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Universidad Omega, N° 38
mayo-junio del 2017.


   El ‘intelectual’ dominical de La Nación S.A., Carlos Alberto Montaner, interesado en las denuncias de corrupción que afectan a personalidades públicas del área (se ocupa de la actual situación brasileña) dio a conocer el factor que sostiene esta lacra. ¿Por qué se da la indecencia? “Porque Brasil y casi toda América Latina (y Portugal y España que los desovaron en el Nuevo Mundo), son territorios culturalmente corruptos” (La Nación S.A. 25/VI/2017). En el párrafo siguiente extiende su sentencia a casi todo el planeta: ‘África, la casi totalidad de Asia y el sur y suroeste de Europa estarían formadas por naciones tan corruptas como los territorios latinoamericanos’. Su falla consiste en no haber aceptado lo que hizo Estados Unidos a fines del siglo XVIII. Y ¿qué hizo esta nación inmune a la corrupción? Se tomó en serio constitucional y moralmente el precepto “Todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. Esta seriedad sin embargo inquieta a Montaner. Si la ley hace a todos iguales, ¿cómo justificar las evidentes desigualdades? Se trata de un falso problema porque las ‘desigualdades’ son socio-político-culturales e internacionales y la ‘igualdad’ se da solo en el plano ciudadano respecto de obligaciones y derechos. Como problema retórico, Montaner lo resuelve con palabras.

   En política está la institución democrática “basada en la regla de la mayoría” (que respeta minorías). Se es mandatario “… por la gracia del pueblo en comicios concebidos para designar a los servidores públicos”. Si la dialéctica de mandatarios y mayoría es tan límpida ¿por qué Trump/H. Clinton invirtieron 1.800 millones de dólares para seducir al racional elector que votase a su favor? en lo que The Economist llama “El mayor espectáculo del mundo”. Para una ONG que monitorea elecciones en la del 2016 se gastaron US$2.651 millones. Como se ve, antes de ser privilegiado como mandatario se requiere contar con otras ‘dotaciones’. Esto, sin olfatear la altura ‘intelectual’ y ‘moral’ del espectáculo.

   La respuesta social la determina Montaner como “meritocracia”. Solo por valías se ocupa un determinado lugar social. Y cada lugar social implica acceder o rechazar responsabilidades. Paris Hilton, por ejemplo. Rechaza cualquier responsabilidad por lo que hace (que básicamente consiste en “celebutar”. ‘Celebutante’ es la versión hollywoodense de ‘lo divino’. Jackie Onassis fue una celebutante. Vivía para el fotógrafo). Los mendigos en EUA no celebutan para nada. Y eso que echan el bofe para ser mendigos de verdad.

   La versión económica del cielo en esta tierra es, para Montaner, el mercado. “Los consumidores eligen con sus preferencias los bienes y servicios que desean adquirir. Esta selección hace ricos a unos, destruye a otros y aumenta las diferencias sociales”. Montaner ve alguna mugre en esto pero es el mejor mundo factible, así que no hay de piña.

   Los latinoamericanos no tendríamos cielos democráticos, ni éxtasis meritocráticos (aunque abunden celebutantes) ni tampoco ‘racionales’ mercados (nos tocaron coimeros y burócratas taimados que deciden por nosotros). Así es como resultamos “culturalmente corruptos”. Montaner no menciona que además somos mayoritariamente católicos y casi todos cristianos. ¿Qué relación tendrán estas últimas notas con nuestra indecencia?

   Aunque no toca el último tema, el comienzo de su texto facilita adivinarlo. Montaner abre su escrito pintando tres personalidades brasileñas: Michel Temer, Lula y Dilma Rousseff. Quedan igualados por haber ocupado la presidencia de Brasil. Montaner desea también igualarlos porque los circuitos judiciales se ocupan de ellos. Pero se trata de casos distintos. De Temer y Lula se sospecha enriquecimiento ilícito. No tienen acusación formal aún. Rousseff (¡mujer!) fue depuesta por “maquillar cifras administrativas” mediante legislación que, al día siguiente de su deposición, fue votada como legal por quienes la destituyeron. O sea, depuesta mediante matráfula y por ser mujer y ¡militante del Partido de los Trabajadores!

   Montaner también los diferencia al hacer su retrato: Lula, con padre alcohólico, sindicalista ‘listo’, y también bobo e ignorante. Rousseff, hija de comunista, y radical violenta, guerrillera. Temer, en cambio, proviene de estupenda familia apta para los negocios, católicos maronitas y ligados a fenicios míticos. Y se desempeña como profesor de Derecho Constitucional.  Gran tipo. Ya se advierte a quien absolvería Montaner si fuese juez al mostrar su propia sensibilidad ‘cultural’ de nacido en América Latina: veja incluso a los padres de quienes caen en desgracia y él odia. Y suelta neblinas perfumadas para distraer las cacas de quien se desea ver triunfante, el compadre, el amigo. Por fortuna la mayoría de latinoamericanos no resulta envilecedor como Montaner. Consigue ver en los otros, próximos.    

