Universidad Omega N° 45
enero del 2018.

  

   Desasosegada porque su joven candidato no alza vuelo en los sondeos para el cargo de Presidente, La Nación S.A. arremete contra el “populista” Juan Diego Castro (quien encabeza las cifras de hoy entre la minoría resuelta a votar por alguien) el sábado 6 de enero. Su fatal foto-shop de primera plana muestra a Jota D gritando o susurrando micrófono mediante y las grandes letras arriba: “Juan Diego Castro le dice al presidente del TSE: “Lo estamos observando’”. (LN: 06/01/2018). Obviamente ‘lo está viendo’ para darle por la cabeza. El diseño de la primera plana incluye como plus que el candidato Castro ataca con falsedades y repite cuentos: para ascender en la Corte (Poder Judicial) las mujeres deben realizar sexo oral. No aclara si a maridos o novios/as o a funcionarios/as de los circuitos judiciales. El lector ha de inferir que si JD candidato no es un energúmeno, se acerca tanto a uno que no resulta factible distinguirlos.

   El candidato de La Nación S.A. es el juvenil político Antonio Álvarez, apadrinado por el Nobel de la Paz Óscar Arias (quien, en otras circunstancias, lo consideró “caracol”, por su insignificancia), novato cuyo más reciente logro electoral masivo fue jefear la campaña de la espléndida candidatura de Johnny Araya en el 2012. Se recordará que el señor Araya abandonó la contienda “porque se le acabó la plata” para un segundo round. Álvarez y Araya le explicaron esto a los dueños de La Nación S.A. y Teletica y a algunos de los funcionarios de estas empresas antes de decírselo a su organización política y a los ciudadanos. Peculiar.

   En el siglo XXI dos anatemas reemplazaron al clásico “comunista” que imperó en el siglo anterior. Uno es “terrorista”. El otro, “populista”. Se aplican a todo lo que disgusta o se teme, o ambos. Contra el terrorista, todos. Y contra el populista, también todos. Los anatemas vienen de quienes detentan poder. El  alcance del “terrorismo” en el siglo XXI lo determinó el presidente Bush Jr. Invadir y ocupar Afganistán (la primera excusa fue capturar allí a Osama bin Laden) por tres quinquenios aplastando todo lo que huela a musulmán radical es legítima “defensa”. Para quien tiene poder, ‘terrorista’ es el comportamiento de los otros. Aunque uno parezca brutal y perverso, en realidad es “buenito”. Por si alguien no lo sabe, James Bond es un agente del terror de Estado. Pero esto no le impide conquistar beautiful ladies. El terror occidental es sexy. Por supuesto habría que preguntar a vietnamitas, iraquíes y afganos. En América Latina nos damos terror de Estado. Le llamamos dictaduras. Convendría añadir empresarial-militares.

   En todo caso, el candidato Juan Diego Castro es populista. Quiere decir, en  versión local, que dice lo que la gente quiere escuchar. Otto Guevara musitó tiempo atrás que él alzaría un muro para bloquear el paso de “nicas” al país. Siempre agraciado, se veía Donald Trump. Don Juan Diego dice acabará con todo lo que una mayoría de los costarricenses desea se acabe. Delincuencia impune. Inversión estatal (salud, educación, obra pública) que no muestra realizaciones gratas para todos. Un poder judicial que hiede y una fuerza pública insuficiente y mal pagada. Resulta un “populista”, aunque todo esto sería bueno para el país y sus ciudadanos. En realidad Jota D se muestra “populista” al decirle a la gente que lo que hace falta en la presidencia es una personalidad (un individuo) como él. Nadie puede hacer lo que él dice hará en 4 años y sin contar con el acuerdo de otros. Los cambios sustanciales demandan períodos largos. Y los períodos largos y para bien suponen acercamientos sociales.

