Universidad Omega
N° 4, febrero 2015.
  

   Dentro del murmullo entre sordos sobre cómo entrarle al déficit fiscal se inscribe la intención de la administración Solís de hacer que el dinero inmenso, y también el no tan inmenso, pague los impuestos de ley vigentes. No es sencillo porque este Gran Dinero se oculta en sociedades anónimas gestadas para que no se sepa quién es quien a la hora de rendir cuentas. La posición del Dinero Suculento la determinó con arrojo uno de los opinionistas oficiales de La Nación S.A. la que, por supuesto, va a la cabeza de quienes, por modestia, no desean Hacienda se entere sobre sus ingresos efectivos. El opinionista, J. C. Hidalgo, mostró su alma al público el pasado 1° de febrero. Se refiere, horrorizado, a la intención del Gobierno de conocer las señas de los socios de más de 500.000 sociedades anónimas en el país. Escribe: “La concentración de información tan sensible en manos del Estado se ha prestado para chantaje y persecución política en otras latitudes”. Espeluznado, ataca mencionando a un diputado del PAC, al Frente Amplio y a sindicalistas: “¿Se imagina (sic) un gobierno de esa estirpe?”. Y suma: La existencia del registro “acentuaría, aún más, la sensación de indefensión que agobia a muchos contribuyentes, grandes y pequeños, ante las crecientes arbitrariedades administrativas en las que incurre el fisco”.
 
   Quienquiera resida en Costa Rica sabe que sus ciudadanos, lo que incluye a sus dirigentes políticos, han de atenerse al marco de la ley. Gobierne el Pisuicas, Hitler Francisco de Asís o la Madre Teresa, a los ciudadanos, en sus derechos legítimos, los ampara la ley. Por ello la administración Solís busca una ley que no oculte a evasores de impuestos. Hidalgo lo estima “ocurrencia de última hora”.

   Bueno. No tan de última hora. El Secretario General de la OCDE, el mexicano Ángel Gurría, precisó en la Asamblea Legislativa costarricense este pasado 15 de febrero: “No entiendo cómo un tema como estos sea motivo de debate público. En todo el mundo hace un montón de tiempo ya hay registros de quiénes son los accionistas” (LN: 16/02/2016). Añadió que mantener en la oscuridad a los dueños de las compañías “no pasa ya en ningún país moderno”. Gurría visitó Costa Rica como parte del examen que la organización que representa hace de un país que busca ingresar al grupo. En la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico se estima que los impuestos de ley deben pagarse. Un diputado liberacionista susurró que lo de Gurría fue “una lección de sentido común” y, ya medio sollozando, “que el tema se puede resolver a la tica, con una solución intermedia”. La solución a la tica busca que no se sepa dónde está el gran dinero ni cuál es su procedencia. La OCDE no simpatiza con este tipo de salidas. La Nación S.A. dedicó a la lección de Gurría ¼ de página y fotito.

   Al día siguiente se desquitó. Página entera y titular grandote aclaman: “OCDE VE EN SALARIOS PÚBLICOS UN DISPARADOR DE DESIGUALDAD”. La nota indica que durante las administraciones Arias y Chinchilla (2008-2014) una acción para acercar salarios del Gobierno Central a los de otras instituciones públicas fue factor de la actual crisis fiscal. Pero los empleados de La Nación S.A. muestran el dato como si él fuese una causa de desigualdad del tipo Gini. En efecto, en Costa Rica la distancia entre el 10% más opulento y el 10% más empobrecido es de 32 veces. En Dinamarca es de 05. En Alemania, 06. En Rusia, de 15. En EUA, de 19. En México, de 25. En el Chile neoliberal, 26 veces. Los salarios de la mayoría de los trabajadores del sector público no califican dentro de los ingresos del 10% de los grupos más opulentos. Se recordará que la tesis de los dueños del país, y de La Nación S.A. es que asalariados privados y públicos deben ganar lo que merecen. O sea, una mierda.

   Pero lo mejor de esta parte del diálogo entre sordos consuetudinarios y gente discretamente humana y moderna culminó en editorial de La Nación S.A. el 18 de febrero. Con título de “Avanzar hacia buenas prácticas” realiza una lectura del Informe de la OCDE, lectura que culmina en su párrafo 6 con lo que ha de hacerse en Costa Rica. El velo de las sociedades anónimas se resuelve en ½ línea: “… afrontar, en sus múltiples facetas, el problema fiscal”. 10 líneas, prácticamente todo el párrafo gramatical, se centran en los desafíos que el Informe de la OCDE advirtió en el sector público. Entre ellos, que la inversión social, es alta y el resultado, pobre. Como todo el mundo sabe, pero nadie le entra, el país exige una reestructuración total, al menos, de los sistemas de educación pública y seguridad social. Esta transformación no es tarea de un gobierno, sino de varios. Admite “soluciones a la tica”, pero no en su sentido de ocultar sinvergüenzas sino, como ocurrió hace más de medio siglo, de ponerse de acuerdo entre diversos para echar a andar la Caja Costarricense de Seguro Social hoy colapsada.
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