Universidad Omega, N°53
febrero 2018

   Uno de los campos temáticos que pudo conferir un frente conceptual a las elecciones costarricenses de febrero del 2018 es el que los defensores de la familia y de las “sanas costumbres sexuales”, por ‘naturales’, en la especie humana llaman “ideología de género”. La Conferencia Episcopal de Costa Rica emitió tempranamente un comunicado, en octubre del 2017, con ese nombre: "Sobre la “ideología de género”". Lleva como añadido al título una referencia bíblica: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó” (Génesis, 1, 27). El Programa de Gobierno del Partido Restauración Nacional también toca el punto: “… no podemos validar la ideología de género que los grupos LGTBI quieren promover, imponer y arraigar en la función pública y en la educación nacional del país. Para los restauradores es imposible aceptar que haya más de dos géneros, que éstos estén divorciados del sexo al nacer, que éstos se pueden intercambiar a gusto de las personas, que sustenten nuevas concepciones del matrimonio, que atenten contra la vida gestacional…” (pág. 49, # 6.7 Valores, vida y familia). El candidato con este programa (que es, por supuesto, mucho más amplio) encabezó la votación en la primera ronda electoral.

   En los discursos sobre realidades humanas “ideología” tiene prestigio por ser un término polisémico, o sea utilizado con muchos y distintos-conflictivos contenidos. Sus sentidos matriciales y modernos son o ideología como visión del mundo y también como promoción de un sistema político (con ese doble alcance se habla de ideología liberal o de ideología social-cristiana) o como conciencia falsa en cuanto no permite alcanzar objetivos políticos propios, propuesta de un marxismo original. Sin embargo, éstos no parecen ser los usos utilizados por los obispos costarricenses ni en la propuesta de Restauración Nacional.

   La significación primera de ‘ideología’ fue el de ciencia de las ideas (Destutt de Tracy, 1754-1836) y esto se acerca más a lo que parecen referirse obispos y restauradores costarricenses. Para no enredar: hablan de ideaciones de género, donde ‘género’ ha sido tomado del inglés “gender” que hace referencia inmediata a los usos y reconocimientos culturales (y no biológicos) de mujeres, varones y otros. En el habla española no ocurre así. “Género” en español no remite inmediatamente a personas sino a cualquier tipo de entidades que tengan algo en común, aunque también admite el uso inglés: grupos a los que pertenecen los seres humanos de cada sexo entendido éste socioculturalmente y no solo biológico. Como se advierte, tanto en inglés como en español se establece una distancia entre género y sexo. Para el programa de Restauración Nacional esta distancia no es factible: “…Para los restauradores es imposible aceptar que haya más de dos géneros, que éstos estén divorciados del sexo al nacer”, etcétera. Al citar el Génesis (palabra de Dios) “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” los obispos afirman también que en la especie solo se dan mujeres/mujeres y varones/varones porque así lo quiso Dios (está en la naturaleza de la especie que sus individuos sean o macho-macho o hembra-hembra).

   Los obispos, y tal vez también pentecostales y neopentecostales, parecen olvidar que la Biblia contiene dos relatos distintos de la creación de la especie. El que aparece primero es el citado por la Conferencia Episcopal. El segundo dice “Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras éste dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre (Génesis 2, 21,22). De este relato mítico (que los expertos consideran fue primero en el tiempo, el otro es una interpolación posterior) conviene recordar que él no dibuja un escenario con solo Dios, varón y hembra, sino que Adán se relaciona con el mundo y teniendo como referencia esa relación se cansa-aburre y por ello Dios crea a Eva. Eva surge de un hueso de Adán y para su disfrute. Sin Adán no existe Eva. Es el relato más popularizado: Eva acompaña a Adán, Adán no acompaña a Eva. En lectura patriarcal, la somete. Ella sería nada sin Él. Acción de Dios.

    Cuando ambos desobedecen, la mujer será condenada a sufrir sin poder remediarlo (será pasiva; su ‘naturaleza’ la hace pasiva). Adán en cambio se verá forzado a trabajar (su naturaleza castigada lo hace activo: de su esfuerzo surgirá la cebada, el árbol frutal, la pesca, la casa, la ciudad, la tecnología).

