Presentación en Mesa Redonda,
Escuela de Filosofía, Universidad de Costa Rica,
10 de junio del 2015.

 

  1.-El título de esta mesa redonda es “Miradas filosóficas en la actualidad. Dos años de un Papa latinoamericano”.

   Este título contiene al menos dos menciones desafiantes. ¿En qué consistirá una mirada filosófica? ¿Será “filosófica” porque proviene de profesionales de una Escuela de Filosofía de una universidad? ¿O su ser/incidir filosófico le provendrá de ser sociohistóricamente y por ello política y culturalmente radical? ‘Radical’ quiere decir aquí, en principio, que conmueve el ser/estar de alguien o de muchos en el mundo. Se relaciona con una angustia o enferma o sana. Es el campo de las identidades sociales humanas. Posee su complejidad. El punto subyace a esta presentación, pero no será discutido aquí.

   2.- La segunda cuestión es ¿qué querrá significar la expresión “…un Papa latinoamericano?", ¿cuál será su alcance? Latinoamericano fue, por ejemplo, Jairo Mora Sandoval (1), asesinado en el 2013, y a quien no se hizo justicia ni institucional ni socio-cultural. Existen por tanto latinoamericanos, la mayoría, a quienes no se hace justicia, ni institucional ni socio-cultural. Este fenómeno, en el cual los seres humanos, sus existencias y muerte, pierden significación, no nos impresiona, al parecer, para nada. Sin duda Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, nacido en Buenos Aires, es, como Jairo Mora Sandoval, de nacimiento latinoamericano. ¿Forma parte Francisco de aquellos nativos latinoamericanos a quienes no se hace justicia de forma alguna o de aquellos y aquellas a quienes se hace 'justicia' bajo las formas diversas del reconocimiento, el temor y la impunidad? Por mencionar una figura más ambigua (y al mismo tiempo, sin conflicto, más determinada) y perteneciente asimismo al reino del Espíritu Santo, como los Papas, Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo salvadoreño, ¿pertenece a los latinoamericanos a quienes, de algún modo, se hace justicia o es uno más de aquellos a quienes no se hace justicia aunque se le proclame “beato” y “mártir de la fe”? Mi respuesta es: Romero tiene más semejanza con Jairo Mora Sandoval que con Francisco. A los dos primeros no se les hace justicia, aunque Romero recibe admiración y respeto de determinados sectores populares. Bergoglio y Romero fueron investidos de autoridad, pero el segundo rompe con el marco ético desde y para el que se le confirió autoridad: terminó asesinado. Francisco goza de buena salud y es publicitado ¡Por el católico Canal 7! ¿Han visto ustedes que alguna vez Canal 7 o La Nación S.A. propagandicen ‘lo’ latinoamericano políticamente popular (excepto como destino turístico) como una forma legítima de ser humano?

   Cito una anécdota reciente del Sumo, Romano, Pontífice Francisco. La recogí de Internet, este 8 de junio. El máximo pastor católico, con su permanente sonrisa/risa y ojos blandos, pide a los obispos de Puerto Rico (que lo visitaban) “… que no se identifiquen con tendencias políticas y que participen de forma “lúcida y serena” en los debates sociales”. O sea les pidió que no se comporten como Óscar Arnulfo Romero porque el comportamiento de este último hace (a los obispos puertorriqueños) “perder tiempo y el verdadero ardor por el Reino de Dios”. El tema específico por el que el Papa amonestaba a los obispos era el sacramento del matrimonio que, según Francisco, es cuestionado por la ideología de género en nombre de una sociedad “más libre y más justa”. Francisco estima, sin perder su tiempo porque considera que su opinión no es política, “…El sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su Esposa, la Iglesia. Cuiden este tesoro, uno de los más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños". Me imagino ustedes saben que en el seno de los matrimoniados, en las familias de todo tipo (pero especialmente en las que se retratan como nucleares monogámicas entre heterosexuales y se determinan por el cuidado de hijos), se expresan diversas formas de violencia que marcan a sus actores y se articulan con otras violencias extremas, como la geopolítica, la derivada de la universalización de la forma mercancía y las étnicas, por citar tres, para hacer de este mundo uno particularmente brutal e injusto. Pero Francisco pide a sus obispos no ‘extraviar su tiempo’ su tiempo en estas naderías socio-culturales y concentrarse en el Reino de Dios. Su interés, el del Papa, se inscribe en una determinada división social del trabajo. Es política.

   Esta opinión, la de Francisco, no es la de un latinoamericano y tampoco la de un ser humano situado socio-históricamente. Es una opinión que se centra en una invisibilización mañosa de los signos de los tiempos en nombre del Reino de Dios. En Costa Rica públicamente se han declarado latinoamericanos de este tipo la Conferencia Episcopal, en cuanto parte de su matrimonio con Cristo Jesús, y Otto Guevara en su papel de eterno futuro presidente del país. No discuto si Francisco se asemeja a ellos.

   Apenas empiezo: Jorge Mario Bergoglio nació en Argentina y puede ser filiado como un latinoamericano situado. Un nativo de por acá.  Pero a los 21 años resolvió intentar ser un argentino-jesuita y la Compañía de Jesús, 14 años de existencia adulta después, lo inscribió como tal. Se recordará que uno puede elegir ser jesuita, pero es la Compañía de Jesús, su lógica institucional, la que resuelve esa identidad. Solo algunos la consiguen. No es fácil. Por tanto, Bergoglio se inscribe en un proceso en el que no desaparece como argentino ni como Bergoglio, pero con una sobredeterminación: jesuita. Es mucho jesuita y menos argentino. La divisa jesuita reza: “Militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia, su Esposa, bajo el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra”. ¿Cómo se militará para Dios siendo argentino o latinoamericano? ¿Cómo se servirá a la Iglesia, esposa de Dios, si se es latinoamericano? O, en una pregunta más específica: ¿Qué se hará cuando el Papa del momento (Juan Pablo II) condene, sin conocerla, a la primera Nicaragua sandinista confundiéndola con Polonia? El criterio jesuita tiene una respuesta para este tipo de conflictos entre lo situacional particular y lo universal trascendente: Dios está siempre actuando en todo aquí y ahora. Actúa en Argentina y en América Latina. Si se lo discierne, a Dios, con eficacia (es decir en el seno de la jesuita milicia divina) se puede actuar argentina o latinoamericanamente. Pero no se es argentino o latinoamericano, sino servidor activo de Dios. O del Papa, o de la Iglesia, como se prefiera. A este criterio sobre la presencia de Dios en todo, el discurso jesuita añade la voluntad de buscar y ser siempre más eficaz (el magis, latino; más, mejor) en el servicio del proyecto divino. Quiere decir que pretenden ser implacables.

   Jorge Mario Bergoglio, desde niño fue un católico inercial, como la mayoría de los latinoamericanos. Pero ya desde los 21 años ha resuelto por sí mismo ser un implacable católico jesuita puesto a la orden de Dios y de la Iglesia y del Papado más que un argentino. Haber nacido en Argentina no desaparece, pero es detalle menor en un cuadro más complejo y con otro carácter.

   Ahora, el catolicismo, su aparato institucional y de poder (del cual la Compañía de Jesús hace parte importante) es un referente transnacional: las almas habitan en cuerpos que las aprisionan y a los que esas almas vigilan (Benedicto XVI: Deus caritas est), pero las almas no son argentinas ni latinoamericanas, porque el Reino de Dios carece de nacionalidad, sexo- género y etnia. Es trascendente (en el sentido de estar más allá de la Historia) y trascendental (en el sentido de ser el fundamento/destino verdadero, alfa y omega, de toda corporeidad y nacionalidad epidérmica, casuales todos estas ‘fachadas’ para estos efectos.) La Compañía de Jesús es parte de este aparato transnacional, trascendente y trascendental, para el cual los factores latinoamericanos y argentinos resultan pastoralmente significativos (la pastoral religiosa católica es un tipo de acción política que no reconoce serlo, o sea vergonzante) pero metafísica y religiosamente irrelevantes.

   Una última referencia al carácter transnacional situado y al mismo tiempo imaginariamente trascendente y trascendental de cualquier Papa, Francisco incluido. La Nación S.A. publica el martes 9 de junio (ayer) una nota a la que el funcionario de turno titula “Putin busca al Papa en medio de su soledad internacional”. La nota, de AFP, tiene poco que ver con el título. Trata, en realidad, en parte, de los apuros del Vaticano por su apoyo tibio a los greco-católicos pro gobierno de Kiev en el conflicto de Ucrania. En este sentido es que sería poco probable que Putin obtuviese un apoyo del papa Francisco en Ucrania, pese a los acercamientos entre la iglesia ortodoxa rusa y la iglesia católica. Pero el interés geopolítico central de Putin no es éste: su punto es, ¿por qué si la Guerra Fría terminó, Rusia no es invitada a formar parte de la OTAN? Esto hará, para Putin, parte decisiva de su diálogo con el papa Francisco. Y éste, con independencia del lenguaje que utilice, tendrá que optar, aunque calle, en la conversación, por una OTAN enteramente occidental o una OTAN efectivamente mundializada (a la que se incorporarían, por ejemplo, Rusia, China y Japón). Como se advierte, los Papas no están (ni política ni geopolíticamente) fuera de este mundo, aun cuando se ocupen de la salvación de las almas. Pero que sean parte de este mundo no quiere decir que sean necesariamente latinoamericanos. Geopolítica y humanamente los latinoamericanos hemos aceptado que se nos produzca como irrelevantes. Bergoglio, o sea Francisco Papa, no es irrelevante. Hace mucho que dejó de serlo ya que en Argentina fue obispo. Lo visita Putin en cuanto el transnacional Vaticano puede ser factor de una Tercera Guerra Mundial. Parafraseando un chiste argentino: “Qué hermoso y lleno de riquezas el subcontinente latinoamericano (agréguese el Caribe). Lástima que esté lleno de latinoamericanos”. Francisco, ya hemos visto no forma parte de esta irrelevancia ‘nuestra’. En un mundo sin Dios trascendente ni humanidad él es uno de los más efectivos soldados de lo que no existe. Frase misteriosa que no explicaré, pero que ustedes deberían pensar. Los compromete.

   3.- La anterior no es la única manera de aproximarse a una eventual latinoamericanidad del papa Francisco. Hay otras. Estimo la más generalizada es la de sentirlo y apreciarlo como latinoamericano. Esto quiere decir, la gente en su existencia cotidiana experimenta al papa Francisco como latinoamericano. Para un inglés o un francés tal vez esta percepción sería negativa. Pero para muchos latinoamericanos expresa algo positivo. Un Papa latinoamericano quiere decir que alguno de nosotros, en cuanto latinoamericano, llegó por fin a alguna parte donde todos parecen reverenciarle. Para las gentes, un Papa es más que Messi. Para el difunto arzobispo Arrieta tener al Papa (Juan Pablo II) en Costa Rica lo facultaba para levitar cuadra tras cuadra junto a su papa-móvil. Para mucha gente el Papa es Dios. Esta producción de un Papa latinoamericano por los latinoamericanos es otro plano de la cuestión. Es un Francisco distinto el que sale-es-visto cuando sale del closet.

