F-7064 Seminario La maldición que pesa sobre la ley

INSTITUCIONES Y CODICIA: LA MALDICIÓN QUE PESA SOBRE LA LEY

1.- La “maldición que pesa sobre la ley” versa sobre las instituciones y, por ello, sobre las legislaciones, que determinan su lógica o espiritualidad, que las  tornan vinculantes. De esta manera comprometen al Estado (nacional), y contemporáneamente, a las constelaciones de poder transnacionales e internacionales que hoy concurren en ellos. Hinkelammert ha desplegado un argumento completo y específico acerca del punto entre las páginas 85 y 115 de su libro sobre las raíces del pensamiento crítico en Pablo de Tarso. En su inicio está la ‘experiencia de Damasco’ leída como ‘transformación radical’ (no meramente conversión) Se trata de otra manera de estar en el mundo y de serlo. Una experiencia político-cultural y, por ello, económico-social: “Antes de esta experiencia (de Damasco) Pablo era un  servidor de la ley, un fariseo que servía al templo. Jesús fue condenado y ejecutado por la ley. Al ver eso desde el punto de la justicia por el cumplimiento de la ley, él interiorizaba este juicio y, por tanto, con toda convicción se hace parte de la persecución de los primeros cristianos que gritaron la injusticia de esta condena al mundo” (págs. 85-86, paréntesis no está en el original). Pablo, en cuanto servidor de la ley, está ciego pero cree ver. Como ‘ve/discierne’ por medio o a través de la ley, oprime, persigue, encarcela y mata. En otros lugares de sus trabajos, por ejemplo en Teología profana, Hinkelammert escribe: asesinato es suicidio o cita a Desmond Tutu: “Yo soy solamente si tú también eres [que debe ser expuesto, si lo pronuncia Tutu [un arzobispo anglicano y Premio Nobel de la Paz en 1984], bajo la forma: ‘Si tú no eres (si eres negado en tu dignidad humana), yo tampoco soy’ (pág.110 de La maldición…) El punto se abre a una crítica práctica (subjetiva y objetiva) del mundo existente y las relacionalidades ‘humanas’ en él presentes. O sea, hacia una resistencia político-cultural que nos liga radicalmente con otros. La denuncia-resistencia, hacia la ‘racionalidad’ jurídica existente, indica Hinkelammert, hace parte del lenguaje de Jesús de Nazaret.

1.1.- Una lectura de ‘asesinato es suicidio’ nos dice: si mi relación con otro pasa por el extremo de quitarle la vida, entonces mi práctica se funda en la destrucción radical de la más alta expresión de esta vida (material/espiritual) en el planeta. Este tipo de relacionalidad terminará por hacerme desaparecer (como humano y como especie). El retiro de EUA del Acuerdo de París (para renegociar primero otro acuerdo que beneficie más la economía de ese país o simplemente para no estar obligado por él), por su presidente, Donald Trump (1° de junio 2017) puede ser interpretado en este sentido.

1.2.- Ahora, el asesinato puede ser entendido como exterminio de vida biológica, pero también político-cultural (dominio patriarcal estructural, etnocentrismo, imperio generacional (adultocentrado), la relación salarial, etcétera). Las aulas de clase pueden interpretarse como ámbitos de asesinatos en las que los muertos (y los suicidas) reciben calificaciones o califican.

2.- Desde la página 101 de su texto Hinkelammert trabaja la libre opción de Dios por su pueblo, que son los plebeyos y despreciados. Esta opción constituye asimismo la fe de Jesús y puede asimismo, con alguna crítica, asociarse con la ‘opción por los pobres’ de la Teología latinoamericana de la liberación. En esta opción estaría la raíz de la fe no en el cumplimiento de la ley o en mandamientos moral-jurídicos. Estos últimos contendrían más bien su negación (el pecado). Retornando al título general del trabajo “La maldición que pesa sobre la ley”, es la maldición de tener que maldecir al Mesías en nombre de la ley. El Mesías era portador de una buena nueva. "La maldición de la ley es hacer una maldición de todos aquellos que buscan la liberación” (pág. 107). Pero no se presenta como maldición, sino como Estado de Derecho: “El criterio del Estado de derecho es: el crimen que se comete, tiene que ser realizado cumpliendo la ley” (págs. 96-97).


2.1.- La ‘alguna crítica’ que puede adelantarse respecto de la ‘opción por los pobres’ de la Teología latinoamericana de la liberación es que ‘pobres’ designa una condición o estado (o situación). El desafío consiste en que la sociedad con legislaciones que matan produce ‘empobrecidos’. Estos empobrecidos constituyen y expresan una referencia a las lógicas del sistema. Son los producidos como ‘vulnerables’. Por ejemplo, las mujeres, los campesinos. Pero también el teólogo cristiano que opta por los pobres pero no advierte que él también, en cuanto teólogo cristiano, es parte de un sistema de empobrecimiento que tiende a producir objetos y no prójimos (pág. 110).

2.2.- El criterio  de discernimiento del cumplimiento de la ley es que ésta no de cuerpo/cabida a la codicia. Hinkelammert recurre para probarlo a la Biblia hebrea (Levítico, 19): “No sustraerás fraudulentamente (el salario de) tu prójimo, ni le extorsionarás. El salario del jornalero no ha de quedar en tu poder hasta la mañana”. Hinkelammert traduce así: “No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás” y de aquí sigue el amor al prójimo: “Amarás a tu prójimo: tú mismo eres él” que podría traducirse como ‘No produzcas vulnerables”. ‘Si tú no eres, yo tampoco soy’. Ustedes dirán si esto es o no filosofía política.
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