 1990 [(transmisión]) Costa Rica ya posee mayoritariamente una población saludable y escolarizada, aunque muestra rezagos significativos en su articulación infraestructural (vías, puertos, alcantarillado, etc.) y político-cultural (principalmente ausencia de ciudadanía contemporánea) y su Estado ha transitado desde un ethos de bienestar a un ethos clientelar y patrimonialista. El Estado social que debía integrar a la población, la escinde y segrega. Adiós igualiticos. Esta realidad, con sus méritos y desviaciones, es la que concentra el furor de la oligarquía tradicional y con menos odio el de una neo-oligarquía generada por el Estado clientelar desarrollista. Las pugnas se tornan evidentes en la década de los 90 en los que se dan los primeros enfrentamientos político-ideológicos entre los partidarios de un falso Consenso de Washington (nunca existió este evento) con ethos neoliberal y los más ‘tradicionales’ de los desarrollistas surgidos desde la Guerra Civil. El ethos neoliberal es portado principalmente por la antigua oligarquía tradicional (en parte derrotada en 1948 y años siguientes, pero que no fue aplastada) y grupos empresariales y profesionales urbanos (neo-oligarquía) y sectores medios citadinos (consumistas) gestados por un Estado de bienestar con desviaciones patrimoniales y clientelares (el clientelismo burocrático y no burocrático ha terminado desplazando y reemplazando la acción popular contenida en el inicio de la institucionalización desarrollista). Señales claras de esta nueva realidad social, política y cultural) son la aparición de un Movimiento Libertario (1994), neoliberal, y de un Partido de Acción Ciudadana (2000) que, rompiendo el bipartidismo ‘desarrollista’, buscan el primero encabezar una Nueva Costa Rica determinada por la ‘sacralidad de la acumulación de capital’ y la glorificación del individuo, y el segundo remozar (crítica ética y línea hacia los sectores medios ‘sanos’) y desplazar a los deteriorados partidos inicialmente desarrollistas (PLN y PUSC). En 1994 asimismo el Partido Vanguardia Popular (Comunista) pierde toda representación parlamentaria e inicia su proceso de extinción. La descomposición-recomposición de la política interna sin embargo alcanza sus picos más dramáticos con las acusaciones judiciales contra los expresidentes Rafael Ángel Calderón (PUSC, peculado y enriquecimiento ilícito; condenado en el 2009) y Miguel Ángel Rodríguez (PUSC, cohecho y corrupción, en este momento absuelto por razones formales) y las sospechas que no lograron concretarse en acusación judicial contra el también expresidente José María Figueres (PLN, 2004, presunto soborno, la Fiscalía no logró levantar prueba, el exmandatario retornó al país sólo cuando prescribieron los cargos eventuales). Estos conjunto de hechos (algunos de ellos extremadamente ingratos) para la institucionalidad costarricense marcan el carácter de una nueva guerra ideológica entre unos desfallecientes últimos representantes del desarrollismo clientelar y los pujantes ideólogos del crecimiento hoy dominantes en la escena política y en los medios de comunicación, pero sin conseguir todavía claramente un gobernante. La crisis fiscal y el equipo económico podrían precipitar que la actual administración PAC (Presidente Carlos Alvarado) sea el primero, o le abra paso.