   En este punto del segundo relato es que aparece la reflexión de género (no su ideología, o ideación). Aunque posee antecedentes, se puede fechar en 1949. Ese año se publica El segundo sexo, escrito por Simone de Beauvoir (1908-1986). Fue luz para muchas y muchos. Y lo sigue siendo, aunque se difiera de él o se lo extienda mediante la investigación, el diálogo y la crítica.

                                                              

                                                                     II

   A diferencia de una ideación doctrinal de género, la reflexión de género surge de una obra filosófica (que no ha obviado los conocimientos científicos) que ha sido posteriormente interpelada y nutrida por indagación científica especializada. El resultado de este trayecto crítico complejo es una Teoría de género no necesariamente homogénea que se inscribe en un marco académico amplio de Estudios de género.  Resulta sencillo ejemplificar la iniciación filosófica de esta Teoría de género. Escribe Simone de Beauvoir, en la Introducción a El segundo sexo, un comentario a su contemporáneo Emmanuel Lévinas (1905-1995). De Beauvoir está discutiendo la producción de femineidad y su encarnación en la mujer. La caracteriza como el extremo relacional, generado por la especie, de Lo Otro, donde lo Uno o Absoluto es el varón: “(Lévinas) se expresa así: ¿No habría una situación en la cual la alteridad fuese llevada por un ser a un título positivo, como esencia? (…) Creo que lo contrario absolutamente contrario, cuya contrariedad no es afectada en absoluto por la relación que puede establecerse y su correlativo, la contrariedad que permite al término permanecer absolutamente otro, es lo femenino. El sexo no es una diferencia específica cualquiera… La diferencia de los sexos tampoco es una contradicción…; no es tampoco la dualidad de dos términos complementarios, porque dos términos complementarios suponen un todo preexistente… La alteridad se cumple en lo femenino. Término del mismo rango, pero de sentido opuesto a la conciencia” (Le Temps et l’Autre). Comenta de Beauvoir: “Supongo que el señor Lévinas no olvida que la mujer es también, para sí, conciencia (…) es chocante que adopte deliberadamente un punto de vista de hombre, sin señalar la reciprocidad entre el sujeto y el objeto. Cuando escribe que la mujer es misterio, sobreentiende que es misterio para el hombre. De tal modo que esta descripción, que se quiere subjetiva, es en realidad una afirmación del privilegio masculino” (págs. 18-19). Solo el varón es en sí y para sí (conciencia). La mujer es un siempre desde Otro y para ese Otro. No es para sí y carece de sentido que se ocupe y preocupe de sí misma. Si se desea reflexionar este punto de vista, se debe investigar y pensar. Lo que de Beauvoir hace es filosofar.

   Por supuesto, no todo el mundo piensa así. En la revista en línea Nexos, uno de sus ensayistas de planta, Luis González de Alba, anula en pocas líneas toda la obra de la francesa: “Al comenzar el siglo XX se unieron la antropología social de Franz Boas y su discípula Margaret Mead con el conductismo fundado por John Watson y afinado por B. F. Skinner, para fabricar el determinismo social de la conducta: las diferencias de género son aprendidas. Watson dijo: Denme un recién nacido y haré de él lo que sea. Mead creyó descubrir en la paradisíaca isla de Samoa, en el Pacífico, una perfecta inversión de roles masculinos y femeninos: a la pobre la engañaban sus informantes, atentas, como gitanas, al lenguaje corporal de la neoyorkina ante una supuesta sexualidad desenfrenada. Un cuarto de siglo después llegó el remache filosófico: en 1949 Simone de Beauvoir publicó El segundo sexo. “No se nace mujer, se llega a serlo” o, más sencillo: la mujer no nace, se hace fue su postura aclamada en todos los medios académicos porque coincidía con los relatos de Mead y el auge del conductismo. Beauvoir y Watson coinciden: Denme una niña y haré de ella un niño. O viceversa” (“La identidad de género nos viene de la naturaleza”, abril, 2015 [https://www.nexos.com.mx/?p=24469]).

