F-4023 Seminario Modernidad e identidad en América Latina

UN ITINERARIO PARA MODERNIDAD, RAZÓN E IDENTIDAD EN AMÉRICA LATINA

1.- J. Larraín indica en el inicio de su Introducción a su trabajo “Modernidad, razón e identidad en América Latina” que su estudio se apoyó en dos factores: el aniversario de los “quinientos años de la conquista (Invasión) y colonización de América Latina” (el paréntesis no está en el original) y el que este aniversario se diera “en el contexto de rápidos procesos de modernización de signo neoliberal”. La última observación remite a la versión latinoamericana hegemónica de un Consenso de Washington (1989) inexistente que daría la pauta de las políticas públicas en el subcontinente. Tal consenso jamás existió. Se trató de un documento particular presentado por un economista (John Williamson) y el ‘consenso’ era el nombre que él dio a campos temáticos comunes a instituciones internacionales con sede en Washington (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial de Desarrollo y Departamento del Tesoro de los Estados Unidos). Los campos temáticos comunes incluían un redireccionamiento de la inversión pública hacia puntos clave para el desarrollo, servicios para los pobres (educación primaria, salud básica) y, dentro de los primeros, infraestructura. El documento incluía asimismo la protección ambiental. La no-protección tiene como uno de sus factores pobreza y miseria en sectores significativos de la población. El cambio de dirección para Williamson consistía en retirar subsidios políticos conseguidos por específicos grupos de presión (al parecer no diferenciaba entre locales e internacionales). Un amplio espectro de políticos y economistas latinoamericanos quiso traducir este ‘consenso’ inexistente como un programa universal que contemplaba solamente: a) finanzas públicas balanceadas (tendencia a déficit fiscal cero); b) privatización de empresas públicas; c) liberalización de la economía (libre mercado interno e internacional); d) traspaso de los trabajadores a los mercados liberalizados; e) apertura a la inversión extranjera y f) seguridad jurídica para los derechos de propiedad. El ‘rostro social y ambiental’ del documento inicial desaparecía. El crecimiento económico sostenido que se lograría con el "modelo" se desbordaría en algún momento para compensar a los sectores desfavorecidos por la privatización, desregulación y apertura total de la economía. El país-economía paradigma (para el FMI) de este programa fue la Argentina administrada por Carlos Menem (1989-1999) y culminó en 1988-2002 con recesión, desempleo masivo, hambre, fuga de capitales e incapacidad para pagar el endeudamiento externo.


1.1.- Anota Larraín: “La mayoría de los economistas latinoamericanos parece no tener ninguna duda que (sic) América Latina debe desarrollarse siguiendo el modelo de Europa occidental y Estados Unidos y que para eso es necesario una serie de modernizaciones tanto en la economía misma como en el aparato estatal. La pregunta por la identidad no se plantea con urgencia en este contexto o se resuelve fácilmente alegando nuestra natural pertenencia al modelo occidental” (pág. 11). El trabajo de Larraín se publicó en 1996. Menem había cumplido en ese año poco más de la mitad de su mandato. La razón para que ‘economistas’ asuman ciertos criterios facilistas se sigue de una mezcla de prejuicios ideológicos determinada por su adscripción social y de su tendencia a ignorar la socio-historia de América Latina. Las razones de algunos 'políticos' pueden ser otras. Ambas ‘ignorancia’ parecen asimismo factor de las identificaciones inerciales para una mayoría de latinoamericanos.


2.- Larraín estima que: “Es la misma reflexividad racional de la modernidad la que la hace consciente de sus problemas y proporciona los medios para una autocrítica” (pág. 13). Pero esta misma ‘reflexividad racional’ no parece haber hecho mella en los economistas, según él mismo lo ha manifestado, ni tampoco en la sensibilidad cultural generalizada de los latinoamericanos que tampoco se inquietan por no haber construido adecuadamente sus ‘naciones’ (que no son de todos, sino verbalmente), ni haber conseguido el desarrollo ni tampoco crecer sostenidamente.  La generalidad de estas poblaciones, como colectivos, tampoco se interesa por el carácter de su Estado (según muchos es patrimonialista) y sus cambios (que tal vez confirman su carácter patrimonialista) ni por la calidad de sus gobiernos democráticos. Aunque no centenario, Costa Rica ha sostenido un régimen de gobierno democrático desde hace poco más de medio siglo. Se trata de un régimen democrático singular (hoy, como resultado de procesos históricos, carece de partidos) que opera sin cultura ciudadana pero que los costarricenses desean vivir como la democracia. Hace parte de su “Pura Vida” Se trata de un régimen democrático donde los diputados no resultan responsables ante sus electores (son electos por lista cerrada), donde quienes reciben un salario no pueden sindicalizarse en el área privada de la economía (el país vive todavía en el marco de la Guerra Fría) y donde se dejó de invertir públicamente, con propiedad e inteligencia, en infraestructura hace 40 años o más. Curiosamente, la ciudadanía continúa eligiendo como gobernantes a los mismos o parecidos dirigentes. No genera nuevos, ni parece fastidiarles la situación. Como que el mundo costarricense no contempla estos desafíos. Quizás todos, o la mayoría, de los costarricenses sean ‘economistas’. En el día de hoy (2-V-17) un columnista asocia el desempleo con los altos salarios mínimos (públicos) que se pagan en el país ($541 en CR; en Nicaragua, $169, en Panamá, $500). Pero una empleada doméstica local no alcanza los 500 dólares. Tampoco lo hacen los trabajadores calificados. Y el columnista olvida que los estudios más calificados muestran que o el 34% o el 27% de los trabajadores privados recibe menos del salario mínimo que le corresponde.   [http://www.mtss.go.cr/elmininisterio/transparencia/informes/Situacion%20actual%20de%20los%20salarios%20minimos%20en%20Costa%20Rica.pdf]. El Ministerio respectivo carece de medios para controlar este incumplimiento. Tampoco los solicita. Vista así, la racionalidad de las identificaciones inerciales económico-culturales de los latinoamericanos no se muestra tan evidente. Las poblaciones latinoamericanas existen en economías teratologizadas, pero no parecen advertir sus efectos y aplauden con esperanza que ‘consensos de Washington’ inexistentes o Albas improbables los saquen rápido y sin traumas de sus apuros.


2.1.- La historia muestra, sin embargo, que el área contiene movilizaciones sociales, cambios constitucionales, esfuerzos revolucionarios, minorías críticas y también y sobre todo aplastamientos (que usualmente combinan a Dios con militares y fuerzas extranjeras). Por desgracia, porque es dolorosamente, América Latina se mueve. Aunque lo haga en contra de las leyes que determinan su espacio.
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