   Lo que interesa aquí sin embargo es que la población saludable y relativamente informada que hoy encarna y soporta los brillos y las oscuridades de un mundializado crecimiento económico (compre use y bote) fue producida en la etapa del desarrollo gestado desde finales de la década de los 40s y que comenzó a perder toda fuerza en la transición entre los siglos XX y XXI. La etapa del crecimiento o actual no ha hecho más saludable a la población costarricense, ni la ha educado mejor. Tampoco ha ofrecido más empleo. El surgimiento de hospitales y medicina privados y su indefinible (por mala) administración tienen al borde del colapso a una deteriorada Caja Costarricense de Seguro Social. La aparición de decenas de universidades privadas (algunas de garaje, otras con auspicio internacional) sin control efectivo alguno permite asediar y rebajar al sobreviviente sistema estatal universitario: el resultado amplio es: profesionales peor preparados (algunos no preparados del todo), e ideológicamente individualistas, y endeudamiento de una población que todavía cree que la educación implica más posibilidades de ascenso social y que en este ascenso los otros no importan. La agonía larga del desarrollismo, por su parte, muestra un aparato estatal y público autónomo altamente disfuncional (corrupción)  y orientado a las ganancias de grupos clientelares (venalidad). En este trágico naufragio concurren los desafíos de una violencia ‘tradicional’, intra y extra familiar, incrementada por una quizás no transitoria descomposición social y una nueva violencia determinada por un residente narcotráfico y el desamparo ‘ciudadano’ porque desde siempre no existe financiamiento para más y mejores policías. El escenario también se nutre con el eventual colapso del sistema de pensiones lo que materializa la transformación de los ancianos de sectores medios y bajos en cacrecos de mierda. Estos son los nuevos enrarecimientos que respira la que se consideró alguna vez a sí misma una Suiza Centroamericana. Costa Rica parece haber elegido el rodeo más largo para llegar finalmente a ser otra republiqueta centroamericana.

   Un miembro de la nueva oligarquía, que publica constantemente extendidos artículos en La Nación S.A., no tiene empacho en sostener que la mundialización en curso no consigue lo que de ninguna manera busca (él no lo escribe así): “La globalización ha resultado en la integración tecnológica, política, económica, cultural y social del mundo. Si bien no cumplió con la expectativa de generar mayor igualdad económica y social, con ella se crearon nuevas oportunidades para comercializar servicios y mercancías” (J. Woodbridge: “La globalización ha sido clave para el país”, LN: 7/08/2018, itálicas no están en el original). Lo que la mundialización no ha cumplido en ninguna parte del planeta (por lo demás sólo Woodbridge y quizás Quico del Chavo del Ocho tenían la expectativa de que generara igualdad económica y social) obviamente tampoco lo cumple en Costa Rica. Ya vimos que el coeficiente Gini del país nunca fue tan elevado como en estos años. O el articulista es demasiado torpe o no le importa el punto puesto que escribe que si bien la mundialización no genera mejor calidad de vida para la población humana ‘…ella crea nuevas oportunidades para comercializar servicios y mercancías’ en el mismo movimiento que mantiene o aumenta la desigualdad económica y social. O sea que al comercio internacional (y selectivamente al local) le va bien, pero a la gente mal. El señor Woodbridge se identifica en sus artículos como ingeniero. Si el comercio capitalista va bien o excelente, pero se da o la misma desigualdad económica y social o ella aumenta, ¿cómo hace la mundialización para lograr “… la integración tecnológica, política, económica ‘, cultural y social del mundo”? según reza su línea inicial. Donald Trump no estaría de acuerdo con esa observación. Tampoco la mayoría del electorado que votó la salida del Reino Unido de la Unión Europea en el 2016. ¿No lee los periódicos el ingeniero Woodbrigde? Si un reputado historiador inglés, Paul Michael Kennedy, escribe que la población africana (mil millones y ¼ de personas) no tiene cabida en la mundialización porque sus culturas no pueden asumirla, ¿será que es comunista? Kennedy añade que las áreas latinoamericanas con fuerte presencia indígena tampoco tienen cabida. Bueno, aquí se salvó Costa Rica. El problema es que si Costa Rica se salva (podría afectarla un factor distinto a su composición étnica), todos los indígenas, afroamericanos y mestizos del área vendrán a instalarse aquí. Sería una migración desesperada como las que ya se producen en estos días sin que se les vea final. Pero Woodbridge estima que estas migraciones son resultado de una “integración social y cultural”. Por supuesto las guerras (en el Medio Oriente, en Afganistán, la aparición de un Estado islámico, los besos y escupitajos entre los dirigentes de Corea del Norte y los líderes de EUA, la intervención de Rusia en las elecciones de EUA, el carácter planetario de la OTAN, la imposibilidad de alcanzar acuerdos y financiamientos para salvar la capacidad del planeta para sostener la vida compleja en él… en todo esto Woodbridge ve maravillosas oportunidades para comerciar (esto, desde cierto ángulo, es cierto) e “…integración tecnológica, política, económica, cultural y social del mundo”. Y uno que creía que los ingenieros profesionales eran expertos en las artes de problematizar, dibujar escenarios y ¡hasta pensar consistentemente!

