Presentación en la Inauguración
del Curso 2018 de la Escuela Sindical de la
Asociación de Profesores de Enseñanza Media, APSE.
Costa Rica. 17 de marzo 2018
 

   Agradezco la invitación de Ariane Grau Crespo y demás dirigentes de la Escuela Sindical “Luisa González Gutiérrez”´ que me permite acompañarlos en esta Jornada Inaugural del Curso de este año 2018 de su Escuela Sindical. Gracias también por su presencia esta mañana y por la posibilidad de compartir con a Beatriz Ferreto.  

      COYUNTURA DEL PAÍS

   Hablando en términos no técnicos coyuntura se entiende como el momento actual de las correlaciones de fuerzas sociales, situación en la que concurren factores internacionales y transnacionales y factores internos de las sociedades. Estos factores concurrentes pueden ser personificados por sectores sociales y sus decantaciones y capacidades políticas relativas. Para constituirse como mejores actores (hacer que las cosas sucedan y lograr objetivos), las organizaciones de estos sectores realizan análisis de coyuntura. APSE, que puede constituir un factor de la coyuntura, califica aquí como un sector social complejo (con un frente o raíz social local) que se ha dado una organización particular con alcances sociales, políticos y culturales que podrían determinarse por el carácter de sus miembros (educadores asalariados y personal técnico y de servicios coadyuvantes) y también por las relaciones que entabla desde sus explícitos referentes político- sociales y culturales: defensa y promoción de derechos humanos, libre determinación de los pueblos en la búsqueda de justicia social, superación cultural y educativa de la población costarricense, protección y recuperación del ambiente natural y la consecución de una sociedad sin violencia basada en la equidad y la erradicación de las discriminaciones sistémicas y situacionales, tarea en la que se vincula con otros sectores de la sociedad costarricense para acompañar y acompañarse en sus luchas. APSE es un sector orgánico de la sociedad civil costarricense lo que quiere decir que se inscribe en su Estado de Derecho (es el frente ciudadano de APSE) y también sus integrantes se insertan como sector asalariado y público (trabajadores) en un sistema económico-social y cultural que satisface de manera adecuada o inadecuada  las necesidades de su población y cuyas autoridades o escuchan o desatienden los requerimientos de sus distintos sectores sociales.

   El momento o rostro específico de la coyuntura actual es electoral. Se inscribe en un proceso más amplio y extendido que puede ser signado en la segunda administración Arias (2006-2010). De ella destacamos el inicio de la bola de nieve que hoy día se llama déficit fiscal y también que esa administración evidencia el final o agotamiento ideológico del Partido Liberación Nacional como organización que nació para encabezar un desarrollo que tornaría al país en una realidad distinta a la del  conjunto centroamericano. País frugal pero educado, saludable y culto, fue la propuesta de José Figueres Ferrer. Este sueño lo enchalarró y enterró un Estado propietarista y clientelar, corrupto desde este punto de vista, dirigido por y hacia propietarios opulentos y sin capacidad para dialogar o discutir con los trabajadores y sectores populares a los que resiente como ‘peligro’ y ‘amenaza’. En los charrales destacan las alimañas. Seguramente existen todavía en el charral PLN individuos y sectores sanos, pero no poseen peso ni se les da oportunidad para discutir y menos para conducir. En breve, el PLN se derechizó y nunca la derecha política ha gestionado en América Latina ni una sociedad de ciudadanos semejantes e integrados ni una sociedad que respete a los trabajadores. Su discurso, en estos sentidos, es mera pose publicitario-demagógica o electoral. Para las derechas latinoamericanas los trabajadores y sectores populares resultan necesarios pero también representan una amenaza para sus intereses. Los desean domesticados.