   Este otro plano se inscribe en el mundo cultural de las religiosidades. Socialmente las religiosidades son las maneras como la gente experimenta su vínculo con lo sobrenatural (fe religiosa). Las religiosidades no suponen militancia en iglesia alguna, pero tampoco la rechazan. En este plano, el de sus religiosidades, las personas latinoamericanas pueden ver a Francisco como latinoamericano y atribuir a sus acciones (mediación entre Cuba y EUA, por ejemplo) una latinoamericanidad inexistente. Es inexistente no por responsabilidad de Bergoglio sino porque los latinoamericanos no hemos producido una latinoamericanidad. Los latinoamericanos somos diversos y cuando nos topamos en alguna esquina solemos ignorarnos o insultarnos. Hemos constituido sociedades y un subcontinente desagregados. Escasamente morales, desde un punto de vista comunitario, en su raíz. Como la desagregación no impide aspirar a la redención, más bien la exige, para la muy plural o diversificada y conflictiva mirada latinoamericana (ya los hemos separado entre quienes sufren la injusticia y quienes ejercen injusticia y quedan impunes, es más, son héroes), un Papa-Dios puede ser latinoamericano porque cada latinoamericano individual se cree a la vez El Hombre. No explicaré este truco ideológico (que no es enteramente consciente).

   Una sola advertencia: este Papa Francisco ha despertado en Canal 7 (ortodoxamente católico) una campaña (no sé si pagada) propagandística no vista antes, al menos por mí, en relación con otros papas. ¿A qué latinoamericanos y a qué realidad latinoamericana se adscribirá la empresa Canal 7? Pues a la que se adscriba será la identidad latinoamericana efectiva de Francisco. Así como ustedes juzguen a Canal 7 así será el Papa Francisco. La cuestión se inscribe en el monopolio y orquestación de los medios masivos en Costa Rica, factor actual de vieja data: proviene de la sensibilidad colonial, hoy culturalmente inercial, y afecta a todos (es el tema de la hegemonía político-social), aunque no directamente, incluso a las redes internatianas que se valoran más autónomas o gestadas ‘desde abajo’. Sin embargo y por suerte, este es también el campo de las religiosidades, no solo el de la sensibilidad dominante y de dominación. En espacios sociales desagregados y conflictivos, como los latinoamericanos, las gentes (y las pseudo individualidades), aunque desapartadas y a veces enfrentadas, construyen asimismo mismo otros imaginarios respecto del vínculo del cielo con esta tierra. Es la mayoría, la de los Jairos Moras que se desconocen y usualmente no se apoyan entre sí, los que llamo sectores populares, que es una categoría de análisis, no solo  un nombre, una mayoría que siente/ve en Francisco al representante de un Dios generoso, solidario y comprensivo, a un un Jesús de Nazaret que es expuesto y asesinado y resucita después de invitar a todos a unírsele en un banquete, a una María como mujer sufriente y fuerte que acompaña siempre al hijo que no la quiere (existen distintos cultos marianos en América Latina: el oficial católico que incluye a las Marías que guían a los ejércitos locales a la matanza de sus pueblos y los cultos populares, de diverso ingreso, que hacen de María la mujer que sufre con uno y acompaña contra todo pesar y aun sin esperanza, la mujer cercana al desahuciado, al preso, a la embarazada soltera, a la que se realizó un desesperado aborto clandestino en este “valle de lágrimas”). No hace milagros, esta última María. O hace el “milagro” de estar ahí, con uno. La mujer que no abandona. La ‘vieja’ o ‘viejita’ inagotable de los tangos.  Este Dios comprensivo y generoso, este Jesús de Nazaret que desafía y promete frutos y carnes y vinos generosos y canta desafinadamente con todos, esta María siempre presente en el dolor como un paño frío o caliente, según se necesite, con sus “santos”, son quienes animan (los espíritus y cuerpos) las fiestas patronales costarricenses y las liturgias urbanas paralelas a las institucionales presentes en todos los barrios urbanos de América Latina y en sus zonas rurales. En estas festividades, cuando toca, el cura oficial es invitado pero no el protagonista. El protagonista es la riqueza de una existencia social que celebra la lluvia, los bosques, la cosecha, la buena salud de la vieja, el cuarto hijo, la fuerza que se tiene para levantarse cada mañana o cada noche (aunque sea para cometer delitos), el frescor y la calentura de un licor. Estas religiosidades populares abren el closet y ven salir de él un Papa, puede ser cualquiera, entre ellos Francisco, que encarna a ese Dios o divinidad, a ese Jesús, a esa María. A todos ellos los producen con su hígado, con su corazón, con sus ovarios, con sus testículos…desde sus existencias tantas veces precarias y despreciadas. Este Francisco así, tan existencialmente producido, resulta latinoamericano. Ojalá fuera contagioso.
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   Conversación.-
 
      Rosario (Argentina).- No me queda clara la imagen de un Papa saliendo del clóset. ¿Se trata de que los Papas ocultan algo? ¿O solo Francisco lo hace?

    HG.- No es una referencia casual, o una ocurrencia. “Salir del clóset o del armario” surgió en relación con el ocultamiento individual (y por tanto social) de algún aspecto de la personalidad que, de hacerse público, podría despertar una sanción social negativa. La referencia inicial de este dicho fue la homosexualidad. Pero aquí, esta noche, se utilizó en relación con los individuos/autoridades que personifican una institución o proceso, como un Presidente, un Papa o incluso un dirigente del fútbol (Blatter está de moda hoy) que posee varias caras, o al menos dos: una en relación con su presencia pública y otra en relación consigo misma o con específicos circuitos institucionales. El campo más amplio de la referencia es el de la distancia o brecha, que puede resultar insalvable, entre lo que se dice y lo que se hace. Se dice respetar derechos humanos y se los viola sistemáticamente, por dar un ejemplo. Francisco es publicitado muy ampliamente por sus “gestos”. Un niño llora porque su perro mascota ha muerto. El Papa acaricia al niño y le dice que lo volverá a encontrar en el Cielo. ¿Es que los animales mascotas también se irán al Cielo? ¿Formarán parte del cuerpo místico de Cristo en cuanto la “única verdadera iglesia” también llegará hasta allí? ¿O será el perro mascota un tipo de “gentil y publicano”?. Nada de esto. Ni el perro irá al Cielo ni tampoco se condenará. Otra autoridad vaticana explica a los legos que Francisco utilizó un lenguaje pastoral, no teológico. Es decir, mintió para consolar a un niño. El perro no irá al Cielo y el niño no lo encontrará allí. Pero teológicamente al niño no le hará falta el perro en el Cielo porque allí el niño será eternamente parte del cuerpo místico de Cristo. El Papa le miente al niño, pero se trata de una “mentira piadosa” que, al mismo tiempo, busca confirmar la creencia en un Cielo trascendente y la verdad de la institución católica. Esto último no se le dice al niño. En la anécdota, “niños” son todos los fieles católicos laicos. Al mentirles se les hace un favor. Se les miente aquí en nombre de un proceso superior, su salvación y el papel de la iglesia católica en ella. Este es solo un ejemplo de la distancia entre lo que se dice y se hace/representa. Se recordará que “mentir”, en la tradición clerical, se juzga pecado. Pero resultará legítimo hablar mentirosamente para instalar o reforzar la fe religiosa “verdadera” y, de paso, una institucionalidad con algunos defectillos.

   Pero el alcance más poderoso en la imagen, en este caso concepto, de “salir del clóset” es que cuando alguien sale del armario quien lo ve puede confirmar lo que ya sabía de él o descubrir algo nuevo. Tanto la confirmación de lo que se presentía, como la ‘novedad’ de la aparición fuera del clóset, son puestas no por quien abandona el armario sino que también consisten en producciones sociales. En la expresión “salir del armario” parece haber un solo actor, quien sale. Pero se trata de una acción o gestión social: quienes ven a otro salir del clóset también son actores: producen o reproducen a quien sale del armario o finge salir de él. “Qué hombre o mujer más honesto”. ¡Que Papa más humano! o ¡Es un Papa latinoamericano! Salir del clóset, como toda acción humana, implica relaciones sociales, múltiples actores. No se trata aquí, por tanto, de una ocurrencia o de una imagen, sino de un concepto que muestra su fuerza cuando se habla, al final, de un papa latinoamericano producido por las espiritualidades de las gentes. Cualesquiera ellas sean. Ahora, si recordamos la anécdota del perro llorado por un niño, un Papa cuando habla en público “miente siempre” porque nunca especifica todos los planos contenidos en su discurso ni los alcances de estos planos.

   Todavía resulta factible mencionar otro aspecto, más conceptual, sobre la utilización de la referencia a “salir del clóset”. Una pretensión básica del imaginario católico es su universalismo centrado en que todo lo que existe se sigue de una acción divina. Esta pretensión ideológica choca contra la particularidad socio-históricamente determinada de las formaciones sociales humanas y de sus culturas. La especie homo sapiens es biológicamente una pero sus expresiones culturales, que en ella resultan determinantes, son variadas. El universalismo ideológico resulta tensionado asimismo por las conflictividades sociales presentes en el seno de las distintas formaciones económico-étnicas de cada cultura. La experiencia humana se torna diversa, plural y, por el momento o hasta ahora, ha carecido de un referente unificador efectivo. En el siglo XX y XXI resulta especialmente notorio que no se puede existir sin “otros” y “aliens” de los que se debe desconfiar, temer y a los que resulta necesario someter o destruir. ‘Someter’ de hecho materialmente consiste en un tipo de destrucción. Entre nosotros el punto resulta fácil de ejemplificar porque nuestra historia actual se inicia con la Invasión Ibérica y su prolongación en unas sociedades posteriores, altamente desagregadas, estratificadas y conflictivas.

   El universalismo ideológico cristiano, derivado de una comunidad de “almas”, inevitablemente falso, choca contra la realidad diversa, enfrentada, de las distintas identificaciones e identidades sociohistóricas de los grupos humanos. Esto equivale a decir que las agrupaciones humanas tienen referentes morales (centrados en el reconocimiento, la empatía y la reciprocidad que potencian la existencia comunitaria) muy anteriores a las religiones (y que se pueden verificar distintamente en quienes comparten significativamente nuestra composición genética, chimpancés y bonobos) y sus iglesias, incluidos judaísmo y cristianismo. El desafío de estos componentes morales comunitarios es que no pueden extenderse a todos sino ideológicamente como universalismos que no poseen referencial genético ni político. O sea, no pueden extenderse a 7 u 8 mil millones de seres humanos. Ni siquiera pueden extenderse a los menos de 50 millones que residen en América Central. Tampoco puede alcanzar ese logro el Dios judeo-cristiano aunque se de para su meta un plazo de 21 días en lugar de los siete bíblicos. A Ironman la tarea no le compete porque él se encarga de eliminar a algunos para ser popular entre otros que lo vitorean. La no factibilidad de los universalismos “sale del clóset” con las sociedades modernas y es confirmada por las sociedades contemporáneas y es traducida ideológica y filosóficamente como “muerte de Dios”. No se angustien. No ha muerto. Ocupa el lugar que ha ocupado siempre en las experiencias humanas. Se trata no de Dios sino que de divinidades particularizadas, todas ellas legítimas en cuanto contribuyen a que los seres humanos asuman sus desafíos mediante experiencias de contraste que los llevan tanto a producir sus religiosidades (transformadas en algún momento en religiones institucionales) como el filosofar, las ciencias y a la gestación de mecanismos como el Estado.