   Así, la idea de tener al TSE (y a su principal funcionario) bajo “observación” no es su peor ocurrencia. Este organismo tiene parte de responsabilidad en haber transformado el régimen de gobierno democrático costarricense en una creencia religiosa. Hay democracia y se le rinde culto en elecciones cuyo resultado no es predecible. Esto y la cedulación son la parte buena. Pero se trata de un régimen de gobierno democrático sin partidos políticos efectivos (aunque el Estado los financia) y también sin ciudadanía. Esto último no es malo, sino pésimo. En este saldo pésimo el TSE tiene responsabilidad. Sería útil por ello que no solo Juan Diego Castro lo observe, sino que todos los costarricenses lo miren y critiquen. La meta es que el TSE contribuya a que existan fuerzas políticas (no solo figuras) que discutan y lleguen a acuerdos-para-el país de corto, mediano y largo plazo. Mientras el TSE cuide su litúrgica pasividad de ojos blancos, será populista. Con solo sostén ritual el régimen democrático no pasa de cascarón vacío. Que, dicho sea de paso, es lo que La Nación S.A. y sus plutócratas desean.
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    Conversación

   Irene, Roberto (Costa Rica).- No nos queda claro ni cuál sería la responsabilidad del Tribunal Supremo Electoral en la crisis actual de la política costarricense ni tampoco por qué solo Juan Diego Castro resultaría “populista”. Todos los candidatos dicen lo que la gente quiere escuchar. La propaganda de varios dice “Vote por la familia” lo que evidentemente se traduce para el elector en “vote por su familia”. Puede parecer tonto, pero funciona.

   HG.- Supongamos que la actual debilidad de la campaña electoral, ya sea por la propuesta de los candidatos, por su número excesivo o por su pobre discurso y publicidad, sea señal de un proceso que no es meramente situacional. Digamos, que una manera de hacer política electoral ya no pueda seguir siendo la que era cuando existían caudillos (Calderón//Figueres) ni tampoco cuando uno o dos partidos tenían significación, o sea representaban algo claro y positivo, para la población (significación en parte abierta por una Guerra Civil en 1948). No se puede hacer lo que antes se hacía y no se sabe qué hacer ahora. Es la descripción de una crisis. El Tribunal Supremo de Elecciones tiene la responsabilidad, desde su nacimiento en 1949, de la organización, dirección y vigilancia de los actos relacionados con el sufragio. Pero el sufragio no se reduce a un voto o a votar el día de las elecciones. E incluso esta percepción limitada del sufragio está hoy en crisis. A un mes del día electoral una amplia mayoría de ciudadanos no ha resuelto por quien votar. La crisis también se advierte en el aumento de la abstención. Permanentemente arriba del 30% cuando la media histórica del siglo XX era del 18%. La abstención es otro indicador. Ahora, en un régimen democrático se vota por proyectos-de-país presentados por partidos, coaliciones de partidos o movimientos sociales y ciudadanos. Poco o nada de esto se da en Costa Rica. En este 2018 se sigue votando por personalidades, no por proyectos-de-país. ¡Las nuevas ofertas tienen que ver con creencias religioso-eclesiales minoritarias! En esta ausencia de partidos políticos propiamente tales, inevitablemente ligada con el sufragio, el TSE tampoco asume su responsabilidad. Ni siquiera organiza una mesa de discusión en la que cada candidato hablase de cuál medida de otro candidato apoyaría con sus votos parlamentarios. Tampoco el TSE ha avanzado un procedimiento para que la población vote por los diputados no por lista sino por méritos ciudadanos personales y partidistas, lo que supone también responsabilidades específicas para ellos. En fin, que el TSE atiende ritualmente la forma del régimen democrático, no sus contenidos. No ofrece capacitación permanente a los ciudadanos, tampoco a los recién electos diputados y ediles municipales, etcétera. Legitima, eso sí,  la deuda que los partidos inexistentes contraen para la campaña electoral. El resultado es que las denuncias por fraudes y negociados van en aumento. Si usted deja espacios a los mercaderes, ellos los ocupan. Entonces hay que cerrarles espacios, no al revés. Pero el centro es: el TSE se ocupa de las formas y no de los contenidos. Se interesa por la democracia, reducida al voto, y no por el régimen democráticos específico de Costa Rica. No es poca esta irresponsabilidad, especialmente cuando se le añade un carácter sagrado y sacramental a algo que es ciudadano y socio-histórico. Y si su autoridad aduce que no tiene mandato institucional para hacer más que lo que hace, entonces proceda a abrir un debate que lleve a una propuesta de recalificación de la ley para poder operar sobre contenidos. Se vive en una crisis política y del régimen democrático y el TSE no se entera. Quiere funcionar 'como siempre'. Es absurdo. Pero hay grupos que le ven ventajas a este absurdo. 

