Universidad Omega,
N° 1, enero 2016. *
 
 

   La movilización actual que se despliega en Costa Rica es guerra contra filibusteros, una de las memorias épicas del país. La Campaña Nacional esta vez convoca a un bando de minorías despistadas aunque, del lado filibustero, la complejidad es mayor: se dan piratas “extranjeros” 100%, piratas por conveniencia estrecha y ex piratas que dudan en sostener su identidad o renunciar a ella. La minoría cualitativa y despistada se mueve tras el gobierno de Luis Guillermo Solís, pero no todos sus miembros luchan. Y quienes hacen su fuercita no advierten que se vive una guerra. El Presidente encabeza la feble lista. Los filibusteros vienen complejos: algunos se declaran “patriotas” aunque hablan inglé, otros abominan del término ‘patria’ y se valoran transnacionales, unos pocos todavía confían en Otto Guevara (es el frente pirato-guevarista). Los enquistados en el Estado, de nombre “clientelas”, confían en que la guerra es solo contra Solís y, en el caldo de los 100% despistados, resaltan quienes suponen serán beneficiados sin ver que lo que en estos días se juega es si se acaba de una vez “toda esta mierda estatista-social” o prosperan definitiva e irreversiblemente “nuestros buenos negocios” (Manifiesto Por la Virtud, proclama clandestina, celebrada en La Guácima), o sea la “ Costa Rica verdadera” tocada por la guerra del 48.

   La cuestión táctica inmediata, que oculta el sentido del conflicto, es o si se paga impuestos para disminuir el déficil fiscal o se rebaja sustancialmente el gasto (o inversión, según se mire) del Estado/Gobierno como exigencia previa para discutir todo impuesto y su cobro. Por la segunda, si no cae el gasto (léase se rebajan salarios, se despide empleados públicos y se privatizan funciones estatales), no se conocerá ni menos aprobará nuevos ingresos fiscales, están los filibusteros de todo tipo y también una mayoría “ciudadana” que cree, porque se lo susurran/gritan cada 30 segundos los medios masivos, que el principal y único factor que lesiona la economía del país es el vicio de los salarios públicos determinado por la gula sindical y la anuencia de políticos “populistas”.

   Por nuevos impuestos y su cobro están funcionarios públicos, varios de buena fe como el Presidente, otros para seguir cobrando salario y una minoría que entiende que una crisis fiscal golpeará a todos, pero con saña especial a los más humildes. Es variante tercermundista de la famosa Ley de Herodes: “Aquí es siempre el mismo el que se jode”. En Costa Rica una guerra civil hace más de medio siglo puso paréntesis breve a esta versión herodiana, pero ese cuento ya no cuenta. “¡Hora de volver a sufrir, infelices!”, gritan los plutócratas. “Pero si siempre hemos sufrido, patrón” gimen los más pobres.

   No se crea no hay réplicas. Las hay: risas, carcajadas, pedos y eructos de satisfacción, frotadas de manos y golpecitos en la espalda filibustera de quienes están en la jugada. Y, sobre todo, entera inconsciencia babosa en la masa que se dice ciudadana. Y, bueno, así se escribe la historia.

   Un mínimo meteoro ilumina el campo de batalla: el Grupo de Acción Financiera de Latinoamerica (filibusteros puros, pero legales) afirma que Costa Riva podría ser marcado como “un país que no colabora” en la lucha contra el terrorismo y el blanqueo de capitales en parte (no es única razón) por la opacidad de acceso a la información de las sociedades mercantiles y de fideicomisos que bloquea reconocer con precisión los “beneficiarios finales” de las personas jurídicas. Las S.A. ocultan identidades ciudadanos propietarios y beneficiarios.

   Curiosamente, en la guerra, los escasos leales al Gobierno quisieron levantar listas de accionistas de esas sociedades anónimas. Para que paguen los impuestos de ley. Pero las Cámaras Empresariales dicen No y No. Nada de crear un Registro de Accionistas de Sociedades Anónimas para evitar el Fraude Fiscal, ni para entrar en la OCDE ni para Nada. El anonimato en el Registro de Agarra Aguirre S.A. es Sagrado.

   Se ve, guerra es guerra. Los únicos ingresos cognoscibles son los de los asalariados públicos (pagan ineludibles impuestos por planilla) y esto para probar que reciben lo que no merecen, despedirlos y que se pudran con los salarios de las anónimas empresas privadas.

   En esta guerra, la verdad no es su primera víctima. Los ya muertos son quienes no quieren enterarse de que la guerra existe.
_______________________

  (*) En este inicio del año 2016 resolví dejar de colaborar
con el Semanario Universidad. Los tiempos son otros
y el periódico también cambia. Seguiré escribiendo dentro de su
formato en la serie Universidad Omega de este sitio web.
___________________