   Esta realidad material, que no termina de abandonar el clóset, porque no se lo puede abrir desde adentro y desde afuera muchos no desean que se abra, es la que subyace a la crisis, potencialmente de acabamiento, del cristianismo católico que el profesor Roberto Fragomeno identifica como crisis de la política restauradora de Wojtyla-Ratzinger y que se abre asimismo a una política de “gestos” de Francisco I.

   Marta (Costa Rica).- Al inicio de su exposición usted se refirió a los latinoamericanos como “católicos inerciales”. ¿Qué quiere decir con esa expresión?

   HG.- Hace referencia a que una fe religiosa, para serlo, supone un testimonio y éste se expresa en una práctica, en una manera de ser-estar en el mundo. Una mayoría de latinoamericanos se autodefine como cristiano y católico, pero esto no se nota ni en su trato privado ni en el público. Pero no es que estén mintiendo. Se valoran católicos ya sea porque asisten poco o mucho al templo y han sido bautizados y son devotos de algún santo o de María. Son cristianos y “católicos” porque su familia ha sido siempre católica. Lo son por la fuerza de la rutina y porque parecen creer que esta rutina los llevará al Cielo. Es poco probable, exista o no este Cielo. Ahora, más conceptualmente la referencia habla de una sociedad que provee a sus miembros de identificaciones inerciales, en este caso de cristianos católicos, pero que no les da medios para autoproducir (desear y darse) identidades efectivas. La institucionalidad católica tiene parte de responsabilidad en esto porque opta por tener muchos fieles (iglesia de masas) y no pocos pero efectivos creyentes. Este es una de las apuestas que conducirá a obispos y Papas de cabeza al infierno. Esto último es, por supuesto, broma.

   Hugo (Costa Rica).- Me sorprendió que no se mencionara aquí la relación de este pontificado con la crisis grave por la que atraviesa la Iglesia Católica. Crisis de fieles, escándalos pedófilos, manejo fraudulento de dineros, corrupción de la Curia. El Papa Francisco fue elegido para superar esta crisis. Incluso en América Latina otras expresiones religiosas, el pentecostalismo, por ejemplo, amenazan erosionar seriamente lo que ha sido tradicionalmente una creencia católica mayoritaria.

   HG.- Como se indicó antes, en el largo plazo cultural, la Iglesia Católica y su cristianismo han estado permanentemente en crisis, aunque no siempre ella misma lo haya advertido. Cuando soldados y religiosos ibéricos invaden lo que hoy es América Latina y el Caribe la presencia humana “nueva” de los pueblos aquí existentes debió asumirse como una crisis, en el sentido de desafío, para su autoidentificación principalmente judeo-cristiana y europea. Pero la iglesia católica no se revisó entonces profundamente a sí misma, no pasó de debates menores aunque interesantes, y cooperó sólida e institucionalmente con la barbarie en curso materializada en genocidio y etnocidio. Esta actitud no resulta extraña en una institución que se declara única Iglesia revelada y, por tanto, la única (universal) ‘auténtica’ en cuanto medio de salvación. Una institución de este tipo no puede sino despertar permanentes y agudas luchas políticas internas y 'exteriores' por ser portadora y actor de caracteres sobrenaturales (en buena medida enigmáticos) que no pueden sino expresarse políticamente. Sin embargo, pese a las crisis (que comienzan con las distancias entre el apóstol Pedro y Pablo de Tarso y las diversas sectas originales gestadas por los cristianos), el catolicismo, y más ampliamente el cristianismo, es factor básico del dominio de Occidente. Esto desde los últimos momentos del Imperio romano entendido como antecedente de la gestación del ‘Occidente’ europeo. Luego, en relación con el catolicismo y el cristianismo hay que re-examinar la noción de crisis porque no se trata de “acabamientos” de una institucionalidad sino de su función en Occidente, de ‘la’ religiosidad occidental (centro del mundo) y esto quiere decir de una manera de darse Occidente, y sus poblaciones, identificación cultural. Aquí no importa tanto si la confesionalidad es católica o protestante, sino de su peso en el ethos dizque ‘religioso’ mediante el cual Occidente se asume a sí mismo como humano (o sea articulado, un sí mismo). Así, pierden peso relativo sus retos o episodios singulares, aunque sean escandalosos (la Invasión de América fue un reto de ese tipo) porque se insertan en un largo plazo cultural e institucional. Culturalmente el cristianismo occidental hace parte de una sensibilidad difusa y ‘naturalizada’. Esto quiere decir que se lo vive de muy distintas y a veces incompatibles maneras. Institucionalmente, como toda religiosidad, provee mecanismos de asociación e integración personales. No interesa mucho que no sean ‘verdaderos’. Operan en el plano de las emociones y subjetividades y en la experiencia de formar parte de un colectivo y también de algo mayor o ‘trascendente’. Se trata de referentes propios de la especie. Son producidos por ella porque tiene la capacidad genética para producirlos y hacen parte de distintas maneras de la subjetividad de sus individuos. En este sentido las ‘crisis’ de religiosidad no son cualquier crisis y no resultan plenamente identificables con los momentos difíciles de las instituciones religiosas o de sus credos particulares. En todo caso, pederastia, sinvergüenzura, corrupción y venalidad, una teología de la prosperidad, no conducirán a las iglesias cristianas a una crisis de acabamiento.  Los cristianismos, para bien o para mal, están en las gentes o personas, no principalmente en las iglesias.

    Desde este punto de vista, cuando se entiende al cristianismo y al catolicismo no como una fe religiosa sino como un factor ‘espiritual’ del sistema planetario de poder vigente, el Vaticano no está en crisis (con su falseado alcance de acabamiento). No puede estar en crisis de acabamiento una institución que recibe públicamente el saludo de Obama y con la que a Putin le interesa conversar. ¿Alguno de ellos se interesa en conversar con nosotros? El dominio saturante de las mercancías y del capital demanda una ‘espiritualidad compleja’ y ésta la proporciona, tanto el brillo de una “cultura del espectáculo” (compre, disfrute y bote, sea un espectador no un actor), que constituye los escenarios políticos ‘externos’ del sistema, como una ‘redención’ ligada a la expiación del pecado y a la culpa, y también al emprendedurismo individual de las versiones cristianas de la redención vía el enriquecimiento singular, que constituyen los escenarios ‘internos’ (subjetivos) y a la vez grupales de las sociedades modernas y del ‘orden-violencia’ que ellas conforman. Observado así, el catolicismo y el cristianismo, sus diversas iglesias, podrían no tener un solo fiel explícito (pero sí millones inerciales y difusos) y continuarían siendo un factor necesario de la hegemonía de un sistema que posee y acepta muchas divinidades y cultos, pero una sola espiritualidad, la determinada por el fetichismo (idolatría) de las mercancías y del capital.

   Ahora, esta percepción no impide que la iglesia católica como tal, o sea como institución, no experimente desafíos: pierde fieles en algunos lugares, pero los gana en otros (África, por ejemplo), se ve obligada a enfrentar el abuso sexual en su seno (lo reduce a la acción de individuos, no lo ve como signo de su sistema de poder/autoritario y sagrado), su impropio manejo económico/financiero, la evidente burocratización de su curia vaticana y sacerdocio, etcétera. Cuando se atribuye a alguna ‘eminencia cultural’ una frase como “... el siglo XXI será religioso, o no será” (Malraux, Garaudy) y se tiene en mente algo como el cristianismo católico la frase debe entenderse y no en poca medida como una amenaza. Dentro de la versión ‘occidental’ del cristianismo, versión en la que se inscribe el catolicismo, tienen entera cabida el uso masivo de armamento nuclear para asegurar una hegemonía planetaria o un previsible genocidio sin precedentes en la historia de la especie. Se debería recordar una y otra vez que Occidente nace con un genocidio, en ese momento sin precedentes, determinado por la Invasión “cristiana” de lo que hoy es América. Ese genocidio-etnocidio “fortaleció” al catolicismo. Por supuesto, se trata de un tema complejo al que habría que aproximarse más lentamente.

   Hugo.- ¿Entonces usted piensa que tendremos cristianismo para rato?

   HG.- Sí. Esto por la variedad y flexibilidad de sus iglesias, por las funciones que juegan las religiosidades en la especie humana y porque un mundo brutal como el actual requiere de un sentimiento y sentido de salvación. “Aniquila y sálvate”, “Destruye y sálvate” no son lemas de grupos de rock, sino que se apoyan en la compleja religiosidad que históricamente ha mostrado requerir y producir la especie. Por supuesto, uno preferiría otra cosa.
 
    Marcia (Costa Rica).- ¿Este último tema está ligado con la frase ‘misteriosa’ que usted no quiso explicar, pero que deberíamos pensar: el Papa es uno de los más efectivos soldados de lo que no existe?

   HG.- Le agradezco su atención. Sí, el tema está ligado con esa frase ‘misteriosa’. Pero en la exposición no se refería a todos los Papas, entre quienes pueden existir distancias personales, todas ellas presionadas por el marco institucional católico y por el período en que ejercen autoridad. Pienso en Juan XXIII (1881-1963), por ejemplo, quien convocó a un Concilio sin tener excesivamente claro qué quería hacer con él. Al parecer intuía que algo andaba mal. Sin embargo, la frase utilizada remitía más bien a una personalidad como Bergoglio quien hasta el momento, en cuanto obispo argentino y latinoamericano, se ha comportado como soldado de la causa de un mundo que existe y que no resulta posible transformar. Es en este último sentido, el de una prohibición político-cultural de transformar este mundo, que las instituciones clericales, en particular la católica, suelen sostener una negativa moral-política-religiosa para que este otro mundo factible, u otros mundos que resultarían factibles, puedan manifestarse. Esto aunque resulte palmario que el orden-violencia en el que existen las gentes no resulte evangélico para nada, ni siquiera dentro de los templos. Un Papa resulta uno de los Generales en Jefe de un mundo ‘cristiano’ que no existe en un sentido positivo para nadie, así rece todos los días, o existe solo para el imaginario de la autoridad eclesiástica. Por supuesto esta inexistencia puede atribuirse a un referente metafísico, el pecado, del cual el aparato religioso saca beneficio. Como los individuos de la especie pecan, entonces la iglesia los perdona, aunque, en casos determinados, no se arrepientan ni expíen. De hecho los únicos efectivos “enemigos” de la iglesia católica son paganos (gentiles), publicanos (amantes de riquezas mal habidas) y cismáticos, herejes y apóstatas (todos ellos traidores). Algunos de ellos pueden revertirse a “fieles”. Ahora, una autoridad “ilustrada” como un Papa no puede ignorar que el mundo ‘cristiano’ al que predica no existe del todo, excepto como referencia de contraste. Ninguna lógica dominante o autoridad del mundo actual puede valorarse cristiana porque todas las hegemonías vigentes se centran en criterios de discriminación. Se trata de criterios autoritarios. Y esto desde el siglo I. Se santifica guerras en el mismo movimiento en que se ofrece integraciones personales y solidaridades grupales. Y el Papa, autoridad clerical, con independencia de sus gestos y hablas, combate para los bandos de Darth Vader.

