1.- Para iniciar una discusión sobre derechos humanos se puede indicar que existen cuatro grandes posicionamientos para entenderlos: un criterio iusnaturalista, en el cual derechos humanos se siguen de una naturaleza humana; una aproximación jurídico-constitucionalista que los interpreta como fueros legales de los individuos que el Estado no puede lesionar absolutamente o solo por excepción; un procedimiento por el cual el Estado los reconoce al estimarlos factibles, y una lectura socio-histórica que los ve como resultado jurídico de luchas sociales culturalmente legitimadas o reconocidas. Los tres últimos planteamientos no son mutuamente excluyentes. Un cuarto posicionamiento, el Derecho natural clásico o antiguo, no admite derechos humanos.

2.- Permitamos que un autor prestigioso, aunque equivocado en este campo, nos introduzca a las últimas apreciaciones. El autor es Norberto Bobbio (1909-2004) quien, en la década de los sesenta del siglo XX (1964) sentenció que el principal desafío en derechos humanos no era ya el de fundamentarlos, sino el de protegerlos. Para Bobbio “No se trata tanto de saber cuáles y cuántos son estos derechos, cuál es su naturaleza y su fundamento, si son derechos naturales o históricos, absolutos o relativos, sino cuál es el modo más seguro para garantizarlos, para impedir que, a pesar de las declaraciones solemnes, sean continuamente violados” (El tiempo de los derechos, p. 64). Bobbio afirmaba esto pese a que sabía que la Declaración Universal de 1948 hacía nacer, en 1966, dos Pactos de Derechos Humanos: el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, valorados como progresivos y el de Derechos Civiles y Políticos, algunos de ellos universales y absolutos (derecho a la vida, a no ser torturado, a no ser sometido a esclavitud y servidumbre) y otros universales aunque factibles de suspensión por razones circunstanciales. La presentación de dos pactos con derechos que diferían en su carácter muestra que el fundamento de estos derechos había resultado polémico y que la apreciación de Bobbio suponía una universalidad hasta ese momento inexistente y que en 1948 impidió otro nombre para la declaración de Naciones Unidas: Declaración Universal de Derechos Humanos.

   El carácter polémico de las observaciones de Bobbio no se detiene aquí. En su Introducción al volumen citado indica que no se ha alejado nunca, en el tema de derechos humanos, de las siguientes tesis: “1. Los derechos naturales son derechos históricos. 2. Nacen al inicio de la Edad Moderna, junto con la concepción individualista de la sociedad. 3. Se convierten en uno de los indicadores principales del progreso histórico” (pág. 14). Pero cuatro páginas más adelante detalla: “… la libertad religiosa es efecto de las guerras de religión, las libertades civiles, de las luchas de los parlamentos contra los soberanos absolutos, la libertad política y las sociales, del nacimiento, crecimiento y madurez del movimiento de los trabajadores asalariados,, de los campesinos con pocas posesiones o de los jornaleros, o de los pobres, que exigen a los poderes públicos no solo el reconocimiento de la libertad personal y de la libertad negativa, sino también de la protección del trabajo frente al paro,, y los instrumentos primarios de instrucción contra el analfabetismo, y sucesivamente la asistencia de la invalidez y la vejez, todas necesidades que los propietarios  acomodados podían satisfacer por sí mismos” (pág. 18).

   Existen distancias e incompatibilidades entre lo que Bobbio afirma en la página 14 y lo que explica en la página 18. Marquemos algunas: la ‘naturaleza’ de los propietarios socialmente acomodados no parece expresarse idénticamente a la de los pobres: los segundos exigen educación, los primeros no. Las diferencias en la expresión ‘natural’ de las religiosidades resultan tan graves que generan guerras. . Acomodados, pobres, fieles religiosos no son individuos sino sectores sociales. O sea, constituyen expresión de relaciones.Y al parecer “progreso” y “lucha social” se articulan constructivamente. A quien sorprendan estas incongruencias ha de advertírsele que lo que escribe Bobbio en la página 14 corresponde a sus ideas más permanentes. Lo escrito en la página 18 es una novedad a la que ha accedido al final de su existencia (tal vez por influencia de su discípulo Luigi Ferrajoli). Agreguemos que derechos ciudadanos y personales (que liquidaban el feudalismo) fueron transportados a Europa por Napoleón mediante la guerra. Derechos humanos nacen y crecen y se afirman desde conflictos. La ideología individualista sin duda se da, pero tienen más peso las nociones de persona (haz de relaciones), de ciudadanía y de Estado nacional de la historia político-cultural francesa. De hecho el grito de su Revolución “¡Libertad, Igualdad, Fraternidad o la muerte!” puede ser interpretado mediante una referencia a derechos humanos (1).