   Volviendo al aspecto electoral que domina la coyuntura en estos momentos, una parte de ella ha sido ya resuelta en el pasado mes de febrero. La votación parlamentaria determinó una Asamblea Legislativa donde los grupos conservadores (digamos derechistas tradicionales y nuevos) alcanzaron un número de diputados que les permite hegemonizar ese espacio y con ello asegurar una gestión parlamentaria que propondrá respuestas a los urgentes desafíos actuales sin consideración por la realidad compleja que enfrentan los trabajadores de a pie o en moto, y en especial las mujeres jóvenes, para resolver desafíos en educación, salud, estabilidad laboral, salario y encuentro de empleo digno. Estas políticas, que eluden la interpelación de los trabajadores, serán acompañadas y voceadas por dirigentes políticos y medios masivos que expresan los intereses inmediatos del gran capital local e internacional. El momento electoral de la coyuntura resultó en buena medida, aunque falsamente, polarizante y su carácter actual se orienta en perjuicio de los sectores medios de menos ingresos y, más ampliamente, contra los sectores vulnerables a los que calificaremos de populares.

   La coyuntura se polarizó falsamente porque los polos se constituyeron mediante valores religiosos: por un lado los restauradores del temor de Dios y su adoración  por sobre todas las cosas y por otro los defensores de derechos ciudadanos y humanos que se abren a la entera aceptación de las identidades sexuales de minoría y a la aceptación de pactos internacionales que aseguran que el país puede vivir sin ejército. Llamo asimismo sectores ‘populares’ a los que resultan producidos y determinados como ‘vulnerables’ por los grupos dominantes: trabajadores asalariados, por ejemplo, mujeres de todas edades, jóvenes, sectores rurales que no acceden a educación ni a servicios elementales para su salud y su bien-ser, por hacer algunas referencias. Los grupos dominantes, cuya gestión económica-política-cultural produce vulnerables, son considerados aquí sectores oligárquicos y neo-oligárquicos y conservadores que, en la coyuntura electoral captan, sin siquiera haberlo pedido, un voto socialmente popular inspirado inéditamente en sentimientos religiosos legítimos pero de minorías y, en algunos casos, anticiudadano. Se trata de una derecha y de un conservadurismo de cierta manera enteramente nueva y nuevo para Costa Rica y que podría funcionar porque alguna dirigencia “religiosa”, si no es ya corrupta (en su carácter ciudadano), resulta fácilmente corruptible y manejable si se instala en el gobierno (Ejecutivo y Asamblea Legislativa). El bloque dominante, por primera vez desde la guerra del 48, podría contar para una administración del Estado con el apoyo significativo de un sector extendido de los vulnerables por razones religiosas y de otros grupos sociales mejor instalados en la sociedad para una administración no-ciudadana y no-democrática del país en la medida que concurrirían en ella  tanto dirigentes antidemocráticos por oligárquicos y plutócratas como pastores religiosos dueños de toda la verdad que consideran que la no discriminación, central para derechos humanos y para la justicia social, no constituye una señal que su Dios pueda aceptar. La violencia que contiene toda discriminación ciudadana y humana constituye el deseo inapelable de este Dios.

   Lamento informarles, o me alegra, según se vea, que APSE, por su visión explícita y su posicionamiento social objetivo en el mundo de los trabajadores, se encuentra en el otro lado de las fuerzas que se expresan sistémicamente, aunque desde posicionamientos diversos, en contra de la justicia social y en contra de una existencia humana digna para todos en esta coyuntura determinada por el carácter polarizante y ofensivo directo de los escenarios electorales. Tanto los grupos opulentos y sus líderes y tecnócratas como las dirigencias carismáticas estiman que gula económica y violencia discriminatoria son no sólo legítimas desde el Gobierno sino necesarias. Por esto no se dejan interpelar por los trabajadores ni por los ciudadanos. Como sectores medios de la sociedad civil costarricense, los trabajadores que participan en APSE, se identifiquen como pentecostales o católicos y cualesquiera sean sus inclinaciones sexuales, deberán padecer una salida de la crisis fiscal (cuya bola de nieve comenzó a gestarse en la segunda administración Arias Sánchez y no pudo ser detenida por el gobierno de la señora Chinchilla ni menos por la actual administración) orquestada desde criterios neoliberales para nada incompatibles con guiños y obsequios para sectores carismáticos que faciliten un nuevo triunfo electoral en el 2022. Por supuesto esta situación dramática puede ser evitada o al menos corregida en sus excesos más notorios, pero ello demanda un trabajo político-cultural de los trabajadores en un país cuyo régimen democrático no contiene movimiento ciudadano significativo.