   En lo que se refiere de Beauvoir, el autor repite un estereotipo. Probablemente nunca tuvo El segundo sexo en sus manos. O si lo tuvo, no lo leyó. La frase “No se nace mujer, se llega a serlo” inicia el Capítulo I de la 4ª Parte de la obra. Lleva como título Infancia y, obviamente, no remite a ‘la mujer’, sino a la femineidad. El Capítulo II lleva como título La Joven, etcétera. Por lo demás, desde América Latina, salta a la vista que nuestros impecables nunca-equivocados economistas neoliberales provienen o de familias que viven en residenciales exclusivas, donde muchos de sus habitantes juegan golf, o de familias de capas medias en ascenso que venderían culo y alma porque se les considere “alguien”. Y si no a ellos, a sus hijos o nietos. Ningún economista neoliberal, mujer o varón, proviene de una familia ampliada rural empobrecida por marginal y aindiada. O sea que el medio sí influye aunque no sea causa identitaria absoluta. En todo caso, de Beauvoir hizo bien en descubrir el agua tibia en relación con el universo femenino.

   González también le cae a otra mujer, Margaret Mead (1901-1978)) cuyo trabajo “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa” mostró que distintas sociedades proceden de diferente manera respecto a la sexualidad de sus miembros y que las y los jóvenes samoanenses tenían menos presión al respecto que las y los jóvenes estadounidenses de alguna manera aprisionados por núcleos familiares que les protegían (y al mismo tiempo aislaban) del universo social. Su trabajo fue denunciado 5 años después de su muerte como un mito antropológico por un caballero de apellido Freeman quien entrevistó a las mujeres que en su momento hablaron con Mead y que le dijeron a él que le habían mentido a la antropóloga. Por desgracia para él, el protocolo de investigación de Freeman incluía ancianas que ya no eran las samoanenses que entrevistó Mead ¡porque se habían convertido al cristianismo! González ignora estos detalles del asunto. Mead y de Beauvoir eran un par de mujeres locas. Y punto. Culturalmente muy masculino.

   La situación actual de la investigación sobre el carácter del vínculo entre naturaleza y cultura (con sus alcances para la sexualidad humana) es aproximadamente la siguiente: el binomio naturaleza y/o cultura es desplazado por la secuencia cultura-naturaleza-cultura (lo que consideramos ‘natural’ es un producto cultural y queda por tanto abierto a investigación y discusión) y las distancias entre mujeres y varones en la especie tienen fundamentos biológicos (sus cerebros y químicas tienen diversa organización) y la opción sexual para la mayoría se decide en los primeros años de vida; en esta opción sexual los genes correspondientes pueden recibir influjos ambientales que cambian la orientación sexual del individuo pero no su anatomía. En casos minoritarios (alrededor quizás el 1 o 2 por ciento) no se da adecuación entre las señales genéticas (varon//mujer) y la capacidad del organismo para traducirlas (así el individuo no reconoce su cuerpo como apropiado). El enamoramiento homosexual (no el acoplamiento genital homosexual) resulta una opción natural personal y cultural. El vínculo sexual entre solo machos o entre solo hembras (homosexualidad en sentido amplio) está ampliamente documentado en muchas especies del planeta. Una pista es que estas especies (desde leones marinos a moscas de la fruta) asumen su sexualidad como dispositivo de satisfacción individual e integración comunitaria, no solo para reproducirse. La homosexualidad como orientación en la especie humana tiene referentes naturales. Lo que no es natural, sino enteramente cultural, es su persecución y rechazo o criminalización. En la especie nadie es sexualmente solo macho-macho o solamente hembra-hembra. El coito entre varones puede estar determinado por situacionalidades y no transforma a sus actores necesariamente en homosexuales así como tampoco los emparejamientos entre mujeres las tornan lesbianas. Por cierto, Mead y de Beauvoir tuvieron parejas masculinas y femeninas. La especie parece ser naturalmente promiscua, pero sus individuos pueden elegir la monogamia. Esta monogamia se sigue de exigencias económico-político culturales. El coito tiene para la especie valor en sí mismo (gratificación y comunicación) con independencia de la producción de hijos. Pero los individuos de la especie no tienen que elegir entre procrear hijos u obtener ratificación. Pueden conseguir ambas cosas o solo una de ellas. En este sentido la aparición de anticonceptivos con eficacia de casi un 100% a finales de los sesentas del siglo pasado debió significar una revolución sexual que todavía está en pañales. Es fácil imaginar que las tecnologías en despliegue actualmente enfatizarán el frente erótico-integrador de la sexualidad humana y tenderán a despojarlo de sentimientos de propiedad/dominación y culpa. La sexualidad erótica podría llegar a ser un mecanismo de integración comunitaria y de un ethos generalizado de solidaridad como en algunas otras especies. En síntesis: mujeres y varones promedio tienen una base biológica diferenciada (ninguna es superior a la otra) y masculinidad y feminidad resultan también de producciones sociales que pueden personificarse en los individuos de maneras diversas. El imperio masculino en la especie es sociohistórico o cultural, no biológico. Resulta factible imaginar la producción de humanidad sin imperio masculino. Depende de nosotros.