   Pero no hay que caer sobre el ingeniero. Lo que él desea es simplemente propagandizar la tesis básica de La Nación S.A. sobre la historia de Costa Rica. Todo se lo debe esta nación a la mundialización. Woodbridge pone como ejemplo las Zonas Francas: “El actual empleo de manufactura de alto valor agregado en zonas francas supera 90.000, con más de un 51 % de los bienes exportados, compras locales supriores (en el original: debe decir superiores) a los $1.500 millones, salarios casi el doble del promedio nacional y que retribuye $6 por cada dólar exonerado”. Comencemos por el final: ¡esas empresas no deben pagar (más) impuestos! (la dificultad aquí consiste en que sin las exoneraciones pactadas o consentidas se irían a otra parte; el mérito no es solo de Costa Rica, sino de las exoneraciones que sus gobiernos conceden). “Salarios casi el doble del promedio nacional”. Aunque no da cifras, suponemos se refiere al promedio salarial de la empresa privada local. No es raro que los salarios de las Zonas Francas sean mejores: los pocos estudios al respecto indican que en las zonas no-francas del país entre un 28% y 33% de los empresarios no paga el salario mínimo de ley a sus trabajadores. Entiendo estos estudios no se ocupan de los salarios en los sectores rurales donde existe una significativa mano de obra nicaragüense que obtiene algo de comida y un suelo donde dormir por su trabajo. El cumplimiento de la ley es aquí lo encomiable, aunque el monto salarial también vale. Ahora, si Woodbridge destaca tanto las Zonas Francas en Costa Rica, ha de ser porque el resto del país no se parece a estas Zonas. En efecto, no se parece. Es decir que existe un mundo de Zonas Francas por un lado y un mundo costarricense por otro lado. Y esto en un país pequeño con alrededor de 5 millones de habitantes. ¡Se imaginan en el planeta entero! Pero Woodbridge, cronista de La Nación S.A. sostiene que la mundialización es Doña Toda: “La globalización ha resultado en la integración tecnológica, política, económica, cultural y social del mundo”. Esta apreciación no es ideología. Es la puritica verdad. Ni el cura, durante la misa, o mientras oficia la extremaunción tuerce tanto la realidad. Época de posverdad le llaman. Pero en esta época los ‘ideológicos’ son siempre los otros.

   En síntesis, los párrafos gramaticales  IV, V, VI, VII y VIII del editorial comentado, más el añadido de su charlista invitado para el caso, indica que la Historia Feliz de Costa Rica ha comenzado con  la mundialización y que ésta contiene todas las posibilidades de éxito para una economía-sociedad notoriamente desagregada y para una población que no produce las tecnologías ni los productos que esas tecnologías de punta generan y que los costarricenses desean ávidamente consumir. El publicitado Viernes Negro (Black Friday) estadounidense (que inicia la temporada de compras navideñas y también un cambio de estación) se transforma en Costa Rica en una Semana y Mes Negros y ya algunos comerciantes anuncian el Año Negro. Lo que en Estados Unidos designa compras masivas con rebajas sin perder calidad, acá, en la periferia centroamericana, se transforma en ansias neuróticas por comprar mercadería que no se vende por su mala calidad o defectos por los que ningún comercio  responderá jamás. La mundialización existe y no se puede soslayar. Pero ella ni espera ni desea producir los mismos efectos en todos los puntos relativamente desagregados en los que ha transformado al planeta. De hecho uno de los desafíos del que los medios no desean hablar es qué se hará ya en este siglo con la población excedente o sobrante cuyo efecto negativo en el medio natural ya resulta evidente y cuya manifestación más dramática toma la forma de migraciones no-deseadas tanto por los emigrantes como por los sitios adonde desean llegar. Estos emigrantes forzados tampoco son deseados en los espacios por donde transitan (en ellos son asaltados, robados, engañados, despreciados). Estas migraciones triplemente no deseadas se mantendrán y reforzarán. Muestran parte de la cara que se publicita como ‘noticia’ y ‘tragedia’ situacional o caso pero a la que no se vincula con la mundialización capitalista. Pero según La Nación S.A. y su ingeniero Woodbridge la población costarricense alcanzará con ella su histórico mayor orgasmo colectivo (aunque la mundialización no se proponga ni contenga mejores y mayores oportunidades para todos). Se trata de un enfoque machista de las cópulas culturales y económicas. En ellas se dan irreversiblemente folladores y follados/folladas.

