F-1020 Filosofía y derechos humanos


DERECHOS HUMANOS COMO IDOLATRÍA

1.- En el libro editado por Amy Gutmann “Los Derechos humanos como política  e idolatría” (en inglés su título es llanamente Human Rights), cuya autoría se reserva para Michael Ignatieff, se ofrece una discusión respecto del número y carácter de estos derechos, cuestión que ocupa la Introducción del volumen escrita por la editora del texto (Gutmann). La idea central de ella es que el expositor central, Ignatieff, ofrece en su planteamiento una visión estrecha de la agencia humana que sería el principio que sustenta estos derechos. Dice: “El objetivo de los derechos humanos, argumenta Ignatieff, es la protección de la agencia humana” [agencia humana: facultad de acción. Hay agencia si existe un sujeto que actúa deliberadamente, un sujeto responsable de sus acciones]. Gutmann considera esta posición un buen punto de partida para una reflexión sobre lo que deberían ser los objetivos y contenidos del régimen internacional de derechos humanos y su evolución (hacia donde deberían ir), pero añade una observación crítica: “Proteger la agencia humana y a los agentes humanos frente al abuso y la opresión no puede ser equiparado simplemente (o solamente) con la libertad negativa, estar libre de interferencia. El núcleo de los derechos humanos tampoco está formado únicamente por libertades negativas. El derecho a la subsistencia es tan necesario para la agencia humana como el derecho a no ser torturado. El derecho a la subsistencia no es una libertad negativa, mientras que el derecho a no verse sometido a castigos crueles o excesivos sí lo es. Una persona hambrienta no posee una mayor capacidad de obrar que otra sujeta a un castigo cruel y excesivo. La inclusión de los derechos de subsistencia en el régimen de los derechos humanos ha contribuido de manera importante al acuerdo internacional sobre la naturaleza de los derechos humanos”.

2.- Parte del lenguaje de Gutmann requiere ser aclarado: libertad ‘negativa’ remite a capacidades de los individuos en los que el Estado (o cualquier otro agente) no debe actuar o intervenir, excepto para salvaguardar a cada quien de modo que puedan actuar según su voluntad. El derecho a no ser discriminado por la opción sexual es parte de los derechos civiles. Y también parte de la libertad negativa y positiva. Precisamente se entiende como libertad positiva aquella en la que el Estado (u otro agente) interviene para asegurar a todo individuo la capacidad para actuar según su voluntad, excepto que ello implique delito. ‘Libertad’ quiere decir aquí autorrealización. Libertad negativa consiste en la acción estatal que anula impedimentos. La positiva en la acción estatal que tiende a asegurar la autorrealización.  Por ejemplo, en las recientes elecciones del 2018 un sector de costarricenses leyó un eventual triunfo de una de las principales candidaturas como amenaza para su libertad negativa (libertad de pensamiento) y con ello de su voluntad de autorrealización. En el extremo, se habló de Estado teocrático. En un Estado teocrático el Estado podría no reconocer el derecho de los ciudadanos a la libertad de conciencia religiosa y obligarlos a exteriorizar una única opción religiosa. Esto afectaría sus relacionamientos. En Costa Rica la libertad de conciencia religiosa está garantizada por la ley. Constituye a la vez un derecho civil y humano. Quiere decir que puede ser reclamado en circuitos jurídicos locales e internacionales.

2.1.- El punto central de Gutmann es que un sujeto libre y responsable, agente, sin duda no debe ser objeto de abusos impunes ni oprimido o discriminado de ninguna forma por causa de las opciones que materializan su agencia. Pero esta agencia se vería también menoscabada  o anulada si a un individuo se le niega el alimento/trabajo o la educación (genéricamente les llama derechos de subsistencia). Parece hablar así de derechos económicos, sociales y culturales o, al menos de algunos de ellos. Estos derechos aparecen en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966-76). En su presentación este documento dice: “no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos” (itálicas no están en el original).

Pero, sin ánimo de analizarlo en detalle, el Pacto contiene afirmaciones insostenibles, excepto que se las vea como un buen deseo en un mundo que no los permite: La Parte I se abre con el siguiente artículo: “1. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural”.  No es un chiste. Es lo que dice. Tal vez la Parte II y su artículo 2 expliquen en algo el chiste: “1. Cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a adoptar medidas, tanto por separado como mediante la asistencia y la cooperación internacionales, especialmente económicas y técnicas, hasta el máximo de los recursos de que disponga, para lograr progresivamente, por todos los medios apropiados, inclusive en particular la adopción de medidas legislativas, la plena efectividad de los derechos aquí reconocidos” (itálicas no están en el original; tampoco en la primera referencia). Se trata de derechos progresivos que se reconocerán si existe capacidad económica y se den otras condiciones para hacerlo.
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