IV Mini-Congreso del IFT
"Celebrando el 40 Aniversario
de la Revolución de Noviembre".
18 de diciembre 2014.

 

   Presentación.- Quiero agradecer la invitación a este IV Mini Congreso y en particular a uno de sus organizadores, el profesor Manuel Ortega, de la Escuela de Física de esta Universidad de Costa Rica.

   El título de mi exposición, Desafíos de un mundo con asociaciones débiles y lógicas suicidas, desea hacer referencia a que en el mundo de la Física de las Partículas Elementales, que ha sido recordada en el afiche de este mini Congreso, y en la Historia de la Física, como la Revolución de Noviembre, co-existen y se interpenetran y transforman mutuamente interacción débil y fuerza débil con interacción fuerte y fuerza fuerte para un mundo estable configurado por permanentes transferencias de energía. Por decirlo así, el mundo de las partículas elementales, que constituye el orden del universo que los seres humanos podemos conocer, se constituye mediante procesos de diversos articulados constructivamente donde ninguno de sus factores y sectores sobra ni falta. Ninguno resulta discriminado. Todos aportan desde su diversidad y distancia, al conjunto. Existe pues, o nos parece entenderlo así, este tipo de universo, diverso y cambiante, y a la vez permanente, que ustedes conmemoran con goce de científicos, en formación o ya maduros, con este encuentro.

   1.- La imagen del mundo anterior, tan sumariamente descrito, choca espectacularmente con el universo político-cultural que los seres humanos, o al menos los sectores más poderosos dentro de nosotros, y las instituciones que promovemos o promueven, hemos producido como tendencia en los últimos siglos y particularmente en la transición entre los siglos XX y XXI.

   Diciéndolo mediante una ampliación del título de esta exposición, construimos un mundo generado desde vínculos que producen debilidades estructurales, sectores, instituciones, gentes o poblaciones, que, en la agudización de sus procesos de extrañamiento terminan por resultar disfuncionales y prescindibles. Son, en lenguaje latinoamericano, los “desechables” del habla paramilitar colombiano, los otros producidos por el “ninguneo” de la cotidianidad del país del Chavo del Ocho, otros de los que debemos protegernos, las no-personas de una de las tradiciones o interpretaciones de derechos humanos (las de Derecho natural), o las poblaciones sobrantes o clase marginal de Zygmunt Bauman, pensador de origen polaco que recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades el año 2010. La “clase marginal” de Bauman, quien no sigue con este vocabulario ni a Marx, en lo que respecta a las clases sociales, ni tampoco al jesuita Roger Vekemans en lo que remite a “marginalidad”, equipara las bajas colaterales de las guerras, que hoy encabeza Estados Unidos y puede protagonizar la OTAN,  y seguirlos Rusia, con las políticas públicas no-militares que, en cada país prolongan su ejemplo y matriz de violencia. Estas bajas colaterales son civiles no combatientes que tuvieron la fortuna o desgracia de “estar ahí” donde se produjeron los ataques (ecocidios o etnocidios planificados o espontáneos, la guerra contra el crimen organizado o de este último contra los civiles desarmados e inocentes, o las guerras “humanitarias”).


   En Brasil y México, por ejemplo, la violencia de la guerra contra el crimen organizado resulta letal para poblaciones relativamente ajenas a esta guerra. El ejemplo más reciente es la matanza de Iguala, Estado de Guerrero, México, donde el crimen organizado, encabezado en esta acción por el presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca Velásquez y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa, liquidó y desapareció 43 estudiantes de una Escuela Normal Rural (Ayotzinapa). Menos divulgado en Costa Rica es que este tipo de Escuelas, las escuelas rurales, ha sido condenado disolverse porque el presidente mexicano Peña Nieto las considera incubadoras de luchadores políticos y protestones militantes. No se trata ya, en América Latina, de víctimas colaterales, sino de muertos directos debido a su comportamiento social: protestan y luchan: son “de izquierda”. Arrimemos conceptos: la clase marginal de Bauman se compone por aquí tanto con quienes denuncian, luchan y mueren como por aquellos sectores colaterales que son producidos socialmente solo para morir en las guerras o legítimas o legitimadas del orden vigente. Aquí los cuark débiles, o producidos social, política y culturalmente como débiles, son eliminados.

