Universidad Omega,
N° 56, mayo 2018
 


   El término “agonía” admite al menos dos alcances. El vínculo preferido lo liga con el momento que precede a la muerte. Pero también dice de un deseo fogoso y, más ampliamente, remite a una lucha. Otro giro lo ata con la congoja gestada por trances anímicos que alguien podría considerar ‘espirituales. El Partido Liberación Nacional sufre desde hace rato una agonía, apenas interrumpida por la administración Chinchilla (saludada en su momento por los insultos que le proporcionó el dos veces Presidente Óscar Arias quien se involucró asimismo en riña de cantina, en La Nación S.A., con el también ex Presidente Luis Alberto Monge). La agonía terminó de presentarse con dos fracasos en las urnas que fijan la Presidencia del país. Johnny primero, Antonio recién, resultaron fiascos macizos para un grupo históricamente exitoso en adular clientelas con velo de ciudadanía. Las derrotas fueron parciales pero claras: las clientelas aún funcionan para las elecciones municipales y parlamentarias. Esto dice que el Gran Dinero se asentó de tal manera que ya no requiere instalarse en Zapote. El goloso Big Money, legítimo o ilegal, está ya en circulación por todo el territorio. Mala noticia para el régimen democrático de gobierno costarricense alterado en la última contienda por una elección pintoresca, que su población no termina de digerir, entre el Espíritu Santo y Satán. Encementado y todo ganó el Diablo.

   En el PLN algún dirigente valora no ocurre cosa alguna. Su Secretario General, Fernando Zamora, declara, con aplomo, que no pasa nada y que “a lo interno” de Liberación (dirigentes y clientelas), todo se sabe y que los fiascos se deben a que en la última elección los electores fueron polarizados por “posiciones extremas”. Admite que eso enturbió y desgarró la sensibilidad partidaria a la que determina como propia de “una cultura política equilibrada” (LN: 20/04/08). Como también los ciudadanos parecen tocados remite a una “crisis de la cultura nacional” y remata juicioso: el PLN saldrá de su trance ‘educando al pueblo’: “La política, como decía (sic) don Óscar Arias, es esencialmente educación. O sea, nosotros debemos decirle a la ciudadanía lo que es correcto, no lo que sectores intolerantes de uno u otro bando quisieran escuchar”. Bueno. Desde ahora la ciudadanía cuenta con dos Espíritus Santos: el de Restauración, que afloja cataclismos, y el de Liberación, que “educará” a la ciudadanía. Como alientos, ninguno reside en la población ni en el territorio. Los sobrevuelan. Dichosos.

  Un sobreviviente de la política, el abogado y politólogo Kevin Casas (el año 2007, fue forzado a huir de la Vicepresidencia de la República por su co-autoría en un gansteril y torpe “Memorándum del miedo”), difiere de su Secretario General. Juzga las divisiones internas del PLN son tales que “Reconstruir eso tan averiado que es Liberación va a ser muy difícil” (Semanario Universidad, N°2233, abril 2018). Afirma que la dirección del partido debe irse, en parte porque como cabeza no existe. Enfatiza el PLN debe contestar una pregunta sin respuesta obvia: ‘¿Cuál es la causa de Liberación Nacional? ¿Qué defiende?’. Sin embargo, se muestra reticente acerca de un congreso ideológico: “Soy muy escéptico sobre eso de hacer congresos ideológicos y los efectos que tienen son muy limitados”. Por supuesto, citar a un congreso ideológico sin estudio previo en mesas de trabajo y para debatir ocurrencias no vinculantes, es perder el tiempo. Pero eso no es un Congreso ideológico. Se parece más bien a conversar en un café o en la cantina. Casas hace una pregunta importante: ¿Por qué el PLN se ha quedado sin una base social? Se puede aventurar una respuesta en la mesa de café: los primeros líderes del PLN convocaron al desarrollo a una población que lo deseaba y requería. Las guerras civiles forjan fervor, además. Pero en el trayecto largo la dirigencia de diversos niveles del PLN se instaló soberbiamente en el sistema y se distanció de esa entusiasta base social. De hecho, esa dirigencia “oxigenó’ a la oligarquía tradicional. Y el desarrollo no se dio. Hoy, con la mundialización, el desarrollo ni siquiera resulta una apuesta factible. Por eso se requiere un congreso ideológico que provenga de estudios y reposicione. Al menos se ganaría disciplina y se enfriarían gulas.