IX, X, XI.- Quizás si agotado por el esfuerzo mental contenido en los ideologizados párrafos precedentes el editorial de La Nación S.A. termina suavizándose e incluso apuntando a medias a alguna realidad efectiva: “Las carencias del país saltan a la vista, pero no son producto de la destrucción de Shangri-La por el “modelo” de promoción de las exportaciones y el fin del “Estado gestor”. Por el contrario, muchos de nuestros retos más importantes son producto de la hipertrofia del Estado, que no ha parado de crecer en las últimas décadas, contrario a la falsa narrativa del programa de Estudios Sociales”. El Shangri-La que nunca existió, ya hemos señalado, nunca logró aplastar a la opulenta y golosa oligarquía tradicional y por tanto, tras la Guerra Civil se dieron mayores y mejores oportunidades para muchos pero también un clientelismo estatal que generó con financiamiento público un sector neoligárquico clientelar al que se añadieron clientelas asalariadas en el sector público. Así la inflación disfuncional del Estado, al que el editorial considera hipertrofiado, resultaba inevitable porque los antiguos y nuevos sectores opulento-oligárquicos ni generaban empleo, ni pagaban salarios apropiados y además carecían de visión para salir al encuentro del mundo que nacía: ni se entendió la revolución de los anticonceptivos con eficacia de casi el 100% (finales de la década de los 60s) ni menos se estimuló para crear/avanzar o al menos imitar las nuevas tecnologías de rango mundializador centradas efectiva y simbólicamente en el “Silicon Valley” (Valle del silicio) cuna y todavía centro de tecnologías de punta y emprendimientos originales (semiconductores, computadoras, capital de riesgo) que está en la base de la mundialización actual con sus desafíos y cumplimientos. Costa Rica ni captó ni atendió desafíos (en educación pública, por ejemplo). Reaccionó a los efectos del Silicon Valley, no a su ethos gestador. Así se abrió en un frente a las Zonas Francas, en otro al consumismo de productos tecnológicos, gestando a la vez endeudamiento privado y público (no resulta factible comprar o alquilar procedimientos y productos tecnológicos de punta sin pagarlos en su valor de mercado. De aquí se generan deudas privadas  y públicas que comienzan y terminan siendo impagables). Los únicos ganadores resultan aquí los tramitadores financieros (la codiciosa Banca Privada reapareció en Costa Rica en 1995 durante la administración Figueres Olsen). Previamente las administraciones Arias y Calderón-Fournier avanzaron una mayor una mayor dependencia del FMI y del Banco Mundial, y con ello del sistema de poderes mundial, que, en el marco de los procesos internos del país, redundó en sus desafíos sistémicos actuales.
