Universidad Omega,
N° 22, septiembre 2016.

  

   Alguien recordará la fábula de la zorra hambrienta y sedienta que se consuela por no poder alcanzar unas uvas diciendo campesinamente “De por sí, están verdes”. El Presidente, señor Luis Guillermo Solís, hizo su versión local del relato al comentar que las visitas que hizo Christiana Figueres a distintos lugares del mundo, con motivo de su candidatura a la Secretaría General de Naciones Unidas, permitieron a su gobierno “… entender que la propuesta de Costa Rica no estaba en sintonía con la de los países más influyentes en la ONU” (LN: 13/09/16). Es decir que antes del fracaso de la aspiración la administración Solís, y en particular su Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, no tenía idea de cómo funciona la ONU y especialmente su Consejo de Seguridad. Lo menos que podría seguirse después del dicho presidencial es la renuncia del embajador costarricense en ese organismo internacional y el despido del Ministro de Relaciones Exteriores y Culto. Como prestación se les podría ceder alguna plaza en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Allí, su impericia no se notaría.

   La candidata Christiana Figueres en cambio matizó lo de las uvas indicando que su aspiración se inscribió en su esfuerzo por lograr que mujeres alcanzaran sitios de dirección en organismos internacionales y que, en este sentido, aunque en la escogencia en la que participó lo veía difícil, ella agradecería “… una decisión del Consejo de Seguridad que buscara una persona de sólido liderazgo, de claros principios y valores y, si fuera mujer, mucho mejor" (LN: 13/09/06) Combinó su atinado enfoque femenino y crítico con algunas reminiscencias de la fábula de Esopo. La parte crítica más fuerte es la referencia a “una persona de sólido liderazgo, claros principios y valores”. Esto es exactamente lo que los Estados “más influyentes”, a los que hizo referencia el presidente Solís, no desean. Ellos buscan, en especial los miembros permanentes occidentales del Consejo de Seguridad (EE.UU., Reino Unido, Francia), alguien que responda a sus intereses en términos geopolíticos (que incluyen los económicos), un tipo de mandadero, no un líder. Así han sido los últimos Secretarios Generales y así seguirán siendo hasta que haya de piña.

   Como dato debería recordarse que EE.UU. invadió Irak el año 2003 sin venia del Consejo de Seguridad y, hoy se sabe lo que entonces se presumía, mintiendo acerca del ligamen del régimen iraquí con el terrorismo y su tenencia de armas nucleares. La acción, del todo ilegal, no condujo ni siquiera a un reproche por escrito a su principal actor, la administración Bush Jr., ni a los Estados que lo acompañaron. La guerra ilegal, desde el punto de vista del sentido de la ONU, tenía un antecedente en el bombardeo de la OTAN (Guerra de Kosovo, 1999) sobre el territorio de la entonces existente Yugoeslavia. Aquí el actor principal fue también EE.UU. Al menos en Kosovo se adujo un auxilio a civiles emigrantes forzados. Lo de Irak, en cambio (que gestó los actuales choques en el Medio Oriente, conflictos que podrían conducir a una guerra mundial), dejó geopolíticamente al planeta otra vez bajo la ley del garrote. El Gorila más poderoso leñea al gorila menos poderoso. Triunfante, aúlla: “¡Y que Jué, hijo de p…!”  Para evitar el gorilaje, y también con metas menos simiescas, se fundó la ONU. Conceptualmente se está hoy en una situación parecida a la que llevó a la Primera Guerra Mundial. Pero ahora todos los guerreros tienen armas de destrucción masiva y la voluntad/capacidad de emplearlas.

   Las uvas que ofrece hoy el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no están verdes, sino podridas de madurar sin el cuidado de quienes las siembran. La señora Christiana Figueres puede sentirse orgullosa por una postulación que no recibió apoyo significativo. Ningún Estado poderoso desea instalar en el cargo a una persona de ‘sólido liderazgo, de claros principios y valores’. De solo imaginarlo políticos, militares y tecnócratas vomitan. Lo que ellos requieren es portabanderas y lameculos que recorran el planeta cortando cintas y bendiciendo asuntos que a esos Estados no les parecen decisivos. No les importa el color, nacionalidad ni sexo del candidato. Solo exigen poder manipularlo.

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