Apuntes,
enero 2016.

    

   La especie humana como espiral que articula o como caza de brujas

   Este texto es parte inicial de una conversación acerca del comportamiento humano homosexual en el marco del proceder sexual de la especie y, más específicamente, de sus características, inevitablemente políticas, como una autoproducción humana, en las sociedades latinoamericanas. Esta última acepción contiene una fuerte indeterminación en cuanto el referente “sociedades latinoamericanas” no existe, ya que ellas se expresan diferenciadamente en cuanto tales y, además, son también desagregadas e internamente enfrentadas. Por ejemplo, según una encuesta costarricense sobre opiniones de la población, un 68% de ella estimó que los homosexuales eran el grupo más discriminado en el país, seguido por los nicaragüenses (61%). Otro grupo discriminado sería el de indígenas (53%). Sólo un 3% consideró que las mujeres (1) eran discriminadas. Esta opinión fue discutida así por un lector del periódico que publicó el resultado: “¿De qué hablan? Cuando los países de Latinoamérica eran puras dictaduras militares o regímenes corruptos ya en Costa Rica teníamos una democracia con más de cien años. Y vienen a decirnos estupideces, menos una comunidad sobrevalorada e impulsada por una agenda de unos cuantos periodistas que se creen defensores de derechos humanos y no saben ni lo que están diciendo”.

   Como se advierte, y sin juzgar acerca de si las opiniones expresan o no realidades, un lector cualquiera añade a esas ‘separaciones’ la distancia entre quienes viven en democracias centenarias y quienes lo hacen bajo dictaduras militares y regímenes corruptos, añade una total separación entre quienes hablan estupideces y se creen defensores de derechos humanos y quienes saben lo que dicen, dentro de los cuales se inscribe él. También entre grupos con status indebido y otros con status apropiado (también él pertenece a los últimos). En este brevísimo intercambio, de resultar cierto, designamos “latinoamericanos” existentes por igual (al menos a quienes los ven) a homosexuales y heterosexuales, a “nicas” y “ticos”, a indígenas y mestizos, a demócratas y no demócratas, a hablantes de estupideces y quienes ‘saben de lo que hablan’. Obviamente “latinoamericanos”, y “América Latina” y “sociedades latinoamericanas” resultan abstracciones para la realidad que se vive. Aquí intentamos referirnos a lo que se vive, aunque para ello se deba, por fuerza, utilizar abstracciones. El punto remite a una discusión que no se hará en este momento.

   Realicemos inicialmente dos distinciones. Conviene distinguir entre prácticas o acciones homosexuales y opción humana identitaria homosexual. Las acciones homosexuales, son puntuales, situacionales, efectivas o imaginarias, etc., en todos los individuos humanos. Designamos aquí como opción identitaria homosexual, en cambio, a quien está-es en el mundo y se entrega identidad efectiva a sí mismo y a su compañero (pueden ser uno o muchos) de opción sexual (genital y no genital) a través de relaciones con alguien del mismo sexo. ¿Pueden los individuos con opción heterosexual realizar acciones homosexuales imaginarias o materiales con alguien del mismo sexo? La respuesta es sí. ¿Y pueden sostener los individuos con opción homosexual relaciones sexuales genitales con parejas de distinto sexo y heterosexuales? La respuesta es también sí. Los niveles de gratificación y también la autoconstitución de integración personal pueden ser distintamente satisfactorios o insatisfactorios para cada situación. La sexualidad de la especie puede incluir asimismo bisexualidad y transexualidad. Nadie deja de pertenecer a la especie por su opción sexual, sea la que sea.

   Agreguemos que la especie humana parece ser sexualmente promiscua (encuentra gratificación en ello), aunque económica y culturalmente haya producido, a la vez, instituciones como el matrimonio heterosexual y la familia monogámica. Se trataría de una especie plástica, en el sentido de flexible, y a la vez promiscua.

   Aquí hablamos inicialmente, de la opción homosexual como forma identitaria, con sus planos y distinciones, de ser-estar en el mundo. Por lo tanto lo que aquí se escribe no puede ser trasladado directamente a la comprensión de situaciones o personalidades y actores de esas situaciones. Ese conocimiento, y con él las impresiones subjetivas de simpatía o rechazo, ha de ser producido de otra manera.

   Lo opción homosexual es propia de la especie humana, solo que de una minoría. Resulta por tanto ‘natural’, pero de minoría. Su rechazo por mayorías, como muestra la encuesta costarricense referida, resulta de una dialéctica (o cohabitación) de minorías y mayorías y por ello puede asociarse con referencias morales. O sea con lo que es considerado comportamiento o propio o impropio por la mayoría social y sus individuos (y también sentido como rechazo y discriminación por las minorías (étnicas, sexuales, nacionales, etcétera). La articulación desagregadora se da entre un social y personal “yo no soy así” que proviene, con determinaciones distintas, tanto del bando mayoritario como del sector minoritario. El “yo no soy así” o “yo no me comporto así” se presentan de esta manera como autointerpelaciones diversas y enfrentadas pero comunes. La diversidad proviene de las distintas referencias de las autoidentidades o identificaciones propias. Sin embargo, las discriminaciones con carácter político (referidas al orden social y su reproducción mediante instituciones e institucionalizaciones), un alcance potencial de las diversidades, tienen efecto material represivo solo cuando son ejercidas por la mayoría. La discriminación eventual por parte de las minorías, en cambio, es valorada socialmente como violencia indebida o ilegítima y como una expresión de la perversidad de esa minoría, vileza que los constituye o lleva a comportarse así. Esto es únicamente un inicio de explicación acerca del fenómeno de discriminación (en el límite, determinación de no-personas) en un orden social humano determinado. Ciertas minorías pueden, en un mismo movimiento, ser discriminadas como no-naturales e ilegítimas en todos sus comportamientos. Y agregarse a ellas notas como la vileza y la suciedad (impureza). Y para estas discriminaciones se pueden utilizar fórmulas morales. Una violencia moral (determinación de lo indebido por lo natural y absolutamente debido, por ejemplo) e institucional solo puede ser efectiva si cuenta con el consentimiento abierto o silente de mayorías. Literariamente puede llamarse al fenómeno “caza de brujas”.

    Las expresiones “mayorías” y “minorías” resultan notoriamente imprecisas si se asocian solo con números o cantidades. Un grupo o nación puede ser mayoritario en una zona, región o país, y ser discriminado como si se tratase de una minoría y, en el límite, sus individuos tratados como no personas. En un país como Bolivia la población de distintas ascendencias indígenas califica como mayoritaria (más del 60%), pero hasta la transición entre los siglos XX y XXI esta mayoría fue tratada como minoría. Algo semejante ocurre en regiones de Guatemala que solo reconoce oficialmente como indígenas a un 39% de su población (2), pero donde para algunos ser reconocido como ‘semejante a indígena’ vale como insulto grave.

   El tema del número (mayorías/minorías) en cuanto a la opción sexual no tiene mayor valor para la existencia de la especie humana. Todos sus individuos en las distintas culturas pueden potencialmente tener relaciones genitales hembra/macho, hembra-hembra y macho-macho y los individuos heterosexuales constituir mayoría y los homosexuales minoría y no se da problema ninguno, en el sentido de que no dejarán de existir nacimientos. No es fácil establecer el porcentaje promedio de la presencia homosexual humana en las diversas agrupaciones, tanto por la dificultad de levantar la información pertinente como porque hoy, desde el Informe Kinsey (1948 y 1953), homosexualidad y heterosexualidad no se asumen como dos polos absolutos e irreconciliables, sino en una única línea de gradación o recorrido con siete estaciones. Los números varían mucho en relación al porcentaje de homosexuales (“puros”) en una agrupación humana (desde el 4% al 12%), pero lo interesante es que la gran mayoría humana parece ubicarse en alguna estación intermedia no porque esos individuos “sean” u homosexuales o heterosexuales, sino porque la mayor parte de ellos, mujeres y varones, ha participado alguna vez en su vida (aunque de distintas formas) en prácticas homosexuales. Podría hablarse de las acciones homosexuales como algo muy generalizado en la especie. En el mismo campo, que la opción homosexual constituya una “aberración” o una “enfermedad” de la persona es abiertamente polemizada como errónea si se considera, por ejemplo, que el estudio de la vida privada de Leonardo da Vinci (1452-1519), la principal referencia icónica del Renacimiento europeo, muestra bien, aunque discutida, su orientación homosexual al igual que su abierto disgusto individual hacia las situaciones ligadas con la procreación en la especie. Esto último quiere decir, si Leonardo era consecuente, que pudo tener relaciones sexuales o libidinales con mujeres, pero no orientadas a producir descendencia.

   Lo que en principio encontramos entonces en toda sociedad humana es una aparente mayoría heterosexual pura (genética y culturalmente determinada) y también una aparente minoría homosexual pura (determinada también genética y culturalmente). Una polarización que el estudio de la experiencia cotidiana no confirma. Lo que interesa es que esta minoría homosexual en la especie resulta enteramente ‘natural’ aunque se trate de una minoría. También lo son las personas “albinas” (aunque en ellas el componente genético es mejor conocido que en el caso de la minoría homosexual). Pero los individuos de la aparente mayoría únicamente heterosexual pueden realizar acciones homosexuales (por ejemplo en los acuartelamientos militares, en los seminarios religiosos o en los buques de piratas) sin autoidentificarse como homosexuales. Muestran abiertamente su inclinación heterosexual (se desposan heterosexualmente, procrean y socializan hijos biológicos, etcétera), pero ciertas condiciones o expectativas los llevan a realizar prácticas homosexuales. Para la sobrevivencia de la especie, esto no es problema. La opción homosexual tampoco lo es. Se puede obtener integración personal vía la sexualidad en todos los casos, aunque las discriminaciones la dificulten y afecten. Y, por medio de la integración personal, una mayor capacidad de reconocimiento y encuentro y solidaridad (empatía) con otros. O sea, una elevación del comportamiento moral. Una “elevación” moral resulta imprescindible para el actual mundo al que se puede caracterizar por procesos que aparentan no tocarse: alta estratificación de mercados universalizados, guerras geopolíticas a las que se asigna inspiración étnica, abierta producción de no-personas, migraciones forzadas, matanzas impunes, etcétera.   
   