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   Conversación 

   Luisa, Celia, María (Costa Rica).- ¿Por qué el título “penurias de ciego” para el artículo? A nosotras, y esperamos que a muchas otras y otros, nos permite ver o entrever y discutir muchas situaciones.

   HG.- Acerca de la sexualidad humana se dan muchos ciegos y sordos voluntarios. No es que no vean (por ejemplo que el sexo no juega en el planeta tierra y entre sus seres vivos solo una función reproductora), sino que no desean ver (su formación ‘humana’ se los impide) ni tampoco desean escuchar. Temen quizás aprender a desaprender y resultar desde el proceso menos intolerantes y violentos. El artículo menciona inicialmente a la Conferencia Episcopal costarricense y al partido Restauración Nacional porque se inscribe en el proceso electoral de este 2018, pero no son los únicos a quienes ciega un adoctrinamiento que tiende a resultar o negativo o estéril para una mejor convivencia humana. En cuanto negativo o estéril hace violencia. Se trata de violencia que se dice animada por el amor de Dios o por el deseo de devolver a la patria sus verdaderas ‘raíces’. En realidad los seres humanos hacemos nuestra existencia siempre en condiciones que no dominamos por entero. Subjetivamente habitan en nosotros nuestra historia (que es compleja) y ella se expresa en situaciones que parecen ‘necesarias’ pero que podrían ser otras. Para que sean otras se requiere de nuestra acción. Ceguera y sordera voluntario-doctrinales resultan así violencia conservadora. Pero se pueden transformar en apertura a otros y a sus realidades como un momento que se abre a la complejidad de un mundo que puede ser cambiado para mejor porque todos nos instalamos más apropiadamente en él. Esta es la voluntad que anima el artículo. Y de ahí su nombre que ustedes pueden modificar a gusto de sus necesidades. Todo texto expresa una (o varias) situacionalidad y desea inscribirse en procesos. Su composición resulta así flexible si se busca resulte útil para desaprender y abandonar violencias.   

   Mayra, Eduardo (Costa Rica).- ¿Se puede hablar de leonas  o moscas de la fruta homosexuales? ¿El término no es solo apropiado para la especie humana?

   HG.- Sí, resulta correcto hablar de otras especies como teniendo prácticas homosexuales porque este “homo” u “omo” proviene del griego “semejante”, “idéntico”, mientras que el “homo” de ser humano o “varón” viene del latín “homo”. Nosotros lo pronunciamos igual, pero ellos no. 

   Omar, Hernán (Costa Rica).- No nos queda para nada claro que se afirme que “el binomio naturaleza y/o cultura es desplazado por la secuencia cultura-naturaleza-cultura”.

