Universidad Omega
N° 57 junio 2018.

 

   Desde un sector que muy ocasionalmente me interpela, los escritores, me llega un Manifiesto del poeta español Daniel Rodríguez Moya “Por una Nicaragua libre y democrática” escrito que se pide apoyar y en que se solicita “…que Daniel Ortega y Rosario Murillo abandonen el poder y sean juzgados por tribunales independientes por ordenar los crímenes cometidos contra su pueblo”. El texto de Rodríguez Moya contiene una apretada descripción de Nicaragua desde la década de los 80 y también una explicación sobre la, por el momento, revuelta de sectores nicaragüenses, entre ellos jóvenes y estudiantes, levantamiento descrito en parte así: “La mano de Ortega se ha manchado estos días con la sangre de casi un centenar de compatriotas, la mayoría estudiantes y algún periodista. La mano de Ortega pero, sobre todo, la ensortijada mano de Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta todopoderosa, un personaje que parece sacado de una novela de realismo mágico con sus amuletos y supersticiones, con sus árboles de la vida metálicos, máquinas de consumir energía eléctrica con los que ha llenado Nicaragua, como si de un extraño sortilegio se tratase para conjurar a quién sabe qué demonios para perpetuarse en el poder y que ahora los nicaragüenses talan para sembrar, en su lugar, árboles auténticos”. Y “Los jóvenes son los que han dicho basta ante la obscena censura en los medios de comunicación que Ortega ha ido comprando, literalmente, en todos estos años y poniendo a su familia al frente. Han dicho basta al enriquecimiento salvaje y corrupto de la familia presidencial mientras que el país sigue siendo el más pobre de América Latina tras Haití y los salarios y las pensiones no llegan ni para asegurarse los frijoles cada día”. Lo dicho así resulta probablemente todo verdadero. Si fuera por estos contenidos el manifiesto podría apoyarse sin reservas.

   Por desgracia contiene otras opiniones menos certeras y algunos silencios lamentables. La más polémica de sus observaciones, al hablar de la guerra de los “contras” (Ronald Reagan los llamaba “Combatientes por la Libertad”) en la década de los 80, exculpa al Gobierno de Estados Unidos por  ese conflicto pese a que él resultó decisivo para que Ortega deviniera de dirigente (socialdemócrata) significativo en la Dirección Sandinista al actual sinvergüenza millonario émulo de Somoza. El razonamiento de Ortega parece haber sido: ‘EUA no admite un gobierno con contenido popular. Apoyó abiertamente la dictadura somocista. Yo encarnaré lo que a ellos les gusta’. En eso ha estado. Nicaragua carece de toda tradición de régimen democrático. Su ‘normalidad’ ha consistido en la sucesión de gobernantes corruptos y “electos” sostenidos por EUA. La señora Violeta Chamorro, sucesora de la primera administración de Daniel Ortega, entre 1990 y 1997,  hizo su carrera política abierta y encubiertamente apoyada por EUA. Enriqueció a los opulentos y tornó más miserables a los empobrecidos. Algo ritual en Nicaragua.

   En la brutal guerra de los 80’s en Nicaragua, impulsada por EUA, a la cabeza político-cultural de la “contra” (así llamó el gobierno sandinista a quienes se alzaron en armas contra su primer gobierno) estuvo el Cardenal de Managua nombrado expresamente como tal por el Vaticano para darle un tinte “religioso” a la matanza. La Iglesia Católica nicaragüense (o su Conferencia Episcopal) no puede instalarse como mediadora de conflicto alguno. Carece de autoridad moral para hacerlo. Es el principal olvido del manifiesto de Rodríguez Moya. No conviene desconocer la historia. Especialmente si es tan reciente.

   ¿Debe irse Daniel Ortega del gobierno y sin un peso? Sin duda. ¿Debe ser juzgado por sus crímenes? ¿Lo fueron Richard Nixon, Henry Kissinger y Pinochet por sus crueldades en Chile? ¿Lo fue Ronald Reagan por su maldad en América Central? No importa si murieron. Sería óptimo que los juzgasen (no tribunales independientes porque esto no existe, sino tribunales conformados por personas decentes), Ortega incluido, como seña de que la historia y la decencia condenan tanto a los poderosos impunes como a los desgraciaditos miserables que traicionan a revoluciones y a sus pueblos. En estos asuntos, es mejor no bizquear. Por eso no firmo el manifiesto del escritor español Daniel Rodríguez Moya. Apoyo en cambio, sin dudar, la inmediata salida de Ortega y sus gentes y cómplices y su castigo perpetuo. Y a los canallas ya muertos, que se les exhume y queme públicamente lo que de ellos quede teniendo cuidado que sus flujos no infecten a los que observen y aplaudan el espectáculo. Serán millones.
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Conversación
 
Sonia, Humberto, Víctor (Costa Rica).- Usted condena a muchos, pero al final no firma. O sea, termina apoyando a los dictadores de hoy por sucesos pasados que nadie recuerda. Los estudiantes y los nicaragüenses democráticos requieren todas las formas de apoyo y usted se niega. Así de claro.
 
