Universidad Omega, N° 62,
agosto del 2018.
 

   La expresión social, una romería profusa, con que los costarricenses muestran sus afectos, cada inicio de agosto, hacia la Virgen de los Ángeles ha sido adobada en los últimos años por juicios que la desean más restrictiva o autoritaria. En el 2017 la Conferencia Episcopal local resolvió que el Presidente de la República (tradicionalmente invitado a la misa dispuesta para la fiesta) no debía hablar durante la liturgia. Dió una razón institucional: el protocolo del Vaticano permite a los jefes de Estado, en cuanto tales, asistir a las misas, pero no hablar en ellas. Se vive una celebración ritual y el único discurso es la homilía. “El obispo al que le corresponda dar la homilía es el que se va a dirigir al pueblo. No es que el presidente no pueda hablar; el presidente puede hablar en otros momentos, pero dentro de la eucaristía estamos viviendo la eucaristía como debe de ser", dijo el funcionario clerical responsable de informar. Explicación magra. La celebración de la Negrita no es solo “eucaristía sagrada”, sino marcha masiva que la torna en comunión de diversos: ordenados y no-ordenados, mujeres y hombres, niños, adultos y ancianos, seres humanos y animales, ciudadanos locales y turistas por mencionar algunas diversidades. Un segundo aspecto es que el Presidente de Costa Rica es invitado a asistir en cuanto Presidente, no como fiel religioso. Podría no aceptar el convite y declarar que, por tratarse de un asunto institucional privado, no asistirá a él porque su status se lo dan los ciudadanos y su presencia podría ser entendida por otras religiosidades como signo o de preferencia o de discriminación. Si solo llega como un fiel católico más, no tiene sentido invitarlo como Presidente. De igual manera, al cuerpo diplomático asignado en el país (imaginamos también se les convoca) se le podría invitar en nombre de la Santa Sede. Así, podrían asistir o no como cortesía no a la Negrita sino a esa institución.

   Los voceros episcopales, sin embargo, también dieron otra razón para el silencio exigido al Presidente de Costa Rica. En la invitación personal se lee: “Como usted bien sabe, Señor Presidente, algunos generadores de opinión y medios de comunicación han convertido esta celebración en un "meeting político", una especie de rendición de cuentas del Estado a la Iglesia y no pocas veces, han instrumentalizado tanto la Homilía, como el mensaje del presidente de turno, empañando el carácter sagrado de la celebración". O sea tampoco pueden hablar desde o sobre esta “sagrada celebración los “generadores de opinión” y los “medios de comunicación”. Menos ¡horror!  tornarla meeting político aunque el obispo oficiante se pronuncie (no le queda de otra) políticamente. ‘Calladitos es más bonito’. Suena a imperio católico. Lo mejor sería no invitar al Presidente en cuanto tal. Que ella o él asistan, si lo desean, como una oveja más. En la fiesta sagrada son eso. En cuanto a los medios, callarlos es inconstitucional. Hay que encomendárselos al Espíritu Santo. Él sabrá.

   En este 2018 los principales tiros los hizo un religioso ordenado (el Espíritu Santo se hace presente en ellos a veces), el diocesano Sixto Varela. Disparó contra quienes favorecen el aborto (terapéutico) y les pidió no romerizar porque incurrían en contradicción. El lío del padre Varela resulta de estimar que en la marcha sólo van católicos y, también de creer que catolicismo e IC son la religión y la iglesia ‘verdaderas’. No tienen par. En verdad, la romería convoca a andarines atraídos de distintas formas por la marcha. Unos piden favores, otros los pagan, para varios es rutina espiritual familiar, algunos están ahí como parte de un programa turístico, no faltarán quienes van a la pura bulla y otros para aprovechar de robarse alguito o mucho. La mayoría se declara católica, pero en América Latina y en el mundo esa confesión aclara nada. Somoza fue católico, el general Videla catoliquísimo, Pinochet rezaba Padre Nuestro y Ave María, obispos pederastas (según revela la prensa) han ejercido su rango por décadas. Desde luego hay gente cristiana (y también católica) devota: su patrón de vida es tratar a los otros como prójimos porque ellos también lo son. Quizás son minoría, nunca se les ha contado. Pero a quienes romerizan en estos días de julio-agosto no se les puede exigir ser católicos. Comparten un happening. Y la Virgen María no es católica. Evangélicamente es madre de la encarnación de Dios: Jesús de Nazaret. Ningún evangelio la declara católica. La institución no existía entonces. La madre de Jesús puede ser ecuménica, no católica. Por supuesto se la puede raptar. Madre ecuménica y especie ecuménica. Suena grato. El padre Sixto en cambio rechina. Abortistas pueden estirarse, caminar, trotar y arrodillarse tranquilos. La madre de Jesús los ama.
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Conversación