   Aquí la idea central es que los mundos factibles que no existen porque se les prohíbe materialmente no son para nada necesariamente antirreligiosos, pero sí tampoco resultan compatibles con instituciones religiosas como la católica. Se da una significativa distancia entonces entre religiosidad e iglesia, entendida esta última como institución. La actual variedad de instituciones religiosas en América Latina, variedad que se declara principalmente “cristiana”, resulta compatible (y algunas publicitan como deseada por Dios) con nuestro posicionamiento negativo en el orden/violencia inherente a la circulación mercantil. El resultado es que muchos sectores sociales, no solo los dominantes o hegemónicos, interiorizan junto con los factores constructivos de sus religiosidades (integración personal, comunitarismos, sentido existencial) también las lógicas que los debilitan, desvían y destruyen, tales como la reificación y las discriminaciones subjetivas y objetivas que contiene el universo de las mercancías o la sexualidad restrictiva que lleva a odiar a algunos sectores sociales: la práctica homosexual, por ejemplo, se contabiliza como ofensa grave contra Dios y las luchas femeninas contra la discriminación de las mujeres rompen unl orden patriarcal que Él parece desear. Hablo de América Latina.

   Ahora, estos mundos factibles pero prohibidos no están ausentes mediante mandatos estampados en piedra eterna, como dice el imaginario bíblico que fueron impresas las Tablas de la Ley. Son enteramente realizables, aunque cuesten trabajo y tiempo, porque el sistema actual contiene internamente los factores que podrían llevar a ellos. Nadie dice que sería fácil transformar las sociedades actuales. Pero muchas iglesias predican que no se debe cambiar el orden/violencia existente porque entonces todo se derrumba. En Costa Rica, por ejemplo, el principal argumento para no reconocer la legitimidad humana de la pareja homosexual es que todo se desquiciaría si tal cosa ocurriera. El Dios bíblico transformaría a los costarricenses en estatuas de sal por desobedecerlo. O haría con el país lo que se narra hizo con Sodoma y Gomorra. No deja de ser pintoresco y dramático porque los homosexuales son parte de la especie humana, “prójimos” en el gran discurso que parece leerse en los evangelios. Por lo demás, los capítulos 18 y 19 del Génesis no narran principalmente eventos homosexuales sino, en el marco de los mitos de la genealogía hebrea, de una necesaria hospitalidad con el extranjero y del origen de moabitas y amonitas. Al Dios hebreo no le pareció negativo que estos grupos étnicos surgieran de imaginarias cópulas entre un ebrio y dormido Lot y sus dos hijas, una cada noche. Como escribe algún fiel exégeta: “Es que era necesario poblar la tierra”. El relato mítico, en realidad, intenta escarnecer a esos pueblos y, de paso, ensalzar el origen de los hebreos.

   Retornando al siglo XXI, el papa Francisco también entiende que existen realidades que no pueden mantenerse si su iglesia desea seguir presumiendo de necesaria por “santa” o “sagrada”. No se trata de cuestiones como un problemático manejo financiero de la iglesia o el abuso infantil, asuntos que pueden ser entendidos o como disfunciones puntuales o como señales sistémicas de la institución. Se trata de asuntos doctrinales. Francisco llamó a un Sínodo especial de Obispos en el 2014, poco después de un año de su asunción del cargo, para discutir el tema de la familia y las familias que incluía desafíos como el trato a los divorciados, el aborto y la homosexualidad. Su llamado tuvo éxito en iniciar la discusión de los campos temáticos, pero también levantó oposición abierta y pública de otros altos jerarcas de la institución (incluyendo al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) y fracasó en cuanto sus propuestas más significativas no obtuvieron (el sínodo especial reunió a unos 300 jerarcas) la votación mínima que legitimaba su debate. El Papa considera este sínodo especial como el primer paso de un proceso más largo.

   Más espectacular que el sínodo abortado en parte fue la enunciación pública de lo que alguna prensa llamó “Los Quince Pecados de la Curia Vaticana” que el papa Francisco leyó como mensaje navideño a finales del 2014. Enumero algunos de estos pecados que el Papa presentó ante jerarcas que ponían cara de que el asunto no iba con ellos: creerse inmunes e “indispensables” en lugar de servidores, caer en la fosilización mental y espiritual en lugar de servir con humildad, entrega, desapego y generosidad. Habló asimismo de una “esquizofrenia existencial” que se da como “…fruto de la hipocresía típica del mediocre y progresivo vacío espiritual que doctorados y títulos académicos pueden llenar”. Se refirió también a la indiferencia hacia los demás, a las “argollas” y a las tentaciones del beneficio mundano. Lenguaje duro y que se podría aplicar probablemente a todas las Conferencias episcopales del mundo y a muchos sacerdotes diocesanos y religiosos… pero que ha caído en el vacío. Nadie se da por enterado. Ustedes pueden leer los 15 pecados, desviaciones o enfermedades en http://www.aleteia.org/es/religion/articulo/historico-discurso-del-papa-francisco-las-15-enfermedades-de-la-curia-romana-5337567612370944?page=4.

   La intervención de uno de ustedes me lleva a recordar un enunciado que se podría discutir: Papas efectivamente buenos no hay ninguno, porque la institución y su doctrina (funcionales para sistemas sociales autoritarios) no se los permite, pero puede haberlos “santos” porque la misma institución se reserva la capacidad para declararlos tales. Y ‘sagrados’ son porque muchas gente los ve/admira a estos ‘santos’ como Dios.

 

  Pablo (Costa Rica).- Me pareció que tanto la intervención suya como la de Roberto Fragomeno fueron excesivamente duras con el Papa Francisco. Si se le compara con los más recientes, éste al menos quiere cambiar algunas cosas para bien. Lo de los divorciados y homosexuales, por ejemplo. O los acercamientos a algunos teólogos de la liberación o el reconocimiento institucional al obispo Óscar Arnulfo Romero. En este sentido es quizás que se le ve más como latinoamericano que como europeo.

   HG.- En los últimos 35 años al menos los Papas han sido llevados por políticos y medios masivos al status, propio de una cultura del espectáculo, de figuras mundiales. Como Usain Bolt o la cantante Adele. O Cristiano Ronaldo. Quizás sea un esfuerzo intuitivo o reflexivo determinado por los requerimientos de un mundo muy violento e imbécil y sólidamente fetichizado e idólatra que requiere disfraces espirituales y estatuas. También Superhéroes que enfrentan y derrotan a Enemigos Sórdidos. Gestos. De esto último se ha hablado. En fin. A lo que apunto es que Francisco tiene más que suficientes espacios en que se le aplaude aunque no se trate de monedita de oro. Son aplausos a ciegas, por el status y el sistema. Ignoro cómo se programó esta mesa de discusión y también ignoro cómo es que resultó unánimemente crítica, aunque desde distintos ángulos. Cada uno de nosotros llegó acá por su cuenta exclusiva. No conversamos previamente.


   Si recordamos figuras en épocas, Jesús de Nazaret existió en un tiempo menos violento que el actual, por el número total de gentes y porque el mundo no existía…, y terminó crucificado. Lo menos que se podría exigir de un Papa cristiano es que muera, tras enjuiciamiento vil, en la hoguera o en la cruz o en la cámara de gases, liquidado por un sistema que no puede dar lo que todo cristiano tendría que exigir: el trazado político hacia un mundo sin discriminaciones, no “igualitario” que es asunto distinto. Los seres humanos son distintos, nunca iguales. Por el contrario, los papas terminan sus días proclamando “santos” y en medio de un fingido dolor mediático y un más sincero dolor de algunos fieles. Honras mundiales. Cínico y obsceno.


   De esta mesa, en cambio, no se enterará ni la Conferencia Episcopal de Costa Rica. Nadie se cuestionará a sí mismo ni al mirarse en el espejo sentirá vergüenza por sí mismo y por todos. No era tampoco el propósito de esta reunión. De modo que yo no comparto que sus expositores resulten en exceso duros con este Papa Bergoglio. Los que me parecen brutalmente insensibles son quienes siguen votando por pontífices y quienes resultan electos. Si me designan como parte del jurado del Juicio Final todos, polacos, alemanes o argentinos, tendrán que ir por un tiempo largo a sudar su bicicleta.

 

   Esteban (Costa Rica).- ¿Por qué la opción por los pobres de la Teología Latinoamericana de la Liberación no llegó a ser un cisma que independizara a la Iglesia Latinoamericana con respecto de la autoridad de Roma, como sí lo fue la Reforma protestante? Esto porque pienso que el impacto cultural interno de la Iglesia Latinoamericana estaba siendo revolucionaria, incluso a lo interno del oficialismo del Vaticano, tanto así que el Papa vino en una misión en Centroamérica contrarrevolucionaria, cuando los sacerdotes, más bien eran prorrevolucionarios. ¿No debieron negar la autoridad papal y gestar una Liberación (como se denomina) espiritual totalmente? Gracias por su respuesta.

   HG.- Este no es precisamente un campo de mi presentación, pero si consideramos los “gestos” amables que ha tenido el papa Francisco con algunos teólogos de la llamada Teología latinoamericana de la liberación, Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez, por ejemplo, supongo que puedo decir algo al respecto. Lo primero es que un aspecto de la pregunta que usted hace no tiene basamento sociohistórico. Ni en América Central ni en ninguna parte de América Latina los sacerdotes y cristianos generalizadamente fueron pro-revolucionarios, en cuanto creyentes. La TLL fue siempre un movimiento de minoría y asimismo seccionado. Secciones específicas y en un caso muy pequeña de esa minoría, Cristianos por el socialismo, por ejemplo, o individuos, Ernesto Cardenal, por ejemplo, se inclinaron por algún aspecto subversivo del movimiento que, en realidad, fue pequeño pero amplio, y abarcó sectores disímiles y sin mayor contacto entre sí: teólogos profesionales, por ejemplo, y grupos insurreccionales que optaban por la lucha armada. Estamos hablando de la década de los sesentas y setentas en América Latina. Entonces, se trató de un sector minoritario y no articulado. Interesantes sus distintos frentes, pero minorías.