   2.- Otro autor europeo, el alemán Ulrich Beck, ha puesto en circulación, hace ya un tiempo, la noción de “sociedad del riesgo” para determinar la forma actual de mundialización (o sea las sociedades actuales articuladas planetariamente) donde la principal inquietud es la seguridad. Seguridad subjetiva o personal, social o local/nacional e internacional. Los costarricenses lo saben muy bien porque viven en zozobra debido a los delincuentes comunes y al crimen organizado pero también se asustan de que en cualquier momento el presidente Solís se transforme en el fallecido Hugo Chávez, se acepte jurídicamente la legitimidad humana y ciudadana de las parejas homosexuales, el Frente Amplio venza en elecciones, o gane el torneo de fútbol algún equipo que no sea el Saprissa. Desde luego, si se aceptara una fecundación in vitro como suele recomendarla la experiencia acumulada por expertos, para muchos costarricenses se resquebrajaría el universo entero. En las condiciones latinoamericanas los conceptos de ‘riesgo y seguridad’ propuestos por Beck pueden ser traducidos como ‘amenaza’.  Los seres humanos quedan divididos así en aquellos que tienen la capacidad para acceder a los mercados que garantizan seguridad, o sea que pueden pagar por esa, digamos, mercancía y sofocar la amenaza, y aquellos que no pueden acceder a ellos. La clase marginal de Bauman, por ejemplo, o las víctimas colaterales, nunca podrán pagar lo que vale una completa seguridad. ‘Completa seguridad’ es aquí una referencia incierta. Tampoco pueden hacerlo, aunque por factores distintos, las muchachas y muchachos de las Escuelas Normales Rurales de México, condenadas a la extinción por Ley de la República Democrática Mexicana.

   3.- Enfatizando en esta mirada latinoamericana, en nuestras sociedades actuales las poblaciones se dividen en sectores que forman parte de las amenazas, o amenazantes, y sectores que no pueden evitar las amenazas, o amenazados, figura esta última que podría contener su invisibilización como personas, su tortura (cultural y física) y su muerte. Su defensa de las tortugas baula hizo de Jairo Mora Sandoval, por ejemplo, un amenazado permanente, aunque la población mayoritaria costarricense no parece estimar que sus asesinos, una producción social al igual que Jairo y que lo resentían porque se sentían amenazados por él, sean particularmente amenazantes. Se trataría solo de delincuentes que operan en una playa lejana de Limón a la que solo llegan tortugas. Para todos los efectos, la existencia y el asesinato de Jairo Mora no resultaron ni funcionales ni disfuncionales. Jairo fue expresión humana de lo no factible en el universo: un quark sin función, inadvertido, aunque no exactamente por su tamaño.

   Aquí un excurso mínimo: ¿cómo podría medirse exactamente el tamaño de un ser humano?