   En breve, los profesores de segunda enseñanza deben asumir como prioridad el comportarse permanentemente como desafiados ciudadanos solidarios y a incidir como tales y como trabajadores en la vida pública. Como los ciudadanos también poseen identidades o de asalariados o de propietarios empleadores y explotadores es también su prioridad asumirse como trabajadores y articular sus resistencias y luchas con otros sectores de trabajadores y de sectores rebajados y discriminados. Por supuesto al hacerlo se configurarán asimismo como espacios de resistencia y lucha ciudadana. Articulados, serán insultados y reprimidos. Negados. Pero no serán aplastados.  Parte del lema de lucha de esta resistencia es toma de conciencia ciudadana y solidaridad efectiva. La salida de la crisis fiscal ha de hacerse sin castigar unilateralmente a los sectores más vulnerables y menos acomodados de la sociedad civil ni a sus trabajadores y el país no puede refundarse desde discriminaciones que a los sectores populares y a los ciudadanos deberían resultarle ajenas. La actual caracterización de APSE resulta enteramente opuesta a los caminos que estratégicamente desea recorrer la nueva derecha costarricense con conducción oligárquica y que se dice tecnocrática. Los caminos para resolver una crisis fiscal apremiante y para avanzar en una sociedad sin discriminaciones y menos violenta o sin violencia sistémica contra aquellos a quienes se produce previamente como vulnerables puede resultar difícil y dura pero las cargas han de repartirse entre todos y no solo recaer toda la ruta solo en algunos. Todos han de realizar sacrificios y todos en algún momento han de disfrutar de respiros y ventajas. El llamado ha de ser no solo a un gobierno de unidad sino a una Mesa Permanente de Trabajo y Concertación en la que también concurren los representantes de los trabajadores y de las mujeres, por ejemplo, por el bienestar de Costa Rica. Es poco probable que se llegue hasta esta Mesa de Trabajo Permanente y Concertación sin resistencias porfiadas, rabiosas y extremas. Los sectores que desean una sociedad violenta y discriminatoria alegarán tener mayoría y haber resultado electos por el libre voto ciudadano. Pero ese voto no significa carta blanca para emprender cualquier camino. En tiempos de crisis, y éste lo es, se requiere de la voluntad y el sacrificio de todos. APSE tiene la capacidad para trabajar duro en el proyecto necesario de todos trabajando para corregir errores y constituir ciudadanía, o sea una sociedad civil solidaria que supone una economía y un Estado solidarios. Por solidarios, los únicos cuyas lógicas pueden generar responsablemente una Costa Rica que busca beneficiar a todos, creyentes religiosos de todo tipo, no-creyentes religiosos, trabajadores y empresarios y ciudadanos.

   La polarización por valores (familia, sexualidad, Dios) resulta así una patraña. La polarización se da entre ciudadanos insolidarios absolutos y ciudadanos responsablemente solidarios. APSE se inscribe en este último polo.

   Lo planteado no vale solo para un eventual gobierno de Restauración Nacional, que no deseo. También un eventual gobierno del PAC demanda una Mesa Permanente de Trabajo con participación gubernamental y ciudadana sectorial que indique caminos de corto, mediano y largo plazo que le entreguen a Costa Rica una paz y una prosperidad sin discriminaciones de ningún tipo. Bienvenidas a esa Costa Rica todas las creencias religiosas. Bienvenidos todos los ciudadanos a la construcción de esa Costa Rica para todos.

 

      PREGUNTAS ESPECÍFICAS

   En la invitación que me hicieron llegar los organizadores del encuentro se me propusieron algunas cuestiones o preguntas. Paso a referirme a ellas, sin intentar responderlas exhaustivamente.

1.- ¿Estamos ante una situación de mayor polarización política en el país?