HG.- Lamento ustedes tengan ese juicio. La presidencia de Daniel Ortega en Nicaragua es repudiable, singularmente porque además de los desafueros y crímenes ha significado traicionar esperanzas y sueños de los más humildes. Firmar o no firmar un manifiesto determinado no me hace orteguista o rosarista. No lo firmo porque deseo recordar y exaltar la historia digna y heroica de los nicaragüenses, en particular la de los sectores populares, para acabar con la dictadura somocista sostenida internacionalmente por EUA y que tuvo también apoyo de nicaragüenses opulentos y de la jerarquía de la iglesia católica. En América Latina, y en ninguna parte del mundo, resulta conveniente olvidar la historia de las acciones criminales de los poderosos. Entre éstos hoy está Daniel Ortega y quienes se han asociado con sus perversidades. No creo en mi artículo existan razones para el juicio o sospecha que ustedes hacen. Todavía convendría recordar que existen sectores minoritarios de la población nicaragüense, entre los cuales hay paramilitares pero también mujeres y hombres humildes, que han recibido alguna ayuda para resolver sus necesidades más apremiantes, sectores cuyo referente común es el pasado de Ortega. Estos sectores, las familias más humildes (equivocados o no) constituyen mi punto de referencia. Por ellos y para ellos es que se hace necesaria una nueva economía y un primer e histórico régimen democrático y nacional en Nicaragua. La revolución popular frustrada y traicionada debe ser el camino tras la expulsión y castigo de Ortega y sus servidores. Camino nada fácil porque la dignidad de los más humildes (y con la de ellos la de todo el mundo que coopere con esta dignidad) no figura en la agenda de los poderes actuales.


Selda, Pablo (Nicaragua).- El gobierno de Costa Rica parece impulsar, en estos días de junio-julio, una salida negociada. ¿Usted la ve posible a corto plazo?

HG.- Sí, el presidente Carlos Alvarado insistió en ese punto en una sesión de la Cumbre de Jefes de Estado (República Dominicana) a finales del mes de junio. Pero su discurso fue de circunstancias. Un discurso oficial. En él también dijo que ““Por casi tres décadas hemos resaltado la necesidad de convertirnos en una Región de Paz, Libertad, Democracia y Desarrollo.  No podemos bajar la guardia ni caer en la complacencia”. Obviamente o reside en otro mundo o está hablando protocolariamente. Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua tienen desafíos de miseria, corrupción y crimen organizado gravísimos y son países que exportan población que nadie desea recibir. O sea en estas décadas sus gobiernos ni siquiera se han puesto en guardia y por tanto no pueden bajarla. Costa Rica enfrenta una acumulada crisis fiscal grave y no se concede una respuesta política para enfrentarla. Esto podría afectar seriamente su frágil estabilidad en el corto plazo. Ahora, yendo al punto de ustedes, según informa la prensa día con día el régimen de Ortega-Murillo ha asesinado personas, algunas de ellas alevosamente. Si es así, no puede existir salida negociada porque los actuales gobernantes y sus grupos de choque o  turbas armadas serían culpables de delitos graves, de crímenes. Con criminales no se negocia. De modo que si la información periodística es seria, la situación de Nicaragua no se resuelve negociando. Ortega y su gente deben abandonar el gobierno y someterse a la justicia. Allí enfrentarán mucho cargos y serán eventualmente condenados y sus riquezas mal habidas confiscadas. Obviamente Ortega no va a negociar excepto que le prometan impunidad. Probablemente estima que le conviene prolongar la situación, que la protesta se debilite o agote, terminar su mandato e irse con la mayor parte de su dinero si se lo permiten. Todas las otras salidas pasan por una ruptura institucional  favorable a los alzados pero difícil de lograr sin explícito apoyo estadounidense. Un autogolpe de Ortega lo tornaría más débil. Insisto: los crímenes de Ortega le impiden negociar y si negocia, y consigue no responder por sus delitos, será una victoria para él. Por esto la propuesta del Presidente de Costa Rica carece de realismo y si prosperara resultaría en ganancia para Ortega. Sin duda sorprende la pasividad de Estados Unidos en la situación nicaragüense. Ellos podrían hacer correr a Ortega sin negociar nada. Es zona de ellos.