3.- Examinemos con algo más de detalle las tesis que Bobbio dice lo acompañaron siempre: “1. Los derechos naturales son derechos históricos”. En esta tesis la expresión ‘derecho natural’ para resultar coherente (al menos en castellano) solo puede traducirse como ‘derecho que no es sobrenatural ni milagroso”, o sea que puede ser considerado socio-histórico y procesual. En esa interpretación la tesis se acopla con lo sostenido en la página 18. “2. Nacen al inicio de la Edad Moderna, junto con la concepción individualista de la sociedad.” Esta tesis contiene una afirmación enteramente adecuada. Derechos humanos se manifiestan como una invención moderna. El problema aparece con la redacción “junto con la concepción individualista de la sociedad”. ‘Junto’ no puede ser traducido como causa o señal sistémica. Ha de ser traducido como presencia simultánea en procesos complejos de cambio. Esto porque la concepción ideológica del individuo (presente en John Locke, por ejemplo) no puede generar derecho alguno ya que la noción de derecho es relacional. Para tener un derecho se requieren al menos dos individuos relacionados. Pueden ser dos enteramente distintos (Dios y Adán, por ejemplo). Pero un individuo solo no genera ni deberes ni derechos. Si Dios está solo en el Paraíso no existe Árbol Prohibido. Para que éste aparezca, Dios tiene que inventar un Adán (y luego una serpiente y una Eva). Si solo existe un individuo cada acción suya, metafóricamente, constituye norma de derecho (derecho absurdo porque no supone compromiso alguno). Además la idea de un individuo humano previo al colectivo que lo genera carece de contenido efectivo aunque contenga significación ideológica enteramente comprensible en la transición moderna desde el vasallo y el señor al ciudadano. Ya indicamos además que en la página 18 el individuo desaparece en beneficio de sectores sociales y sus luchas.

   La propuesta 3 de Bobbio dice: derechos humanos (¿y también la concepción individualista de la sociedad?) “Se convierten en uno de los indicadores principales del progreso histórico”. Obviamente la noción de “progreso” es polemizable. Puede remitir a una Filosofía de la Historia que deja de lado las diferencias culturales. Si remite a solo una cultura, la Occidental, por ejemplo, el mundo de la vida de Aristóteles o de Pablo de Tarso tal vez les resultasen a ellos y a muchos de sus contemporáneos más humanamente habitable que el mundo de la existencia actual. Un actual emigrante sirio o libio, con sus familias, quizás se encontraran más seguros y a gusto siendo esclavos de un jefe de familia en la Roma imperial. No sería sencillo convencer a un Kaqchiquel de la Guatemala rural que su existencia ha experimentado un progreso en los últimos 500 años. Es probable que se sienta hoy más desamparado que lo que se experimentaron sus ancestros. Pero si se deja de lado este ángulo, el mundo que inventó derechos humanos, hoy descifra el genoma humano y sale al espacio, también amenaza con destruir la posibilidad de la vida en el planeta y crea masivamente consumidores con autodestructiva sensibilidad interna. Dejemos en paz las tecnologías de destrucción masiva y de espionaje y control. Sin duda la noción de ‘progreso’ resulta polemizable. Y en derechos humanos el siglo XXI asiste más bien una regresión. El ‘progreso’ marcharía hacia adelante por otro camino.

4.- Un par de líneas para terminar. En la página 18 de su texto, Bobbio se muestra adscrito a la tesis sociohistórica sobre el fundamento y carácter de derechos humanos. En la 14, ligado a una de las cómodas versiones ideológicas occidentales liberales de estos derechos. No a la peor. Pero ninguna de estas últimas resulta particularmente efectiva porque ellas ignoran y desplazan, pese a su obviedad, los conflictos y experiencias de contraste que han animado siempre el reclamo y la legitimación político-cultural de derechos humanos. Y también su indispensable posicionamiento jurídico. Velan asimismo estas interpretaciones que la invención de derechos humanos en Occidente se acompaña con una re-configuración de la existencia/presencia de no-personas, una versión extrema de los homúnculos del aristocrático pensamiento filosófico occidental clásico.

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  (1) El lema famoso surgió de un proclama más extensa, de inicios de la década de los noventa: «Unité, Indivisibilité de la République; Liberté, Égalité, Fraternité, ou la Mort». Contiene el programa ardoroso de un colectivo republicano
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F-1020 Seminario sobre Filosofía y derechos humanos