   Sí, si se exceptúa la polarización que se dio para resolver el referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio con EUA (en el 2007) bajo la segunda administración Arias. La diferencia entre ambas situaciones es que estas votaciones actuales comprometen tradiciones del país que los costarricenses, con razón o sin ella, han sentido identitarias y por ello han llevado mayoritariamente con orgullo, especialmente en las ciudades de la meseta central. Por ejemplo, derechos humanos. La situación constituye no solo un desafío económico-político, sino un desafío económico (por el déficit fiscal) político y cultural. Compromete identitariamente cuestiones que no pueden resolverse mediante la fuerza, los gritos ni los dogmas. El Tratado de Libre Comercio no comprometía a la Virgen de los Ángeles. Estas votaciones sí. Los fieles religiosos restauracionistas no tienen aprecio alguno por las imágenes religiosas. A algunos de sus pastores les indignan. Y a los glotones oligarcas solo les importa obtener grandes ganancias porque si ponen ojos blancos y se golpean el pecho… la Iglesia Católica los manda al Cielo. Y la religiosa polarización actual falsa, que compromete derechos humanos, si no se la combate y se la posiciona en términos de trabajadores y ciudadanos, puede significar una Costa Rica antes y después de…cosa que el Tratado de Libre Comercio no ha hecho. Y después de… podría resultar mucho peor que el antes de… En este sentido los trabajadores de la APSE, y todos los ciudadanos decentes, deben poner las cosas en el lugar que les corresponde.

   2.- ¿Podemos hablar de una derechización del espectro político?

   Es probable que Costa Rica haya tenido gobiernos reformistas socialmente progresivos antes de la Guerra Civil (1948)  e inmediatamente después de esa guerra. Ya durante la primera administración Arias (1986-90) el país se había tornado políticamente no progresivo sino clientelar, es decir sus sectores dirigentes dejaron de interesarse en la justicia social y en el “hermanitico” de  Luis Alberto Monge y se estableció la voluntad de ganar elecciones para mantener clientelas electorales mediante el empleo público y, desde el poder político, realizar buenos negocios privados para circuitos minoritarios. La aparición de la banca privada y el auge de los servicios médicos privados en la década de los 90 son buenos ejemplos de esto. También los dramáticos escándalos de esta década que comprometieron a expresidentes. El estrépito de los escándalos sirvió para esconder el zumbido de una descomposición generalizada. Pero ya había penetrado una cultura política diferente. El actual es un nuevo estadio conservador y derechista de ese proceso que algunos llaman neoliberal. La Costa Rica de los cincuentas y sesentas parece haber muerto asesinada. La comunicación y alianza (el abrazo) entre dirigentes liberacionistas y carismáticos ha resultado sorpresivo por inaceptable pero lo venían anunciado a gritos el oportunismo de Johnny Araya y de Álvarez Desanti. El ligamen entre oligarquía codiciosa y carismáticos empobrecidos de fuera de la meseta central resulta extraño, pero también anunciado por la crisis de pensamiento (ideología) del PLN y de las izquierdas, las diferencias entre líderes del pensamiento social cristiano y la lentitud del PAC para terminar de constituirse como partido político, no solo como opción electoral. Tiene también un peso específico la ineptitud de cierta ‘dirigencia’ sindical para organizar y movilizar a los trabajadores. O sea para expresarlos política y culturalmente. La gente ve en los sindicatos dirigentes y grupos interesados solo en sus estrechas valijas. Entonces lo actual es nuevo y perverso y muy negativo para los trabajadores, pero viene siendo anunciado. El dicho clásico es “en política no hay sorpresas, sino sorprendidos”.

   3.- ¿Esta derechización o polarización si existiera es visible también en el movimiento sindical?