   Lo que sí debe también entenderse es que allí donde los sectores revolucionarios del período (parlamentarios o político-militares) consiguieron impactar significativamente a la población, tal es el caso de Chile, Colombia, Nicaragua, El Salvador, ello significó la adhesión y el aporte de muchos cristianos a las tareas de propias de los procesos revolucionarios. Pero la mayor parte de ellos no se insertaba en las luchas en cuanto cristianos sino como revolucionarios. Se aplicaba, aunque no se la conociera, una sentencia de Fidel Castro dicha en una reunión con Cristianos por el Socialismo, a inicios de los setentas: ‘En la revolución no hay cristianos. Hay revolucionarios y contrarrevolucionarios’. Ernesto Guevara parecía tener una opinión diferente sobre el asunto. Para él, ‘cuando los cristianos se atrevan a dar un testimonio integral, la revolución latinoamericana será invencible’, pero también agregaba que ‘... los cristianos no pueden pretender, en la lucha revolucionaria, imponer sus propios dogmas, ni hacer proselitismo para sus iglesias’ (cito algo de memoria y las itálicas son mías), pero se trata en Guevara de cristianos que han releído su fe religiosa desde la lucha revolucionaria, o sea que han reconstituido su identidad. Si se quiere, creen en otra divinidad. No existe, por lo tanto, una distancia insalvable entre la opinión de Castro y la de Guevara. Y que las revoluciones en América Latina no puedan hacerse contra la experiencia de fe religiosa de los cristianos es asunto de sentido común. Son mayoría y muchos le dan a su identidad cristiana un carácter sustancial. Se está, por tanto, ante un desafío político que la experiencia cubana de más de medio siglo ha sorteado con relativo éxito pero que no se puede evitar precisamente porque las instituciones cristianas (no necesariamente los cristianos) tienden mayoritariamente a comportarse conservadoras e incluso reaccionarias. Tampoco debe extrañar esto, ni escandalizar.

   La reforma protestante europea se inscribe en un momento sociohistórico enteramente diferente. El frente de lucha de Lutero (1483-1546) se da contra el poder político-clerical del Papa y contra sus corruptas prácticas de poder clericales. Y, lo haya sabido o no, su lucha contiene las banderas de una iglesia nacional y se inscribe en el ascenso de una economía dineraria en Europa (que se concretará posteriormente en economías capitalistas) que es factor de la generación de un nuevo bloque de poder que sustituirá al configurado por curas, monarcas y señores. Está emergiendo otra manera de ser europeo y está trizándose el dominio secular del Papa. Lutero apostará finalmente a favor de los señores nacionales y contra los campesinos, pero también hará que los curas pierdan poder sobre las riquezas. Dicho estúpidamente, “la tiene fácil”.

   Los sacerdotes y creyentes religiosos cristianos en las décadas de los setenta y ochenta en América Latina no la tuvieron “fácil”. El poder imperial lo sostienen EUA y sus ejércitos delegados en el área que combaten a quienes se determina enemigos con golpes de Estado (Chile, Uruguay, por ejemplo) y guerras crueles e interminables (Nicaragua, El Salvador). Desde el Vaticano (Juan Pablo II) la toma de partido es por el imperio, los militares golpistas y las neo-oligarquías. Los luteros no así resultan factibles. Habría que darse otra manera de alcanzar el “efecto Lutero”. Los teólogos católicos de la liberación no están en eso. El imaginario de sectores populares lo intuye: se ha tornado necesaria otra manera cristiana de estar en y ser el mundo. Pero la respuesta de algunos teólogos ‘liberadores’, entre los más famosos, resulta grotesca. Su programa consiste en “Cómo decir a los pobres de este mundo que Dios los quiere”. Jon Sobrino atribuye la sentencia a Gustavo Gutiérrez. Ha de ser cierta. Pero nótese: el mismo Dios, la misma iglesia “dirá” a los pobres. Con programas vanidosos y altaneros como éste ni el Espíritu Santo puede. Así que nada de Lutero.
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    Intervención de Roberto Fragomeno

   RESPUESTA A LA PREGUNTA: ¿QUÉ CLASE DE ENTE ES UN PAPA LATINOAMERICANO? (Pregunta formulada por el Prof. Helio Gallardo)

   
       Sigamos parafraseando a Kant (1724-1804; ¿Qué es esto de la Ilustración?) y digamos: un Papa Latinoamericano es el reingreso de muchos a una gozosa minoría de edad. Pero no podemos avanzar mucho más de la mano de Kant  porque la Ilustración no permite ver aquello que señaló Hegel (1770-1831) primero y Carl Schmitt (1888-1985) después: que los conceptos políticos de la modernidad tenían su génesis en conceptos teológicos que se habían secularizado y que lo filosófico empieza, justamente, cuando se piensan los maridajes entre lo religioso y lo político. Si esto es así, entonces ya tengo una primera respuesta a la pregunta del Profesor Gallardo: un Papa Latinoamericano es un ente que solo puede comprenderse desde lo teológico-político.

    Teología política que no sería la de Spinoza (1632-1677)  sino aquella que hunde sus raíces en una construcción cultural y mitológica, a saber: la de la América Latina católica. Es decir, el mito de una religiosidad del culto y de la institución, bien lejos de la alegría báquica y de la santidad animal de los mitos precristianos. No sería la de Spinoza entonces, sino la de Suárez (1548-1617), la de un modelo humano que orienta y determina las potencialidades  sociales conformándolas, reprimiéndolas y dirigiéndolas hacia los objetivos institucionales. 

    Esta teología política tiene un ente cuya autoridad ha surgido de la nada; de un hecho excepcional y milagroso cuyo efecto es la incertidumbre política que activa el mecanismo político de Hobbes: el miedo, la pasión política que Spinoza no quería combatir con un miedo mayor.

    Un Papa Latinoamericano es el lugar donde el cristianismo y el decisionismo vuelven a encontrarse para seguir prolongando la autoridad del soberano y del padre que, juntos, nos recuerdan que hemos caído y nos hemos desviado. Y, para el pueblo latinoamericano, el mensaje reinstala la concordia y la unidad, pero no en la versión del uruguayo Artigas (1764-1850), sino en la de otro uruguayo, el teólogo Methol Ferré (1929-2009) conocido como “Hegel cabecita negra”.

    Pero Bergoglio como ente de lo teológico-político es también el resultado del agotamiento de otra teología política: la de Juan Pablo II y la de Benedicto XVI. Esta teología política destruyó las transformaciones propuestas en el Concilio Vaticano II y las corrientes latinoamericanas que habían crecido inspiradas en la Teología de la Liberación. Asimismo, esta teología política había hecho sintagma con la última ofensiva contra el comunismo; había acomodado al catolicismo con el proyecto neoliberal y había prestado un santo apoyo a las dictaduras latinoamericanas. A lo que hay que agregarle los pactos con la mafia financiera mundial; las empresas de pedofilia y el lavado de dinero.

    Y Bergoglio que desde Buenos Aires había practicado esta teología política entiende su agotamiento y en un milagroso giro deja de ser Bergoglio y se transforma en Francisco y se pone a la vanguardia de una supuesta transformación del aparato eclesial que ha encandilado a los teólogos de la liberación; a los dirigentes políticos que lo adversaron (Cristina Fernández) y hasta al presidente comunista de la comunista Cuba.

    Esta nueva teología política está llena de gestos, símbolos y declaraciones impactantes que limpian la complicidad de Bergoglio con el régimen anterior. Y tiene un excelente colaborador latinoamericano: el hondureño Oscar Rodríguez de Maradiaga (n. 1924) que, después de él, es quien mejor entiende de teología política.

    La nueva teología política hecha de gestos y de una biografía que ha sido higienizada, juega con la simpatía del ente para trasladarla a la institucionalidad que representa. Por tanto, no habría que sorprenderse que el furioso arzobispo de Buenos Aires haya mutado al simpático Francisco. Más teatralidad para reforzar el dogma. Más lógica de consumo para actualizar los viejos dogmas. En contra de los  consejos de Locke (1632-1704) y Hume (1711-1776), este ente llamado Papa utiliza profusamente las metáforas que, por ser ambiguas, juegan potentemente en la historia. Y como las metáforas religiosas no se involucran en la política prosaica y cotidiana se convierten, ipso facto, en una poderosa y actualizada teología política.

    Esta teología política llena de  gestos, sonrisas, declaraciones y metáforas es más efectiva que la de sus antecesores precisamente porque no se percibe como tal. El esquema sigue siendo el de Suárez: si dios está por encima de todas las cosas, quien más sepa de dios está sobre quien sabe menos. Y si en Ratzinger la religión es un muro de contención de la razón (ver la polémica con Habermas), con Francisco la relación entre fe y razón está llena de simpatías y afinidades electivas y hay que aceptar gozosamente este no saber de la razón que regula esta relación. Entonces, la vieja teología política de Wojtyla y Ratzinger ha caído no por los objetivos que perseguía sino por sus procedimientos.

    Y esto no me parece un detalle menor. La designación de un Papa Latinoamericano solo fue posible por el agotamiento político del modelo Wojtyla-Ratzinger.

    Y esto es lo que ha seducido a dirigentes políticos progresistas o de izquierda radical y a teólogos de la liberación. Estos últimos han quedado desnudos: lo único que querían era un padre de alma buena y bella que enalteciera su religiosidad y les diera gozo en el sometimiento pródigo.

    Un padre de derecha que fuese capaz de organizar una sensibilidad de izquierda pero infantil. Los teólogos son la forma discursiva de la minoría de edad y ahora tienen la forma adulta que confirma su sentido de pertenencia al servicio de una ley absoluta disfrazada de amor franciscano que los ha despojado de poder popular para ser ahora colaboradores del poder individual del Papa.

    Ahora sabemos qué clase de ente es un Papa Latinoamericano: aquel que ubicará a los creyentes progresistas y sus teólogos en el “como si” de la realidad política, en la coincidencia sin distancia con lo dado y lo deseado y en este movimiento los pondrá allí donde Ratzinger no pudo, en la ineficacia y la apariencia de que ahora todos son como él. Sabemos que este ente llamado “Papa latinoamericano” está inaugurando un nuevo modo de ser católico que se confunde con ser simpático y triunfador como Francisco. Su estilo agradable llena el deseo popular con lo que mejor sabe hacer el catolicismo latinoamericano: la repetición.
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   Conversación

      HG.- En realidad mi pregunta, en un correo electrónico, fue: "¿Qué clase de ente es un Papa latinoamericano?" El énfasis se puso en "latinoamericano". No existen tales entes porque los papas pertenecen a la Iglesia institucional y ésta a Dios Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Cuando uno es ordenado por la Iglesia deja de pertenecer al sitio donde nació. Si esto vale para un sencillo diocesano (que, como se ve, ya no es tan sencillo) imagínese para un Papa. Un Papa es el mero mero sacerdote/faraón de una iglesia a la que acuden o se adscriben más de mil millones de fieles en todo el mundo aunque se trate solo de disfrutar una "religiosidad del culto y de la institución", como apunta muy polémicamente Fragomeno.