   HG.- Lo que quiso enfatizar quien eso escribe es que la oposición binaria ‘tradicional’ y ‘paralela’ o nature o nurture con que se ha tratado de pensar (y disculpar o anatematizar, etc.) la homosexualidad o la femineidad y virilidad, por ejemplo, tiende a ser reemplazada por procesos que pueden ser descritos como cultura-naturaleza-cultura… porque las categorizaciones y su respaldo ‘mental’ (sexo, género, lesbiana, asiento, etcétera) son todas producciones culturales que se expresan bajo la triple forma de representación, discurso y comunicación (esto último con efectos prácticos). Esta triple forma se asienta en fracturas y conflictos sociales variados y de intensidad diferenciada. De esta manera un individuo homosexual y su experiencia es tanto su práctica social singular como su inserción en una representación (cultural, social) y en un discurso, también cultural-social que, mayoritariamente rechazan esta práctica. La ‘identidad’ (acción) homosexual no existe fuera de su representación y del discurso  que lo enuncia. Los individuos humanos no existen en un reino aparte de sus representaciones y discursos. Su ‘identidad’ pasa por estas representaciones y enunciaciones. No importa que no se tenga clara conciencia de ella. Se trata de identificaciones inerciales que incluyen valores y posicionamientos ‘heredados’ tanto por el individuo homosexual como por los otros actores sociales. Las identificaciones heterosexuales (con sus complejidades) son heredadas. En un barrio marginal ‘ser macho’ o ‘ser homosexual’ no resulta idéntico a serlo en un barrio medio alto pudiente. Las ‘violencias’ y su interiorización en cada sitio  toman diversa forma. También el carácter y alcance de las ‘explicaciones’. Y cada niño o niña, siempre en situaciones, verá edificarse (y pensará que él o ella la edifican (with a little help of their friends) su identidad allí, y estimará que esas violencias y sus compensaciones resulta necesarias, o, para muchos latinoamericanos, su “destino”. No lo es, desde luego, en el sentido de que no resulta obligatorio. Podría ser distinto y positivo. Sin embargo el cambio de ese ‘destino’ o naturaleza puede también resultar o no factible o autodestructivo.
 
   Omar, Germán (Costa Rica).-  ¿Por qué no factible o autodestructivo?

   HG.- Porque se trata de un desafío político-cultural, no-individual. Quiere decir que se inserta en un campo de fuerzas. En las sociedades que conocemos los desafíos individuales (en el sentido de no convocar a otros, no obtener su solidaridad consciente, no transformarse en fuerza colectiva) no suelen ser exitosos para quien da las luchas aunque su esfuerzo puede prolongarse como legado. Martin Luther King Jr. o Gandhi, por ejemplo. Pero el dirigente afroamericano fue asesinado en 1968. Medio siglo después el racismo, la pobreza y la guerra resisten y se renuevan en EUA. No se puede decir desde aquí si son más fuertes o más débiles. Gandhi fue asesinado en 1948. Más de medio siglo y su legado es todavía más incierto. Y quienquiera haya sido Jesús de Nazaret, se supone se ha vivido su legado en parte importante del mundo por más de 20 siglos. Sería un abuso hablar de sociedades e iglesias que construyan sus identidades inspiradas efectivamente en él. No nos remitimos entonces a asuntos sencillos cuando se trata de experiencias cultural-natural-culturales radicales de la especie. Y sexo, género e identidad autoproducida o padecida se inscriben en ellas.

   Germán (Costa Rica).- En esta hora vale mucho revisar las relaciones conceptuales, históricas y situacionales entre adoctrinamiento religioso, fe religiosa y convivencia humana. ¿Cuáles pueden ser unas claves para comprenderlas? Y más concretamente, para un ciudadano de a pie y además no religioso, conviene comprender la diversidad de fe religiosa, las expresiones doctrinales y las lógicas y estructuras eclesiales: católica, protestante, carismática, pentecostal, neo pentecostal; entendiendo que dicho ciudadano quiere poder dialogar con sus familiares y vecinas y compañeras de trabajo. (Diálogo requiere al menos dos con actitud abierta, sí).

