Universidad Omega,
N° 27, noviembre, 2017.
 

   Entre los chismes por los que se conoce (o desconoce) al emperador romano Calígula (s. I) está el que pretendió se nombrara Cónsul y sacerdote a su caballo Incitatus (Impetuoso). Quizás quiso con esta pretensión burlarse del Senado y hacer una sana crítica de la religiosidad institucionalizada. Hoy la ciudadanía estadounidense mayoritaria designó indirectamente para ocupar la Presidencia del país a Donald Trump. A diferencia de Calígula esta ciudadanía no desea ridiculizar a nadie. Busca que su favorecido construya kilométricos muros para que en el país no ingresen indeseables, expulse inmigrantes que quitan empleos, suprima servicios médicos para los más pobres, apalee sucios negros lascivos o al menos rebane sus largos y gruesos penes y retorne a Estados Unidos a su sitial de White Number One Nation en el planeta a bombazo destructivo pero limpio. O sea, desea un Presidente obsceno y omnipotente. Como no lo son ellos. Ellos son mínimos y quizás estúpidos y lo saben. Votaron Trump porque le vieron de vómito poderoso astuto y defecación hedionda. No puede correr como Incitatus, pero hará, a palos, que otros corran. Se trata de una ciudadanía que, aunque no lo sepa, desea suicidarse. El triunfo de un mayoritario ciudadano estadounidense suicida es seña de una enfermedad quizás terminal (no se la deseamos), del régimen político de su país y del sistema económico que se autodetermina como capitalismo sin alternativa.

   El mérito de Trump radicó en su habilidad para asumir lo que esta ciudadanía es. Masa mayoritaria política y económicamente analfabeta activada y a la vez desanimada por una economía centrada en deseos y resentida porque los de ellos no se cumplen o se cumplen impropiamente. Cuando miran a su alrededor ven migrantes sucios trabajando, negros en autos caros enviando a hijos a buenas universidades, mujeres desempeñándose con eficiencia en empleos legales, miserables ¡incluso homosexuales! recogiendo medicamentos y ayuda social en oficinas públicas. Y ellos sin poder cumplir sus deseos. Éste no era el sueño americano. ¡Tenía que cambiar! Su Caballo les cumpliría los deseos. Por eso lo eligieron. Por eso votaron Suicidio creyendo votar Luz en La Colina.

   Trump habló bruto para que lo entendieran los brutos. Sexista para que lo admiraran los impotentes. Rufián para que soñaran con él los bien portados. Delincuencial para ser admirado por quienes no quiebran un huevo y sufren porque la tortilla resultante es cara y sabe rancia. Mundo enajenado le llaman. Cooperó que su rival fuera una mujer anciana y enferma. ¡Una hembra vieja y mañosa después de un negro! Obsceno. ¡Adónde iremos a parar!

   Pararon en la Trump’s station. Por desgracia los buses que salen de allí no llevan donde estos ‘ciudadanos’ quieren. La Agencia Francesa de Prensa (que ya, después de su victoria, empieza a hablar del caballo indomable y temerario) ‘informa’ que Trump invirtió 56 millones de dólares de su bolsillo en la campaña. ¡Seña de que es incorruptible! Recuperará más de cinco veces esa cantidad en sus primeros 13 meses de mandato. Ningún empresario de este mundo invierte 56 millones en una empresa si los va a perder. Los invierte porque va a recuperarlos a la buena o a la mala. Se le arrebatarán a quien haya que arrebatárselos. Trump no es Calígula sino el caballo de Calígula. El caballo de Calígula siempre gana. Calígula, en cambio, pierde.

    En otro ángulo, el candidato Trump ya ganó y ya está muerto. Ahora viene el Presidente Trump. Tiene un Congreso favorable y una Corte Suprema de Justicia favorable. Aun así no cumplirá promesa alguna. La agenda oculta desplazará a su agenda de candidato. La agenda oculta privilegia negocios personales y odios también personales. Trump ganador entiende que ser aceptado no pasa por votos sino porque la gente lo admire. Intuye también que ninguna persona decente, ni siquiera en su familia, lo admira. Prevé que su mandato será corto. A lo sumo, cuatro años, si no se abre una Guerra Mundial. No será reelecto y lo sabe. Así que ¡prepárate Incitatus que vamos a galopar! A Incitatus no lo monta cualquiera ni por mucho tiempo.
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