Universidad Omega N° 33,
abril 2017.-
  

   Como el mundo debería saber, excepto que lea La Nación S.A., la población de Siria sufre una guerra iniciada el año 2011 en el marco de una “primavera árabe” inventada por la prensa occidental y de la que hoy nadie se acuerda porque sus logros no fueron ni regímenes democráticos ni mejores condiciones de existencia para los habitantes de Egipto (militares liquidan a Hermanos Musulmanes), Libia (facciones religiosas o político-codiciosas se liquidan mutuamente) o Túnez (se enfrentan laicos y creyentes islámicos estos últimos enardecidos por el Estado Islámico), por hacer tres referencias. El Estado Islámico surgió como reacción inesperada y no deseada de la invasión de Estados Unidos a Irak (administración Bush Jr., 2003) cuyo pretexto fueron dos mentiras claramente reconocidas hoy por todo el mundo (que no lea solo La Nación S.A.): Irak era un Estado terrorista (en ese momento significaba que era cuna y centro de Al Qaeda) y poseía armas nucleares que lo tornaban amenaza mundial. La primera falsedad era además absurda. Sadam Husein fue un político iraquí musulmán suní. Al Qaeda es en cambio un aparato político-cultural yihadista antiimperialista. Con Sadam, bajo ciertas condiciones, se podía dialogar y pactar. Con Al Qaeda solo son factibles relacionamientos propios de la guerra (o aliado o enemigo). La complejidad y crueldad de la guerra en Siria --probablemente más de 400.000 muertos y quizás 5 millones de emigrantes no deseados-- fue inicialmente alentada y financiada como insurrección ciudadana y militar por EUA, Arabia Saudita y Qatar, pero la resistencia del régimen de Bashar al-Asad y la complejidad del área ha precipitado la incursión, entre otros grupos, de sectores palestinos (favorables a Asad), combatientes del Estado Islámico y de Al Qaeda y turcos. Internacionalmente participan en la guerra Rusia, Irán (ambos por razones de su propia seguridad geopolítica) y Arabia Saudí, Qatar y Estados Unidos. Este último bajó su perfil durante el último año de gobierno de Barak Obama. Tanto el Estado Islámico como Al Qadea son considerados por Naciones Unidas como “grupos terroristas”. Fácilmente podrían utilizar armamento químico para alcanzar éxitos.

   El gobierno dictatorial de Asad, en cambio, se desprendió oficialmente de armamento químico (que antes utilizó) bajo la supervisión de Rusia hace más de tres años. Por ello el gobierno ruso exige una investigación para aclarar la aniquilación (58 muertos al 4 de abril) en la provincia de Idlib mayoritariamente controlada por opositores de Asad. La información sobre el suceso provino enteramente de los enemigos de Asad. El gobierno de EE.UU. (D. Trump) resolvió sobre la base de ese informe el bombardeo sobre un aeropuerto estratégico para el régimen de Asad. La decisión fue enteramente unilateral y carente de indagación confiable. El gobierno ruso declara que las sustancias químicas estaban en poder de grupos que adversan a Asad y que su propagación se dio al ser alcanzados sus depósitos por un bombardeo del ejército sirio. Su versión puede obviamente resultar o verdadera o falsa. Rusia pide una investigación internacional exhaustiva e imparcial para esclarecer la matanza. Su exigencia es de sentido común.

   La intervención unilateral decidida por el presidente Trump puede generar una escalada del conflicto que, eventualmente, alcance la figura de un enfrentamiento mundial entre Estados con poderío atómico. Rusia e Irán asumen que la guerra en Siria es factor de un proceso más amplio que busca reducir su influencia geopolítica regional y en el planeta. Por ello intervienen en Siria. Y es también una razón por la que Estados Unidos es actor en esa guerra.

   A La Nación S.A. no le interesa la verdad sobre lo grave del asunto. Repite la versión interesada de quienes se oponen a Asad: “La inmensidad de la barbarie desplegada en días recientes desmiente la aseveración del dictador, tres años atrás, sobre la existencia de unos pocos depósitos de esos armamentos, totalmente asegurados para que nadie los pudiera utilizar. La mentira era evidente, pero las últimas agresiones del régimen contra el pueblo sirio lo desnudan en todo su horrendo cinismo” (LN: 9/04/2017). Lo único efectivo del texto es que existió “barbarie”. El resto resulta de la imaginación también “bárbara” del editorialista. Las armas “químicas” de La Nación S.A. son su miopía y parcialidad neurótica que la llevan abandonar todo periodismo responsable. Alentar guerras entre EE.UU. y Rusia resulta demencial. Una cordura mínima se expresa mediante la fórmula “investigación internacional exhaustiva e imparcial”. Y, luego, sanciones duras y eficaces contra los responsables.

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   Conversación

   Luisa María (Costa Rica).- Coincido plenamente en dos puntos: quienquiera que utilice armas químicas realiza un acto de barbarie y debe ser castigado con dureza. Y también que la acusación ha de establecerse a partir de pruebas y no de presunciones.

   HG.- Agradezco su comentario. Es el de una persona decente. Lo de las armas químicas siempre ha sido una expresión de barbarie, pero la Convención Internacional que ilegaliza su producción, almacenamiento y utilización fue acordada recién en 1997. En el área en cuestión, Israel y Siria no la han firmado. La convención podría ser perfectamente utilizada para verificar lo ocurrido en Siria porque contempla este tipo de situaciones. El gobierno sirio ha dado su consentimientos para que así ocurra, aunque ha exigido algunas determinaciones que no tocan el fondo del asunto. Ahora, Estados Unidos, antes que existiese la Convención Internacional utilizó armamento químico durante la Segunda Guerra Mundial y especialmente en la Guerra de Vietnam, que perdió. En esta guerra utilizó napalm y un "agente naranja". El napalm arrojado contra las personas se pega a la piel y al cabello, las quema severamente, asfixia, y puede matarlas. El agente naranja se lanzo contra bosques y sembrados porque deforesta y mata los cultivos. También se usó contra poblados. Se trata de un tipo de veneno cuyo efecto puede prolongarse en el agua por un siglo. Estados Unidos lo utilizó en Vietnam, Laos y Cambodia. Como el veneno del agente naranja no discrimina afectó asimismo a los soldados estadounidenses. Causa malformaciones congénitas, cáncer y leucemia. Las compañías Monsanto y Dow Chemicals que los produjeron con alegría patriótica y comercial debieron pagar, por orden judicial, 63 millones de dólares a los soldados estadounidenses veteranos de esa guerra. Pero barbarie es barbarie, con independencia de que no tenga sanción jurídica. Estados Unidos, además, es el único (hasta hoy) Gobierno del mundo que ha atacado con armamento nuclear a población civil (japonesa) no combatiente (agosto de 1945). La Nación S.A. ha celebrado 'aniversarios' de esta salvajada: 123 mil muertos en el día mismo del bombardeo y otra cifra igual hacia finales de 1945. Tras la masacre, Japón se rindió. Fue una salvajada exitosa, como se ve.

   Mario Rolando.- A usted le agradaría que otro Estado lanzase armamento nuclear sobre Estados Unidos.

   HG.- No. En absoluto. Estoy a favor de la destrucción de todo armamento nuclear o de destrucción masiva y de su prohibición absoluta. Además Estados Unidos no es solo sus gobiernos o Ejército. Hay muchos millones de seres humanos viviendo allí y la mayoría han de ser buenas y bellas personas. Como en todo el mundo. También han de existir criminales y bellacos pero imagino que sus leyes internas pueden manejarlos.