Universidad Omega, N° 54,
marzo del 2018.
  

   De los opinionistas ‘oficiales’ del periódico La Nación S.A., si exceptúa a Durán Ayenegui, Jorge Vargas es el menos malo. Con el paso del tiempo, se ha deteriorado. El primero de marzo su “Enfoque” advierte inicialmente a sus lectores que “La competencia electoral es siempre el mundo de las exageraciones y simplismos”. Opone a estos caracteres, un “debate racional”.  Explica simplismo y exageración como medio “para atraer los votos de muchos”. Las elecciones constituirían un mercado y quienes eligen compran estridencias y simplismos. Olvida Vargas que estos compradores deberían ser ‘ciudadanos’ y que de ellos se ocupan el Estado, en Costa Rica el Tribunal Supremo Electoral y  los partidos políticos. Los medios también se dirigen a estos ciudadanos, pero no es parte de su obligación tratarlos como tales. No en Costa Rica al menos.

   De modo que su primer párrafo debería incluir una crítica al Estado, al TSE y a los partidos. Que los ciudadanos electores compren ‘chirridos esquemáticos’ resulta de producciones sociales, no de naturalezas.

   En un tercer párrafo, Vargas Cullel indica que si las patrañas prenden en el imaginario popular (‘popular’ es  mención polisémica. Si Vargas fuese liberal, se trataría del conjunto de ciudadanos=pueblo), se instala, no en los ciudadanos, sino en los compradores de cuentos, “un clima político de final de época”. Vargas ejemplifica con la Costa Rica del 2018: “Por ejemplo, en nuestro país (…) estamos a las puertas de una sociedad teocrática, engullida por el fundamentalismo religioso (…) o a punto de sucumbir a la toma del poder por parte del sindicalismo rojo, aliado de Venezuela y Cuba”. Los barrios del país por los que transita Vargas han de ser especiales porque los fundamentalistas (que son minoría) lo que desean es enviar al infierno a gais y lesbianas y a quienes pervierten a sus hijos con información sexual y afectividad sana, y, la verdad, alguno de los rostros de un fraccionado PAC incluye un ojo paternal hacia los servidores públicos, pero el feeling no alcanza ni para rosado. Ni siquiera el medio para el que redacta Vargas acusó tenazmente, en la primera ronda,  cuando su Man era Álvarez Desanti, al candidato PAC por “comunista”. Agitó que el PAC era igual o más corrupto que el PLUSC. El “cementazo” fue su guion durante el año 2017. Y el “celsazo”, al final. El anti-héroe, un infumable diputado “amigo” del  Presidente.

   Pero no importa. Las personas pueden sentir de maneras distintas viviendo en un mismo país. Vargas sostiene que a él exageraciones y simplismos le parecen solo “un ni modo desde el punto de vista de la psicología política de masas”. No les hace “caritas”. Lo que le sorprende, en cambio, “…es observar a gente bien informada comprar, en baratillo, esos cuentazos”. Le inquieta ya que esos ‘bien informados’ “… al estar cercanos a los centros de poder, influyen en la manera como ese poder se ejerce. Eso es lo peligroso: cuando los cuentazos se tornan en ideología del poder”. Bien, un país con número mínimo de ciudadanos, o sea éste,  siempre hará del “cuentazo” ideología del ejercicio de poder. Hace parte de la crítica de las dictaduras.

    De hecho, Vargas participa de un “cuentazo”. Hacia el final de su escrito redacta: “… la realidad se pinta usualmente en tonos de gris salvo, por supuesto, en situaciones extremas como las de Venezuela, donde no caben medias tintas frente a una crisis humanitaria y una dictadura”. Vargas es alguien bien informado. Y nadie va a defender (no lo hace ni el Embajador de ese país en Costa Rica) a la administración Maduro. Pero lo que existe en Venezuela esl resultado de acciones maduristas y antimaduristas en un país que carece de toda tradición democrática y donde intervienen, además, EUA y Colombia. El libreto es por demás conocido en América Latina.Tal vez se viva una situación “extrema” en Venezuela, pero en su producción concurren buenos, malos y peores. Lo raro allí es el no militar para dar un golpe de Estado. Pero el cuentazo es el “usual”. Oligarquía y sectores urbanos medios e Iglesia Católica intentando recuperar Todo lo que estiman han perdido. Los apoya la variopinta caverna regional y mundial y sus medios masivos. Del otro lado un gobierno con errores, corrupciones y bribones, pero con un respaldo electoral del 37% (última elección amplia). En el Chile de los 70 alguna población gritaba “¡Este es un gobierno de mierda, pero es nuestro gobierno!” Así es la gente. Adivina el degüello. También se exalta cuando algo parece pertenecerles. Un analista que critica los “cuentazos” en política no debe cacarearlos imaginando quizás que Venezuela está lejos y de ella se puede decir cualquier cosa. Venezuela está aquí. Es asunto de pensarlo un poco.
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    Conversación