   Conversación en el café

   Esta parte de la presentación tiene lugar en un café porque algunas personas estiman que si se habla de algún texto bíblico necesariamente se ha de tener espíritu religioso y buscar refugio en templos. Por supuesto se trata de un prejuicio o estereotipo, o de sus combinaciones. Ya vimos que en la especie humana se puede comportar uno, o una, como heterosexual de tiempo completo y realizar prácticas homosexuales ocasionales. Esto no transforma a la hembra ni al macho en homosexual. Ni el homosexual que copula a una dama se transforma por ello en heterosexual. El símbolo sexual femenino creado por Hollywood, Marilyn Monroe (1926-1962), declaró haber tenido relaciones sexuales con otras actrices del período (Joan Crawford, por ejemplo), pero eso no le impidió casarse con varios varones o tener como “novios” a dos hermanos de la familia Kennedy. Eso sí, no tuvo hijos ni los adoptó. Y quienes la recuerdan, machos y hembras, la celebran como mujer. El problema es la “culpa” que puede ocasionar esto. De esto quizá se hablará más adelante.

   Y sentémonos en el café. Se recordará que el pueblo hebreo se dio un libro que le fue revelado o dictado por su Dios. Se le conoce en América Latina como la Biblia (El Libro). Usualmente, en su versión cristiano-católica. Esto quiere decir que se lo conoce poco, porque los católicos, laicos y curas, no son grandes lectores bíblicos. Los segundos repiten textos escogidos para sus liturgias y períodos clericales, instruyen en su significado para el día a día de la existencia cotidiana, y amén. Por supuesto, pueden darse grupos de laicos que estudian y discuten el libro, pero lo que ellos aprenden o maduran no pasa a la institución. Para esta iglesia la lectura de El Libro la hacen sus funcionarios profesionales, los clérigos, a quienes se considera doctos o sabios o, peor, sagrados. En realidad, los mejores no pueden pasar de paráfrasis. Y los peores no salen del amén. Para ellos vale el dicho autoritario de que no hay nada o poco que leer y mucho que creer. Esto no quiere decir que no existan prácticas pastorales religiosas sensatas. Pero ahí se trata de otra cosa, de otro sitio epistémico. Y, por ahora, no es tiempo de tratarlo.

   Bueno, el relato hebreo que remite al sexo, un mito, se encuentra en el Génesis. Todos hemos oído algo de este libro de alguna manera, usualmente inexacta. Por ejemplo, una mayoría cree saber que el Dios Católico (primero hebreo) creó lo que existe de la nada. Pero eso no es lo que afirma el Génesis (primer capítulo de El Libro). Reza: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Cito desde la traducción de 1960, Reina Valera. O sea que antes que Dios creara algo ya existían las tinieblas y las aguas. Y un Abismo. El texto sigue con una pelea: Dios la emprende contra aguas tumultuosas y contra oscuridades que quizás qué ocultaban y contra el abismo. En el mito judío la creación se sigue de una lucha. Vaya a saber el Espíritu Santo por qué le enseñan a uno que fue algo pacífico. A las guerras las sostienen la voluntad y el deseo. Sin voluntad y deseo no hay General, Ingeniero o Arquitecto que valga. Y cuando Dios en el mismo relato mira lo que ha logrado y lo encuentra bueno es porque ganó la batalla. No escucha por el oído izquierdo, le volaron tres dientes y renquea, pero ganó. Hasta sus dolores le parecen buenos a quien gana.

   Lo que afirma, entonces, el Génesis hebreo no es que Dios crea el mundo y está en él, sino que le da un orden a un mundo en el que ya residían las tinieblas, las aguas maremoto y un abismo tal vez creados por otros dioses de otras religiones. Filósofos de inspiración judía, pero no religiosamente judíos, harán de este orden hebreo una necesidad histórica y moral absoluta y por ello racional: todo lo real es racional, que puede aplicarse o a la reproducción consolidada del orden vigente (Final de la Historia), sin homosexuales (Dios no creó ninguno), o a una sentida por determinada necesidad humana de transformar todo para que, en una realidad procesual sin término y sin finalidad necesaria, quepa todo lo humano, inevitablemente finito. Y, con todo lo humano, homosexuales y heterosexuales y todas sus estaciones intermedias y algunas otras azarosas que aparezcan por el camino. Se trata de estaciones de la imaginación y el deseo que condujeron al Dios hebreo a escupir tres dientes. Él hubiera preferido no perder ninguno. Y su pueblo elegido resolvió no reconocer nunca la existencia de otros dioses, aunque existan. Una mayoría humana puede creer preferir también que no existen homosexuales ni prácticas homosexuales. Pero existen. Los individuos de la especie se conceden prácticas homosexuales, las disfrutan peor o mejor, y la especie produce homosexuales, biológica y culturalmente, tal como produce heterosexuales que pueden encontrar algo que imaginan/desean en prácticas homosexuales. Tal vez buscan en ellas algún diente perdido en una pelea o en un sueño. Tal vez solo buscan. O intentan buscar. Digamos que el orden del mundo no está exactamente ajustado en relación con las potencialidades de los seres humanos que lo habitan. Se producen conflictos, sujeciones, liberaciones, diferencias, gradaciones. Enfrentamientos. Los individuos están siempre encontrándose y desencontrándose a sí mismos. Produciéndose, digamos. Nunca terminamos de hacer esto. Más: nunca terminaremos.

   En el libro del Génesis se encuentra asimismo otro relato bastante universalizado. Es tan mítico y épico como el anterior, el de la pelea del Dios hebreo, pero su final resulta o trágico o sencillamente sociohistórico. Aunque no ha de olvidarse que se trata solo de la imaginación judía. Quienes construyen mitos son parte de pueblos que están en proceso de conferirse identidad y para ellos la coherencia del relato no es tan importante como la coherencia socio-cultural efectiva, o sea política. Por eso inventan (o inventamos) cosas. Forma parte de la capacidad humana.

   El mito a que me refiero está en los capítulos 2 y 3 del Génesis. Son capítulos curiosos porque en el capítulo antecedente, el 1, el procedimiento mediante el cual Dios crea a la hembra humana es el mismo con el que creó al macho: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. // Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” O sea, los creó a su imagen, creadora y luchadora, dominante, deseante, e iguales y, también, a diferencia de él, sexuados. Si leemos con más calma hizo a los seres humanos sexuados para que se entendieran, dentro y fuera de la cama, para que se cooperaran. Estaba de buen humor Dios ese día, pese al castigo recibido.

   Pero este buen humor se le pasó pronto. En los capítulos 2 y 3 se narra una diferente historia, también mítica. Aquí, el texto cuenta algo como si la letra del capítulo 1 no hubiese existido. En el capítulo 2, el macho Adán, puesto por Dios, está solo, no hay televisión ni Internet y se aburre. Ni se le pasa por la mente autoentretenerse, aunque ‘sabemos’ que habría sido creado con sexo. O tal vez no lo tiene. Como lo ve distraído o errático, Dios lo duerme, le extrae una costilla y de ella surge Eva o Varona. Obviamente Eva no es igual a Adán. Adán fue creado a imagen y semejanza de Dios. Eva surge de una costilla de él. El surgir de una costilla la hace medio boba o curiosa o ambos. Seducida por una serpiente, que en esa época hablaban, come del árbol/fruto prohibido que, en realidad, solo le había sido prohibido a Adán. Eva no existía cuando se notificó a Adán de la prohibición. Por lo tanto ella podría presentar un caso legal respecto de lo que va a ocurrir. Excepto que la notificación de Dios a Adán, contenga transferirle a Adán la capacidad divina de notificar sacralmente a Eva. La interpretación es plausible porque la función de Adán en el Paraíso consiste en darle ‘nombre’ y ‘naturaleza’ a los entes vivos. Entre ellos, a la hembra humana que ha surgido de su costilla. En esta versión de la creación de la especie (en el seno del orden de Dios) existe una jerarquía humana que no se da en el primer relato (capítulo 1 de El Libro). En el segundo relato el macho resulta activo (fuente de existencia), aunque ingenuo, y la hembra es delegada aunque curiosa y oscuramente débil. El ‘oscuramente’ cabe porque es ella quien desobedece la notificación de Dios. A su manera, resulta independiente y fuerte. Altera un orden debido. Es inmoral. Como Dios.

   Para no parecer especialmente erráticos digamos que las distancias entre el capítulo 1 del Génesis y los siguientes se deben a que sus redactores humanos no son los mismos. O sea, que tal vez Dios dictó el texto, pero quienes lo escuchan y repiten y después lo escriben son seres humanos y redactan en momentos históricos muy distintos. Haciéndolo breve, el texto en el que Dios crea iguales a machos y hembras de la especie es una interpolación muy posterior al texto del capítulo en el cual Eva surge desde una costilla de Adán. Narradores distintos en épocas distintas cuentan las cosas de una manera distinta. El Libro, en realidad, se compone de relatos no siempre encajables o concordantes. De cierta manera, El Libro no es tal.