   HG.- Gracias por intervenir. La fe religiosa es un sentimiento propio de la especie, derivada probablemente de la aspiración a una trascendencia, legítima aspiración de seres contingentes. Para muchos o algunos puede ser forma de una integración personal y también un referente ético en el sentido de estar en el mundo con alguna coherencia y responsabilidad. Es un sentimiento constructivo, la fe religiosa, vista así. Proto-política en sus sentidos de anterior y también de primera. Por ello su carácter trascendente toma también la forma de existencia terrenal. El sentimiento de una trascendencia inmanente a la sociohistoria debería articularnos a los diversos que siempre somos. Por desgracia un porcentaje de gentes estima que puede odiar a los distintos y que este odio les abrirá la entrada a algún Cielo. Es poco probable que acierten. Una trascendencia inmanente a lo que hacemos con nuestra existencia debería, a la vez, integrarnos y acercarnos. La especie no lo ha hecho nunca. Hoy resulta necesario, o indispensable, por la existencia de desafíos planetarios, pero proliferan las desagregaciones, los imperios y las guerras. Y además los sentimientos religiosos en la especie suelen anclarse en iglesias. Las iglesias dividen y enfrentar porque sus fieles y autoridades cuando se tocan, compiten. Les viene en parte del carácter ‘verdadero’ del sentimiento de fe religiosa y del hecho de que las instituciones-iglesia se constituyen como factores de poder. Ojalá la especie supiera cómo renunciar a las iglesias institucionales. Pero el movimiento es más bien a la inversa. Otras instituciones, que ya no se afirman en la fe religiosa, devienen iglesias, se hacen a su forma. Se tornan objetos de culto ciego y su doctrina (asociada a alguna ‘espiritualidad’) la única verdadera. Esto muestra que la fe religiosa puede devenir, con facilidad, idolatría. Pero es un tema muy amplio el suyo. Y estamos lejos ya no de encontrarle solución sino de buscarle una salida constructiva.

 German, Inés (Costa Rica).- Ya entrado marzo, es decir encima de la elección, el alcalde de Heredia organizó un encuentro de alcaldes liberacionistas para escuchar al candidato de Restauración y se publicó después un grupo de ellos que apoyaba a este partido y luego un desmentido de este apoyo. ¿A qué se debe el juego?

   HG.- Supongo se trata de los movimientos que se precipitan en una elección que se transforma en plebiscito. Con la intención polarizada todos desean apostar a ganador y racionalizan opciones o adoptan posiciones en ciertos grupos y otras en  otros. El alcalde de Heredia (en esa provincia ganó Restauración), que ustedes mencionan, un señor de apellido Ulate, afirma que él “no apoya al candidato de un partido desde el cual les dijeron a los liberacionistas corruptos, ladrones y pillos por más de veinte años” (La Nación, 05/03/2018). De paso, señala que tiene “dos sobrinos gais”. Cubre así su apoyo y se exculpa en el campo de derechos humanos. Es la racionalización. Más importante es lo que le resalta el periódico en un apartado con letra más grande: “Muchos alcaldes estamos apoyando a Fabricio, esa es la realidad. Yo no sé cuál es el temor. Ahora me están atacando los de este grupo LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero, intersexo), que por qué yo apoyo… Entonces si apoyo al PAC no tengo problemas con nadie y si apoyo a Fabricio, sí me critican ¿y dónde está la democracia en este país?”. Aquí se muestra ignorante. El régimen democrático respeta todas las opiniones mientras no constituyan delito y también que se critique a quien las sostiene porque se tiene otras opiniones con otros fundamentos. Los fundamentos de LGBTI se sostienes en derechos humanos y están legitimados por circuitos jurídicos internacionales. Votar por Restauración, en el caso específico de minorías sexuales, va contra estos derechos y contra pactos internacionales suscritos (a los que Costa Rica puede renunciar). No resulta idéntico entonces anunciar el voto por Restauración (Fabricio, dice el alcalde) que por el PAC. El régimen democrático costarricense no ampara ciertas opiniones y posicionamientos del candidato de Restauración. El Tribunal Supremo Electoral no quiso advertirlo. Pero en términos del régimen democrático costarricense no resulta idéntico proclamar el voto por Restauración Nacional que por el Partido de Acción Ciudadana. Si gana el primero tendrá que ver cómo se ajusta a derecho. Si gana el segundo, no tiene ese problema puesto que dice no buscar violencias contra nadie excepto contra quienes delinquen (y eso ya está en la normativa). Por supuesto el alcalde de Heredia no entiende de esto. O no desea entenderlo. Cree que en esta elección votar PUSC, PLN o Restauración o PAC es idéntico. De su ignorancia debió sacarlo a tiempo el TSE. No lo hizo. Ahora se entendería como censura. No lo es.
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