Universidad Omega, N° 28,
Diciembre 2016.

  

   Como es público y notorio, y para algunas personas escandaloso, La Nación S.A. y el sexi político Otto Guevara han mantenido, especialmente durante la administración de Guillermo Solís, un contubernio que ha permitido al actual diputado lucir como personalidad pública de primer nivel. El foto-shop que La Nación S.A. incorporó a sus recursos “periodísticos” lo ha mostrado día con día en lucidas posturas de notable que defiende intereses nacionales arriesgando hasta su voz para denunciar retorcidos salarios jugosos en el sector público, malgasto fiscal cuya cesación permitiría incluso bajar impuestos a los millonarios, inagotable persistencia patriótica para que no se conozca a los dueños de grandes fortunas (y también su origen, quizás en parte cuestionable). En su éxtasis por el seductor diputado La Nación S.A. llegó incluso a considerarlo su “periodista” investigador estrella al publicar, sin pregunta alguna, informes sobre salarios inmensos de guardas, jardineros y funcionarios humildes que en algún mes habían recibido sumas especiales por orden judicial o acumuladas por razones administrativas. Besitos, miradas concupiscentes, secretas efusiones y manitos sudadas no escaseaban entre La Reina y su galán.

   Pero el idilio terminó. O al menos eso parece. En editorial del 17 de noviembre, con el título pomposo de “Mantengamos grande a Costa Rica” el periódico objetó frontalmente el nuevo giro acrobático de Guevara a quien determina como “eterno candidato del Movimiento Libertario” (se quedó corta: eterno y único candidato, líder, orador, dueño, faraón, alma, Espíritu Santo) porque la victoria de Trump en el Colegio Electoral yanqui “abrió los ojos” del sexy varón y parece haberlo decidido a mostrar un “sincero” estilo trumpeano para aspirar nuevamente a la Presidencia de Costa Rica.

   La exnovia ironiza: “Si pasados tantos años el diputado necesitaba el triunfo de Trump para “explorar la posibilidad” de ser sincero, no podrá ofenderse si el electorado entiende que el giro en el lenguaje obedece a un nuevo impulso oportunista”. Tras garrotearle testículos, sentencia: “En efecto, Trump rompió todos los límites del decoro en la política estadounidense, desde su apología de la tortura hasta la promesa de emplear el poder para encarcelar a su contrincante. Su campaña retó las fronteras del discurso político para dar carta de ciudadanía a expresiones hasta hace poco desterradas de los principales cauces del debate y condenadas a la marginalidad de la derecha más recalcitrante”. Como se advierte, además de arrearle a su ex, La Nación S.A. estima no formar parte de “la derecha más recalcitrante”. No, lo es, en verdad, pero porque al menos en los últimos 25 años su manera de ser “derecha” no encuentra oposición efectiva. Por ello resulta modestamente cavernaria.

   La tapa del perol la puso al día siguiente Eduardo Ulibarri a quien los cocteles de Naciones Unidas parecen haberle dado algo de espíritu. Desnuda al antiguo mocetón: “Después de haberse definido como socialcristiano, liberal y libertario, Otto Guevara se revela como contorsionista”. Ulibarri titula su columna “Simulador”. Describe así el accionar de Guevara: “… solo se quedó con los gestos: un político atado a intereses, obsesionado por el poder y obnubilado por al talismán de la presidencia”. Todo esto en el primer párrafo. Y lo despide de esta manera: “… para Guevara Zapote justifica el intento de precipitarnos en un lodazal de simplismos, prejuicios y truculencias que no solo afectarán a los migrantes, sino también al resto de la población y al sentido mismo de la convivencia”. Guevara quiere hacer de nicaragüenses y otros migrantes tema electoral y caerles con ladrillazos (no hay dinero para un muro y Daniel Ortega no querrá financiarlo) y legislación “especial” como si fueran “judíos”. Antes, Ulibarri ha sentenciado: “…lo que Guevara se propone es manipular y exaltar al electorado”. ¡Pero si esto es lo que hace a diario La Nación S.A.! Cuando un amor cae en desgracia todo en él hiede a caca. El señor diputado Guevara siempre fue un aventurero personalista y el cosmos entero lo sabe. Solo el periódico que lo catapultaba fingía ignorarlo.

   Quizás influya en este súbito desamor (para Ulibarri habría que frenar a Guevara eternamente negándole todo voto) el que La Nación S.A. ya tiene un nuevo neoliberal con quien coquetear: el economista y administrador de empresas Eliécer Feinzag Mintz superdotado con lo que al señor Guevara ahora parece faltarle del todo. Salado Ottito.
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