   Retornando a las opciones sexuales, al homosexual masculino en culturas patriarcales suele ridiculizársele como mujer en cuanto se lo asocia con la Eva estereotipada del segundo relato bíblico. El homosexual masculino sería un macho falso porque ‘se raja’ o abre, como la hembra estereotipada. Por ello, débil y dependiente. Macho afeminado. Un obispo costarricense, de quien se rumoraba, por ciertos giros, que era homosexual, declaró en una entrevista que lo suyo era solamente “modos”, pero que él era muy macho, musculoso y con pelos en el pecho. Se hacía una curiosa imagen del homosexual masculino. En cambio, de la mujer homosexual, o lesbiana, se desconfía porque resulta autosuficiente, sola o con pareja femenina o grupo. Para cierto imaginario se comporta masculina. Indebido. Como Dios. La costilla bíblica inicial se ha dado un poder que la potencia para no depender de Adán en un tema fundamental: amar y hacer el amor. Sentirse alguien por sí mismo. La mujer homosexual pone de relieve así otro carácter (que en la especie ha existido siempre) de la sexualidad de la especie humana. No está ahí esa sexualidad solo para engendrar hijos y criarlos, sino también para integrarse personalmente y para disfrutar. Para autoconferirse identidad, disfrutarla y ofrecerla a otros. Sexualidad, libido, erótica e identidad vienen en paquete común para la especie. Por esto la imagen/referencia a salir del clóset resulta estereotipada y pobre. Conceptualmente el clóset nunca ha existido para la especie. Dentro de un clóset la imaginación tiende a apagarse. Asumir este apagamiento como normal no resulta factible para la experiencia humana. Luego, o todos estamos dentro de él o todos estamos entrando y saliendo de él. El clóset cerrado, imagen impropia, es una metáfora de un cierto orden moral. Pero la opción sexual, y sus acciones, como narra el Génesis, precede a toda moral en la especie. Primero es la sexualidad, con sus tanteos y disfrutes y llantos… y después las instituciones morales que pueden acompañar, e incluso intentar darles carácter, a las instituciones sexuales. Y muchísimo después, las sanciones religiosas de los ‘órdenes’ morales. Eso es lo que enseña Eva. O sea la lesbiana.

   No se vea arbitrariedad ninguna en la aproximación anterior. La especie es social y sus determinaciones elementales pasan por el trabajo y la reproducción sexual. Como la especie es asimismo cultural, su mundo debe ser enseñado (comunicado) todo el tiempo a todo el mundo humano e incluso a otras especies. Tramando la convivialidad de la especie (y también sus agresiones) se encuentran el trabajo, la sexualidad, la comunicación. Las tres demandan integración en los individuos. A ese mundo puede llamársele clóset. Pero nunca está cerrado. Y en él no puede darse nunca ningún fruto prohibido excepto por consenso relativo y por algún tiempo. La lesbiana serpiente sabe esto. Sabe que el clóset se cerrará, es decir dejará de ser, cuando ningún ser humano lo habite humanamente. Por lo tanto, ella asume el esfuerzo de intentar mantenerlo abierto.

   Se recordará que dentro de la lógica del redactor de los capítulos 2 y 3 del Génesis no depender de Adán equivale a no depender de Dios (no considerarse inevitablemente sujeto a él). Eva o Varona representa antropológicamente la figura del tanteo, figura que expresa la condición humana. Si los seres humanos no tantearan, no podrían conocer porque no nacen sabidos. En cambio sí nacen con la potencialidad y posibilidad de conocer. En el Jardín del Edén, el macho Adán no requiere conocer porque él le entrega su naturaleza a los entes por la vía de nombrarlos. Grita “¡pez!” y el pez inmediatamente contesta “¡Presente!” Adán musita ‘loro’ y el loro replica “Presente”. Para cada ente presente, hay que añadir un ‘Adán’. ¡Canguro! “Presente, don Adán”. Y quien replica “¡loro o canguro presente!” ya no puede nunca más ser una lora o una esponja o un caballo. En este mundo perfectamente establecido, donde todo concuerda, porque no puede ser de otro modo, Eva o Varona, la mujer, hace parte de una minoría. La minoría de quienes creados dependientes se tornan, no importa cómo, independientes, autónomos. En esa minoría, Eva es hembra humana y al mismo tiempo la serpiente. En realidad, la serpiente no existe o porque es ¡Serpiente Presente! enteramente realizada de una vez y para siempre por nominación adánica, o porque no pertenece del todo al Paraíso (excepto como el lado negado de su fuerza), cuestión incompatible con el mito de la Creación contenido en el Génesis. El mito de La Creación desea remitir a una totalidad sin afuera (aunque ya sabemos que la posee). Por lo tanto la serpiente escenifica a Eva, es Eva, o sea la condición humana bajo su forma femenina y de serpiente. Representa, religiosamente, la trasgresión, y con ello la posibilidad de una (o muchas) liberación. Si se lo prefiere, la libertad humana con sus alcances, una responsabilidad.

   Como se ve, el macho Adán es figura menor en el Paraíso. Aunque parece el señor, es solo actor en una obra que él no ha creado. La mujer-serpiente en cambio, actúa desde sí misma. No puede hacer otra cosa porque es humana, no divina. Adán no es enteramente humano (es solo un funcionario, un burócrata del despacho de Dios) hasta que, quizás, forzado, se liga con el programa abierto por Eva: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.  Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”. (Génesis, 2). Es la primera vez que Eva y Adán trabajan juntos: “… cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales”. O, sea, se reconocen y acompañan. Solidarizan. Se trata del nacimiento humano de Adán. Este nacimiento se caracteriza por el trabajo compartido, social.

   Este nacimiento humano de Adán resulta intolerable para Dios. Por ello, rechaza los vestidos que la pareja humana ha producido para sí y los viste con ropa que Él estima apropiada: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis, 3).

   Como se advierte, el nacimiento de la especie, en el mito judío, refiere una verdad aunque con algunos sesgos: la especie humana consiste en su autoproducción en condiciones que ella no determina.  Esta autoproducción no puede desligarse de su sexualidad, su imaginación/deseo/discernimiento y el trabajo. La autoproducción retorna sobre sí misma como responsabilidad. Desde estas condiciones básicas es que han de discutirse tanto las acciones homosexuales como la opción homosexual de existencia humana.

 

   Conversación esta vez en un negocio de autolavado de ropa donde obsequian el detergente

   En los mitos hebreos contenidos en el Génesis y transferidos como propios por los cristianismos el tema de la responsabilidad humana aparece por su cola, no por sus condiciones de producción y su carácter: o sea como castigo y maldición, es decir por sus resultados. Son de sobra conocidas las sanciones de Dios. “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

  Podríamos dejar a la serpiente en paz, porque ella es Eva, y quien redacta lo que Dios dice lo reconoce declarando a la hembra esquizofrénica, pero démosle un sitio. Dios informa a la culebra: “…maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.  Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Se trata obviamente de una imagen de pastores y agricultores y por tanto quedan sin castigo las serpientes arbóreas, las de mar y las que no muerden, solo asfixian, por citar tres. Sin embargo, como viene de Dios, la sentencia es terrible: introduce una enemistad irreversible entre quienes son parte de lo mismo, una brecha y una guerra que las envilece a ambas. Nada de amistad entre mis creaturas, es el castigo de este Dios hebreo, nada de integraciones, nada de solidaridades contra mí.

   Estos castigos tienen sus complicaciones. En el capítulo 1 se indicó a la pareja que creciera y se multiplicara. Como la especie es sexual, tendrán que llevar a cabo la segunda indicación mediante nexo genital. Simplificando el asunto: él usaría su pene y ella utilizaría su vagina. Por supuesto, no basta para tener hijos, pero para nosotros aquí es suficiente. Desde luego si existe solo una hembra y un macho, un solo pene y una sola vagina, no puede elegirse la homosexualidad, aunque sí la autogratificación. Luego, incluso en el sucinto relato del primer capítulo del Génesis existen al menos cinco prácticas sexuales genitales posibles: copular heterosexualmente para tener hijos, copular heterosexualmente para gratificarse y además tener hijos, autogratificarse o masturbarse (para sentirse bien) solo o en pareja, y mirar masturbarse al otro o mirarse mutuamente. Se abre una quinta opción: entusiasmarse cultural y eróticamente con el Jardín de las Delicias. Hasta el orgasmo. Para esto no se requiere de genitales. Las prácticas sexuales indicadas no resultan mutuamente excluyentes. En un mismo día podrían dedicarse algunas horas a unas y otras horas a otras.

    Lo que interesa es que la sexualidad humana, incluso en el reducido marco del inicial imaginario mítico hebreo, se abre a distintas prácticas, no a una sola.

   Desde luego Eva y Adán no podían tomar la opción homosexual. De hacerlo, no se habría dado especie humana. Pero tenían otras rutas, además de la heterosexual con producción de bebés, propia del programa oficial de la Creación. Ya las indicamos. Y además señalamos que Eva come del árbol prohibido porque ello le proporciona integración personal. Disfruta comiendo del árbol prohibido. Se exalta. El cronista bíblico no lo dice, pero pueden presentirse orgasmos.

    Eva disfruta. Porque si no lo hace, ¿a qué tanta furia y saña divinas? Por ejemplo, si la mujer es condenada a un embarazo y parto torturadores solo después de romper el orden, debe suponerse que antes de romperlo embarazo y parto no lo eran. Equivalían a miel sobre hojuelas. El tema de la supeditación a un amo macho (el marido) ya hemos visto se sigue de un criterio patriarcal determinado por la propiedad derivada… del trabajo. Se condena al macho a trabajar penosamente la tierra y a morir trabajando. No tendrá espacio ni oportunidad para el placer. Más: deberá sospechar del placer. Se le condena a no disfrutar del mundo, a no imaginarlo (y pintarlo) distinto a lo que es --y es brutal--, se le condena a no ser erótico. Se condena al macho a no desear. Y a la mujer, a buscar la muerte porque su existencia estará llena de rebajamiento, dolor y odio.

   No estamos ante un relato para niños. Por fortuna es solo la narración mítica de un pueblo primitivo que lidia con la escasez y al que acechan la dominación y la muerte.