   Ahora habría que anotar al menos otros dos planos. ¿Puede ser argentino un jesuita? La respuesta es sí. No solo puede, sino que debe... si ejerce en Argentina. De hecho Bergoglio jesuita fue argentino en Argentina. Si hubiese ejercido en Burundi tendría que haberse comportado como burundés. El jesuita Bergoglio fue argentino cuando ejerció en su país natal, pero de una manera que no le simpatizó en exceso al profesor Fragomeno lo que revela que "argentino" se puede ser de distintas maneras porque se tiene, en cuanto argentino, que tomar opciones ante la realidad, con la realidad. Nos dice Fragomeno: '...acomodó al catolicismo con el proyecto neoliberal y prestó santo apoyo a las dictaduras latinoamericanas'. Son opciones que tomó el jesuita argentino Bergoglio cuando ejerció en Argentina. De modo que "ser argentino" por sí mismo no determina nada. Se puede "ser argentino" de muy diversos modos. Las opciones de Bergoglio no son las de Fragomeno. Ahora, lo que ocurre es que cuando a un jesuita lo eligen Papa, sigue siendo jesuita pero es más Papa que jesuita. Algo semejante a Bergoglio que, cuando es ordenado jesuita no deja de ser argentino pero es más jesuita que argentino. Cuando lo eligen Papa su raíz argentina es casi nula o nula del todo. Pero también habrá que reconocer que cuando era jesuita argentino muchos argentinos, no todos, lo veían y aceptaban como argentino sin más. Y que ahora que es Papa muchos argentinos, y tal vez muchos latinoamericanos, lo ven argentino y latinoamericano. Aquí tampoco el número prueba gran cosa.


   El plano dos es menos grato todavía. Cuando un Papa "es" latinoamericano, pierde rango. Es menos Papa. Como la Copa América en el fúbol. Es "menos" fútbol que la Champions Europea disputada por clubes de España, Alemania, etcétera. No estamos en el campo, todavía, de una teología política, sino de la geopolítica y del eurocentrismo. Algo, o mucho, se ha agotado, anota bien Fragomeno. Pero, ¿por qué una asamblea de ancianos elige a un 'latinoamericano', que quizás no lo es, como Papa en esta situación de agotamiento? La respuesta cuantitativa (América Latina es la región del mundo con más católicos , unos 590 millones de los que Brasil aporta más de la quinta parte) no aclara demasiado porque, al menos en este subcontinente, el número de católicos va en descenso (esta iglesia crece, en cambio, en África y Asia). Quizás en el seno de su iglesia institución no se mira a Bergoglio como latinoamericano. Los ancianos del cónclave, y los no tan ancianos, miran y ven no a un latinoamericano sino a un hombre de ellos. Sobre esta cuestión, Fragomeno introduce un concepto valioso en el inicio de su presentación: "...un Papa Latinoamericano es el reingreso de muchos a una gozosa minoría de edad". Lo dijo al inicio y rápidamente para que no se notase en exceso a Kant. No se debe olvidar este aporte. Recorre toda su participación. Es feroz porque habla de nosotros: miramos a un Papa y lo vemos "latinoamericano" cuando no lo es. El falso Papa latinoamericano refuerza nuestra minoría de edad. Y la elección del cónclave de ancianos muestra una institución que añora esta minoría de edad en sus fieles. ¿Serán estos tres eventos signos de los tiempos, o sea de la actual mundialización? Inquietante.

 

   Intervencion de Luis Diego Cascante   

   APROXIMACIÓN A LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN Y AL PONTIFICADO DE FRANCISCO I. UNA VALORACIÓN DESDE LA INVESTIGACIÓN CRÍTICA.

   Estos apuntes no pretenden ser ni globales ni exhaustivos respecto de la teología latinoamericana de la liberación (TLL). Quizás resulte muy pronto y, además, atrevido, decir algo de manera contundente respecto de este modo de entender la teología y de interpretar el mundo en particular. Sin embargo, se busca situarla en lo que podría denominarse la propuesta académica de la misma. Debe quedar claro que, como están las cosas actualmente, la TLL expresa el sentir de minorías (no obstante el discurso y los signos externos del nuevo Papa Francisco I: Bergoglio escogió a Francisco (el pobre) de Asís para delinear su pontificado, es un jesuita cuya Compañía tiene la opción por las víctimas, desde P. Arrupe, como norte pastoral y, recientemente, desatoró y llevó a cabo la beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero).

   La idea de estos apuntes es asumir el tema de la pobreza desde la TLL y desde los resultados actuales de la investigación crítica para así valorar si Jesús (como personaje esencial del cristianismo), en el contexto de la Palestina del siglo I, fue pobre o no. Si Jesús no fue pobre, ¿debe la teología católica (oficial y la TLL) seguir aduciendo que su compromiso con los pobres está enraizada en la pobreza de Jesús? Es una cuestión de fundamento bíblico y, en consecuencia, de legitimidad. (Aquí no se discute ni el valor –que es grande- de la teología a favor de los pobres ni su pertinencia –es decir, urgencia-.)

   El proverbio “A modos de ser nuevos, nuevas respuestas” interpela de manera particular al poner sobre la mesa la TLL.  La TL surgió (1964) en Petrópolis, tras las propuestas de Gustavo Gutiérrez, Juan Luis Segundo y Lucio Gera en el catolicismo (1) y con la colaboración de H. Assmann, Segundo Galilea y J. Comblin.  El legado para la teología en general de parte de la TLL podría condensarse en las dos grandes intuiciones y que siguen siendo sugerentes (teológicamente): “la llamada “perspectiva del pobre” y el “primado de la praxis” (González, 2003, 368 y ss).  A partir de estos, varios temas cristológicos cobraron importancia decisiva:

   La TL subrayó el acercamiento de Jesús a los pobres, como lugar teológico, desde la teología dogmática, claro está. Es asumir la realidad de la encarnación no solamente como solidaridad con el género humano, sino fundamentalmente como introducción en el mundo de los pobres desde un dinamismo transformador de su realidad.  [Esto posibilitó nuevas y frescas lecturas desde la teología bíblica (como refrescamiento de la teología dogmática y en sintonía con ella) y dio paso a la censura de personajes que la publicitaron y asumieron, entre ellos, L. Boff (con su inolvidable libro Jesucristo el liberador), Jon Sobrino (Jesucristo liberador), Ignacio Ellacuría, entre otros, con el peso perverso de guardar silencio o aplicárseles la invisibilización eclesial.]

   La predicación de Jesús se vincula al anuncio de la llegada del reinado de Dios, como una acción permanente que transforma todas las cosas y, entre ellas, las sociales, las económicas, la estructura eclesial misma, etc.  Este tema, que ya estaba en la exégesis europea (recuérdese la teología política de J. B. Metz), es asumido desde la dimensión social de ese reinado.  La liberación no era un problema sino un punto de llegada desde la inminencia del reinado de Dios.  Una historia de la salvación y una salvación en la historia (I. Ellacuría). En este sentido, el reinado de Dios comienza aquí en la Tierra y culmina en el más allá, inyectando ‘gracia’ a las estructuras (políticas, sociales, eclesiales, etc.) de convivencia humanas. Es un ‘ya’ pero todavía no, escatológicamente.

   Las consecuencias de lo anterior con los poderes de este mundo fue manifiesto, pues el mensaje de Jesús le condujo a un conflicto con las autoridades de su tiempo. Muchos de los nuevos teólogos latinoamericanos asumieron el análisis económico marxista como una herramienta que permitía mejorar la intelección de la realidad que oprimía a los pobres y rescatarlos, tratando de transformar las fosilizadas instituciones/estructuras que sirven de tentáculos de las estructuras que generan opresión. Algunos pasaron de ser ‘agentes de pastoral’ a ser ‘activistas sociales’ (innegociable defecto para la teología oficial, con el recordatorio, si eran sacerdotes, de mantenerse alejados de las luchas sociales de los pueblos que pastoreaban). La opción por los pobres llevó a combatir las causas de la pobreza como violencia estructural y, simultáneamente, a defender a los pobres de la opresión de los señores de este mundo para hacer efectivo el estallido de la gloria de Dios.
Esto, grosso modo, es lo “teológico” de la TLL.

   A partir de lo dicho más arriba, la TLL se tuvo que enfrentar a:
   La derrota de los movimientos de liberación nacional de finales de siglo XX.  Esto le afectó indirectamente.  La toma de poder del Estado nacional colapsó dado el grado global del capitalismo.  Un poder escondido tras estructuras invisibles internacionales, manipulador del poder político nacional, pero anónimo, dificultó la lucha.

  La reacción al interior de la iglesia dividió el clero.  A favor y en contra, la causa de los pobres enfrentó a conservadores y simpatizantes de la TLL.  En consecuencia, quienes se “metían en política” eran declarados peligrosos y, por ende, “asesinables”.  Esto marcó el catolicismo posterior en América Latina.  (La cadena de sacerdotes, monjas y agentes de pastoral católicos asesinados –y de líderes y creyentes protestantes- es larga, en América Central sobresale Rutilio Grande, Monseñor Romero, Ignacio Ellacuría, y muchos más).

   La agresiva avanzada de las sectas, en especial el pentecostalismo, compitieron con la TLL, la cual no pudo hacer que los “pobres” no se hicieran pentecostales, que en la Iglesia no florecieran los movimientos de carácter carismático, con su característico énfasis emocional y la espiritualización del Reino, sub specie aeternitatis (bajo especie de la eternidad), como fuga mundi (fuga del mundo).

   Lo latinoamericano de la TLL podría condensarse así:

   Lo latinoamericano puede entenderse de muchas maneras, sin embargo decir “latinoamericano” es sinónimo de “fragmentaciones” al interior de los países.  Esto significa que “solemos estar en guerra en contra de nosotros mismos y ello se manifiesta como enajenación de la autoestima” (Gallardo, 1994, 12).  Esto es un desgarramiento destructivo.  La TLL se lee así como una praxis que busca transformar las estructuras y situaciones de empobrecimiento.  En este sentido, es valiosa la distinción entre “pobre”, un estado, y “empobrecido”, en cuanto la pobreza es consecuencia de relaciones histórico-sociales violentas.

   Además, el pobre no se asume como objeto, por ende, insignificante, sino como sujeto, en cuanto soporta y sufre el pecado social de insolidaridad. Por lo tanto, no existe una única manera de ingresar a la opción por los pobres en AL, pues el discernimiento del pobre instala en situaciones de carencia y contraste en sí mismas y no por otras.

   Respecto de su valoración, todavía hoy se escuchan, las dos caricaturas más comunes sobre la TL: que fue y es de inspiración comunista y anti-eclesial. La suerte de América Latina ubica al continente en un lugar de oligarquías que no negocian espacios de poder ni mucho menos garantías económicas.  Históricamente se anatematizaron las novedades surgidas durante el siglo XX.  Existen otras formas de anatematizar pero indirectamente: no brindar los espacios reales para que se den los cambios, tal es el caso del ‘laicado’. Así, de las enseñanzas esbozadas en el Concilio Vaticano II, quizás sea la teología y la pastoral del laicado la menos asumida por la Iglesia postconciliar.  Parece que todavía el cambio no se ha dado y que los laicos terminan siendo ‘subutilizados’ o, en el peor de los casos, considerados carentes de “sutileza doctrinal”.  

   Pero ¿qué dice el Vaticano II sobre los laicos?. En la Lumen Gentium (LG), tanto los pastores como los laicos, participan de la función sacerdotal, profética y real de Cristo (LG 10-12, 30-31). Hay unidad de misión aunque haya diversidad de ministerios.  En virtud de que todos son hermanos (LG 30), pastores y laicos, hay igualdad de dignidad y de acción.  La variedad de ministerios hace que sea el laico quien, por vocación propia, busque el Reino de Dios tratando de ordenar los asuntos temporales.  Así la función laical no depende de los sacerdotes para ejercer el apostolado, sino que brota como deber y derecho de la misma unión con el Cristo de la fe (LG 33), aunque, por supuesto, haya subordinación a los pastores (2).