   Joshua, Ligia (República Dominicana).- Participamos en la juventud de un partido político y pensamos que en la respuesta a Irene y Roberto no se ocupó usted del “populismo”. Nuestros dirigentes también escuchan a la población en sus necesidades (pobreza, desigualdad, inseguridad por la delincuencia, etc.) y suelen referirse a ellas en el marco de una ejecución de políticas públicas. ¿Los torna esto “populistas”? Porque si así fuera, “populismo” diría de algo bueno.

   HG.- Lo que ocurre es que el anatema “populismo” se utiliza hoy en América Latina desde una matriz oligárquica o neo-oligárquica aderezada con especies neoliberales (del tipo de las que imperaron en la década de los noventa del siglo pasado). Entonces lo que la población quiere escuchar es que va a vivir mejor ¡y eso no se puede! Quiere mejor y más pronta atención en salud ¡y eso no se puede!  Quiere educación pública de buena calidad ¡y eso se no se puede! Lo que se puede es tener una economía balanceada de modo que los que tienen mucho puedan derramar una fracción de sus ganancias a quienes tienen poco o nada, y ofrecer empleo, etcétera. Sin jamás abandonar la estabilidad, eso sí. Con la estabilidad no se juega. Tienen un dicho estas gentes: el dólar es el animal más tímido del mundo. Cerca de él ni se debe siquiera respirar, porque huye. Si ni respirar se puede, menos se podrá decir “sindicato” o “más y mejor salud para todos”. Esta captura neoligárquica del populismo (Lula en Brasil, Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina, Evo en Bolivia, etcétera, serían populistas) es la que domina en medios y en el discurso político más institucionalizado en el subcontinente. ¿Te interesas seriamente por los sectores más vulnerables? Entonces eres populista. ¿Ofreces crear empleo para los jóvenes con salarios decentes? Populista. ¿Y educación pública de calidad? Populista. Las gentes tendrán la calidad de vida que la economía pueda pagar. Eso es serio y responsable. Macri (Argentina) es serio y responsable. Piñera (Chile) es serio y responsable. Por serlo, son millonarios. Entonces no se preocupen porque a los dirigentes de su organización y a la organización misma les llamen “populistas”.

   Más conceptualmente, “populismo” se deriva de ‘pueblo’ y en la tradición europea se lo relacionó con la población base de la nación, la que da su carácter idiosincrático a la comunidad nacional. Pueblo francés. Pueblo alemán. Existiría un ethos alemán y a él, en condiciones especiales, apeló, por ejemplo, Hitler. De aquí que “populismo” pueda asociarse con racismo. Pero Hitler no ofreció ‘ventajas’ al pueblo alemán sino que le propuso ir a la guerra para dominar el mundo (o al menos intentarlo, porque en eso consistía el espíritu del pueblo alemán). Como se sabe, Alemania perdió, pero peleó hasta el fin. Este empleo del término y concepto ‘populismo’ no se utiliza en América Latina porque aquí nuestros grupos dominantes se sienten ajenos a sus pueblos mayoritarios. Estos últimos son, como dice Quico “¡chusma, chusma!”.

