Universidad Omega
N° 48, enero del 2018.

                                                                                                  
   Que la pugna ciudadana, política y cultural por la declaratoria de la Corte Interamericana de Derechos Humanos será dura, y cuestión de abogados y funcionarios en las instituciones, lo evidenció el candidato Álvarez Desanti con la arenga que publica uno de sus patrocinadores, La Nación S.A., este 15 de enero. Lo hizo en el marco de su campaña por la Presidencia y porque estima, él y sus allegados, que el respaldo “cristiano” (juguetea con él desde hace años) le rinde más votos que las minorías ciudadanas. Inicialmente el candidato Álvarez, según el mismo medio, dijo que respetaba la decisión  de la Corte, pero que difería de su criterio. Horas después, no comparte ni la forma ni el contenido y se presenta como líder de una movilización contra el matrimonio y la familia no-discriminativa. Álvarez quiere ser cabeza de un movimiento que expresaría “… los principios y convicciones que tiene nuestro pueblo". Además de jefear a la población que rechaza la posibilidad de legalizar el matrimonio y la familia homosexual, el candidato habló también en contra de la ideología de género, del aborto y de las guías sexuales utilizadas por el Ministerio de Educación Pública en esta administración. Retornará a las propuestas por la presidenta Chinchilla. Con su ataque, Álvarez Desanti se transforma en un miembro más de la Conferencia Episcopal abierto, eso sí, a los votos de  iglesias “cristianas” protestantes.
 

  En su guerra, Álvarez repudia la acción de la administración Solís que consultó directamente a la Corte Interamericana. La rechaza por hecha “…a espaldas del pueblo”. Según él, la consulta debió surgir de la Asamblea Legislativa. Busca matar así el procedimiento en su inicio, aunque éste no tiene marcha atrás y posee respaldo jurídico. La Corte Interamericana aceptó la consulta. En cuanto al contenido, Álvarez, igual que en su momento Juan Diego  Castro, espera que instancias locales decidan cómo ejecutarán la decisión de la Corte Interamericana y, el juicio que esta ejecuciones, reciban de la Sala IV o Constitucional del país. Álvarez grita que la Corte Interamericana no tiene competencia sobre estos contenidos ciudadanos e insiste en su discusión y resolución con sede en la Asamblea Legislativa local. Olvida que ésta no expresa a la población sino a argollas.

   Desde la cima de su discurso, singularmente desde su posición ante el aborto, Álvarez se autodefinió como el candidato Pro-Vida.

   Sin ánimo de lidiar con este Moisés o Führer presidenciable se puede examinar su afirmación acerca de lo que él llama “los principios y convicciones que tiene nuestro pueblo”. ‘Nuestro pueblo’ es vocablo fácil en boca de un demagogo laico o clerical, pero de difícil determinación apenas se lo pronuncia. Este “pueblo” surge de relaciones sociales que producen adultos y jóvenes, mujeres y varones, citadinos y rurales, meseteños y costeños, empobrecidos y opulentos, abogados y recolectores de café. Esto solo por referir algunas diferenciaciones. Los grupos generados por estas distinciones son todos costarricenses. También suelen serlo la mayoría de sus individuos. Las sociedades modernas resolvieron que estos “diversos” tenían algo en común: eran ciudadanos. Los ciudadanos suponen un Estado de derecho. Ellos aceptan ser agrupados: las minorías (por cualquier motivo) y las mayorías. Lo que resuelve en su declaratoria la Corte Interamericana versa sobre ciudadanía minoritaria discriminada por los Estados regionales y recuerda que sus opciones sexuales no deben constituir factor de discriminación. No habla, por tanto al ‘pueblo de Costa Rica y a su fe religiosa mayoritaria’, sino a un Estado que discrimina por su opción sexual a ciudadanos o porque, en situación, deciden que el aborto (acción compleja y dolorosa) es su mejor opción de existencia y vida. Por ello conviene legislar sobre al aborto y nadie pretende que éste sea obligatorio sino una posibilidad ciudadana. Los abortos clandestinos son peligrosos y se ligan con gastos sociales que se podrían evitar y, para nada de paso, se impedirían muertes o lesiones graves para ciudadanas.

   Un abogado ciclista debía saber estas cosas elementales. El pueblo de Costa Rica lo componen sus ciudadanos (no un “alma”). Ninguno sector de ellos ha de ser discriminado por el Estado. Es lo que dice la Corte Interamericana. Como se sabe, los ciudadanos y el Estado carecen de obligatoriedad religiosa. Así como algunos andan en bicicleta para mantenerse en forma, física y mental, otros lo hacen para masturbarse. Es pecado, pero no delito. Al candidato Álvarez le conviene retornar a su bicicleta y a sus tentaciones para mejorar su forma física, mental y espiritual. Escribe el consejo alguien que no votará por él.
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   Conversación

   Marcia, Constancia, Pablo (Costa Rica).- Le felicitamos por el artículo. La verdad, nunca imaginamos que el comunicado de la Corte Interamericana desatara una agresión y persecución enconadas en Costa Rica. El debate lo dimos por descontado. Pero la guerra que avisa el candidato Álvarez desde un posicionamiento que no es ciudadano sino de un creyente religioso que estima tiene todas las verdades en una libretita nos parece aterrador. Pero no desalentamos. Se trata de una lucha ya larga donde se experimentan muchos dolores y frustraciones y pocas pero sólidas y sinceras solidaridades. No vamos a cejar. También somos parte del pueblo de Costa Rica. Felicidades, otra vez.