   Hace ya un par de décadas un ensayista, Martín Hopenhayn, de nacionalidad chilena, se preguntaba en un  artículo (El día después de la muerte de una revolución) cómo se podía gozar, o experimentar placer en una América Latina marcada para algunos por la precariedad y para otros por la provisoriedad. Precariedad quería decir no tener la seguridad de si se iba a estar vivo o con empleo en las siguientes seis horas. Provisoriedad significaba reconocer que el acceso a los diversos mercados, y con ellos la fortuna o el infortunio empresarial o el consumo, sin duda cambiaría fatalmente en un mañana en lo que lo único seguro era el cambio. El cambio no se detiene, solía recitar y reiterar, no queda claro si como programa o como amenaza, o ambos, el expresidente José María Figueres. Los latinoamericanos, o integrados o desechables, ya no estábamos, en opinión de Hopenhayn, en control de un mundo que tampoco había sido suyo nunca, excepto como ilusión o delusión del desarrollo o de la revolución. La respuesta de Hopenhayn a su propia pregunta, cómo experimentar placer y satisfacción en la realidad latinoamericana de inicios de los noventa, pasaba por asumir con éxtasis (admiración y alegría) cada momento de la vida cotidiana puesto en tensión con el futuro. Goza del momento éste en el cual no tienes qué comer ni esperanzas y concede que el mañana podría ser peor. O elévate con tu inserción, status y consumo de hoy porque quizás mañana no lo tengas. Curioso mundo donde los horizontes personales, si existen, no han sido producidos por la historia humana: el interés satisfecho de cada cual y por cada  cual aislado: el investigador en ciencia, la niña marginal, el importador de arroz, el jubilado anciano, los asesinos de Jairo, todos ellos producciones sociales, genera enigmas sin respuesta, quizás senderos en un bosque que no llevan a lugar alguno (Heidegger). La sociedad del riesgo denunciada por Beck se asocia con desolación porque nada parece vincular/proteger todo. O porque ninguna oportunidad personal se muestra como gestada y ofrecida a un colectivo. Un autor más clásico, Max Weber, llamaba a esto una “época del desencantamiento”. Pero se trata de un desencantamiento selectivo porque algunos pocos lo gozan y fetichizan. Y, con conciencia o sin ella, mucho. La época del desencantamiento o de la racionalidad instrumental, sin paradoja, deja huecos para hedonismos peculiares. Era lo que sugería o proponía Hopenhayn para los latinoamericanos en los inicios de la década del noventa del siglo pasado.
 
  4.- Aunque no lo parezca, he venido hablando de la desagregación inherente a las formaciones sociales actuales, tanto centrales como periféricas, y a sus vínculos. Las sociedades son producciones humanas aunque a veces sus instituciones, y las lógicas que las animan, parezcan naturalmente petrificadas, o sea eternas y no factibles o susceptibles de cambio. Cuando ello ocurre resulta complejo y extraño alimentar esperanzas e ilusiones con su alcance de vivir/existir mirando lejos complacido porque se cree crear o recorrer senderos que llevan a alguna parte… aunque ese lugar esté muy distante y tal vez ni se adivine.
   
   La tradición dominante de la sociedad latinoamericana (una abstracción, sin duda, pero que amenaza) pasa por la desagregación. Un extendido período colonial todavía hoy no superado donde el otro no era un alter sino un alien, un ajeno o extraño, finalmente inferior o temido, determinado por su nacimiento, lugar social, sangre, etnia/credo o color, puede parecernos escasamente evangélico o cristiano pero es parte de nuestra historia cultural.

   Leo “alter” como se entiende en la expresión invertida que se atribuye al obispo  anglicano, el sudafricano Desmond Tutu: “Yo no soy si tú no eres”. La sentencia, invertida, se lee “Si tú no eres, yo no soy”. La explicación de por qué se invierte la ordenación es sencilla: cuando un obispo pronuncia “Yo no soy…” intuitivamente quien lo escucha sabe que existe ahí algo falso. El obispo continúa siendo obispo, alguien, un jerarca, en parte porque toma la palabra mientras el, o un, otro permanece mudo. En la inversión, la jerarquía humana y política ha sido trasladada al otro: “Si tú, Juan, no eres o eres un alienus, yo tampoco merezco mi dignidad de obispo anglicano, dejo de serlo”. Si no lo dice un obispo, aunque sea anglicano, sino sencillamente alguien de la cultura zulú o xhosa, “Yo no soy si tú no eres” contiene otro alcance: “Soy porque ustedes son”. Una sensibilidad semejante se muestra en la cultura de pueblos originarios de América Latina: no se llora la muerte de un individuo, sino la muerte de la cultura o etnia. La muerte de los individuos no puede evitarse. Pero lo que hace al individuo estar vivo es la vida (energía) de su comunidad cultural.

   En este tipo de sociedades sus miembros se alegran porque a uno de ellos le va bien. Y cuando un alter es relegado o humillado o discriminado, todos decrecen. Esto no impide a los zulúes, creo, ser patriarcales porque otra de sus tradiciones culturales es la guerra, y el éxito en las guerras (y en los imperios) depende de jefes varones. Algo semejante podría quizás decirse de los maya-quiché.

