Universidad Omega,
N° 2, enero 2016. (*)

 

   Desde luego resulta raro hablar de “dificultades” de algo que no existe. Precisamente porque su trance primero consiste en no existir. De ella se siguen casi todos los otros. Pero el inexistente PAC, a su manera, “existe”. Su candidato ganó de lejos las elecciones presidenciales últimas, ocupa Zapote y tiene presencia física además en la Asamblea Legislativa (13 diputados). Con alguna seguridad está presente en espacios sociales y ciudadanos. Si una persona realizara todas estas acciones sería obvio que existe. Pero el PAC no es una persona. Es un partido político. Y los partidos políticos para “existir” requieren de una base ideológica (un diagnóstico de la sociedad, por ejemplo) relativamente integrada que le confiere ‘identidad’ ante los ciudadanos y le asegura alguna unidad o articulación a su desempeño o práctica en los distintos frentes políticos. Si se lo mide con estos últimos alcances, el PAC no existe. Sus opositores y enemigos (existen enemigos en la democrática e institucional Costa Rica) gozan con ello.

   Uno de los últimos incidentes, en parte distorsionado por La Nación S.A., que muestra la inexistencia del PAC, es el que protagonizó el diputado Henry Mora en este final de enero y al que el periódico le dedicó 1/3 de página y foto en que se le muestra airado (composición de escena, le llaman). El diputado Mora habría utilizado 12 veces vehículos de la Asamblea Legislativa violando así un Código de Ética que se habría dado alguna vez el Partido (inexistente). Según trascribe el funcionario del periódico, el diputado Mora lo hizo “…enteramente a propósito. Para evidenciar una faceta del famoso Código de Ética que me parece puritana, farisea y absurda… y esperando ver quien lanzaba la primera pedrada” (LN: 29/01/16). Obviamente, nadie va a tirarle piedras. El inexistente Partido ha de tener un Tribunal de Ética que conocerá la situación, si es del caso, y resolverá darle una palmada en la espalda o castigarlo de alguna manera. Ni la palmada ni la sanción significarán que el PAC exista.

   El diputado Mora lleva razón y no la lleva. En las condiciones actuales del tránsito en la meseta central disponer de un automóvil oficial (con chofer) sin duda permite evitar desperdicios de tiempo y energía. Hace algún tiempo un alto ejecutivo de un Banco renunció a su cargo porque le quitaron el auto oficial. Usaba el vehículo (con chofer) como oficina durante la más de la hora que tardaba en llegar cada mañana a su despacho institucional. Ignoro si el diputado Mora utiliza el auto diputadil con chofer. No es relevante.

   En lo que no lleva razón el diputado es en sustancializar las disposiciones del Código de Ética de su inexistente partido como puritanas, fariseas y absurdas. El PAC imaginó su identidad inicial como expresión de un movimiento ciudadano contra la corrupción. Insisto en que corrupción no es idéntico a venalidad. La corrupción consiste en el falseamiento puntual o sistemático de las políticas e instituciones públicas. Dos formas básicas de esta corrupción son la configuración de “clientelas” cuyos intereses particulares, no ciudadanos, son potenciados y resguardados por políticas e instituciones públicas, y, más particularmente, el empleo de bienes y servicios estatales para beneficio de funcionarios o servidores públicos. Ambos fenómenos se dan en Costa Rica y liquidarlos hacía parte de la plataforma inicial del PAC. Es el tema de las “galletitas” que el cinismo o la idiocia reinantes utilizan para ridiculizar al por desgracia inexistente PAC.

   La declaratoria del diputado Mora resulta así una señal más que evidente de la derrota del inexistente PAC. Si no se lucha contra la corrupción, el país llegará a ser otro más en Centroamérica. Camina para allá. Pero a diferencia de los otros, tendrá un pasado singular para llorar. Lástima su ciudadanía no lo entienda.

   Por si fuera poco, un Ministro, también de apellido Mora, conoce de las maniobras de Uber para asentarse transnacionalmente en el país y no informa al Presidente. El mandatario Solís lo mantiene en el cargo. Ordena investigar. No hay nada que investigar. UBER es una actividad o ilegal o legal. Si es legal, no hay nada que discutir. Si es ilegal, puede o no constituir delito. Entonces, hay que actuar y de oficio. Si un Ministro “no entiende” esto, debe irse. Si el Presidente tampoco lo entiende, está jugando de casita. Por supuesto, no debe irse. Tiene que dejar de jugar.
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