   Desde la investigación crítica, la TLL padece –bíblicamente hablando- la misma inmunización de la teología oficial en cuanto que se fundamenta en la dogmática cristológica, incapaz de dialogar con la filología neo-testamentaria y con la historia. En este momento, la reflexión cristológica de la TLL no ha asimilado los desarrollos de la investigación crítica más radicales: la metáfora de Jesús como ‘Hijo de Dios’ y de su resurrección, la encarnación, la apocalíptica de este judío, etc., entre otras, aunque con mayor gusto ha visto en el ‘Jesús por los pobres’ ciertamente a un revolucionario suavizado para su tiempo, sin asumir el contexto en el que nació, creció y vivió su judaísmo, lo cual le daría radicalidad a la propuesta religioso-política de Jesús.

   Jesús no fue ni celota ni sicario. Los celotas, como movimiento armado organizado (iniciado por Judas el Galileo en el 6 d.C. y sus seguidores, unidos a una doctrina de fondo estrictamente fariseo –de la escuela de Samay, entendida en sus aspectos sociales y políticos radicalmente– y cuya ideología mantuvo difusamente base teológica para sustentar la violencia religiosa anti romana, no tuvieron importancia sino hasta después de comenzada la guerra judía (66-70 d.C.). Para los celotas (‘celosos por la Ley’), la liberación de Israel estaba en manos de Dios y de quienes empuñaran las armas tanto contra los romanos como contra los judíos colaboracionistas, ya que nadie fuera del Dios único de Israel puede ser admitido ni honrado como rey o señor.

   En Antigüedades 20, 164, Flavio Josefo narra: “Subieron algunos de (los bandidos) a la ciudad con la intención aparente de rendir culto a Dios, ocultando sus puñales debajo de su vestimenta, y de esta manera, mezclándose con Jonatán, lo mataron”. Estos puñales (xiphídion, en griego) eran también designados con el nombre latino, ‘sica’, del cual provino la denominación de ‘sicarios’. Estos fueron probablemente un grupo de celotas independientes, que emprendían acciones que hoy calificaríamos de ‘terroristas’ por motivos religiosos. Sus métodos usuales incluían actuar en pleno día y cometer asesinatos simbólicos de gente distinguida por su cargo o posición, o practicar secuestros y extorsiones (Cf. Guerra II, 254-257).

   Retomando la cuestión de la pobreza en el Nuevo Testamento (NT), es necesario hacer dos distinciones:

   Jesús el judío (Cf. G. Vermes y E. Sanders) fue hijo de su tiempo y, en la Palestina del s. I, nunca pensó él ni quienes le siguieron en asumir la “pobreza” como modelo ético (para la posteridad o, lo que es lo mismo, a lo largo de dos mil años), pues se trató más bien de una ética de urgencia: el Reino de Dios es inminente y no tiene sentido (“porque ya viene” con “sus legiones de ángeles”) acumular bienes materiales en consecuencia. La inminencia –que es también inmanencia- del Reino de Dios inscribe a Jesús dentro de la apocalíptica (a la manera de Juan Bautista, pero con matices), más siempre desde el Dios de Abraham, Isaac y Jacob,  el cual irrumpiría en la historia del pueblo judío para llevar a todos al Dios de Israel (teocracia) y al cumplimiento de la Ley de Moisés. En esta dirección están las Bienaventuranzas/Malaventuranzas. Esta ética no fue un código de reglas destinadas a la convivencia en una sociedad duradera, sino un acento de urgencia del amor de Dios y del prójimo, en un Reino futuro (Mc 10, 17-27) aquí en la Tierra. Este Reino es una entidad político-religiosa, pues la historia judía es una historia sagrada que une necesariamente lo político y lo religioso.

   No se puede suavizar el judaísmo de Jesús ni mucho menos negar que el pueblo elegido es el judío, al que pertenece la Ley de Moisés, la cual siempre ha estado siempre en manos de éste y que ha sido leído y enseñado a través de la exégesis rabínica. (Habrá que devolverle el Antiguo Testamento al judaísmo para que nos ilustre.)

   Jesús el judío no puede ser considerado “pobre”, por lo menos si nos atenemos a los textos del NT de los que se deduce “su” pobreza. El Jesús pobre y su defensa de la pobreza no es desprendible de los textos bíblicos con la fuerza que pretende el catolicismo (en cualquiera de sus vertientes, la oficial y la de la TLL). El famoso libro del sacerdote y exegeta católico J. Meier, Un judío marginal,  funda su título en la tesis de que Jesús fue un judío marginal a partir de Lucas 8,1-3. Si se elimina la leyenda (ficción) del texto, entonces tenemos: Jesús predicando a los Doce (!), la alusión directa a las 12 tribus de Israel, y haciendo milagros (!). Queda un residuo: las mujeres que lo acompañan y le dan soporte económico. Estas mujeres son mencionadas por Mateo y por Marcos (por atestación múltiple) como contemplando de lejos el sacrificio en la cruz. El problema no es el discipulado sino el tipo de discípulas que se infiere: María Magdalena, Juana, Susana y otras. María Magdalena es una ex endemoniada y Lucas (24,10) le recuerda anunciando la resurrección a los apóstoles. Juana, la mujer de Cusa, intendente de Herodes, el tetrarca de Galilea (esto es una cruz en el texto, por criterio de dificultad) y, además, casada con un digno colaborador de Roma, que recauda impuestos, y ella andando por los pueblos con varones (entre ellos, Jesús), mientras su marido trabaja a favor del Imperio. A Susana, nunca más mencionada y desconocida. Otras en general. Conclusión de J. Meier: Jesús anda deambulando de pueblo en pueblo, es decir, es un judío marginal. Sin exageraciones, pues el texto de Lucas no da para tanto. Adversamente, aplicando con dureza el método histórico-crítico, se podría sostener otra tesis: que Jesús (con un marcado mesianismo político: sedicioso, a partir de la acepción de lestái en Flavio Josefo) era el líder de un grupo de galileos armados de inspiración apocalíptica y macabea, que molestó a las autoridades romanas y, en cuanto tal, vivir y pasar la vida en la periferia de los pueblos le otorgaba seguridad, pues, de lo contrario, hubiera sido apresado antes de tiempo y, aún más durante la Pascua en Jerusalén pues,  por razones estratégicas, era custodiada por los romanos durante las festividades a fin de controlar cualquier simulacro de rebelión. (Jerusalén en tiempos de Jesús no sólo era un lugar económicamente importante para el Imperio, pues movilizaba cerca de un millón de personas durante la Pascua, sino que la convertía en un lugar potencialmente peligroso y amenazante para el poder romano.) Esto es plausible históricamente porque parte de los hechos narrados por documentos históricos universalmente reconocidos: la vida y muerte de Juan el Bautista, la existencia de Jesús y de su hermano Santiago, la ejecución de Jesús por Poncio Pilato, relatos de las cartas de Pablo, muerte de Santiago en el año 62 (Cascante, 2011, 23-24).

   La aproximación de la teología oficial y de la TLL respecto de la pobreza, en la época y por parte de Jesús, parcializa la cuestión, pues no asume radicalmente el judaísmo de Jesús, ya que Jesús estaría pensando en la inminencia del Reino de Dios y no en fundar un nuevo modo de vida (ética), mucho menos una religión.  Dicho de otro modo, esta lectura asume los relatos evangélicos como si fueran totalmente históricos y maquilla a Jesús con su opción por los pobres, cuando salta a la vista que estamos hablando de un Jesús sedicioso, más bien.
   Más bien la inminencia del Reino (religiosamente) apuntaría en la dirección del uso de la violencia como medio (políticamente) para la consecución del mismo, lo cual es evidente si pensamos que Jesús no condena explícitamente la violencia en ninguno de los evangelios (ni en el Documento Q). Entonces, tanto la pobreza fruto del desprendimiento de los bienes materiales como la lucha armada (sedición) son signos condicionados por la inminencia del Reino y para apresurarlo.

   Aquí surge una tensión entre los resultados de la investigación histórica y la teología católica (también la TLL) y protestante: la primera obliga a la teología a repensar su cristología y la comprensión de expresiones cristológicas.


   No hay duda que los autores de las narraciones evangélicas callaron o editaron convenientemente la información sobre Jesús (aunque no se puede afirmar que mediara mala intención). Sin embargo, si se revisan los textos bíblicos con atención, se tiene otra perspectiva sobre Jesús: 1) en las dos fuentes más antiguas de la tradición sinóptica (Marcos y Fuente Q) no hay ninguna condena explícita de la violencia; 2) en Mc 11,15-18, la purificación del Templo puede ser relacionada con una insurrección política en la que estuvo implicado un tal Barrabás (Mc 15,7 y Lc 23,19); 3) el conato de violencia en Getsemaní (Mc 14,47); 4) el ideario político-religioso de Jesús (Mc 11,7-10): su ostentosa condición como mesías de Israel; 5) la hostilidad entre Jesús y Herodes Antipas (Lc 23,7-12); 6) la intervención violenta de Jesús en el templo (en los 4 evangelios); 7) los sobrenombres de carácter violento en algunos de los discípulos de Jesús (Mc 3,17 y Lc 6,15-16: Simón y Judas Iscariote, “celotas”, y Santiago el Mayor y Juan, Boanerges o “Hijos del trueno”); 8) la acusación pública mesiánica reiterada (Mc 15,26 y 32); 9) la predicación del reino de Dios con sus características de bienes materiales y espirituales que la divinidad concedería tras la intervención de doce legiones de ángeles para expulsar a los malvados (Mt 26,53); 10) el convencimiento de los seguidores de Jesús del carácter político del Reino (Hechos 1,6); 11) el temor a una revuelta del pueblo (Mc 14,2); 12) la instrucción de que cada discípulo “compre una espada” (Lc 22,36);  13) “Señor, ¿herimos a espada?” (Lc 22,49-50) y de donde se colige que Jesús y los suyos iban armados para una contienda y estaban dispuestos a presentar resistencia armada; 14) hay armas de combate (del griego “máchaira”, espada de dos filos que, con todo y vaina, pesaba cerca de 5 kilogramos) en manos de los seguidores de Jesús -ya antes de la mención de su uso en el Monte de los Olivos (Lc 22,36-38: dos espadas)- y utilizada por el ejército romano (desde el s. II a.C., como lo atestigua Polibio de Megalópolis,  y hasta 54 d.C. con el emperador Claudio; 15) son usadas esas armas en un enfrentamiento (Mc 15, 7 y Lc 23, 19); 16) Jesús es detenido por tropas abundantes (Jn 18,3 y 12: una “cohorte”, entre 500 y 600 soldados) y al mando de un tribuno; 17) sucesos acaecidos en el monte de los Olivos (Mc 14,26-52; Mt 26,30-56; Lc 22,39-53), lugar vinculado a revueltas político-religiosas; 18) en Mt 27,17 y 22, se refiere a Jesús como “el llamado Mesías”; 19) sobre la incitación a la rebelión popular y la condena del pago del tributo (Lc 23,2 y 14); 20) Jesús muere crucificado a manos de los romanos (sentenciado a ‘muerte agravada’ para rebeldes políticos, en Mc 15, 27); 21) Jesús crucificado con ‘rebeldes’ (“léstai”, según F. Josefo) en  Mc 15,27 y en Mt 27,38, sin nombres, y plausiblemente por olvido voluntario de la tradición, aprendidos y castigados con él, y puesto Jesús en medio de ellos (Jn 19,18) insinuando su liderazgo dentro del grupo y, a la vez, como castigo ejemplar para quienes los vieran; 22)y, por supuesto, en cuanto hecho histórico, el título punzante de su causa condenatoria:  “el rey de los judíos” (Mc 15,26; Lc 23,38; Mt 27,37; Jn 19,19), cuyo “titulus” en lo alto de la cruz o en el cuello del condenado debía aparecer como calificación legalmente adecuada de la acción del condenado a muerte.