   También interesa que hay Alguien que castiga implacablemente porque no se ha cumplido con lo debido. Se trata de una Autoridad moral a la que debe entenderse como política porque desea determinar la sociabilidad. Suele afirmarse que el ser humano es un animal moral, o sea que tiene deberes (modernamente se han añadido derechos) ligados con intenciones y finalidades. Si no cumple con los deberes, la hembra humana y el macho humano se degradan o envilecen y eso es negativo. Cumplir con los deberes resulta así positivo. Lo que resulta positivo es bueno y lo que resulta negativo es malo. La práctica moral resulta buena y la inmoral mala. En términos básicos la mayor parte de esta descripción es correcta. Su deformación proviene principalmente de dos factores que suelen concurrir: a) que lo considerado bueno o moral siempre será bueno (suele añadirse que vale universalmente), y b) que su valor universal y eterno proviene de algún factor sobrehumano, por no situacional, o abstracto. Puede aparentar no provenir de Dios o de una motivación universalista. Pero sus alcances son compatibles con la existencia de un Dios: “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”.

   Por el contrario, lo bueno y malo para el comportamiento humano se gesta y proviene de una experiencia de vida en el muy largo largo plazo de la constitución evolutiva de la especie ( ) a la que se añaden, en diálogo tensionado, patrones e insumos culturales determinados por las situaciones diferenciadas de existencia de las distintas agrupaciones humanas y su peso en la memoria de esos colectivos. La memoria de las agrupaciones humanas, y con ella las formas debidas de comportamiento para perdurar tiene al menos un proceso de 200.000 años. Las religiones, de las que se suelen derivar criterios morales, más antiguas ligadas al homo sapiens (mesopotámicas, egipcias) no llegan a los 6.000 años de existencia midiendo con holgura. El judaísmo abrahámico 4.000 años. El cristianismo, 2.000 años. Las religiones con sus ritos y liturgias y sus doctrinas se arriman tardíamente a la extendida historia de la producción de la especie. La especie ha existido más tiempo sin religiones institucionales que con ellas, aunque emociones y sentimientos que podrían considerarse religiosos (culto a los muertos, animismos, totemismos, etcétera) ha habido siempre. Por ello, ideas sobre lo socialmente debido (lo que abre a la vida y permite mantenerla y reproducirla), o sea una moral con sus instituciones, institucionalizaciones e identidades son muy anteriores a las religiosidades doctrinales o sistemáticas. Existe una moral sociohistórica con contenidos (no al incesto, por ejemplo), entiende a tu enemigo pero no lo ames, por ejemplo, y procedimientos (rituales guerreros, civiles, patrones económicos, formas de casamiento) a los que pueden asociarse sentimientos religiosos y, muy posteriormente, doctrinas religiosas. Pero la especie humana y sus distintas sociedades se han dado desde siempre comportamientos morales diferenciados y básicamente orientados a sostenerse y reproducirse.

    En relación con esta moral ‘natural’ (nada en el ser humano resulta puramente ‘natural’) es que surgen específicos ordenamiento debidos (instituciones y lógicas institucionales) y aceptados colectivamente primero como necesarios (en el sentido de imprescindibles) y, posteriormente, como ‘cultura’, o sea como patrón interiorizado de conducta, como subjetividad e identidad personal y social. Es en relación con ellos que debe discutirse la pertinencia o impertinencia de la acción homosexual o de su opción en la especie.

   Ya vimos: Eva y Adán, aun atendiendo al deseo de Dios, podían elegir entre una variedad de acciones sexuales, pero tenían negada la opción homosexual permanente. Esto, porque en el mito hebreo la sociedad originaria se compone de solo una pareja. Sin embargo, si hubiesen buscado gratificarse, algo que reside en sus genes, podrían haber combinado la cópula reproductiva con sexo oral y anal. Para ello el mandato de “creced y multiplicaos” exige ser ampliado: crezcan, multiplíquense y gratifíquense en ello. Siéntanse ustedes mismos. Sexo reproductor ligado permanentemente con amargura y rencor, rudeza y sobrerrepresión o con afirmación de un individuo por encima de la pareja y de la sociedad, podrían rematar con la muerte de Adán, la esterilidad de Eva, el infanticidio y una disolución de la sociabilidad inherente a la especie. O sea, con la guerra. No se trata entonces solo de copular para tener hijos, sino de copular para integrarse personalmente y para levantar y sostener una identidad comunitaria. En esto, copular no se diferencia en nada de salir a cazar dinosaurios. Para cazarlos, a ellos o a las ardillas, o recolectar bayas, se requiere trabajo en equipo, reconocimiento y acompañamiento de los otros, solidaridad, empatía por el esfuerzo colectivo. Producción de identidad comunitaria. Entusiasmo que facilita sobreponerse a la fatiga. De aquí se siguen valores y prácticas que encarnan esos valores. O sea, una moral. Un comportamiento ético.

   No he acentuado la principal “belleza” que se sigue de una lectura factible de estos textos del Génesis. Eva y La Serpiente, y en menor medida Adán, todos ellos jóvenes, ganaron la posibilidad de producir un mundo en el cual la existencia e inexistencia de árboles prohibidos resulta de la voluntad de ellos, de lo que estimen apropiado. Ya no juguetean en un Jardín de las Delicias que básicamente consiste en una prisión porque en él existe un Gran Carcelero.  Son libres para intentar instalar un mundo sin prisiones (lo que no quiere decir sin restricciones, como se verá) o con ellas. Digamos, han sido puestos en libertad para producir sus condiciones de existencia (identidades). Como “pago” de esta libertad, morirán. Pero su muerte inevitable lo único que acentúa es la voluntad de articularse constructivamente con todos los seres humanos: Negros, Blancos y Rojos. Mujeres y Varones. Adultos, Niños, Jóvenes y Ancianos. Homosexuales y Heterosexuales. Y desde esta articulación constructiva, hecha posible por sentimientos de reconocimiento y solidaridad que se extiende más allá de la especie singular, ganarse una muerte sabiendo que otros los seguirán en el proceso. Trascendencia inmanente le llaman a este tipo de superación humana de la muerte. Ante ella, ninguna iglesia o institución que divida. Pero hay que ganársela.

   El neerlandés Frans de Waal, uno de los principales estudiosos de los primates en el mundo, ha encontrado que los bonobos, una variedad de chimpancés, son capaces de manifestar altruismo, compasión, empatía, amabilidad, paciencia y sensibilidad. Desde ellas, razonan y existen políticamente. La experiencia del neerlandés puede leerse, por ejemplo, en “En busca de la ética entre los primates. El bonobo y los diez mandamientos”. Peculiarmente, las relaciones sociales entre bonobos se siguen de su comportamiento sexual. Utilizan el sexo para bajar tensiones, resolver conflictos y mantener integrado y feliz, o al menos sin tensiones extremas, a los individuos y al grupo. Su lógica política es matriarcal. O sea, dominan las hembras. Entre los bonobos la homosexualidad masculina y femenina, el reconocimiento y halago mutuo, es condición de su sociabilidad. Es poco probable que los bonobo tengan un concepto para diferenciar y oponer homosexualidad y heterosexualidad.

   Por supuesto los seres humanos no somos idénticos a los bonobo. De hecho aparentemente nos aproximamos más los chimpancés (Pan troglodytes), también cercanos genéticos. Los chimpancés se muestran asimismo capaces de empatía, sensibilidad y compasión. Pero resuelven parte de sus conflictos mediante la vigilancia y la violencia y un orden implacable sostenido por un macho alfa. Los chimpancés machos y hembras también realizan acciones homosexuales. Pero no utilizan su sexualidad para aminorar conflictos y tensiones. Su lógica política es patriarcal. Coinciden con los seres humanos en determinar “absolutamente otros” a quienes se debe agredir y alejar y “aliens” a los que se valora ominosos y a quienes se requiere exterminar.

   La distancia entre las sociedades de bonobos y chimpancés nos recuerda que la sexualidad humana puede utilizarse tanto para procrear como para integrarse uno mismo como persona y ofrecer a otros una personalidad integrada. No se trata por fuerza de elegir una u otra porque ambas son compatibles. Sobre la distancia entre heterosexualidad y homosexualidad humanas la pregunta no es cuál de ellas es buena o mala (ambas han coexistido siempre en la especie), sino cuánto aportan cada una de ellas a la integración personal y a la empatía y solidaridad comunitarias o social. Y, por supuesto, no existen la homosexualidad ni la heterosexualidad. Existen personas humanas homosexuales y heterosexuales. Personas situadas. Todos ellas, mujeres y varones, tienen capacidad para empatizar, coordinarse, producir bebés o criarlos. Pero también todos ellos tienen capacidad para producir desagregación, violencia, envidia, sufrimiento y muerte.
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   Conversación

   Mirna, Gonzalo (Costa Rica).- Nos quedamos en el principio. Usted señaló hablaría del comportamiento humano homosexual y de sus características políticas en las sociedades latinoamericanas. Pero nos habló de los bonobos y de un libro de la Biblia. Estimamos nos quedó debiendo.