Elvia, Sofía, Dina (Colombia).- Nosotras desde acá seguimos como podemos las noticias de Nicaragua. Todas tenemos algún pariente o cercano muerto en las guerras de los 70 y 80. Hemos leído fragmentos de una comunicación de Humberto Ortega en la que le pide adelantar las elecciones presidenciales por el bien de todos. ¿Es verdadera esa carta o es un invento de la derecha?

HG.- Entiendo la carta es verdadera y se las enviaré por correo completa. Está fechada el 4 de este julio (2018). Humberto Ortega es voz significativa e importante porque fue el responsable político-militar del sandinismo durante el primer gobierno de su hermano Daniel, en la década de los ochentas. Se trata de una carta dirigida al Papa Francisco y que Humberto Ortega deposita en las manos del Nuncio Papal en Nicaragua para asegurar su entrega al pontífice. Humberto Ortega recuerda en ella las negociaciones realizadas en 1988 entre los sandinistas y sus opositores armados, cediendo los primeros un adelanto de la fecha de las elecciones y cediendo el otro bando armada la disolución de la llamada “contrarrevolución” que tenía el sostén estadounidense. Humberto Ortega habla del arte de negociar como un “saber ceder colocando a Nicaragua por encima de todo”. En ese momento se obtuvo el final de la guerra y las primeras elecciones libres realizadas en el país y que dieron la presidencia a Violeta Chamorro. Después de este recuerdo, Humberto Ortega menciona que en los actuales encuentros con resultado de muertos se enfrentan “ilegales civiles armados encapuchados parapoliciales que disparan a mansalva y ejercen controles solo permitidos por la ley a las autoridades policiales o militares” (obviamente intenta separar al Gobierno de estas acciones) y también habla de “criminales pandilleros para actividades en pro o en contra del gobierno, hasta intentos terroristas de planificar atentados contra personalidades” (entre ellas la embajadora de EUA en el país). Para detener la escalada de violencia pide al Presidente (su hermano) poner todas las fuerzas estatales y gubernamentales al servicio de detener la violencia parapolicial y también adelantar las elecciones presidenciales para el inicio del 2019. Al otro bando, en el que ubica a “los obispos y la Alianza Cívica” les pide detener los bloqueos (“trancas” les llama) por ilegales y violar derechos de nacionales y extranjeros. Da por un hecho que su hermano aceptaría adelantar las elecciones (no estoy seguro de que esto se haya producido a esta fecha). El nuevo gobierno, generado a inicios del 2019 sería el encargado de llevar a Nicaragua, vía el logro de un Acuerdo Nacional que se ocuparía de una nueva fase de paz y progreso para el país. Es una carta extensa pero he intentado sintetizarles lo central. Como se advierte, pone un resguardo para el Presidente en relación con la violencia que sus rivales le atribuyen directamente y ve en un adelanto de las elecciones la salida pacífica e insttitucional del conflicto. Humberto Ortega puede tener todavía influencia en el aparato militar al que pone enteramente ausente del conflicto. De la policía dice que “está acuartelada” y no participa. Creo que centralmente intenta que su hermano Daniel sea legitimado como actor de un diálogo que conduzca a la paz. Yo lo mencioné al revés: si es responsable de esos crímenes entonces el diálogo con él no resulta factible. Sin embargo la carta de Humberto Ortega abre asimismo la puerta a un levantamiento militar interno que deponga a Daniel Ortega y, por ejemplo, lo expulse del país a otra región previamente convenida. Tendría tiempo, además, para negociar transferencias de dinero al extranjero. En su carta, Humberto Ortega califica el momento actual de Nicaragua como “trágica crisis”. Creo que él busca asimismo no lo identifiquen con su hermano con quien ha tenido diferencias desde que la presidenta Violeta Chamorro lo despojó (a Humberto) de su mando del Ejército.

Elvia, Sofía, Dina.- ¿Y por qué la carta al Papa?