   HG.- La violencia de la reacción del candidato Álvarez quizás tenga parte de su explicación en que no lidera aún la carrera presidencial. Entonces hace lo que sus cercanos le recomiendan. Para un candidato que empezó la campaña señalando que no decía lo que la gente quería oír sino lo que el país requería (una frase que le traspasó Óscar Arias), se trata de una transformación radical. Está diciendo exactamente lo que cree que mucha gente, alguna poderosa y otra humilde desea escuchar. Que gais y lesbianas son degenerados e indignos de crear familias, que todo aborto es criminal, que existe una sola familia, casta y orientada a la crianza de hijos… y que quien no comulga con estas verdades no merece ser ciudadano de Costa Rica. De paso se inventa jurisdicciones y, en la práctica, declara retornará al país a una convivencia o coacción medievales. Excesivo para un candidato que tiene que cultivar el encuentro y el diálogo con gentes que tienen intereses y planteamientos diversos a los suyos, pero con quienes se ha de contar para sacar adelante a Costa Rica. Ojalá muestre la humildad de reconocer el error y se disculpe y retracte. Con su intemperancia en este campo puede provocar un efecto bumerang y perder votos. Hoy cree él que no. Mañana podría ser tarde. Y si sus tesis en este frente triunfan la historia va a recordarlo y no con aplausos ni benevolencia. No siendo un maravilloso candidato dejaba la impresión de estar para más. Este “para más” lo requiere lo que él llama ‘su partido’ y el país. Es curioso, el día domingo, Eduardo Ulibarri, a quien difícilmente podría caracterizarse como un hombre de izquierdas o rupturista había escrito que la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos implica un gran avance. Y sobre lo que torna procaz a Álvarez dice: “Quienes sustentan convicciones o preferencias distintas, sea por razones religiosas o sociales, tienen el derecho de vivir conforme a ellas. Todos, sin embargo, estamos en la obligación de respetar –y el Estado aplicar—lo dispuesto por el máximo organismo hemisférico de derechos humanos, que además es vinculante para Costa Rica” (E. Ulibarri: Mayor igualdad de derechos”, LN: 14/01/2018). En las antípodas del vociferante candidato “cristiano-tico”. Y, esperamos, de una gran parte de la población costarricense que vive y también desea que otros vivan. 

   Colectivo Sin Nombre (Costa Rica).- Los días domingos, por ser Día del “Señor” nosotras no leemos La Nación S.A. que usted le llama. ¿Qué dice Ulibarri sobre la opinión consultiva vertida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos?

   HG.- En el marco de un elogio al desempeño institucional de esta Corte (“…bastión para impulsar la vigencia de esos derechos en el hemisferio”) Ulibarri destaca varios núcleos. Se trata de un artículo de casi toda una página y ustedes pueden conseguirlo en Internet, me imagino, y leerlo un jueves o sábado. Obviamente no puedo comentarlo en cada detalle. Pero destaco algunos puntos. Primero señala y elogia la acción del Poder Ejecutivo, y específicamente de su Vicepresidenta Ana Helena Chacón, por haber presentado la consulta. No se limita a esto. Añade que esta vía “…revela la incapacidad de nuestra Asamblea Legislativa y nuestros tribunales (especialmente la Sala Constitucional) para dar el paso por sí mismos” con lo que, probablemente sin conocer las opiniones de Álvarez, le da en la misma cabeza a la ignorante furia declarativa del candidato presidencial quien reclama que el Ejecutivo actuó impropiamente porque se trataba de una competencia propia de la Asamblea Legislativa. Ya señalamos que Álvarez no lleva razón en este punto. El Ejecutivo podía hacerlo y así lo reconoció la Corte Interamericana. Esperar que la Sala Constitucional costarricense o la Asamblea Legislativa lo hiciesen es como esperar que los zorros alimenten a las gallinas. En esos espacios impera un conservadurismo que no le teme a la desfachatez. Refiriéndose a la argumentación de la Corte Ulibarri destaca que su documento “… está construido con seriedad, rigor y respeto ejemplares”. A este documento le vocifera Álvarez buscando cazar votos. Aquí Ulibarri destaca un aspecto discutible (conceptualmente, no a gritos) del documento de la Corte. Dice que “pone al ser humano, su integralidad, dignidad, identidad, autonomía, libertad y autodeterminación en el eje de sus consideraciones”. Esta referencia ‘humanista’ resulta polemizable. Derechos humanos, como propuesta jurídica y como referente político-ético surgen de las luchas sociales que las conflictividades propias de la sociedad moderna excitan. No contienen, sino como referente de horizonte, humanismo alguno. Pero la Corte Interamericana escoge una ideología, la dominante en Occidente, acerca de derechos humanos y, en este caso, resulta útil. No perjudica a quienes desea favorecer. Además la matiza con una referencia socio-histórica que tensiona la ideología humanista. En la primera parte de su artículo Ulibarri describió lo que considera los dos aspectos esenciales de la declaración de la Corte: el respeto obligatorio que los Estados deben tener respecto a la identidad género de las distintas personas en sus documentos personales respectivos (cédula, por ejemplo) y la obligación de reconocer la familia conformada por parejas del mismo sexo. Éstas deben contar con la opción del matrimonio. En esta segunda referencia, y más adelante, Ulibarri destaca el siguiente pronunciamiento de la Corte: “… no es admisible la existencia de dos clases de uniones solemnes para consolidar jurídicamente la convivencia heterosexual y homosexual”. Ulibarri concluye que el texto confirma la necesidad de un matrimonio civil igualitario. Hasta aquí algunos aspectos. Creo que se advierte que Ulibarri se posiciona muy lejos del Charlton Heston-Moisés presidenciable. Por desgracia ya no puede inscribirse como candidato del excesivamente decadente PLN en estas elecciones.