   Por fortuna una dama sale al rescate:” Debemos decidir sobre cambios estructurales, sobre la forma en que estamos haciendo política interna, en cómo nos estamos eligiendo (…) No hemos hecho un congreso ideológico (…) sobre temas de derechos humanos, sobre infraestructura, sobre pobreza, sobre economía, sobre socialdemocracia en el siglo XXI” (La Nación: 9/04/2028). Es Karla Prendas, la diputada jefa de fracción del PLN en la última legislatura. Ánimo Karla. Tal vez usted logre que su partido muera y resucite. Los golosos o soberbios machos por el momento no componen.
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   Conversación

    Berta, Milagro (Costa Rica).- Gracias por darnos un lugar a las mujeres aun cuando lo haya instalado al final y sea breve. Estamos con Karla Prendas. Ahora, ¿qué es eso del “Memorándum del miedo”?

   HG.- No hay nada que agradecer. Las declaraciones de la entonces diputada Prendas se encuentran en La Nación del 9 de abril de este 2018. Le dedicaron una página entera. No pude alargar su parte porque hay que respetar el formato del medio. Imagino ustedes son jóvenes y por eso no han escuchado lo del memorándum. La Casa Presidencial resolvió llamar a un referendo la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Estos tratados de comercio preferencial estaban de moda entonces. El discurso era que todos ganaban con ellos. Se votaba o No. Lo convocó la administración de Óscar Arias el año 2007. El señor Casas era entonces su Vicepresidente y se suponía sería el siguiente candidato presidencial por el PLN. El referendo inevitablemente polarizó a la población y el No (con una propaganda vistosa y alegre y trabajo casa por casa) amenazó con ganar. Esto hizo entrar en pánico al señor Vicepresidente Casas y a un diputado pariente del señor Arias (de apellido Sánchez) quienes redactaron un memorándum dirigido al Presidente pidiéndole una serie de medidas para evitar la derrota. Algunas de las medidas eran claramente impropias, por decir lo menos. Por ejemplo, presionar cortándoles el presupuesto a los alcaldes del PLN  donde el  Sí no ganara y, además, bloquearles su carrera política: “…el alcalde que no gana su cantón el 7 de octubre no va a recibir un cinco del gobierno en los próximos 3 años”. La línea era ganar asustando a los votantes. La nota fue filtrada al Semanario Universidad desde Zapote y su Directora, Laura Martínez, decidió publicarla completa. Fue un escándalo. Un editorialista de La Nación pidió un proceso judicial contra la periodista. La Casa Presidencial declaró no haber visto la comunicación ¡de su Vicepresidente! En fin, el señor Casas debió irse a un exilio dorado internacional y el diputado Sánchez no fue inquietado y resultó nombrado posteriormente embajador en el Vaticano. Hoy es Rector en una universidad privada, obviamente católica. Siempre ha mostrado una devoción religiosa peculiar. Está seguro de ganar el cielo.
El señor Casas ya retornó de su exilio y probablemente estima puede ser el candidato del PLN en alguna próxima contienda. Tiene a su favor, por el momento, su pronunciamiento en redes sociales respecto a que el PLN no podía apoyar a Restauración Nacional en la segunda vuelta porque ello iba contra los genes políticos de una organización que estaba por derechos humanos y por un régimen de apoderamiento ciudadano, no de discriminaciones. Tenía razón 100%. Ignoro si le alcanzará para recuperar terreno en los escenarios de votación partidaria y nacional. En todo caso, hoy ofrece una cara de “buenito” y “decente”. Curiosamente, el medio que hace once años lo expuso, hoy le concede espacio para legitimar un ciudadano retorno.

   Sebastián (Costa Rica): Es un gran tema este de los partidos políticos en condiciones de mundialización. Pensando en los diversos partidos legalmente inscritos en Costa Rica, me gustaría una ampliación suya acerca del punto: relación dirigencia - base partidista. Digo, imagino que el distanciamiento dirigencia-base ocurre no solo cuando la primera se instala en el sistema, como usted lo ensayó en su artículo para el PLN.