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   Conviene aquí fijar un excurso. Desde finales de la década de los ochenta y hasta el día de hoy se alega por parte de los grupos dominantes en Costa Rica en contra del tamaño del Estado. Desde el tamaño se transita al ‘gasto’. Se trata de una fijación tercermundista, latinoamericana y neoliberal. No sería un tema, si el Estado fuese eficaz. Si lo fuese, no importaría su tamaño porque contribuiría con la armonía social, la ciudanización generalizada (sociedad civil), los buenos negocios particulares y las formas de propiedad. Se ocuparía asimismo (financiado por impuestos) de asuntos que los países de la periferia capitalista (y también algunos centrales) no consiguen atender con eficacia: salud básica y particularizada de la población, educación proactiva de calidad e infraestructura (incluye energía), por ejemplo. Entre las décadas del 40 y 50 del siglo pasado los gobiernos costarricenses dieron señales claras de entender la situación y atendieron el desafío de la salud de la población. Tuvieron menos claridad (o menos fuerza) para atender el reto de una educación contemporánea y de calidad, lo que en el largo plazo resulta ruinoso. La base de esta ruina se sigue de la coexistencia de dos o más mundos: el de la escuela pública y el de la escuela privada. La coexistencia puede implicar más de dos mundos porque en sociedades de la periferia podría añadir asimismo un tercer mundo: enclaves educativos del primer mundo (Colegios o Empresas) en la periferia y también la educación primaria, secundaria y universitaria de individuos realizada en el extranjero, específicamente  en los centros industrializados. Como “educar” sistemáticamente (en América Latina la existencia cotidiana deseduca o mal educa por tratarse de sociedades de status y de altísima violencia explícita o disfrazada-contenida) implica inversión cuyos frutos se ven-experimentan en el mediano y largo plazo cultural (después de tres décadas o más) e implican visiones colectivas o nacionales, esta educación (en particular la pública) no resulta negocio en el sentido de producir réditos políticos o ganancia material inmediatos. En la situación latinoamericana la coexistencia de educación pública y privada implica sectorialmente la reproducción de las sociedades centradas en el status  y no en el rendimiento con alcance colectivo (vía la impronta católica), la enajenación de inspiración religiosa (en ausencia de educación pública, o sea ciudadana, de calidad una parte significativa de la población se ve afectada por una religiosidad animista y milagrera, individualista, que surge de distintas instancias de abandono y explotación), el autoritarismo (también con raíz católica y colonial  que puede complementarse con afluentes empresariales y militares). Dicho en breve: la única respuesta efectiva para estas disfunciones catastróficas es un solo sistema educativo (público) nacional de alta calidad centrada en aprender a desaprender y no autoritaria, es decir que se constituye mediante lógicas de experiencias sociales y personales de aprendizaje (con pauta en el punto de partida, pero autoguiada procesualmente) y no en “enseñar” en su alcance de conculcar (atropellar, despreciar). La educación como forma de respeto a la agencia del otro y también de sí mismo. La educación como emprendimiento colectivo (desde otros, para otros y desde sí mismo). Esta calidad de educación pública solo puede darla un Estado que se autocritica y que potencia una sociedad civil que tensiona libertad-creatividad con responsabilidad y herencia. Por decirlo sumariamente: Costa Rica se empeña en hacer todo lo contrario. Uno de los costos sensibles es que no produce ciudadanos sino “fiebres” de sí mismos. Adoran a Dios los poderosos opulentos porque lo consideran parecido a ellos. Depositan su confianza en Dios los empobrecidos y menesterosos porque se sienten constantemente impotentes. El peor de los mundos posibles. Violento por definición. Y no hace falta crearlo. En apariencia este mundo se crea solo e inercialmente sino se resiste  y reacciona políticamente contra él. En realidad lo mueven la gula y la soberbia y lo estimulan las impotencias socialmente creadas.
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   Se señaló que los desafíos del Estado no son respecto de su tamaño (lo mejor es que este tamaño pueda variar ágilmente en relaciones con necesidades sociales determinantes) sino respecto de su eficiencia, esto en el sentido de darse medios para alcanzar con excelencia fines con máxima economía de recursos y todo en relación con el marco contemporáneo de incidir en la capacidad del planeta para sostener la vida compleja en él. Este último referente resulta hoy intransable tanto para las pequeñas-desagregadas unidades económicas como para las gigantescas-articuladas.  