HG.- Solo el Papa puede (tal vez) morigerar a la Conferencia Episcopal de Nicaragua. O el Papa o el Nuncio, que son la misma cosa. Si los obispos coinciden en todo con la Alianza Cívica y sus manifestaciones, entonces el diálogo, como lo he mencionado no resulta factible. Y si Daniel es derrocado por sus enemigos, quizás también Humberto se vea despojado de sus “ganancias” malhabidas que entiendo no son pocas. Lo que no se debe perder de vista nunca es que el pueblo de Nicaragua no tiene ninguna tradición democrática y que, además, está situado en una región geopolíticamente estadounidense. Todos los movimientos de sus actores “internos” debe entenderse en este marco que el sandinismo original, el de la lucha insurreccional (década de los setentas) popular y antiimperialista tuvo claro pero que después, y tras el éxito de la insurrección, nunca supo manejar. Tampoco es que sus enemigos y adversarios le dieran muchas oportunidades.

Isaac, Walter, Mario (Costa Rica).- En el número 2235 de inicios de este julio el Semanario Universidad publica bastantes notas sobre Nicaragua. ¿Qué se puede esperar de esas declaraciones y pronunciamientos?

HG.- Para mi lectura el material más significativo del número del Semanario que ustedes citan es la entrevista de una página a Henry Salatiel López, un abogado nicaragüense que debió exiliarse debido a la represión del gobierno de Ortega contra la movilización social que lo adversa y pide su salida ya. El título de la entrevista es “La democratización nos llevará un proceso de años” (corresponde a lo dicho por el entrevistado) es certero y al mismo tiempo ingenuo porque la democratización centroamericana (exceptuando Costa Rica) vivió recientemente dos décadas de guerra y el resultado para los nicaragüenses ciudadanos, campesinos y populares, que pusieron la mayor parte de muertos, fueron los gobiernos del primer Daniel, el de la señora Violeta Chamorro (1990), luego Arnoldo Alemán (1996), a quien se consideró en su momento el 9° político más ladrón de la historia (unos 100 millones de dólares en pocos años tramitados por una “Fundación Democrática Nicaragüense”). Fue denunciado por quien era entonces su Vicepresidente y que después fue también presidente y arremetió no contra los fondos públicos, como su antecesor, sino contra los sexualmente diversos. Pero Nicaragua es solo un caso trágico de la realidad de los regímenes “democráticos” latinoamericanos y de ‘la’ democracia en el mundo. Lo que hay que lamentar es que Henry Salatiel deba abandonar su país para salvar su vida porque es señal de una represión gubernamente o dictatorial que opera en todo lugar y también de que el levantamiento no tiene todavía la fuerza para proteger a quienes dan la cara en la lucha. Pareciera que Nicaragua requiere de otro levantamiento generalizado, como el que derrocó a Somoza, y este levantamiento interno exige apoyo internacional de distintos tipos, abiertos y clandestinos. Políticos y de financiamiento. El fervor cultural y los liderazgos tiene que ponerlos la ciudadanía nicaragüense en lucha.

Los textos universitarios (de docentes e investigadores y del Rector) son uno solidario, pero en el papel. Recuerda la gesta universitaria de Córdoba (1918, Argentina) pero olvida mencionar que se dió por una nueva universidad pero también y sobre todo por una nueva sociedad, entre otras cosas antioligárquica. Y que lo de la universidad mejor o peor se ganó, pero lo de la nueva sociedad en Argentina y en América Latina sigue pendiente. Universidades autonomizadas relativamente no implican relaciones sociales emancipadas necesariamente. La autonomía universitaria resulta altamente compatible con sociedades en las que imperan la corrupción, la explotación y la degradación. La universidad autónoma no significa un oasis de emancipación que alumbra a su sociedad desde el cielo. De repente sirve como un dedo para tapar el sol o la luna. La protesta universitaria de los estudiantes nicaragüenses tiene que prender en la población mayoritaria del país que no es universitaria pero que ya ha mostrado un ñeque que la torna maravillosa. Por supuesto la idea de que en Costa Rica se acogerá a los estudiantes universitarios perseguidos por la dictadura orteguiana y su violencia criminal es excelente y ojalá no sufra el burocratismo que a veces acompaña la gestión institucional costarricense. El texto del Rector, Dr. Henning Jensen, es rectoril y de circunstancias. Rechaza la violencia, pero al hacerlo “el conocimiento y la historia nos enseñan que la violencia no puede ser superada con violencia”, escribe. ¿Entonces los aliados en la 2ª Guerra Mundial estaban equivocados? ¿Y si existen bandos ‘buenos y decentes’ en la feroz y prolongada violencia en Siria, deben bajar los brazos? ¿Huir con sus muertos en el espíritu? En la experiencia humana en ocasiones la violencia es un camino que anuncia un final mejor. La violencia occidental extrema en Libia no ha significado hasta hoy una mejor vida para sus poblaciones. Pero la violencia anticolonial  vietnamita parece haber sido positiva para ese pueblo. Es al menos, este ocho de julio, el criterio del Secretario de Estado de EUA, Mike Pompeo, quien ha exhortado al principal dirigente de Corea del Norte para que repita “el  milagro (a Pompeo le parece un milagro pero es resultado del esfuerzo vietnamita) del crecimiento económico logrado por Vietnam”. Bueno, tal vez el cargo de Rector obligue a quienes lo ocupan a emitir frases huecas. Les agradezco me hayan escrito. El sitio venía recuperándose de un feroz ataque de spam. Violencia mala, por supuesto.


