Universidad Omega,
N° 34, abril, 2017.

     El domingo 2 de abril el entonces postulante Antonio Álvarez de Santi se alteró porque el Tribunal Interno de Elecciones del PLN mostró un corte de la votación que lo ponía a la cabeza de la elección con un 45.22% de los sufragios y mostraba en el segundo lugar al también candidato señor Figueres Olsen con un 40.2%. Eran ya pasadas las 23 horas de la noche y las mesas escrutadas correspondían a menos del 18% del total. El tribunal agregó que suspendía el conteo hasta la mañana del lunes siguiente y el candidato en la segunda posición afirmó: “"Vamos a ir a dormir y mañana ganamos esto, estamos seguros de que saldremos vencedores". Declaración normal de aspirante que está a 5 puntos del primero cuando se ha contado menos de la quinta parte de los votos.

   Pero el joven político Álvarez no lo entendió así. En versión del periódico que lo respaldaba afirmó tener sospechas “de manejo irregular en la contabilidad de los votos”, dijo que existía “secretismo” y remató “No vamos a permitir que aquí se dé un fraude” (LN: 3/04/2017). Receló del proceso y juzgó inaceptable detener el conteo. Envió 4 personas de su confianza a la sede del tribunal para verificar sus sospechas de irregularidades. No existía ninguna. El tribunal simplemente no funcionó bien en la organización del evento (tal vez lo asesoró el MOPT) y el conteo oficial resultó más lento y difícil que el de la tendencia del joven Álvarez. Al día siguiente se confirmó su triunfo con un 45,50%, frente a un 38,95% del segundo. Álvarez no se excusó por dudar de la limpieza del tribunal ni por emplear la palabra ‘fraude’. Declaró que en ocasiones se debía mostrar pantalones, o sea viril firmeza. Hasta aquí el asunto era entre pintoresco y torpe. No ofrecer excusas pudo disculparse por la bisoñez del juvenil candidato.

   Quien escribe estas líneas estima fue el abogado penalista Juan Diego Castro quien determinó al periodismo ‘informativo’ y editorial de La Nación S.A. como “supositivo” o “supositorio”. El episodio electoral arriba descrito hizo que el periódico construyera un editorial ‘supositoriamente’ delirante. Se publicó el martes 4 de abril y su título fue “Necesaria mejora del proceso electoral”. Sin duda los procesos electorales en Costa Rica requieren mejorarse. En la elección ganada por Álvarez los candidatos millonarios obtuvieron el 85.45% de los sufragios y los de a pie el 15.55%. Entre las ‘ideas’ millonarias figuró acentuar la lucha militar contra el narcotráfico. Uno de los de a pie habló en cambio de recuperar o mantener la completa certeza jurídica (se lo dijo a los empresarios, pero esta certeza contempla a todos los ciudadanos). Entre ideas millonarias y las de los sin dinero no hay 70 puntos de distancia. Las elecciones nacionales también las resuelve el dinero. ¡Y los diputados se eligen no por méritos ciudadanos sino por lista cerrada! Sin duda habría que cambiar cosas.

   Volviendo al editorial, lo que sostiene es que conviene cautelar (y legislar) mejor las elecciones primarias para asegurar su pureza procedimental y material. En esto no hay problema. El asunto es que ejemplifica con el proceso del domingo anterior: señala que pudo darse (pero no se dio) que el señor Figueres fuera presidente del Partido al momento de la elección. Reiteramos. No se dio. Figueres era solo uno de cuatro candidatos. Su normal afirmación de que al día siguiente superaría la desventaja la califica el editorial de “inusual alarde”. El párrafo supositorio viene a continuación: “Al final, el TEI reanudó el conteo y los precandidatos moderaron el discurso, pero supongamos que Figueres hubiera sido presidente del partido, el TEI se hubiera mantenido en la tesis de suspender el conteo hasta el día siguiente y los resultados se hubieran revertido en línea con los pronósticos del exmandatario. El golpe a la confianza del público en los comicios habría sido devastador, con repercusiones para todo el sistema político” (itálicas no están en el original). “… lo sucedido el domingo no permite olvidar que el exmandatario presidía el PLN y dominaba sus estructuras cuando se escogió al TEI, cuyo presidente es también esposo de una diputada liberacionista”.  Y cierra: “Eso invita a revisar el régimen de prohibiciones e incompatibilidades establecido en salvaguarda de la independencia del órgano electoral”.

   El editorial supone que Figueres es un pillo esférico (y parlanchín) que prevé incluso el matrimonio de secuaces para sus mugres. Qué el candidato Álvarez se haya anerviosado la noche del conteo se entiende. Pero el editorial se publicó un día después que los vencidos reconocieran sin problema alguno su derrota y el ganador celebrara con su familia y electores la victoria. El editorial debió reescribirse. Suposiciones sobre fraudes que no existieron aludiendo a condiciones inexistentes enrarecen lo que se desea diáfano. Y de paso muestran lo que ocurre si los candidatos que para La Nación S.A. no deben triunfar van a cinco puntos porcentuales de quien tiene que ganar. Odiosa derecha soberbia le llaman. Aunque gane, enmierda.
_____________________________