   En Costa Rica la ineficiencia de sectores decisivos del aparato estatal, con su impacto en la sociedad civil, se derivan principalmente de dos núcleos de disfuncionalidad articulada: su expresividad clientelar patrimonial (empresas) y no patrimonial (salarios) que la distancia y separa de las realidades privadas (propietarias o asalariadas). El punto se inscribe en un referente ya mencionado: la ausencia de ciudadanía y de la sensibilidad cultural que la acompaña. Este punto contiene la hostilidad entre Gobierno-Estado y economía capitalista periférica y también el acomodamiento sindical (solo existe, porque no se permite otro, el del sector público) como clientela exigente pero al mismo tiempo negligente e incapaz de asumirse como un sector social, es decir como parte de una totalidad más amplia y compleja. Si el poco aprecio por el Estado en cuanto tal, y no como empleador, se da entre los trabajadores sindicalizados es de imaginar el ethos empresarial privado correspondiente: como gatos y perros: la única codicia mala es la ajena. Difícil de corregir. Más todavía cuando los partidos políticos y los sindicatos funcionan como grupos de presión y desentendiéndose de su perfil ciudadano. Pero algún acuerdo político (no alimentado por la codicia particular, por ‘racional’ que le parezca a quienes la portan), o sea propio de una articulación constructiva de diversos, debería reiniciar el proceso de reconstitución del Estado. La sola legislación no puede hacerlo. Se requiere voluntad política. La población costarricense se fija hoy en alrededor de 5 millones de personas. Resulta políticamente manejable. Pero lejos de acercarse constructivamente sus diferenciados  grupos humanos se instalan en procesos que contienen desagregación e intolerancia. Los unos y los otros todo lo han hecho bien. Para cada quien, la responsabilidad de las turbulencias y fracasos, recae enteramente sobre los otros. Si no existieran enemigos, en Costa Rica se inventaría la categoría. Como ya existe ‘enemigo’ se utiliza para aislar al ‘otro’ rechazar su racionalidad, acallarlo y aplastarlo, aunque no del todo. Enemigos y fantasmas siempre sirven para evitar reconocer las deficiencias y errores propios. Aunque parezca de Ripley, buena parte de la población costarricense no se da por enterada del acabamiento por K.O. de uno de los contrincantes en la Guerra Fría del siglo XX y que el ánimo de hoy, debió ser el de siempre, tendría que contener uno de los lemas musicalizados por Los Beatles: “All together now”.

   Este lema, ingenuo es cierto, no es lo que anima el penúltimo párrafo del editorial periodístico comentado. Busca exculpar de toda responsabilidad a quienes representa.: “El desaprovechamiento del también creciente gasto social es uno de los grandes problemas nacionales y, si la desigualdad ha crecido, no es producto del vertiginoso aumento de las exportaciones”. La primera parte resulta efectiva: se desaprovecha la inversión social. No es gasto (ideología empresarial), sino inversión (empeño estatal). Pero este ‘desaprovechamiento’ de inversión se genera tanto por salarios pagados clientelas incompetentes/corruptas (y no pocas veces venales) como en ingresos de empresarios clientelares incompetentes o mañosos o familiarmente monopólicos (los asalariados públicos tienen menos oportunidades para comportarse mañosos; la legislación lo impide). El aporte estatal es alto (en salud, en infraestructura, en educación, por ejemplo) y no alcanza ni de cerca los propósitos que anuncia. Y sin duda el vertiginoso aumento de las exportaciones no es la causa de la desigualdad de ingresos (coeficiente Gini), sino expresión de la existencia de al menos dos circuitos económicos productivos no articulados o articulados precariamente: el de los enclaves tecnológicos de exportación (incluye servicios) y el nacional (de baja productividad y eficiencia) y comercialmente desagregada (algunos pocos comercios con tendencias monopólicas y también enclaves) y una gran mayoría de pequeños y medianos comerciantes que utiliza a la familia como fuerza de trabajo o paga bajos salarios aprovechando la alta tasa de desempleo (permanentemente sobre el 10%) y el hecho que este desempleo es mayor entre los jóvenes y las mujeres jóvenes (donde puede elevarse hasta más del 31% para el rango entre 15 y 24 años). El editorial reconoce: “No hemos sabido incorporar, plenamente, a todos los sectores a la prosperidad. En especial, seguimos arrastrando la deuda con la generación perdida, cuya escasa formación, cortesía del “Estado