   No quisiera referirme en esta fiesta de inauguración de un nuevo curso sindical de APSE al movimiento sindical. Creo que sí está en crisis, y desde hace ya largo, cuestión que muchos de sus dirigentes eternos no aceptarán, pero su crisis se sigue más de factores internos del sindicalismo costarricense que de la coyuntura. Por supuesto, una coyuntura en la que no se considera legítimo interlocutor a los ciudadanos trabajadores sino solo a los empresarios y a las almas religiosas, agrava las dificultades de la organización, resistencia y lucha sindicales. Y me imagino las dirigencias sindicales nunca imaginaron que las iglesias pentecostales pudieran llegar a ser factor de un bloque de poder. Pues ya están ahí, van a querer quedarse y obviamente los sindicatos no les simpatizan o no los entienden porque su Dios no organiza sindicatos sino susurra en el oído a los pastores. A los sindicalistas les conviene dejar de encarar solo a los patrones, lo que es correcto si no se les amenaza con la vaina vacía, y establecer una relación material estrecha con otras formas orgánicas populares y ciudadanas. Jóvenes y mujeres y creyentes religiosos humildes, por ejemplo. Menos declaraciones y más trabajo de creación de tejido social popular y de cultura laboral. Y rotación de líderes. Un buen liderazgo sindical ocupa parte de su tiempo en preparar nuevos dirigentes de modo que resulten factibles tanto la renovación de líderes como el reingreso de ellos a las bases sindicales y a la realidad laboral diaria. Esto para autocriticar la burocratización mediante la experiencia. Un eterno dirigente rápido empieza a creer que es “alguien” porque los periodistas lo entrevistan de vez en cuando. Y lo es: pero ese ‘alguien’ es un trabajador, alguien que encarna y representa el mundo y las realidades y esperanzas de los trabajadores. Si llegara a diputado ese ‘alguien’, se trataría de un diputado que siente y piensa desde los trabajadores y sus desafíos en el corto, mediano y largo plazo.

   4.-  ¿Está la clase trabajadora en un mejor, peor o igual escenario para luchar que hace cuatro años?

   Para luchar la situación es siempre buena para los trabajadores en América Latina porque siempre los trabajadores y sus familias experimentan desafíos graves y problemas urgentes. Ahora, la clase trabajadora es un concepto. Quienes luchan son los movimientos de trabajadores o, mejor, el movimiento obrero, que supone una articulación orgánica y una presencia socio-cultural de los movimientos particulares anteriores sin que por eso cada movimiento pierda autonomía. En América Latina estos movimientos de trabajadores deben articularse con otras luchas sociales populares para alcanzar mayor y mejor capacidad de incidencia político-cultural. Me refiero a los movimientos rurales no obreros, de pequeños propietarios, por ejemplo, étnicos, de mujeres y lesbianas, gays, estudiantes y jóvenes, circuitos de artistas e intelectuales, defensores de la naturaleza y de derechos humanos. Importan tanto la articulación como la autonomía. Mi impresión es que la ausencia de estos factores torna débiles por aislables las luchas populares costarricenses. Se trata de un tema complejo pero no difícil. Pero nosotros hoy tenemos un tiempo fijo en una jornada larga de trabajo. Seguro en sus programas de reflexión y debate esto aparecerá una y otra vez.

   5.- ¿En cuáles tendencias de la política latinoamericana ubicaría a Costa Rica actualmente, y a cuáles países se acercaría con uno u  otro gobierno según el resultado de las elecciones del 1 de abril?

    Se dice que existe una desaceleración de la economía mundial y esto afecta a las economías abiertas (y por ello vulnerables) latinoamericanas. También que la acción del actual gobierno de EUA podría contribuir con esta desaceleración. Y la corrupción, real o inventada, acentúa los escepticismos y temores ciudadanos. Entonces los electores, que experimentan y huelen las crisis, se mueven hacia la derecha y hacia los políticos oportunistas de ese bando, aunque quizás nunca hayan experimentado gobierno alguno de izquierda efectiva. Porque en América Latina las derechas “inventan izquierdas”. Ahora, las condiciones político-culturales de cada país son muy diversas. Leí a algún político importante que afirma que Costa Rica no puede darse un Frente Amplio como el uruguayo. Bueno, si no se trabaja en esa dirección pues no lo habrá. Y si se trabaja será un Frente Amplio costarricense, no una imitación o clon del uruguayo. Tampoco Costa Rica va a experimentar un Evo Morales. Él es resultado, revolucionario en varios aspectos, de una muy conflictiva producción boliviana. La impresión que tengo, que no se deriva de un estudio sistemático sino de señales, es que el nuevo esquema costarricense, si no se le hace perder fuerza ya, conduce de cabeza a Costa Rica a lo que su población nunca ha querido ser: un paisito oligárquico centroamericano, como la corrupta e infame Guatemala oligárquica y militar, pero sin indios. Y también sin sus artistas. Pero Costa Rica ingresa a una nueva forma de derechización y a una suerte de la que sus fuerzas internas pueden sustraerlo. Depende de gentes como ustedes. Y de organizaciones como APSE. La responsabilidad es grande. Pero ustedes también pueden alcanzar esa estatura.