   HG.- Siempre habrá que recordar que lo que parecía funcionar en la fase desarrollista del orden/violencia mundial no necesariamente funciona en este período de mundialización bajo las normas de un crecimiento económico. Existe un factor básico: en el desarrollismo, y para la situación latinoamericana, el Estado podía encargarse de avanzar hacia una modernización de la economía y la sociedad. En Honduras incluso un General-presidente intentó una reforma agraria. La Alianza para el Progreso, propuesta estadounidense, contenía cambios estructurales y ello facilitaba espacios para clientelas estatales tanto entre propietarios como entre profesionales y trabajadores menos calificados. En Costa Rica esto coincide con la aparición del PLN. Pero hoy la principal función que se encarga al Estado es hacer respetar los contratos y no lesionar la lógica de la acumulación mundial. Clientelas pueden existir, pero tienen otro carácter. En particular los empleados públicos ni las políticas públicas deben empujar inflación o déficit fiscal, por ejemplo. O el duopolio cementero (Cemex y Holcim), políticamente acordado, se permite y hasta se aplaude. Pero un empresario pillo que al parecer defrauda al Estado (venía haciéndolo por años) es aplastado mediáticamente porque rompe desde varios ángulos lo que hoy transnacionalmente se aplaude a los grandes capitales. Las transnacionales exigen respeto para sus duopolios. Lo mejor sería la libre competencia, pero mercados tan pequeños como el costarricense y, en general, el centroamericano no lo permiten. Esta nueva realidad no hay que olvidarla. Su frente más amplio hoy en Costa Rica es que las regalías indebidas en el empleo público tienen toda la responsabilidad por el déficit fiscal. Aquí los partidos tienen que ponerse al día. Las políticas públicas tienen que plegarse al funcionamiento del mercado mundial. Pueden darse excepciones, pero hay que justificarlas.
Así, el giro que usted utiliza “…el distanciamiento dirigencia-base ocurre no solo cuando la primera se instala en el sistema” tiene un distinto alcance. La dirigencia, que puede ser la misma de anteayer, se instala en un sistema que ya no busca el desarrollo, sino el cumplimiento de los contratos y la máxima ganancia privada. Es tiempo de altísima corrupción legal privada (que incluye a las empresas ‘en orden’ y al crimen organizado) y esto excluye clientelas “tradicionales”, en particular las de funcionarios públicos que obtienen ventajas a costa de las ganancias privadas y también, posiblemente, lesionan a todos con su deficiente cumplimiento. Los banqueros privados se alborozan cuando se cierra un banco público. Si una guerra o un golpe de Estado favorecen sus ganancias también hacen fiesta.

   Sebastián.-  Quisiera insistir en un punto. A mí me parece que la población, la ciudadanía, siente cada vez menos afecto por la política (sin conflicto con ir a votar periódicamente) porque siente que ésta no tiene relación (o poca) con su vida material y concreta. Se siente que la suerte de amplios sectores de población depende menos de un político local, que de la decisión de un ejecutivo empresarial o político fuera de las fronteras acerca de si invierte o desinvierte en Costa Rica, o si liberaliza o no determinadas actividades (como las apuestas deportivas), etc. A mí me parece que, al menos una de las dos Costa Rica de que se habla desde por lo menos los años 90, está enviando ese mensaje de desafecto, indicando que el sistema está torcido. Estimo que los llamados partidos "emergentes" de hace unos 12-18 años y el éxito del Partido Frente Amplio primero y del Partido Renovación Costarricense más reciente, en la elección de diputados, son en gran parte expresiones de lo mismo: este descontento, digamos, sistémico. ¿Cuál es su opinión respecto esta lectura de "desapego" y descontento de la gente con la política?

   HG.- La población puede reaccionar con lentitud ante los cambios porque el Estado parece seguir ahí con sus mismas dependencias, los partidos son los mismos o parecidos, algunos dirigentes (sindicales,  por ejemplo) se eternizan. Tampoco es que la población piense en exceso la política. La siente tal vez, a través de los medios, pero la piensa poco. Resiente su existencia cotidiana porque no se parece en nada a su antigua experiencia. Un San José con mendigos y adictos en la calle a todas horas del día, con delincuencia local organizada  asesinando a diario, con carreteras y calles despedazadas. Sin duda Costa Rica no es la de antes. Algunos imaginarán que hasta los bellos atardeceres desaparecerán así como desaparecieron las horizontalidades sociales. Pero el mundo tampoco es el mismo. Otro mundo al que expresa otro sistema. Pueden darse frustración y desencanto y también acrecentarse los sentimientos de vulnerabilidad. Costa Rica cambió y para peor. El PAC no tiene respuestas para este drama. Tampoco el Frente Amplio. Son fuertes en memoria pero débiles en discernimiento actual y en una discusión de posicionamientos a la orden de los actuales desafíos. Los antiguos clientelismos de masas resultan disfuncionales. Y los nuevos, dispuestos por los plutócratas, no resultan universalizables y más bien acentúan las distancias entre los sectores sociales. Tal vez una respuesta consista en intentar crecer aceleradamente en ethos ciudadano. Pero no se advierte movimiento allí. El Partido Restauración Nacional que usted menciona fue exactamente en el sentido contrario y obtuvo el 40% de los votos (que incluían la de un sector suicida del liberacionismo). El país debió resentir ese 40% como una bofetada. Pero tal vez ese país que la gente ha imaginado, quizás porque se lo inventaron, nunca existió. Hoy se desnuda y muestra su violencia. Porque a lo que apuntan estas mutaciones es a que aflore la violencia que está en el sistema y no es monopolio de los delincuentes. Por supuesto, ojalá no sea así.
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