Isaac, Walter, Mario (Costa Rica).- En definitiva, ¿qué podemos esperar de lo que ocurre en Nicaragua?

HG.- Bueno, “lo que se puede esperar” de los sucesos depende mucho de la situación e identidad que uno tenga o se de en relación con esos acontecimientos. En el Semanario Universidad de esta semana, N° 2236, aparece una entrevista extensa del periodista Gilberto López al militante sandinista (hoy por completo fuera del Gobierno de Daniel Ortega) Julio López. Dibuja un escenario de enfrentamiento que básicamente no ha terminado de determinarse. Un bando esté encabezado por el gobierno que ha agotado su espacio de maniobra debido al ejercicio de una represión salvaje y criminal que, como hemos señalado, anula una salida dialogada porque la familia Ortega-Murillo exigirá irse con dinero e impunidad de ese diálogo. Ortega parece esperar que el levantamiento agote sus fuerzas debido a su debilidad orgánica  y a la represión de que es objeto. El otro bando es por supuesto el levantamiento ciudadano y social contra el Gobierno criminal y dictatorial de Ortega y que se ha expresado principalmente por manifestaciones callejeras y bloqueo de rutas. La dinámica de polarización entre estas fuerzas sobrevino por la actitud de Ortega-Murillo de reprimir con violencia extrema (y mediante fuerza ilegal, paramilitar y quizás la complicidad del Ejército [o parte de él]) a los opositores. Ahora, el frente opositor no alcanza una presencia numérica decisiva y quizás esto se deba a su debilidad orgánica a la que se suma la ausencia de personalidades (una o varias) que condensen política y culturalmente las demandas ciudadanas y sociales. En sociedades machistas y patriarcales la presencia o ausencia de los caudillos o líderes tiene especial fuerza política y este liderazgo por el momento no aparece en Nicaragua. Lo negativo de la situación es que a ella se le suma que la dirección de la oposición quedó en manos de la Conferencia Episcopal Católica la que se reservó incluso la potestad de nombrar a los representantes ciudadanos en la mesa de diálogo y negociación con el Gobierno. Existe otro espacio de encuentro de las demandas sociales y ciudadanas llamada “Articulación de los movimientos sociales” más centrada en los intereses populares pero carece de cabeza o personalidades que la encarnen. En palabras de Julio López, “Tenemos entonces una instancia que cuenta con la legitimidad de la Conferencia Episcopal y esta otra, más vinculada a los intereses de los sectores populares (…) Pero no hay un liderazgo que pueda presentarse como alternativa frente al Gobierno”. El gobierno central se tornó represivo y criminal, vía una violencia paramilitar, la policía y el poder judicial no funcionan para los ciudadanos y éstos, desamparados, no se dan las formas políticas que requiere su protesta y lucha. Con su inacción, si es que existe, el poder militar se torna cómplice del orteguismo. Es la situación en julio de este 2018. No quiere decir que será la misma en agosto o septiembre porque Ortega/Murillo bloquean la mesa de diálogo y los obispos y sus delegados patean la bola para adelante. Falta protagonismo ciudadano y popular (por el momento pone los muertos) interno y falta presión internacional para zanjar lo que no puede quedar sin castigo. La OEA podría expulsar al actual Gobierno de Nicaragua del seno de ese organismo si Ortega-Murillo insisten en continuar al mando y EUA, unilateralmente, aunque avisando a la OEA, podría acelerar la fuga del dictador y la requisa de su fortuna. La Unión Europea podría condenar a Ortega. Los gobiernos de América Central podrían también exigir una inmediata salida del criminal Ortega debido a que la situación tiene un costo económico y de imagen para toda el área.