    En todo caso, aquí estoy hablando de las desagregaciones y no de las solidaridades que suponen los emprendimientos comunes (las Torres de Babel, digamos). Tomemos una dignidad de entre nosotros (yo no encajo demasiado en ella, pero me permito la licencia): la de científicos y académicos. ¿Se alegra la población costarricense porque entre ellos se dan, o son producidos o existen, académicos y científicos a quienes les va bien? ¿Se alegran tanto que hacen de esta existencia de otros algo propio de su vida cotidiana? ¿”Irle bien” es una expresión universalizable en Costa Rica y América Latina? ¿O aparece determinada más bien por el ‘alienus’ indoeuropeo y latino? Para que existan académicos y científicos y artistas y creadores reconocidos, y también profesores de filosofía que dan larguísimos discursos (en realidad todos tenemos algo de creadores, incluyo mecánicos, chavos del ocho, suegras, residentes de La Carpio, obispos, cómicos del Chinamo, etcétera, pero algunas de estas creaciones no reciben reconocimiento social), digo, para que existan científicos y académicos reconocidos y con acceso a mercados… ¿es inevitable que existan, y muchos, analfabetos por desuso, indigentes, picapiedreros, jóvenes ni ni, desempleados, miseria rural? ¿Existe alguna relación entre la producción de población marginal y saqueadores de nidos de tortugas latinoamericanos y costarricenses y la producción también costarricense de un segmento de científicos, académicos y profesores de filosofía? ¿Se alegran las primeras poblaciones de que estos últimos existan? ¿Se alegran o conmueven estos últimos debido a que los primeros, los depredadores, existan? ¿Les resulta indiferente? ¿Será que a cada cual le va o rinde según su mérito, esfuerzo, dedicación, talento? Y adónde “le rinde” a este prestigioso, ¿en la familia, en la disciplina, en el ingreso o en el acceso?

   Aprovecho para recordar que ayer se dieron varias buenas noticias. No se debe ser indiferente ante las cosas buenas que les ocurren (o producen) a otros.Una es que en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel para estudiantes de  Enseñanza Técnica hubo ganadores y entre ellos una mujer. Los ganadores son jóvenes que piensan metódicamente desafíos e imaginan cómo enfrentarlos y lo hacen a partir de sus experiencias en sus comunidades. Irán el próximo año a Pittsburg, Estados Unidos, a compartir desafíos y logros orientados hacia un mejor mundo. Estos estudiantes serán entonces locales y también mundiales. Bien por ellos. Bien por Intel. Bien por los jóvenes y sus comunidades. Pero, ¿se sentirán orgullosos de ellos la mayoría de los costarricenses? ¿Les transmitirán día con día sus energías para que crezcan siempre por las mejores sendas?

   No estoy hablando de suertes personales, sino de caminos sociales. Costa Rica, esta abstracción, recorre un  camino socio-cultural. También lo hace América Latina. Y, para acortar, también lo hace la especie humana que es biológicamente una pero política y culturalmente muchas expresividades. Hoy todavía distanciadas y enfrentadas y con dramáticos conflictos internos. “Si tú no eres, yo no soy”. “Permíteme alegrarme porque has jugado bien y has ganado este campeonato con mérito”, dice un jugador del Saprissa a uno del Herediano este fin de semana. O al revés. Y el victorioso rival ocasional responde: “Me siento orgulloso de que hayas hecho de esta final una experiencia inolvidable para todos. Sigamos aprendiendo, sigamos compitiendo con excelencia”. Voy a exagerar. Ambos, saprissista y herediano exclaman a dúo: “Y el arbitraje, ¡impecable! ¡Qué alegría por estos jueces y sus familias!”.