Cecilia (Costa Rica).- Leí ayer su artículo y me pareció rebuscado. Sin embargo, hoy, 3 de agosto, leo la portada de La Nación y reza: “Iglesia católica censura promoción del aborto”. Es decir lleva usted razón. Los obispos crearon condiciones para que su liturgia tuviera el carácter de “burro amarrado contra tigre suelto”. Me parece inadecuado. El ciudadano/a Presidente no debería asistir bajo esa condición.

HG.- Pues le agradezco me haya devuelto usted la confianza. El asunto tiene peor aspecto en esa portada periodística porque el obispo de Ciudad Quesada, José Manuel Garita, se ve risueño y cordial y la esposa del Presidente ríe feliz por recibir el saludo del cura. El Presidente está atento y distendido aunque no alegre. Ignoro si el saludo fue antes o después del discurso del sacerdote. Imagino fue antes porque supongo la señora Claudia Dobles sabe cuándo le vuelan las plumas a alguien de su familia y difícilmente el asunto le parecería amable o educado.

Marta, Julio y otros (Costa Rica).- Diferimos de la posición de quien aparece como Cecilia. Los pastores tienen la obligación de condenar lo que es inmoral, y el aborto lo es. Si no lo condenaran enérgicamente no serían buenos pastores.

HG.- Lo que está directamente en juego en este momento en Costa Rica es un reglamento que permita aplicar el aborto terapéutico. Este tipo de aborto ya es legal en el país. Lo autoriza el artículo 121 del Código Penal. El aborto legal lo realiza un médico o una obstétrica autorizada y se hace para evitar un peligro para la vida o salud de la embarazada. Requiere la autorización de ella y solo se ejecuta si la situación de peligro no puede ser resuelta por otros medios. Lo que no estaba firmado por el Presidente, un trámite obligatorio, es el reglamento que conlleva la práctica de este tipo de aborto, el único permitido en el país. La discusión del reglamento tiene una historia larga de más de una década en Costa Rica. Lo que ayuda a generar discrepancias difíciles de transar en este campo es que algunos sectores se refieren al aborto en general y embarazo y aborto resultan siempre situacionales. La violación de una mujer por una patota de cinco o seis delincuentes y su embarazo posterior, la mujer embarazada que puede morir durante el parto y que dejaría tres hijos de 3, 4 y 6 años de edad sin su madre, o el embarazo que da felicidad y esperanzas a sus padres y a todos los familiares y amigos de la pareja no resultan idénticos. Enfatizo: embarazo y aborto siempre resultan situacionales. El aborto, en cambio, es un concepto. Referirse al aborto sin mencionar que se trata del terapéutico (que intenta salvar la vida de la embarazada) y decir que promociona (o sea concede valor) o legaliza todo aborto, no me parece apropiado. Se está falseando la realidad por desconocimiento, o mintiendo. Quien habla así, sea quien sea, no desea que las personas coexistan en Costa Rica mediante relaciones que potencien su seguridad y autoestima, para sí mismas, con otros y para otros. Ahora, yo no escuché la homilía del obispo José Manuel Garita. Leí lo que publicó el principal periódico escrito del país. Tal vez existen distancias. El periódico tiene, y podría resultar legítima, su propia agenda. Pero también su criterio podría resultar políticamente mezquino y empobrecedor para la convivencia entre quienes residen en Costa Rica.

Marcos (Costa Rica).- Pero la misa para honrar a La Negrita no era el lugar para discutir este tema.