Así, existen al menos tres escenarios para salidas perversas del conflicto. La mesa de diálogo permite a Ortega que termine su mandato o lo acorte y huya impune con su riqueza. La presión interna e internacional obliga a Ortega a renunciar y a huir llevándose toda o parte de su fortuna. En ambas situaciones, y si se mantienen las condiciones actuales, la gran ganadora interna serían la Conferencia Episcopal y la derecha tradicional nicaragüense. Los sectores populares habría puesto los asesinados y su muerte habría sido en vano. La presión de EUA y de la OEA, en cambio, desbanca a Ortega y abre el paso a elecciones que serán “libres” pero darán legitimidad a un gobierno también probablemente conservador y clerical. Los muertos populares no descansarían en paz en sus tumbas.

La mejor salida es avanzar aceleradamente en representación popular y ciudadana en la mesa de diálogo. Generar líderes populares. El sector sandinista no-orteguista o anti-orteguista podría jugar un papel aquí, por su experiencia, sin intentar dirigir a quienes hoy se rebelaron. Esta lucha les pertenece a ellos, a los ciudadanos. Los crímenes y robos no podrían quedar impunes. Se podría buscar que el Ejército nicaragüense y el Poder Judicial apoyen esta salida y desmovilicen y sentencien a los sectores paramilitares y militares que defienden a Ortega. Contra esta salida juega el tiempo. Cuando se llega tarde a una crisis política ésta se resuelve usualmente en contra de uno. Y la tarea se transforma en intentar revertirla más adelante. Como, con suerte, será etapa de reconstrucción desde ruinas, esta tarea se hace más difícil.

Isaac, Walter, Mario.- ¿Y los que huyen?

HG.- No se les puede culpar. En este momento los ciudadanos están indefensos. Si la policía no funciona y los circuitos judiciales tampoco las sociedades 'modernas' dejan de existir. Si la presión internacional es floja y lenta y la violencia paramilitar del gobierno no es detenida en seco, entonces para el ciudadano (madre, padres, hijos, amigos) salir del país es la manera de salvar la vida. Ahora, si para los ciudadanos 'normales' la existencia en Nicaragua se torna no factible, resulta mala hora también para los 'negocios' normales que no pueden funcionar sin aparato judicial. No solo huye parte de la población sino también la inversión y los fondos de los empresarios. Ruina ciudadana y casi ruina empresarial. Por esto es que Ortega y Rosario se han venido quedando solos y aunque parezcan sostenerse resultan cada día más débiles. El Ejército, si en realidad no les pertenece a los ortega-rosaristas, podría apresarlos sin mayor dificultad. Y reducir luego a la impotencia a los grupos paramilitares que carecerían de jefatura política y quizás de abastecimiento. Casi todos aplaudirían aunque hubiese violencia. Pero quedaría pendiente que la reconstrucción no puede emprenderse sin contenido económico, político y cultural popular. En este sentido el momento no es bueno aunque la dictadura se debilite día con día.

Humberto, Severo, Jorge, Luis y otros (Costa Rica).- Advertimos en sus opiniones un fuerte sesgo contra la iglesia católica, no solamente nicaragüense, sino la universal. Pensamos tiene usted un prejuicio. Creemos está  iglesia cumple un admirable papel en este momento que vive el pueblo de Nicaragua. Sería muestra de honradez intelectual y de justicia reconocerlo.