   Sin embargo América Latina se ha dado su propia historia populista. Aquí una tradición sociológica les llama nacional-populares y se describen como integración falsa de sectores postergados de la población a la institucionalidad moderna, movilización que estos sectores no realizan desde sí mismos sino mediante la acción de un líder carismático que dirige y controla la movilización popular. Son los “cabecitas negras” que siguen en Buenos Aires a Perón y Evita en la mitad del siglo XX y que no han abandonado los escenarios políticos argentinos desde entonces. El término ‘cabecita negra’ es racista y despectivo. Se opone a ‘blanco’ descendiente de europeos, remite a violenta chusma del interior del país y no metropolitana, a una aglomeración incapaz de pensar/sentir por sí misma. Suelen mencionarse tres grandes movilizaciones populistas en la mitad del siglo pasado en América Latina: el peronismo argentino, el varguismo (por Getulio Vargas) brasileño y el cardenismo (por Lázaro Cárdenas) mexicano. En todos ellos, diversos segmentos de los rebajados, postergados o explotados (empobrecidos en general) empiezan a sentirse gentes, personas, ‘sujetos’ y, desde esta actitud, desean protagonismo social y cultural por oposición a una sensibilidad político-cultural dominante que los desea inferiores y siempre postergables y postergados. Las movilizaciones populistas constituirían así una amenaza para el statu quo. Y el populismo resultaría potencialmente antagónico y odioso para los grupos dominantes. Algunos estudiosos consideran populista la experiencia cubana revolucionaria. Pero por supuesto el “populismo” que se predica en Costa Rica de Juan Diego Castro solo quiere decir que él personaliza un facilismo popular irracional y no factible que algunas gentes (también irracionales) pueden valorar como positivo. Por esto La Nación S.A. busca anularlo (en este momento encabeza estrechamente los sondeos) mostrándolo mentiroso y desproporcionado, proclive a la violencia. Uno de los que compite contra él, toda gente seria y recién bañadita, valoró sus declaraciones como propias del presidente venezolano Nicolás Maduro lo que en Costa Rica equivale a mentarle la madre y la abuela a Jota D.C. Pintoresco.

  

   Mayra, Miguel, Daniel (Costa Rica).- ¿Y tiene posibilidades de ganar este “populista” Juan Diego Castro?

   HG.- Si “ganar” quiere decir ejercer la Presidencia, la respuesta es no. Tendría a todo el aparato sistémico en su contra (lo presenta un partido pequeñito que no tendrá casi diputados) y se vería obligado a negociar y pactar, siempre a la defensiva, hasta perder toda identidad. ‘Aparato sistémico’ quiere decir Asamblea Legislativa, Poder Judicial, Contraloría, medios masivos, iglesias, burocracia estatal, etcétera. Si “ganar” quiere decir conseguir más votos que los otros candidatos en la primera ronda electoral, ello dependerá de la abstención. A este candidato “populista” (hay varios, por lo demás) le conviene que voten pocos para ir a una segunda ronda, si la pega. Excepto que negocie alma y calcetines (y se los acepten) probablemente en esta segunda ronda resultaría derrotado. El sector del aparato que posee más votos “clientelares” no puede jugarse el riesgo de perder dos elecciones consecutivas (algo parecido, pero en otra escala, al PRI mexicano) y trataría de activarlos con la caja de resonancia de los medios masivos. JD no puede contrarrestar esta presión porque carece de base social organizada. Y el plazo, cortísimo, no le permite generarla. Políticamente él desea hablar y habla, no trabajar. Lo peor para él es que se trata de un francotirador de derecha. Pero a los sectores derechistas no les agrada. Prefieren lo ya conocido. Obviamente éstas son suposiciones o especulaciones. La realidad indica que aunque tuviese millones de votos a favor, no podría gobernar si el sistema de poder costarricense, que contiene factores internacionales, se le niega. Por supuesto esta respuesta me la dictó un brujo colombiano a quien no le creo nada. Pero puedo darles su dirección. No cobra. Tampoco es que acierte mucho.

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