HG.- Tiene usted razón. Pero es la Conferencia Episcopal la que desea que esa misa sea una fiesta litúrgica y uno de sus obispos la transforma en un espacio político. Y también invita al Presidente (de turno) y no le permite no ya discutir, sino aclarar temas políticos como la firma de un reglamento que haga posible el aborto terapéutico en el país, acción que ya es legal sin que este presidente específico haya intervenido en el asunto. Ahora que resulte factible diferenciar totalmente un planteamiento pastoral teológicamente inspirado de un planteamiento político ciudadanamente inspirado resulta sin duda un asunto más complejo que los habitantes de un país moderno deberían conocer en su composición para tomar posiciones lo más ilustradas posibles para sus involucramientos. Si esto no se produce la discusión se transforma en gritos, pancartas y porras que no están mal pero que no expresan sino identificaciones personales o grupales. Estas identificaciones pueden resultar tan fijas que impidan llegar a acuerdos.

Marcos, Luis (Costa Rica).- ¿”Fijas” quiere decir dogmáticas?

HG.- Sí y no. Utilicé “fijas” o “fijadas” en lugar de ‘dogmáticas’ porque esa última palabra suele resonar en política con el alcance negativo de “propuestas que se tienen por siempre ciertas y, por tanto, innegables”. En política, “dogmático” es mala palabra, una descalificación. Pero no es así en el campo de las religiones. En ellas ‘dogma’ o “dogmático” hace referencia a una base de creencias indiscutibles porque hacen parte de los sentimientos religiosos de alguien”. No es lo mismo tener la verdad en el bolsillo que creer radicalmente en algo. En la práctica, es decir en el comportamiento de las gentes y en sus relacionamientos no es tan  sencillo hacer la diferencia, pero creo mejor hacerla que no hacerla. Estimo importante respetar los sentimientos religiosos de las gentes porque la mayoría de las gentes los tienen (aunque no se comporten siempre de acuerdo con ellos). Del papa actual, Francisco, se divulgó una anécdota significativa. En una de sus apariciones públicas se encuentra con un niño que llora desconsolado. Ha muerto su perro. Eso dice cuando el papa le consulta. Entonces Francisco le consuela. “No llores”, le dice “en el cielo volverán a reunirse”. Pero en el cielo no hay lugar para los perros porque carecen de alma. Francisco le mintió al niño para consolarlo. Pero uno de su comitiva aclara a los periodistas: “El papa utilizó lenguaje pastoral para consolar al niño por su pérdida. No utilizó lenguaje teológico”. Es decir, en el lenguaje práctico católico se puede mentir. En el lenguaje teológico, que se ocupa de la certeza de la doctrina-fe católica, no tiene lugar la mentira. También ‘dogma’ puede hacer referencia a los puntos básicos inexcusables de un sistema, o sea puede utilizarse como sinónimo de paradigma, pero en este alcance resulta socio-histórico y pierde fijeza, puede cambiar, las experiencias los hacen cambiar o alteran su jerarquía. En suma, no quise utilizar “dogmático” porque en el habla diaria suele alcanzar un contenido descalificador. Para la iglesia católica diferir de su Teología dogmática constituye herejía. Pero decirle a un niño que se reunirá en el cielo con su perro no lo es. Solidarizar hace parte del trato pastoral.

Teresa, Ivonne, Marcos (Costa Rica).- En definitiva, ¿usted está a favor o en contra del aborto?

HG.- Estoy a favor de las personas y de que ellas tengan la oportunidad de ejercer su agencia y también la capacidad para hacerse responsables de sus decisiones. La persona central en relación con cualquier aborto es la embarazada, una mujer. Ella ha de decidir. La sociedad debe procurar que toda mujer se apropie de la capacidad para decidir si será madre-en-una-situación determinada. O sea, parir un hijo es una decisión, no una fatalidad. No parirlo también lo es. Cualquiera elección implica responsabilidades tanto para la embarazada como para la sociedad y, de esta última, particularmente para sus cercanos, su familia. Si el parto se produce porque la embarazada así lo ha resuelto, se la debe acompañar en su maternidad que implica muchos aprendizajes y también condiciones económicas, emocionales y culturales. Que todas las mujeres que optaron por parir hijos sean las mejores madres del mundo es una responsabilidad social, no solo de ellas. Y que las que optaron por un aborto, por las razones que sean, sigan realizándose como personas tras esa decisión difícil, traumática quizás, también es una responsabilidad de la sociedad toda. La idea es que la comunidad social nunca abandone a nadie con la frase “Ella o él así lo decidió. Es su problema”. Las decisiones son personales, pero la sociedad determina las condiciones para que esas decisiones resulten libres y constructivas para la persona que las protagoniza. Este tipo de sociedad no existe actualmente en América Latina.
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