HG.- Si sesgo quiere decir “desviación” o “falseamiento” no estaría de acuerdo. Si se acerca más a seco u hosco sí. Lo explique en el artículo inicial. Puedo detallar más mi observación. El Vaticano (Juan Pablo II) y el Cardenal Obando y Bravo tuvieron una participación negativa para el esfuerzo popular de liberación centroamericano en la década de los ochenta (1976-1986) y singularmente hacia el gobierno inicial sandinista que debió emplear todas sus fuerzas en una guerra cruel que no podía ganar porque la organizaba el Gobierno de EUA en el marco de la Guerra Fría. En la región intervenía directamente el gobierno de Estados Unidos con una Guerra de Baja Intensidad y el Vaticano quiso ser su aliado. Fue excesiva crueldad y excesiva violencia que generaron destrucción masiva y asesinatos que causaron conmoción especial: el del grupo de jesuitas en El Salvador y, en el mismo país, el de Óscar Arnulfo Romero, entonces arzobispo salvadoreño, por ejemplo.. La acción principal vaticana consistió en la publicación en 1984, por la Congregación para la Doctrina de la Fe, de un documento Libertatis nuntius, y en la que se determinaba a la Teología latinoamericana de la liberación como inspirada en el marxismo. Fue un documento pobre por desinformado y a la vez absurdo. Sin embargo tuvo efectos. Católicos y cristianos no podían caminar por los senderos de una emancipación liberadora. El guiño vaticano a la política de Ronald Reagan resultó exitoso en términos publicitarios. Las guerras populares no pudieron ser ganadas por los pueblos. El costo inmediato de las derrotas y los acuerdos consensuados, sin considerar Guatemala que libró una guerra aparte, fue de 75.000 civiles muertos y un número no verificable de bajas de soldados e insurgentes (solo en el Salvador se dieron casi 6.000 soldados estatales muertos). A esta tragedia se debe sumar más de un millón de desplazados solo en El Salvador y la destrucción de la economía de los países asolados. Entonces, no se trata de cualquier crimen. Es una tragedia. La autoridad vaticana siempre ha negado su aporte al conflicto. Pero que lo dio, lo dio. Entonces no es tan sencillo simpatizar sin más con el vaticanismo en el área y en América Latina donde posee peso cultural. Sin embargo, en mi caso, para superar mi hosquedad habría bastado que el Vaticano reconociera y confesara públicamente su error criminal, pidiera perdón y se comprometiera con una reparación de lo que pudiese repararse. Ninguna de estas cosas ha ocurrido. Tiró las piedras y oculta el espíritu y las manos con que las arrojó. No experimenta vergüenza alguna por lo hecho. A su juicio ninguna responsabilidad tuvo ni tiene con la tragedia de América Central. Incalificable para una institución que se desea  autoridad ‘espiritual’ en los siglos XX y XXI.

Sin embargo, pude leer una entrevista de la periodista Gabriela Selser para  la Deutsche Presse-Agentur y reproducida por MSN Noticias este 13 de julio (2018). La entrevista tiene como título “Obispo Báez:<“Ortega desató una barbarie por ansias de dinero y poder>”. El Obispo Báez es presentado por la periodista como “…la figura de la Iglesia católica más crítica al gobierno”. Y lo prueba con un “No por casualidad fue el más lastimado entre los sacerdotes atacados por “turbas” violentas en la basílica de Diriamba, al sur de la capital, el pasado 9 de julio”. El obispo llegó hasta ahí, con otras figuras religiosas, “…para rescatar a un grupo de religiosos y civiles sitiados por seguidores fanáticos del gobierno. Insultos, empujones, puñetazos y una herida por arma blanca en el antebrazo de Báez, fue el resultado del inédito ataque a los obispos”. Por supuesto es dudoso que “seguidores fanáticos” hayan distinguido a un cura entre otros curas. Para su furia era únicamente un “enemigo”. El mismo Báez reconoce con perspicacia esta situación. Dice a la periodista: “"En Nicaragua hoy toda persona es vulnerable, todos estamos en la indefensión”, señala al referirse al agudo conflicto que comenzó el 18 de abril con una protesta de estudiantes y que ha dejado 351 muertos, más de 2.000 heridos y cientos de detenidos y desaparecidos, según organismos de derechos humanos independientes. La Nicaragua de hoy está escindida, para la mayor parte de la población, entre amigos y enemigos. Se da una guerra. Y en las guerras, se toma partido, se gana o se pierde o se empata. En las guerras no hay curas ni laicos. Hay amigos, inspirados por motivos nobles, y enemigos, animados por determinaciones innobles que permiten determinarlos como “turbas violentas”. Por supuesto las guerras se siguen de causas, no se libran al azar.

