Universidad Omega,
N°16, mayo 2016.
 
  

   Dentro de los artículos pintorescos (aunque algo monótonos) que suele publicar La Nación S.A. apareció uno titulado “Conozcamos mejor a la OCDE” (15/05/2016) firmado por el actual Ministro de Comercio Exterior, señor Alexánder Mora. Se centra en el elogio a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un club internacional al que Costa Rica desea integrarse y del que habría recibido, a juicio del señor Ministro, una “invitación” para hacerlo. Se trata de una invitación singular porque incluye condiciones: entre ellas la muy polémica (para los poderosos/adinerados) que se revele quiénes son las personas naturales beneficiadas con la riqueza que se produce aquí. Ellas suelen usar una capa invisibilizadora marca S.A., a lo Harry Potter. Modestos que son.

   Según el Ministro Mora la invitación de OCDE es internacionalmente más apetecida que la clasificación al Mundial de Rusia. Esto porque la organización posee una visión “…sustentada en la promoción de los principios y los valores occidentales de respeto y promoción de la libertad y los derechos humanos, de libre empresa y mercado, de desarrollo inclusivo y sostenible, de democracia participativa y Estado de derecho” todo ello puesto al servicio de la eficiencia, eficacia y transparencia. No es poca cosa.

   Lo curioso empieza cuando uno repara en el nombre OCDE. Incluye un término y concepto, ‘desarrollo económico’, liquidado en la década de los setenta del siglo pasado y reemplazado por el de “crecimiento económico”, tal como la “ayuda para el desarrollo” murió y fue substituida por “ayuda humanitaria”. Algo de la confusión se explica porque la OCDE nació en 1961, antes de la liquidación del ‘desarrollo’. Resulta jocoso que un Ministro de Comercio Exterior olvide esto.

    Menos alegre es que en la OCDE figuran países (y economías) como México e Irlanda. Al primero la OCDE no la ha beneficiado en el combate a la exclusión ni la miseria, ni en la configuración de un Estado de derecho (sostén de un régimen democrático), ni menos en derechos humanos. México hace parte de la OCDE desde hace 22 años. Debería notarse la influencia de una organización a la que el Ministro considera, entre sonrisas y elogios, una institución que sigue “el método científico”. ¡Vaya ciencia!

   Irlanda está con la OCDE desde 1961. Fue uno de sus fundadores. Pese a la “ciencia” del grupo la economía irlandesa no se pudo quitar de una crisis económica (2008) que liquidó el “milagro” neoliberal que La Nación S.A. entonces ensalzaba con el nombre de “Tigre Celta”. Hoy Irlanda tiene una de las rentas per cápita más elevadas del mundo (más de 40.000 dólares), pero esa riqueza no llega a todos los irlandeses de parecida manera. Sin embargo, no está entre los países del mundo que peor reparte riqueza: número 23 en el mundo (entre 160 Estados/economías). Otro fundador de OCDE, EUA, ocupa el sitio 123. México el 124. Chile, un sudamericano en OCDE, el 141. Como se advierte la ‘ciencia’ de la OCDE no equivale a pomada canaria. Y su ‘visión’ colaborativa torna a algunos grupos humanos más ocdes que otros grupos humanos. Si esto se dice a lo interno de cada país, vale más fuerte para el mundo: la OCDE no tiene una visión universal del planeta y sus poblaciones. No potencia el desarrollo planetario (con sus poblaciones humanas y no humanas), sino el crecimiento económico de puntos en regiones específicas y los beneficios de ese crecimiento (que se acompaña de crisis devastadoras) van hacia pocos, no a todos. Sin embargo, estos últimos ‘todos’ son quienes pagan las crisis.

   El punto no ha de entenderse como que Costa Rica no debe ingresar a la OCDE (tampoco depende solo de ella ingresar). Puede hacerlo. Si lo consigue, quizás logre hacerla menos ‘científica’ y más humana. Por supuesto sus representantes en la organización no tendrían la nacionalidad costarricense. Serían ciudadanos noruegos, eslovenos, islandeses, suecos y checos, las cinco nacionalidades que mejor distribuyen hoy la riqueza que producen. Costa Rica los contrataría y esos profesionales quizás querrían cooperar ad-honorem aunque pagados por sus Gobiernos. De estos 5 países, tres están en la OCDE. Como se advierte, aquí no se trata de satanizar a la OCDE sino de tornarla, de a poco, en un programa que efectivamente discierna y tenga como referente las necesidades de todos y de cada uno, requerimientos no factibles de atender solo mediante políticas “científicas”.
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