II


   Montaner fecha la estadounidense decisión racional de declarar que “todos los ciudadanos son iguales ante la ley” a fines del siglo XVIII. Un siglo antes la racionalidad ‘espiritual’ de estos pobladores condujo a una “cacería de brujas” (la más famosa es la de Salem (Massachusetts), pero se trata de una raíz espiritual de los emigrantes que llegaron a América del Norte. Los Pilgrim Fathers huyeron de la persecución/odio religiosos y de la inseguridad política vivida en Europa. Tanto es raíz que en el siglo XX desataron otra cacería, esta vez contra los “comunistas” (macartismo). Se trata de declaraciones, acusaciones sin fundamento, listas negras, prejuicios, etc., utilizados para intimidar y castigar a personas y grupos. Montaner tiene la gentileza de recordarnos que la espiritualidad constitucional estadounidense se quebró en una Guerra Civil determinada porque el Norte deseaba mano de obra barata y libre y el Sur quería servirse de trabajo esclavo. Los prejuicios contra los afroamericanos, y su consiguiente discriminación en todos los aspectos de la existencia social, se mantienen hasta hoy. De modo que ‘ancestralmente’ las “brujas” no fueron ciudadanas. Tampoco los indígenas (“El único indio bueno es el indio muerto”) lo fueron. Y ya ‘modernamente’, ni los sospechosos de “comunismo” ni los afroamericanos resultan iguales ante la ley. El país ‘ciudadano perfecto’ es, como muchos, tierra de ‘bullying’, variedad humana de animales que requieren marcar su territorio.  Hoy el presidente Trump sostiene que cierto tipo de inmigrantes exige legislación que facilite expulsarlos y un muro que bloquee su ingreso.

   El respeto por la legislación tampoco incluye a la gran banca (Lehman Brothers, 2008) cuya codicia (en palabras del presidente Obama) irreflexiva causó una crisis que se extendió por el planeta y que, a la larga, debió, financiera y comercialmente, pagar todo el mundo, constitucionalista y no constitucionalista. Leman Brothers no respetó ley financiera alguna y quebró. Sus delitos los pagó todo el mundo. Más grave: generó el subproducto cultural del “too big to fail” (demasiado grande para quebrar) que indica que errores y delitos corporativos deben pagarlos todos. El presidente Obama quiso aprobar en el 2010 una ley que limitase el tamaño de los bancos. Se aprobó. Trump la derogó en febrero de este año. Como escribe Montaner ‘Hacer ricos a unos, destruir a otros, aumentar las diferencias sociales’.

 Internacionalmente este “reino de la ciudadanía” lanzó bombas atómicas sobre población civil no combatiente. Nunca ha pedido excusas. Tampoco nadie se ha atrevido a enjuiciarlo. A México le expropió territorios (California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas y partes de lo que hoy son Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma) mezclando guerra y trampas (1846-48). Por añadir algo, en el área del Caribe la constitucional potencia invadió militarme en 1965-66 República Dominicana (Costa Rica participó con 21 guardias civiles), conspiró (Nixon-Kissinger) para derrocar, tras quebrar su economía, al gobierno constitucional de Chile en 1973. (El presidente Nixon fue obligado a dimitir, por cierto, por conspiración delictiva contra la justicia [1974]. Su ligamen con la ley era tan escaso que el Colegio de Abogados estadounidense lo expulsó de sus filas). En la década de los 80 el presidente Reagan decidió que los centroamericanos se enteraran de que en su área no se permitían revoluciones y desató una Guerra de Baja Intensidad con sus principales frentes en El Salvador y Nicaragua. Guatemala administraba su propia guerra contra poblaciones rurales (principalmente indígenas). Honduras sirvió de plataforma. Costa Rica facilitaba el territorio y perifoneaba paz perpetua. La escalada guerrera llegó al borde de una acción directa de tropas estadounidenses. Se estuvo a unos 10 días de esa acción. Desde el punto de vista internacional no se puede ignorar la invasión de Irak en el 2003 (Bush Jr.) que fue el factor que desencadenó la actual crisis en el Medio Oriente (Siria) y la creación del Estado islámico. Agravó una crisis permanente. La estabilidad mental de una parte de la población constitucionalizada puede constatarse por las recurrentes matanzas de estudiantes y civiles realizadas por ex-combatientes o meros psicóticos. Tampoco ha de olvidarse que EUA utilizó armas químicas en la Guerra de Vietnam contra sembrados y poblaciones. Sin prejuicios, envenenó a sus propios soldados. Así y todo perdió esa guerra contra los "chinitos" corruptos. Por supuesto en Estados Unidos se producen extraordinarios cientistas, magníficos deportistas  y gentes comunes estudiosas y cordiales. Pero el cielo en la tierra no es. Y su Estado de Derecho es criticable por sus acciones, omisiones y crímenes. Obviamente: se trata de una producción humana cuya inspiración está en la Paz de Westfalia (1648) y en los ejércitos de Napoleón Bonaparte (siglo XIX).

   Su distancia con América Latina puede decirse a partir del lema “El único indio bueno es el indio muerto”. Resulta cruel, pero describía una práctica efectiva, real. En América Latina los invasores ibéricos gritaban “¡Dios los ama, indios de mierda, y por eso los esclavizamos, los explotamos, los matamos, robamos su mujeres y las violamos, prohibimos sus hablas y divinidades y nos proclamamos sus señores porque servimos al Señor!  Además mandamos y no trabajamos”. Cumplían con el plan de Dios. Tierras donde se dice una cosa y se hace patentemente otra. De status irreversible. También es el cielo en la tierra. Pero solo para algunos. No es la cultura. Es la historia. Por eso puede cambiarse. Obviamente no por alguno de los 'intelectuales' dominicales de La Nación S.A.

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