gestor”, limita sus oportunidades”. Este “no haber sabido” es relativo porque en Costa Rica no basta ‘saber’ sino hay que ser cual moderno Salomón para actuar. En el mismo párrafo el editorial periodístico hace mención a una “generación perdida”. Se trata de la crisis de los 80 del siglo pasado y que se produjo durante la administración de Rodrigo Carazo (1978-82). Se recordará que Anastasio Somoza fue derrocado por el pueblo de Nicaragua con dirección sandinista en 1979. El gobierno de Costa Rica, o sea el presidente Carazo, fue uno de los gobiernos decisivos para el derrocamiento de Somoza (junto con los de Venezuela y Cuba). A la gestión personal de Carazo se debió que el presidente mexicano López Portillo rompiera relaciones con Nicaragua en mayo de 1979 y, de paso, rompiera con la tradición mexicana de no-intervención. EUA, que deseaba una salida negociada para su socio Somoza (eje de su dominio en América Central) no podía enemistarse con México, pero sí con Costa Rica. El FMI, la AID y el BM rompieron sin decirlo o abiertamente en el caso de la AID con la administración Carazo y el país vivió una crisis productiva y social significativa. Esta crisis no comenzó a ser superada sino con la administración siguiente (Luis Alberto Monge, 1982-1986) quien recibió una amplia ayuda de EUA y, a cambio, inició el proceso de cambio de modelo que implicaba la mundialización. La Nación S.A. habla de “generación perdida” para referirse a la caída de la escolaridad precipitada durante la administración Carazo, naufragio que sería ‘causa’ de las dificultades que para su prosperidad tiene el país, pero al citar a la autora del trabajo, Isabel Román, acerca de la ‘generación perdida’, muestra que su interpretación está sesgada. Román enfatiza que solo matricularse en las aulas no es suficiente: “Tan importante es que los tengan sentados en el aula como que reciban una educación pertinente” (itálicas no están en el original). La inversión estatal en educación pública es significativa y también lo es su captación de población, dice Román, pero la formación del personal encargado de guiar el aprendizaje, maestros y profesores, podría resultar débil. Prolonguemos su reflexión. En el mejor de los casos, maestros y profesores básicamente intentan enseñar. El sistema educativo vigente no les permite verse como acompañantes diestros de procesos de aprendizaje. La educación pública carece de este criterio. Lo pequeño del país y lo exiguo de su población permitiría la creación de una Escuela Nacional Moderna que articularía constructivamente todas las instituciones de aprendizaje (el otro sueño es que toda educación, privada o pública, fuera gratuita, ligada a las experiencias de vida y a la inserción económica con sus distintos niveles). En 30 años quizás se vería la distancia. La Nación S.A. prefiere achacar a la administración Carazo el retraso del país en educación. La investigadora experta en el campo advierte: se requiere educación pertinente.

   Ahora, al referido Estado ‘gestor’, al que se intentó liquidar a inicios de la década de los 80, le debe la población salud y zapatos. También una política clientelar, empresarios cortos de miras (y un porcentaje de ellos inescrupulosos), trabajadores públicos organizados como grupos de presión e indiferentes a la calidad de su servicio y a su relación con los ciudadanos usuarios y la ausencia dramática de un ethos ciudadano. Esta ausencia se debe en parte al fracaso de la educación escindida, a la tradición cultural señorial y católica y a estar el país ubicado en América Central, región en la cual una economía periférica y parasitaria de la economía mundial no puede ser ni ‘nacional’ ni ‘local’. No consigue imprimir esos caracteres ni al proceso productivo, ligado a enclaves tecnológicos que suponen transferencias negativas de capital y que, como enclaves, no establecen un vínculo constructivo con otros sectores de la producción ni con la población (no encadenan significativamente valor agregado). El PIB, una cifra abstracta desde este punto de vista, crece, pero la distribución interna de riqueza aumenta distancias entre poderosos/opulentos, sectores medios y bajos ligados a la economía ‘interna’ (toda ella lo es) y sectores altamente vulnerables, de ingresos inciertos, establecidos como un tipo constante o permanente (aunque su composición puede cambiar) de periferia interna en una economía dependiente orientada a servicios y exportaciones con rendimiento resuelto por medios de producción foráneos que suponen transferencias de riqueza y endeudamientos