El obispo Báez tiende a centrar la causa de la guerra actual en Nicaragua en la personalidad de Daniel Ortega a quien califica como “... un hombre sediento de dinero y hambriento de poder, que no conoce otro lenguaje sino el de la conspiración, el cinismo y desgraciadamente la violencia”. En ocasiones la periodista que lo entrevista liga a Ortega con la Vicepresidenta Rosario Murillo, pero lo hace sin comillas, de modo que podrían ser o no palabras del obispo Báez. Ambos habrían tejido  “…una estructura que se arraigó sobre el poder económico”. De cómo Ortega llegó a darse las características de “hombre sediento de dinero y hambriento de poder…”, el obispo Báez no sabe mucho porque “Monseñor Báez no vivió el primer gobierno de Ortega, en la década de los 80, porque a sus 21 años, tras la caída del dictador Anastasio Somoza en 1979, se fue al seminario de la Orden Carmelita en Costa Rica”. Posteriormente Báez “… vivió 30 años en Italia y volvió en 2009 a Nicaragua, tras ser nombrado obispo por el papa Benedicto XVI”. Por lo tanto ignora cómo un joven revolucionario que arriesgó su vida para derrocar a la dictadura somocista (eje de la estabilidad del área para la geopolítica estadounidense) devino alguien “sediento de dinero y hambriento de poder”. Sin embargo, el papa actual Francisco le proporcionó información. Bajo el subtítulo de la periodista “El Papa sabía que en Nicaragua se estaba gestando una dictadura", Gabriela Selser escribe que Báez le informa: “… de todas estas situaciones está "perfectamente informado” el papa Francisco, quien en dos ocasiones desde abril ha clamado por el cese de la violencia en Nicaragua". A manera de anécdota, Báez cuenta que hace un año, en una visita de los obispos nicaragüenses a Roma, el papa les instó a hablar claramente con el pueblo, a denunciar las injusticias y la corrupción. "Él nos dijo: tengan en cuenta que en estos procesos luego entra la persecución y el martirio”.//"En aquel momento eso parecía una cosa lejana, irrealizable y sin embargo ahora lo estamos viviendo. Estamos empezando a ser ya una iglesia perseguida”, comenta el religioso. "El papa sabía perfectamente que en Nicaragua se estaba gestando una dictadura y que estaba echando raíces un poder con características no solo dictatoriales, sino de un poder dinástico”, indica.

La periodista no parece conocer tampoco la historia de Nicaragua. La dictadura del grupo Somoza (antecedente de la de Ortega-Murillo) se extendió entre los años 1934 y 1979. Tuvo el apoyo permanente de EUA. El Espíritu Santo al parecer jamás informó a Papa alguno del comportamiento criminal de esta dictadura. De hecho, el catolicismo fue uno de los pilares de la dictadura de la familia Somoza. Escribe Nicasio Urbina comentado un libro de Jorge Eduardo Arellano (Tacho Somoza y su poder): además de la Guardia Nacional  y “…junto a su culto por los Estados Unidos y el Partido Liberal, Somoza siempre utilizó a la Iglesia Católica como forma de justificar su poder. Desde muy temprano en su gestión se acercó a Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, a quien le dio una posición privilegiada dentro de la estructura de poder de Nicaragua, y éste a su vez justificó el poder de Somoza en más de una ocasión. Tacho reconocía la importancia de tener una posición destacada dentro de la jerarquía eclesiástica, y para poder controlar todos los entramados del poder era fundamental para él manejar el poder simbólico de la iglesia. A lo largo de su vida supo mantener esa apariencia de católico ferviente, de persona preocupada por el bienestar de los pobres, y de protector de la iglesia y sus representantes” (he suprimido las notas al pie, y las itálicas no están en el original. La fuente puede consultarse en https://www.elnuevodiario.com.ni/suplementos/cultural/389015-somocismo-fundacional-1933-1956/. Entre 1934 y 1979 fueron papas Pio XI, Pio XII, Juan XXIII, Paulo VI, y los Juanes Pablos I y II. Ninguno de ellos siquiera sospechó que en Nicaragua existía una dictadura brutal que culminaría con un alzamiento generalizado de una población mayoritariamente católica. ¡Torpe que es el Espíritu Santo, callarse esta enormidad!

Como afirmaba, la jerarquía católica para actuar en Nicaragua tiene que pedir sinceramente perdón, restaurar lo que se pueda de los daños en los que ha contribuido y, ahora sí entrarle con pasión y talento a la salida del neo-somocista Ortega y su pareja Murillo, Sobre la entrega de esta población al apetito insaciable estadounidense nunca denunciado por el Vaticano no opinaremos aquí no sea que Ortega obtenga finalmente refugio en Miami.

Si no he dejado claro que alimenta mis “prejuicios” acerca del comportamiento de la jerarquía católica en América Central y específicamente en la situación nicaragüense, pues es mi culpa. No soy nadie en realidad para exigir que esta iglesia pida perdón, se arrepienta sinceramente, restituya lo que se pueda restituir y cambie para siempre de comportamiento condenando los abusos de los poderosos opulentos y protegiendo hasta con la vida a los producidos como vulnerables. Dicho sea de paso, la iglesia católica produce vulnerables. Está en sus genes. Pero éste es otro tema.
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