   HG.- Todo discurso queda siempre debiendo porque en cada uno de ellos concurren muchos hablantes. Pero no me defiendo si afirmo que me acerqué a lo que dije que diría. Sobre el comportamiento humano homosexual señalé que lo compartimos con otros grupos cuyo ADN es muy cercano al nuestro. Precisé que tanto el comportamiento heterosexual, amor digamos, como el homosexual, hacen parte de sentimientos positivos en la especie: reconocimiento del otro y afirmación de la identidad personal. Advertí que cualquier población humana, desde el punto de vista de su práctica sexual, no se escinde y polariza en hembras puras y machos genuinos, y que la sexualidad la ejercen sus individuos en una línea sin solución de continuidad en la que existen varias estaciones. Me faltó aquí insistir en que un desafío para quienes optan por la homosexualidad es encerrarse en guetos porque ello contribuye con el estereotipo de la polarización: nosotros los buenos y normales aquí y ustedes los perversos y anormales allá. Las polarizaciones socio-culturales y geopolíticas estimulan lo que la especie y sus individuos tienen de agresivo y destructivo. Conviene cautelar este aspecto. Y en cuanto a la política y lo político en América Latina, ellos están directamente ligados a la entronización colonial: dio a nuestros marcos categoriales e imaginarios caracteres cristiano-católicos y señoriales, en un solo paquete. Por eso realicé una lectura no autoritaria de capítulos del Génesis y rescaté en ellos la sexualidad original en el mito hebreo y el papel subversivo de Eva y de las mujeres en la eliminación, sin guerra civil, del patriarcado y en un avance, hasta hoy malogrado, hacia civilizaciones determinadas por el encuentro, el reconocimiento, la empatía y la solidaridad. Es decir, avancé una lectura evangélica, obviamente política, del Génesis. Ahora, ignoro en qué momento ustedes se desconectaron, pero si fue para mantener una sesión de sexo en grupo y se respetó la timidez de los más tímidos y se utilizaron condones, su desconexión me parece acertada.

   Hertha (Costa Rica).- En varias ocasiones le he escuchado referirse a la posición de la Iglesia Católica sobre la sexualidad como restrictiva. Pero estimo que ella defiende la familia y ello la hace no restrictiva sino propia de sociedades que desean mantener la seguridad de sus bases sociales e individuos. Usted parece abogar en cambio por la promiscuidad y los desenfrenos.

   HG.- La posición institucional de la institución católica respecto de la sexualidad humana es determinarla como legítima solo para la pareja heterosexual, casada y orientada hacia la producción de hijos y su crianza. Su posicionamiento se sigue de una voluntad atribuida a Dios. Por supuesto se está abogando por un tipo de familia, la nuclear heterosexual monogámica. Pero las diversas agrupaciones humanas se han dado en la historia distintos tipos de familia y también de matrimonio. Y todas han estimado que sus propias institucionalizaciones cumplen adecuadamente, con las tensiones y conflictos propios de los marcos situacionales de las decisiones humanas, con lo que esperan de ellas. Por ejemplo, un tipo de matrimonio consiste en que la pareja vive un tiempo junta en la casa de los padres de ella y si las cosas van bien (se mide porque la novia queda embarazada después de un año), entonces la pareja se considera casada y la desposada sale de la casa de sus padres. En otro, los novios pertenecen a poblados enemigos y tanto la ceremonia como la velada nupcial muestran a la novia batallando duramente para que no la arrastren fuera de su casa y, posteriormente, para que el novio no la someta sexualmente. La idea es que ella también puede salir vencedora de la cama, aunque ignoro los alcances de esta “victoria” de la novia para el novio. Hoy muchas parejas urbanas resuelven convivir sin contraer matrimonio y sin buscar hijos. Se acompañan y colaboran, tienen relaciones sexuales, pero no se comprometen permanentemente. En cuanto a la familia, la más numerosa no es la nuclear sino la extensa y su organización puede contener varios maridos o varias esposas, vínculos ligados monogámica, poligámica o poliándricamente, y en su seno pueden compartir varias generaciones consanguíneas. Por supuesto existen asimismo familias monoparentales y también se lucha hoy porque se reconozca la familia homosexual. Las migraciones no deseadas han ido gestando asimismo otras variedades de familias. “La” familia, desde este punto de vista, no existe. Lo que existe son “familias”, en plural. Tanto el matrimonio como la familia son instituciones económicas y socio-culturales. La mejor manera de defender las diversas expresiones de familia pasa no por imponerles un modelo sino por políticas económicas que permitan a todos sus integrantes satisfacer sus necesidades básicas: techo, comida, vestido, educación, salud y reconocimiento humano.

   En cuanto a la sexualidad, determinarla exclusivamente como medio de procreación y crianza, matrimonio heterosexual previo, resulta reductivo y empobrecedor. Estamos hablando de un motor de la existencia, el impulso sexual. En la especie humana es factor identitario y de integración personal. El primer empobrecimiento mencionado se prolonga y refuerza porque los esposos han de ejercer su sexualidad “…en los límites de una justa moderación” y sin utilizar métodos anticonceptivos no-naturales. Condones y pastillas son calificados de “intrínsecamente malos”. Tanto como el aborto. Sexualmente ofenden “la castidad católica” (que es en parte una gracia), entendida como cautela y dominio de sí,  los vínculos fuera del matrimonio (fornicación), lujuria, masturbación, la exhibición pornográfica o verla, prostitución, violación. Por fuerza, aunque no se mencionan en el catecismo, el sexo anal, oral, en grupo y los “orgasmos” femeninos y masculinos “excesivos” (estos últimos pueden conducir a la idolatría, al menos en Alemania, según Benedicto XVI). No queda claro mediante qué mantras se podría arribar a orgasmos no-excesivos, debido a que ellos en la especie se derivan del sistema nervioso involuntario. Esto, además de reductivo y empobrecedor resulta grotesco para una pareja sexualmente bien conectada. Padres sexualmente bien complementados (que alcanzan orgasmos plenos) probablemente funcionarán mejor dentro de sus familias y fuera de ellas.

   Lo peor del carácter reductivo y empobrecedor de la perspectiva católica sobre la sexualidad conyugal (nótese que me adapto a sus reglas) es que esta iglesia no se da una política agresiva entre sus fieles para que ella se cumpla. El objetivo parece claro. Como la doctrina resulta irreal (tal vez lo fue menos en el siglo XIII), feligresas y feligreses mayoritariamente no la cumplirán y algunos, espero que cada vez menos, se sentirán avergonzados y “pecadores”. El clímax sexual elevador de espíritus vuelve a crucificar a Cristo Jesús. Quisiera recordar asimismo que para la doctrina católica el pecado básico no se comete sino que “se contrae” por el hecho de nacer humano y, en este caso, sexuado. El pecado por nacer humano se atenúa con el Bautismo. Contraer el pecado sin realizar acto alguno, según la misma doctrina, no se puede explicar. Es un “misterio”. Si el asunto no tuviera alcances dramáticos, resultaría jocoso.
   
   Milton (Costa Rica).- El Papa Francisco parece tener una posición más flexible hacia la sexualidad y la familia que sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, con sus opiniones sobre el divorcio y la aceptación de los homosexuales.

   HG.- El papa Francisco dice informalmente muchas cosas a los periodistas, pero algunas de ellas tocan cuestiones doctrinales de la institución que él representa y los periodistas parecen no entenderlas del todo. Por ejemplo, él no aboga por el divorcio, sino por la anulación del matrimonio católico si existe razón para esa anulación. Por ejemplo, que los contrayentes se hayan desposado para ocultar un embarazo. Pero doctrinalmente el matrimonio es un sacramento. Si se casaron y no existe razón para anularlo, las personas siguen casadas para siempre. Solo el aparato administrativo de la Iglesia puede anular un matrimonio. También el Papa desea que se dé un mejor trato institucional a quienes han conseguido una anulación.

   En cuanto a la acción homosexual y a los homosexuales el Papa remite al Catecismo de su institución. Y éste es claro: “… los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Se trata de “depravaciones graves” que “No pueden recibir aprobación en ningún caso” (#2357). Los periodistas normalmente no han leído el Catecismo e interpretan que Francisco está abogando por una legitimidad de la acción y opción homosexual. No hay nada de eso: un homosexual es aceptado por la iglesia católica si no actúa como tal (# 2357, 2358). Ahora, es evidente que un homosexual que no homosexualea no califica como tal. Nadie llamaría ciclista a alguien que nunca ha montado en bicicleta. Para cambiar un posicionamiento doctrinal, el Papa tiene que convocar a algún tipo de reunión conciliar y allí su propuesta se va a conocer, discutir y votar. Entonces una cosa son declaraciones a periodistas, declaraciones para nada vinculantes, y otra obtener apoyo institucional para modificar criterios doctrinales. Mi opinión es que el papa Francisco en este momento no tiene ese apoyo interno, si es que efectivamente desea cambiar algo sustancial.

   Minor (Costa Rica).- ¿Por qué la posición doctrinal católica es tan dura contra los homosexuales?

   HG.- En el plano más elemental supongo que porque hembra con hembra y macho con macho no consiguen procrear hijos y eso niega la finalidad que Dios ha determinado para la sexualidad. Resulta así “antinatural” y “pecado”. En un plano más social, la acción homosexual se sigue de la fuerza de una libido (energía sexual) difícil de dominar porque contiene factores conscientes e inconscientes. Entonces resulta una de las fuentes de ‘pecado personal’ más seguras. Atender y perdonar pecados de inspiración sexual, incluso imaginarios, desear a la vecina o vecino, por ejemplo, tiene un amplio mercado asegurado. Buen negocio. Se cobra por el deseo, la inseguridad y la culpa. Y se presume de “limpieza”.

  

   Minor.- Usted caracterizó a la especie como promiscua y a la vez flexible. ¿Contiene ello una antropología?

    HG.- No en el sentido de ‘científica’, pero sí una opinión tentativa, una aproximación. Lo que parece caracterizar al ser humano es la intensidad de sus deseos/emociones y la capacidad, semiconsciente o consciente, para procurar alcanzar metas. La figura social de esto es la experiencia de contraste, que creo está en todos los individuos y grupos.

 

   Mirta (Chile).- No me queda claro por qué usted identifica a Eva con la serpiente. En la escena bíblica se trata de actores diversos. Está claro porque reciben castigos distintos. Y de su conciliación surge su enfrentamiento. Una aplastará la cabeza a la otra y la otra morderá el tobillo de la mujer.