   Ahora creo no tendrán ustedes veda calendaria para leer  “Balance y perspectivas: La opinión consultiva de la CIDH sobre derechos de la comunidad LGBTI en Costa Rica”, del profesor universitario Nicolás Boeglin (Universidad de Costa Rica, Derecho Internacional Público), en
http://surcosdigital.com/la-opinion-consultiva-de-la-corteidh-sobre-derechos-de-la-comunidad-lgbti-en-costa-rica-breve-puesta-en-contexto/
y en este documento encontrarán  asimismo la dirección para estudiar y discutir el documento completo de la Corte Interamericana. Fuerza y suerte. 

   Andrea, Marco, Sebastián y varios más (Costa Rica).- Acabamos de ver una nota en la que el señor candidato Álvarez Desanti afirma que miente quien promete, buscando votos, “…no acatar la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sobre matrimonio igualitario, con la cual él no coincide. Sostiene que el futuro de esta situación no depende del presidente. Añade que él apoya conceder derechos a las parejas gais, incluyendo la adopción, porque la misma justicia costarricense ha definido que lo importante es el derecho del niño” (La Nación digital, 20/01/2018). Usted sería uno de los mentirosos.

   HG.- Claramente no lo soy. Mi artículo versó sobre lo afirmado por el candidato Álvarez en un encuentro con un grupo del magisterio costarricense. Lo publicó el 15 de enero el mismo periódico que hoy publica estas otras declaraciones. Supongo que cambió de opiniones ya que no logra remontar en los sondeos previos de la elección. Pero además coincido con él en lo que ustedes centralmente enfatizan. No es el Ejecutivo el que resuelve la implementación de la propuesta de la Corte Interamericana, sino las instituciones que deben adecuarse a los cambios. Ya se dio la postergación de un matrimonio entre gays porque el Consejo Superior Notarial prohibió a los notarios públicos “legalizar matrimonios entre personas del mismo sexo” mientras no se produzcan reformas legislativas o se anule lo pertinente en el Código de Familia o exista una resolución de la Sala Constitucional. Obviamente el Poder ejecutivo puede influir en estas instancias (Legislativo y Judicial), directa o indirectamente, pero no resuelve. Aquí Álvarez lleva razón. Pero según el mismo periódico de fecha anterior no fue eso lo que planteó en su encuentro con los profesores. Ahí arremetió contra todo lo que fuese sospechoso de trasgredir la familia usual heterosexual u orientada a la procreación y crianza de hijos y se autoproclamó el Candidato por la Vida. Esta es la posición de la Conferencia Episcopal. Ahora modificó su postura porque, imagino, el planteamiento no le significó más preferencias de voto. Sigue sin marcar diferencia. Y hay otros candidatos que prometen sacar a Costa Rica de la competencia  de la Corte Interamericana. A lo mejor ellos ganaron votos. No he visto encuestas confiables.

   Álvarez indica en su último planteamiento que él favorece las sociedades de convivencia entre homosexuales, pero no el matrimonio. Y que sigue estando contra el aborto (supongo cualesquiera sean las condiciones de producción del embarazo). Y que la adopción o crianza de niños debe resolverse por lo que sea mejor para el niño.  No son las opiniones que antes le publicó el mismo  periódico y que motivaron mi comentario. Y bien, se da asimismo un detalle pintoresco que es de La Nación S.A. El medio ilustra, al menos en la edición digital que es la que tengo a mano, las nuevas aseveraciones del candidato con foto idéntica a la que utilizó para las declaraciones anteriores del 15 de enero. Exactamente la misma hasta con el auditorio de fondo. No le movieron un detalle. Ignoro si el medio desea favorecer al candidato o reírse de él. También puede tratarse de mera torpeza. Hay que esperar la edición impresa de mañana (En efecto,  se trató de una apresurada torpeza del editor de la versión digital. En la impresa de hoy 21 de enero aparece una foto enteramente distinta).
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