Universidad Omega,
N° 23, octubre 2016.
 
      La Nación S.A. por medio de su empleada, Ximena Alfaro M., entrevista al “analista Internacional”, Jairo Libreros, colombiano, autodefinido como ‘liberal entusiasta’. Alfaro titula su diálogo “La antipatía hacia las FARC es tremenda”. (LN: 4/10/2016). Libreros explica con 4 sentencias el triunfo del No electoral al acuerdo para acabar una de las guerras que se dan desde el siglo pasado en Colombia. La lucha en cuestión la libran las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Estado colombiano. Los juicios de Libreros son: la antipatía de la sociedad colombiana hacia las FARC es inmensa. La mayoría de colombianos rechaza que los combatientes de las FARC no vayan a la cárcel. La misma mayoría objeta que los militantes de las FARC, una vez que sean ciudadanos, intervengan en política. La cuarta es que las FARC son uno de los carteles del narcotráfico “más millonario del mundo”. Olvida el “analista” que el triunfo del No fue estrechísimo: 49.78% por el Sí. 50.22%, por el No. Una diferencia de 0.44%. La abstención fue del 63%, superior a la usual en elecciones colombianas. Por ello giros de lenguaje como “mayoría de colombianos”, “la sociedad colombiana” suenan fantasiosos. Ganó muy estrechamente el No, perdió el Sí. Triunfo y derrota tienen alcances para todos los colombianos y estos alcances son negativos. Visto así, la sociedad colombiana falseó una ocasión para salir de una de sus tragedias y no existe razón para alegrarse, excepto que uno milite en su propia caverna o se sea sobrino del gran dragón.
 

   La principal derrota la sufrieron las conversaciones de paz en sentido amplio, no limitadas a las FARC, y la ciudadanía colombiana. Quien más arriesgó para llegar al acuerdo fue el presidente Juan Manuel Santos y recibe por ello un golpe político sólido. Su Premio Nobel lo aminora. Es probable que las FARC reorganicen su Alto Mando. Su tiempo político es quiza menos urgido que el del Presidente. Como las causas de la derrota no son evidentemente las “razones” que da Libreros, ellas deben buscarse, visto a la distancia, en que el Presidente Santos y su equipo no realizaron internamente el trabajo que pudo hacer ganar al Sí. Ese Sí requería de una votación no inferior al 60% de los colombianos. Un huracanado Caribe influyó en la abstención, pero no sirve como excusa. La ciudadanía debió asumir que cada voto decidía. Cedió en cambio el resultado a quienes no creen en los ciudadanos de a pie. Influyeron también encuestas que otra vez mintieron al dar como ganador al Sí y por un margen amplio. En un país con altísimas tasas de abstención un triunfo seguro desmoviliza al ciudadano. Algunas encuestadoras pueden haber estado al servicio del odio. Este tipo de empresas son como el cura católico: este último traspasa sus errores al fiel, las primeras al encuestado: sin ruborizarse, uno de sus gerentes, dice que quienes iban a votar por el No se avergonzaban de hacerlo porque “era bien visto votar por el Sí”. Si sabía eso, ¿para qué vender y publicar los resultados?

   Grandes ganadores por el momento resultan las políticas de EUA hacia Colombia y América Latina, las Fuerzas Armadas colombianas y todos los que hacen de la guerra su negocio económico-político-cultural. Sufren la peor derrota los sectores rurales colombianos, en particular indígenas, afroamericanos y campesinos pobres. Ellos sufren directamente la conexión de la guerra con el narcotráfico y las ocupaciones de sus tierras para plantar coca y amapola o para explotaciones mineras o agrarias “legales”. El desarraigo puede alcanzar a 7 millones de personas. Algunos grupos indígenas corren el peligro de extinguirse. El Sí no iba a resolver los desafíos pero era un paso para recuperar territorios, controlar violencias y contener, y ojalá expulsar, a criminales y devastadores.

   Para el lector costarricense: la guerra de la que se habla no la abrieron las FARC. Fueron conservadores millonarios y católicos quienes en 1949 comenzaron a matar gentes en un esfuerzo que se inició asesinando liberales y se extendió después a comunistas, sindicalistas y grupos rurales. Desde esta violencia primaria, que generó guerrillas de autodefensa, emergieron complejamente las FARC. Su más conocido Comandante “Tiro Fijo” (él prefería su pseudónimo Manuel Marulanda Vélez), fue inicialmente liberal. Marulanda (1964-2008) dedicó toda su existencia a luchar por los colombianos sencillos. Los repudiables han de buscarse, menos que en las FARC, en otros lados.
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