   Elsa, Roberto, Fernando (Costa Rica).- Entendemos que la participación carismática resulta de la concurrencia de muchas producciones sociales de nosotros, los costarricenses. Pero más específicamente ¿cuáles aspectos habría que criticar al Estado, al Tribunal Supremo Electoral y a los partidos políticos, que usted menciona?

   HG.- Les agradezco escriban. Del Estado podrían interesarnos sus políticas públicas con su alcance en la formación ciudadana. El voto pentecostal ganó en las costas, Punta Arenas y Limón, donde era fuerte el Partido Liberación Nacional. El PAC solo ganó en San José, Cartago y Heredia. En la meseta central  únicamente compitió sin ganar en Alajuela, que fue también de Restauración Nacional. El voto de Restauración prácticamente sitia a las ciudades y regiones de la meseta central y en particular a San José. Un factor de esta polarización es que en esas regiones las políticas públicas no se traducen en mejoría para las condiciones de existencia de la población. Por ello las iglesias existenciales, con sus pastores, que están allí presentes, hacen vínculos fuertes y también un efecto de demostración entre quienes no son pentecostales. Quiere decir que las gentes no se experimentan como ciudadanos o, peor, se experimentan como ciudadanos discriminados, de segunda o tercera clase. Que la población se experimente ciudadana es responsabilidad del Estado. De la Educación Pública, de su Policía, de su Circuito Judicial y del Sistema Financiero Público, por hacer cuatro referencias. En estos días el Ministerio de Salud pidió a la policía “sanear” ventas ambulantes en las playas de Punta Arenas, una región altamente deficitaria. La televisión mostró a estos policías arruinando una venta de copos de una afro costarricense de edad, a la que además asaltó físicamente porque ella se resistió a perder su negocio. La mujer atendía con su venta a la madre anciana. El Estado se hace presente, pero como brutalidad, como ausencia de maestros, como imposibilidad de encontrar trabajo, por hacer tres referencias. No es tan sencillo para la población sentirse ciudadana (deberes y derechos) porque ese sentimiento es un tipo de ethos. Si no se vive con seguridad y esperanza desde él, entonces no se tiene. Es una manera de comenzar a discutir el tema de la responsabilidad estatal en Estados que dan señales equivocadas a sectores importantes de su población. Del Tribunal Supremo Electoral ya hablamos en otro lugar. Su énfasis en la impecabilidad de formas y procedimientos lo hace descuidar contenidos. No vigila a los partidos y éstos dejan de ser instrumentos de formación ciudadana y devienen máquinas electorales manejadas por personalidades incontestables, pero sin ideas-de-país. En suma, de argollas con distintos niveles y circuitos. El habla popular sentencia “lo malo de las argollas es no formar parte de ellas”. Los partidos políticos deberían debatir (y discrepar o coincidir) pública y permanentemente sus ideas-de-país. Pero solo se activan para las elecciones. Y su propaganda no se diferencia significativamente de la de Asepsia. Quieren el voto. No les interesa la gente. No la estudian en cuanto costarricenses y seres humano y sectores sociales. Por eso los candidatos reclaman “Estamos en esto por usted”. Ese ‘usted es el que nunca consideran. Sería jocoso sino condensase una tragedia. Volviendo el Tribunal, éste debería financiar el funcionamiento permanente de los partidos, sus escuelas de formación, los debates, etcétera. El financiamiento electoral debería ser de una entera competencia operativa del Tribunal e igualitario para que deje de ser negocio de unos pocos y además tentación de fraude. La sensibilidad ciudadana no se centra en el voto, sino en lo que lleva a la gente a querer votar teniendo como referente la marcha del país y su responsabilidad en esa marcha. Son cosas sabidas pero postergadas por completo. En cuanto a los partidos, ustedes ya pueden hacer su propia reflexión: olvidaron estudiar, discutir y comunicar, se alborozaron por la pretendida “muerte de las ideologías”. Se transformaron en torpes maquinarias electorales y en argollas clientelares. Por eso les cuesta competir con gente que “siente” el voto. Pero esta repuesta ya se ha extendido en exceso.
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