   HG.- Mi lectura es intencionada, o sea voluntaria. Suele leerse el texto bíblico desde perspectivas muy tradicionales, inerciales, digamos. Tiene que ver con que el texto sería palabra de Dios para los creyentes. Los creyentes religiosos ocuparían u ocupan un lugar determinado en función de la palabra de Dios. A ese lugar sólidamente determinado lo llamo identificación inercial. La persona simplemente lo ocupa. El sitio lo está esperando ya completo. Tiene de todo. El lugar dice “mujer” y en él se instala una hembra humana. Está completamente a gusto, aunque de vez en cuando experimente escalofríos y tenga sueños extraños. El rótulo dice “hombre” y allí va un macho humano y lo ocupa. Para ser varón solo requiere leer las instrucciones del sitio. El texto bíblico dice “serpiente” y usted tiene claro qué puede esperarse de ella (en realidad, ni tanto porque esta serpiente habla y, al parecer, ya comió del fruto prohibido). El punto puede extenderse a todos los lugares sociales y afecta tanto a las acciones homosexuales como a la opción homosexual o transexual. Esto quiere decir, en parte, que no existe previamente un lugar social claro o predeterminado para alojar a un transexual o a una lesbiana. O mejor, existen dos lugares al menos perfilados: el que desea la sociedad o Dios asignarle y el que desea/procura la persona homosexual se le reconozca. La doctrina católica lo anatematiza como “depravado inaceptable”, que puede entenderse como un lugar social propio para un tipo sórdido de pecador que no se arrepiente de haber roto con Dios. La persona homosexual podría no aceptar o aceptar (con distintos grados) esa identificación. Si no la acepta, tiene la tarea de darse (construirse) la identidad efectiva por la que desea ser reconocido como persona. Este es un plano de la cuestión. En cuanto minoría, las personas homosexuales reciben identificaciones inerciales (sus acciones son juzgadas por ellas) pero pueden también darse su propia identidad y ofrecerla. Es la cuestión de la integración personal y de su alcance para la coexistencia social. Un tema identitario. Político, por fuerza.

   Pero la cuestión posee otro ángulo, que es el que intencionadamente privilegio para identificar los actores en el Paraíso. Cito a un grupo moderno, Los Beatles, en su canción “I am The Walrus” (Yo soy La Morsa). Su letra comienza así: “Yo soy él y tú eres él tanto como eres yo y juntos somos todos” (I am he/As you are he/As you are me/And we are all together). Digamos, un escenario social humano compromete a todas las identidades de quienes lo habitan. Nadie es alguien fijo y estable. Las identidades se mueven o traspasan o crean de acuerdo a un orden/desorden (o violencia social). En ese tiempo Los Beatles se disfrazaban de animales o adoptaban muchas expresividades poco usuales: Lennon era una morsa, McCartney un hipopótamo, Harrison un conejo, Starr un pájaro. Esta percepción (todos estamos en todos) me parece más certera que la de quienes narran la Biblia o la interpretan doctrinalmente como si Dios fuera independiente (una esencialidad no modificable) de la serpiente, Eva y Adán.

   Por ello acerco hasta identificarlas a Eva y La Serpiente. Hacen parte de la facción transgresora, una función posible en el Paraíso. Eva y La Serpiente son diversas e iguales en cuanto tales. Las personas homosexuales son diversas e iguales en tanto transgresoras y, al mismo tiempo, sociales. No pertenecen a otro orden, ni llegan de otro planeta, y por ello tampoco requieren salir del clóset.

   En mi lectura, La Serpiente, Dios, Eva y Adán terminan el episodio con una fiesta. Todos bailan, todos cantan y se congratulan y acarician. Cada uno es el mismo y también es todos los otros. Es decir su autoproducción. Todos, Dios incluido, se han liberado del Árbol Prohibido. Su tarea desde ahora consiste en seguirse produciendo libres. Este final me gusta. El final clásico es el propio de una mala fábula con final desgraciado incluso para Dios. Está hecho desde el temor y desconfianza hacia los otros que, según Los Beatles somos también nosotros. Entre los seres humanos y los dioses temor y desconfianza conducen a la guerra cualesquiera sean las plegarias que recites. Imagino el asunto de las identidades y responsabilidades quedó todavía más oscuro.

   Mirta.- No sé, creo entenderlo ahora de otra manera. Me parece que usted dice que la serpiente es Dios.

   HG.- ¿Es una expresión de Él, no? Así lo narra el cuento. Adán solo la nombró. Pero Adán también es La Serpiente. Es lo que proponen Los Beatles. La identidad no es algo que permanece fijo mientras se ejerce. No es una naturaleza. Se trata de procesos. Se contagia de los otros, de los entornos. Y, al mismo tiempo, una identidad propia consiste en un proceso permanente, exitoso o no, de apropiación de otros. El mito del paraíso nos presenta a un Dios que no desea reconocer que Él es responsable por La Serpiente, Eva y Adán. Es ellos. Les traslada la carga de la ruptura y, cínicamente, los maldice. Se parece a cónyuges que se disputan en un divorcio. Ninguno reconoce su parte de responsabilidad. El lío existe por sí mismo. Ellos no participan. Ahora le corresponde a usted pensar esto en términos de la identificación e identidad homosexual. ¿Existe algún Árbol Prohibido en Chile o Costa Rica? ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿Quién lo regó para que diese frutos que al comerlos potencian la exclusión?

  

   Néstor (Ecuador).- ¿El homosexual eleva el comportamiento moral? ¿Esa es su opinión? ¿Entendí bien?

   HG.- Esa es mi opinión. Pero usted formula su inquietud desde el estereotipo que reduce al homosexual masculino a la acción de una penetración anal, por ejemplo. El homosexual no se reduce solo a esa acción. Es una persona con existencia cotidiana, vida laboral y familiar, que llega al fútbol a apoyar a su selección nacional, que estudia, escucha música, ama a sus sobrinos pequeños y a su madre, por ejemplo. Lo mismo puede decirse de una lesbiana. No se reduce a sus acciones sexuales genitales. Es una persona que sostiene relaciones amistosas y amorosas permanentes o puntuales y consentidas con otras mujeres a las que estima afines. El homosexual no se estima pornográfico ni grotesco. Su opción sexual es la de una minoría que intenta inventar algo en un mundo que no favorece los inventos que cuestionan al sistema. La industria pornográfica es el sistema. La opción homosexual no lo es ni es tampoco negocio. En una mayoría de sociedades no constituye delito, aunque no sé si esto es enteramente bueno. Puede traducirse como “…dejemos a estos extravagantes darse gusto. De hecho constituyen un segmento del mercado”. En el continente americano solo Barbados, Belice, Granada, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago determinan la acción y opción homosexual como delito. Pero solo unos pocos países del mundo aceptan como legal el matrimonio y la adopción de niños por parte de homosexuales: Argentina, Canadá, algunos estados de México y EUA, Bélgica, España, Islandia, Noruega, Países Bajos, Portugal, Sudáfrica y Suecia. En Arabia Saudí y otros 6 países el homosexual puede ser castigado hasta con la pena de muerte.

   Hay una cosa interesante. Más que con una desviación del uso que se da a los genitales y al culo, la opción homosexual ha de ser entendida por su vínculo con la producción de una amistad intensa, una manera nueva de estar en el cuerpo (lo que implica una comunidad o encuentro de emociones y sentimientos, de gratitudes y esperanzas), de acercarse a otros cuerpos con los que se experimenta afinidad y deseo. Se trata de una búsqueda de permanencia.  En el mundo de las mercancías y del ‘compre, use, bote’ esto es disruptor.

   En un libro de Luis Negrón en que se patetiza a homosexuales, “Mundo cruel”, editado aquí en Costa Rica, en su primer cuento, el hijo de un pastor protestante no puede refrenar (ni siquiera se le pasa por la cabeza) su deseo de guardar poderosos penes en su recto. Solo entre las páginas 13 y 16 del libro el joven se abre o lía con un chofer de locomoción colectiva, otro hijo de pastor, el pastor que ese mismo día lo bautiza, un fiel de la iglesia, otro chofer. Durante ese tiempo recuerda a un cantante cristiano que fue su amante todo un verano, pero lo aburrió. El cuento termina en la página 16 mientras el chico, tras conseguir pene tras pene, estima que aún tiene culo para uno más: “Quería estar solo un rato y así despejarme un poco.  Sentir la frescura de la noche sobre el rostro. Y porqué no, ver además si me encontraba con algún tipo por el camino antes de llegar a mi casa”. Pero, con independencia de lo que estime el autor del cuento, su héroe no se determina tanto como el homosexual del que intentamos hablar aquí y sí como alguien con una disfunción que puede acarrearle la autodestrucción. Daría igual que su identidad biológica y ciudadana fuera la de una anciana o una chica de 15 años que no puede pasar cerca de un pene sin desear tenerlo adentro. La opción homosexual no implica disfunción ninguna. De hecho este héroe de la literatura de Negrón, con su actitud, a los 15 años ya debería ser portador de Sida. Copula sin condón y con cualquiera y en todo sitio. Existe centrado en su deseo individual. Los otros no cuentan. Su sexualidad no enfrenta nada ni crea horizontes de nada. Es más de lo mismo. Incluso en el sentido de que la opinión de otros, ni su salud e integración, no vaalen para él. Tampoco se esfuerza por encontrarse identitariamente en una búsqueda compartida y de vida y, por el contrario, se abandona al trasiego mercantil y a su incomunicación, aunque no compre ni venda nada, y a la muerte.

   Lo que acabo de narrar, lo escrito en el cuento de Negrón, es uno de los estereotipos más reiterados acerca de los homosexuales: un promiscuo ardor anal y rectal que no les permite estar sino desear ser cogido. Puede ser que algunos se comporten así, pero esta manía no es exclusiva de los homosexuales ni los define.