   6.- ¿Cuáles serían a su juicio los principales retos para las organizaciones  sindicales y el movimiento social ante un gobierno de Fabricio Alvarado y ante un gobierno de Carlos Alvarado?
 
   Estos principales retos solo podrían existir si un movimiento social ciudadano o un movimiento sindical existiesen, pero no es el caso de Costa Rica. Movilizaciones y sindicatos existen. Pero ni acumulan ni se dan continuidad. Entonces cada lucha parece la primera lucha. Así, solo puedo referirme en términos conceptuales a la pregunta que es una pregunta práctica. Para los sindicatos los principales peligros serán siempre los ligados a una cooptación clientelar, que es no solo política sino principalmente cultural. Es la cuestión de la identidad sindical y la identidad trabajadora que nutren identidades ciudadanas y también humanas, familiares, por ejemplo. Si una familia de trabajadores se experimenta solo ciudadana está en un error. Sin duda es una familia de ciudadanos, pero antes es una familia de trabajadores. La sostienen salarios. Entonces debe asumirse como una familia de trabajadores y debe interesarse en los asuntos de los trabajadores (capacitación permanente, salarios justos, tendencia al pleno empleo, organización, garantías sociales, etcétera). Y por supuesto es también una familia ciudadana que debe interesarse en asuntos ciudadanos, como derechos humanos. Los espacios públicos, las elecciones, en otros ejemplos. Probablemente un gobierno restauracionista-oligárquico y liberacionista (de algunas de sus facciones) intentará descomponer y aplastar las identidades obreras o de trabajadores de los costarricenses, no cooptarlos. Es lo que han hecho durante la campaña con bastante éxito. Los trabajadores y sus familias huelen a “comunismo” y esto es algo terrible para estos conservadores. Disuadirlos y no cooptarlos es entonces la tarea. Si preside el PAC, sería un buen momento quizás para que ese partido, que no termina de configurarse como tal, se diera una identidad ligada con la suerte de los trabajadores y con sus realidades y esperanzas y dejara de estar constituido por tendencias ensimismadas (mujeres, feministas, jóvenes, sectores comunitarios, etc.) y muchas veces enemigas entre sí una especie de PLN decadente, pero a la izquierda y que se desea no corrupto. Pero el PAC no ha terminado de nacer y tal vez no lo haga nunca. Este momento tampoco favorece su nacimiento. Si no puede nacer como partido, porque no hace el esfuerzo, se abre más a los desafíos de la corrupción y el clientelismo como ocurrió durante la administración Solís. Quizás habría que ayudarle al PAC. Pero quizás algunos de sus sectores (el ottonismo, por ejemplo) rechacen ayudas de los trabajadores. Y otros también por razones distintas. No parece que los diversos sectores del PAC tengan conciencia de que vienen suicidándose. Los valores APSE resultan enteramente compatibles con los valores de un partido que se desea ciudadano aunque mire más a la derecha y al centro que a la izquierda. Entonces se trata de madurar y de asumir lo que esa maduración diga. Para ser optimista, hay que esperar sus movimientos y ayudarles si van por el camino correcto: no hay ciudadanía sin trabajadores dignificados en su condición social y humana. Si lo entienden, mejor. Si no lo entienden, pues hay que enfrentarlo a ver si acaso. Y porque resulta obligatorio para los trabajadores organizados enfrentar a quienes no aceptan su total ciudadanía y humanidad.
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