   5.- Me olvido de la solidaridad/ternura/ficción y encuentro cifras de la realidad. En la segunda parte del siglo pasado, Costa Rica tuvo buenos números (para el mundo latinoamericano) respecto de la distribución interna de la riqueza producida. Solía ubicarse inmediatamente antes que Uruguay (en esta medición el último, o el más cercano a cero, es el campeón) que, a su vez, era el mejor. Hoy Costa Rica ha progresado significativamente en la tabla y eso que aún no la dirige Jorge Luis Pinto o Wanchope. En el 2013, y según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo llegó al 0,507. Estados Unidos obtiene un 0,408. EUA reparte mejor la riqueza que los costarricenses. Costa Rica no es el peor. Sudáfrica, con su segmento de zulúes, ofrece una cifra fea, 0,650. Cerca de nosotros, Guatemala muestra un 0,559, Panamá 0,519. Chile, el país económicamente más “exitoso” en el período, 0,508. Para quien solo lee periódicos locales, algunas cifras no resultan creíbles: en América del Sur el mejor desempeño pertenece a Nicaragua, 0,405, luego Argentina 0,445, y Venezuela, 0,448. Recién ahora aparece Uruguay: 0,453. Por supuesto estas mediciones son discutidas y muchos expertos y políticos consideran que los países, por sus condiciones tan distintas, no resultan comparables. Nicaragua, por ejemplo, tal vez no distribuye riqueza sino pobreza. Uno de los méritos de Cuba, por mucho tiempo, fue que entre ellos no existiesen opulentos. En fin, quizás estas cifras no sirvan de mucho. Pero sin ser certeras, tal vez sean señas de algo.

   ¿Señas de qué? De que podemos cuidar de nosotros y abrirnos a otros para cuidar de ellos y para que ellos a su modo también nos cuiden en una época en que se torna imprescindible construir ¡por fin! la Torre de Babel. O muchas. ¿No están enterados de la Torre de Babel? No fue un proyecto del Ministerio de Obras Públicas, pero también fracasó. Encuentran el relato en el Génesis bíblico. Es un mito de identificación israelí.

   Ayer se dio asimismo la noticia sobre un primer paso para restablecer vínculos constructivos entre EUA y Cuba. La noticia indica que Canadá y el Vaticano colaboraron en las conversaciones secretas. No es malo, pero no me hace gracia. Me hubiese gustado que una Mesa Internacional o Mundial de Científicos (o varias) figurara siempre en la base de una buena noticia. Hacen falta esas mesas y esta presencia de los científicos. Es hora de darse tiempo, de que ustedes se den tiempo, para lo que hoy resulta imprescindible: “Si tú no eres, yo no soy”. Es una convocatoria que obliga a los científicos a sentir, pensar e imaginar. Algo que ustedes suelen hacer con tenacidad y excelencia.

   Termino con una noticia mala. En estos días hemos escuchado y leído que se elogia a torturadores como “héroes”. ¡Cuán rápido ha sido el retroceso en derechos humanos en algo más de medio siglo! Contra estas señales ominosas…, mesas permanentes de científicos pronunciándose sobre caminos, abriéndolos. Ya lo hacen. Pero hay que ganar ¡y rápido! una mayor presencia ética y política. Nadie dice que sea fácil o sencillo.

   De alguna manera eficaz los seres humanos tendríamos que testimoniar que somos parte de una energía compleja  en la que los fuertes hoy transfieren energía a los débiles y los alguna vez débiles retornan su energía a esos fuertes. Para que por primera vez en la historia humana resulte positivo que todo cambie para que todo permanezca y signifique. Los cantantes de rock y las estrellas pop de vez en cuando se reúnen para festivales de solidaridad. Gana prestigio y no se si dinero con ello. Pero los científicos no se manifiestan sólida y permanentemente sobre un orden del mundo que por desagregador resulta suicida. Agarren sus guitarras. Abran su tiempo. No permitan que los utilicen durante toda su existencia. Ningún quark permitiría eso.

   La última sí es la real buena noticia. La conferencia ha terminado. Se acabó la tortura. Al menos aquí finaliza la necedad que conduce al suicidio.

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   Referencias   

   Bauman, Zygmunt: Daños Colaterales. Desigualdad social en la era global, FCE, México, 2011.

   Beck Ulrich: La sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida, Paidós Ibérica, Barcelona, España, 2006.

   Hopenhayn, Martín: El día después de la muerte de una revolución, http://www.cepchile.cl/dms/archivo_1868_1203/rev37_hopenhayn.pdf

   PNUD: Informe sobre Desarrollo Humano 2013. El ascenso del Sur. Progreso humano en un mundo diverso, http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr2013_es_complete.pdf