Universidad Omega,
N° 14, abril 2016.
  

   Que la administración del Presidente Solís resultó floja la mayor parte de la ciudadanía parece tenerlo claro. Además sus enemigos (Solís no tiene opositores, sino enemigos) le caen todos los días magnificando errores y opacando aciertos (que algunos tiene) y manejando un estilo “a la venezolana” o a la “Al Capone” que logra adhesión fácil tanto entre quienes asisten a los shows internacionales de Viva como de costarricenses que viven de pie sobre su cabeza, sin utilizarla ni siquiera para caminar o calzarla con botas. El asunto se resuelve en tirar caca al Presidente y abrazarse gritando “¡Ticos, ticos!”. Un ejemplo es el titular de La Nación S.A. del sábado 30 de abril: “El Gobierno aumentó el gasto público en ¢1 billón”. El titular lleva una línea arriba: “Desembolsos exceden los ¢ 600.000 millones que generaría reforma fiscal”. El mensaje, para quienes llevan la cabeza en los pies es claro: No hay que aumentar impuestos. Basta con secar el gasto público. Y el aullido: ¡ticos, ticos, ticos!

   En lo anterior, ni siquiera la cifra de ¢1 billón es verdadera. En la página 6A del periódico la crónica dice que se trata de 940.000 millones. El titular añade 60.000 mil millones porque no desea informar, sino golpear para que el tico-tico y su cabeza enzapatada experimente asco. La Nación S.A. sabe asimismo que la mayor parte de los egresos fiscales de la administración Solís hereda acciones acciones de los gobiernos Arias y Chinchilla. También sabe que “secar” los egresos fiscales llevaría al país a la desesperación y la guerra. Se frotan las manos. Será la revancha del 48. Esta vez ganarán. Tienen los medios, tienen a la Iglesia, tienen las ansias. Y al frente no hay nadie. Solo aisladas familias costarricenses y su sueño de un Estado social. Quienes son amigos solo de sus gulas, estiman pesadilla ese extendido sueño.

   Lo anterior es pesado y triste, pero no constituye el tema de este artículo. Se escribió solo porque ahora viene una crítica a la gestión Solís. Pero es una crítica democrática y ciudadana, no la de un enemigo.

   En noviembre, diciembre y enero del año pasado y de este 2016 la Cancillería habló de una “gestión humanitaria” para resolver la situación de emigrantes cubanos (entre 5 y 8 mil personas, la cifra nunca fue bien determinada) que deseaban cruzar el istmo, llegar a México y desde ahí radicarse en EUA. El problema de esta gestión humanitaria fue seguirse de la voluntad unilateral del gobierno de Costa Rica, no de una política hacia las migraciones no deseadas y específicamente hacia los cubanos. Desde un inicio la iniciativa, legítima y propia de una parte de la historia de Costa Rica, debió discutirse regional y continentalmente, y en Naciones Unidas, para acordar un esfuerzo conjunto y también repartir su costo. El Canciller local, un señor González, prefirió correr solo, y cuando el asunto se complicó, al no tener el asentimiento de Nicaragua, cargar contra los vecinos y posteriormente contra el Sistema de la Integración Centroamericana. Berrinche porque no se hacía su voluntad. Resultado de querer el señor González hacerlo todo solo.

   El asunto se resolvió, turbiamente, y una parte importante del financiamiento del viaje de los emigrantes cubanos recayó sobre Costa Rica.

   Hoy, abril del 2016, la principal presión proviene de migrantes africanos (unos 600 ya en Costa Rica, más de 3000 apremiando desde Panamá). Los errantes de procedencia cubana ya no son publicitados. Las redes de “coyotes” atienden a africanos y cubanos. La seguridad de los migrantes no deseados está en claro riesgo. La respuesta del gobierno de Costa Rica es semejante a la que se enrostró en su momento a Nicaragua. No aceptar el tránsito, no conceder visas y deportar a los migrantes. Previa a la deportación, encierro forzoso. No brutal, pero forzoso. Borrada la pose humanitaria. El señor González sigue repartiendo culpas. Hace rato que el Presidente debió solicitarle la renuncia.

   Espectacularmente, una salida a la costarricense para los emigrantes africanos provino de un alma blindada por el neoliberalismo más doctrinal, el columnista Juan Carlos Hidalgo. En bella prosa propuso: ‘Invitémoslos, con paciencia, a quedarse’ (LN: 25/04/06, “Africanos, quédense”). Es de lectura obligatoria. Recomiendo al señor Hidalgo, solo por este texto, como futuro Canciller. Del otro, mejor olvidarse.
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