   Si nos detenemos en cambio en el concepto de una pareja lesbiana estable nos encontramos con dos adultas que cohabitan sin más pretensión que hacer de sus existencias y cuerpos compartidos un espacio de encuentro/acompañamiento y buenos sentimientos mutuos. En algunos países podrían aspirar a adoptar niños y criarlos juntos y podría esperarse que ellas los amasen más y distinto. En relación con ellas, muchos matrimonios heterosexuales no alcanzan la talla del concepto anterior. Por ejemplo, el abuso infantil y la violencia contra las mujeres y ancianos tienen como ámbito principal la convivencia bajo un mismo techo propio de las "familias" heterosexuales. La dificultad o imposibilidad de la comunicación entre adultos y jóvenes en las familias mayoritarias, o sea heterosexuales, es una realidad en Costa Rica y en todas partes. Se “soluciona” comprando un perro. En este sentido el concepto de familia homosexual, que implica más que “convivencia bajo un mismo techo”, porque se sostiene por un deseo de amistad intensa, contiene potencialmente la capacidad de un elevamiento moral. En especial porque la conforman personas cuyas acciones se califican de “depravadas” y “desordenadas” por quienes asumen estereotipos. Por supuesto, en la práctica, no todas las parejas homosexuales resultan ejemplares ni un ejercicio de amistad. En ellas también puede expresarse una oscura densidad patriarcal de las culturas y la lógica de la pareja Amo/Esclavo o al autoritarismo.

    

    Ernesta (Colombia).- ¿Su posición acerca del homosexual no se acerca a la de Foucault?

    HG.- Tal vez, pero el principal sitio epistémico desde el que intento pensar el comportamiento homosexual en la especie humana es la sociedad de los bonobos. Por eso mencioné al investigador neerlandés Frans de Waal. Foucault fue un intelectual universitario francés prestigioso. En vida tuvo opción homosexual y murió de sida. En este pequeño volumen reproducimos la que quizás es su mejor intervención sobre el comportamiento homosexual humano. Es cercano a lo que aquí hemos hablado.

   Ernesta.- Disculpe, ¿qué es un sitio epistémico?

   HG:- En mi habla designa un lugar social y lo que lo ocupa en cuanto nos interpela de un modo tal que deseamos vivamente explicarnos por qué está ahí con esos caracteres y no con otros. Cómo se produjo o fue socialmente producido. Un sitio epistémico se presenta como concreción de variados procesos sociales que lo hacen aparecer de cierta manera. Él mismo es un proceso. Una fotografía revela datos sobre él pero no dice en qué consiste. Los lugares sociales del comportamiento homosexual son variados. Masculino, femenino, transexual. Joven, adulto, anciano. Ocasional, permanente. Con ingresos no derivados de su comportamiento homosexual para acceder a los mercados. Sin esos ingresos. Etcétera. Obviamente un sitio epistémico, por norma situado, al interpelarnos vivamente cuestiona nuestra identidad y también nuestras identificaciones inerciales. Marx, por ejemplo, vio trabajadores asalariados y optó por hacer una crítica de la economía política, entre otras cosas. De paso, renunció a producir filosofía. Pero uno puede hacer de sus vínculos familiares un sitio epistémico.

 

   Vernor (Nicaragua).- Cuando usted habla de ese mecanismo a través del cual se nos convierte a los homosexuales en un segmento de mercado pienso dos cosas. La primera, que ese mecanismo es una forma de volver estériles algunas de las críticas que podemos hacer en cuanto minoría. La segunda, que muchos homosexuales no ven por qué ser gays tendría que convertirlos en una especie de abanderados contra el sistema. A muchos de mis amigos no les interesa ser críticos del sistema ni nada que se les parezca y cuando discuto con ellos me dicen que eso no hace su homosexualidad menos digna que la mía. Estoy de acuerdo tanto con ellos como con lo que usted dice. No sé si capta mi contradicción.

   HG.- Gracias por la intervención. Hay varias cosas en ella. Para querer moverse críticamente contra el sistema hay primero que sentir/discernir que el sistema existe. Se trata de un proceso. La opción homosexual ha sido perseguida en experiencias tanto capitalistas de distinto tipo como en Cuba, que se ha querido socialista. Entiendo Rusia actualmente admite legalmente el comportamiento homosexual, pero sigue asociándolo culturalmente con violencia. Entonces “el sistema” no es solo el capitalismo. Lo que se ha de considerar es la figura del “otro”, del “distinto”, del “alien” que nos provoca temor o ansiedad y al que querríamos borrar y nos parece legítimo denigrar y perseguir. El mercado capitalista en los países centrales no presenta ese desafío porque se trata de un mecanismo al cual se accede si se tiene capacidad de compra. A nadie le negarán una hamburguesa o un brazalete de diamantes o un Ferrari si puede pagarlo. Sí puede ocurrir que un policía lo detenga e interrogue en la esquina porque usted no tiene ‘aspecto’ de poder comprar un Ferrari. Entonces, acceder al tema de la discriminación de los “alien” contiene tanto sentimientos como discernimiento. No resulta obligatorio. Y, bajo ciertas condiciones, algunos no lo estimarán ni siquiera necesario. Los liquidados aquí son los homosexuales que deben prostituirse en la calle para acceder a mercados para empobrecidos económicos. Reciben un doble rechazo, por miserables económicos y por homosexuales. Si llegan a la vejez, es probable que su experiencia sea dramática. Y cuando jóvenes suelen ser marginales y desagregados. Entonces aceptan lo que les “tocó” vivir. Producirán sus felicidades o compensaciones porque los seres humanos no pueden vivir sin ellas. Lo que aquí uno desearía es que como individuos los homosexuales de cualquier tipo no resientan las luchas socio-políticas que otros dan contra las discriminaciones o ellas les dejen enteramente indiferentes. Esas luchas, a veces, también van por ellos y las gentes que aman. La indiferencia total es un tipo de respuesta política. Y las lógicas de discriminación hoy día liquidan negros, mañana mujeres, después indígenas…; un discriminado hace parte de los siempre vulnerables, aunque esta semana o en este ciclo no les toque. Y este siglo XXI es mala época para los vulnerables. Escasearán muchas cosas y los sentimientos de negativos para “clarificar la especie” o resolver situaciones específicas apuntarán a grupos muy variados. No creo que la referencia a una dignidad personal tenga aquí excesivo sentido. Esto porque la dignidad no es atributo que pueda predicar unilateralmente un individuo de sí. Siempre es social, un tipo de vínculo. Por esto intenté antes señalar que los guetos y los ensimismamientos individuales pueden no resultar eficaces cuando se pertenece a minorías. Y esto no solo por la represión ‘exterior’ sino también por cuestiones subjetivas como los procesos de integración personal.

   A mí me parece entender su contradicción. Lo que no puedo darle a esa contradicción es una respuesta política, si se desea militante, efectiva. Esa tienen que pronunciarla, o al menos ofrecer tanteos, como individuos y colectivos, los homosexuales mujeres y varones. Habrá que recordar que la mayoría de heterosexuales políticamente nunca “sale del clóset” excepto para votar. Políticamente es muy poco. Casi nada.  

 

   Armando (Venezuela).- La relación entre lesbianas y homosexuales masculinos en los movimientos sociales muchas veces es tensa. ¿Qué podría decir acerca de esa tensión?

   HG.- Por lo menos era tensa hace unos años también en Costa Rica. Ignoro si ha cambiado. Por supuesto existen lesbianas y homosexuales masculinos que han configurado colectivos de algún tipo y otros que se mueven como individuos. Me refiero solo a los primeros, es decir a los colectivos de lesbianas por un lado y de homosexuales masculinos por otro. Imagino que sus tensiones se pueden asociar con factores sistémicos en los que se insertan elementos específicos. Desde el punto de vista de la lectura de identidades por parte de cada grupo hacia el otro puede imperar tanto la figura del macho-homosexual como de la hembra-lesbiana. Ambos grupos se leen mutuamente más como hembras y como machos que como homosexuales. Tienen historias y cotidianidades distintas. Seguramente en los grupos se establecen liderazgos.  Y se puede agregar que los liderazgos respectivos no logren simpatizar del todo por razones efectivas o inventadas. Esto en América Latina no es un problema que afecte solo a homosexuales femeninos y masculinos. En estas tierras hemos cultivado una sensibilidad de desagregaciones y sectarismos y ello puede afectar tanto a sectores heterosexuales como a homosexuales. La inercia cultural conduce a “explicar” la hostilidad mediante la invención de agravios mutuos. No resulta necesario que ellos existan, aunque pueden también ser efectivos. No es una situación útil que existan dos minorías con eje común que no se entienden para nada e incluso se agreden. Tampoco ha de resultar fácil superarlo. Imagino que en ambos sectores existe mucha irritación a flor de piel. Y los acercamientos que se intenten resultan inevitablemente sospechosos. Se recela de las intenciones del otro u otra. Vuelve a aparecer la figura ‘confortable’ del gueto. Pero es un espejismo. No existe gueto seguro. Y políticamente para las minorías encontrar “refugio” en guetos significa la ruina.

 

  Olga (República Dominicana).- Usted menciona de paso la bisexualidad y la transexualidad. Dentro de la lectura bíblica que realiza, sin embargo, no pareciera haber lugar para la transexualidad. ¿Qué se podría decir sobre lxs transexuales desde su lectura alternativa del Génesis?