eventuales. Así, sin conflicto, puede darse a la vez crecimiento del PIB, crecimiento del indicador Gini, y mayor concentración, aunque no sin disputas (entre el sector público clientelar heredado y en buena medida inercial y los sectores oligárquicos antiguos y nuevos reanimados en su energía por el nuevo modelo exportador) y también destrucción (por obsolescencia) de medios de producción y distribución de la riqueza. Sus exportaciones en lugar de fortalecer al conjunto de la población la escinden como muestra el movimiento del indicador Gini y también la virulencia sistemática del ataque contra los distintos escalones de asalariados del sector público. Aunque el eje de esta virulencia es la distribución de riqueza ella aparece como una disputa entre eficiencia e ineficiencia funcionales. El Estado, por la desidia/corrupción de sus grupos dirigentes y la inexistencia de partidos políticos efectivos y el carácter de grupos de presión de sus trabajadores, no tiene en el corto plazo y mediano plazo capacidad para aumentar significativamente su eficiencia y con ello ligar mejor la inserción de sus tareas y responsabilidades en el nuevo modelo productivo y por ello solo presenta una resistencia inercial animada por una convicción que puede resultar falsa: su presencia histórica no podría ser borrada de dos o tres manotazos y en el corto y mediano plazos económicos. Pero el carácter del actual déficit fiscal y su no resolución negociada (es decir políticamente acordada) podría resultar una de las bofetadas que precipite una transformación iniciada en la década de los noventas y que ya posee caracteres internos (los externos están fuera de su control) para consolidarse en abierto perjuicio de muchos y en sólido beneficio de pocos.

   En este sentido el editorial de La Nación S.A., “Distorsiones históricas” finaliza con una sentencia y premonición acerca de cómo han de resolverse las actuales disputas para nada puntuales: “Costa Rica está a las puertas de una nueva crisis, producto de su pésima administración fiscal, no del crecimiento de las exportaciones que, si acaso, ha servido para financiar los excesos que están a punto de costarnos caro”. El Gran Factor de una Nueva Crisis, como la de los años 80 (administración Carazo), se sigue de la administración fiscal de un Estado Ineficiente si se lo compara con el desempeño de una dinámica Empresa Privada orientada a la diversificación de exportaciones y a la entrega de servicios a la que injustamente se la castiga con impuestos que financian excesos salariales del sector público. La sección que diagnostica al Estado contiene gran parte de verdad aunque omite que este Estado fue y es clientelar y generó una parte del empresariado actual y que, aunque no produjo ciudadanía, dio salud y zapatos a la población. No es poca cosa interna para América Central. Una economía dinamizada por la mundialización en curso no contempla estos escuálidos logros internos: salud y zapatos para 5 millones de gentes. ¡Nada! ¿Y el mito del país verde? Tampoco, aunque fuera verdad. En realidad, en este diálogo se encuentra la crisis efectiva y los complejos antagonismos que la producen. Lo otro es “historia oficial”.
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Notas al pie

(1)   Shangri-La es un lugar ficticio descrito por el británico James Hilton (1900-1954) en su novela “Horizontes perdidos” (1933). Suele utilizarse  para describir un paraíso terrenal, un lugar de permanente felicidad, donde las personas casi no mueren porque envejecen muy lentamente, aislados del mundo exterior. Traducido, el nombre quiere decir ‘paso entre las montañas de Shang’. Sus referentes son mitos budistas y las montañas del Himalaya.

(2)   El refrito periodístico retoma información ya sesgada en publicaciones anteriores (esta vez una entrevista a Garnier mal titulada) y las confirma en un nuevo avance como verdad más que probada. El refrito periodístico descansa en una confianza/seguridad acerca de que los lectores de periódicos carecen de memoria o solo retienen de ellos los titulares. Obviamente el refrito periodístico resulta alérgico a la investigación y al análisis.

(3)   La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) nació en 1961, o sea en la década en que murió el desarrollismo y se abrió paso al crecimiento económico. Busca promover y articular políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo. Obviamente pasó de un enfoque inicial desarrollista a uno de crecimiento económico

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