Universidad Omega,
N° 20, julio 2016.  

 

   Distingo un cartel en un muro universitario. Profesionales en Filosofía organizan un coloquio al que titularon “Individuo y Violencia” (con un latinajo obsoleto entre los términos principales). Indican los temas-eje del encuentro: Individuo, conflicto y convivencia, Subjetividad y formas de violencia, Afectos, sufrimiento y vulnerabilidad y Discurso, crítica y violencia, son estos ejes. La existencia de los latinoamericanos ha estado siempre penetrada por la violencia (de hecho la violencia extrema (genocidio, etnocidio) resulta factor constitutivo en estas ‘sociedades’), de modo que se trata de un coloquio en el que todo residente podría decir algo. O al menos sollozarlo. Sollozar tal vez sea una forma latinoamericana de filosofar. En todo caso las violencias hacen parte integral de nuestro ‘mundo latinoamericano de la vida’ que, obviamente, contiene la opresión y la muerte. También quizás se trate de una condición humana. De la que se ha manifestado y manifiesta.

   En todo caso, los profesionales de la Filosofía no suelen ocuparse de socio-historias cuando conversan o monologan, sino de conceptos. Así, por ejemplo, se interesan en ‘individuo’ y ‘conflicto’, lo que puede leerse como si los individuos existiesen previamente a los conflictos. Existen los individuos (o yoes) y entran en conflictos. Por supuesto los conflictos son los que constituyen individuos, y no al revés. Porque existen conflictos, materiales o imaginados, es que, en parte, se dan individuos que los padecen. Los guionistas de telenovelas lo saben. Así, imaginan conflictos y luego dibujan los personajes o personalidades que los encarnarán. Quizá por esto los profesionales en Filosofía no resulten guionistas óptimos de telenovelas. Aunque las vivan. Toda especialidad muestra haberes y vacíos.

   Obviamente las subjetividades (entendidas como vínculo con un sí mismo complejo, nudo que puede resultar efectivo o falseado o ambos) se siguen también de producciones sociales y, en sociedades con principios sistémicos de dominación (que son todas, con excepción quizás de las comunidades primigenias, una hipótesis antropológica), la memoria, que es individual y social, no puede decretar una inexistencia de violencias. Por ello las subjetividades contienen violencias acumuladas, expresables o reprimidas, alimentadas incluso por la Filosofía o por Beethoven. En la “Naranja Mecánica” de Kubrick el líder delincuente Alex de Large anima con la música del compositor alemán su rufianería y violencia extrema (cruel, cobarde, sólida, enferma). Es factible imaginar a de Large emparejado con Beethoven. Son señales singularizadas pero encontradas de lo mismo. Este lo mismo es la sociedad moderna. De Large y Beethoven expresan, cada cual a su manera, la compleja rufianería en el límite de esta sociedad. Algún comentarista oculta la luz con su pluma considerando al segundo ‘maestro civilizador’ y ‘artista’ y al primero obsceno delincuente. Ambos satisfacen sus deseos, sin reparar en los mutilados que los sostienen o que ellos contribuyen a reproducir. Ninguno de los descalabrados determina su subjetividad. Pero todos agreden. Por supuesto, no se consulta a los dañados que resultan ser los más expertos a la hora de testimoniar violencias.

   Escucho que un profesor español-mexicano de Filosofía escribió que el león no comete violencia al acosar y matar a su presa. Habría que entrevistar al antílope o al conejo ya muertos, y a sus familias, para escuchar otra opinión. El profesional de marras hace parte del mito de que solo los seres humanos, por su racionalidad y espíritu, se reconocen éticos. La distancia entre un león hambriento y un torturador, asesino u opresor humano, es que el segundo racionaliza y explica su violencia, en cambio el león sonríe, porque asume que así son las cosas, mientras no cambien. Y políticamente él no puede cambiarlas.

   El tercer eje del coloquio resulta especial: existen vínculos distintivos entre afectos, entendidos como inclinaciones emocionales constructivas, y vulnerabilidad. Una madre que venera Dios por sobre todas las cosas y con sincero fervor asume el culto mariano no encuentra consuelo cuando su hijo de once años resulta abusado por un sacerdote y no se le permite llevar al delincuente a los circuitos judiciales. Vulnerabilidad e invulnerabilidad pueden resultar pesadas, crueles y desesperanzadas si chocan estatus.

   En fin, es seguro que en el coloquio se darán discursos. Menos claro es que quienes debaten adviertan violencias cómplices en ellos.
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