   En investigación la hipótesis explicativa más simple y unitaria (convergencia de los datos) es la que debe ser preferida: el proceder de Jesús denota a otro Jesús partidario de la lucha armada y es, como mínimo, verosímil. Razones y evidencia son la clave interpretativa.

   Si la teología católica (oficial y la TLL) quieren seguir a Jesús respecto del tema de la pobreza, ha de hacerlo buscándolo donde él dijo que estaría: luchando contra los opresores dada la inminencia del Reino como él lo hizo siendo un judío de su tiempo. El fundamento doctrinal del proyecto cristiano, ateniéndose a los textos del NT y a la época, está montado sobre un mito, a saber, el “Cristo celestial” de inspiración paulina, con lo cual pierde fuerza y se desfigura el Jesús histórico.

    
   Notas
   1. En el protestantismo se deben decir los nombres de R. Schaull, J. de Santa Ana, Rubén Aves y J. Migues Bonino.  
   2. El Concilio distingue tres fines y cinco campos principales del apostolado laical.  Los fines son: la evangelización y santificación de los hombres, la instauración del orden temporal (específica de los laicos) y las obras de caridad (Apostolicam actuositatem c. II).  Los cinco campos son, a saber, las comunidades de la Iglesia, la familia, la juventud, el ámbito social, los órdenes nacional e internacional.
   También los obispos y presbíteros tienen obligaciones con los laicos:  deben reconocer y promover su dignidad en la Iglesia; hacer gustosamente uso de sus consejos; encargarles tareas en servicio de la Iglesia; dejarles libertad para actuar; animarles a que espontáneamente asuman cometidos propios; considerar atentamente sus peticiones y deseos; reconocer su libertad en la sociedad civil (LG 37).   Algunos –tanto clérigos como laicos- piensan que el estado laical está delimitado por una exigencia sociológica.  No; es su consagración sacramental por el bautismo y la confirmación que se capacita y se le facilita hacer valer “la existencia cristiana en el interior de los sectores mundanos en que se encuentra involucrado” (5). Lamentablemente, la incapacidad de muchos y la falta de sensatez de otros, ha promocionado que los clérigos no se apropien del laicado y, de rebote, el fenómeno inverso: la apropiación de clérigos por “comunidades” supuestamente autónomas, que bajo la dirección de laicos incorporan a los clérigos ocasionalmente para servicios auxiliares.


   La vivencia del laicado debe, pues, ser efectiva.  Es decir, el laico debe luchar por quitar el pecado.  En virtud de esto, el laico no debe hacer nada que contribuya a aumentar la situación del pecado y no debe poner resistencia a transformar radicalmente este mundo de pecado. Es decir, el compromiso del laico, en su trabajo, con el seguimiento de Cristo será rechazado por el mundo y aquí está su purificación.  “Estar en el mundo sin ser de él”, con todas las internas contradicciones que ello implique en su condición de cristiano.


   Bibliografía

  Para esta presentación se ha utilizado fuentes bibliográficas de los siguientes autores: -Balthasar, Hans Urs von. “¿Qué es un laico?”. Benzo, Miguel. “El seglar en la doctrina del Vaticano II”. Cascante, Luis Diego. (2011) El otro Jesús. Costa Rica. Ellacuría, Ignacio: Conversión de la iglesia al Reino de Dios. Gallardo, Helio. “La teología de la liberación como pensamiento latinoamericano”. González, Antonio. “El pasado de la teología y el futuro de la liberación”. Meier, John P. (1998-) Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. IV vols. Pamplona: Verbo Divino. -Montserrat Torrents, José. (2007) Jesús el galileo armado. Piñero, Antonio. (2006) Guía para entender el Nuevo Testamento. Sanders, E. (2004) Jesús y el judaísmo. Vermes, Geza. (1977) Jesús el judío.

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Conversación

  HG.- Me llaman la atención, inicialmente, dos asuntos: la religión cristiana catolica, y su institucionalidad, tienen como un referente a un Jesús de Nazaret (a quien llama Cristo Jesús, normalmente), pero no se agotan en él. También leen de cierta manera a Pablo de Tarso, a Agustín de Hipona, a Tomás de Aquino y, sobre todo, a su propia tradición clerical (enfatizando su despliegue desde el estadio en que la hacen religión oficial del imperio romano y sus momentos posteriores). Su memoria de los evangelios sinópticos es selectiva y, podríamos agregar, arbitraria. Su ponencia lo ha resaltado. En otro ángulo, el cristianismo se propone como religión y como iglesias. No pretende más verdad que la sobrenatural que la hace religión y, en menor medida, iglesias. Al no pretender más verdad que ofrecer la clave de una salvación o redención estas iglesias dependen de sus fieles, o sea de la fe religiosa de ellos. Desde este punto de vista quién haya sido Jesús Nazaret carece de toda importancia. Lo que importa a sus fieles es que Cristo Jesús, el de las iglesias, les cobije en este mundo y les salve en el otro. Esta salvación/cobija puede provenir de la fe religiosa apasionada, de una combinación de la fe religiosa con acciones institucionalizadas, o de la fe religiosa resuelta por un aposentamiento del Espíritu Santo. En todos los casos se produce, en el creyente religioso, una vivificación. O cualquier cosa que el creyente interpreta como una vivificación. Quien haya sido en verdad Jesús de Nazaret carece de toda importancia, al menos para el cristianismo católico que es todavía mayoritario en América Latina. Lo que interesa a su iglesia es la fe religiosa de quienes se instalan en ella y creen en Cristo Jesús. Esa fe religiosa (cuya expresión puede ser variadísima) sostiene un aparato institucional que ofrece elegir entre la gracia/virtud y el pecado (este último se abre asimismo a la confesión) que se vinculan con la salvación o la condena. Visto así, Cristo Jesús es solo viento balbuceado y Jesús de Nazaret un desconocido (tampoco es que se pueda afirmar nada demasiado exacto sobre él con la literatura existente). Daría igual que nunca hubiese existido. Dentro de las anécdotas que le atribuyen a Gandhi está su respuesta a un periodista occidental que le pregunta sobre el cristianismo. Contesta: "Es una buena idea". Tal vez si le hubieran preguntado sobre la Iglesia Católica, la institución y su historia, o sobre los cristianos (los ingleses lo eran), su respuesta no hubiera sido la misma. Recordemos que Ríos Montt, Pinochet, Videla fueron, en vida, cristianos. Y que la Invasión de lo que hoy es América Latina, con su genocidio y pretensión de etnocidio, se hizo "en nombre de la cruz". Nuestros ejército genocidas llevan en sus estandartes imágenes de sus diversas patronas, o sea de la Virgen María. Obsceno. Los seres humanos, y sus iglesias, pueden transformar su fe religiosa en cualquier cosa.

    El segundo punto es este: en su ponencia se intenta mostrar que Jesús de Nazaret ni era pobre ni tenía un desapego por los bienes materiales (el atesoramiento y la acumulación, digamos) como propuesta ética universal, sino que remitía el punto a la inminente llegada del Reino de Dios en el que esas riquezas resultarían superfluas. El asunto se relaciona con la "opción por los pobres" como, ussted dice, una de las propuestas teológicas centrales de la Teología latinoamericana de la liberación. En una de las ediciones de Teología de la liberación. Perspectivas, de Gustavo Gutiérrez, él escribe, en una nota al pie, que pobre puede entenderse como "insignificante". Que Jesús de Nazaret no era ese tipo de 'pobre' se sigue de que la autoridad romana lo crucifica a petición de la autoridad judía (al menos eso dicen los evangelistas). Jesús de Nazaret se hacía notar. Significaba algo o mucho. Por supuesto, la opinión de Gutiérrez no es defendible: para la experiencia humana, todo significa. Una pulga, un muerto, un helado Pops, un mendigo mudo, una mujer desnuda, el viento, las ranas, la inalcanzable luna, etcétera. La razón es los seres humanos, incluso el más bobo o distraído, pasan el mundo por su cabeza y lo hacen signjficar. Pero Jesús era invitado a fiestas de gente opulenta, fue vitoreado a su entrada de Jerusalén, tuvo seguidores permanentes que "distraían" burrillos para él, su familia quiso internarlo... o al menos eso es lo que narran sus cronistas. Significaba y significa. No fue un pobre. Tampoco fue opulento. No cobraba por resucitar muertos, impedir lapidaciones o sanar enfermos. Su opción, tal como usted menciona en su ponencia, no era por los pobres, sino por los empobrecidos porque eran señales de que la sociedad judía de su época discriminaba (tal vez también lo hacía la romana) a mujeres y samaritanos, por ejemplo que, como él, eran hijos de Dios. Es uno de los efectos de la encarnación. Todos los seres humanos son hijos de Dios y deben tratarse como prójimos. Cuando le preguntaron por Dios, contestó "Está en tu prójimo. Míralo ahí". Cuando se molestaba con la autoridad judía era porque no veían en él, ni en nadie, "hijos de Dios". Estaban ciegos. Por ciegos, eran también empobrecidos. Opulentos empobrecidos. Autoridades empobrecidas. Discriminadores empobrecidos. El mensaje es: cuando una sociedad discrimina, oprime, explota, todos se empobrecen.


   Los teólogos latinoamericanos de la liberación nunca constituyeron una comunidad y casi casi cada uno es cada uno. Sin embargo, tienen algo en común: no se vieron a sí mismos como empobrecidos. Nacieron y se formaron en sociedades que discriminan, explotan y oprimen... pero ellos nunca se empobrecieron. Si se hubieran reconocido como tales, como empobrecidos de cierto tipo (en su fe religiosa, por ejemplo) tal vez hubiesen tenido mejor suerte en el sentido de que su incidencia hubiera trascendido más allá o más acá de la teología. Y por referirme a Francisco papa, sus "gestos" hacia algunos teólogos de la TLL son solo eso, "gestos". Y algunos de esos teólogos, con independencia del valor de sus reflexiones, han sido también solo eso, "gestos". Pero no se vea en esto una descalificación, porque incluso los 'gestos' pueden ser traducidos por las gentes como una señal para su lucha. Forma parte de la capacidad humana, en especial de la capacidad de los discriminados, traducir para sí lo que no existe en sí.
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