   HG.- Debería saltar a la vista que no leo La Biblia, sino un texto que otros consideran El Libro. No voy a institucionalizar mi lectura. Lo que propongo es que los textos se lean porque dicen algo a nuestras identidades. Significan, en sentido fuerte. Nos hacen cambiar. Ahora, lo que habla a nuestras identidades e identificaciones no son solo textos de libros. El mundo humano es siempre un mundo interpretado. No todo el mundo tiene el mismo gato ni “lee” la cama en que duerme, que puede ser de cartones, de la misma manera. Que el mundo humano consista siempre en un mundo “interpretado” (y el punto aquí es cuánto de esta interpretación proviene de nosotros y nos “dice”) tal vez no pueda cambiarse, y por cierto no se logrará mediante un deseo individual unilateral, o quizás existiendo de otra manera logremos paliar y hasta esfumar esta señal. No voy a pronunciarme sobre el punto, porque resultaría fantasioso. Y bien, la transexualidad resulta de un criterio de lectura sobre la sexualidad humana, lectura que tiene una fuerte carga ‘tradicional’ en el sentido de que un cuerpo con pene y testículos tiene que sentirse por el individuo como de hombre y un cuerpo con vulva y vagina tiene que sentirse como de mujer. Añado que los comportamientos se seguirán férreamente de acuerdo a estos rasgos. Pero los individuos de la especie, este es el dato, pueden haber nacidos biológicamente hembras o machos (cromosomáticamente, por ejemplo), pero rechazar viva y subjetivamente esta identidad como una identificación. Si la opción homosexual es de minoría, la transexualidad expresa una minoría más pequeña. El esfuerzo por considerar a los transexuales un tipo de enfermos (en el sentido que requieren algún tipo de tratamiento) recorrió todo el siglo XX. Creo que es claro que la transexualidad es una posibilidad de la especie. O sea, se trata de personas. Niños o adultos, pero personas legítimamente humanas. Luego, hay que crear condiciones para que estas personas, desde sí mismas y sin resultar maltratadas por otros, resuelvan sus desafíos. Se dice fácil, pero cada situación seguramente ofrecerá sus propias dificultades. Se trata de una minoría a la cual resulta fácil transformar en “casos”. No me resulta correcto este enfoque. Se trata de un segmento minoritario de la población y sólo dentro de ese segmento pueden asumirse los “casos”.

   A usted asimismo le interesa el fenómeno de la transidentidad en el Génesis. La Serpiente y Eva tienen genes de creaturas, cromosomas de creaturas… pero quieren ser dioses creadores y actúan en consecuencia. Quieren darse otros genes. Dios se dio genes de creador único y no desea que nadie se le asemeje, pero también, en su vanidad, le concedió a árboles la posibilidad de cambiar identificaciones fijas por identidades creadoras. Y así le va. Mal. Por eso (porque Él se ama y odia al mismo tiempo) se encoleriza, echa espuma por la boca, maldice, castiga a quienes retan su identidad que, por la creación de esos árboles, resulta también inevitablemente ambigua. Él deseaba que lo retaran y trasgredieran y al mismo tiempo odia que ello haya ocurrido. Dios es proceso tensionado y Eva y la Serpiente, y hasta Adán, son procesos tensionados. Todos son todos en todo pero uno solo puede maldecir eficazmente. Muy humano, muy hebreo. Muy patriarcal. Muy de macho alfa. Propio también del humano que resiente que su existencia, en lo que tiene de grata e ingrata, no es necesaria. Pero ésta es solo una manera factible de aventurar la lectura de un mito de un pueblo primitivo. Una lectura más humana y menos autoritaria. Carece de importancia. Otras personas pueden darse otras lecturas y creer firmemente en ellas.  

  

    Ligia (Costa Rica).- Mi opinión como lesbiana es que la religión nos estigmatiza y excluye. Aquí en Costa Rica los diputados evangélicos, por ejemplo, a menudo hacen comentarios despectivos hacia nosotras. En mi caso, asumirme como lesbiana supuso distanciarme de la formación católica que me dieron en mi casa. ¿Cree usted que nosotras como lesbianas deberíamos luchar por un Estado laico o por el contrario le parece que deberíamos abogar por un cristianismo más inclusivo? ¿No es esta una tarea de los cristianos?

   HG.- Algunos sectores cristianos, ordenados y laicos, se comportan curiosamente mediante lo que parece resultar de una confluencia entre ignorancia severa de su propia doctrina y la malignidad propia, aunque no obligatoria, de la especie. En realidad la fe religiosa, para los católicos, luteranos y calvinistas, por citar tres, es un don de Dios, una gracia. Como la institución católica se considera “esposa” de Cristo imagino también transfiere esta gracia o don mediante sacramentos. Pero lo decisivo por fundamento es el don de Dios. Luego, quienes no experimentan fe cristiana es porque Dios no se las ha concedido. El asunto no puede resolverse porque solo Dios sabe por qué concede la gracia de la fe en Él a algunos y no a otros. Lo que tendría que seguirse es que los cristianos deberían aprender a convivir con los-cristianos que no “son” paganos porque lo deseen, sino porque Dios no los escoge. Por el contrario algunos cristianos latinoamericanos ven en el no-creyente religioso cristiano un tipo de discapacitado moral. Cuando tienen sentimientos piadosos exclaman “¡Pobrecito!”. Cuando son abiertamente estólidos y autosuficientes hacen “¡Grrr! ¡Chusma, chusma!”. Pero estas reacciones doctrinalmente exiguas son más clericales que religiosas. Se siguen de factores político-culturales a los que se tiñe de fe religiosa. Si este tipo de cristianos no tuviera lesbianas que odiar y despreciar, inventaría algo. Esto porque estiman ese ‘algo’ hace crecer su “verdad”, que es la identidad que se autoconfieren. Estúpido pero humano. Y doblemente estúpido porque es humano-cristiano. Para la situación latinoamericana viene desde nuestro pasado ibérico colonial.

   En los evangelios, por el contrario, el ‘otro’ es un prójimo, sea lesbiana, enano, muerto, samaritano. Jesús rechaza a ciertos fariseos, pero porque no creen en él. No trata como prójimo a Pilatos, pero quizás porque era una autoridad romana y esto tenía para él un valor político-público que no deseaba reconocer. Azota a los mercaderes del templo porque hacen de su tráfico un rito de falsa aproximación a Dios. Pero, excepto determinaciones situacionales, todos resultan “prójimos”.

   Por supuesto los curiosos cristianos costarricenses difusamente desprecian a lesbianas porque de su proceder no se siguen hijos. Ya tocamos antes el punto. Un permanente comportamiento lesbiano distancia/separa a esas mujeres de la voluntad de Dios y las lleva a extravagancias internas. Esto en la perspectiva de estos cristianos. Pero ocurre que la tasa de fecundidad de las mujeres costarricenses heterosexuales, y la mayor parte “cristianas” y católicas, ha caído de 5 o más hijos a mitad del siglo pasado en Costa Rica a 2.1 hijos por mujer en el 2013. ¿Será que los costarricenses copulan menos? ¿Será que el método del “ritmo” milagrosamente funciona para todas a la perfección en el país desde el siglo XXI? Es poco probable. Se puede uno imaginar que la caída de la tasa de fecundidad (por debajo de lo que el país requiere para no envejecer) se sigue del empleo de anticonceptivos con altísimo porcentaje de efectividad (píldoras, parches, etcétera) o de buen porcentaje si son bien manejados (condones). O sea que, sexualmente los costarricenses heterosexuales no se comportan como católicos ni cristianos doctrinales. Y nunca se ha visto a los obispos de la Conferencia Episcopal manifestándose frente a las farmacias o supermercados que venden anticonceptivos y gritando “¡Pecado, pecado!" Tampoco a los diputados “cristianos”. O sea, además de intrusos y perversos, hipócritas. Graciosos, porque han recibido la gracia, pero hipócritas. Se van a condenar. Es broma, a las católicas les basta con confesar los muy abundantes pecados y ya. No interesan sus pecados sino mantenerlas en el redil. Desde esta última perspectiva la autoridad católica resulta ser muy comprensiva.

   Un Estado es una figura “laica” por definición. Su única “religión” es la legislación y sus fieles se llaman “ciudadanos”. Se supone que es ilícito (o delito) discriminar por razones de opción sexual. Luego las luchas que usted menciona no resultan incompatibles. Se debe exigir que el calificativo de “lesbianas” o equivalentes y que la anatematización pública de la práctica lesbiana sean determinados como delitos de lesa humanidad (derechos humanos) con determinados otros alcances jurídicos, y se puede orar cívicamente (es broma, pero quiere decir impulsar legislación) para que los cristianos asuman que su fe religiosa es un don de Dios que exige estudiar y comprender a otros, acompañarlos y no juzgarlos, en particular públicamente. Carecer de fe religiosa no implica discapacidad moral ninguna ni constituye delito. Y decir que se la tiene y se la ejerce, en el caso de algunos curas ordenados y autoridades de iglesias, contiene un escándalo que grita al cielo.

   No veo entonces incompatibilidad en propiciar tanto un efectivo Estado que no tolere la discriminación de ningún tipo como intentar generar un movimiento de creyentes religiosos, dentro de las iglesias, que aspire a que se asuma a los diversos como prójimos sin buscar convertirlos a una creencia religiosa y a una iglesia excluyentes. No existe ningún Satán ni ningún pecado sosteniendo la opción lesbiana de las mujeres. Contiene tanta dignidad la sexualidad lesbiana como la heterosexual. Esa dignidad se la entregan la voluntad de reconocer y ser reconocida, de acompañar y de aprender a crecer humanamente en el amor.
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   Notas 

   (1)   La encuesta fue realizada por el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas y la Universidad de Costa Rica y publicada el año 2015.

   (2)   No resulta fácil conocer el porcentaje de individuos de los pueblos y naciones originarias en América Latina. Los censos oficiales pueden esconder la filiación hablando por ejemplo de “ladinos” y los individuos indígenas pueden contestar que no lo son para no facilitar su discriminación. Según cifras del Banco Mundial en el 2014, los hablantes de solo su lengua original indígena en Ecuador eran el 63%, en Bolivia el 50% y en México un 44.6%. El censo oficial de Guatemala reconoce sólo un 41% de “indígenas”.